sábado, 22 de junio de 2019

Desempolvando La Historia

Durante todo el siglo XIV, y agudizándose hacia el año 1400, Europa occidental, atravesó una crisis que minó los basamentos del estado feudal, disminuyendo la población a límites insospechados.
Las tierras, base económica de la época, se tornaron improductivas por el agotamiento de los suelos, las variaciones climáticas con lluvias intensas que provocaron inundaciones, y la falta de técnicas agrícolas adecuadas. Se cambió el cultivo de cereales por el de legumbres y centeno, encareciéndose por consiguiente el precio de los cereales. Todo esto motivó grandes hambrunas que ocasionaron un debilitamiento generalizado de la población que quedó expuesta a contraer enfermedades.
A partir de 1348, Europa se vio afectada por una epidemia de peste negra, que le costó la vida aproximadamente a 25.000.000 de personas. Las deficientes condiciones sanitarias contribuyeron a su propagación, extendiéndose desde el norte de Europa (Noruega y Suecia) hasta el mar Mediterráneo y desde Constantinopla hasta Gran Bretaña.
Es probable que la enfermedad haya tenido su origen en China, y llegó a Europa a través de las rutas comerciales.
La peste manifestaba sus síntomas a través de dolores de cabeza, fiebre, manchas negras, forúnculos y expectoraciones. Hoy se sabe que la peste negra o bubónica es causada por la bacteria Yersinia pestis propagándose a través de las pulgas de las ratas, y tiene cura, pero en ese tiempo fue atribuido a un castigo divino, y la gente llegó a auto-flagelarse como penitencia para obtener la salvación.
Esta recesión produjo un aumento de precios, una baja en los salarios y por consiguiente el aumento de la tensión social.
Las guerras que enfrentaron a los diversos reinos agravó aún más el problema, como la que sostuvieron Francia e Inglaterra, conocida como la guerra de los Cien años.
Los campesinos que sobrevivieron, debieron emigrar a las ciudades en busca de mejores condiciones de vida y así nació un nuevo orden económico-social, con el desarrollo de las ciudades y la concentración del poder real, que desembocaría en un cambio político, del feudalismo al absolutismo monárquico, que caracterizaría a una nueva etapa histórica, conocida como Edad Moderna.

Con la consolidación de los estados modernos, y la desaparición de los distintos reinos feudales de la Edad media, que habían originado la fragmentación del poder entre numerosos señores feudales, surgió un régimen político caracterizado por la concentración del poder en la persona del rey, donde los poderes no están separados, para su control, sino, por el contrario, unidos para robustecer la capacidad de mando del monarca, que puede de ese modo, elaborar las leyes, aplicarlas, administrar el estado, y ejercer el poder militar.
Del latín “a legibus solutus”, significa, libre de ataduras legales, y justamente, el rey es quien podía decidir cualquier cuestión a su arbitrio, y sin sujeción a normas, que existían sólo para los súbditos.
Esta forma de gobierno encontró sustento en las ideas de Bodin en el siglo XVI y Bossuet o Hobbes en el siglo XVII.
El francés Jean Bodin (1530-1596) escribió numerosas obras, como por ejemplo “Seis libros de la república”, donde expresa “el soberano no tiene que rendir cuentas sino a Dios”.
Thomas Hobbes, filósofo inglés (1588-1679), vivió en una época conflictiva por los enfrentamientos entre los partidarios del absolutismo monárquico y los parlamentarios que querían un rey con poderes limitados por un Parlamento. Su teoría del Estado fue producto de la búsqueda de un estado más pacífico y seguro, y la elaboró durante su exilio en París. Su máxima obra, fue “Leviatán” (1651), donde parte de la existencia de un estado de naturaleza, anterior a la existencia misma del estado.
Para Hobbes, los primeros hombres que vivían libres sin autoridad ni leyes, lo hacían en un estado de guerra permanente para lograr su subsistencia. Según sus palabras “el hombre es un lobo para el hombre”. Para garantizar la seguridad y el bienestar de todos, los hombres renunciaron a todos sus derechos, salvo el de la vida, por un pacto irrevocable, para que el Estado les garantice a todos que vivirán en paz. Así nació para este autor el estado absolutista, que es para él el único posible. Puede observarse que para Hobbes son los propios hombres, mediante un contrato quienes le otorgan al monarca el poder absoluto, y no hace provenir esta autoridad de Dios, como Bodin.
El francés Jacques Bossuet (1627-1704) se mostró partidario del absolutismo con las siguientes características: la monarquía debía ser sagrada, absoluta, paternal y sometida a la razón”. El único límite a la autoridad del rey lo halla en la ley divina.
El origen de tan inmenso poder, en la mayoría de los pensadores, salvo Hobbes, estaba en Dios, teoría que se veía sustentada, además, por el antiguo Derecho Romano. La divinidad se lo había concedido para que pudieran gobernar libremente y sin ataduras, que en la práctica significaba que debían ejercer su autoridad sólo sujeta a los mandatos de la ley divina, lo que los obligaba a ser justos y dignos de tan gran privilegio. Sólo algunos monarcas lo fueron.
Un límite a tan vasto poder lo representaban los miembros de la nobleza, que gozaban de amplios privilegios sociales y económicos, estando integrados a la burocracia (como funcionarios) y a la milicia. El clero también constituía una clase privilegiada y gozaba de amplios derechos.
Con el convencimiento de la utilidad de la aplicación de la teoría económica del mercantilismo, que aseguraba que los países serían ricos y poderosos con una balanza comercial favorable, o sea, que las exportaciones superaran a las importaciones, se vieron obligados durante el siglo XVII, a fomentar el desarrollo industrial, favoreciendo así a una clase social, que pertenecía al conjunto de la población no privilegiada, el estado llano o tercer estado, que pagaba los impuestos con los que el resto de los estados se beneficiaba, y que se dedicaban a las actividades comerciales e industriales.
Sin embargo, el fortalecimiento económico de este sector social, sería en definitiva, el que pondría fin al sistema de monarquías absolutas, cuando considerándose dueños del poder económico, estas personas, llamadas burgueses, decidieron que debían participar del poder político, y no sólo obedecer en un estado que ellos económicamente sostenían. Esto ocurrió a partir de mediados del siglo XVIII, siendo su máxima expresión la Revolución Francesa.
En España, pueden considerarse absolutistas los gobiernos de Carlos I y Felipe IIpertenecientes a la dinastía de los Austrias, que fue en creciente aumento hasta hacerse fuerte en la dinastía de los Borbones en el siglo XVIII.
En Inglaterra, pude citarse como represente del absolutismo, Jacobo I, de la dinastía de los Estuardo, que gobernó entre 1603 y 1625. Entre 1640 y 1648, Inglaterra debió hacer frente a una revolución que puso fin a este sistema, que recién fue restaurado en 1660 hasta 1668 en que una nueva revolución impidió el ejercicio del poder absoluto por parte de los monarcas.
En 1589, en Francia, el Borbón, Enrique IV trató de lograr la concentración de poderes, saliendo victorioso de la sublevación de la Fronda que ocurrió entre 1648 y 1653. Entre los años 1643 y 1715Luis XIV, conocido como el “Rey Sol”, acuñó la frase “El Estado soy yo”, que simbolizaba la aspiración del absolutismo de la época. Fue un hábil diplomático, que organizó el mejor ejército europeo del siglo XVII.
Pero surgirán otras voces, como la de Locke(1632-1704) que se elevarán para pedir la limitación del poder del soberano para evitar el ejercicio ilimitado y arbitrario del poder. También habló como Hobbes de la existencia de un contrato social, pero para Locke el estado de naturaleza no era hostil sino que las personas vivían armoniosamente. El estado fue producto de observar las ventajas que traería su constitución, para lograr mayor seguridad y defensa de los derechos de todos, evitando la venganza privada. Para ello los individuos integrantes del Estado se reservaron el poder supremo y pudiendo destituir a los gobernantes si abusan de los poderes delegados por el pueblo, que son sólo los necesarios para poder ejercer su mandato.
Esta teoría del contrato social, va a ser profundizada por Rousseau (1712-1778), quien describe al estado natural como un paraíso donde todos los hombres son iguales y disfrutan de una abundancia de recursos que aseguran las necesidades de todos. Este estado natural es plenamente democrático ya que todos los hombres son iguales y no existe la propiedad privada. Fue recién cuando la naturaleza se tornó más rebelde generando cambios climáticos, cuando los bienes comenzaron a escasear. Esto originó la lucha por la posesión de los recursos que ya no abundaban y tornó la vida insegura. 

Entonces, los hombres sintieron la necesidad de crear un Estado que les brindara esa seguridad perdida, haciendo un contrato social, donde cada persona acepta someterse a la voluntad de la mayoría, que representaría la voluntad general.
Estas dos últimas ideas, junto a las de otros filósofos ilustrados, harían germinar las ideas democráticas, que luego de la Revolución francesa, irían paulatinamente aniquilando el régimen político del absolutismo monárquico para dar paso a un nuevo sistema: el democrático.
Entre los años 1756 y 1763, se desató este conflicto bélico que enfrentó a Gran Bretaña y Prusia contra España, Francia, Austria y Rusia.
Francia y Gran Bretaña rivalizaban por las posesiones de Silesia, América del Norte y la India. En 1756, el cargo de Primer Ministro inglés fue asumido por William Pitt, quien elaboró una estrategia para lograr la hegemonía inglesa en el comercio mundial. En América del norte, la zona cuestionada era del oeste de los montes Apalaches y los derechos de pesca en Terranova.
Gran Bretaña logró importantes triunfos que le posibilitaron apoderarse del Canadá francés, que fue utilizado para comerciar peces y pieles. La India, en manos francesas, era un fuerte mercado comercial, cotizado por los ingleses. Dakar, en África, fue blanco de las ambiciones inglesas, que la convirtieron en centro de provisión de esclavos y caucho.
Entre España y Gran Bretaña, la rivalidad se generó por las constantes agresiones a sus embarcaciones y comercio por parte de la segunda. En 1761, España y Francia firmaron el Tercer Pacto de Familia, por el cual España se unió a los franceses en su lucha contra Gran Bretaña,
Silesia, región ubicada en las actuales, Polonia, República Checa y Alemania, estaba bajo el dominio de Prusia, luego del Tratado de Aquisgrán de 1748, que había puesto fin a la Guerra de Sucesión austríaca. Austria se propuso recuperarla y contó para ello, con el apoyo de Francia, Rusia, Sajonia y Suecia.
En el año 1756, el rey de Prusia, Federico II el Grande, ordenó atacar Sajonia y luego Bohemia. Sin embargo en la batalla de Kolin, se produjo el triunfo austríaco. A pesar de esta victoria, los franceses, aliados de Austria, fueron derrotados por los prusianos en Rossbach, el 5 de noviembre de 1757. 

Exactamente un mes más tarde los austríacos sufrieron una nueva derrota en Leuthen, repitiéndose el resultado un año más tarde en Zorndorf.
El 12 de agosto de 1759, en Kunesdorf, cerca de Francfort, los prusianos sufrieron un gran revés, al ser vencidos por las fuerzas aliadas austríacas y rusas, pero al año siguiente los prusianos se impusieron a Austria, derrotándolos en Liegnitz (Silesia) y Torgau (Sajonia).
En 1761 España inició una serie de conquistas que se prolongaron el año siguiente, logrando apoderarse del norte de Portugal y de la colonia del Sacramento, pero su buena ventura duró poco, ya que sucumbió ese último año ante los ingleses, que tomaron bajo su dominio La Habana y Manila.
Los rusos se apoderaron de Berlín, pero en 1762, pero Rusia firmó, bajo el mando de Pedro III, un tratado de paz con Prusia, retirándose de la guerra.
La guerra finalizó con la firma del Tratado de París, del 10 de febrero de 1763, donde Francia perdió a favor de Inglaterra, sus tierras en Canadá, la India, salvo Mahé, Yanaon, Pondicherry, Karikal y Chandernagor, el territorio del este del Mississipi y al oeste de los Apalaches, retirándose de la isla de Menorca.
España abandonó el norte de Portugal, recibiendo Florida y Luisiana.
Francia, la gran perdedora, conservó algunas posesiones en la India, el derecho de navegación del río Mississippi y el de pesca sobre Terranova. Obtuvo la Florida en Estados Unidos, y algunas islas como la de Gorée, San Pedro, Miquelón, Guadalupe y Martinica.

viernes, 21 de junio de 2019

El Fruto De La Excelencia

Siempre me he preguntado qué hubiera sido de mí si no hubiese tenido la oportunidad de conocer desde muy joven el significado de la excelencia y sobre todo el poder encontrar en la historia del pensamiento griego la relación que siempre ha existido entre los valores que se enseñaban en occidente y los contenidos en el pensamiento de la Grecia clásica.
Cuando encontré en los textos clásicos la definición del concepto del areté y su importancia en la búsqueda constante de la realización personal, tal hallazgo ha marcado significativamente toda la perspectiva de mi pensamiento, a un punto tal,  de que desde entonces, hace tanto tiempo atrás, ha sido un faro orientador que me ha marcado el rumbo y en el cual confío en cada esfuerzo que realizo
La Areté
Según Hipias de Élide el fin de la enseñanza era lograr la areté, que significa capacitación para pensar, para hablar y para obrar con éxito. La excelencia política («ciudadana») de los griegos consistía en el cultivo de tres virtudes específicas: andreía (valentía), sofrosine (moderación o equilibrio) y dicaiosine (justicia): estas virtudes formaban un ciudadano relevante, útil y perfecto. A estas virtudes añadió luego Platón una cuarta, la Prudencia, con lo que dio lugar a las llamadas Virtudes cardinales: la prudencia, la fortaleza y la templanza se corresponderían con las tres partes del alma, y la armonía entre ellas engendraría la cuarta, la justicia. En cierto modo, la areté griega sería equivalente a la virtus, dignidad, honor u hombría de bien romana.
En la Grecia antigua podía hablarse indistintamente de la areté de un soldado, de un toro o de un navío, aunque su uso para los objetos inanimados es raro. Sin embargo, desde la Época Arcaica estuvo vinculado especialmente a la posesión de las virtudes, en especial la valentía y la destreza en el combate.
Para los primeros griegos guerreros de hace más de tres mil años el único camino de alcanzar la areté era mediante hazañas en la batalla. El ejemplo clásico es Aquiles, quien prefiere morir en combate antes que cualquier otra forma de vida. Los griegos tenían mucho miedo al destino. El destino podía impedirles de forma inmediata alcanzar la areté. Por ejemplo, un accidente, nacer ciego, o nacer mujer imposibilitaba para conseguir hazañas en la batalla. También la areté se relaciona con la astucia en las obras de Hesíodo y Homero; cuando en la IlíadaAgamenón alaba a Penélope, lo hace en atención a la cooperación de ésta con los propósitos de Ulises.
Hacia la época clásica —sobre todos los siglos V y IV a. C.— el significado de areté se aproximó a lo que hoy se considera virtud, fundamentalmente a través de la obra de Aristóteles, en general, incluyendo rasgos como la μεγαλοψυχια (megalopsyjía, 'magnanimidad'), la σοφροσυνη (sofrosyne, 'templanza') o la δικαιοσυνη (dikaiosyne, 'justicia')
La adquisición de la areté era el eje de la educación (παιδεία, paideía) del joven griego para convertirse en un hombre ciudadano, siguiendo el ideal expuesto por IsócratesHuellas de la concepción más restringida de la era arcaica se pueden ver en el énfasis puesto en la disciplina y dominio del cuerpo mediante la gimnasia, una de las actividades principales, y la lucha, pero una formación acabada incluía también las artes de la oratoria, la música y —eventualmente— la filosofía.

Si bien la posesión de la areté seguía mayormente restringida a los varones de la nobleza —llamados por lo general αριστοι, aristoi, "los buenos"—, a quienes estaba reservada la concurrencia a los gymnasia, el análisis de los filósofos elaboró una sofisticada teoría de las facultades espirituales. Tanto Platón como Aristóteles harían de la areté uno de los conceptos centrales de su doctrina ética. El Menón, diálogo platónico que marca el pasaje de los diálogos mayéuticos a los diálogos metafísicos, se centra precisamente en el problema de si es posible hacer una ciencia de la areté.

El Afán De Superación

La superación personal no tiene límite, es decir, un ser humano puede seguir progresando a nivel de conocimiento y de toma de conciencia a lo largo de su vida. Voluntad y conocimiento que son la base de la superación personal, son dos cualidades que diferencian al ser humano del resto de seres del universo. La superación personal muestra la capacidad que tiene un ser humano para reflexionar sobre sí mismo, pero lo que es más importante, para actuar de acuerdo a sus valores y creencias. La superación personal tiene una base teórica a nivel de reflexión pero es fundamentalmente práctica.

La superación personal es ese motor intrínseco que a nivel de motivación mueve el corazón humano cuando una persona aspira a ser más sabia, más competente y más capaz. La superación personal remite a ese proceso temporal de cambio en el que una persona sale de su zona de confort para establecer nuevos hábitos y cualidades para mejorar su calidad de vida.

Pasado, presente y futuro definen la vida humana. Pues bien, la superación personal también se entrena en presente analizando los errores del ayer para obtener una experiencia práctica y evitar tropezar dos veces en la misma piedra.

El proceso de superación personal supone dejar atrás ciertos hábitos y creencias irracionales para dar paso a una nueva realidad que refuerce el bienestar personal.
Existen recursos especialmente recomendados como el coaching y los libros de autoayuda para reforzar la superación personal.

La superación personal muestra el proceso de crecimiento interior ilimitado que marca la vida de un ser humano desde que nace hasta que muere. Mientras que el paso de los años deja una huella física en forma de arrugas, por el contrario, a nivel interior, los años son sinónimo de experiencia, madurez, riqueza de vivencias y sabiduría.

La superación personal conduce a una persona a ser más feliz. En última instancia, asumir un proceso de este tipo es una decisión personal que nunca puede ser impuesto de forma externa. Es decir, nadie puede ser ayudado si no se deja ayudar, y nadie puede cambiar si no quiere hacerlo.

La superación personal muestra, a nivel humano, que querer es poder y que los límites no están en la realidad sino en la mente.


La Herencia Social

Algunos amigos me han solicitado que les diera mi parecer sobre ciertos temas que por su reiteración y trascendencia están provocando un fuerte sacudón a las bases de sustentación de las estructuras tradicionales sobre las cuales se asienta nuestra sociedad.

En lo personal, estimo, que los acontecimientos que hoy tanto nos preocupan -y a los cuales estos amigos hacen referencia-  han estado desde siempre instalados en nuestra conducta colectiva, en nuestro "entramado social" donde tienen cabida todas las variables potenciales de comportamiento.  
El estado de conmoción, entonces, se debe a que tal como sucede con los ríos, arroyos o las simples cañadas, la inestabilidad del clima y la acumulación de precipitaciones, provocan el desbordamiento de sus cauces naturales, embistiendo con furia todo lo que encuentran a su paso.

Por más terribles  que nos parezcan las condiciones actuales, éstas no difieren, en lo esencial, con las que observamos en el comportamiento cotidiano de nuestra especie a lo largo de la historia, las religiones nos mencionan la eterna lucha entre el bien y el mal, cual si fuesen estos polos, aparentemente opuestos, los generadores de la energía vital que hace posible el desarrollo de la inteligencia creativa, condición esencial en la evolución de los humanos.

El simple hecho de pretender  dar una opinión sobre ciertas cosas que han cobrado gran relevancia en la opinión pública de un extremo al otro del planeta, convirtiéndolo  a este, nuestro "globito terráqueo" en una síntesis globalizada donde convivimos más de siete mil  millones de congéneres,  en una minúscula aldea, situada en un insignificante punto del universo, que salvando distancias y proporciones, se parece a un hormiguero humano surcado por millares de senderos que se entrecruzan entre sí.

 Como seguramente todos comprenderán, opinar en estas circunstancias no resulta una tarea sencilla de abordar, sobre todo cuando lo que está en juego constituye una argamasa en la cual, de una forma u otra, por acción u omisión, todos hemos introducido nuestras manos, salpicándonos unos a otros con la mezcla de los elementos introducidos en nuestro afán de anteponer la satisfacción de nuestros intereses particulares sobre el bienestar común de toda la sociedad.

Pienso que antes de intentar siquiera esbozar  una respuesta a las inquietudes planteadas, sobre todo a las relacionadas con las dificultades de  convivencia entre humanos, como ser: la violencia, la intolerancia, la creciente indignación colectiva contra las iniquidades del sistema capitalista, la inmoralidad de los gobernantes, etc. etc. por mencionar  algunas, deberíamos tomarnos un tiempo para replantearnos en profundidad, sobre cuáles bases se han construido los fundamentos que sostienen toda la argumentación social que da sentido a la creación de los estados organizados y que dan vigencia a lo que llamamos "El contrato Social"

"Durante siglos las bases constitutivas de la sociedad se han correspondido con una estructura basada en la existencia de estamentos, grupos sociales estancos que definían una jerarquía de poder. La monarquía y la nobleza, con su escalafón, los gremios (embrión de la burguesía) y los siervos, constituían la estructura social en Europa.

En otras sociedades no europeas se daban similares formas, como el caso de la India con su sistema de castas que aún perdura.

En realidad podemos considerar esta estructura como la extensión y magnificación de los grupos humanos más básicos y propios de la prehistoria.

Más aún, si observamos estructuras grupales de otros mamíferos, especialmente cazadores, también encontramos estructuras jerárquicas.

Podemos por tanto suponer que estas estructuras sociales son en realidad consecuencia de nuestros instintos más básicos.

 Por otra parte, la evolución de la cultura, en su sentido más amplio como resultado de la capacidad intelectual que nos diferencia del resto de animales, impuso la necesidad de "justificar" la organización social y la desigual participación en los beneficios que reporta la propia sociedad.
 Ese encaje de bolillos que es dicha justificación tiene su base en la alianza entre las clases dominantes, que gozan del poder y la propiedad, y los detentadores del poder religioso, cuya función en la alianza es la de aportar los argumentos tales como que el orden social es el que es por voluntad divina, obteniendo a cambio parte del botín.

 Como herramienta se utilizará el concepto de ley natural (coincidente con la voluntad de dios) (San Agustín , Santo Tomás de Aquino), concepto ya apuntado por Aristóteles.

 La ley natural es común a todas las culturas y por tanto independiente de cualquier modelo social concreto.

Y esa ley natural es la que genera el derecho natural que, curiosamente, ha permitido establecer la categorización de la sociedad, permitiendo y justificando la acumulación de poder en las clases dominantes y la explotación de las dominadas (incluso la esclavitud)

Una sociedad que fomenta la existencia de desheredados sociales es una sociedad inestable que solo puede mantener el orden en base a la represión.

En épocas de bonanza económica, las migajas a repartir entre las clases dominadas pueden ser suficientes para calmar los deseos de equidad y los sectores marginales (incluso en los mejores periodos de bonanza hay sectores marginales) son lo suficientemente reducidos como para que su incidencia sea nula.

Pero cuando se presentan las periódicas crisis o la explotación de esas clases por las dominantes llega a niveles inadmisibles, la sociedad se tambalea y en ocasiones llega a la crisis total.
La revolución francesa es el ejemplo más claro de cómo un modelo social, totalmente agotado por los cambios tanto ideológicos como técnicos, se derrumba para dar paso a un nuevo modelo que lo sustituye.
La caída del Antiguo Régimen dio lugar a la sociedad actual.
Por supuesto los herederos de los revolucionarios de finales del siglo XVIII hoy son los más firmes defensores del "orden" y contrarios a cualquier veleidad revolucionaria que cuestione el actual sistema de organización social.

Pero es innegable que ellos son hijos de quienes salieron a la calle y cortaron las cabezas de los monarcas y nobles.

Durante la Ilustración, surgen nuevos paradigmas basados en la individualidad y la propiedad, entendiendo la sociedad como suma de voluntades individuales y garante de los derechos de libertad individual y de la propiedad. Serán la base de la sociedad actual, del liberalismo tanto social como económico.

Son varios los personajes de este periodo que aportan su visión (Hobbes, Lokce, Rousseau…), no siempre coincidentes, incluso contradictorios.

En realidad estas nuevas concepciones no resuelven los problemas existentes.

Simplemente hacen gravitar el poder desde la clase nobiliaria a la burguesa
Todos esos cambios se reflejan en la dicotomía entre Derecho Natural y Derecho Positivo, entendiendo este último como el emanado del poder legislativo, que, supuestamente, emite sus leyes para el ordenamiento de la sociedad y en base al bien común.

La validez del concepto de Ley Natural es en realidad muy fácil de cuestionar. Veamos algunos ejemplos.
Comencemos por uno de los derechos más encomiados, el derecho a la vida (el "no matarás" de los mandamientos bíblicos).

Es cierto que si se pregunta si este derecho debe ser respetado, la respuesta unánime es "Sí". La conclusión inmediata es que ello es una demostración de la validez de la Ley Natural.

Pero si examinamos con más profundidad el tema, aparecen las primeras contradicciones.
Si el derecho a la vida debe ser respetado y es consecuencia de un impulso interno y no el resultado de un modelo cultural, no puede haber excepciones.
Por tanto el rechazo a la pena de muerte debería ser universal.

Aun más, la propia existencia de ejércitos y la utilización de la guerra como recurso de poder serían totalmente inadmisibles, si realmente existiera un condicionante tal que considerara la muerte de un semejante como algo inaceptable.

Si en el caso del derecho a la vida es obvia la contradicción, con más claridad aun se constata en temas como el divorcio, el aborto, la homosexualidad, la moral sexual, en los que la opinión de la persona está claramente vinculada a su línea ideológica.

El puritanismo de la era victoriana, donde se llegaron a poner fundas a las patas de los pianos por considerara indecente su visión directa, y su paulatino abandono por parte de la mayoría de la sociedad hasta el punto de causarnos hoy sorpresa y risa muchos de sus planteamientos, es un claro ejemplo de lo subjetivos que son los conceptos de bondad y maldad en la sociedad
.
La conclusión obvia es que no existe ningún elemento objetivo sobre el que basar la convivencia. No hay ley a la que recurrir para determinar lo que es aceptable y lo que no.

El subjetivismo es total en la estructuración social.
Por otra parte el derecho positivo está viciado desde su origen por cuanto lo que se pretende garantizar es solo el derecho a la libertad individual y a la propiedad, pero no se contemplan las consecuencias que pueden llegar a provocar de estos derechos en el ámbito social si el ejercicio de los mismos son causa de desequilibrios.

En realidad la falta de regulación de los mismos generan la pérdida de libertad real de buena parte de la sociedad (no existe libertad real si no se dispone de medios para ejercerla)

¿Debemos, por tanto, aceptar el "todo vale" en la concepción del modelo social?

Para responder correctamente a esta pregunta previamente debemos entender el porqué de la existencia de la propia sociedad.

¿Por qué el ser humano vive en sociedad? Por necesidad.

Considerado como simple mamífero, el ser humano es probablemente el animal peor dotado para la supervivencia.

Comparativamente hablando, es lento, débil, carece de garras, dientes o cualquier otra capacidad ofensiva digna de mención.
Aisladamente es presa fácil.
Así que su mejor garantía de supervivencia es el establecimiento de un modelo social que permita el mutuo apoyo.

El segundo elemento que ha favorecido su supervivencia es el elemento diferenciador de la inteligencia, que le ha permitido la utilización de recursos de la naturaleza para cubrir sus necesidades.

Ello ha generado la especialización, mediante la cual cada individuo de la sociedad es capaz de hacer su aportación específica a las necesidades globales de dicha sociedad.

Así pues la vida en sociedad es necesaria para la supervivencia de la especie humana.

¿Cuál debería ser la base sobre la que edificar el modelo de sociedad? Si la existencia del modelo social es necesario para nuestra supervivencia, este deberá ser lo más estable posible para cumplir su función de forma eficiente. Y para garantizar la estabilidad es preciso que todos y cada uno de sus integrantes sientan que salen beneficiados con su pertenencia a dicha sociedad.

Para ello será necesario que no exista ningún tipo de exclusión en el reparto de los
recursos generados por la sociedad y que todos y cada uno de sus miembros tengan garantizados los recursos mínimos necesarios para vivir (no simplemente sobrevivir).

Ello requerirá un justo equilibrio entre derechos individuales y derechos sociales, siendo prioritarios los segundos sobre los primeros.

Eso no significa que no deban ser respetados los derechos individuales. Todo lo contrario.

La intervención de los poderes públicos, la legislación debe estar encaminada a, por un lado, garantizar la participación de todos y cada uno de los ciudadanos en los recursos generados por la sociedad, y por otra a la garantía de los derechos cívicos.

Así, y a título de ejemplo, de la misma forma que la libertad religiosa debe estar garantizada, las creencias religiosas no deben en ningún caso condicionar a la sociedad.

Esta debe ser absolutamente laica y ni en el fondo ni en la forma debe tener relación con creencia alguna.

Hoy estas condiciones están muy lejos de cumplirse y las consecuencias son claramente observables: el siglo XX ha sido uno de los siglos más violentos de la historia, y el XXI no augura ser mejor."   Tomado de:   micajondesastre.org/Documentos/ensayos/Fundamento

Como podemos apreciar, nacemos biológicamente humanos , pero existe un recorrido, como bien lo expresa un viejo refrán: "entre el dicho y el hecho hay un trecho" que nos es imprescindible transitar, podemos considerarnos humanos por el simple hecho de nacer, no obstante, " El Ser Humano" es mucho más que su herencia genética, el "ser social" se construye a sí mismo mediante la práctica de ciertos valores básicos que no son transmitidos por los genes, valores que provienen de nuestra vida en sociedad, que se aprenden y cultivan desde la cuna, a través de los ejemplos de vida de quienes nos han dado la oportunidad de estar vivos.


Tomar conciencia de quienes somos nos permiten reconocer la vigencia de los valores esenciales, valores tales como: la gratitud, la solidaridad, el reconocimiento y la empatía.

El Valor Del Honor

Entre los muchos conceptos a tener en cuenta en el cultivo de nuestras relaciones sociales y conste que no existen relaciones sociales ajenas a nuestra condición de humanos, es el sentido del honor por nuestra condición de tales, el grado de madurez que hayamos podido desarrollar en el transcurso de nuestra existencia estará signado por los valores inherentes a esta condición.

El hecho de comprender en nuestro fuero íntimo que somos parte de una herencia que se nos ha legado a través del aporte de innúmeras generaciones que nos han precedido en la transmisión de todo lo que hoy en día constituye un valioso patrimonio cultural, un acervo del cual no sólo nos enaltece, sino que además, nos obliga a preservar y de ser posible multiplicar.

El honor consiste en valorar el legado recibido y sobre todo en aunar nuestros esfuerzos, tanto individuales como colectivos, en acrecentar la puesta en práctica de éstos valores en la búsqueda constante de una impostergable superación.

"El honor es el estímulo que nos induce a cumplir correctamente nuestros deberes
cuando nuestra vida está inspirada en la integridad.
El honor es lealtad a una conciencia recta que se guía por las normas del decoro, es
patrimonio espiritual del alma, inherente al ser humano.

Se basa en la propia conciencia, que es la que, aconseja al hombre las cosas que debe hacer y aquellas que debe abstenerse de realizarlas, sin preocupaciones ni de las consecuencias ni de
la opinión ajena.

El honor es parte íntima e inseparable de nosotros mismos, por lo que es un
sentimiento innato, independiente de los juicios humanos y de un valor superior a la
vida.

El honor es un instrumento, si se lo puede llamar así, de perfeccionamiento individual
en cuanto implica el acatamiento de un código de costumbres que conserva como
normas permanentes ciertos preceptos válidos en todos los tiempos.

Para que el honor constituya un valor útil en todos los momentos de la vida, la rectitud o la
inconveniencia de una conducta, es preciso que no dependa del tiempo ni del lugar en que vive el hombre.”    Ab. Marcia Vásquez Morales


Existe una máxima que nos compromete: “Debemos dejar las cosas mucho mejores de lo que las hemos recibido”

Valorar Quiénes Somos

Reconstruyamos la historia que nos han contado, hagamos una bifurcación en el camino y tomemos por la senda que nos lleva a Lilliput, el país en el cual vivimos y nos multiplicamos los enanitos que habitamos este mundo.
Imaginemos que el gigante Gulliver, que apareció en la margen de nuestras costas, exhausto  y profundamente dormido tras su naufragio, en lugar de asustarnos por su descomunal tamaño y pretender asegurarlo con cuerdas y estacas, le hubiésemos rápidamente construido una barcaza de buen tamaño , proporcionado agua y víveres suficientes  como para soportar una larga jornada , metido dentro de ella y botado al mar, para que las mismas corrientes marinas que le han traído, le regresara por donde vino a su lugar de origen, seguramente nos habríamos ahorrado  una historia en la cual nuevamente recurrimos al poder de los gigantes para que nos ayuden a superar las limitaciones de nuestra insignificante pequeñez.

De haber ocurrido estos hechos tal cual lo describimos, seguramente nuestra autoestima  habría crecido a un punto tal, que nos permitiría descubrir, que el verdadero poder reside dentro de nosotros mismos,  que “los liliputienses unidos jamás seremos vencidos”  que estamos muy por encima de los mitos y leyendas que nosotros mismos construimos , que somos los que hacemos historia a través  de las acciones diarias que cada uno de nosotros  somos capaces de realizar en forma individual o mediante el esfuerzo colectivo.

Liliputienses;  preguntémonos: quien nos ha construido las bases de nuestra economía?  Cuando se nos menciona que estamos en crisis financiera, que estamos en quiebra, que habrá que superar esta terrible situación con sangre, sudor y lágrimas, respondámonos, la sangre, el sudor y las lágrimas de quién? Acaso estamos en una guerra fratricida?

Nos han invadido extraterrestres?  Nos han sustraído nuestras riquezas, nos han despojado de nuestro territorio,  les han cortado los brazos a los trabajadores o extraído el cerebro a nuestros intelectuales?
Al respondernos estas interrogantes apreciaremos que las riquezas que hemos generado a través de toda nuestra historia sigue entre nosotros, que la tierra que nos ha parido a todos nos sigue albergando y que contamos con la fuerza, el intelecto y los brazos necesarios para retroalimentar el proceso productivo para que nos genere tanta riqueza como podamos necesitar para cohabitar y disfrutar dignamente de  nuestra vida en sociedad.

Entonces, Liliputienses hermanos, que es lo que haremos? Pienso que en primer lugar debemos decir muy fuerte ¡BASTA!  Llegó la hora de asumir nuestra identidad, todo lo que existe nos pertenece a todos sin excepción no permitamos que otros, tan enanos como lo podamos ser nosotros mismos, manejen a su antojo lo que supimos generar entre todos, somos hijos del mismo Dios, sea éste de la raza o el color que lo veamos o sintamos, quizás digan algunos que no existe fuera de nosotros, o como han declarado los científicos más inminentes de este controvertido siglo de las luces, sea una Partícula Divina, fuese lo que fuese nos ama a todos por igual y desechamos que existan otras diferencias que no sean el fruto de nuestra capacidad, voluntad, esfuerzo y perseverancia en ser cada día un poco mejor del que hemos vivido ayer. 

El capital para la inversión está entre nosotros, escondido detrás de las mamparas que intentan en vano esconder la identidad de los quienes se lo han apropiado, sean estos: monarcas, terratenientes, religiosos que han encerrado a sus dioses en las mazmorras de sus corporaciones, gobernantes o políticos, generalmente mimetizados entre la bruma de la indiferencia y la corrupción o dueños anónimos de poderosas multinacionales, todos ellos deberán rendir cuentas de sus acciones, deberán responder por lo que han hecho y, sobre todo,  por lo que debieron haber hecho y simplemente dejaron de hacer.

Dejemos de lado las promesas incumplidas, los cantos de sirena, mirémonos nuevamente en toda nuestra verdadera dimensión, juntos formamos una fuerza poderosa, no esperemos a gigantes dormidos en nuestras costas, nada hay más gigantesco que nuestra capacidad de crear y transformar  nuestro destino.


Lejos de los palacios, los resorts, y sin cuentas ocultas en  los “paraísos fiscales”

La Cultura Económica

Como toda ciencia social, la economía está estrechamente relacionada con el comportamiento humano, quizás, o tal vez, sin quizás, sea esta disciplina una de las que más nos identifica como seres interdependientes los unos con los otros, en la coparticipación de los recursos, cada vez más escasos, con los cuales debemos atender las necesidades y reclamos de una población mundial que ya ha sobrepasado los siete mil millones de habitantes.

El éxito o el fracaso de los resultados que obtengamos en su aplicación estarán supeditados al grado de compromiso que asumamos como conciudadanos, integrantes de una urbe inserta en un mundo globalizado donde los  hechos económicos se interrelacionan  entre sí conformando un mosaico de pluralidades productivas provenientes desde  los más recónditos puntos del planeta. 

Los efectos de la globalización nos han ido transformando en una especie de espermatozoides que pugnamos por introducirnos en los ovarios de un mundo virtual  para dar vida a una nueva criatura que nacerá desposeída de una cultura definida, sin raíces ni tradiciones, que se sabe poseedor de un gen universal  cuya lectura atraviesa horizontalmente todas las razas, todos los credos, todas las diversidades, todas las formas de ser y de aceptarse tal cual se percibe que es.

El ser humano que ha surgido - el cual se expresa a través de las redes sociales - trasciende todos los estereotipos que le han precedido…


“Según la Real Academia Española de la Lengua, un estereotipo es una imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable. Dos son las características básicas de los estereotipos: simplicidad -el mínimo común múltiplo de un grupo social se establece aceptado por la mayoría como patrón o modelo de cualidades o de conducta- y su uso peyorativo. Los individuos a través de la cultura económica adquieren y se identifican con toda una serie de instituciones, principios, normas y comportamientos económicos.

Gracias a este aprendizaje el empresario es capaz de enfrentarse al mercado –bendita competencia- sacar conclusiones, basadas en el sentido común y mediante el procedimiento de prueba y error -de experiencia-, depurar el entendimiento y lograr la capacidad cognitiva. En su definición tradicional, la cultura se opone al instinto, al ser aquella una característica del ser humano y ésta de los animales. No obstante en la economía de mercado, cultura e instinto se entrelazan en el estadio superior de la cultura debido a los diferentes niveles de razonamiento que se pueden llevar a cabo. Cabría preguntarse entonces si  la economía es una ciencia o un arte. O ambas cosas a la vez.”

 Juan Royo, Economista

“Los estereotipos de la economía de mercado en particular y los de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en particular son muchos. ¿Es la RSC una herramienta de Marketing o, en el mejor de los casos, de Comunicación? ¿Su implementación es competencia de las ONG más innovadoras? ¿Es un coste que solo pueden permitirse las grandes compañías? ¿Se basa en exclusiva en obra social, solidaridad o caridad? Un reciente debate sobre los Códigos de Conducta Empresariales, preámbulo del 
2º Congreso Nacional de RSE que se celebrará en Zaragoza en junio, trató de aportar luz sobre algunos estereotipos que inundan la actividad empresarial. 

Sin líderes que apuntalen los Principios Corporativos (su Ética personal), no hay nada que hacer. Sin estructuras de retribución variable que hagan a trabajadores y empresarios remar en la misma dirección para lograr la supervivencia de la empresa y de sus puestos de trabajo, no hay nada que hacer. Sin transparencia a la hora de comunicar los objetivos que se quieren alcanzar y el modo que se propone para lograrlo, no hay nada que hacer. Liderazgo, flexibilidad y transparencia. Nada nuevo bajo el sol.


Los sesgos perceptivos son fenómenos habituales en economía. Se forman involuntarias asociaciones de ideas entre aquellos que poseen rasgos comunes. Comportamientos tramposos como la información privilegiada se confunde con la lícita especulación y el dañino abuso de posición dominante o la manipulación de precios con el libre mercado. En el momento en que se ha forjado una primera impresión es difícil deshacerse de ella y va a condicionar el resto ya que los interpretaremos como corroboración del estereotipo del grupo al que pertenece. 

Sin cultura económica, no hay nada que hacer.”