martes, 22 de mayo de 2018

Dignidad De La Persona


El término dignidad significa algo que es valioso, lo que es estimado o considerado por si mismo, y no en función de otra cosa. La dignidad humana radica en el valor interno e insustituible que le corresponde al hombre en razón de su ser, no por ciertos rendimientos que prestara ni por otros fines distintos de sí mismo.
El hombre vale por lo que el mismo es, por su ser. Ya hemos visto que lo que caracteriza al hombre es su ser persona. Persona de naturaleza racional y libre, por tanto con voluntad.
La dignidad de la persona  se funda en ella misma, en su ser persona. De aquí nacen todos los derechos humanos y la igualdad en cuanto ser de hombre y mujer.
No se trata de una igualdad biológica porque claramente varón y mujer son distintos, con rasgos fisiológicos y psíquicos distintos. Su igualdad se basa en que ambos son persona, esto es, tienen naturaleza racional que los diferencia del resto de seres.
El ser persona es lo común a ambos: el denominador común, y sus peculiares características que son el numerador variado y riquísimo que constituyen su diferencia y complementariedad.
Las diferencias físicas, raciales y culturales no pueden ser motivo para excluir a nadie ni tener un trato diferente, ya que a  pesar de esas diferencias, que en realidad son enriquecedoras, somos iguales en dignidad.
La dignidad de la persona es la razón por la que no podemos tratar a las personas de cualquier manera como cosas o animales.
Sin embargo hay determinadas períodos de la vida en la que la defensa de la propia dignidad resulta más difícil, es el caso de los no nacidos, los recién nacidos,  personas con discapacidad, demencia senil, etcétera, que son vulnerables al trato que reciben de los demás y de la sociedad.
Es igualmente persona un anciano que un niño, un enfermo que alguien sano, todos merecen ser tratados con respeto.
La persona es un ser relacional que siempre proviene de otros y está en camino hacia otros. En las relaciones interpersonales hay que tener en cuenta la dignidad de la otra persona. Por eso no es ninguna tontería la cortesía en el trato, la delicadeza, la amabilidad, el modo de vestir… todo esto estará acorde con la dignidad de la persona: de uno mismo y del otro; es consecuencia de la dignidad y a su vez manifestación de la misma.
Una educación bien orientada será aquella en la que se respete la dignidad de la persona y se enseñe a tomar conciencia dela misma. Lleva a tomarse en serio a sí mismo y a los demás. Una persona que no se respeta, es muy difícil que respete luego a los otros.
La dignidad de la persona es la base de cualquier sociedad, de cualquier tipo de relación. Si no se reconoce su valor íntimo, entonces se le acaba tratando como a una cosa.
El voluntariado es una acción que nace de la toma de conciencia de lo que es la persona, de su dignidad, de su valor. Toda persona está necesitada de asistencia básica, de cariño, de compañía, de alguien que les escuche, cuando descubrimos sectores o personas que carecen de todo esto, nos vemos movidos a dárselo. El voluntariado es expresión de humanidad, de que importan las personas por lo que son: ellas mismas.
 El propio conocimiento y la apertura natural a los demás nos permite reconocer en ellos y en nosotros el poder de la inteligencia y la grandeza de la libertad. Con su inteligencia, el hombre es capaz de trascenderse y de trascender el mundo en que vive y del que forma parte, es capaz de contemplarse a sí mismo y de contemplar el mundo como objetos.
Por otro lado, el corazón humano posee deseos insaciables de amor y de felicidad que le llevan a volcarse – con mayor o menor acierto- en personas y empresas. Todo ello es algo innato que forma parte de su mismo ser y siempre le acompaña, aunque a veces se halle escondido por la enfermedad o la inconsciencia.
A la vez que forma parte del mundo, el hombre lo trasciende y muestra una singular capacidad – por su inteligencia y por su libertad – de dominarlo. Y se siente impulsado a la acción con esta finalidad. Podemos aceptar por tanto que el valor del ser humano es de un orden superior con respecto al de los demás seres del cosmos. Y a ese valor lo denominamos “dignidad humana”



Aprender A Sentir


Vivimos en una sociedad donde todo lo racionalizamos. Pensamos, pensamos, pensamos y por último pensamos… Pero ¿estamos acaso seguros que cuanto más racionalicemos una decisión vamos a acertar mejor?

Un amigo me dice en muchas ocasiones: Cuidado, tu coco es tu enemigo. 

Y tiene toda la razón. Tenemos que aprender a domesticar los pensamientos que tenemos. Sobre todo ese tipo de pensamientos en que rumiamos la misma idea una y otra vez. Como un disco rayado. ¿En serio crees que pensando de manera obsesiva sobre un mismo tema puedes mejorar la situación o decidir mejor?

Si te pregunto qué piensas, seguramente me puedas describir con claridad en qué estás pensando. Sin embargo si te pregunto acerca de lo que sientes, es mucho más difícil que me puedas describir tus sentimientos. La culpa es de la poca importancia que se ha prestado hasta ahora al aprendizaje emocional.

Aprendemos a estructurar pensamientos a través de la palabra, pero no nos enseñan a mirar, analizar y entender nuestras emociones.

Personalmente me llama mucho la atención la diferencia entre ver un programa de televisión estadounidense o alemán, y uno español. Me he dado cuenta que la claridad a la hora de expresar una emoción es mucho mayor en los programas de esos países.

A menudo, cuando te preguntan qué tal te encuentras, contestas algo así como bien, mal o regular. En mi entorno al menos no suelo escuchar “hoy me siento frustrado” o “me siento especialmente feliz”, “siento ira”, “siento rabia”, “me siento…” ¿Qué sentimos?

Quizás necesitemos para empezar reforzar nuestro lenguaje emocional. Con las palabras adecuadas podemos atender mejor las emociones.

Según el psicólogo José María García García, las emociones negativas si te concentras en ellas, acaban por disiparse. Sin embargo las emociones positivas, si nos concentramos en ellas, tienden a aumentarse. Concentrarse en una emoción no significa racionalizar esa emoción. Más bien todo lo contrario. Sentir la emoción. No pensarla ni racionalizarla, ahí es mejor.

Otra de las cosas que también aprendí de José María es a averiguar en qué parte de mi cuerpo sentía esa emoción. Las emociones tienen reflejo en nuestro cuerpo. Yo sentía la rabia en el estómago, el amor en la frente y la tristeza en el corazón. Las emociones se van reflejando en nuestro cuerpo. Es más fácil sentirlas no solo de manera mental sino en esa zona que es reflejo físico de la misma.


Leyendo sobre el tema encontré un proyecto muy bonito, llamado “emocionario“. Profundizando sobre él me topé con una frase maravillosa. Es una frase que recomiendan decir a los niños cuando están enfadados o cuando algo les ha dolido, en lugar de preguntar cómo se sienten u obligarlos a disculparse con otros niños, dando por hecho que no son capaces de entender el concepto. Por tanto optó por decir: “¿Puedo hacer algo para que te encuentres mejor?” 

Me pareció una frase brillante. Desde que la conocí la aplico todo lo que puedo.

El Temperamento

Uno de los grandes ámbitos de la psicología es el estudio de la personalidad.

Sin embargo, a la hora de buscar maneras de clasificar y describir el estilo de comportamiento y pensamiento de los seres humanos, no solo se ha hablado sobre la personalidad, sino que hay otro concepto que a lo largo de la historia, también se ha utilizado para intentar captar las particularidades de cada persona. Este concepto se llama temperamento, e intenta dar cuenta de esas inclinaciones y tendencias de cada uno que son más fijas, invariables y difíciles de cambiar.

El tipo de temperamento de cada persona acostumbra a ser entendida como la estructura básica encima de la cual se construye la personalidad de cada uno, con todos sus detalles y particularidades.

En las últimas décadas esto significa que el término temperamento se ha usado para hacer referencia a la genética de cada uno, la parte heredable de la personalidad, lo cual significa que el temperamento de cada cual permanecería más o menos inalterado independientemente de las cosas que nos sucedan, el modo en el que aprendamos a gestionar nuestras emociones, etc.

Pero... ¿cómo nace la idea de que los seres humanos disponemos de diferentes tipos de temperamentos que nos diferencian los unos de los otros? La respuesta está en la teoría de los 4 temperamentos básicos, que parte de la idea de que nuestra manera de ser depende de varios tipos de sustancias, o "humores", que circulan por nuestro cuerpo.

Una de las primeras personalidades históricas en desarrollar la teoría de los 4 humores que más tarde daría paso a la de los temperamentos fue el médico griego Hipócrates. 

Alrededor de los siglos V y IV a. C., en la antigua Grecia que habitó Hipócrates, tenía mucha importancia la creencia de que todo lo que existe en el mundo estaba compuesto por unos pocos elementos combinados entre sí. 

Hipócrates adoptó este punto de vista al defender la idea de que el cuerpo humano está formado por 4 sustancias básicas, también llamadas humores.
Para Hipócrates, estos humores son los siguientes:
Sangre, cuyo elemento asociado es el aire.
Flema, el elemento del cual es el agua.
Bilis amarilla, que corresponde al elemento fuego.
Bilis negra, asociada a la tierra.

Pero Hipócrates no dejaba de ser un médico, y por eso hizo que esta teoría humoral entrase más en el campo de la medicina que en el de la psicología y la personalidad. Según él, el hecho de que en nuestro cuerpo se encuentren todas estas sustancias en equilibrio hace que estemos sanos, mientras que una descompensación en los niveles de los humores produciría enfermedades.

Fue Galeno de Pérgamo quien, en el siglo II a. C. realizó mayores esfuerzos para transformar la teoría de los humores en una teoría de los temperamentos básicos.

La teoría de los temperamentos básicos
Galeno partió de la idea de que todo está constituido por la mezcla de 4 elementos y que cada uno de ellos corresponde a uno de los humores del cuerpo humano para terminar aplicando esta visión a la primitiva psicología de aquella época.


Para este médico griego, los niveles en los que están presentes cada uno de los humores en un cuerpo humano explican los estilos de personalidad y temperamento de este, lo cual significa que observando las cantidades de estas sustancias se podría saber el estilo de comportamiento de una persona, cómo expresa sus emociones, etc.

lunes, 21 de mayo de 2018

Energía Interior


La energía interior es uno de los grandes misterios de la vida, al igual que lo es la conciencia. En el mundo occidental se le presta muy poca atención a esta energía. Estudiamos la energía fuera de nosotros y valoramos las fuentes de energía. Sin embargo, vamos por la vida pensando, sintiendo y actuando sin saber cuál es la fuerza que impulsa cada una de estas acciones.
Lo cierto es que crear un pensamiento, controlar una emoción y disciplinar nuestros impulsos más fuertes, requiere de un tremendo gasto energético.
Te has preguntado alguna vez: ¿De dónde proviene esa energía? ¿Por qué algunas veces tenemos mucha energía y otras veces nos sentimos agotados?
¿Te has dado cuenta de que cuando estás agotado, mental y emocionalmente, comer no ayuda a incrementar tus niveles de energía?
Te invito a recordar momentos en los que has estado enamorado, emocionado o inspirado por algo o por alguien… permítete sentir la energía que has tenido en esos momentos …estoy seguro que ha sido tanta que hasta el hambre habrás perdido…Esa es la energía que proviene del interior

La verdadera energía interior no es la que se libera con las calorías de las comidas; no es esa que proviene de una fuente externa; viene de adentro y está disponible para todos en cualquier lugar, y en cualquier momento.
Esta energía de la que hablo tampoco envejece, no se cansa y no necesita alimentos; solo requiere de una mente abierta y receptiva.
La única razón por la que, en momentos, dejamos de sentir el flujo de esta energía interna es porque nosotros mismos la bloqueamos, cerrando nuestra mente y nuestro corazón para aislarnos dentro de nosotros mismos.
Te doy un ejemplo de algo que hacemos comúnmente: Digamos que amas a alguien y cuando estás en presencia de esa persona te sientes abiertamente cómodo, confías en él o en ella, tu corazón está abierto y sientes mucha energía estando a su lado. En un momento “x” esa persona dice o hace algo que no te gusta, e inmediatamente tu corazón comienza a cerrarse. Así, la próxima vez que te encuentras con ella,  ya no sientes tanto amor, ni tanta energía.
Más adelante, te das cuenta que en realidad esa persona no ha hecho  o dicho nada malo, o tal vez, se ha disculpado contigo de una forma que te ha dejado satisfecho. Es entonces, cuando tu corazón empieza a abrirse nuevamente…llenándote de energía, permitiendo que el amor vuelva a fluir. Todos sabemos intuitivamente que el corazón es un centro de energía, por lo tanto, un corazón cerrado impedirá el flujo armonioso de nuestra energía interior.
Esto es lo que normalmente hace la mayoría de las personas fluctúan entre estos dos estados… corazón abierto/corazón cerrado…con flujo de energía o con la energía estancada.
Es en esta idea donde quiero detenerme y proponerte que si amas la vida: no dejes que nada de lo que te suceda sea lo suficientemente importante como para que estés dispuesto a cerrar tu corazón.
Cuando sientas que tu corazón comienza a cerrarse… ¡Solo di NO!… No voy a permitir que se cierre, me voy a relajar, voy a observar lo que sucede y me voy a mantener atento, honorando y respetando la situación. Siempre ten en mente que vas a manejarla lo mejor posible, mantén la intención de que harás lo mejor que puedas con buen ánimo y entusiasmo.
Mantener el corazón abierto requiere entrenamiento, pero por experiencia sé que se puede lograr. Aprendí que cerrar el corazón es solo un hábito y como todos los hábitos se puede romper.
Te puedo recomendar que, apenas notes que tu corazón se está cerrando, hagas algo que te guste verdaderamente: escucha música, sal a caminar, medita, haz una oración, escribe, dibuja, cocina… Haz cualquier cosa que te haga olvidar el momento o la situación desagradable. Si, por ejemplo, has tenido un inconveniente con alguien intenta aclararlo, perdona y olvida… aun cuando pensemos que no hemos sido la razón del problema, perdonar siempre alcanza a todas las partes involucradas en el conflicto.
Hay una cita del Dalai Lama que dice que si no perdonamos por amor, perdonemos al menos por egoísmo, por nuestro propio bienestar. En este caso, perdonamos para mantener nuestro corazón siempre abierto y para que nuestra energía fluya… sinónimo de que todo en nuestra vida fluirá también.


Convicciones


Básicamente, creer significa “dar por cierto algo, sin poseer evidencia de ello” 

¿Es una creencia una verdad? Claramente no. Entonces, ¿por qué tantas personas se sienten amenazadas y reaccionan violentamente cuando se cuestiona lo que creen? ¿Por qué pasamos tanto tiempo tratando de demostrar que la ideología del otro está mal, si no es más que una opinión arraigada en ESA persona? 

En vez de cuestionar nuestras propias nociones sobre cómo “son las cosas”, desperdiciamos nuestra energía poniendo a pelear lo que YO pienso con lo que piensa el OTRO, como si se tratase de una competencia en la que, obviamente, nunca nadie gana.

Cuestionar al otro, demostrar lo “equivocado” que está, no sirve si sólo intensifica nuestro sentido de “realidad” frente a situaciones que no son otra cosa que puntos de vista. En cambio, preguntarnos de dónde viene esa idea que defendemos con tanta pasión, sólo puede ayudarnos a evolucionar. Si tu creencia es lo suficientemente fuerte como para ser aceptada como verdad absoluta, cuestionarla no debiera significar una amenaza de ningún tipo, sino todo lo contrario. Como en la ciencia, una creencia no es más que una hipótesis, y es su cuestionamiento lo que puede convertirla en un dato comprobable.
Los adultos debiéramos obligarnos a poner en duda lo que creemos constantemente, y debiésemos considerar que así como en algún momento se trató de loco (o de hereje) a quien insinuó que nuestro sistema solar giraba alrededor del Sol y no de la Tierra, es probable que hoy aceptemos como ciertos, hechos que mañana se demostrará son erróneos. Por ejemplo, cuando yo estaba en el colegio, Plutón era un planeta, y hoy sabemos que no.
Lo que me parece más absurdo del esfuerzo que hacemos por perpetuar ciegamente una creencia, es que esa energía se desperdicia y nos convierte en seres capaces hasta de matar por defender una idea. Y esa ceguera beneficia solamente a los poderosos, a la vez que nos convierte en masa obediente y dócil, ¿qué conveniente no?
Si crees que la religión que profesas es la única verdad, y todas las otras millones de personas que creen otra cosa están mal, reflexiona sobre qué habría pasado si en vez de una reina católica hubiera sido un príncipe musulmán quien financió la expedición de Colón. O si defendiste que prohibir el condón y fomentar la abstinencia sexual era la mejor manera de prevenir el contagio de VIH, mira las cifras de nuestro país y, por favor, piensa de nuevo. Si asumías que las mujeres son el sexo débil, mira cómo están cambiando el mundo y demostrando que su vulnerabilidad no es fragilidad, sino consciencia y autoconocimiento. O si pensaste que el genocidio era una lección aprendida en la Segunda Guerra Mundial, observa por un segundo este mundo y date cuenta que esa “certeza” te mantiene dormido y alienado.
 Creo que lo más peligroso de las creencias es que, al mantenerse en el tiempo, logran transformar la realidad y se van arraigando en el inconsciente colectivo. Porque siempre es más fácil seguir pensando igual.
Intenta revelarle a un niño la verdad sobre Papá Noel sin causarle sufrimiento o desilusión…, es casi imposible. Mejor sigamos defendiendo nuestra idea y permanezcamos en la ignorancia feliz, porque dejar de creer duele, y el dolor es malo… ¿O no?
Es nuestra responsabilidad investigar antes de emitir un juicio, y no tiene nada de malo darnos cuenta que, tal vez, estuvimos equivocados; dudo que exista aprendizaje más liberador. Además vivimos en la era de la información, y ya ni siquiera es necesario salir de la casa para observar las infinitas realidades del mundo… Basta con tener ganas y dedicar tiempo a entender cómo funciona nuestra mente y aprender que casi siempre responde a una enseñanza, un recuerdo, una idea impuesta o incluso un trauma.

Llegó el momento de pensar por nosotros mismos; el estado de nuestro planeta y nuestra especie lo requiere de forma urgente. Somos creadores de nuestra realidad, y en la búsqueda de nuestra verdad no existen las preguntas tontas, sólo las respuestas ignorantes y las reacciones originadas en el miedo. Y hasta el miedo puede ser bueno cuando te impulsa a cambiar, aunque toda tu vida hayas creído lo contrario.

Encontrar Tu Identidad


Encontrarte con quien eres significa encontrarte con la verdad, encontrarte con el amor, significa encontrarte con un campo interno absolutamente invulnerable, no manipulable, no confundible, que no contiene creencias, contiene sabiduría, contiene verdades reconocidas y verificadas.

Tu verdadera identidad no es tu ego, que es con lo que estamos identificados, creemos que somos nuestro comportamiento, lo que nos gusta y disgusta, lo que buscamos creyendo que cuando lo alcancemos vamos a ser felices.

Encontrar esa verdadera identidad significa empezar a gobernar sobre ti mismo, a mandar sobre tu conducta y estados de ánimo y para eso tienes en tu vida una gran cantidad de situaciones confrontadoras y personas difíciles (o más bien que tu ego te hace ver como difíciles o confrontadoras), para que tu aprendas a controlar tu ego.

Para eso debes someterte constantemente a la más aguda auto observación, no puedes descuidarte ni un instante, sino que debes permanecer siempre consciente, siempre despierto analizando cada sentimiento, cada pensamiento, cada reacción de tu ego.


 Cuando aprendas a manejarlo y que seas tú y no tu ego el que gobierna en tu vida, te habrás encontrado con quien realmente eres.

Generar Nuestra Propia Luz


Tener luz propia es disfrutar de una buena autoestima y  enorgullecernos de lo que somos. Aspirar con fuerza la realidad que nos envuelve y, además, saber dar felicidad a los demás.

Al fin y al cabo, la vida no es tan complicada, si dejamos de “apegarnos” a los materialismos, a los egoísmos y evitamos a su vez depender en exceso de otras personas, seremos más libres y auténticos para vivir en plenitud.

Ahora bien… ¿Qué entendemos por estar en “la oscuridad”? Hay quien se pasa media vida encerrado en esa dimensión donde las envidias, los rencores y resentimientos hacia los demás nos demuestran que no saben ser felices.

Y debemos ir con cuidado porque, en ocasiones, las personas oscuras pueden ir apagando luces. Reflexionemos hoy sobre ello.

Nadie debe darte su luz, las personas tenemos que aprender a cultivar nuestras propias luces, resolviendo esas posibles oscuridades que la vida nos trae de vez en cuando.

Para llegar a tener luz propia es necesario haber asumido e integrado todos estos aspectos:

Aprender que somos personas únicas y auténticas. Todo lo que eres y lo que has conseguido te identifica y debe enorgullecerte.

Los errores o fracasos del ayer no son oscuridades que esconder o de las que avergonzarnos. Son experiencias vividas que dan riqueza a nuestro ciclo vital. Son hechos de los que hemos aprendido y que hemos asumido.

Tener luz significa también saber cultivar la reciprocidad. Nos conocemos a nosotros mismos y somos empáticos con los demás, entendemos sus pesares y nos alegramos de sus alegrías. Y nunca dudamos a la hora de ayudar, de atender a quienes nos necesitan porque ello forma parte de nuestra identidad y nos enriquece.

Pero, lo creamos o no, nadie nace con luz propia. La luz, la suerte y la felicidad se construyen cada día siendo conscientes de que merecemos ilusionarnos de nuevo y que merecemos volver a sonreír y levantarnos fortalecidos de la adversidad.

Hay quien va apagando luces a través de su negativismo, de su habilidad para hacernos creer que no somos capaces o merecedores de ciertas cosas.

Es muy posible que esas personas con oscuridad sean familiares, e incluso algún compañero de trabajo. En lugar de enfadarnos o enfrentarnos a ellos, lo mejor es ignorar
.
Fortalece tus relaciones con amigos, parientes y parejas que tienen tus mismos valores y que te enriquecen. La vida es saber aceptar que no todos somos iguales, así que lo importante es no hacernos daño los unos a los otros
.

Las personas que te importan son las que te hacen feliz, de las que aprendes… Ellas serán tu vitamina frente a los que buscan apagar luces ajenas.

Mirándonos Por Dentro


Por fuera nos miramos casi a diario. Nos aseguramos de que la ropa esté bien puesta y nos luzca. Tratamos de que el pelo esté impecable, en caso de calva, 
debe estar lustrosa. Los dientes refulgentes y el maquillaje exacto. 

Miramos que las prendas combinen adecuadamente y por lo regular, nunca salimos sin antes echar un vistazo para verificar que no haya una mancha o un roto por algún lado de la ropa que nos pueda arruinar el día. Esta es la rutina, cada vez que vamos a salir, todos los días. ¿Y cuántas veces nos miramos por dentro?

Mirarnos por dentro es un ejercicio que no se acostumbra porque de alguna manera nos han adoctrinado de tal forma que pensamos que lo que vamos a ver no nos va a gustar. Si esta aseveración fuese falsa, entonces estaríamos mirándonos todo el tiempo. Frases como esta serían la regla y no la excepción.

Quizás en vez de decir: “qué lindo tengo hoy el pelo”, diríamos, “que lindo y feliz está mi corazón.” Sería común escuchar: “hoy estoy brillando como un sol”. O tal vez, “Estoy en baja, creo que mi cuerpo necesita una pausa”. 

Cuando lo ponemos de esta forma, podemos decir que sí, en ocasiones nos miramos, pero no siempre decodificamos esas señales de nuestro interior y mucho menos las expresamos. 

Aprender cómo funciona nuestro interior mediante el estudio de los Chakras o vórtices de energía, puede ayudarnos a entender nuestra belleza y a fortalecer nuestro ser si descubrimos alguna deficiencia.

Por otro lado, la escritura es una excelente radiografía de nuestras emociones.  Al anotar en un diario, escribir poesía o simplemente pausar para identificar cómo nos sentimos, es de gran ayuda para mantener nuestro bienestar. Observarnos y hacer una nota en nuestra agenda, nos permite identificar patrones, y esa información es valiosa ya que nos alerta hacia nuestro estado anímico y nos permite hacer ajustes. 

Reconocer cuando algo nos está molestando consistentemente permite que lo podamos resolver. Recibir el mensaje de un dolor corporal y analizar su procedencia energética antes de adormecerlo con analgésicos es una buena práctica de poder.


La invitación es a sacar tiempo para observar nuestro cuerpo y más importante aún, nuestros pensamientos.  

El sabotaje más fuerte que nos impide la co creación de una vida feliz, por lo regular, no viene de nuestro entorno.   El peor sabotaje viene de nuestra mente y del diálogo con un cuerpo, tanto físico como anímico, con baja auto-estima.
   
¡Mírate por dentro!  ¡Mira qué lindo o linda eres!! ¡Observa la extraordinaria criatura que eres y las maravillas que puedes hacer y comparte tu belleza y logros con otros!  

En momentos de retos, mirar el bien y celebrarlo, es el camino hacia un nuevo amanecer de luz y felicidad, sin mencionar que la buena vibra alargará por mucho tus días.   

Desde Las Entrañas

Imagina que diste a luz el domingo pasado en un hospital público marroquí.
Un niño precioso.
Imagina que te dieron el alta al día siguiente, lunes.
Imagina que volviste a casa, cansada, sangrando del post-parto, con dolores aún en un útero que lucha por volver a su sitio.
Imagina que en casa te está esperando tu niña de dos años y dos meses y tu pareja.
Imagina que esta mañana mientras bañabas al bebé comenzaste a ver que le costaba respirar.
Imagina que corriste al hospital público marroquí.
Imagina que te dijeron que no podían atenderte.
Imagina que fuiste dos veces.
Imagina que la tercera vez tu bebé dejó de respirar casi en la puerta del hospital.
Imagina que pediste auxilio por tu bebé muerto.
Imagina que se lo llevaron a la morgue del hospital.
Imagina que a ti, a tu niña de dos años y dos meses y a tu pareja les llevaron a comisaría.
Ahora imagínate retorciéndote de dolor en las entrañas, el dolor agrio de la muerte de tu hijo, el dolor de un útero que te recuerda recién parida, el dolor de una leche que sube a tus senos duros como piedras. Pero imagínate NEGRA, imagínate AFRICANA, imagínate POBRE, imagínate SIN PAPELES.
Estás sentada, doblada sobre tu vientre en aquel sucio despacho de policías que van y vienen y te hablan en una lengua que no entiendes. Allí te miro e intento traducirte las preguntas que me parecen estúpidas, crueles e inhumanas.
Quieren saber qué haces en su reino, cómo han entrado y cuánto tiempo llevan aquí. Quieren saber cómo se llaman, cómo se llaman vuestros padres y porqué han venido. Tu pareja grita y pide piedad. Sabe que todas las preguntas van dirigidas a justificar una deportación al desierto. Tu pareja grita y te tranquiliza llamándote "honey".
Tu niña sonríe, juega con su gorro y canta "aleluya".
La policía busca un intérprete de árabe a inglés para hacer el parte y llevarlos al Tribunal.
Me dices que si te deportan al desierto y allí te violan no crees que aguantarás el dolor, que aún estás recién parida.
Un policía se me acerca y me pregunta: ¿Por qué hacen esto? ¿Por placer?. Este amable policía llama "esto" a acompañar a unos padres sumidos en el dolor, a comprar algo de comida para una niña que lleva todo el día sin probar bocado y a intentar traer un poco de humanidad o al menos de buen trato a esa puñetera comisaría.
Entonces le miro, me horroriza su frialdad, y le contesto, lo hacemos por amor. Siento lástima.
Detienen a tu pareja en comisaría y me dicen que como caso humanitario te dejan dormir en casa. Mañana tienes que pasar el Tribunal junto a tu marido.
Te hundes. Es la primera vez que te veo enderezar ese vientre que te duele. Gritas y lloras hasta que un policía te manda callar.
No lo soporto, me duele la escena y le pido por favor que entienda que tu hijo ha muerto hoy, que estás recién parida, que te duelen las entrañas.
Me responde con desprecio que en este reino hay unas leyes, que aquí se hace lo que dice el procurador del rey y que tú eres una NEGRA CLANDESTINA.
Mañana iremos al Tribunal, mañana un hombre de este reino decidirá si te tiran a ti y a tu niña al desierto de madrugada. A partir de ahí la suerte decidirá si serás violada, si tu hija será raptada o por qué no violada también.
Imagínate que todo eso te ha pasado hoy.
Imagínate que a todos nos duelen las entrañas.
Imagínate que a todos nos duelen nuestras entrañas.



Percibir El Tiempo

El sentido subjetivo del tiempo hace que tengamos una noción del pasado, del presente y del futuro. Lo utilizamos para entender el curso y la duración de los acontecimientos, situarlos en su momento y generar expectativas sobre ellos. Nos sirve también para cosas como apreciar la velocidad de lo que se mueve, valorar el tamaño de un objeto cuando lo exploramos por el tacto, o ejercer la prosodia, el mensaje emocional que va en la entonación y el curso de las palabras habladas. Nuestra sensibilidad para percibir y responder al tiempo está implicada también en tareas mentales complejas, como atender a lo que pasa, pensar para solucionar problemas o tomar decisiones, planificar el futuro o incluso entender las mentes ajenas.
La percepción subjetiva que tenemos del tiempo es influenciada por muchos factores externos e internos a nuestro organismo. El tiempo vuela cuando lo estamos pasando bien, cuando nos gusta lo que hacemos, cuando estamos motivados, cuando lo que hacemos es novedoso o cuando estamos ocupados. Las experiencias previas también influyen en nuestra percepción del tiempo. Eso es lo que ocurre cuando, por ejemplo, una película nos parece más corta al verla por segunda vez. Contrariamente, el tiempo pasa más lentamente, es decir, se nos hace más largo, cuando lo estamos pasando mal, cuando esperamos con impaciencia, cuando tenemos prisas, cuando estamos enfermos, cuando nos duele algo o cuando estamos cansados o incómodos. Se nos hace asimismo eterno cuando llevamos una carga pesada encima y, sobre todo, cuando estamos en peligro. También apreciamos su curso como más lento cuando nos aburrimos y, especialmente, cuando le prestamos atención, es decir, cuando estamos pendientes de él. Si no le hacemos caso, el tiempo transcurre más rápidamente. Nuestra percepción subjetiva del tiempo depende mucho de la situación emocional en que nos encontremos. Si estamos emocionados nos equivocamos mucho al valorar el tiempo transcurrido. Eso es lo que pasa cuando llega por fin la persona o la noticia ansiosamente esperada y sentimos que la hemos esperado una eternidad, cuando en realidad fue mucho menos tiempo. Del mismo modo, si tenemos prisa sentimos que el autobús tarda mucho más en llegar y que el semáforo está mucho más tiempo en rojo. Cuando estamos disgustados el tiempo pasa también con más lentitud.
Buena parte de las percepciones que tenemos son posibles gracias a receptores especializados de nuestro organismo que captan los estímulos correspondientes y los convierten en señales eléctricas que envían al cerebro. Así, para percibir la luz o el color disponemos de los ojos y la retina y para percibir los sonidos del órgano de Corti en el oído interno. Sin embargo, para percibir el tiempo no disponemos de ningún órgano especializado semejante a esos otros. No tenemos, por así decirlo, un reloj o medidor biológico que informe a nuestro cerebro del tiempo transcurrido, lo que complica nuestra comprensión de cómo lo consigue. Pero es bien cierto que todos tenemos un sentido del paso del tiempo que nos hace distinguir muy bien lo que pasó hace años o días de lo que pasó hace un rato o acaba de suceder. Precisamos más todavía, pues podemos distinguir minutos de segundos y éstos de milisegundos.
Nuestro cerebro tiene relojes biológicos, como el núcleo supraquiasmático del hipotálamo o la glándula pineal, que controlan los ciclos de sueño y vigilia y la producción de hormonas y neurotransmisores que influyen en nuestra fisiología y comportamiento. Pero esas estructuras, aunque colaboran, no son las encargadas de percibir el tiempo subjetivo. Hay también marcadores o circunstancias externas que nos ayudan a hacerlo, como los relojes artificiales, los cambios de la luz del día o incluso el ver crecer a los hijos, en diferentes escalas temporales. Y también los hay internos, como el propio ciclo de sueño y vigilia, la atención que prestamos a la duración de los eventos o incluso la vejiga de la orina, que nos marca tiempos de evacuación que pueden servirnos de referencia. Pero todo eso no es suficiente pues la mayor incógnita sigue siendo cómo el cerebro representa y percibe el paso del tiempo.
Una clave para descubrirlo la tenemos en los diferentes sentidos, pues el tiempo que percibimos tiene mucho que ver con ellos. Por ejemplo, evaluamos con más precisión lo que dura un sonido que lo que dura una imagen visual o un estímulo olfatorio. Lo cual no es extraño, pues, por su naturaleza, el sistema auditivo es el sistema sensorial humano con más especialización y capacidad para percibir el tiempo. De ahí que un sencillo truco para percibir con precisión la duración de un evento corto consista en evocar mentalmente una canción conocida que nos sirva de referencia temporal. Pero la evaluación del tiempo transcurrido es siempre mejor cuando combinamos diferentes modalidades sensoriales. De ese modo, para evaluar la duración de una nota musical nos puede ayudar el ver la nota escrita durante el mismo tiempo que la oímos. Igualmente, el ver al músico que interpreta la melodía puede permitirnos evaluar su duración con más precisión que si sólo la oímos. Nuestra capacidad para formar recuerdos es otro componente esencial de la percepción del tiempo, pues la memoria es siempre necesaria para medirlo. Una de las cosas que pierden los enfermos amnésicos es precisamente capacidad para percibir el tiempo, tanto de periodos cortos como largos del mismo.
Todo ello nos hace pensar que en el cerebro humano no existe un único reloj biológico que marque el tiempo subjetivo, sino quizá diferentes relojes que incluso pueden no estar sincronizados. De hecho, son muchas las partes del mismo que han sido involucradas en la percepción del tiempo. Entre ellas podemos citar, además de las cortezas auditiva y visual, la corteza prefrontal, los ganglios basales e incluso el cerebelo. Una amplia red de neuronas podría estar entonces implicada en la percepción subjetiva del tiempo. Con todo, hay una cierta especialización funcional, pues sabemos, por ejemplo, que la corteza visual es necesaria para que percibamos la duración de una imagen pero no para percibir la de un sonido. Sin embargo, todavía no sabemos cómo puede representarse en esa o en otras partes de la corteza cerebral el tiempo percibido para cada evento. El cómo esa representación ocurre podría explicar mucho de lo que conocemos por experiencia sobre la percepción del tiempo, como el que nos equivocamos más cuando los tiempos a medir son más largos o, como ya dijimos, cuando no le prestamos suficiente atención a la duración de lo que sea. El cerebro, en cualquier caso, debe de funcionar bien para que podamos percibir el tiempo con precisión. Los niños de menos de ocho años tienen una precisión temporal pobre, debido probablemente a falta de madurez de los circuitos neuronales que lo permiten, y al llegar la vejez hay también cambios neuronales que hacen que los marcadores internos se enlentezcan haciendo que el tiempo subjetivo pase más rápido. Es entonces cuando los años se hacen cortos y la vida en general va más deprisa.
Las observaciones y razonamientos anteriores nos ayudan a comprender el valor que tiene la percepción del tiempo en nuestras vidas. Es por ello que controlar los factores que influyen en esa percepción resulta muy importante para nuestra salud. Como muy bien ha explicado el profesor Ramón Bayés (El reloj emocional; Barcelona: Alienta Ed. 2007), gestionar el tiempo interior, es decir, el que apreciamos subjetivamente, es algo muy importante para conseguir bienestar. El tiempo que percibimos no siempre coincide con el deseado. A veces queremos que corra y en muchas ocasiones desearíamos detenerlo. Conocer sus características y razonar sobre los factores que determinan el tiempo subjetivo puede ayudarnos a equiparar el tiempo que sentimos con el esperado, o a modificar nuestro sentimiento para adaptarlo al tiempo objetivo, al que marcan los relojes. Cuando no es así se disparan los sistemas emocionales del cerebro y si ello perdura se genera un estado de estrés que perjudica nuestra salud. El lector debe recordar que en situaciones de estrés las glándulas suprarrenales liberan hormonas como el cortisol que dañan el organismo ya que pueden producir alteraciones cardiovasculares, depresión del sistema inmunológico y muerte de neuronas en el cerebro. En general no es bueno estar muy pendientes del tiempo. El trabajo a destajo o contrarreloj es un buen ejemplo, pues cuando se perpetúa puede acabar castigando al organismo y debilitando la salud somática y mental de quien lo realiza. Controlar nuestros tiempos o, por lo menos, tener la sensación de que los controlamos, es un factor clave del bienestar somático y mental de las personas.


domingo, 20 de mayo de 2018

Aunque Parezca Fácil

Los límites más difíciles de superar son aquellos que te pones tú mismo/a. 

No permitas que tu subconsciente te engañe, inténtalo. Las personas que lo consiguieron fueron aquellas que no contemplaban el fracaso como una posibilidad. Nadie dijo que fuera fácil. Quema las naves…

Puedes decidir, está en tu mano. Si algo podemos elegir los seres humanos es la actitud con la que queremos afrontar cualquier evento en la vida. La actitud no es algo que se cambie de un día para otro, pero puedes empezar hoy mismo…

Nadie dijo que fuera fácil. De hecho si es demasiado fácil quizás no merezca la pena. Aprende a enamorarte de los retos más complicados, de los más desafiantes. Seguramente sean los que más te enseñen.


Los demás te dirán que no puedes, que esto no es para ti. Dudarán de ti, e incluso te pueden hacer dudar de ti mismo/a. Continua, sigue caminando. No tienes que demostrar nada a nadie, al único que tienes que demostrar algo es a ti mismo. 

La vida es un asunto propio, no permitas que otros contaminen tu vida.

Proyección Humana

Mirada Metafísica
Proyección Humana
Ellacuría recalca en el hombre el carácter de lo que Zubiri ha llamado ex – posición, que es la apertura constitutiva de la realidad humana considerada en el tiempo, como apertura temporal.

El hombre es, pues, una sustantividad expuesta a lo que tiene delante y va a venir. Así, “La vida ha de hacerse desde lo que, al menos en parte, está fuera de sí misma y por delante de ella, lo cual fuerza al hombre a estar en permanente exposición.

Por ello tiene que salir de sí sin dejar de estar en sí, antes bien para ir entrando en sí mismo” 

Es una tensión hacia lo que viene en la que al viviente humano le tira lo que tiene delante, y que se refleja, creo, en la elaboración de proyectos. Pero este salto hacia delante de la sustantividad humana ha de contar con la realidad y las cosas en las que está expuesto.

Mas frente a una posible lectura idealista o en términos de conciencia o de sentido, de esta ex – posición del hombre, subraya Ellacuría el carácter real que esto tiene.

Es una necesidad emanada de la propia realidad del hombre, es un hecho físico en el sentido de real y en el que está involucrado, hemos dicho, la temporalidad en sus distintos niveles. “Lo que formalmente hace es autoposeerse en una determinada dirección, vivir y configurar su ser en una forma determinada”. 

Así pues, el proyectar, además de que suele ser una actividad psicofísica, es algo que tiene que ver, en su conjunto, con la realidad del hombre, con su carácter material-real. El proyectar forma parte del carácter cursivo del hombre que comparte con la vida y el universo entero. 

Pero en el hombre, el estar expuesto y el proyectar no es meramente estimulado como en los animales, sino que es un proyectar real. “El proyecto, en efecto, parte de una realidad que necesita proyectar para seguir siendo real, se realiza desde un enfrentamiento ‘real’ y lleva a una transformación real de las capacidades humanas”.

Propiamente este proyectar, que se da en lo vital psico-orgánico del hombre, compone lo que Ellacuría denomina un “decurso vital”, que define en los siguientes términos: “el curso de la vida, el decurso vital, es una ocurrencia en proyecto, un decurso en el cual se van insertando en la propia realidad los logros o malogros de la realización del proyecto”.

Esto es, propiamente, la forma de acontecer de la vida humana, un curso en función de proyectos, una suerte de autodefinición. Pero una autodefinición de carácter real, físico, no meramente conceptual o en la conciencia, insistamos.

Es la constitución de la unidad transcurrente del viviente humano. “El sentido último y radical de la vida le viene de la mismidad, con la cual se va definiendo la sustantividad a lo largo de las situaciones vitales”.

Esta unidad es la de un proceso psico-orgánico, pero no sólo eso, sino que hay que subrayar que las acciones e interacciones proceden de un agente y autor. El hombre es agente (en lo que se refiere a su carácter natural) y autor (en lo que se refiere a su carácter histórico “libre” de su vida.

Esto quiere decir que el hombre se desarrolla como ejecución, cuando es agente, y como opción, cuando es autor. A esto, además, Ellacuría añade la aceptación de la trama real y de la conexión de situaciones que están ahí independientemente de la voluntad del hombre concreto.

Es importante tener en cuenta los tres modos, porque de otro modo podemos incurrir en la absolutización de un único aspecto en detrimento de los otros. 

“Por ser psico-orgánicamente sentiente, el hombre es agente de sus acciones; por estar abierto a la realidad y tener que habérselas con ella, es autor; por estar inmerso en una contextura dinámica de situaciones, es actor de la vida que le ha tocado en suerte. 

Las tres dimensiones intervienen en una u otra medida, de una u otra forma, en cada acción humana”.


Será todo ello lo que constituya metafísicamente la realidad humana. “Lo que va siendo de mí en el estar siendo es lo que constituye la expresión metafísica temporal de la realidad humana”.     

El Sentido De Urgencia

El sentido de urgencia lo podría describir como aquella decisión personal con la cual puedes lograr generar lo más y lo mejor en el menor tiempo posible. 

Para mi es la elección de poner todo mi compromiso y pasión en conseguir mis objetivos ahora, el decidir no esperar que lo de afuera “se dé” para que yo pueda llegar a donde quiero.

El sentido de urgencia no viene de afuera a eso más bien le podemos llamar presión, ahora por ejemplo si tú tienes equipos de trabajo y deseas generar ese sentido de urgencia y no la ya mencionada presión basta puedes lograrlo de una manera muy sencilla, asegúrate de que compartes con ellos la visión , el propósito y el porqué de la meta o la tarea , de esta forma vendrá de su interior el hacer todo su esfuerzo en poder llegar como equipo al objetivo, muéstrales también la importancia de su trabajo y de lo que contribuyen con sus acciones, puedes mencionar también cual será el beneficio que ellos obtendrán.

Dice Jim Rhon ”SIN UN SENTIDO DE URGENCIA, EL DESEO PIERDE SU VALOR”. Si tú tienes un objetivo o un “ deseo” al menos que acciones se quedara en una idea y como lo dice el fallecido Jim Rhon si no tienes urgencia por hacer que eso suceda pierde su valor pues pueden llegar a pasar años sin que te decidas a que esa realidad va a suceder AHORA.

El sentido de Urgencia es decidir que lo mejor de tu vida lo vas a generar y vivir HOY.

Una persona con sentido de urgencia vive con pasión, buscando y tomando oportunidades, generando lo mejor el día de hoy. Este es el tipo de personas que siente un deseo ardiente por ser mejor, vivir en plenitud. No es la persona que anda a las carreras y corriendo todo el tiempo presionada, eso es más bien falto de organización, mal uso de recursos.

¿CÓMO GENERO SENTIDO DE URGENCIA?
1) Si vas a vivir con sentido de urgencia debes saber con exactitud qué es lo que quieres, a donde deseas llegar, cuál es tu meta, pues si no sabes a dónde vas no veo porque quisieras accionar, no tiene sentido.
2) Ten claro cuáles son tus motivaciones, es decir que vas a ganar al llegar a la meta, al vivir esa realidad. De qué manera te vas a beneficiar tú y otros.
3) Establece un plan de acción de manera que siempre sepas que es lo que sigue,
4) Si tu plan cambia pues no está funcionando se abierto al cambio, al feedback y con “urgencia” acciona nuevamente.
5) Como dice Tonny Robbins toma “acción masiva”, es decir con urgencia toma todas las acciones posibles, posibilidades y oportunidades que te acerquen a la realidad que buscas vivir. No dejes nada para mañana.
6) Recuerda siempre tu pasión, tu poder y vive en esa energía.

¿Estás listo para aplicar el sentido de urgencia en tu vida?

HOY puedes crear la mejor experiencia en tus relaciones personales, trabajo, en tu cuerpo, en fin en todas las áreas. Sé feliz con Sentido de Urgencia también, no hay porque esperar a mañana.

Saber Aceptar Realidades Adversas


Seguro que existen un gran número de situaciones a tu alrededor que te gustaría cambiar, tanto de los demás como de ti mismo o de tu alrededor. Y en ocasiones, para conseguirlo intentas luchar contra las circunstancias imaginando que puede ser la mejor opción, negándote a aceptarlo.

Tu resistencia para evitar la realidad se ha convertido en un obstáculo.

En muchas ocasiones, cambiar no significa modificar las cosas por fuera o desde el exterior, sino generar ese cambio desde adentro y esta nueva situación tan solo se inicia con la aceptación. Aceptar no significa permanecer pasivos e indiferentes, aceptar es el motor que promoverá el cambio cuando comencemos a ser conscientes.

“Lo que niegas, te somete. Lo que aceptas, te transforma.”
-Carl Gustav Jung-

En nuestra vida hay muchas experiencias dolorosas que no podemos eludir como las enfermedades, pérdidas, desilusiones, separaciones etc., que nos causan malestar. 

Si añadimos al sufrimiento de estas experiencias una actitud de resistencia, generaremos un sufrimiento que puede ser prescindible e innecesario
.
La resistencia constituye un mecanismo de oposición a la realidad, acompañado de sentimientos como la rabia, el asco, el rechazo o la indignación, es decir, todo un movimiento emocional que nos priva de la calma y la lucidez, enturbiándonos el entendimiento la mayoría de las veces.

La resistencia ocasiona una tormenta emocional que nos hará difícil vislumbrar la solución adecuada. Es como si fuera una emoción que va creciendo conforme se va tomando conciencia de lo que sucede o lo que acabamos de saber. Y que si no sabemos controlar puede llevarnos al estancamiento personal.

Además del sufrimiento añadido por la adopción de la postura resistente, lo que ésta acaba produciendo es la imposibilidad de encontrar una solución o respuesta adecuada a la situación desagradable que la provocó por varias razones: una es el impedimento de ver con claridad la situación en la que nos encontramos inmersos en su conjunto y otra, que las emociones resultantes nos impedirán en mayor medida llevar a cabo el remedio en práctica.

La resistencia no solo nos incrementa el sufrimiento, sino que nos hace más difícil el encuentro y la puesta en marcha de la solución al problema que nos sucede.

Si no oponemos resistencia, en cambio, surge la aceptación, a través de la cual permitimos que la realidad del presente sea tal cual es, sin oponernos a ella, reconociendo a la realidad, sintonizando con ella.

“La aceptación es una puerta mágica que se cierra a los problemas y se abre a las oportunidades”

-Rafael Hernampérez-

Nuestra Herencia

Todo hacer y obrar, es decir, toda actividad humana, remite siempre al sujeto de ese hacer y de esa actividad: la persona humana. Este “remitir” de la actividad del hombre al hombre mismo, es doble.

Por un lado, porque el ser humano puede descubrir quién es él a través de su actividad. Obrando y actuando conoce cualquier hombre quién es él en ese momento.

Por otro lado, porque la naturaleza del sujeto protagonista de la actividad, la persona humana, permite conocer las capacidades y potencialidades de acción de dicha persona. 

Sin embargo, algo a tener en cuenta con respecto a esto es que la persona humana no viene “hecha” de fábrica sino que se encuentra siempre en camino de perfeccionarse, de desarrollarse, de desplegar sus alas. En camino de ser en plenitud lo que puede ser.

Este plantea un cierto problema, dado que si la persona sujeto de acción es un “ser en desarrollo”, sus obras y sus actos siempre manifestará su estado actual de desarrollo o de falta del mismo.

Entonces, ¿Cómo saber cuáles son nuestras potencialidades, nuestras capacidades máximas o completas? ¿Cuál es nuestro máximo potencial? No podremos saberlo, ciertamente, al conocernos en nuestra acción, pues allí conocemos nuestro estado actual, pero no el posible.

El conocimiento de lo que somos, saber por fin quienes en verdad somos y podemos ser, tiene, al menos, dos caminos adicionales al ya mencionado. Uno es el acceder paulatinamente a un conocimiento filosófico del ser humano. 
El otro, que nos interesa ahora, consiste en vernos en los ojos de los que realmente nos aman.

Así, además de vernos en nuestras obras y conocernos en las mismas, como se conoce al hacedor por su obra, también podemos conocer quiénes somos (y quienes podemos ser) si nos vemos en los ojos de aquellas personas que nos aman genuinamente. 

Y aquí viene otra pregunta no menor: ¿Cómo saber quién nos ama genuinamente? 

El que nos ama no nos ve tanto como somos, sino también como podemos ser.


Ve, a la vez y en una magistral síntesis, nuestra realidad actual y nuestra realidad posible. 

Aprender Haciendo


Desde la romántica idea de “querer cambiar el mundo” hasta la más realista; “querer trabajar para uno mismo”, existen infinidad de razones y motivaciones que nos llevan a querer emprender. Aunque muchas veces es la combinación de varias de esas razones la fórmula que definitivamente nos lleva a ello, siempre hay una que predomina. 

Trabajar para uno mismo, con independencia, es una de las razones más comunes y comprensibles que nos lleva a querer emprender. La idea de que todos los beneficios que obtengamos a través de nuestro trabajo sean “íntegros” para nosotros nos llama mucho la atención.

No obstante, no hay que olvidar que el tener toda esa libertad e independencia, genera a su vez muchas responsabilidades, ya que al ser emprendedores y dueños de nuestro propio Trabajar de manera rutinaria, sin motivaciones, sin metas… se convierte en todo lo contrario cuando decides emprender. 

Cuando eres emprendedor te transformas en un apasionado de tu idea y, por ello, no te falta ni motivación ni ganas para trabajar en sacarla adelante. Cada día es un reto y una satisfacción personal, ir superando las dificultades, demostrándose a uno mismo su valía y perseverancia.

De este modo, experimentamos un constante y veloz crecimiento tanto personal como profesional.

En este punto también entra en juego cuando queremos poner en valor los conocimientos y experiencia que poseemos en un sector determinado, en el cual estamos muy metidos y creemos que podemos aportar más valor. 

Los emprendedores que desarrollan ideas de negocio basadas en sus propias vivencias y sapiencias, tienen muchas más posibilidades de triunfar, ya que el conocimiento del mercado en el cual se integra tu proyecto, además del público y la competencia, agrega muchos puntos a tu favor.

En este sentido, muchas veces a lo largo de nuestra vida y carrera profesional nos topamos con personas con las que formamos increíbles equipos y junto a las que consideramos que podemos ser capaces de realizar proyectos con mucho potencial. 

Aquí nace otra de esas razones que nos pueden llevar a querer emprender, si contamos con un buen equipo humano de calidad, tenemos mucho ganado para conseguir sacar adelante un proyecto emprendedor.

A través de las startups es la mejor forma de acceder rápidamente a muchos conocimientos y experiencias, querer aprender tanto del equipo como de los clientes, puede ser otra razón importante que nos lleve a querer emprender.


La típica frase que se escucha mucho en el sector emprendedor de “aprendí más trabajando un mes en una startups que trabajando cinco en una empresa” aunque suene a tópico, se cumple a la perfección.

Trabajar en una startups te aporta un conocimiento que fundamenta tus futuras decisiones.

sábado, 19 de mayo de 2018

Una Nueva Oportunidad


A menudo escuchamos gente decir, se nos fue el 2017, ya se fue diciembre, se nos fue la semana, el día pasó rapidísimo, se nos fue la hora, se nos acaba este minuto, se nos va el segundo por venir. Así pasamos nuestros días cuando vivimos nuestra vida con el foco en el pasado.

Falta muy poco para arrancar el 2018, en Enero me pongo a dieta, la semana que viene comienzo a hacer ejercicios, mañana inicio la lectura de ese nuevo libro, en una hora le escribo a mi hermano, en un minuto te hablo, se nos pasó otro segundo. Así vivimos la vida cuando centramos nuestra energía en el futuro.

Valora cada experiencia. Disfruta cada segundo

Cuando nos damos la oportunidad de ir por nuestra vida apreciando cada minuto de ella, desarrollamos una capacidad de valorar cada una de las experiencias, situaciones y vivencias en las que participamos.

Somos más propensos a compartir amablemente y agregar bienestar a la vida de los demás. Estamos más dispuestos a compartir sonrisas y sumarlas a nuestro largo caminar.

Si queremos arrancar este nuevo año con buen pie debemos comenzar por identificar el segundo, el minuto que estamos viviendo. Tomar acciones para que sea el más productivo. Y también el más feliz posible.

Por un gran 2018
Si nuestro deseo es que este año que comienza sea el mejor de nuestras vidas, sería un buen plan el que enfoques tu atención, intención, compasión, deseo y gratitud en el segundo en el que vives. En el minuto que transcurre, En la hora que transitas. Sin esperar por lo que viene ni hacer juicios sobre lo que pasó.

Por un 2018 lleno de plenitud en el momento presente. Por un feliz año nuevo en el cual tengamos la oportunidad de sonreír cada segundo, no cada día, ni mes, sino cada segundo para así sumar felicidad con ese mismo ritmo a nuestra vida.


Que estos primeros minutos del 2018 lleguen repletos de bendiciones y razones para sonreír en un nuevo año!

Este Día Como Si Fuera El Último


Últimamente he notado que estamos tan ocupados quejándonos sobre todo a nuestro alrededor que no nos damos cuenta de lo hermosa y maravillosa que puede ser la vida.

Debemos dejar de ver tantos defectos a nuestro alrededor porque si siempre estamos viendo lo negativo nunca estaremos a un grado de satisfacción con nosotros mismos ni con nuestro alrededor.

Vivamos nuestra vida de una manera sana y positiva, si nos quedamos estancados protestando por cada cosa que nos pasa, jamás viviremos nuestro presente como se debe.

He conocido y visto personas que se pasan la vida, quejándose de lo aburridos que están o de la situación en la que se encuentran, pero aparte de que se quejan no hacen nada para cambiarlo, en situaciones así opino que es cuando deberíamos hacer algo al respecto, detenernos a pensar en todas esas personas que deben estar pasando por algo mucho peor que nosotros y sin embargo encuentran la manera de seguir adelante con una sonrisa.

Seamos positivos, vivamos nuestro día a día como si fuera el último, dejemos de preocuparnos tanto por el futuro o nuestro alrededor y empecemos a vivir como queramos.

Al estar siempre alegres y positivos, nuestro estado de ánimo aumenta, atrayendo las buenas vibras y haciéndonos estar más sanos a excepción de las cosas negativas que siempre nos están perjudicando y dándonos muchos problemas.

Salgamos de nuestras casas, hagamos cosas que nos agraden, hablemos y disfrutemos con nuestros amigos, presenciemos el presente que es lo más importante que tenemos y sobre todas las cosas no nos volvamos tóxicos al caer en la rutina de siempre quejarnos por cada mínima cosa que ocurre en nuestro hermoso alrededor.



La Vida Es Hermosa


¿Por qué es común que lleguemos a la tercera edad viendo que la vida es hermosa? 

Cuando somos jóvenes, salvo casos especiales, claramente vemos que la vida es hermosa.

Pero cuando crecemos, comenzamos a escuchar y ver tantas cosas que nos hacen dudar. 

Sin embargo, no hay que alarmarse; me he dado cuenta que más tarde, cuando envejecemos, volveremos a pensar que la vida es hermosa y eso tiene su lógica:

Porque nuestro oído y nuestra vista ya no nos permiten escuchar ni ver como cuando éramos más jóvenes, ni tampoco pensamos con tanta claridad!


Si estás viviendo en la tercera edad y conservas el humor, coincidirás conmigo

Estudiar Siempre


Cuando pensamos en estudiar, es posible que nos vengan a la mente muchos beneficios profesionales. 

Lo primero que se puede pensar es que los estudios son un medio para abrirse camino en el mundo laboral que cada vez es más competitivo; que es una llave para poder subir de categoría o de posición en el trabajo actual o que puede ser una fórmula perfecta para poder cambiar de rumbo en la esfera profesional. 

Sea como sea, y sin importar la edad o el sector, estudiar está considerado Como uno de los principales medios para el crecimiento profesional. Sin embargo, existen muchos otros aspectos en los que puede ser bastante gratificante mantenerse activo en el estudio y en el aprendizaje.

Se tiene la idea de que sólo algunos profesionales, como por ejemplo, los médicos con los abogados, tienen la obligación de actualizarse estudiando. Sin embargo, aunque es cierto que los médicos deben aprender las nuevas técnicas, investigaciones y novedades en medicina, los abogados deben conocer las nuevas legislaciones y decretos, etc.; actualmente, con la velocidad con la que cambien las cosas en todos los ámbitos, resulta imposible imaginar un solo sector en el cual no sea necesario actualizar los conocimientos obtenidos tras los estudios.

Pensemos por ejemplo en un profesional del ámbito del marketing. Aunque pueda tener muchos años de experiencia, si actualmente no tiene conocimientos de marketing online, se pierde una buena parte de lo que está sucediendo en dicho esfera (que por cierto, crece cada año).

Lo mismo pasa si pensamos en un arquitecto, un ingeniero industrial, un profesor, o cualquier otro profesional.

Estudiar tiene varias ventajas a nivel social, ya que, sin importar que título de estudio o que materia te interese, aprender cosas nuevas es una forma de tener más cultura y de engrandecer los círculos sociales en los que te mueves.

Aprender cosas nuevas es una forma de conocer personas con intereses parecidos a ti y un medio para abrirte a nuevas experiencias y a nuevos grupos de personas.

Aunque no se suele pensar en este tipo de ventajas a priori; es una de las principales cosas que señalan como positivas las personas que están acostumbradas a estudiar toda la vida.

Dicen que la vida es un continuo aprendizaje. Hablar con cualquier persona que está en el tramo final de su vida es descubrir que lo único que siempre paso a lo largo del tiempo, es que se aprendieron nuevas cosas.


Mantener viva la curiosidad por aprender y estudiar, es mantener también la curiosidad por vivir. Para realizar nuevos aprendizajes es importante, por tanto, tener apertura a nuevos conocimientos de actividades y una estructura de pensamiento flexible. 

No te preocupes si por ahora no lo tienes, ya que esto también se va adquiriendo con el tiempo. Para las personas que no han estudiado todavía, pero que tienen ganas de aprender y desarrollarse como profesionales y seres humanos, se recomienda comenzar de manera gradual, en los hábitos y conductas de la vida cotidiana que pueden ser más sencillos.