miércoles, 15 de diciembre de 2010

La Ley de Los Cielos


La ley de los cielos, determinaba, que había llegado el momento de convocar a todas las inteligencias, que han existido desde siempre.

Elohim, la inteligencia mayor, el creador del universo, las había organizado y proporcionado cuerpos espirituales, a su imagen y semejanza, es decir, a imagen y semejanza de los Dioses, de los cuales eran su germen.

En un procedimiento, que debido al velo de olvido que hoy padecemos, no podemos entender, el creador de todas las cosas, las transformó en sus hijos e hijas, criaturas dotadas de una conciencia de ser, que supieron, desde siempre, que tal como ellas eran ahora, su Padre Celestial lo había sido, por lo que eran concientes, que cada uno de ellos, tenía, en si mismo, el potencial de llegar a ser como su Padre es ahora.

Estos hijos de Dios, impusieron su influencia, los unos sobre los otros en virtud del grado de inteligencia que habían alcanzado, si dos estaban presentes, uno era mas inteligente que el otro, y habría otro mas inteligente que ellos, así sucesivamente.

Esa era la gran diferencia y la razón de los distintos niveles de jerarquía, que en la organización de los cielos alcanzaron aquellos mejor dotados para imponer de hecho
su liderazgo sobre aquellos menos calificados.

Los nombres que se distinguían por su capacidad e influencia eran: Jehová, el unigénito, Lucifer, llamado el lucero de la mañana, Miguel, Gabriel, Tubal, Caín,
- quién pactaría con Lucifer, apoderarse de la primogenitura de Adán - , Daniel,
Shulem y otros.

Debemos también destacar a Sara, cuyo significado es princesa, y fue llamada Eva, madre de todos los mortales, Elizabeth, María, Magdalena, Esther, Egiptus – esposa de Cam y madre de Faraón - , Rut y otras.

Los hijos espirituales se fueron ubicando, según su esfera de influencia, en una relación de cercanía al trono de Dios, similar a las ondas concéntricas que ocurren en un estanque de agua cuando se deja caer una piedra, el efecto es el de una generación de círculos, que van adquiriendo una mayor dimensión, a medida en que se alejan de su centro.

Aquellos que estaban situados  cercanos al Trono de Dios participaron activamente en la elaboración de los detalles, la información y consulta se propagaba mediante la emisión de ondas informativas que cubrían todas las constelaciones creadas por las distintas comunidades en que se agrupaban los hijos de Dios, en una relación de ida y vuelta, la emisión de información y consulta, se complementaba, con la recepción de la correspondiente respuesta, asegurando una correcta y fluida comunicación entre todos.

El Padre Celestial, había previsto un medio, conocido como El Plan de Salvación, 
mediante el cual, se preveían todos los detalles relacionados, con el inminente envío, de todos los hijos espirituales, a vivir la vital experiencia, del llamado :  Segundo Estado, de acuerdo a lo previsto en la Ley de Progreso Eterno que rige la existencia de los Dioses.

En realidad, nunca hubo un plan alternativo, lo que sí surgieron, fueron distintos enfoques, en puntos extremadamente sensibles por su relevancia, que despertaron una cerrada resistencia, de algunas de las inteligencias mas brillantes, las cuales no estaban dispuestas a aceptarlos por considerarlos lesivos a sus intereses y ambiciones personales .

Los puntos cuestionados hacen a la preservación de valores esenciales, como lo son
sin duda, la defensa del libre albedrío, la autodeterminación, la pre-ordenación, y la estricta observancia de una ley de obediencia y sacrificio.

Los rebeldes, que resistían estos aspectos del plan, sólo aceptaban la libertad entre iguales, lo que equivalía, a que se determinara a priori, quienes serían los directores del proyecto, a los cuales se le adjudicarían, la gloria y la honra de sus resultados.

En sus postulados, defendían la predeterminación, en sustitución del libre albedrío, alegando, de que de esa manera, se aseguraba la salvación de todos, recompensando su comportamiento, destinándolos al usufructo de los grados de gloria menores - que ya estaban previstos en el plan original  -  en condición de dependencia y vasallaje con relación a aquellos predestinados a la gloria mayor. 

Con esta postura pretendían bloquear la postura del Unigénito, que en defensa de la Gloria del Padre, estaba dispuesto a ofrendar su vida y exponerse al suplicio de la expiación a fin de satisfacer las demandas de la justicia, y de esta manera, redimir a sus hermanos, quienes, a través del arrepentimiento de sus pecados, el bautismo por inmersión, y la mediación del Espíritu Santo, podrían lograr  su exaltación.

En cuánto al Espíritu Santo, de quién los rebeldes  no dudaban de su pureza y poder,
pretendían que oficiase de mediador y garante  de los derechos de cada uno de los hijos de Dios, sin alterar el orden impuesto por aquellos que ejercieran  el poder y la gloria.

A grandes rasgos, esta era la situación imperante en el Reino de los Cielos, previo al Concilio y el motivo de que se realizasen entre unos y otros innúmeros contactos con la finalidad de fijar posiciones y lograr la adhesión a sus postulados.

Se tenía conocimiento de la existencia de  pactos y alianzas que evidenciaban la creación de partidos que negociaban entre sí la estrategia adecuada ante la inminencia de una inevitable confrontación que los involucrase a todos.

Los que integrábamos el comando de campaña del Unigénito, estábamos en conocimiento de los sondeos de opinión que nos llegaban a nuestra mesa de trabajo.

Éstos sondeos indicaban una reñida disputa, si bien, las estimaciones indicaban una relación de 3 a 1 a favor de los postulados del Plan de Salvación, se estimaba que esa diferencia, en el caso de llegar a una confrontación, se reduciría sustancialmente, porque muchos de los encuestados mostraban claros signos de abstención, en el caso de que fueran convocados a defender por la vía de los hechos su postura .

De más está decir, que cada uno de nosotros, estaba determinado a enfrentar a los rebeldes, teníamos muy claro que el enfrentamiento traería consecuencias trágicas y dolorosas, en lo profundo de nuestro ser, albergábamos la esperanza, de que nuestros amados hermanos, depusieran su actitud, que su altivez y arrogancia no les llevase a la desobediencia y al desacato al orden establecido en los cielos.

Nuestro Padre celestial, nos habló, y sus palabras contenían toda la emoción que sólo un padre amoroso podría manifestar, nos dijo, que los cielos llorarían ese día, que la expulsión de Lucifer y sus seguidores, marcaría el comienzo de una prolongada batalla entre el bien y el mal, que se extenderá  a lo largo de los siglos y que sus efectos mas dolorosos y terribles, se manifestarán en el gobierno de las naciones de la tierra, las  que permanecerán bajo el dominio de Lucifer y aplicarán sus enseñanzas, en lo político, en la distribución de la riqueza, en el comportamiento social  y especialmente, en la religión.

Estos son los elementos principales que marcaron los instantes previos al Concilio, lo que allí ocurrió, es parcialmente conocido por los hijos de los hombres, no obstante, si las circunstancias lo permiten, ahondaremos en el comentario de estos hechos, eso sí, lo haremos,  tratando de evitar la mención de circunstancias particulares, que por su proximidad , pudiesen herir, innecesariamente, la susceptibilidad del lector.

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