martes, 5 de abril de 2011

El Cantar De Los Cantares: La Sexualidad De Los Dioses



El incursionar en el contenido de este libro de poemas,  atribuido a Salomón, nos conduce a ciertos aspectos de la vida de los hombres y su relación con su creador, que nos pueden ayudar a conocer desde otra perspectiva, radicalmente diferente, a los balbuceos y gregreos, a los cuales han recurrido los “versados entendidos”, en su vano intento de “explicar” las razones por las cuales este hermoso texto, se haya “infiltrado” dentro del contenido de un compendio de libros cuyo contenido es considerado como “la palabra de Dios”.
Las mencionadas razones de su inclusión, fueron ampliamente conocidas por los antiguos rabinos, aquellos que estuvieron al tanto de los sagrados principios de la creación, la concepción del hombre y la mujer a la “imagen y semejanza de Dios” semejanza que incluía los atributos sexuales de uno y otro totalmente diferenciados y complementarios.
Este es un tema que por su trascendencia merece ser tratado con seriedad y sin pacatas ambigüedades, si como todos concordamos, la gloria de Dios es la inteligencia, hagamos uso de esta cualidad para describir situaciones que han sido debidamente explicitadas por sus autores, aunque, los “interpretes de siempre” nos lo intenten esconder “mimetizando” diversos pasajes de las escrituras en el medio del follaje lirico y asexuado de la “santidad”.
Pero lo que está escrito, escrito está, así que de la misma manera, en que nos han acostumbrado los predicadores de la Biblia, que cada vez que citan cualquier pasaje de las escrituras, nos las rubrican con la afirmación: Palabra de Dios, ¡Aleluya! Permítaseme a mí también, invocar la misma actitud, para los pasajes que citaré en forma textual.
Como hemos dicho, el Cantar De Los Cantares, ha sido atribuido a Salomón, conjuntamente con otros textos, como Proverbios, Eclesiastés, etc., de manera que partiremos de esta base de información para ubicarnos en su contexto histórico.
Las escrituras en el Libro I de los Reyes, nos relatan que Salomón, hijo de David, fue visitado en sueños por Jehová en por lo menos dos ocasiones y que durante dichos encuentros se le confirió a Salomón la asignación de construir La Casa Del Señor, asignación que le fue negada a su padre David, por haber sido hombre de guerra y haber empuñado la espada.
“Pero el rey David era un guerrero. Así que el Señor no lo permitió construir el Templo. Dios le apareció y le dijo: "Tú has derramado mucha sangre y has llevado a cabo grandes guerras. No edificarás una casa a mi nombre, porque has derramado delante de mí mucha sangre en la tierra. Pero he aquí, te nacerá un hijo que será un hombre pacífico, y yo le daré reposo de todos sus enemigos de alrededor. Ciertamente su nombre será Salomón, y en sus días yo daré paz y tranquilidad a Israel. El edificará una casa a mi nombre. El será para mí, hijo; y yo seré para él, padre. Y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre." (1 Crónicas 22:8-10)”


La ley de Moisés, la torah, prohibía en forma tácita determinadas acciones, tal como lo expresan los siguientes versículos:
“Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, no tomarás au hija para tu hijo.
Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos, y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto.”
                                                                                              Deuteronomio: 7: vs.  3 -4
Sin embargo, el capítulo tres del libro I de Reyes, comienza de esta manera:
“Salomón hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón y la trajo a la ciudad de David, entre tanto acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalén alrededor.”  I Reyes 3: 1
Se dice de Salomón:
“Era mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que toda la sabiduría de los egipcios.
Aun fue más sabio que todos los hombres, más que Etán Ezraíta, y que Hemán, Calcol y Darda, hijos de Mahol; y fue conocido entre todas las naciones de alrededor.
Y compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco.
 También disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que nace en la pared. Asimismo disertó sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces.
Y para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de todos los reyes de la tierra, adonde había llegado la fama de su sabiduría.”
                                                                                                              I Reyes 4. 30- 34
Ciertamente la figura histórica de Salomón está fuera de toda discusión, pero la relevancia del personaje pone en relieve también, sus particulares formas de vivir, es muy loable su devoción a Jehová y nada debemos decir de los acuerdos alcanzados entre ellos, los hechos están allí y cada uno deberá sacar sus propias conclusiones, pero existen algunas evidencias que merecen ser puestas en relieve para que podamos comprender mejor algunas cosas.
Si bien la Casa De Jehová fue majestuosa, una obra colosal para su época, no menos suntuosa fue la casa que Salomón se mandó construir a lo largo de algo más de trece años, Jehová sin duda fue reverenciado y alabado dentro de los muros del templo, pero fuera del mismo, quien era alabado y reverenciado a la par de los dioses de las naciones paganas, no podía ser otro que este Rey, que maravilló a todos por su inteligencia y sabiduría, pero que además implantó un culto a sí mismo, en todos los órdenes,  incluyendo los estrictamente religiosos.


La pomposidad de Salomón:
Cuentan las mismas escrituras:
“El peso del oro que Salomón tenía de renta cada año, era seiscientos sesenta y seis talentos de oro; (nota. Cada talento equivalía a unos 34 kilogramos)
Sin lo de los mercaderes, y lo de la contratación de especias, y lo de todos los reyes de Arabia, y de los principales de la tierra.
Hizo también el rey Salomón doscientos escudos grandes de oro batido; seiscientos siclos de  
Asimismo hizo trescientos escudos de oro batido, en cada uno de los cuales gastó tres libras de oro; y el rey los puso en la casa del bosque del Líbano.
Hizo también el rey un gran trono de marfil, el cual cubrió de oro purísimo.
Seis gradas tenía el trono, y la parte alta era redonda por el respaldo; y a uno y otro lado tenía brazos cerca del asiento, junto a los cuales estaban colocados dos leones.
Estaban también doce leones puestos allí sobre las seis gradas, de un lado y de otro; en ningún otro reino se había hecho trono semejante.
Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y asimismo toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano era de oro fino; nada de plata, porque en tiempo de Salomón no era apreciada.
Porque el rey tenía en el mar una flota de naves de Tarsis, con la flota de Hiram.
Una vez cada tres años venía la flota de Tarsis, y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
Así excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría que Dios había puesto en su corazón.
Y todos le llevaban cada año sus presentes: alhajas de oro y de plata, vestidos, armas, especias aromáticas, caballos y mulos.”
                                                                                              I Reyes 10: 14 – 25
En cuanto al tema que nos interesa en este artículo, el rey bendecido por Jehová, junto con su egocentrismo manifiesto cultivó una forma muy particular de guardar sus compromisos maritales.
Continuemos con la lectura:


Pero el rey salomón amó, además de la hija de Faraón, a las de Moab, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas:
Gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se allegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses.
A estas, pues se juntó Salomón con amor.
Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas: y sus mujeres desviaron su corazón”
                                                                                              I Reyes  11:  1 – 3
Resulta más que interesante el poder observar cómo el relator de éstas crónicas, pone el énfasis mayor en la condición de “mujeres extranjeras adoradoras de otros dioses” sin mencionar para nada la monumental promiscuidad sexual del monarca, si continuáramos con el relato, podríamos apreciar que son éstas las mujeres, quienes cargan con la culpa de la “desviación”   del monarca, el cual es “seducido por sus engañosos placeres”.
Nos preguntamos, y lo hacemos extensivo a cualquier persona que en el transcurso de su vida haya tenido una saludable vida sexual, ¿puede concebirse un séquito semejante de esposas y concubinas? ¿ No estaríamos frente a una situación como la que se describe a continuación”
“Adicción sexual se define como: "Conducta indefectiblemente compulsiva; tendencia involuntaria, irrefrenable, reiterativa e irreflexiva, dirigida a establecer un tipo de relación sexual estereotipada de la que queda una abrumante sensación de insatisfacción".
La "adicción" al sexo invade todas las esferas de la vida de la persona y empieza a ser fuente de displacer en el momento en que el afectado pierde el control de la situación tal como plantea su fantasía, permitiendo que lo aventurado, explorador y divertido de toda relación, se torne reforzador del malestar. Esta manifestación representa una conducta repetitiva que pretende calmar la ansiedad por vía inadecuada, mediante la cual, ipso facto produce más malestar y ansiedad de la que se tenía. Momento en el que produce el rechazo a uno mismo, al constatar que tal conducta no sólo no calma la ansiedad, sino crea una fuente inagotable de problemas. “

Dejemos al rey Salomón resolver sus propios problemas, además nada se nos dice de sí ,en su enorme séquito de féminas, las había niñas o adolescentes, situación que no nos corresponde a nosotros juzgar, recientemente, un primer ministro de una nación europea, está siendo juzgado por la justicia por su aparente voraz apetito sexual y su inclinación por las menores de edad, algunos se escandalizan, otros guardan un silencio cómplice, pero la opinión pública, aquellos anónimos testigos del día a día, los ha sabido calificar en sus dichos populares, sobre todo en aquel que dice: “Quien tiene padrino no muere infiel”.

Volvamos a nuestro tema, la sexualidad de los dioses, resulta evidente que en los estratos esotéricos de las religiones, se tiene un cabal conocimiento de esta realidad, incluso en aquellas que enarbolan el estandarte de la abstinencia sexual, guardan en los cofres del silencio la impunidad de sus desviaciones.

La estrella de David, que podemos observar en los pabellones patrios, es un símbolo de la sexualidad, los triángulos invertidos representan los componentes masculinos y femeninos de la creación, en la actualidad, delante de nuestros ojos, que miran pero “no pueden ver”,
se levantan ostensibles, los símbolos fálicos del patriarcado, en la cima de las fachadas de edificios religiosos, deberíamos saber, pero lo ignoramos, que existen personas que profesan en lo íntimo de sus convenios religiosos, el matrimonio plural, se consideran sacerdotes y sacerdotisas del más alto dios, se unen por tiempo y eternidad, porque aspiran a ser dioses.

Ellos, en su fuero íntimo, aunque no lo admitan públicamente, so pena de violar convenios juramentados, que su mayor anhelo es alcanzar “la vida eterna” poseedores de un cuerpo perfecto como los que poseen sus padres celestiales, para poder reproducirse por los siglos de los siglos.

Sin duda la sexualidad es un atributo divino, les invito, luego de esta lectura, a deleitarse con la lectura de la Biblia, que abran sus páginas inspiradas y disfruten de una pieza única en su género, fruto de la inspiración de Salomón, tan sublime como una melodía de los cielos, la poesía de los dioses, sus expresiones de amor y placer, para quién llevan dentro de su corazón.

Sí, estimado lector, es el Cantar De Los Cantares, disfrútelo sin miedo, y, al culminar, si ha sido de su agrado, manifieste: “Palabra de Dios, ¡Aleluya!

Hugo W. Arostegui

jueves, 31 de marzo de 2011

La Caverna Y Sus Mitos



Cuando hablamos de la naturaleza humana, se suelen mencionar una serie de sentencias, que han sido instaladas en nuestro subconsciente, a través de innúmeras citas cargadas de retórica advertencia, sobre los peligros que nos acechan, cuando nuestra búsqueda de respuestas aún insatisfechas, nos pone en la disyuntiva de:
Acomodar las inquietudes al “status quo” imperante y aceptar la verdad revelada tal cual nos la han transmitido.
O salir al descampado de extramuros, lejos de la ciudadela amurallada de preconceptos que intenta preservarnos de los mortales efectos del mundo “diabólico, solitario y triste”  de afuera.
Parecería ser, que de acuerdo al “autorizado” criterio de los predicadores, todo lo que había que saber, ya fue dicho, lo que nos resta, lo que es arbitrio de la voluntad humana, es el sometimiento y la obediencia irrestricta.
Esto que mencionamos no es para nada algo nuevo, consecuencia de los convulsionados tiempos modernos en los cuales nos ha tocado vivir, todo lo contrario, esta estrategia de dominación, existe desde siempre, desde que los hijos de Dios hemos sido convocados para que hagamos oír nuestra opinión, han aparecido los “pretendidos representantes de la autoridad divina” cuyo insaciable apetito de poder, y su consecuente capacidad de dominación, les impulsa a  ejercer un injusto dominio sobre sus semejantes, ya sea, mediante la persuasión engañosa, o recurriendo directamente al ejercicio totalitario de la violencia.
Para ayudarnos a entender mejor el alto precio que debe pagarse para alcanzar ciertos grados de iluminación, les sugiero incursionar en el pensamiento de los grandes filósofos, poseedores del conocimiento esotérico de los cabalistas, los que utilizando los medios disponibles de comunicación de su época, utilizaron la magia de la palabra escrita y su lenguaje exotérico, para transmitir a los entendidos su enseñanza intelectual y compartir con sus amados discípulos el mensaje esotérico de las señas y los símbolos, lo que sólo podía ser entendido por los iniciados al recibirlo “de mano en mano” .
Quien pretenda conocer el sabor de la sal, deberá, forzosamente, introducirla en su boca y degustarla por sí mismo,  de nada le valdría ningún otro medio, sólo obtendría la imagen exotérica de la sal, de ningún modo el conocimiento, lo esotérico, es decir su verdadero sabor.
Incursionaremos entonces en el pensamiento de Platón y sus enseñanzas.
Breve reseña:
 “Platón, nació en Atenas probablemente en el año 427 a.C. pertenecía a una familia noble y eran ilustres tanto los ascendientes de sus padres como los de su madre.
Recibió la educación física intelectual de los jóvenes de su época; es posible que haya seguido las lecciones del horaciano Cratilo.

En el año 407 sobrevino el acontecimiento capital de la vida de Platón: su encuentro con Sócrates.
El maestro tenía entonces 63 y el alumno 20.
Platón debió seguir las lecciones de Sócrates durante ocho años.
Poco después de la caída de los Treinta, tres delatores acusan a Sócrates de corromper a la juventud y de no creer en los dioses de la ciudad; condenado a muerte, rehúsa evadirse y bebe la cicuta en el 399.
Platón no estuvo presente en los últimos momentos de su maestro, relatados en el Fedón; pero esta escandalosa injusticia debió ser para él el prototipo del acto inicuo contra cuya repetición debía luchar todo filósofo.”
El tema que hemos escogido para ilustrar nuestro artículo es el siguiente:
El libro VII de La República comienza con la exposición del conocido mito de la caverna, que utiliza Platón como explicación alegórica de la situación en la que se encuentra el hombre respecto al conocimiento.
Leemos:
“ …Y a continuación –seguí- compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza.
Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia delante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.
- Ya lo veo – dijo.
Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos cuya altura sobrepasa la de la, pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
¡Qué extraña escena describes  -dijo – y qué extraños prisioneros!



Iguales que nosotros – dije- , porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
Como –dijo- , si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
¿Qué otra cosa van a ver?
Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar?
Forzosamente.
¿ Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
No, ¡por Zeus! – dijo.
Entonces no hay duda –dije yo- de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.
Es enteramente forzoso –dijo.
Examina, pues –dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a naturaleza, les ocurriera lo  siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por causa de los chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas sombras veía antes, ¿Qué crees que contestaría si le dijera de alguien que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando, hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acerca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero que lo que entonces se le mostraba?
Mucho más –dijo.
Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y que se escaparía, volviéndose hacia aquellos objetos que puede contemplar, y que consideraría qué éstos, son realmente más claros que los que le muestra?.
Así es –dijo.
Y si lo llevaran de allí a la fuerza – dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?
No, no sería capaz – dijo-, al menos por el momento.
Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que ver de día el sol y lo que le es propio.
¿Cómo no?
Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que él estaría en condiciones de mirar y contemplar.
Necesariamente –dijo.
Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.
Es evidente –dijo- que después de aquello vendría a pensar en eso otro.
¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les compadecería a ellos?
Efectivamente.
Y si hubiese habido entre ellos algunos honores o alabanzas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que, por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar delante o detrás o junto con otras,  fuesen más capaces que nadie de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sentiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes gozaran de honores y poderes entre aquellos, o bien que le ocurriría lo de Homero, es decir, que preferiría decididamente “trabajar la tierra al servicio de otro hombre sin patrimonio” o sufrir cualquier otro destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
Eso creo yo –dijo-: que preferiría cualquier otro destino antes que aquella vida.
Ahora fíjate en esto –dije-: si, vuelto el tal allá bajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se llenarían los ojos de tinieblas, como a quién deja súbitamente la luz del sol?
Ciertamente –dijo.
Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad – y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse- ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun intentar una semejante ascensión?
Y no matarían; si encontraran manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?
Claro que sí –dijo-
Pues bien –dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la región inteligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas, que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública.
También yo estoy de acuerdo –dijo-, en el grado que puedo estarlo.”                                            
Según la versión de J.M. Pabón y M. Fernández Galiano, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1981 (3ª edición)
 
Tal el relato de Platón, no abundaremos agregando más detalles, si alguna vez te decides a romper las ligaduras que mantienen tieso tu cuello y salir de la butaca donde has estado aprisionado, es posible que lo que descubras no puedas contárselo a nadie, so pena de que te enchalequen y te encierren en un hospicio, también corres el riesgo, de que una vez aprisionado, te alcancen para beber una copa de cicuta, de ocurrir algo así, alza tu copa, bebe y responde “Por quien me venza con honor en vosotros”   .
Hugo W. Arostegui 

sábado, 19 de marzo de 2011

Respuesta a Comentarios sobre Artículos Publicados



Preguntas recogidas en estos últimos días


Respuesta I:


En el artículo: "Un Recurso Que No puedes Ignorar El Entusiasmo: al que tu haz agregado un comentario, habrás apreciado, que comenzamos el mismo con una referencia al significado de la palabra "entusiasmo" en un intento de rescatar el valor original de la palabra escrita.


Pues bien, entusiasmo significa llevar un dios adentro, de manera que visto desde esa perspectiva, coincidimos con lo expresado por Pablo en su primera epístola  a los corintios:
"¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, que tenéis de Dios, y que no sois vuestros?" (1 Corintios. 6:19).


Esto  quiere decir, que  aquel que pretenda ser el receptor de tal distinguido huésped, previamente  deberá haber ordenado y preparado el habitáculo de su mente, para que ésta se encuentre en condiciones de ofrecerle una cálida y confortable acogida.


Todo anfitrión, que se precie, se regocija en su hospitalidad, se deleita ante lo que vislumbra como una gracia divina, la posibilidad de un encuentro con un ser superior, con el que pueda compartir todos sus anhelos y  esperanzas.


El entusiasmo es en sí mismo, una fuente inagotable de energía, porque el ambiente en que se expresa y manifiesta, tiene la armonía del equilibrio, donde nadie es más, ni tampoco menos, donde no hay exigencias ni exigidos, el entusiasmo tiene luz en sí mismo y donde  ingresa la luz no hay espacio para las tinieblas, el entusiasmo no es un bichito esquivo, como tu mencionas, al cual hay que salir a atrapar, tampoco es una "plancha de Surf"  en la que te debates en medio de las olas, el entusiasmo ingresa como los rayos del sol, sólo necesita que abras confiado, de par en par, las ventanas de tu alma.


Respuesta II:


Sobre el comentario referido al tema "Reflexiones De Carnaval"  que tú me has formulado con mucha agudeza, me agradaría muchísimo poder mencionarte algunas observaciones a tu planteo, observaciones que humildemente pongo a tu criteriosa consideración:


Cuando tú me mencionas que según tu parecer, experimentar no es rumiar, pues consideras que el  proceso de analizar consecuencias de un acontecimiento dado, debe corresponder a otra etapa, y que la misma, forzosamente, deberá ser posterior al experimento en sí mismo,
te pregunto: cuando nos relacionamos con otras personas, ¿no necesitamos recurrir a nuestras vivencias pasadas? ¿el cúmulo de estas vivencias no son las que nos convierten en personas con experiencia de vida?


Ahora bien, veamos, un acontecimiento cualquiera se torna experiencia cuando es sometido al proceso de comparación con otros que hayamos tenido, uno puede morir de un tiro certero, pero si no vive el proceso no se puede considerar experimentado en la muerte.


Experimentar es forzosamente comparar, de manera, amigo/a , que te refugias en el anonimato, te sugiero que comiences " a rumiar" cuánto antes tus experiencias de vida, la criatura humana no debe comportarse cual si fuese una pelota de ping -pong.


En cuánto a la festividad de carnaval en sí, tienes tu mucha razón, he vivido la rica experiencia de llevar muchas veces a mis hijos, a mis sobrinos, y ahora a mis nietos, al carnaval, poseo el humor suficiente para disfrutar con ellos de esa sana alegría, también es bueno reconocer la riqueza creativa de esa expresión cultural que tanto nos gusta a los uruguayos.


Pero, sabes que, mis hijos, mis sobrinos, han crecido, mis nietos lo harán más adelante, nosotros los adultos, cumplimos con lo que se ha transformado en una tradición y revivimos en ellos los tiempos pasados, cuando la inocencia nos hacía ver hadas y magos, payasos y arlequines detrás de cada cara pintada.


Pero mi amigo/a anónimo, ¿cuánto tiempo ha pasado desde que los niños se fueron a dormir y te has dejado llevar por la ronda de fantasmas, de miedos y miserias que acechan y golpean tu vida cada día?


La reflexión de carnaval publicada, se refería a los niños que ya no son, a los adultos que quizás sean sus padres o sus abuelos, una querida amiga me había contado unos días atrás, que su nieta estaba embarazada, una jovencita, sobrina mía, me comento que ella, con apenas 16 años, estaba embarazada, leo los periódicos y veo los efectos del alcohol y las drogas, he ido a bailar, a divertirme, y en esa algarabía pude apreciar la transformación en los rostros de los evadidos, jóvenes y adultos, que una vez, bajada la cuesta, cuando termina la fiesta, lloran en silencio sumidos en la depresión.


Escribir, tal como yo lo hago, créame, que cuando termino un tema, difícilmente revise y corrija errores ortográficos o de redacción, simplemente tiro mis pinceladas expresivas sobre el teclado, lo que sí puedo asegurarle es la autenticidad de mis expresiones, la sana intención de establecer un contacto, de compartir inquietudes, lejos de mi cualquier pretensión de condicionar su pensamiento.


Un abrazo
Hugo W Arostegui


Respuesta I:

En el artículo: “Un Recurso Que No puedes Ignorar El Entusiasmo: al que tu haz agregado un comentario, habrás apreciado, que comenzamos el mismo con una referencia al significado de la palabra "entusiasmo" en un intento de rescatar el valor original de la palabra escrita.

 Pues bien, entusiasmo significa llevar un dios adentro, de manera que visto desde esa perspectiva, coincidimos con lo expresado por Pablo en su primera epístola  a los corintios:

"¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, que tenéis de Dios, y que no sois vuestros?" (1 Corintios. 6:19).

Esto  quiere decir, que  aquel que pretenda ser el receptor de tal distinguido huésped, previamente  deberá haber ordenado y preparado el habitáculo de su mente, para que  ésta se encuentre en condiciones de ofrecerle una cálida y confortable acogida.

Todo anfitrión, que se precie, se regocija en su hospitalidad, se deleita ante lo que vislumbra como una gracia divina, la posibilidad de un encuentro con un ser superior, con el que pueda compartir todos sus anhelos y  esperanzas.

El entusiasmo es en sí mismo, una fuente inagotable de energía, porque el ambiente en que se expresa y manifiesta, tiene la armonía del equilibrio, donde nadie es más, ni tampoco menos, donde no hay exigencias ni exigidos, el entusiasmo tiene luz en sí mismo y donde  ingresa la luz no hay espacio para las tinieblas, el entusiasmo no es un bichito esquivo, como tu mencionas, al cual hay que salir a atrapar, tampoco es una “plancha de Surf”  en la que te debates en medio de las olas, el entusiasmo ingresa como los rayos del sol, sólo necesita que abras confiado, de par en par, las ventanas de tu alma.

Respuesta II:

Sobre el comentario referido al tema "Reflexiones De Carnaval"  que tú me has formulado con mucha agudeza, me agradaría muchísimo poder mencionarte algunas observaciones a tu planteo, observaciones que humildemente pongo a tu criteriosa consideración:

Cuando tú me mencionas que según tu parecer, experimentar no es rumiar, pues consideras que el  proceso de analizar consecuencias de un acontecimiento dado, debe corresponder a otra etapa, y que la misma, forzosamente, deberá ser posterior al experimento en sí mismo,
te pregunto: cuando nos relacionamos con otras personas, ¿no necesitamos recurrir a nuestras vivencias pasadas? ¿el cúmulo de estas vivencias no son las que nos convierten en personas con experiencia de vida?

Ahora bien, veamos, un acontecimiento cualquiera se torna experiencia cuando es sometido al proceso de comparación con otros que hayamos tenido, uno puede morir de un tiro certero, pero si no vive el proceso no se puede considerar experimentado en la muerte.

Experimentar es forzosamente comparar, de manera, amigo/a , que te refugias en el anonimato, te sugiero que comiences " a rumiar" cuánto antes tus experiencias de vida, la criatura humana no debe comportarse cual si fuese una pelota de ping -pong. 

En cuánto a la festividad de carnaval en sí, tienes tu mucha razón, he vivido la rica experiencia de llevar muchas veces a mis hijos, a mis sobrinos, y ahora a mis nietos, al carnaval, poseo el humor suficiente para disfrutar con ellos de esa sana alegría, también es bueno reconocer la riqueza creativa de esa expresión cultural que tanto nos gusta a los uruguayos.

Pero, sabes que, mis hijos, mis sobrinos, han crecido, mis nietos lo harán más adelante, nosotros los adultos, cumplimos con lo que se ha transformado en una tradición y revivimos en ellos los tiempos pasados, cuando la inocencia nos hacía ver hadas y magos, payasos y arlequines detrás de cada cara pintada.

Pero mi amigo/a anónimo, ¿cuánto tiempo ha pasado desde que los niños se fueron a dormir y te has dejado llevar por la ronda de fantasmas, de miedos y miserias que acechan y golpean tu vida cada día?

La reflexión de carnaval publicada, se refería a los niños que ya no son, a los adultos que quizás sean sus padres o sus abuelos, una querida amiga me había contado unos días atrás, que su nieta estaba embarazada, una jovencita, sobrina mía, me comento que ella, con apenas 16 años, estaba embarazada, leo los periódicos y veo los efectos del alcohol y las drogas, he ido a bailar, a divertirme, y en esa algarabía pude apreciar la transformación en los rostros de los evadidos, jóvenes y adultos, que una vez, bajada la cuesta, cuando termina la fiesta, lloran en silencio sumidos en la depresión.

Escribir, tal como yo lo hago, créame, que cuando termino un tema, difícilmente revise y corrija errores ortográficos o de redacción, simplemente tiro mis pinceladas expresivas sobre el teclado, lo que sí puedo asegurarle es la autenticidad de mis expresiones, la sana intención de establecer un contacto, de compartir inquietudes, lejos de mi cualquier pretensión de condicionar su pensamiento.

Un abrazo

Hugo W Arostegui

domingo, 13 de marzo de 2011

Reflexiones de Carnaval



Estamos en carnaval, una festividad que perdura como las flores silvestres, sin importarle en absoluto el clima adverso que desde los tiempos del paganismo ha debido soportar, pase lo que pase, cualesquiera sean los pronósticos, “los diablos se sueltan en carnaval” y la alegría y el desenfreno toman cuenta de nuestras almas en pugna, que se debaten entre lo “diabólico y carnal”  y  lo “sensual y sublime”

Carnaval, para nosotros suena como: primavera, verano, otoño, invierno, navidad, año nuevo, etc. hitos que marcan nuestro pasaje por la vida, como tantos otros que nuestra mente registra y acondiciona en el recuerdo según la profundidad de su huella emotiva.

La sucesión de experiencias de vida van dando forma a nuestro “yo” y su hilo conductor nos lleva a ser lo que “sentimos que somos” en nuestro fuero íntimo, en lo más recóndito de nuestro ser, allí, donde el “yo” y el “ser” se interrelacionan para darnos una expresión exterior, la que se suele identificar como: carácter o personalidad.

El conflicto a superar, es aquél que surge cuando el “yo” que percibimos, no concuerda con lo que pensamos que “deberíamos ser” ya sea esta sensación, el fruto de una severa autocrítica,  o lo que captamos desde el exterior, las señales enviadas por aquellos que conforman el entramado social en el cual transcurre nuestra existencia.

Es allí, en el fuero íntimo de cada uno, donde se realiza el “proceso digestivo”  de nuestras experiencias de vida, veamos:

Cuando yo era un niño escolar, participé, a la par de mis demás colegas de clase, de una exposición cuyo tema versaba en “el proceso digestivo de los rumiantes” y como vivíamos en el campo y nuestras familias tenían vacas lecheras, la disertación derivó forzosamente, a nuestras vacas y su condición de rumiantes, confieso que tal situación, la para mi nueva faceta de nuestras vacas, me resultó, en principio un tanto cómica y comencé a reírme y hacer algunas bromas con los demás niños de la clase.

Cuando la docente dio por finalizada la clase, todos los niños se apresuraron a salir a jugar al patio de la escuela, es decir, todos menos el suscrito, la maestra me detuvo en seco, los métodos pedagógicos de la época lo permitían, me tomo de una oreja, me sentó en la mesa de estudio y me dijo que debía escribir “quinientas veces” la frase: “la vaca es un animal rumiante”.

De manera que me considero con la suficiente autoridad como para referirme a este tema, máxime, cuando aquella lección me ha dejado una profunda enseñanza.

Mientras me dolían y acalambraban los dedos de mi mano derecha, de tanto repetir la misma frase, en realidad no tengo la menor idea de cuántas veces lo hice, pues la maestra consideró suficiente castigo las cinco o seis hojas escritas, ella, mi maestra, me explicó en forma clara y sencilla, el proceso del rumiado y sus resultados, en la nutrición de este noble animal.

La vaca se alimenta, es decir, come pasto, alfalfa, ración, bebe agua, etc. y luego busca un lugar, se echa y comienza  el proceso de rumiado, rumiar implica volver a masticar, una y otra vez, el alimento ingerido, esto le permite extraer todas las propiedades nutrientes del alimento.

Este proceso, una vez aprendido, en aquella inolvidable lección escolar, es el que aconsejo aplicar en nuestras vidas, no tengo ninguna duda, que la criatura humana, debería rumiar, una y otra vez, sus experiencias de vida, volver a evaluar los acontecimientos, tantas veces como fuese necesario, para extraer de los mismos, la mejor de las conclusiones posibles.

Cuando hablamos de experiencias de vida, la propia palabra nos lleva etimológicamente al concepto de experimento y me pregunto: acaso experimentar no es rumiar? No es pasar por distintas etapas un proceso hasta alcanzar un resultado? La experiencia adquirida es aquella que nos permite conducirnos con seguridad por la autopista de la vida, algunos la adquieren y la utilizan, otros, quizás la gran mayoría de los mortales, se comportan como si estuviesen en un parque de diversiones y suben al volante de los “autitos chocadores” hasta que se les termina el boleto,  entonces descienden de sus vehículos y manifiestan doloridos, que dura que es la vida.

En fin, así las cosas, pero como dije al comienzo, estamos en carnaval, y en esta fecha se suelta todo, la mente, el cuerpo, la alegría autentica de quién la disfruta, y la fingida, aquella que se busca encontrar en la falsa sonrisa y que aflora descontrolada luego de algunas ingestas de alcohol, para algunos es simplemente beber hasta obnubilar los sentidos, para otros, es beber y consumir algo más, es intentar alcanzar una quimera, acallar frustraciones que lastiman, esas que en lugar de esfumarse, se aferran con sus garras en lo profundo del alma, bien adentro, donde intenta esconderse ese “yo” interior, que por momentos confunde la conciencia y se parece más a “un me parece que yo soy” les invade la fantasía por algunos instantes de anhelada evasión, hasta que la incertidumbre vuelve, y les deja solos nuevamente, indefensos , frente a sus miserias de siempre.

Otros que se suelen soltar, son los fantasmas, los que no vemos pero sí nos hacen sentir su presencia, ellos juegan a la ronda, tomados de la mano, con “con nuestros miedos, nuestras aprensiones, con nuestros “que dirán” con los “pecados” que hemos ocultado presurosos “debajo de la alfombra” sus ruidos y desenfado sacuden de tal forma nuestra mente cual si fuese un terremoto, y todo, absolutamente todo, se entrevera cual mazo de barajas en manos del destino, y se suman a la ronda todos los episodios de vida que nos han dejado su huella indeleble desde la lejana niñez hasta nuestros días actuales.

Entonces, no les queda otra, que la de reír, reír, cantar y saltar, sacar a pastar “nuestras burradas”  en el prado del desenfreno, y en plena algarabía, les llegan, como de muy lejos, las estrofas de alguna vieja canción:  “ Ay que beber, bebiendo se es feliz, ésta va por mí, la otra por usted, ¡viva la alegría y el amor!”.

Hugo W.Arostegui

martes, 1 de marzo de 2011

Un Recurso Que No Puedes Ignorar: El Entusiasmo



“La palabra entusiasmo proviene del griego y significa tener un Dios dentro de sí.

La persona entusiasta o entusiasmada era aquella que era tomada por uno de los dioses, guiada por su fuerza y sabiduría, y por ese motivo podría transformar la naturaleza que lo rodea y hacer que ocurrieran cosas.

Sólo las personas entusiastas eran capaces de vencer los desafíos de lo cotidiano.  Era necesario por lo tanto entusiasmarse para resolver los problemas que se presentaban y pasar a una nueva y mejor situación.

El entusiasmo no es una cualidad que se construye o que se desarrolla. 

Es un estado de fe, de afirmación de sí mismo.”       MetododeEstudio.com

Nos hemos referido en entregas anteriores, a las dificultades de entendimiento, que suelen tener las nuevas generaciones, en todo lo relacionado con las afirmaciones literales, que las distintas religiones que las sostienen, le han dado, a ciertos pasajes de la Biblia.

Pensamos, que el mayor obstáculo a superar, se debe a que el lector percibe, que antes de siquiera intentar abordar el contenido de este libro, se le conmina a no incursionar sólo en el análisis, que si no cuenta con el asesoramiento adecuado de instructores autorizados, la lectura le resultará no solamente de difícil incursión, sino, que además, podrá quedar expuesto a que las “sutilezas del maligno” le confundan a tal punto de que pueda quedar “sumido en las tinieblas”

Si a esta sensación que le invade, se le agrega la infaltable recomendación, de que debe consultar con “ellos” nos referimos a los asesores de turno, porque “ellos”  y  “sólo ellos” son los “únicos poseedores de la verdad absoluta”, de que las demás religiones, sectas, o grupos, a los que haya recurrido anteriormente, o pretenda recurrir en lo futuro, podrán tener las mejores intenciones pero que por tal o cual razón, están en el error, la verdad es una sola y les pertenece a “ellos”  el argumento esgrimido es irrefutable: “ellos” son los poseedores en exclusividad de “La Revelación Divina.”

Ante esta situación, uno se pregunta, ¿Qué es lo que pasa conmigo? ¿Por qué debo recurrir a intermediarios?  ¿Es posible, que yo haya nacido con alguna anomalía heredada de mis antepasados? Existe alguna deuda que deba pagar? ¿Los poseedores de la verdad, pueden cobrarme su intermediación? ¿Por qué me citan ejemplos de que cuánto mayor sea mi aporte,  mayor será la recompensa que reciba, ¿Existe una cuenta corriente en los cielos, cuyo saldo en rojo me es requerido saldar? Etc etc.

Lo que ha pasado con las revelaciones recibidas desde los cielos, es que los receptores de esas revelaciones, los profetas y videntes, lamentablemente no se encuentran entre nosotros, y si por alguna razón, nos visitaran, seguramente tendrían que hacerlo de incognito, pues en el momento que fuesen identificados, toda la infraestructura montada por las iglesias, muchas de ellas, convertidas en gigantescas corporaciones, se estremecería de tal forma, que caería por tierra todo su andamiaje teológico.




Lo más probable, es que tal  inoportuna  presencia sería seriamente reprimida, apresados, juzgados como usurpadores, o, en el mejor de los casos, denunciados como dementes peligrosos de doble personalidad y les internarían para siempre en un hospital psiquiátrico.

¿Y sus apresores? Seguramente estos tendrían la honra de ser considerados como “guardianes de la fe”  salvadores de la doctrina, la verdadera, la construida y sostenida por la corporación.

Es la Corporación , la organización constituida, la que mueve las cuentas bancarias de un imperio basado en la vida y acciones de sus venerados santos y  profetas, pero interpretada  y escrita por manos anónimas, contratadas para tal fin,  siguiendo un libreto considerado, en lenguaje actual: “política y socialmente correcto” como alimento espiritual liviano y fácilmente digerible por los millares de “pecadores” quienes sólo pueden purgar sus culpas a través de las donaciones “voluntarias” a  los representantes de la única fuente de salvación posible, La corporación de las iglesias.

 los tesoros blanqueados en los bancos, en los bienes nobiliarios, en las acciones de grandes compañías, “ son tesoros que ni el moho ni el orín corrompe” con su producido, con el poder de compra acumulado, evangelizamos el mundo, “ les compramos terrenos en los cielos” y todavía nos sobran bienes para que, de vez en cuando, hagamos generosas donaciones a los pobres acosados por la miseria y las hambrunas en el mundo.

Lo sorprendente es que no obstante ser la Biblia, un libro como ya hemos expresado, traducido infinidad de veces a través de los siglos, todavía podemos extraer de sus escritos, si prestamos atención al espíritu de la letra y le agregamos “entusiasmo” al contenido visual de la escritura, señales muy claras para orientarnos en su contenido.

Un claro ejemplo de estas afirmaciones, podemos encontrarlo en los escritos atribuidos al Apóstol Santiago, hermano de Jesús e hijo de José y de María, figura prominente entre los primeros judeo cristianos que vivían en Jerusalén , la simple mención del parentesco con Jesús, despierta controversias entre los propios cristianos, mientras unos lo admiten y lo toman con naturalidad, corroborando las distintas aseveraciones de que Jesús tuvo hermanas y hermanos, otros, como los católicos romanos, que defienden la tesis de que Jesús fue hijo único de una siempre inmaculada virgen María, a quienes admiten cierto parentesco aduciendo que serían medio hermanos, hijos de un matrimonio anterior de José o hijos de una hermana de María, por lo que estos supuestos hermanos serían en realidad, primos.


Como puede apreciarse, la verdad revelada, es una fuente de inspiración, que puede observarse como a través de un caleidoscopio, el cual modifica las imágenes de acuerdo al buen entender de quién ponga su ojo en la mira, no obstante y pese a quién pese, la verdad puede resplandecer ante los ojos de los considerados puros de corazón.

Volviendo al Apóstol Santiago, en el capítulo uno de su epístola nos dice:
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”     Santiago 1: 5

En otras palabras, la comunicación es algo entre Tú y tu Hacedor, y como bien me recordaba mi querida amiga Lucía: En el año 1950, en el atiborrado estadio de Maracaná, nada menos que en la final de un Mundial de Futbol , once bravos orientales, ante el clamor de la hinchada brasileña, que llenaban el estadio y aturdían con sus vítores, su capitán, El Negro Jefe, les dice la hoy célebre frase: “ Los de Afuera son de Palo”

 Hugo W. Arostegui

sábado, 26 de febrero de 2011

Presentación

Hugo W Arostegui
Nacido el 20 de abril de 1943, en Cerro Largo - Uruguay
Formado en: Administración de Empresas, Dirección de Hospitales, Consultor en Recursos de Empleo, Economía, Autoridad Religiosa, Teólogo.
Autor de artículos sobre: Economía, Religión, Literatura, Empleos, humanidades.
Sexo: Masculino
Actividad: Analista en Gestión Empresarial
Profesión: Asesor de Empresas
Local: Ciudad: Rivera: Uruguay



Una hoja en blanco, una forma de vivir y sentir, y ese impulso que brota de lo profundo del corazón, conmueven el alma humana y hacen surgir incontenibles las emociones, como aflora la tierna sonrisa o se desliza furtiva una lágrima.
Es por esa sensación, propia del artista que anida en el interior de cada uno, que no resisto el impulso de contar, que más que un deseo de simplemente decir cosas, es como una huella, que en medio de la nada indica que allí , si se sabe buscar, hay una senda, y a través de ella, un escenario de hechos que se exponen para ser observados y evaluados según el propio sentir de quien es invitado a transitarlos.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Respuestas Desde La Hoguera


Desde hace un buen tiempo, me han solicitado algunas respuestas referentes a ciertos pasajes de la biblia, cuya lectura les ha dejado un tanto confundidos, confusión que también ha despertado el deseo de obtener algún tipo de ayuda adicional que les permita comprender mejor el contenido y sentido del mensaje  escrito en los mismos.
Ante tales requerimientos, resulta una enorme responsabilidad, el simple hecho de intentar el abordaje de lo expresado, por el o los autores, en los escritos que han sido compilados en un tomo cuyo título es nada más y nada menos que Santa Biblia, y ostenta el inapelable decreto de ser “La Palabra de Dios”
Como nuestra intención está muy lejos de pretender socavar los indubitables atributos de los autores que han sido incorporados al texto sagrado, comenzaré este artículo partiendo de la base de tomar como fuente del mismo, sin incorporarle ningún tipo alteración, las expresiones vertidas por los recopiladores del texto, quienes lo han hecho llegar a la opinión pública, luego de que fuera éste sometido a innúmeras traducciones y recortes, hasta convertirse en el producto final que todos consumimos.
Lo innegable es, que el texto sagrado en cuestión, ostenta, como hemos dicho, la honrosa  distinción de ser considerado como “la palabra de Dios”  no porque haya sido El Divino Creador el autor de dichas expresiones, sino por ser sus autores “divinamente inspirados por su creador” para dictar a través de sus escritos, “Su Divina Voluntad”, lo que suena parecido pero que tendremos que concordar que no es lo mismo.
De manera que debemos dejar expresa constancia: Que el libro que citaremos, proviene de escritos, atribuidos a diversos autores que se han expresado por inspiración divina, circunstancia que respetaremos, pero con la salvedad de que al cúmulo de autores                        -alrededor de cuarenta- deberemos agregar, que sus escritos originales, se han perdido por la acción del tiempo, que han sido traducidos y reinterpretados, como es el caso del  Codex Sinaiticus , utilizado por el emperador romano Constantino y sus escribas, para la confección de las primeras cincuenta biblias, pagadas éstas, con recursos del imperio.
En las mencionadas cincuenta biblias originales, se tuvo especial cuidado en destacar los aspectos divinos del mansaje en menoscabo de aquellos que enfatizaban en el “lado humano” de los personajes, convirtiendo a éstos, los personajes, en figuras míticas, generalmente asexuadas, a cubierto de toda implicancia con lo que las autoridades eclesiásticas de la época, consideraban como “diabólico y carnal” deberíamos agregar a esta breve introducción, la tan temida palabra “herejía”  palabra griega cuyo significado original, sería asimilable a la palabra “opción” y que fuera utilizada desde entonces, para condenar a todos aquellos que optaran por darle crédito a cualquier otro texto que no fuese el aprobado por el imperio y las autoridades eclesiásticas de la época.



La historia nos brinda una profusa información, debidamente documentada, de los miles de millares de fieles, muertos en las hogueras y las cámaras de tortura, víctimas de los inquisidores, por disentir con “la verdad oficial”  la acusación de “herejía” era sinónimo de crueles castigos para todos aquellos que discordaran con la “verdad revelada” de Constantino y sus acólitos sucesores, desde los siglos IV, hasta muy avanzada nuestra era.
Algunas de las preguntas que mencionamos al comienzo de este artículo, se refieren a los primeros capítulos del Génesis, Libro atribuido al profeta Moisés, donde el autor nos describe los hechos relacionados con la creación de la tierra y la puesta en escena, en el llamado, Jardín de Edén o “Paraíso”, de nuestros primeros padres, Adán y Eva.
Estimamos conveniente a los efector de ilustrarnos mejor sobre el contenido de este primer libro de la biblia, que hagamos un ligero repaso sobre la vida de su autor, Moisés.
Cuenta la tradición que Moisés vino a este mundo como vástago de una familia Hebrea, de la tribu de Leví, en una época en que faraón, monarca de Egipto, estaba tan preocupado con el crecimiento del pueblo israelita, que había ordenado la matanza de sus hijos pequeños.
Su madre, Jocabed, que prestaba servicios como partera en la corte de faraón, le mantuvo escondido cuánto pudo, hasta que decide ponerle dentro de una cesta y dejarlo en el agua cercano al lugar donde las doncellas de la corte tomaban sus baños, es allí, entonces que una de ellas, de nombre Batía, le recoge y adopta, el historiador judío, Josefo, nos dice que el origen de su nombre, Moisés, significa: salvado de las aguas.
Moisés fue educado por los egipcios como integrante de la aristocracia, tuvo una muy sólida educación, sabido es que los sabios egipcios poseían registros muy antiguos y se identificaban como provenientes de un tronco común con los helenos, cuyos orígenes se remontaban a la floreciente cultura de los habitantes del continente sumergido de la Atlántida, situado entre el norte de África y Europa, en el mediterráneo.
Los escritos de Platón sobre la Atlántida, nos pueden ayudar a comprender mejor este vínculo, por lo que recomendamos su lectura, especialmente les recomiendo leer un artículo de mi autoría: “La Atlántida, Relato De Lo Que Pudo Ser” que brinda un aporte un tanto esclarecedor al respecto.
Moisés fue amamantado por su propia madre hebrea, y seguramente poseía cierta información sobre sus orígenes, lo cierto es que como egipcio, era miembro de la corte, tuvo, como todos los varones de su clase, una severa formación militar, y lógicamente compartía derechos y obligaciones propios de la alta aristocracia como miembro de  la corte de faraón.
 Estando en esta situación, hubo un acontecimiento de extrema gravedad, que le obligó a huir de Egipto y buscar refugio en la tierra de madián, se dice que Moisés salió en defensa de un esclavo israelita que estaba siendo maltratado por un soldado egipcio, este hecho, un tanto confuso, culmina con la muerte del soldado egipcio en manos de Moisés, un hecho, que de acuerdo a las estrictas leyes egipcias podría considerarse como una falta gravísima, salvando la distancia, sería algo así, como que un oficial de las fuerzas armadas norteamericanas, saliese en defensa de un prisionero iraquí y en un enfrentamiento con un soldado de su propio batallón, le diese muerte y huyese por miedo a las represalias.
La huída de Moisés y el encuentro que tuvo con quién sería su futuro suegro, nos referimos a Jetro, señor y sumo sacerdote de los madianitas, quién le tomo a su servicio, le instruyó en asuntos religiosos y de gobierno y le dio por concubina a su hija, Séfora, fueron fundamentales en el cambio radical operado en Moisés, trabajó al servicio de su suegro por varios años, y fue también, que en ocasión de estar realizando tareas de pastoreo para su patrón , que contempló la zarza que ardía sin consumirse en lo alto de la montaña, con el consiguiente primer encuentro con El Señor Jehová.
Una muy breve síntesis del autor de los primeros cinco libros de la biblia, la torah, la ley de Moisés, la dura ley “del ojo por ojo y diente por diente, que gobernó dura e implacablemente al pueblo de Israel.
Quienes hayan tenido la oportunidad de leer El Génesis, seguramente concordarán conmigo en que apenas menciona, a pesar de su tremenda importancia y trascendencia, los hechos relacionados con la creación de la tierra y la de nuestros primeros padres, concentrando el mayor énfasis, en las revelaciones de Jehová dirigidas a su propio pueblo, el israelita, destacando la condición de “pueblo escogido entre todas las naciones de la tierra” y el convenio suscrito entre nuestro creador y el patriarca Abraham.
Quizás, o tal vez, sin quizás, se deba a las condiciones apremiantes que enfrentó durante toda su vida, en la condición de libertador y guía secular y espiritual, de un pueblo de “muy dura cerviz” con el cual vagó errante por cuarenta años en el desierto, hasta que quedaran sepultados en el desierto la generación incrédula, la que una vez cruzado el mar rojo, le ordenó  a su hermano Aarón, que les construyese un becerro de oro al cual adorar.
Como la intención de este artículo continúa siendo la de responder a algunas preguntas relacionadas con las revelaciones de Moisés contenidas en los seis primeros capítulos del Génesis, me limitaré en adelante a intentar responderlas siguiendo el hilo conductor de los escritos contenidos en los mencionados trechos del libro de referencia.
La Creación de la Tierra
No es posible referirse a ninguno de los temas abordados por Moisés en estos primeros tramos del génesis, sin tener en cuenta los acontecimientos ocurridos en nuestra preexistencia, hemos oído que hubo en los cielos un concilio, al cual hemos sido todos convocados, en el orden del día, figuraba, nada menos, que los pasos a seguir con relación a la impostergable segunda etapa en el camino de nuestra perfección, allí se trataron temas como: la construcción de un lugar adecuado donde morar, la necesidad de poseer un cuerpo físico tangible de carne y hueso, el camino de retorno a la presencia del Padre, la necesidad de un Redentor que pudiese pagar el alto precio de un exigente rescate, etc. etc.
Este Concilio enfrentó a Lucifer, el llamado, Lucero de la mañana, con el Unigénito del Padre, el Jehová citado por Moisés, situación que no pudo superarse en el diálogo y derivó en una cruenta batalla, de la cual todos participamos de alguna manera, esta guerra en los cielos, tuvo como consecuencia, la expulsión de Lucifer y sus seguidores, quienes representaban una tercera parte de todos los hijos de Dios el Padre.

Como vemos, la creación de la tierra, no fue un acto espontáneo de un Dios aburrido que buscaba ocuparse en alguna tarea que le distrajese, fue una obra majestuosa, prioritaria, que había sido proyectado con mucha anticipación, un nuevo mundo, donde habitarán las criaturas más valiosas de la creación, los amados hijos de su Creador.
Suponer, que los hijos de Dios, que habían enfrentado a Lucifer en la Batalla de los Cielos, quedarían al margen en la concreción de una obra de estas características, es sencillamente desconocer en absoluto el llamado Plan de Salvación, la obra grande y maravillosa, el fundamento de la fe y esperanza de todos los creyentes del mundo.
Durante las distintas etapas de la creación de la tierra, el universo todo estuvo pendiente, hubieron delegaciones de diversos sistemas similares al nuestro, aportando sus conocimientos, técnicos y equipamiento, un verdadero ejército de criaturas, hijos e hijas de Dios, estuvo trabajando y verificando el cabal cumplimiento de cada detalle, sin lugar a dudas la obra emprendida exigió un severo control de calidad.
Antes de la creación, lo que encontraron Jehová y sus colaboradores, consistía en un cúmulo de materia desorganizada, a la cual hubo que trabajar para darle la forma adecuada, es por eso que Moisés nos habla de los días de la creación, lo monumental de la obra  le impedía utilizar otros términos, debido a la absoluta ausencia de referencias válidas, para poder realizar cualquier otro tipo de comparación.
Una vez concluidas las diferentes etapas de la creación, la tierra estuvo en condiciones de albergar a las distintas especies, tal cual lo menciona el Génesis, de esta manera, se lograba un habitad similar, al que los hijos de Dios tuvieron en sus lugares de origen, cuando compartían la gloria de sus progenitores, el nombre de un lugar de estas características, solo podría corresponderle,  el que aún utilizamos  con respeto y reverencia:  “Madre Naturaleza”
Estos hijos de Dios, que colaboraron en la creación, permanecieron en la tierra por bastante tiempo, ellos constituían un grupo de apoyo esencial, en todo el proceso de adaptación de sus noveles habitantes a las nuevas circunstancias imperantes en este “nuevo mundo” que les albergaba.
La imagen que todos mantenemos en nuestras mentes, la cual se anida en lo profundo de nuestro subconsciente, la que ha sido transmitida por nuestros genes, de generación en generación, referente a quienes llamamos “nuestros primeros padres”  es decir, Adán y Eva, es que no eran precisamente “unos primates”, si bien “los primates” no hay duda que existieron y nos preceden en la evolución de la vida terrestre, nuestros primeros padres tienen su origen tal como nos lo cuenta el Génesis,  del polvo de la tierra y el soplo de vida de Jehová Dios, nuestro Padre Celestial, y su apariencia externa, eran la “imagen y semejanza de su Creador”.



Ahora bien, de acuerdo al relato de Moisés, Adán y Eva, estaban desnudos en el jardín, me pregunto:  un padre amoroso, que pone a dos de sus criaturas, creadas a su imagen y semejanza, en medio de la madre naturaleza, les dejaría allí, ¿desnudos y sin asistencia?   ¿por cuánto tiempo?
De acuerdo a lo breve del relato, a todos nos parece que fueron algunas pocas horas las que estuvieron en esas condiciones , pero el mismo relato nos dice, que recorrieron el jardín, reconocieron su entorno y dieron nombre a las bestias, las cuales una vez nominadas, permanecieron con ese nombre en forma definitiva, esto nos indica no solamente el grado de desarrollo intelectual que poseían, sino que, además, una tarea de esa naturaleza, por su complejidad, les debió de insumir bastante tiempo, y necesariamente, contar con un asesoramiento adecuado.
Me vuelvo a preguntar: ¿y mientras tanto? Cómo se alimentaban?  Que preparación le daban a sus alimentos?  Cómo resolvían sus necesidades fisiológicas? La higiene de sus cuerpos perfectos? El primer ciclo menstrual de Eva, por decir algo, así como tantas cosas inherentes a dos seres creados para administrar y gobernar un nuevo mundo.
Seguramente, las revelaciones recibidas por Moisés, contendrían gran parte de estas respuestas, que surgen como algo obvio e inevitable de preguntar, pero convengamos que el ahondar en el análisis de estas respuestas, nos conduciría inevitablemente, al reconocimiento de la dignidad y grandeza de la criatura humana, cosa muy peligrosa de divulgar, pensemos en Constantino, en su imperio, en las autoridades eclesiásticas de su época, de su afán de subyugar y someter, y surgirán como hongos después de las lluvias las consabidas razones para que hayan sido omitidas en el relato oficial.
Adán y Eva, recibieron de parte de Jehová, instrucciones muy precisas, por lo que tenemos elementos de juicio suficientes como para sacar algunas conclusiones, se me ocurre mencionar: su capacidad de razonamiento y comprensión, la posesión de un lenguaje avanzado, capacidad para asumir responsabilidades y sobre todo, capacidad de evaluación de su situación actual, medición de riesgos y libertad absoluta en la toma de decisiones.
La expulsión del jardín del Edén, no fue consecuencia de acciones pecaminosas, si algo se puede asegurar, es que en ese jardín lo que si hubo, fue precisamente, “ausencia de pecado”  sus moradores sabían, que para poder cumplir los compromisos contraídos con su Creador, debían participar del “fruto prohibido”, lo que equivalía a decir: Debemos optar por ser creadores, de multiplicar y henchir la tierra tal como nuestro Padre nos comisionó, conste que no estoy empleando la palabra “ordenó” o permanecer en este estado vegetativo totalmente ajeno al propósito de nuestra existencia.
El “pecado original”  es una carga impuesta sobre los mortales, por quienes se han adjudicado las atribuciones de imponer determinadas conductas, marcando cual ganado preparado para el matadero, a cada niño que ha venido al mundo, sin darnos cuenta que cuando abren sus ojos, se encienden en sus pupilas, una luz de esperanza para toda la humanidad.

Debemos referirnos al capítulo seis del Génesis, porque consideramos a estos poquísimos versículos, como una pieza clave, para comprender mejor las condiciones imperantes en el comienzo de los tiempos.
Como hemos mencionado, la tierra estuvo habitada por los hijos de Dios venidos a colaborar tanto en las diferentes etapas de su creación, como posteriormente, controlar que todo se desarrollase tal como había sido previsto en su planificación.
Siguiendo esta línea de pensamiento podremos respondernos algunas interrogantes un tanto incómodas de plantear, nos referimos a los descendientes de Adán y Eva, si pensamos que ellos estaban solos, tendremos que llegar a la conclusión de que debieron existir relaciones incestuosas, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas, etc etc. única forma de que partiendo de dos lleguemos a constituir verdaderas naciones.
Además, Moisés , a medida que va identificando las genealogías, también va mencionado las artes, oficios y habilidades de cada uno, en una demostración de que evidentemente hubo una gran evolución y crecimiento no solamente en cantidad de personas sino también en la calidad de vida que habían logrado.
Pues bien, este capítulo seis, nos dice textualmente: que los hijos de Dios viendo la belleza de las hijas de los hombres, las tomaron para sí, formando parejas con ellas, pensamos que Moisés, seguramente por recato, o posteriormente el recorte de la censura, no nos menciona que las hijas de Dios, que también se encontraban presentes, viendo la belleza de los hijos de los hombres, también formaron parejas con ellos.
Este es nuestro Génesis, así está escrito, no hemos violentado ningún pasaje de los escritos de Moisés, a lo sumo nos hemos atrevido a decir lo que nadie se anima a mencionar, ya sea por desconocimiento o por el temor de que desde las tinieblas lleguen los verdugos que nos quemen en la hoguera.
Hugo W. Arostegui