sábado, 13 de octubre de 2018

El Apoyo Emocional

El apoyo emocional es un gran alivio cuando nos sentimos solos o desbordados por las emociones. Este sostén nos puede proporcionar consuelo, seguridad y tranquilidad. ¿Qué aspectos hemos de tener en cuenta si queremos dar este apoyo emocional a otras personas? ¿Y si queremos recibir el apoyo de un hombro amigo?

Para dar apoyo a otras personas vamos a necesitar practicar la escucha y la empatía hacia los demás. En cambio, para recibir apoyo emocional, vamos a tener que asumir que no siempre somos capaces gestionar todo lo que nos pasa solos. Por eso, en ocasiones vamos a necesitar ayuda de otras personas

La habilidad para escuchar de forma activa es la base para generar un espacio de entendimiento. Escuchar no es lo mismo que oír, al escuchar se percibe con todo el cuerpo, con los oídos, los ojos, los gestos, etc. Todo el cuerpo se involucra en la escucha para que la persona que está hablando pueda sentir que le estamos comprendiendo de verdad.

Una buena forma de demostrar la escucha activa es resumiendo y parafrasear lo que la persona va diciendo a medida que avanza en su discurso. Así nos aseguramos de que estamos escuchando con plena consciencia y atención y no caemos en distracciones. Es muy fácil que, sin darnos cuenta, hablemos antes de tiempo u opinemos sin tener toda la información… o lo que es peor, saquemos el teléfono del bolsillo.

“Tan solo con escuchar profundamente, aliviamos el dolor y el sufrimiento.”
-Autor desconocido-

Sentir que estamos conectados con los demás nos puede proporcionar también ese apoyo emocional que nos va tan bien cuando nos desbordan las emociones. Necesitamos “a nuestras personas”, sentir que tenemos alguien interesado en conocer nuestras penas y alegrías porque le importan, alguien que entiende que somos seres complejos y asume el coste, no siempre agradecido, de intentar comprendernos.

La empatía es la capacidad que tenemos de ponernos en el lugar de los demás y comprender sus sentimientos desde sus circunstancias. De esta manera, logramos poder entender lo que les pasa, cómo se sienten, qué piensan y por qué las personas se comportan de determinada forma.

La empatía es una habilidad que podemos perfeccionar si ponemos empeño en coger de las mano a los demás y hacernos esfuerzo por seguirlos a través de puertas estrechas y rincones oscuros, que muchas veces causan aburrimiento o miedo.


“Lo más importante es que necesitamos ser entendidos. Necesitamos alguien que sea capaz de escucharnos y entendernos. Entonces, sufrimos menos"

Cerebro Y Pensamientos


El Cerebro es el que decide si un pensamiento se refiere o no al presente, si es real o imaginario, antes incluso de que el sujeto sea consciente de ese pensamiento, informa la Universidad de Ginebra en un comunicado. 

La región cerebral cortico-frontal y sus conexiones es la que asegura que nuestros pensamientos y nuestro comportamiento estén sincronizados con la realidad, incluso cuando nuestra mente divaga con fantasías. 

Los estudios realizados en esta universidad han utilizado la electroencefalografía de alta resolución en sujetos sanos para medir la rapidez con la que el cerebro procesa las informaciones. 

De esta forma han demostrado que el proceso cerebral de procesamiento de la realidad percibida se desarrolla a una velocidad de entre 200 y 300 milisegundos después de la evocación de un recuerdo o un pensamiento. (Un milisegundo es la milésima fracción de un segundo). 

Sin embargo, el reconocimiento consciente de la información recibida se desarrolla más despacio, entre 400 y 600 milisegundos, lo que pone de manifiesto que el sujeto acepta una información como real o falsa después de que el cerebro haya realizado su selección. 

Según explica el neurólogo Armin Schnider, director del departamento de Neurociencias de la citada universidad, los pensamientos sufren el filtro de la realidad al mismo tiempo que el cerebro los codifica. 

El cerebro almacena por un lado los pensamientos que se refieren al presente (la realidad) y por otro lado los que son imaginarios o fantasiosos. Esta secuencia es la que permite al sujeto distinguir el recuerdo de un hecho real de otro imaginario, según la clasificación que ha hecho el cerebro sin su conocimiento. 

Viviendo en una falsa realidad 

Por eso, cuando la zona cortico-frontal está dañada, las personas pierden la capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso, el pasado del presente, y no tienen forma de darse cuenta de que su realidad es falsa. 

Ocurre por ejemplo después de un accidente cerebral, que lleva a determinados pacientes a vivir en una realidad paralela que a menudo es una especie de reconstrucción deformada de recuerdos verdaderos, añade Schnider. 

Los investigadores de la Universidad de Ginebra han observado que, curiosamente, los pacientes que confunden la realidad no se dan cuenta de que los acontecimientos que ellos esperan no ocurren nunca. 

Esta observación confirma los resultados de estudios anteriores que habían identificado ciertas neuronas en la región órbito-frontal que sólo se activan cuando una recompensa espera no se materializa. Si estas neuronas no funcionan bien, los pacientes pueden quedar colgados de una realidad que se repite permanentemente, en bucle. 

Esas mismas neuronas están presentes en otras regiones colindantes del cerebro y se activan también cuando las redes neuronales principales se dañan, por ejemplo la región córtico-frontal que marca la diferencia entre lo real y lo imaginario. 

Este fenómeno explica por qué sólo el 5% de los pacientes que han sufrido un daño cerebral, como un accidente vascular o un traumatismo, en esta región, desarrollan una confusión entre la realidad y sus confabulaciones: el daño en la región córtico-frontal es compensado por las neuronas de la región órbito-frontal. 

Armin Schnider precisa que por este motivo los pacientes que padecen confabulaciones en su mayoría recuperan con el tiempo el sentido de la realidad, gracias a ese mecanismo de compensación de las redes neuronales vecinas a la región córtico-frontal. También señala que, a menudo, persiste la amnesia en estos pacientes. 

En psiquiatría la confabulación es una enfermedad mental que consiste en que una persona rellena las lagunas de su memoria con experiencias inventadas que en realidad nunca han ocurrido. La persona no es consciente de que lo que cuenta no es cierto y, además, lo olvida enseguida.

Schnider señala que la confabulación no es exclusiva de las personas con un daño cerebral, ya que la reconstrucción ordinaria de los recuerdos puede también provocar errores. Destaca que cuando se nos pregunta por nuestras experiencias, tendemos inconscientemente, en caso de duda, a inventar nuestras respuestas.

En ese caso, nuestro cerebro guarda esa respuesta improvisada como un recuerdo verdadero, una observación que permite manipular la memoria de una persona, dependiendo de la forma en que se le formula la pregunta. Por eso concluye que estar convencido de la verdad de un recuerdo no es garantía suficiente de su exactitud.

Los resultados de estas investigaciones sobre la realidad, los mecanismos cerebrales implicados en su reconocimiento y en la distinción de la fantasía, fruto de más de 20 años de trabajo, se recogen en un libro cuya segunda edición acaba de ver la luz: “The Confabulating Mind”, publicado en Oxford University Press.

El libro recoge en varios capítulos la historia de la confabulación y su desarrollo en pacientes, así como el tema de los falsos recuerdos, que nos afectan cotidianamente sin darnos cuenta, y aborda casos específicos de manipulación de la memoria, que tiene una importancia especial en casos judiciales.

viernes, 12 de octubre de 2018

Qué Tiempos Aquellos

Aquellos eran los buenos tiempos, que muchos vivieron y que muchos no. Aquellos tiempos donde unas nubes oscuras no daban tanto temor como ahora, tiempos donde se podía respirar aire fresco, tiempos donde no hacía mucho calor, cuando no había mucho tráfico ni tanta gente en las calles, cuando no se veían los basureros en las calles, cuando había menos delincuentes y las personas eran más bondadosas y tranquilas.

A veces parece que el progreso social cuesta porque trae muchos problemas consigo, muchos problemas pequeños y fáciles de dar por sentado, que a la larga, representan un problema epidémico para cualquier ser vivo.

Hoy en día una tormenta representa un peligro para la ciudad. La cantidad de gente que ha venido surgiendo con los años, ha hecho que se construyan más casas, más calles, más residenciales y más vehículos, pero de manera desordenada. Antes una tormenta era fácilmente tragada por el suelo, por la porosidad del mismo, se infiltraba en el manto acuífero, ahora una tormenta cae y salpica entre calles, adoquines y causes que inundan la mala estructura de ciertos lugares e inunda las casas.

El tráfico vehicular y la misma emanación de gases de los automóviles han provocado que exista en la actualidad una contaminación auditiva y una contaminación atmosférica en el ambiente. 

Obviamente no en toda la región del país, pero sí en la capital, debido también al crecimiento de número de autos y a la mala construcción de las calles que no han sido renovadas tampoco. 
Tal vez no estemos como China ni como México, donde el esmog fotoquímico es causado por una enorme cantidad de gases de combustibles fósiles que reaccionan con la luz UV que irradia sol… Pero es seguro que en unos años ese mismo fenómeno existirá acá.

Ahora con el tiempo ha existido el cambio climático, que muchos dicen que es solo un concepto, nada tan grandemente establecido, que otros dicen que no es cierto, pero uno mismo es capaz de sentir el cambio del clima.

Antes sentíamos fresco y corrientes de aire, ahora solo se sienten calores eternos por las tardes y que luego caen unas cuantas gotas de agua del cielo en la noche para hacer más calor. Siempre debido al crecimiento poblacional y a la contaminación, hecho que viene desde el acontecimiento de la Revolución Industrial en siglo XVIII.

La verdad es que no sé si antes las personas eran menos cochinas que ahora, pero puedo decir que la causa de los basureros no registrados, que vemos en las calles, detrás de las cercas, en terrenos de nadie, son las personas que no han tenido una educación ambiental, o que no les importa realmente, o que simplemente no tienen valores ni conocimiento alguno del daño que están haciendo al botar la basura en el lugar que se les plazca y cerca de sus casas, en donde ellos mismos están produciendo las enfermedades.

Esto puede causar lixiviados, químicos o sustancias que entran al suelo y que contaminan a este y que pueden contaminar también las aguas subterráneas.

Y el mismo sofoque, calor, tráfico, basura, contaminación va haciendo, poco a poco, menos tolerantes a las personas. Muchos vamos viviendo una vida con querer un cambio, pero que muchos solo contradicen estas ideas y aportan al subdesarrollo.

Las personas debemos cambiar de mentalidad y dejar de vivir de las redes sociales, de la vida de los demás, de los problemas con otras personas, de quejarse tanto y comenzar a planear una vida exitosa llena de estudios y dedicación y aportar soluciones. 


Sin un cambio de pensamiento,vamos a seguir estancados, y los muchos que queremos hacer un cambio, vamos a morir como héroes no reconocidos en simples lápidas en un cementerio olvidado con pilas de basura encima. 

Los Genios

Desde principios del siglo XX, el coeficiente intelectual, la inteligencia y el genio han estado íntimamente ligados y se han olvidado las raíces antiguas de este último.

El tema del coeficiente intelectual y de las pruebas para su medición pasó a utilizarse de una manera perversa. Las interpretaciones de las pruebas realizadas al ejército durante la Primera Guerra Mundial incidieron en la redacción de la Ley de Restricción de Inmigración de 1924, que establecía cuotas de inmigrantes de Europa del Sur y del Este y que representó una justificación inicial del racismo y la eugenesia. Desde entonces, el coeficiente intelectual se ha utilizado como una excusa para restringir el acceso al aprendizaje a aquellos que obtienen bajos resultados, y ha dado origen a leyendas urbanas como la que sostiene que las mujeres embarazadas deben escuchar música clásica para ayudar a sus bebés a ser más competitivos en su vida futura, ya que esto aumenta su coeficiente intelectual.

Objetivamente, existe una correlación entre el coeficiente intelectual y algunas formas de inteligencia. Pero la inteligencia parece enmarcarse en algo más que un número. Basta leer la historia del doctor Judd Biasiotto para comprender sus límites. Cuando cursaba la escuela primaria le fue muy mal, tanto que llamaron a un psicólogo para que le hiciera una prueba de inteligencia. 

Una semana después fue llamado a la oficina del psicólogo y le pidieron que fuera a casa y le dijera a su madre que su coeficiente intelectual era de 81. Judd estaba emocionado porque era la calificación más alta que había logrado hasta el momento. Si su futuro se hubiera basado en este resultado, se habría cometido un grave error, pues al momento de ingresar a la universidad tuvo notas casi perfectas en sus exámenes de admisión y los resultados de las pruebas de su coeficiente intelectual llegaron a 147.

De la misma manera, “genio”, como concepto general, tiene unas dimensiones y un alcance que van mucho más allá de la simple inteligencia. El hecho de que el pequeño Johnny tenga un coeficiente intelectual de 180 no quiere decir que sea un genio. Por supuesto que puede ser muy inteligente, pero ¿acaso basta con ser realmente inteligente para ser un genio? Aquellos que nombramos como ejemplos de genio son conocidos por haber logrado algo importante. Sin duda, el pequeño Johnny tiene el potencial para ser un genio, pero que vaya a serlo no es seguro. Una de las razones que motivaron el estudio de Terman sobre los niños superdotados era descubrir la mejor manera de ayudar a aquellos con potencial a que lo desarrollaran verdaderamente.

Al parecer, no todos los genios nacen genios, aunque algunos lo hagan. Ciertas personas muy inteligentes nunca parecen llegar al nivel de genio a pesar de que tienen el potencial para serlo. Otras personas no parecen especialmente dotadas en sus vidas según las ideas de la época, pero han demostrado genialidad en su campo a las generaciones posteriores. Van Gogh califica ciertamente como una persona así.

El entorno intelectual que nos rodea y la cultura y civilización a las que nos exponemos diariamente parecen desempeñar un papel en la manera como percibimos a los genios.

Tomemos un genio de los tiempos del Paleolítico, el que hizo los dibujos de la cueva en el suroeste de Francia, y situémoslo en el mundo actual. Hoy, lo consideraríamos un genio del pasado. ¿Lo habrían considerado un genio sus pares de la época? No lo sé. Si se teletransportara a nuestro tiempo ¿lo seguiríamos considerando un genio bajo los parámetros actuales, o simplemente un inadaptado social, ya que la sociedad en la que nació originalmente ha avanzado miles de años desde entonces? Hay que tener en cuenta la cantidad de infraestructura intelectual que se ha creado en el transcurso de todo ese tiempo. ¿Sería capaz de dar un salto mental tan gigantesco como para ser considerado todavía un genio en el presente?

Por otro lado, si situáramos a Albert Einstein en el suroeste de Francia durante el Paleolítico ¿lo considerarían un genio quienes vivieron en ese momento?

Mi conjetura es que siempre y cuando se superaran los saludos iniciales y las barreras idiomáticas, competiría muy bien con sus antepasados remotos. Einstein no solo era muy inteligente, sino que tendría el beneficio adicional de siglos de genios anteriores que han ayudado a formar la realidad intelectual, mental y conceptual que ahora vivimos. El pensamiento, las invenciones y los descubrimientos tienen un contexto, y los avances del pensamiento se basan en el ambiente intelectual imperante. La época y la cultura en las que vive el genio tienen importancia no solo por las ideas que están presentes, sino por todas las ideas que estuvieron antes.

A modo de ejemplo, el cálculo de Newton estuvo a la vanguardia de las matemáticas en el siglo XVIII. Hoy se enseña en el Reino Unido en los primeros grados de la escuela secundaria. Un genio solo puede construir y extender los conceptos que ya existen. Si lleva estos conceptos demasiado lejos será poco probable que encuentre aceptación. Quienes van demasiado lejos, o bien son rechazados y su trabajo olvidado o, tal vez, solo serán apreciados muchos años después de su muerte.

Ludwig Boltzman, descubridor de la teoría cinética de los gases, utilizó en el siglo XIX matemáticas estadísticas para demostrar el movimiento del calor y de la energía. Sus puntos de vista fueron tan polémicos en ese momento que sufrió de un creciente desánimo. Acosado quizás por la depresión, Boltzman se suicidó antes de que pudiera ser reivindicado (lo que finalmente se hizo, años después de su muerte).

Tal vez la diferencia esencial entre el genio y la simple inteligencia sea que los genios cambian la forma en que los humanos concebimos y vemos el mundo. Los consideramos como lo más brillante y lo mejor de la humanidad. Ellos iluminan el camino para los que vienen después y crean la base para los avances aún mayores que harán los genios del futuro. ¿Por qué extrañarnos entonces de que parezcan producto de la inspiración divina?

                                                              

Paciencia


No tengo paciencia.  La fui aprendiendo a los cachetazos y me falta bastante.  En parte, tiene que ver con mi propia estructura; en parte, me he contagiado de los demás y de esta cultura que privilegia lo veloz, lo instantáneo, lo procesado y predigerido, lo superficial.  ¡Lo queremos todo y ya!

 En realidad, estamos más acelerados en muchos aspectos.  El tiempo que antes tomábamos para comprender algo, para concretarlo, para darnos cuenta de los aprendizajes, para liberar o sanar, para el retorno del karma, para transitar duros momentos, se ha hecho más corto y más rápido.  Ya no necesitamos de elaborados rituales ni largas terapias ni sanaciones porque la Nueva Energía es potente y simple.

 El otro aspecto por el que no valoramos la paciencia es porque es una cualidad femenina dada por irrelevante por el patriarcado, al igual que otras como la entrega, la confianza, la presencia, la receptividad, la perseverancia, la sensibilidad, etc.  ¿Para qué tener paciencia si puedo tenerlo, forzarlo, conquistarlo ahora?

Según Diseño Humano, hay cuatro Tipos de personas: Manifestadores, Generadores, Proyectores y Reflectores.  Solo los primeros pueden expresar y manifestar (iniciar algo), sin necesidad de esperar ni de necesitar a otros;  constituyen un 9% de la población.  La mayoría de los cursos y programas de desarrollo personal están dirigidos a ellos (que no los necesitan), ya que el resto de los Tipos tiene como estrategia ESPERAR.


Narcisismo

El mito narrado por Ovidio es archiconocido: El hermoso Narciso rechaza a Eco, la ninfa que lo pretende y se enamora de su propia imagen reflejada en un estanque, de tal forma que, al no poder separarse de ella muere ahogado ahí. La historia se repite hoy en día: muchísimos jóvenes están mucho más pendientes de sí mismos que de los demás y acaban por ahogarse en un egoísmo superlativo que los aleja de una correcta autoestima y de descubrir el valor de los otros como forma de dar sentido a la vida.
 
El narcisismo se manifiesta en la excesiva consideración de sí mismo, en la idea de que la vida gira en torno a uno mismo, en que a la hora de la verdad lo que cuenta es estar bien, sentirse bien, pasarlo bien, y los demás verán qué hacen. Los jóvenes de “última generación” cuando están “in”, en los momentos de euforia, tienen la pretensión de ser “lo último”, pero cuando están “out”, en los momentos malos, se sienten víctimas que no reciben suficiente atención de los demás. Son “mendigos perpetuamente insatisfechos”. Van por la vida dando tumbos, huyendo hacia adelante, revelando una incapacidad de descubrir al otro y de comprender sus necesidades.

La contrapartida al narcisismo es la verdadera autoestima o correcta valoración de sí mismo, la “aceptación humilde de la realidad”, sin lamentaciones, ni quejas, ni querer cambiarlo todo sin empezar por cambiarse a sí mismo primero. Munilla dice: “No olvidemos que la autoestima no proviene de hacer muchas cosas, ni de lograr éxitos, ni de la apariencia física, sino de saberse amado… Tenemos el riesgo de valorarnos según el juicio ajeno, de hundirnos por un comentario o por un fracaso, etc. ¡Es un auténtico drama que nuestro estado de ánimo se parezca a los vaivenes de la bolsa o a la montaña rusa!”

No se trata de invitar al autodesprecio o a hundirse en el pesimismo, pero tampoco de dejase arrastrar por un optimismo ingenuo que desconoce lo que está pasando alrededor, como si se habitara en una burbuja aséptica, en la que uno no se entera del dolor, de la miseria, de la desesperación de la vida de muchos, que tienen que ver con nosotros más de los que creemos. Al contrario de lo pasa con el avance de la tecnología, muchos jóvenes van al paso de la tortuga de la aporía de Zenón que no avanza y parece que nunca llega a la meta.

Lo que sale a relucir es una profunda “herida afectiva”: tener imagen, buscar aprecio y reconocimiento, afán de figurar, de ser admirado, de recibir elogios, de tener éxito es mucho más importante que buscar la plenitud interior, los ideales y metas que requieren un nivel espiritual para afrontarlos, echar mano del esfuerzo, del sacrificio, de cierta abnegación y olvido de sí.

En lugar de una auténtica búsqueda de la felicidad o de la realización personal lo que predomina es una hipersensibilidad y un espíritu crítico ante todo. Para muchos de ellos la cultura es un cuento inútil, la filosofía no sirve para nada; no hay que pensar demasiado, ni hay que ponerse a salvar el mundo.


Una salida razonable: la generosidad, la sincera preocupación por los demás, la solidaridad que invita a ayudar, a servir, a dar lo mejor de sí en la tarea por vencer los males de la sociedad y del mundo, recordando con José Ignacio Munilla aquella frase del escritor español Unamumo: “El que quiere todo lo que sucede, consigue siempre que suceda cuanto quiere. ¡Omnipotencia humana por la aceptación”.  

Cultivar La Esperanza



La esperanza es un estado de ánimo que nos motiva, nos calma y nos enseña, tanto a saber esperar, como recibir los anhelos que nacen de nuestro corazón. Sin importar la circunstancia, ésta -también- virtud nos permite insistir, persistir y resistir hasta lograr nuestro objetivo.

Existen diferentes escenarios y razones por las que una persona pierde la esperanza. Sin embargo, es posible recuperarla.

Imagina por un momento que tienes una semilla de un árbol de manzanas en tu mano, ¿qué te hace pensar que esa semilla se convertirá luego en un árbol? ¡La esperanza! Ahora, ¿qué te asegura que eso pueda ocurrir? Tú esfuerzo y dedicación.

En la vida nos encontramos muchas veces con situaciones en donde tenemos un anhelo que se convierte en esa “semilla” en nuestras manos. Así que debemos no solo tener el deseo de que ese sueño se haga realidad sino ir más allá y adquirir el fruto de eso. No conformarte con que ese árbol de manzanas crezca, sino que lógicamente obtenga manzanas. Allí es donde está la diferencia. Lo que hace que ese no sea un simple árbol.

Algunas acciones nos permiten cultivar la esperanza de manera correcta:

Tener confianza: Para lograrla necesitamos conocernos. Saber de qué somos capaces y con qué tipo de herramientas contamos. Esto requiere de tiempo y paciencia, no solo para tener autoconfianza, también para ganar y obtener la confianza de los demás. La sinceridad nos ayuda a enriquecer ese vínculo con las personas y fortalece nuestra esperanza.

Abrazar un deseo: Nos disponemos a luchar por ese sueño tomando en cuenta que, aún cuando no salga todo como lo esperábamos, debemos mantener la convicción de que el fruto de nuestra lucha será lo mejor que podemos obtener. Además, recuerda que si te mantienes firme en tus convicciones, los demás también creerán en ti.

Saber observar y escuchar: Está comprobado que cuando observamos y escuchamos testimonios de personas exitosas, nuestra motivación se incrementa y por ende, nuestra esperanza se aviva aún más.  

Ofrecer ayuda: El altruismo o cualquier obra que implique misericordia y bondad nos inspira. Así como entender que también somos instrumentos para encender la luz de esperanza de las demás personas.


Compartir con amigos y familiares: Cada momento que pasemos de nuestra vida junto a las personas que amamos, no solo nos hará ser más felices sino también a enriquecernos como personas. Es incluso una oportunidad que combina: altruismo, esperanza y felicidad.

Habilidades No Cognitivas


Las habilidades no cognitivas son un conjunto de recursos personales que son independientes de la capacidad intelectual del individuo. El Departamento de Educación de los Estados Unidos definió en 2013 las habilidades no cognitivas como el conjunto de atributos, disposiciones, habilidades sociales, actitudes, capacidades y recursos personales independientes de la capacidad intelectual. Estas destrezas están presente en las personas en mayor o menor grado.

Desde hace unos años, un número creciente de estudios en economía y en psicología han puesto de manifiesto que estas habilidades, las no cognitivas, son un determinante fundamental de los resultados educativos, laborales y de salud y, por tanto, del bienestar alcanzado tanto a edades tempranas como en la etapa adulta de la vida. Además, la literatura sobre el tema confirma que las habilidades no cognitivas tienen, en algunos contextos y para determinados colectivos sociales, más capacidad para explicar las diferencias observadas entre individuos equivalentes en otras dimensiones relevantes que las diferencias en capacidad innata o coeficiente intelectual.

Afortunadamente, disponemos de evidencia que señala que las habilidades no cognitivas son moldeables a lo largo de la vida de una persona, siendo la eficacia de las intervenciones tanto mayores cuanto más temprana es la edad a la que se producen y cuanto más intensiva y de calidad es la intervención. Un ejemplo recurrente en la literatura sobre el tema es el programa de intervención temprana Perry, implementado en Estados Unidos y dirigido a estudiantes de entornos socioeconómicos desfavorables con una edad comprendida entre los 3 y los 4 años. La inclusión en el programa se realizó de forma aleatoria y el tratamiento consistió en clases de apoyo curricular y sesiones que fomentaban el autocontrol y otros aspectos de personalidad positivos.

Heckman y otros (2010) concluyen que el programa Perry mejoró los resultados de los estudiantes participantes en términos de nivel educativo alcanzado, empleo, salarios, participación en actividades saludables y comportamiento delictivo más de 30 años después de haberse implementado. Este resultado no se explica por el efecto del programa en la acumulación de conocimientos reglados o aspectos cognitivos, ya que las diferencias en coeficiente intelectual entre participantes y excluidos resultaron no ser estadísticamente significativas poco tiempo después de implementado el programa.

Heckman, Pinto y Savelyev (2012) demuestran que la clave de la eficacia del programa Perry radica en que el programa incrementó de forma notable la dotación de habilidades no cognitivas favorables en los estudiantes participantes. Así, estos estudiantes lograron niveles de autocontrol, perseverancia y motivación, entre otras características no cognitivas, significativamente superiores a los que habrían tenido de no haber participado en el programa. A pesar de que su coeficiente intelectual no mejoró respecto a los no participantes, también lograron resultados sistemáticamente superiores en su rendimiento académico. La contundencia de estos resultados y el largo plazo de su vigencia situaron a las habilidades no cognitivas en el centro del análisis económico en general y del micro econométrico en particular.

El concepto de funciones ejecutivas, propio de la literatura neuropsicológica, está estrechamente relacionado con el de habilidades no cognitivas. Las funciones ejecutivas son procesos mentales que asocian ideas, movimientos y acciones simples y los orientan hacia la resolución de situaciones complejas (Shallice, 1988). Son, por tanto, procesos conscientes, voluntarios y eficaces que coordinan e integran las funciones más avanzadas del pensamiento, la memoria, las emociones y el movimiento. Son imprescindibles para ignorar distracciones, concentrarse, mantener el esfuerzo, perseverar, postergar recompensas, etc. Tal y como señala Diamond (2013), las funciones ejecutivas básicas son el control inhibitorio, la flexibilidad cognitiva y la memoria de procedimiento. 

Resulta evidente que las funciones ejecutivas están relacionadas con las habilidades no cognitivas destacadas como más relevantes en la evidencia resumida en los párrafos precedentes.
Las principales dificultades del aprendizaje y trastornos del desarrollo como el trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) y el Trastorno del Espectro Autista (TEA) se caracterizan clínicamente como disfunciones ejecutivas. Estos dos trastornos afectan a una notable proporción de estudiantes. En concreto, y según el DSM-IV-TR (2000), la prevalencia del TDAH en España se sitúa entre el 3% y el 7% de los niños en edad escolar. Asimismo, aproximadamente uno de cada 100 niños en edad escolar en Europa tiene un diagnóstico de TEA (Autism Europe).

Asimismo, Raver, Blair y Willoughby (2013) han demostrado que los niños de cuatro años de edad en hogares en riesgo de exclusión social acumulan, a esa temprana edad que marca el comienzo de su etapa educativa, hasta un 10% menos de desempeño en atención sostenida, memoria de procedimiento y control inhibitorio que los estudiantes que crecen en hogares sin ese riesgo. Por su parte, Farah y otros (2006) demuestran que esas diferencias llegan a ser de más del 50% en memoria de procedimiento y control inhibitorio entre niños de clase social baja y media a los 10-13 años de edad
.

Esto es, las (dis)funciones ejecutivas son la métrica común a todos los seres humanos, residiendo su poder predictivo del bienestar en etapas adultas de la vida en la ausencia de intervenciones tempranas que de forma sistemática busquen estimular un desarrollo equilibrado de las habilidades no cognitivas en los niños.

El Don

El Don
Si entendemos el término don como una habilidad o capacidad especial, debemos decir que el mismo será tomado como la característica más distintiva de la persona que lo dispone. Las personas suelen presentar dones, asociados a lo físico o a lo mental. Pensemos en una persona que dispone de una fuerza contundente para levantar cosas y de imponerla a favor de la realización de actividades cada vez que lo necesita.

También el talento artístico de alguien suele apreciarse como don. Si alguien es bueno interpretando canciones se suele decir que tiene el don del canto.
El don puede expresarse tanto a nivel físico, como a nivel mental, emocional o de muchas diversas maneras (por ejemplo, una persona que se relaciona muy bien con otras).

El don es una característica que, como dijimos, no se explica muchas veces de modo racional si no que se considera único y mágico. Por lo general, el don se vuelve una característica tan única que define a esa persona o, al menos, sirve para diferenciarla del resto de individuos que la rodean. Un don puede ser la habilidad para mover partes del cuerpo de modo especial (los dedos, los músculos), como también un don puede ser la capacidad para resolver ejercicios matemáticos muy rápido, etc.

Por caso es que los dones, tanto en las religiones como en las mitologías han estado siempre muy presentes y vinculados a una santidad o deidad, respectivamente.

Mientras tanto, en el específico caso de la teología cristiana, los dones ocupan un lugar especialísimo, tal es el caso de los dones del espíritu santo, que se consideran como disposiciones permanentes y presentes y que harán al ser humano más dócil, entre ellos se destacan: inteligencia, fortaleza, sabiduría, piedad, ciencia, temor de dios, consejo.

Al mismo tiempo, el nombre don se aplica a algunos individuos como un trato diferencial y para ofrecerles un tratamiento respetuoso. Este nombre se relaciona muchas veces con cuestiones jerárquicas o de tradición. “Don Francisco es el mejor patrón que he tenido en años”.

Cuando hablamos del término don en relación a los vínculos sociales, la palabra se suele colocar al principio del nombre de un individuo para darle importancia o relevancia. Si bien este trato diferencial buscaba establecer jerarquías entre diversos individuos, hoy en día ha caído en desuso, considerándoselo un término más bien tradicional o característico de los ámbitos rurales. En muchos casos, colocar el 'Don' antes de un nombre puede también realizarse con personas a las que se conoce y aprecia especialmente, para marcar este vínculo existente entre ambas partes. Un ejemplo claro de esto es cuando se dice 'Don Pedro' a un individuo al que se conoce.

En tiempos pasados se usaba para referirse a dios y a los santos, luego también se aplicó a los marcas, nobles, arzobispos y cardenales.

El femenino de don es doña.

Las Nuevas Tecnologías



Son evidentes los cambios que las Nuevas Tecnologías están provocando en nuestro estilo de vida. 

Estos cambios se multiplican en el Entorno Empresarial.

La Nueva Economía requiere una adaptación urgente de las Empresas a este nuevo contexto. La adopción de Nuevas Soluciones Tecnológicas es un paso obligado, pero no es suficiente.

El nuevo contexto requiere pasar de los Recursos Humanos a la Gestión de Personas, de los Procesos diseñados e implantados a Procesos de Gestión de Cambios, de Modelos de Negocio tradicionales a la nueva forma de entender las Necesidades de los Clientes. En todos ellos se trata de tomar conciencia del lado humano de la tecnología en los negocios.

Todo ello genera una serie de Retos y Oportunidades para el Entorno Empresarial. Sólo conociéndolo y tomando de nuevas formas de entender los procesos empresariales podremos, no sólo garantizar la supervivencia de nuestra empresa, sino de aprovechar la inmensidad de oportunidades que se nos presentan.


jueves, 11 de octubre de 2018

Identidad Colectiva


Cada persona tiene rasgos físicos, cualidades personales, manifestaciones peculiares en su forma de ser v relacionarse con los demás. Posee recuerdos, experiencias, motivaciones, intereses y expectativas como parte de su constelación personal que caracteriza el modus propio con que aparece a los ojos de los demás y se reconoce a sí mismo.

Nacemos y desenvolvemos nuestras actividades, en lugares específicos, muchas veces consideramos como propios y que el resto de las personas suele reconocer como tales; y en fin, desde nuestro nacimientos o muy cercano a este hecho, se nos asigna un nombre, con el que damos valor legal a los documentos personales, como constancia que legítima nuestra identidad en el conjunto de las relaciones sociales y jurídicas.

Todos estos elementos sirven para que cada persona se reconozca y sea reconocida en su individualidad, lo que contribuye a fijar las diferencias entre "yo" y el "otro".

A rasgos muy generales se menciona entonces la identidad. como una condición y proceso, a través, y en cuyo curso, se logra establecer los límites y peculiaridades que distinguen e individualizan a las personas; doblemente vinculada a la herencia natural y la experiencia vivencial de cada individuo, única e irrepetible por su singularidad, y a la herencia histórico-social de la cual todos somos portadores.

La identidad, más allá de los elementos perceptibles, no es sólo una cualidad implícita en la condición unitaria del individuo; sino que se perfila y enriquece en el decurso de la vida social; en el contacto multinacional con las instituciones, que comienza en la familia, y luego se amplifica a otras diversas estructuras sociales. Con los hábitos, costumbres, actividades, obligaciones y responsabilidades que contraemos y desarrollamos desde pequeños, en el curso de las distintas interacciones sociales que forman parte de nuestras vidas.


De esta manera, todas las estructuras sociales que componen el tejido de la sociedad, gracias a la huella heredada de una generación a otra y al continuo accionar de las personas que en ellas construyen, reproducen y perpetúan el conjunto de peculiaridades que los caracteriza, logran desarrollar sus propias identidades colectivas, cuyos mecanismos funcionales y principios rectores regulan la relación intragrupal y la mediación con las estructuras externas.

Convivencia


Los seres humanos tenemos necesidades básicas para poder sobrevivir. Una de estas necesidades es relacionarnos con otra persona desde el momento mismo de la concepción, hasta poder valernos por nosotros mismos y, en la mayoría de los casos, hasta en la fase final de nuestra existencia.

La Convivencia Humana es una forma de relacionarnos que debemos escoger desde muy pequeños, para poder convivir armoniosamente.

No puede haber solo un “yo” o un “otra” persona, para que una convivencia sea efectiva y positiva, es necesario el amor, el respeto, el perdón y, sobre todo, la tolerancia de aceptar la otra persona tal cual es y si Dios nos acepta como somos, Porque nosotros no podemos_.

“Quien es capaz de vivir en sociedad y no tiene necesidad de ella, porque se basta así mismo, tiene que ser un animal o un dios”. Aristóteles.

El hombre no solo vive, sino que convive, el hombre no puede vivir como hombre sin convivir, sin inter relacionarse con otros hombres.

Los valores nos proporcionan pautas para formular metas y propósitos, personales o colectivos. Los Valores son la base para vivir en comunidad y relacionarnos con las demás personas. Permiten regular nuestra conducta para el bienestar de una convivencia humana armoniosa.

Podemos concluir diciendo que, para que haya una buena convivencia humana, tiene, necesariamente, que haber un mutuo respeto. Como decía Benito Juárez “El respeto al derecho humano es la paz” y así vivir una armoniosa relación, aceptando y respetando el individuo, con sus creencias, culturas y credo.-


El Abuso Emocional Social


Individuos y sociedades sufren cuando falla el attachment, es decir, las relaciones con las figuras e instituciones de referencia. Ya hace una década notamos que la sintomatología de los pacientes que sufrían abuso emocional era similar a los que encontramos como desórdenes grupales en el comportamiento de las personas en el contexto de la sociedad que integran. De allí derivó el nombre de abuso emocional social (Terceras Jornadas de Abuso Emocional y Abuso Emocional Social, Fundación Familia y Comunidad, Buenos Aires, 2002).

La psiquiatra británica Danya Glaser ha definido el abuso emocional como el resultado del maltrato psicológico consistente en acciones u omisiones que, según los parámetros de la comunidad, deben ser considerados como psicológicamente dañinos. Este abuso, a diferencia del físico y del sexual, para ser considerado como tal debe tener un desarrollo temporal y no constituirse en un acontecimiento aislado o de repetición esporádica. También se diferencia porque generalmente el abusador no es consciente de su conducta abusiva.

Hay una larga lista de conductas emocionalmente abusivas, tales como actos de rechazo y estigmatización, de aislamiento, de terror, de exigencias desmesuradas o por el contrario, de “no esperar nada” de esa persona, de sobreprotección o el opuesto, de exponer al otro a experiencias inapropiadas. Dejamos para el final lo que podría ser la forma más sutil y quizás la más destructiva que es la de ignorar al otro como tal, al no tener ninguna disponibilidad emocional para el mismo, al usarlo para fines emocionales propios, la desatención, el abandono. En resumen, lo que hoy en día acertadamente se llama el “ninguneo”.

El abuso emocional produce síntomas: retraso en el crecimiento, inclusive el físico, aumento de la agresividad hétero o auto dirigida, retraimiento, pérdida de la capacidad de solidaridad, depresión con pérdida de la anticipación positiva, aumento del temor hasta puntos de paranoia, conductas desorganizadas y antisociales, a veces en forma de retraimiento y aislamiento marcado. Estos síntomas no sonarán ajenos a lo que percibimos en el cuerpo social actual.

Para continuar este hilo tendremos que recalar en un concepto crucial: la teoría del attachment, cuya paternidad pertenece al psicoanalista inglés John Bowlby. La palabra no es de fácil traducción si queremos ser fieles a su concepto y por ello optamos con conservarlo así (erróneamente se lo ha llamado “teoría del apego”).

El attachment es de origen biológico y evolutivo y se relaciona con conductas instintivas y sistemas de control. Incluye componentes conductuales, sociales emocionales y cognitivos y es una de las propiedades de relación entre un individuo más débil que espera protección de parte de otro más experimentado y con mayores recursos. En esta díada, ambos componentes establecen comportamientos que mantienen la situación de attachment.

ara entender su idea, Bowlby nos invita a observar una pradera: veremos la vaca con su ternero, ovejas con el cordero, y yeguas con el potrillo (o parejas de teros con el terito). ¿Por qué están juntos de esa manera? ¿Para conseguir comida? A poco de observar vemos que en ese sentido se las arreglan muy bien. También observaremos que si la distancia entre madre (figura de seguridad y cuidado) y la cría se hace muy grande, ambos volverán a acercarse con tranquilidad o, si ha habido alguna alarma, a todo galope. Es decir que podemos describir dos funciones: regular la distancia manteniendo la proximidad y otra función de especificidad, que hace que se distinga la especie a la que cada uno pertenece y también cuáles son la madre y la cría.

En el ser humano el attachment también existe, por cierto, pero tiene, además, la característica de durar toda la vida y en este sistema, a diferencia del animal, se instalan vínculos afectivos que pueden ser muy poderosos y duraderos. A medida que avanza la maduración, la figura de seguridad inicial en el attachemnt es remplazado por otras y finalmente, en la adultez, las figuras son remplazadas por las instituciones de la comunidad a la que el individuo pertenece (el equipo de trabajo, la universidad, el club, el grupo religioso o el político).

En las situaciones de grave peligro, estas instituciones, las bases de seguridad, son convocadas no como abstracciones sino en la persona real y concreta de quien las dirige y está a cargo de la seguridad, de su supervivencia (un soberano, un presidente, de carne y hueso en la instancia última).

Cuando el attachment es inseguro o falla por completo, aparecen unas fases muy claras de reacción. Es muy notorio en los niños. La inicial es la de la protesta: hay desasosiego; el bebé quiere recuperar a su madre mediante gritos, llantos, arrojándose al piso y rechazando a quien se le quiera acercar. Todo el proceso tiene que ver con la espera del “regreso”. Luego le sigue el de la “desesperación”. La actividad física disminuye, no pide nada a los que lo rodean, y la actitud es de duelo profundo.

Finalmente, en la tercera etapa aparece un detachment: el niño acepta todo y a todos y si la madre reaparece, reaccionará como si no la conociera.

En esta breve síntesis de un tema de enorme complejidad, no podemos de dejar, al menos, de reconocer lo que le sucede al cuerpo social cuando falla el attachment. La falla principal, salvo los casos de pérdidas irreparables por muerte, se produce, por ejemplo, por serias deficiencias en el cumplimiento de quien está en el lugar de la figura del attachment –base que garantiza la seguridad, desde la que se puede partir para explorar la vida teniendo a donde volver cuando sea necesario (de adultos, las instituciones con sus líderes bien concretos en casos de emergencia)–.

La falla principal es, como entendemos nos pasa hoy y aquí, la ausencia, el abandono, el ninguneo. Ahí brota la protesta: ¡Qué se vayan todos!, seguido por la fase de desesperación y dolor: “No hay salida”; y culminando por el “voto al que sea, son todos iguales”, y yo mientras tanto, “hago la mía como ellos hacen la suya”.

Se instala la “anomia” (Durheim y entre nosotros, J.E. Miguens), esto es, la ausencia de normas, el vacío de solidaridad. Si no hay una ley que me proteja y me haga respetar, para qué habría de protegerla y respetarla si no rige ni sirve. El narcisismo patológico de tantos dirigentes hará patente el abandono en que se encuentra el sistema de attachment.

Y si todo da lo mismo, las normas de seguridad para mí y para los otros también darán lo mismo. El sistema biológico de supervivencia está en jaque. Los “accidentes” que últimamente nos acongojan, preocupan y hasta sublevan, son un síntoma. Como aquél que nos traería un paciente que viene a vernos lastimado una y otra vez “por raras casualidades del destino”(o de los archienemigos) en su contra: trataríamos de hacerle entender qué nos está hablando de lo que profundamente en él está perturbado y de la necesidad imprescindible de un cambio completo en el diseño y objetivos de su vida.

En este sentido, las repetidas tragedias motivadas por lo que llamamos “accidentes” nos dan una oportunidad de entender que cuando los que dirigen no se nos dirigen, el atentado que producen es contra la raíz biológica misma del ser viviente, esto es, de nosotros y de ellos mismos. El resultado seguirá siendo destrucción y muerte.


Mientras tanto, impera y se impone la desesperación seguida por una enorme, frígida distancia en la cual nadie tiene que ver con ninguno: he aquí, en esto, al accidente madre de todos los accidentes.

Valorar El Presente


Vivir el momento presente es algo de lo que todos somos conscientes, pero que muy pocos hacemos realidad debido a las prisas, el trabajo, el estrés y otros muchos factores que hacen que cada día sea como otro cualquiera. Solamente, cuando nos encontramos enfermos o ante una situación adversa somos conscientes del aquí y el ahora, de nuestro presente, ese que ignoramos sin darnos cuenta.

Pero, sacrificar nuestro presente por pensar en el futuro nos impide disfrutar del “ahora”. Este “ahora” que constituye todo lo que tu vida significa, donde se encierra todo lo positivo, toda nuestra felicidad.
“No te detengas en el pasado, no sueñes con el futuro, concentra la mente en el presente”
-Buda Gautama-

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy
Uno de los proverbios más conocidos y que quizás en alguna ocasión hayamos puesto en práctica. Pero, ¿cuánto ha durado? Seguramente, tan solo un día o dos. Las prisas, el estrés y la conciencia de pensar siempre en el futuro nos impiden mirar a nuestro momento presente y ver lo que hemos conseguido hasta el momento. Nos impiden disfrutar de nuestros logros, obligándonos a mirar siempre más allá de nosotros.

Lo curioso es que le damos más importancia a nuestro pasado y nuestro futuro que a nuestro propio presente. Ese que pasa tan rápido delante de nuestros ojos, tanto que ni nos damos cuenta de ello.

Estamos acostumbrados a mirar dónde vamos a pisar, en vez de fijarnos en nuestras propias pisadas.
Esto no quiere decir que no debamos pensar en nuestro pasado ni en nuestro futuro. El pasado nos ayuda a aprender y progresar; y el futuro nos ayuda a conseguir nuestras metas, a motivarnos y soñar con aquello que deseamos. Pero, ¿dónde queda el presente en todo esto?

Valora tu presente, al igual que tu pasado y tu futuro
Evadir el presente es algo que hacemos inconscientemente. Así nos han enseñado y por ello lo ignoramos sin darnos cuenta. Pero, ¿por qué lo hacemos? No vivir nuestro presente nos hace idealizar el futuro en el que siempre pensamos, ese futuro al que nos dirigimos, pero que vemos como algo muy lejano.

Pensamos en un futuro idealizado casi como un sueño que nunca será real.
Como ya mencionamos, el futuro es ese minuto, esa hora que está por llegar. Pensar en el futuro como algo lejano e idealizado es una vía de escape ante un presente con el que no nos sentimos conformes.

¿Por qué pensamos que lo que está por venir será siempre mejor? Porque todas las personas piensan así, pero ¿funciona? Cuídate de idealizar ese futuro en el que piensas, tal vez, cuando llegue te sorprenda la decepción. ¿Esto era todo? Pensarás. Tu futuro será un sueño decepcionante que no te satisfará.


Porque tras llegar a esa meta, seguirás pensando en el día de mañana y así sucesivamente. Siempre intentando ver más lejos cuando deberías ver los pasos que estás dando, cómo verdaderamente estás caminando.

Propósito De Las Habilidades


Las habilidades humanas son todas aquellas habilidades que tiene un ser humano, pero, a mí me gustaría ir más lejos porque la palabra: “habilidades humanas” en si mismo no nos dice más que una definición. Para mí las habilidades humanas son todas aquellas habilidades que te ayudan a mejorar como persona y a tener una mejor vida en todos los sentidos.

Esas son las verdaderas habilidades humanas, las que vale realmente la pena cultivar y mejorar constantemente. Si no cultivas las habilidades humanas que potenciarán tu vida te pasará como a una flor sin agua, poco a poco te irás marchitando hasta que sin darte cuenta terminas prácticamente muerto. Obviamente no estás muerto pero pareces una especie de zombi viviente, casi sin vida propia.

Tener un trabajo no te otorga más vida que ninguna otra persona si tú única tarea es ir del trabajo a casa y de casa al trabajo en una vida que odias. Cuando era adolescente me replanteé varias cosas. La primera era que no me gustaba cómo funcionaba la sociedad: “Ten una carrera para ganar mucho dinero con un trabajo”.

Yo pensaba: A ver, ¿Para qué tengo que ganar dinero con un trabajo? ¿Por qué demonios me tengo que levantar a las 7 de la mañana si lo odio? Prefiero vivir pobre siempre que vivir toda la vida con dinero, pero sin tiempo para mí, odiando mi vida y mi trabajo. Yo creo que en ningún momento razonaba de forma ilógica, al contrario, lo que estaba pensando era muy sensato.

No cesaba de ver a gente que odiaba su vida y su trabajo. Personas que odiaban levantarse cada mañana y yo pensaba: “¿Pero tan malo es vivir de lo que te gusta? ¿Realmente compensa tener que odiar tu vida a costa de tener un coche, casa y vivir de ello?”. Era algo que no me quedaba nada claro y como todo ser vivo yo solo buscaba una cosa: la felicidad.


Así que me empeñé en desarrollar las habilidades humanas al máximo y paradójicamente, perseguir lo que más te gusta en la vida te termina dando más dinero a la larga y mil veces más felicidad. Imagina lo que es hacer de tu vida el sueño que siempre has querido. Y no me refiero a cosas materiales sino a hacer de tu vida lo que más deseas. ¿Dónde te gustaría vivir? ¿Con quién quieres pasar el resto de tu vida? ¿Cómo quieres vivir?