miércoles, 26 de enero de 2011

Los Límites Y Su Ausencia:


Es muy común, sobre todos en los más jóvenes, la búsqueda constante, de alternativas que les permitan la evasión a todo lo que pueda ser interpretado como una limitación, sea de la índole que fuese, para muchos de los que nadan en el mar de la ignorancia, la verdadera libertad, estriba en vivir fuera del alcance de toda norma que, siquiera intente, poner algún freno, a sus cada vez más acuciantes deseos de poder gozar de una libertad irrestricta.
Ahora bien, hagamos un esfuerzo por entender, qué es, lo que realmente está pasando, en cada una de las incontables constelaciones, que dan vida y sentido a este universo tan plagado de intereses en pugna como lo es sin duda el complejo mundo de las relaciones humanas.
En nuestros días, podemos decir, que hemos dado pasos significativos, en todo lo referente a los Derechos Humanos, mucho se ha legislado sobre este tema, aunque esto no signifique que la mera normativa del derecho, haya tenido como resultado el acatamiento a lo que la ley determina sobre el tema, sobre todo en la protección de los más débiles, como es el caso de las mujeres y los niños, la violencia doméstica, de género, y todos los tipos de violaciones a las que son expuestas las minorías.
Todos los días, las páginas de los periódicos y los noticieros de radio y televisión,  nos ponen en evidencia de cuán lejos estamos de erradicar esta afrenta, verdadero escupitajo en el rostro, a una sociedad,  que contempla, estupefacta, como, al igual que los insectos encandilados, sus hijos se mutilan y mueren, sin ninguna otra razón, que la simple irracionalidad de sus actos.
Todo parece indicar que el hábitat del hombre se encuentra bajo la amenaza del propio hombre, el cual está demostrando, pese a los altos grados de evolución alcanzados en el campo de las ciencias, la tecnología y en el de las comunicaciones - por citar algunos- es incapaz de transmitir valores esenciales a sus crías, las cuales crecen insensibles a las reales necesidades de su propia especie, transmutando el sentido armónico de la convivencia solidaria, por la búsqueda constante del sometimiento de los unos sobre los otros, como si los cimientos heredados por siglos de civilización, parecieran un vetusto y arcaico lastre, de los cuales es preciso liberarse cuanto antes.
Miramos, en nuestra ruta imaginaria, las señales de tránsito, las  que han sido puestas para orientarnos, las que intentan guiarnos con seguridad a nuestro destino, pero resulta que hacemos caso omiso a sus recomendaciones, despreciamos los límites recomendados y nos dejamos seducir por el instinto, ajenos a la razón, optamos por la irracionalidad, actitud propia del que se considera superior o mejor dotado para tomar decisiones, aunque estas decisiones, no sólo nos afecten a nosotros, sino, lo que es más grave, afecten a todos en nuestro entorno, incluyendo, muchas veces, a quienes más amamos en la vida.

Entonces, ocurre lo que sabemos que va a ocurrir, tomamos el volante y, mientras la luz verde esté encendida,  continuaremos raudos nuestra marcha, cuando se enciende la amarilla, aceleramos para intentar pasar antes del cambio, y cuando la luz roja nos indique que debemos parar, la adrenalina acumulada nos inducirá a pensar de que aún es posible continuar y seguimos avanzando…
… El impacto es apenas unos instantes, sus consecuencias suelen durar una eternidad.
Quizás haya llegado la hora de poner un poco más de atención a lo cotidiano, a las cosas que suceden por la sencilla razón de que alguien ha estado allí para hacer que acontecieran, los que cumplen sus roles cuasi ignorados, como las abejas obreras en la colmena, nos referimos a los guardias de tránsito, los bomberos, las ambulancias, los servicios de emergencia, los centros asistenciales, los que hacen lo imposible por la rehabilitación perdida, y …por supuesto, a  aquellos que toman sus palas y cavan las sepulturas.

Hugo W Arostegui


1 comentario:

  1. Es muy oportuno este artículo. Se encastra exactamente en la realidad actual generalizada. Está "de moda" la práctica de crearse los límites; los que queda cómodo a cada uno, descartando la posibilidad de compartir los límites que le caben al colectivo.
    El texto me trasmite un paralelo entre el tránsito vehicular y el tránsito por la vida. Igual, igual. Aceleramos cuando la luz indica que no es para hacerlo. Pero nos aparece "el guapo" , el que dice "qué me importa", "a mí me da". Y talvez que sí. Un día que por casualidad no venga nadie por la otra calle, dé mismo para pasar. Pero no siempre. Y no faltó el aviso bien resplandeciente. y cuando se produce algo... Qué horrible! Cómo pudo haber ocurrido si yo siempre tuve cuidado: fue el otro que se me metió adelante. Exactamente igual en la vida. Un deseo enorme de quitar los alambrados para alcanzar esa libertad, ¿cuál? . La que libera o la que nos prende cada vez más a una vida esclavizadora por nosotros mismos?
    La situación parece un sistema de vasos comunicantes: por un lado entran las legislaciones por dd hh y por el otro suben los antivalores, los individualismos, los límites propios que , al ser propios, no coinciden con los límites de los demás. Pero vivimos en sociedad. ¿Y que hacemos con esas innumerables individualidades que viven en el mismo espacio pero no conviven en armonía con los que también integran ese espacio. No dejemos de comentar sobre algo que lo refieres con precisión: el querer subir yo tomando como escalera la cabeza del otro. Y hay poderes para hacer esto: el dinero y la violencia en todas sus formas. En momentos es dable pensar que en el mundo hay más piezas sueltas que núcleos. porque las primeras han marcado su horizonte propio, pisen a quien pisen, si es que alcanzan a ver que hay otro ser próximo. A veces, esas individualidades se toman demasiado en serio esta creencia. Y de tanto individualizarse para personalizar sus límites, terminan siendo únicos, solos, aislados. Y los otros que aún quedan con los valores colectivos ya integrados, ¿cómo pueden integrarse con los desintegrados? Qué parada difícil esta. No nos quedemos solo en el diagnóstico. Intentemos llevar nuestra gotita de agua en el pico.

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