miércoles, 18 de septiembre de 2019

El Texto Descriptivo


Un texto es un discurso escrito u oral que tiene coherencia interna. Descriptivo, por su parte, es aquello que describe algo (es decir, que otorga información para que la gente pueda representárselo en su mente).

El texto descriptivo, de este modo, realiza una descripción de algún elemento. Puede centrarse en una persona, un animal, un paisaje, un objeto o una situación, por citar algunas posibilidades.

La enumeración de características es el rasgo principal del texto descriptivo. Mientras que un texto narrativo relata sucesos y un texto argumentativo brinda razones, un texto descriptivo se centra en la mención de particularidades para la construcción de una representación del elemento en cuestión.

Además de todo lo que hemos expuesto hasta el momento, es importante conocer el conjunto de características que identifican a todo texto descriptivo:

-Es muy variado, en tanto en cuanto puede utilizarse para describir cosas físicas como no físicas.
-Es detallista, porque debe centrarse en transmitir a quien lo lee cómo es realmente el elemento sobre el que gira.
-Puede recurrir al empleo de ciertas “licencias” o herramientas del lenguaje como pueden ser las hipérboles.

Asimismo hay que ser conscientes de otros aspectos relevantes sobre este tipo de texto, como son estos:
-Tiene tres funciones fundamentales: definir, explicar e incitar.

-Siempre tiende hacia lo que es la objetividad. Y es que por algo se centra en aspectos tales como las partes del elemento en cuestión, su misión, el funcionamiento que tiene, la utilidad que posee, sus principales especificaciones…

-En su contenido debe primar en todo momento una ordenación absolutamente lógica de las características que se enumeran.

Del tema en cuestión intentamos describir lo que se describe.


Contextualizar

A veces olvidamos lo importante que es el contexto cuando estamos leyendo o escribiendo un texto. Una frase tomada fuera de contexto puede provocar mucha confusión.

Así, frases o palabras que se usan en algún país de Latinoamérica en un contexto, en otro país pueden ser un insulto. 

Por ejemplo, en España coger es un sinónimo de tomar, pero en varios países de Latinoamérica coger significa tener sexo. 

Sin embargo, incluso dentro de un mismo país pueden generarse confusiones por el contexto, simplemente porque hay muchas palabras o situaciones ambiguas o también porque no interpretamos correctamente el mensaje.

Estar fuera de contexto implica un trueque, un cambio importante en la manera en que interaccionamos (nosotros o un objeto) con el medio habitual donde nos desenvolvemos...

Yo soy yo y mis circunstancias, al cambiar mis circunstancias probablemente obtengamos un Yo descontextualizado.

Además dicha interacción puede darse dentro de un entorno físico como tratarse de una abstracción, de una relación con un contexto sociocultural existente únicamente debido a que un determinado colectivo accede tácitamente a actuar regidos por determinadas normas, convenciones o pautas de comportamiento, generando una realidad social que le es propia.

Finalmente el problema de la descontextualización termina convirtiéndose en un problema de categorías donde intervienen todo tipo de conceptos que al entremezclarse a diferentes niveles generan una paradoja. 

Para mí, estar fuera de contexto es no estar en el momento adecuado, en la conversación adecuada,... no encajar con lo que se desarrolla en tu entorno, sentirte incómodo con una situación de... ¿qué hago yo aquí?.

A veces nos sentimos fuera de contexto en pequeños lapsus de tiempo a lo largo del día o la semana, pero eso no es "grave" si son esporádicos y no dependen de nosotros; el problema radica en cuando nos sentimos fuera de contexto con nuestra propia vida y donde quiera que estemos nunca sentimos que ese es nuestro lugar. 



Ser Tolerantes



La palabra proviene del latín tolerantĭa, que significa ‘cualidad de quien puede aguantar, soportar o aceptar’.
La tolerancia es un valor moral que implica el respeto íntegro hacia el otro, hacia sus ideas, prácticas o creencias, independientemente de que choquen o sean diferentes de las nuestras.

Vea también Respeto

En este sentido, la tolerancia es también el  inherentes a la naturaleza humana, a la diversidad de las culturas, las religiones o las maneras de ser o de actuar.

Por ello, la tolerancia es una actitud fundamental para la vida en sociedad. 

Una persona tolerante puede aceptar opiniones o comportamientos diferentes a los establecidos por su entorno social o por sus principios morales. Este tipo de tolerancia se llama tolerancia social.

Por su parte, la tolerancia hacia quienes profesan de manera pública creencias o religiones distintas a la nuestra, o a la establecida oficialmente, se conoce como tolerancia de culto, y está estipulada como tal por la ley.

El 16 de noviembre fue instituido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como el Día Internacional de la Tolerancia. Esta es una de las muchas medidas de la ONU en la lucha contra la intolerancia y la no aceptación de la diversidad cultural.

Es importante tener en cuenta que la tolerancia no es sinónimo de indiferencia. Es decir, no prestarle atención o, directamente, negar los valores que defiende el prójimo no es una actitud tolerante. La tolerancia implica, en primer lugar, respeto, y en el mejor de los casos, entendimiento.

Hay que destacar que, pese a que la tolerancia invita a respetar y comprender los valores de los otros, no supone aceptar aquellos que avasallan los derechos de los demás.

Si un sujeto defiende convencido la supremacía racial y busca el exterminio de quienes son diferentes, de ninguna manera significa que haya que tolerar su postura.


Ser tolerante es aceptar y permitir las circunstancias o diferencias de los demás, es no impedir que haga lo que éste desee, es  admitir la diferencia o la diversidad.

Para que los niños establezcan buenas relaciones con sus semejantes, es necesario que aprenda a ser tolerante desde muy pequeño.


Absolutistas



Vemos e interpretamos la realidad de forma subjetiva. Y muchos creemos que nuestra visión del mundo es la única verdadera.
¿Debemos flexibilizar una postura tan rígida?

A diferencia de la moral, que nos guía hacia la división y el conflicto, la ética nos mueve hacía la unión y el respeto”

Los seres humanos hemos sido educados para regirnos según nuestra “conciencia moral”.

Es decir, para tomar decisiones basándonos en lo que está bien en lo que está mal, desde niños se nos ha premiado cuando hemos sido buenos y castigados cuando hemos sido malos

Así es como nuestros padres -con su mejor intención- han tratado de orientarnos. Pero esta fragmentación dual es completamente subjetiva. De ahí que cada uno de nosotros tenga su propia moral.

Prueba de ello es el capitalismo. Para unos está bienpues consideran que este sistema promueve el crecimiento económico y la riqueza material. Para otros está malpues aseguran que se sustenta sobre la insatisfacción, la desigualdad y la destrucción de la naturaleza.

Lo mismo sucede con las empresas, los partidos políticos, las instituciones religiosas y, en definitiva, con el comportamiento mayoritario de la sociedad.

Una misma cosa, persona, conducta, situación o circunstancia puede generar tantas opiniones como seres humanos las observen.

Dependiendo de quién lo mire -y desde dónde lo mire-, será bueno o maloestará bien o malDe ahí que, a la hora de hacer valoraciones, todo sea relativo.

“Detrás de cualquier prejuicio y estereotipo se esconden el miedo y la ignorancia”. (Ryszard Kapuscinsky)

Podríamos definir la moral como nuestro dogma individual. Un punto de vista sobre cómo deben ser las cosas. Este es el motivo por el que muchos intentamos imponer nuestras opiniones sobre los demás. Al identificarnos con nuestro sistema de creencias, creemos que el mundo debería ser como nosotros pensamos.

De ahí que mantengamos “batallas dialécticas”, juzgando, criticando e incluso tratando de imponer nuestra verdad a aquellos que piensan y actúan de forma diferente. En estos casos, más que compartir, lo que buscamos es demostrar que tenemos la razón. Cabe preguntarse: ¿qué obtenemos cuando conseguimos “tener la razón”? Por muy sofisticados que sean nuestros argumentos, este tipo de conductas solo ponen de manifiesto nuestra falta de madurez emocional.

Las personas intolerantes y dogmáticas estamos convencidas de que las cosas están bien o mal efunción de si están alineadas con la idea que tenemos de ellas en nuestra cabeza. 

En esta misma línea, los demás son buenos o malos en la medida en la que se comportan como nosotros esperamos. Así, la conciencia moral actúa como un filtro que nos lleva a distorsionar la realidad. Es la responsable de la mayoría de conflictos que destruyen la convivencia pacífica entre los seres humanos. No es otra cosa que la suma de nuestros prejuicios y estereotipos. 

Y se sustenta sobre dos pilares: nuestras interpretaciones subjetivas y nuestros pensamientos egocéntricos. De ahí que limite nuestra percepción y obstaculice nuestra comprensión, siendo una constante fuente de lucha, conflicto y sufrimiento.


Intermitencias



Cada uno de nosotros somos generadores de nuestra propia capacidad de irradiar una luz única, aquella que proviene de nuestro ser interior, ese ser que siempre ha existido desde los albores de su consciencia, la que fulgura nítidamente en cada una de nuestras expresiones y surcan el infinito de nuestras acciones dotando al universo del maravilloso aporte de nuestras luces y sombras.

No voy a discutir esa posibilidad porque en ella radica la esperanza de que podamos ser mejores. Me da lo mismo que sea a través de muchas vidas vividas; que sea en función de intuiciones o percepciones extraordinarias o gracias al estudio y la meditación. 

Sería muy triste suponer que nuestro paso por este mundo fuese a priori condicionado por todas esas anclas invisibles que nos retienen pegados al terreno de la mediocridad o al de la simpleza cotidiana. Necesitamos saber que se pueden alcanzar otros niveles de conciencia, saber que existen y luego decidir si nos sentamos a contemplar el acuario o nos lanzamos al mar para encontrar nuestra Ítaca.

Conviene aclarar, aunque parezca obvio, que hablo de logros metafísicos no de  cuestiones prácticas como el triunfo social o el económico. Me refiero siempre a frutos de desarrollo y elevación mental, esos que nadie nos puede arrebatar ni cobrar intereses ni perder en la bolsa. 

Me refiero a la trascendencia de llegar a ser luz. No luz celestial o mística; tampoco a la sobrenatural, hay demasiado espacio natural para traspasar ciertas barreras. Me refiero a la luz interior de la comprensión de todo lo que nos rodea y en qué forma podemos hacer un poco de luz frente tanta oscuridad.

Porque cualquiera de nosotros, seamos o no conscientes de ello, somos capaces de ser seres de luz, y por consecuencia y física, tener al mismo tiempo nuestras propias sombras. Y asumir esta contradicción.

Los caminos para alcanzar esta claridad mental son muy diversos y la prueba de que están llenos de zonas de umbría, es que cada gurú, cada maestro y cada iniciado tienen su propia teoría. Y ninguna es absolutamente buena ni totalmente mala, porque cualquier enseñanza al respecto  se limita a contarnos que tenemos un interruptor interior. 

Pulsarlo o no, que ilumine o permanezca apagado, depende solo de nosotros; porque somos seres de luz, pero también de sombras.


martes, 17 de septiembre de 2019

Tal Cual Eres

No lo dudes…
Si ves belleza en los demás es porque tú la llevas dentro…

Si eres capaz de encontrar talento en lo que te rodea, es que tú tienes el talento para olerlo, para notarlo, para vivirlo. Es que no temes que otros brillen y esperas aprender algo de todas las personas que pasan a tu lado.

Nadie ve en otros aquello que no tiene. Si conoces personas cada vez más extraordinarias es que tú eres cada vez una persona más extraordinaria. Si te haces preguntas, aunque sean muy complicadas, es porque eres capaz de encontrar las respuestas. Si tienes un sueño, por grande que sea, es porque lo mereces.

Cuando te imaginas viviendo otra realidad, estás dibujándola. Si encuentras el camino es porque el camino es para ti.

Si llegas a un lugar desconocido es que, en el fondo, ese lugar te pertenece. Si encuentras algo es que lo buscabas aunque no lo sabías… Lo necesitabas, aunque no te habías dado cuenta.

Todo pasa por y para algo y nada es ajeno a tu búsqueda. Si alguien tiene la respuesta a una de tus preguntas es porque todos andamos por ahí con pedazos de una mapa por recomponer y, a veces, las piezas deben intercambiarse.

Si te pierdes es porque en ese lugar hay algo que tenías que conocer. Si amas es que ese amor tiene algo que enseñarte. Todos los amores de tu vida te enseñan a amarte a ti mismo, aunque a veces, parezca que lo hacen al revés. Todo lleva un mensaje, aunque a menudo, cuando lo recibimos parece encriptado.

Si te enfadas con alguien es porque ves en él lo que no puedes soportar que también esté en ti. Lo que detestas en otros nace de tu propia incomodidad contigo mismo. Todos somos responsables de cómo decidimos que nos afecte lo que nos pasa. No podemos cambiar los hechos, pero si las percepciones. Podemos decidir y reinar en nuestra conciencia…

Si tienes miedo a seguir caminando es porque sabes que tienes una cuenta pendiente en la próxima esquina.  Algo que cerrar, algo que aprender, algo que afrontar. Un regalo para el camino, para crecer, para mejorar… Un soplo de aire fresco dentro de una burbuja de aire viciado.

Si no lo ves, es porque no lo miras desde la distancia adecuada, desde la perspectiva adecuada, con los ojos de ver lo que a simple vista no se ve. Las cosas son como elegimos verlas. Nuestros ojos las transforman, las reordenan, las acarician.

Si dudas, es porque necesitas reafirmarte, porque necesitas conocerte, porque necesitas bucearte…Todo lo necesario para crecer está en ti, si te apoyas en algo que está fuera, te engañas, te haces trampa, te escaqueas de tu responsabilidad… No tienes que esperar a nada ni a nadie, te toca mover ficha a ti, ahora.

Todo lo que te envuelve es tu versión del mundo, tu percepción de la vida…La casa que habitas es la casa que te habita por dentro…Las personas que te rodean, son a su vez, la versión que tú ves de ellas. La vida que vives es tu versión de lo que es la vida
.
Lo que ves en ti es lo que crees que eres. Si quieres ser distinto, mírate de otro modo.
Si quieres cambiar de vida, cambia tu mirada, cambia tus ojos, cambia tú.

Cambia tu mapa y borra tus fronteras. Cambia tus palabras,  cambia tus pensamientos…

La persona que eres hoy es la que soñaste que eras ayer, estás a tiempo para dibujar la que serás mañana… La que eres en este preciso momento, al terminar esta línea.

https://mercerou.wordpress.com/.../la-vida-que-vives-es-tu-version-de-lo-que-es-la-vi.

La Humanidad De Todos


Según el Informe Delors de la UNESCO “La Educación encierra un Tesoro” (1996), el aprendizaje más difícil en el S. XXI, es aprender a vivir juntos precisamente cuando vivimos de los medios de información y comunicación en el mundo globalizado los cuales, sin duda, nos acerca, pero desgraciadamente no nos unen en lo esencial como seres humanos.

Los medios nos juntan pero su acción queda en la superficie o periferia de lo que en el ser humano es su núcleo esencial el espíritu. Su acción queda casi siempre en la noticia, en el evento, en el hecho, en lo agradable o desagradable, en lo admirable o detestable pero no atraviesa las distintas capas de la estructura humana, hasta alcanzar el núcleo sublime del espíritu.

Corresponde a la educación en tanto proceso humanizador y constructor del ser humano como persona, generar en nosotros el sentido de humanidad y más allá de él aceptar el sentido de humanidad entre nosotros. La solidaridad es quizás la expresión más cercana a la expresión de humanidad porque nos desprendemos de algo nuestro para compartirlo y entregarlo a los otros, o todo lo que somos o tenemos lo sentimos como también de los otros. Esto se concreta cuando hacemos un favor y en grado supremo cuando donamos un órgano que da vida a otra persona. Es cuando el espíritu se abre hasta llegar al otro y éste entra en nuestro espíritu formando una unidad que enriquece a los dos, es la unidad que entraña el sentido de humanidad. Cuando ese uno y otro se hace grupo, comunidad, pueblo, sociedad se construyen los fundamentos de humanidad de la que todos somos sus miembros inseparables.

La separación entre las personas, entre los grupos, entre las naciones, atentan contra la esencia misma de cada uno de nosotros, dado en el fondo somos esencialmente humanidad, somos humanos sin posibilidad de no serlo, pero nos especializamos en demostrar que no lo somos. De esta manera estamos despreciando las leyes de nuestra naturaleza. De ahí las divisiones de todo tipo, sociales, económicas, políticas y tantas otras en distintas direcciones que nos separan hasta llegar al desprecio, a la enemistad, a la xenofobia, al rechazo, al odio, a la guerra, a la destrucción del otro que es algo nuestro como parte de la humanidad ¡que contradicción¡.

En realidad con frecuencia hacemos del ser humano una contradicción consigo mismo. Somos seres en conflicto con nosotros mismos, cargando nuestra propia contradicción como seres humanos.

Por eso las grandes religiones, los grandes pensadores y filósofos que han acompañado siempre al ser humano se fundamentan en la razón y ser de la humanidad que somos.

“No hagas al otro lo que no quieras que te hagan a ti”, “Ama al prójimo como a ti mismo”, “Trata al otro como quieres que te traten a ti”, etc. ¿Por qué?
Lo proclaman y definen ¿sólo para convivir, sólo para garantizar el bienestar colectivo, sólo como un medio para que funcione la sociedad?. Estos imperativos tienen raíces previas, más profundas, más radicadas en el ser humano. Es que todos somos humanidad, como seres humanos perfectamente iguales, aunque diferentes como individuos. No es lo mismo igualdad que identidad. Todos somos iguales como seres humanos pero cada uno posee su irrepetible individualidad e identidad. Sin duda por esta asombrosa contradicción se rompe con frecuencia la armonía y la convivencia humana. Esta es precisamente una de las funciones y fines de la educación como proceso de formación de la persona y de la formación de la ciudadanía responsable: armonizar, entrelazar la igualdad y la identidad que caracteriza al ser humano, aceptando que nuestra identidad adquiere su sentido definitivo en la humanidad. Aprender a vivir juntos es un paso importante para ir construyendo humanidad.

Todos Por Uno


Suiza no tiene un lema definido en su constitución o en sus documentos legales. La frase, en sus versiones alemanas ("Einer für alle, alle für einen"), francesas ("un pour tous, tous pour un"), e italianas ("Uno per tutti, tutti per uno"), se popularizó durante el siglo XIX, cuando tras las lluvias de otoño de 1868 en los Alpes, las autoridades lanzaron una campaña de ayuda bajo ese lema, usándolo a propósito para evocar un sentido de unidad nacional en la población del joven país (Suiza era una república federal desde hacía sólo veinte años antes y la última guerra civil en Suiza había sido en el año 1847).

Se imprimió el lema en los periódicos de todo el país para usarlo como propaganda. La frase se asoció cada vez más con las historias de la fundación de Suiza, que también tienen en la solidaridad un tema central, al punto que el lema se escribió en el Palacio Federal en 1902. Desde esa época, se considera como el lema del país. Políticos de todas regiones y todos los partidos políticos lo reconocen como el lema nacional de Suiza.

El famoso juramento de unión y auxilio mutuo de ¡Todos para uno y uno para todos! bien que podría aplicarse en el entendimiento e implementación de la próxima agenda para el desarrollo sostenible que será aprobada próximamente por los Estados miembros de la ONU.

La frase de la novela Los Tres Mosqueteros viene a mano a la hora de entender que la interdependencia e integración será crucial para el éxito de los 17 Objetivos que se establecerán.
Para alcanzar esta ambiciosa propuesta se requerirá de un nivel sin precedente de cooperación que permita la máxima explotación de los recursos financieros y de conocimientos disponibles.
Un ejemplo que ilustra esta afirmación es el Objetivo 15 vinculado a la protección de la naturaleza. Este pide restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener y revertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de la diversidad biológica.

Los mosqueteros arden en su tumba viendo como hemos destrozado su lema. Esta carrera de la individualidad te hace mirar hacia delante pero no a tu alrededor, enfocándote en el qué y perdiendo de vista el con quién. Se nos podría aplicar a todos el famoso dicho de “el árbol no te deja ver el bosque”. Y es que nos centramos en lo importante perdiendo de vista lo esencial.

Desvinculados de nuestro propósito, navegamos sin rumbo y encontramos en el entretenimiento una forma de búsqueda, que a veces nos pierde más. La carrera del sin sentido continúa rumbo a ningún lugar, donde el aburrimiento y su hermano mayor la depresión campan a sus anchas.
Esta forma de vida en la que preferimos mantener encendida la televisión y apagada la conciencia consigue adormecer nuestros impulsos y en lugar de perseguir sueños con ilusión buscamos metas con sacrificios. 

Y mientras, sobrevivimos como podemos, buscando y valorando más lo de fuera que lo de dentro. El “nadie es profeta en su tierra” y el “titulismo” marcan nuestra forma de mirar y de encasillar a los demás, haciendo de la parálisis por análisis nuestro credo. Y en cuanto a viajar se refiere, mientras más lejos sea el viaje más grandioso se considera. 

Todo ese foco en lo externo, lo lejano, lleva irremediablemente a ese estilo de vida de fuera hacia dentro que tanto nos hace perder nuestro centro y nuestra serenidad.

Empieza por parar y contemplar con quién estás y no tanto lo que te falta por alcanzar. Por admirar y apoyar a todas esas personas que en tu alrededor están tratando de vivir con lo que pueden y saben hacer.  A hacer escapadas hacia tus adentros, no sabes la de recovecos poéticos que puedes encontrar. A tener una vida en la que prime el “si tú estás bien yo también estaré bien”. Comenzando con nuestro círculo más pequeño, el importante, el que se encuentra dentro y no fuera.

Una conversación verdadera puede resolver más problemas que cualquier terapeuta pero la cuestión es que esta rapidez con la que vivimos viene acompañada de sordera crónica. Poco se escucha y mucho se habla sin decir nada, entrando en un círculo vicioso del que ninguno se beneficia.
Estamos entrando en la era de la conciencia, de saber que todos importamos y aportamos y que si no nos ayudamos entre nosotros nos vamos al garete. Quizás debamos empezar por escucharnos un poco y valorarnos más, porque dentro de cada persona habita la verdadera universidad de la vida, así que o aprendemos a estudiarnos o siempre estaremos más lejos que cerca de lo esencial y de una vida más sencilla y solidaria.


Depende De Cada Uno


“Felicidad es la experiencia de alegría, satisfacción o bienestar positivo, combinada con la sensación de que nuestra vida es buena, tiene sentido y vale la pena" (Sonja Lyubomirsky).
De acuerdo con la doctora Sonja Lyubomirsky, experta en Psicología social, la felicidad es un bienestar subjetivo. Es decir, que lo que puede dar felicidad depende más de la persona que del hecho en sí. Ella considera que nuestra felicidad depende de tres puntos básicos:

 Las circunstancias de nuestra vida

Me había preguntado muchas veces por qué existen personas que en apariencia tienen todo en la vida: una gran familia, amor, salud y una buena situación financiera, pero, aun así, no son felices. La respuesta es simple: solo diez por ciento de nuestra felicidad depende de todas estas circunstancias. ¿Sorprendido? Yo también lo estuve al leer estas afirmaciones en el libro de esta psicóloga, Los cómos de la felicidad (The how of hapiness).
Según sus teorías, esto se debe a lo que se llama “adaptación hedónica”. En palabras simples y claras: las personas nos acostumbramos muy rápido a las cosas buenas. Si camino por la calle de mi ciudad, en un día de verano, donde la temperatura alcanza más de 40 grados centígrados, al llegar a un lugar en el que haya un buen sistema de refrigeración (aire acondicionado), es probable que en media hora me esté quejando de lo frío que está el lugar.
De igual manera las personas dejan de apreciar que tienen un buen matrimonio, o una buena salud. Es algo que se han acostumbrado a ver tan normal que no les es fácil apreciarlo. Sin embargo, científicos como Michael McCullough, profesor de Psicología en la Universidad de Miami, que ha llevado a cabo diversos estudios sobre los pensamientos positivos, ha encontrado que las personas más propensa a expresar gratitud por las cosas buenas en sus vidas, son más felices.
Si lo que nos hace felices va más allá de nuestras circunstancias de vida, ¿qué es lo que dispara o detiene nuestra felicidad? En la teoría científica se afirma que la genética lleva una gran parte de la responsabilidad en nuestra felicidad; hasta 50 por ciento. Se considera que las personas conciben los logros a su alrededor de una forma diferente dependiendo de sus genes.
Pero todo esto, según la doctora Lyubomirsky, no es más que un “punto de ajuste” (set point), justo como lo puede ser la disposición genética a engordar: hay gente que tiene que luchar con el peso cuidando su alimentación o su ejercicio, mientras que otros, sin cuidarse, mantienen una figura delgada. Así que, con disciplina, es posible que se puedan vencer esas predisposiciones biológicas. Esto nos llevaría a explorar el tercer punto.
Si mi predisposición genética me hace engordar, entonces tomo las riendas de esta situación con un plan de ejercicio y dieta que me mantenga sano. De la misma manera, tengo que aprender a estar en forma para la felicidad. Es sencillo. De acuerdo con esta psicóloga, debemos controlar nuestros pensamientos y sentimientos, transformarlos en sentimientos positivos. Esto significa que debemos trabajar en “actividades intencionales”. Pero, ¿qué tipo de actividades deliberadas debo realizar para ser feliz?
La doctora Lyubomirsky sugiere doce actividades. Yo me atreví a clasificar estas actividades en cuatro ámbitos de nuestra vida:

1Espiritualidad

Ser agradecido, Practicar actos de bondad, Cultivar el optimismo, Aprender a perdonar, y Practicar la religión y la espiritualidad.

2. Sociabilidad

Cultivar relaciones sociales, y Evitar el pensar demasiado y la comparación social.

3. Saber vivir

Desarrollar estrategias para enfrentar todas las situaciones, y Saborear las alegrías de la vida.

4. Desarrollo profesional y personal

Incrementar experiencias que nos hacen fluir, Cumplir tus objetivos, y Cuidar tu cuerpo (incluye desde la actividad física hasta una actitud positiva).
De todas estas actividades debemos elegir las que nos satisfagan más y ajustarlas a nuestra vida. Podemos hacerlos nosotros mismos.
En lo personal, si tuviera que elegir las que considero más importantes en cada una de las áreas de mi vida, optaría por: ser agradecido, cultivar las relaciones sociales, saborear las alegrías de la vida y cumplir mis objetivos. ¿Por qué? De manera simple, porque incluyen a mi familia, a mis amigos, mi trabajo y a Dios dentro de mi vida.

Un Motivo



 ¿Por qué estás aquí? ¿Cuál es el motivo de tu existencia?

¿Y por qué eres cómo eres? ¿Por qué tienes unas determinadas características personales y no otras? ¿Es solo cuestión de buena o mala suerte?

Todos nos hemos hecho estas preguntas alguna vez. Lo que pasa es que tendemos a creer que no tienen respuesta. Que la vida no tiene ningún sentido especial, y no que no estamos aquí por ningún motivo concreto.

Cuando no sabemos cuál es la función de una cosa, podemos intentar descubrirla a través de su forma. Es decir, si miramos un objeto desconocido, podemos intentar descubrir para qué sirve analizando cómo es. ¿Tiene ruedas? ¿Es grande o pequeño? ¿Tiene algún mecanismo? A través de estas y otras preguntas, podemos ir deduciendo cuál es su función.

Esto mismo lo puedes hacer contigo mismo. Puedes analizar tu forma como persona: ¿cómo eres? ¿Qué habilidades tienes? ¿Qué te gusta? ¿Qué sabes hacer mejor? Todas estas cuestiones hacen referencia a tu manera de ser, y apuntan en una dirección: tu lugar en el mundo.

Los sentimientos son una parte importantísima de nuestra vida que, desgraciadamente, a menudo dejamos en segundo plano. Pensamos que la razón es mucho más sólida y fiable, cuando la realidad es todo el contrario: los sentimientos son los que realmente saben cuál es nuestro camino.

Al fin y al cabo, ¿de qué va la vida? ¿De trabajar? ¿De formar una familia? ¿De luchar para sobrevivir? Bien, un poco sí que va de todo esto, pero detrás hay un objetivo mucho más básico: sentirse bien. Esta es la finalidad principal de la vida; es lo que todos queremos conseguir.
Y los sentimientos son los que saben qué es lo que nos hace sentir bien. En el fondo, nos están marcando un camino; nos están diciendo qué tenemos que hacer para ser felices.

¿Qué te gusta hacer? ¿Qué experiencias quieres vivir? ¿De que te gustaría trabajar? ¿Con qué tipo de personas quieres relacionarte? Las respuestas a este tipo de preguntas te están indicando cuál es tu lugar al mundo.

Simplemente escuchando nuestros sentimientos, podemos ver claramente cuál es nuestro lugar en el mundo. Una persona que está conectada con lo que siente no tiene nunca ninguna duda. Pero esto no siempre es fácil, ¿verdad? Por esta razón, es útil analizar también nuestras capacidades.

¿Qué se te da bien? ¿Qué habilidades tienes? Si respondes a estas preguntas, verás que tus capacidades también indican un camino: el de las cosas que sabes hacer mejor. ¡Y este camino coincide con lo que te gusta hacer! No es  por casualidad, el universo es muy sabio.
Así pues, tu lugar en el mundo es la respuesta a dos preguntas: “¿qué te gusta?” y “¿qué  sabes hacer?”.
Estás preparado para hacer aquello que más te gusta. Esto es lo que has venido a hacer a la Tierra, y lo que el universo espera que hagas.

Indaga profundamente en tu interior cuál es tu sino, cuáles son tus talentos, cuales los lenguajes con los que ansias expresarte, y luego actúa. No te limites a una sola forma de expresión, emprende la aventura de descubrir de cuantos modos puedes llegar a los demás con tu mensaje. Cada conducta es una forma de manifestación, no te limites al desempeño de un único papel en tu vida. Cambia, amplía tu experiencia, pruébate en cosas nuevas, ensaya algo distinto en tu casa, en tu trabajo, en tus pasatiempos, en la forma de vincularte con los demás, en tu búsqueda de Dios y en el modo de amar a los que amas.


lunes, 16 de septiembre de 2019

Dentro De Cada Uno


Dentro De Cada Uno

Si cuando estoy mal me recuerdas lo oscuro que está el cielo hoy o el frío que hace, vete.
Si cuando estoy mal no me dices que siempre hay luz al final del túnel, que siempre hay una salida y que podemos deshacernos de las pesas que nos mantienen en el fondo, apártate de mí. Porque sí, porque no te necesito y no te quiero cerca, porque no me aportas nada y a día de hoy necesito a gente que me de vida.

Apártate si eres gris, negro o blanco porque yo quiero ser de colores, vivir sin límites y rodearme de gente que tampoco crea en ellos. Quiero gente a mi alrededor que ni los vea ni los busque y que si lo hace, sea sólo para saltárselos a lo grande, para poner una cinta métrica y mostrar al mundo cómo de alto y de largo pueden ser sobrepasados. Quiero gente infinita a mi alrededor, quiero gente que crezca, que crezca mucho y en todos los sentidos, que se hagan tan altos y grandes que conozcan el olor de las nubes y el frío que hace cuando superas esa altura. Quiero gente capaz de abrazar la Tierra y la luna. Quiero gente sin miedo, gente diferente, valiente y con mucho brillo en los ojos porque ese tipo de gente es la que hace que te tires de cabeza y sin bañador en busca de tus sueños. Sin seguros ni salvavidas, sólo con la certeza irracional de que serás capaz de nadar.

Quiero gente que me enseñe el valor del trabajo, de las risas, quiero gente que brille y me haga brillar. Quiero gente que trasmita, que sepa cuándo debe mantener los modales y cuando perderlos. 
Gente loca, gente de esa que aún cree que los sueños están para cumplirse y que las miradas pueden decir más cosas incluso que las palabras. Gente que se atreva.

En definitiva, y como dijo Rayden, yo lo que quiero es gente que aporte, que aporte mucho porque si no lo haces, te puedes ir en silencio y sin hacer mucho ruido por dónde has venido.

Siempre cuando escucho la frase “por lo menos lo he/ha intentado” se me ponen los pelos de punta. El uso de esta palabra implica el fracaso. Intentar es asumir que no lo vas a conseguir. ¿Has escuchado que el éxito empieza en tu cabeza? No lo intentes, simplemente hazlo. Si no sale a la primera repite y hazlo otra vez pero no te limites nunca a simplemente intentarlo.

En la vida no falta el tiempo sino las prioridades. Asume que no puedes hacerlo todo en la vida. Es el primer paso para ser más feliz. No digas que no tienes tiempo cuando en realidad no quieres realizar el “esfuerzo” que supone hacer deporte, quedar con amigos, perder peso, aprender un idioma, etc.


La Fuerza Interior


Todos hemos soñado, en algún momento, con ser los protagonistas de los viajes y aventuras de las novelas de Julio Verne pero, ¿habríamos tenido valor para ello?.El autoconocimiento emocional (o el conocimiento de uno mismo) es la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece, y constituye un factor esencial en la inteligencia emocional. Es una especie de "Viaje al centro de ti mismo". ¿Te atreves? 

Nuestras emociones pueden proporcionarnos información valiosa sobre nosotros mismos, sobre otras personas y sobre determinadas situaciones.

Si escuchamos la información que nos proporcionan las emociones, podemos modificar nuestras conductas y pensamientos con el fin de transformar las situaciones.  Y no me refiero únicamente al ámbito personal, las emociones desempeñan también un papel importantísimo en el ámbito laboral. 

De la ira al entusiasmo, de la frustración a la satisfacción, cada día nos enfrentamos a emociones –propias y ajenas- en el trabajo.

La clave está en hacer que nuestras emociones trabajen en beneficio propio, de modo que nos ayuden a controlar nuestra conducta y nuestros pensamientos para obtener mejores resultados.

El autoconocimiento emocional (o el conocimiento de uno mismo) es la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece, y constituye un factor esencial en la inteligencia emocional. Ser consciente de uno mismo es ser consciente de nuestros estados de ánimo y de los pensamientos que tenemos acerca de esos estados de ánimo.

“De todos los conocimientos posibles, el más sabio y útil es conocerse a sí mismo” - William Shakespeare

La persona consciente de sí misma es consciente de sus estados de ánimo. Son personas que conocen bien las facetas de su personalidad, saben qué están sintiendo y por qué, comprenden los vínculos existentes entre sus sentimientos, pensamientos, palabras y acciones, conocen el modo en que sus emociones influyen en su rendimiento.

Son conscientes de sus puntos fuertes y de sus debilidades. Son sensibles al aprendizaje de la experiencia, a los nuevos puntos de vista, a la formación continua y al desarrollo de sí mismos. 

Y, muy importante, están abiertas a la crítica sincera y bien intencionada y cuentan con un sentido del humor que les ayuda a tomar distancia de sí mismos.