viernes, 6 de marzo de 2020

Laberintos

La vida es como un laberinto, con infinitos caminos y una única salida.


Un día te levantas y tienes un sueño…. Y te imaginas en la salida, todo fluye, es fácil, eres muy muy feliz.

Es como una visión, una intuición, un impulso, una sensación….y de repente sabes que quieres dirigirte hacia ese lugar. Dejas todo lo que estás haciendo en ese momento y te dispones a ponerte en marcha.

Cuando de repente, te miras, chequeas todo el material que tienes en ese momento para comenzar a andar, y te das cuenta…ayyyyy, que te faltan un montón de cosas, y piensas: “cómo las voy a conseguir?”.

Vaya! Y comienzan los miedos, las creencias, los obstáculos que te hacen muy difícil el camino: “qué difícil, no lo conseguiré, hay gente muchísimo mejor que yo, con más años, más experiencia, más guapos, más de todoooooo…aarrgg”.

Y el camino, de repente cambia de color, de forma, de olor, de imagen……no sabes exactamente por qué, incluso llegas a pensar que es culpa de otros, del momento, de la situación……además en algún momento, pasa por tu cabeza, la ínfima posibilidad de pensar que ese sueño, tu sueño, no es para ti.

Y te dicen que puedes, que eres especial, que tu sueño es único, que has nacido para ello, que te motiva, que disfrutas, que se te da de muerte………pufff, pero no lo escuchas.

Y te sientes mal, te empiezan a pasar cosas horrorosas, sientes mucho dolor, físico y emocional, y lloras sol@.

Sientes que has fracasado, y quieres tirar la toalla, pero duele, duele demasiado.

Y un día… de repente,  no lo aguantas más!  Dejas de escuchar tus pensamientos  y  tu solit@, dices ¡Basta YA! ¡Creo en mí,  puedo y quiero  hacerlo, y lo VOY A HACER!

Y lo haces…..vuelves a coger tu material para el viaje, y lo retomas ahora de otra manera diferente.

Te sientes más fuerte, más seguro, con ganas, no esperas nada, sólo lo haces, sientes plena confianza en que va a ocurrir, dejas que fluya y entonces……comienzas a disfrutar del camino, del viaje, del paisaje, y observas a tu alrededor…
…nuevos colores, olores, sonidos, sensaciones que te hacen sentir fenomenal! Las frases que te decía la gente, ahora te resuenan bonito en tu cabeza, en tu corazón, en lo más profundo de tu alma.

Y te sientes libre, tranquil@, presente…….muy muy muy feliz.  Viviendo la experiencia, disfrutando del momento, siendo totalmente consciente que aparecerán nuevas situaciones que te harán sentir mal, y las recogerás, vivirás y aceptarás como parte del viaje, como parte importante de tu aprendizaje.

Y por fin entiendes que sólo fracasas…..si nunca lo intentas.

Y lloras sol@, de emoción, de felicidad.

Un gran momento para dar las GRACIAS  a tod@s los que te han acompañado, acompañan y acompañarán a lo largo de este maravilloso viaje.


Infaltables Avivados


La foto muestra junto a un árbol del ornato callejero, un baldecito, con arena y una supuesta pala porque en realidad es tan sólo lo que se ve: el mango hundido en arena. El resto, la parte metálica de la pala, no existe… Todo es obra de un chico, que se cree “vivo” al que una bondadosa vecina quiso ayudar. Según la vecina, el chico un día llegó a la puerta de su casa solicitando una moneda.
Pedido que atendiera y que ampliara, preguntándole si no se animaba a realizar una “changa”. La señora, quería tener prolijo el frente de su casa y colocar en torno al árbol unas baldosas que faltaban a la vereda. Para ello, acordó que ella le pagaría cierta suma de dinero, le aportaría el portland necesario para la mezcla. Él se encargaría de traer la arena. 

El pasado martes 1º de agosto apareció pero con otro chico, que le ayudaría. Como en realidad no lo esperaba, me había olvidado de comprar el Portland. Lo que siguió era obvio y hasta lo intuyo. El chico planteó que le diera el dinero para ir a comprar media bolsa de portland a la barraca y así comenzar a realizar el trabajo.

Pese a la desconfianza generada por otras experiencias frustrantes, la buena vecina, decidió probarlo. Le entregó el dinero… El chico y su “ayudante” se retiraron de inmediato, rápidamente. Y como lo intuyó, no apareció más. Ahí, como lo muestra la foto, quedó el baldecito lleno de arena, la falsa pala, recostado al árbol, esperando inútilmente. Me imagino que todo será , robado quien sabe de dónde, quizás de un basural porque el balde está rajado y la “cuchara” es solamente ese cabo que se asoma de la arena.

No es la primera y seguramente no será la última vez que pasan cosas así. Porque la gente sana y honrada, siempre tiene la creencia y esperanza que los demás se conduzcan como ellos lo hacen. Lamentablemente los “vivos” no lo entienden y se van cerrando puertas, que pueden afectar a alguien necesitado y que tiene real buena voluntad de trabajar y ganarse dignamente el dinero de una changa. Así se corre el riesgo de que justos paguen por pecadores.

Lástima que no entiendan esa realidad. Hay quienes así van generando rechazos y actitudes que no son las correctas, pero que las inconductas como estas, alientan permanentemente para desgracia de las buenas personas. Esto lo denunció C.E. y no es la primera que enfrenta este desaire de alguien que necesita que le ayuden.




Aunque Nos Disguste


Un porcentaje no pequeño de nuestras decisiones y conductas se anima por el “juicio del gusto”. No pocas veces involucran sentimientos muy profundos. Compras, ventas, matrimonios, partos o sepulturas… suelen asumirse por un desplante patente o latente del “gusto” que nos impone e inspira un objeto o un sujeto. ¿De qué depende que algo nos guste, nos disguste o deje de gustarnos?  ¿Somos, acaso, una especie hedonista y frágil a la que se ha victimado fácilmente por la vía de seducirla con sus “gustos”. Nos guste o no aceptarlo?

También el capitalismo aprendió a dominarnos por nuestros “gustos” y nos enseñó a gustar de la dominación misma. Luego de chantajearnos por los alimentos, por nuestros miedos, por la vivienda… por lo básico, el capitalismo entendió que podía vendernos lo que nos place y hacer con la dominación de los “gustos” un negocio inmenso. Rápido nos educaron para que nos gustaran los “gustos” del patrón, su forma de vida, sus valores, sus comodidades y su poder. Rápido nos educaron para que dejaran de gustarnos nuestros pares y comenzaran a ser de nuestro “gusto” todas las personas y las cosas que nacen, crecen y se reproducen en el seno de la clase que nos explota. Y nos educaron para comprar y comprar todo lo que ellos inventan pero, eso sí, con “gusto”, como el “buen gusto”.

Parece ser factor decisivo ante los “gustos” el -nada infrecuente- componente irracional de sus causas y sus efectos. ¿Por qué se gasta lo que se gasta en el mundo en juguetes bélicos para niños? ¿Por qué se invierte lo que se invierte en bebidas alcohólicas, gaseosas y todo género de cotillón para “animar” fiestas o celebraciones variopintas? ¿Por qué se consume “con gusto” la masa ingente de películas, series televisivas, programas, música, noticieros y en general mercancías ideológicas burguesas? ¿Por qué la adquisición de ropa, maquillajes y parafernalia de moda a cualquier costo y con calidades dudosas?¿Por qué nos gusta endeudarnos, por qué nos gusta embrutecernos, por qué nos gusta pelearnos?

Y a pesar de todos los enigmas que rodean al “juicio del gusto” (es decir a nuestra capacidad de afirmar o negar algo sobre lo que nos gusta) nada de lo que se diga sobre los “gustos” está exento de la lucha de clases ni de la influencia histórica que imprime, en toda conducta, la ideología de la clase dominante. Simplismos al margen. En el objeto o sujeto de nuestros “gustos” o disgustos se objetiva la escala completa de lo que sabemos y de lo que ignoramos. Todos nuestros parámetros se cimbran. ¿Lo que nos gusta o disgusta proviene de lo que nos enseñaron en casa, en la escuela, en el trabajo, en la iglesia o en la tele? ¿Nos “gusta” sólo aquello que conocemos o lo que desconocemos también, nos gusta lo que les gusta a todos o lo que nos hace distintos? ¿Nos gustan las combinaciones, las mezclas o las ambigüedades? ¿De dónde sacamos que nos gusta lo que nos gusta?

Y más complejo es saber por qué nos “gusta” lo que nos daña. Por qué aceptamos con gusto hacer, decir, pensar e imponer como modelos de vida “gustos” cuya consecuencia -de corto o largo plazo- será algún daño a la salud, a las relaciones sociales, a la política o al planeta entero. ¿Nos gustan las películas de Hollywood, las telenovelas, las tele-series, fumar, alcoholizarnos, drogarnos… financiar dependencias de todo tipo y contribuir a enriquecer mafias a granel?

Por colmo, transferimos “gustos” a nuestros hijos o amigos porque esa transferencia es un ejercicio de poder con el que hacemos reinar la parte más individualista de nuestra “estética” que, por cierto, suele no ser tan individual como creemos. Por una y muchas razones la crítica a los “gustos” suele tomarse como una agresión que ofende fibras muy sensibles y suele irritarnos hasta lo irreconciliable. Incluso quedan aún zonas de pudor que se lastiman cuando alguien descubre algo que nos gusta y que nos es difícil de aceptar. De ese alguien se espera la complicidad y silencio con que se forjan asociaciones estéticas que incluyen, no sin frecuencia, alianzas patológicas en sentidos varios. Adictos se les llama. ¿Por puro “gusto”?

En el almacén demencial de mercancías -que el capitalismo nos impuso como si fuese la vida misma- abarrotado con no pocos objetos inalcanzables e inútiles, se impuso un criterio resbaloso para impulsar el consumismo a destajo y ese criterio se funda en el “gusto”. Se compra el televisor que “gusta” para ver los programas que “gustan” y toda la publicidad que “gusta” a un pueblo anestesiado con “gustos” de mercado y estética de clase. Se compra la licuadora que “gusta”, el abrigo, las cucharas, los muebles… y principalmente el “status”, lo distintivo, la plataforma ideológica que facilita la ilusión de pertenencia al mundo del patrón y al universo de sus “gustos”. Cueste lo que cueste.


Las Alternativas


Cada uno de nosotros tenemos dos alternativas distintas para decidir sobre que hacemos con nuestras vidas.

La primera alternativa es decidir ser menos de lo que lo que somos capaces de ser. Ganar menos. Tener menos. Leer menos y pensar menos. Intentar menos y tener menos disciplina. Estas son las elecciones que nos llevarán a una vida vacía. Estas son las elecciones que, una ves hechas, nos conducen a una vida de constante aprensión en lugar de una vida de maravillosa anticipación.

Y la segunda alternativa?
Hacer todo lo que podamos! Convertirnos en todo lo que podamos llegar a ser. Leer cada libro que podamos. Ganar tanto dinero como el que podamos. Dar y compartir tanto como podamos. Esforzarnos y producir hasta conseguir tanto como podamos. Todos tenemos estas alternativas.

Hacer o no hacer. Ser o no ser. Ser más o ser menos, o no ser nada.

Como el árbol, sería un valioso reto para todos nosotros crecer y crecer hasta alcanzar la altura completa de nuestras posibilidades. Porque no intentar hacer todo lo que esté a nuestro alcance, a cada momento que podamos, lo mejor que podamos, por tanto tiempo como podamos?

Nuestro objetivo final en la vida debería ser crear tanto como nuestro talento y habilidades y deseos nos permitan. Conformarnos con hacer menos de lo que podemos es fallar en la tarea más digna de emprender.

Los resultados son la mejor medida del progreso humano. No son las conversaciones, ni las explicaciones, ni las justificaciones sino los resultados! Si nuestros resultados son menores de lo que nuestro potencial sugiere que podrían ser, entonces debemos esforzarnos hoy por convertirnos en más lo que éramos ayer.

La mayor recompensa está siempre reservada para aquellos que atraen gran valor hacia ellos mismos y al mundo que los rodea como resultado de lo que han llegado a convertirse.


Sentido De Pertenencia


El concepto de sentido de pertenencia es esencial para construir la identidad y la subjetividad de una persona. Hablamos así de elementos que nos hacen sentir parte de algo colectivo, grupal, que nos da subjetividad pero en el entorno de un grupo de personas con las que podemos compartir un sinfín de cosas.

La individualidad se construye en conjunto con otras personas

Cuando intentamos definir el concepto de sentido de pertenencia nos encontramos con un dilema muy importante: el pertenecer nos habla de ser parte de un grupo, de un colectivo de personas. Aquí debemos entonces señalar que nuestra individualidad es en gran parte aportes que elegimos nosotros tanto a nivel conciente como a nivel inconsciente y la construcción que hacemos de ella es absolutamente única en cada caso.

Sin embargo, todos esos elementos son parte de algo más complejo que es la sociedad o la comunidad y por lo tanto no pueden estar aislados de ella. Al estar en ese marco, podemos decir que nuestra identidad se elabora a partir del entorno y de aquellas personas y fenómenos sociales que nos rodean, que son esos y no otros por una razón social también.

Cuando nos sentimos parte de algo mejora nuestra calidad de vida

Como seres sociales que somos, está claro que sentirnos parte de un conjunto o de un colectivo social nos ayuda a subir nuestra autoestima, a sentirnos reconocidos, etc. El sentido de pertenencia social se puede hacer presente de muchas maneras diversas: uno puede sentirse parte de una nación, de una religión, de una convicción o creencia política o simplemente ser admirador en conjunto con otras personas de determinados estilos y grupos artísticos, deportivos o culturales.

El sentido de pertenencia también puede construirse en base a colectivos sociales que determinan nuestra vida, por ejemplo como pasa con el colectivo LGBT que agrupa a aquellas personas que escapan a las reglas del patriarcado, o al feminismo, determinadas agrupaciones sociales y de protesta, etc. Todos estos ejemplos son claros en lo que hace a que una persona se sienta acompañada y parte de algo mucho más fuerte que la identidad individual.

Desde siempre, los Estados locales o nacionales han necesitado generar y consolidar sentimientos de pertenencia que tuvieran que ver con identificaciones más emocionales que racionales. Las mismas han variado en gran parte según el contexto histórico, pero han ido desde lo político (por ejemplo, la necesidad de construir una identidad o pertenencia nacional) pasando por lo religioso (como cuando la religión se ha convertido en un elemento definitorio de la pertenencia a una comunidad) hasta lo social (cuando determinados movimientos políticos llegan al poder y construyen identidad de clase desde allí).

En todos los casos, tiene que ver con la necesidad de aglutinar a las poblaciones detrás de ciertas ideas, convicciones o sentimientos que nos hacen sentir plenos y acompañados por muchos otros individuos.

Saber Poner Límites

Si te faltan al respeto, pon límites y protégete de las agresiones (directas o indirectas). No hemos venido a este mundo para soportar agresiones (por muy veladas que sean estas), y menos aún cuando no hemos hecho nada para merecerlas. Piensa que no podemos controlar el comportamiento de todas las personas, pero sí podemos aprender a establecer límites y consecuencias cuando alguien los traspase.

Hemos llegado a normalizar la falta de respeto como algo que forma parte, sobre todo, de las relaciones de poder. Como si fuera una base tolerable en las relaciones entre personas de «diferentes niveles de una jerarquía». Nos excusamos y excusamos a los otros. «Bueno… es tu jefe, no te queda otra que aguantarlo.», «A ver… no esperes que te vayan a tratar bien si has llegado nuevo a ese trabajo», y un gran etcétera…

La línea que separa lo que es tolerable y de lo intolerable se vuelto borrrosa, como si fuera un trazo a lápiz sobre el que hemos pasado repetidas veces el dedo. Por otro lado, cada uno tiene la capacidad y la obligación de poner sus propios límites. No obstante lo que sí es cierto es que en muchas ocasiones nos encontramos a nosotros mismos dudando si algo ha sobrepasado los límites del respeto en una relación, o no.

Por ello es fundamental dejar claro qué vamos a tolerar y qué no vamos a tolerar en una relación. Con nuestros amigos, con los conocidos, con los compañeros de trabajo, con la familia… Hagamos un esfuerzo por ser escuchar las señales de nuestro cuerpo cuando alguien está sobrepasando la frontera.

Cuando el respeto hacia nosotros está siendo violado. Nuestro cuerpo es sabio y siempre nos avisará de ello. Escucharle y ser conscientes de él es nuestra tarea.

En las relaciones humanas nadie es superior a nadie. Todos somos diferentes y desempeñamos actividades diferentes, pero nadie es «humanamente superior» a nadie. Por tanto si permitimos que alguien nos dañe o nos hiera no deberíamos pensar la superioridad es una razón válida.

Aquello que no existe, no puede ser una razón. Además, que exista no implica necesariamente que lo sea.

Por esta regla de tres todas las personas «superiores» a nosotros tienen el derecho de herirnos y dañarnos. Si nadie es superior a nadie, entonces quizá sea bueno que te plantees hasta qué punto le estás dando ese poder TÚ mismo. Ese poder que otro de partida no tiene.

Nos encontramos dando poder a determinadas personas para herirnos, y hacernos sentir mal. ¿Cómo? Asumiendo su falta de respeto como algo natural, como algo que le permitimos. Como algo que le dejamos hacer. Te dejo entrar en mi castillo y además te dejo que hagas con él lo que quieras.

Hay muchas maneras en las que dejamos que los otros se sobrepasen y en las que les mandamos señales para «invitarles» a hacerlo. Por ejemplo, cuando alguien nos ha hecho sentir muy incómodos con algún comentario referido a nosotros. En vez de hacerlo saber, callamos y lo silenciamos. Lo guardamos en nuestra particular mochila de reconres guardados. Así, convertimos su falta de respeto en veneno para nosotros.

Aunque aguantar una falta de respeto en un determinado momento sea una cuestión de «supervivencia», no significa que la inmensa mayoría lo sean. Si alguien nos está faltando al respeto con frecuencia hemos de plantearnos si lo estamos «aceptando» para poder «sobrevivir» o porque no somos capaces de poner nuestros limites y no nos valoramos ni queremos lo suficiente.

Hagamos La Diferencia


“Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar el dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para crear impresiones que no duran, en personas que no nos importan”, Emile Henry Gauvreay. 
Si nos dejamos llevar por lo que nos rodea, es mucho más común copiar e imitar lo bueno o malo que hacen otros, simplemente porque lo vimos, nos gustó; no nos pusimos a pensar si eso era apropiado para nosotros o no, pero nos pareció que estaba bien y lo asumimos para nosotros. Por lo mismo, nuestra sociedad ha caído en un círculo vicioso en que alguien saludó de un modo y todos lo correspondemos y hacemos igual sin preguntarnos qué implica o de dónde proviene; o bien, por qué alguien empieza a usar un tipo de ropa y nosotros también. 
Claro está que no debemos ser ni excéntricos ni raros, si queremos convivir armoniosamente con nuestro entorno y pretender conservar nuestra manera de ser y todavía conservar comunicación con los que nos rodean, pero es lamentable cuando nos dejamos llevar por lo que hace el resto hasta el punto de perder nuestra identidad, la manera en la que fuimos formados y lamentablemente no podemos negar que perdemos los valores y costumbres en que nosotros fuimos criados por nuestros mayores.

Si se invirtiera el proceso y nos tomáramos el trabajo de analizar y evaluar lo que nuestro derredor hace y preguntarnos qué es lo que quieren comunicar o qué mensaje están comunicando los que me rodean, posiblemente seríamos mucho más cuidadosos de asimilar costumbres, prácticas y modalidades que vemos en los demás. Y seguramente valoraríamos lo que se nos enseñó y trataríamos de afirmar nuestra identidad, al punto que podamos ser ejemplo no para que se nos reconozca, sino que puedan ver un modo de vida.

No podemos negar que nuestro medio busca modelos para copiar o alguien que los ayude a hacer las cosas de diferente modo, que no se hagan por el simple hecho de hacer, sino porque tiene razón de hacerse. A la luz de esta realidad, ¿por qué no ser iniciadores propositivos que puedan generar cambios para recuperar el terreno perdido en lugar de estar simplemente ensayando con lo que vemos en otros? Así viviríamos la vida, con sentido y propósito.

El dicho tan popular que se dice en la calle termina siendo verdad: “A donde va Vicente, va toda la gente” Claro está si no sé a dónde ir, seguiré a alguien más, pero no es así en el caso que sé qué quiero en la vida y sé dónde quiero llegar. Averiguo si el modo y camino me permitirán llegar a buen destino y de ese modo no vivir con frustraciones y disgustos.

En primer lugar debemos aceptarnos, luego determinar, o bien, fijar nuestras metas con claridad y de allí empezar a definir la vida que queremos vivir, no tanto por lo que los demás hacen o dejan de hacer. Si me miro en el espejo, ¿qué quiero comunicar? Si hablo, ¿qué es lo que quiero comunicar? Cada cosa que hago debe tener sentido, propósito y valor. Así puedo proyectar un modo de pensar personal que no solo lo tengo, pero también lo puedo comunicar a mi gente.

Cada minuto que vivimos tiene valor y razón para la totalidad e integralidad de la vida que con el favor de Dios viviremos, por ello empecemos a valorar la vida como tal, acciones y conducta que la acompañan y dejemos de ser como el resto para ser lo que queremos ser en lo que nos resta para vivir.

Bienvenido a una vida con propósito y disciplina productiva.


Imaginación Y Realidad

La ciencia está descubriendo que la imaginación juega un papel fundamental en la percepción que tenemos de la realidad y en la elaboración de los recuerdos, los sueños y los pensamientos. La inteligencia depende de ella, al igual que la creatividad, y solo potenciándola podemos avanzar hacia una sociedad más sana y más sabia.

El escritor Gabriel García Márquez afirmó en una ocasión: “La vida no es lo que uno vivió, es lo que uno vivió y cómo lo recuerda para contarlo”.

Efectivamente, lo que vives y lo que recuerdas está impregnado de imaginación. Fuente de placeres y temores, de descubrimientos y creaciones, la imaginación no es una facultad menor, sino esencial en nuestra vida interior.

¿Qué es la imaginación?
Numerosos filósofos han visto en la imaginación una dimensión clave de la actividad mental; en cambio, la psicología desdeñó durante mucho tiempo el papel de la imaginación, considerándola como una facultad marginal, que nada tendría que ver con otras más elevadas, como la percepción o el conocimiento.

Sin embargo, la ciencia contemporánea está descubriendo que la imaginación es una función cognitiva fundamental, que desempeña un papel clave en todas las formas de vida mental, desde la percepción a los recuerdos, sueños y pensamientos.

Gracias a la imaginación podemos pensar más allá de los confines de nuestra situación inmediata, generando vívidos contenidos mentales con los que podemos revaluar el pasado o evocar un posible futuro.

La mayoría de las ideas, por más abstractas que parezcan, nacen como imágenes. De hecho, etimológicamente, la palabra griega idea significa “visión”. En este sentido, idear es imaginar. Pero la imaginación no solo surge de las imágenes. También puede ser desencadenada por una descripción verbal, al leer una novela o un poema, por ejemplo.

En cualquier caso, sin imaginación no habría lenguaje. Aprendemos a leer gracias a la imaginación, que convierte marcas de tinta sobre un papel en evocaciones de cosas ausentes. El poder transformador de la imaginación es tan grande que la simple lectura de un texto escrito puede llegar a conmovernos profundamente.

Su relación con la inteligencia
No hay “inteligencia artificial”: la verdadera inteligencia es natural –y cordial: arraigada en el corazón–. Sin imaginación no habría creatividad: todo sería predecible y aburrido. La imaginación es vida.

Empatía: imaginar a los demás
La empatía, la capacidad de conectar con lo que siente otra persona, sería imposible sin la capacidad de imaginarnos viviendo la experiencia ajena. Cuando siento empatía, una parte de mí deja de estar aquí y, a través de la imaginación, viaja hacia ti. En cambio, el psicópata y el tecnócrata son incapaces de imaginar en el otro la interioridad que lo convierte en persona. Solo ven lo que atañe a sus propósitos.

Por eso señalaba el psicólogo James Hillman que “una educación que de algún modo descuida la imaginación es una educación para la psicopatología”.

El ser humano es un ser imaginativo. La imaginación, estrechamente relacionada con los recuerdos, las fantasías, los sueños y la percepción, pertenece al núcleo de la mente y de la conciencia. Hoy sabemos que la imaginación moviliza las mismas capacidades neuronales que la visión precisa y la cognición, y que no se localiza en un área específica del cerebro.

La imaginación visual a veces se sitúa en la parte posterior de la corteza cerebral, pero en otros casos no. De hecho, las personas que pierden su córtex visual en un accidente son ciegas, pero la mayoría de ellas pueden visualizar perfectamente a través del ojo interior de la imaginación.
Incluso pueden tener vívidas alucinaciones, como si su imaginación visual fuera más poderosa que antes. En realidad, múltiples áreas del cerebro entran en actividad cuando imaginamos. Neurológicamente, la imaginación es un proceso múltiple, dinámico y no-lineal, todo lo cual puede tener que ver con su carácter espontáneo.

¿Cómo podemos entender la imaginación a nivel neurocientífico?
Sin embargo, el rastro de la imaginación no se limita al cerebro. Se ha demostrado que cuando una persona visualiza un objeto o una situación, sus ojos se mueven como si lo percibiera y no solo como si se lo figurara.

Cuando imaginas un rascacielos, tus ojos tienden a moverse arriba y abajo, como si estuvieras abarcando toda su altura, mientras que si imaginas el paso de un vehículo, tus ojos se moverán horizontalmente. Algo semejante se aplica al movimiento corporal.

Neurológica y fisiológicamente imaginar una acción es semejante a realizarla. Si visualizas que levantas con tus brazos un objeto pesado, habrá actividad eléctrica en tus brazos, por más que estés en reposo.

La imaginación y la percepción son actividades distintas, pero están más relacionadas de lo que pudiera parecer. Son parte de un continuo que tiene en un extremo la imaginación libre y espontánea y, en el otro, la percepción nítida de algo que tenemos ante nosotros.

Entre uno y otro extremo, en la mayor parte de nuestra experiencia confluyen imaginación y percepción. Vemos formas de animales en las nubes o, en un ejemplo clásico de la tradición filosófica india, podemos asustarnos ante una serpiente y luego darnos cuenta de que era una cuerda.

La fusión de imaginación y percepción que se da en estos casos, así como en las ilusiones ópticas, sucede igualmente, más sutil, en la vida cotidiana. La imaginación nos permite relacionar e interpretar lo que percibimos, dándole así sentido.

Francisco Varela, pionero de la ciencia cognitiva, llegó a afirmar que la percepción ordinaria es una forma de imaginación que se ve limitada por lo que nos brindan los sentidos.



Nuestro Compromiso


Solidaridad es el apoyo a una causa o al interés de otros, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles. En su acepción derivada del ámbito jurídico tiene un componente de compromiso y de responsabilidad contraída por cada uno de los sujetos implicados. 

En el concepto actual permanece la idea de “compartir” algo inexorablemente sin poder “dividirse” de la responsabilidad asumida por el grupo. Es decir, el destino del grupo se convierte en destino asumido en totalidad por cada uno.

En la actualidad se está trabajando en la definición del derecho humano a la solidaridad, que se apoya en el art. 28 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y en el que se dice que “toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos”. El objetivo general de este derecho a la solidaridad internacional será crear un entorno propicio en el que todos los derechos humanos, incluido el derecho al desarrollo, puedan ser progresivamente realizados por todos los pueblos y las personas a través de las medidas de cooperación internacional y solidaridad adoptadas por los Estados, las organizaciones internacionales, la sociedad civil y todas las demás partes interesadas.

Por eso, toda medida orientada a promover el desarrollo debe tener en cuenta la defensa de lo público para asegurar la cohesión social y la resolución de los problemas globales que nos afectan. Es necesario un contrato social fundamentado en la redistribución de la riqueza y en una mirada de derechos humanos que supere el asistencialismo, que promueva esa idea de la corresponsabilidad que recoge el concepto de solidaridad.

Nos encontramos ante tres desafíos que nos afectan local y globalmente: la pobreza, la desigualdad y la sostenibilidad, y es necesario abordarlos desde la raíz. 

Es importante y necesario trabajar para educar y educarnos en la virtud solidaria, distintiva de la comunidad del hombre, reconociendo que moralmente es necesario darles mayor peso a este comportamiento de apoyo a los demás, sin descuidar a nuestra propia personalidad.

Compromiso, es la palabra que habla con valentía de nuestras intenciones, se lo puede observar en los diferentes contextos en los que el hombre vive, como lo es el trabajo, colegio, universidad, en la calle, se presenta en cualquier momento, se lo aplica y se expresa con aquella actitud que nos inclina a responder favorablemente a las necesidades de nuestro grupo, de nuestro prójimo y una forma de conducta cuando se concretiza en acciones.

 Compromiso es lo que transforma una persona en realidad, es la acción que habla más alto que las palabras, es hacerse el tiempo cuando no lo hay, es cumplir con lo prometido cuando las circunstancias se ponen adversas. 

Compromiso es el material con que se forja el carácter para poder cambiar las cosas, es el triunfo diario de la integridad sobre el escepticismo, pues hemos nacido para colaborar.
Solidaridad es el apoyo a una causa o al interés de otros, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles. En su acepción derivada del ámbito jurídico tiene un componente de compromiso y de responsabilidad contraída por cada uno de los sujetos implicados. 

En el concepto actual permanece la idea de “compartir” algo inexorablemente sin poder “dividirse” de la responsabilidad asumida por el grupo. Es decir, el destino del grupo se convierte en destino asumido en totalidad por cada uno.

En la actualidad se está trabajando en la definición del derecho humano a la solidaridad, que se apoya en el art. 28 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y en el que se dice que “toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos”. El objetivo general de este derecho a la solidaridad internacional será crear un entorno propicio en el que todos los derechos humanos, incluido el derecho al desarrollo, puedan ser progresivamente realizados por todos los pueblos y las personas a través de las medidas de cooperación internacional y solidaridad adoptadas por los Estados, las organizaciones internacionales, la sociedad civil y todas las demás partes interesadas.

Por eso, toda medida orientada a promover el desarrollo debe tener en cuenta la defensa de lo público para asegurar la cohesión social y la resolución de los problemas globales que nos afectan. Es necesario un contrato social fundamentado en la redistribución de la riqueza y en una mirada de derechos humanos que supere el asistencialismo, que promueva esa idea de la corresponsabilidad que recoge el concepto de solidaridad.

Nos encontramos ante tres desafíos que nos afectan local y globalmente: la pobreza, la desigualdad y la sostenibilidad, y es necesario abordarlos desde la raíz. 

Es importante y necesario trabajar para educar y educarnos en la virtud solidaria, distintiva de la comunidad del hombre, reconociendo que moralmente es necesario darles mayor peso a este comportamiento de apoyo a los demás, sin descuidar a nuestra propia personalidad.

Compromiso, es la palabra que habla con valentía de nuestras intenciones, se lo puede observar en los diferentes contextos en los que el hombre vive, como lo es el trabajo, colegio, universidad, en la calle, se presenta en cualquier momento, se lo aplica y se expresa con aquella actitud que nos inclina a responder favorablemente a las necesidades de nuestro grupo, de nuestro prójimo y una forma de conducta cuando se concretiza en acciones.


Compromiso es lo que transforma una persona en realidad, es la acción que habla más alto que las palabras, es hacerse el tiempo cuando no lo hay, es cumplir con lo prometido cuando las circunstancias se ponen adversas. 

Compromiso es el material con que se forja el carácter para poder cambiar las cosas, es el triunfo diario de la integridad sobre el escepticismo, pues hemos nacido para colaborar.


Libertad De Opinión


Aprendemos de la diversidad de opiniones

Si nos descuidamos un poco, estaremos actuando como los demás quieren que lo hagamos. Que digamos lo que ellos deseen y que callemos lo que a los otros les parece mal. Así muchos se encuentran asintiendo a todo lo que les dicen, nunca oponiéndose a algo. Sin embargo, cuando no están los otros presentes, se desahogan criticando y señalando lo que les parece mal.

Está bien respetar a los demás. Es una buena práctica de relaciones humanas. Sin embargo, esto debe ir equilibrado con el respeto a ti mismo. Las opiniones de los demás son importantes, pero también lo son las tuyas.

Es correcto no ser destructivo, pero también tienes derecho a dar tu opinión y tu punto de vista. No tienes por qué estar de acuerdo con todo. Es más, aprendemos de la diversidad de opiniones y ellas nos permiten mejorar nosotros y mejorar los procedimientos.

La sinceridad en tu palabra permitirá ganarte el respeto y confianza de los demás, naturalmente con criterio y respeto.

Que tú sí sea sí y tú no sea no.

jueves, 5 de marzo de 2020

La Red Que Atrapa

Esta es una obra de pensamiento libre en el que el autor se ha aventurado a explorar las tendencias de un nuevo mundo.


¿Por qué el título de Atrapados por el futuro? Porque el lector podrá ir comprendiendo las ideas que trata de exponer el autor que entiende que el porvenir empieza a emitir una sintomatología mucho antes de que las personas lleguemos a tomar conciencia y seamos capaces de racionalizar lo que está sucediendo.

Por eso el futuro tiene vida antes de que seamos conscientes de su llegada. Sin pretender tener certeza sobre lo que va a suceder, el autor trata de prever acontecimientos.

Sin duda pensar sobre las orientaciones del futuro no es una acción baldía, más bien parece una reflexión conveniente cuyo objetivo no es tanto acertar, sino tomar conciencia de que la vida va a cambiar drásticamente y preparar la mente para ello.

Y eso es justo lo que pretende el autor, crear debate en cada lector consigo mismo o con otras personas para tomar conciencia de qué y cómo debemos reajustar nuestros comportamientos sociales y personales. Esta es una obra de pensamiento libre en el que el autor se ha aventurado a explorar las tendencias de un nuevo mundo.

Es un libro de aventura y exploración.Lo único que, probablemente, tenía claro el autor al comenzar a escribir este libro era la siguiente pregunta: ¿qué orientaciones y consejos me permitiría dar a mis hijos que les resultaran útiles para viajar por el nuevo mundo que les espera? Y con solo ese bagaje y muchas buenas intenciones, se va, poco a poco, adentrando en tratar de interpretar las sintomatologías que se perciben para proyectarlas en un posible dibujo del futuro.

¿Por qué el título de Atrapados por el futuro? Porque el lector podrá ir comprendiendo las ideas que trata de exponer el autor que entiende que el porvenir empieza a emitir una sintomatología mucho antes de que las personas lleguemos a tomar conciencia y seamos capaces de racionalizar lo que está sucediendo.

Por eso el futuro tiene vida antes de que seamos conscientes de su llegada.

Sin pretender tener certeza sobre lo que va a suceder, el autor trata de prever acontecimientos.

Y eso es justo lo que pretende el autor, crear debate en cada lector consigo mismo o con otras personas para tomar conciencia de qué y cómo debemos reajustar nuestros comportamientos sociales y personales.


Irradiar Confianza


Para irradiar positivismo y bienestar a los que nos rodean basta con ser más amable y saber valorar las pequeñas cosas. No podemos olvidar que obtenemos lo que damos. 

Todos sabemos que tener una mente positiva e irradiar positivismo y buenas energías a los demás nos puede facilitar la comunicación y las relaciones.

Ver el lado amable de cada situación y estar dispuestos a apoyar a otros es una cualidad tan especial que, incluso, influye en nuestro atractivo.

Aunque está claro que no siempre podemos mantener esa actitud, existen algunos ejercicios que nos ayudan a irradiar positivismo la mayor parte del tiempo.

Eso sí, no se trata de fingir o disfrazar las emociones cuando en realidad no se sienten ganas. Lo que se busca es fortalecer las buenas vibraciones y los pensamientos, en especial al tratar con otras personas.

Aquellas personas que viven quejándose de cada situación de su vida suelen considerarse tóxicas en el momento de establecer algún tipo de vínculo.

Ninguna persona se siente cómoda con alguien que solo ve el lado negativo de la vida y que, de una u otra forma, pretende que los demás también lo hagan.

Las quejas nunca son la solución para los problemas y pueden convertirse en un obstáculo para dar pasos significativos.

La empatía es una cualidad que pocas veces se siente con total sinceridad. Sin embargo, aprender a ponerse en el lugar del otro y demostrarlo mediante hechos es bastante bueno para todos.

Con esta se fortalece la confianza, se mejora la comunicación y se facilita la solución de muchos inconvenientes que pueden afectar las relaciones sociales.

Nadie está a salvo de atravesar una situación difícil y negativa. No obstante, contar con una persona positiva y alegre puede ser clave para superarlo.

Apoyar, aconsejar y brindar palabras amables en este tipo de situaciones es una de las mejores maneras de irradiar buenas vibraciones.

Hay múltiples formas de demostrar agradecimiento con los demás cuando estos nos hacen un favor o algo para mejorar nuestra vida.

Unas palabras amables, una nota o alguna invitación especial son sencillas maneras de ser agradecidos por las cosas buenas que nos aportan.

Si bien muchos actúan de manera desinteresada, lo mínimo que se debe hacer es demostrar que su ayuda fue significativa.

El miedo suele ser uno de los mayores obstáculos entre aquellos que no salen de su zona de confort.

Aunque a veces puede evitar situaciones peligrosas, casi siempre impide que la persona realice aquello que tanto desea.

Soltar los miedos y atreverse a asumir las consecuencias es una excelente manera de aumentar los pensamientos positivos y las buenas energías.

Una persona que se atreve a vivir sin negaciones, sin temores y dispuesta a correr riesgos puede transmitir muchas cualidades buenas a los demás.

¿Te das cuenta de todo lo que puedes hacer para irradiar lo mejor de ti? Anímate a aplicarlo en tu día a día y descubre el impacto que tiene para tu vida y tus relaciones. ¿Preparado para irradiar positivismo?

Las Circunstancias


Filosofía

Cuando alguien te dice: “mira es que yo soy yo y mi circunstancia”, entendemos que nos está queriendo decir que no todo lo que le sucede depende de él, que él o ella no son del todo responsables porque también han influido las circunstancias.

Se trata de una famosa frase del filósofo español Ortega y Gasset. ¿Está el filósofo proporcionando una forma de excusarnos, de no ser del todo responsables de lo que somos?

 Es increíble lo que sucede con algunas frases de la filosofía: cuando pasan al lenguaje cotidiano, cambian totalmente de sentido. Ortega decía que el “yo” era uno de los ingredientes de mi vida y que había otro ingrediente y este era “la circunstancia”.

Por “circunstancia” entendía literalmente lo que está a mi alrededor, “circum-stancia”, lo que me circunda. Somos un organismo vivo. Un organismo vivo tiene su medio, decimos que la vida de un organismo está formada por el propio organismo y su medio, forman una unidad, lo que quiere decir que si cambia el medio cambia al organismo y viceversa (esto es importante).

Ahora bien, aun siendo organismos vivos, en los seres humanos hay algo más. Los humanos tenemos logos, pensamiento, y por tanto buscamos sentido en las cosas. Nos preguntamos el porqué y el cómo de lo que somos.

Yo tengo mis circunstancias, mi paisaje por así decirlo. Pero puedo explicarlas, encontrarles un sentido, y de esa manera hacer un acto creador al transformarlas en discurso.

A Ortega le gustaba mucho la siguiente anécdota de Heráclito. Encontrándose Heráclito en su cocina (hecho insólito, supongo, en la Antigüedad), se aproximaron unos discípulos, en buena parte embarazados por encontrarse con el maestro en ese lugar. 

Heráclito los animó a pasar, diciéndoles: “Aquí también están los dioses”. O sea, también esta circunstancia tiene valor, también merece ser explicada mediante el logos.

Esta famosa frase tiene un agregado, una segunda parte que dice así: “si no la salvo a ella, no me salvo yo” (refiriéndose a la circunstancia). Si yo explico mi medio, lo salvo del silencio y del sin-sentido. A eso es a lo que nos invita Ortega y Gasset.


Los Imponderables


En comunicación uno puede planear todo, menos lo que sucede inesperadamente. Es una obviedad, pero es también una de esas cosas que siempre hay que tener presente. Hay situaciones que no pueden preverse ni siquiera en su mínima dimensión. No son crisis que pueden dibujarse en escenarios posibles, son imponderables. 

Un imponderable es, según la Real Academia Española, una circunstancia imprevisible o cuyas consecuencias no pueden estimarse. Veamos algunos ejemplos.

En el nivel local, un caso prototípico de imponderable es la crisis del campo que atravesó toda la primera mitad de 2008 en la Argentina. ¿Alguien en el gobierno podía prever que el campo se tornaría un adversario político de tamaño calibre en la escena nacional? Ni siquiera los dirigentes de las entidades rurales tenían previsto un respaldo tan masivo de tantos otros actores, y principalmente de la opinión pública. Su virtud estuvo en reaccionar adecuadamente al nuevo escenario que se les planteaba y hacer uso de las herramientas comunicacionales a la mano.

El otro caso, más reciente aún, es el de la crisis financiera estadounidense. No me refiero tanto al impacto que supone para el gobierno de Bush, sino a su incidencia directa en la campaña presidencial de Obama y McCain, los dos candidatos demócratas y republicano respectivamente. El segundo decidió suspender su campaña para buscar una solución en el Senado, y Obama dio su apoyo al plan oficial para asistir a los damnificados. El plan fue rechazado en primera instancia con votos de ambos partidos, y la primera conclusión que surge es que si el Congreso rechaza de esta manera un pedido de sus dos candidatos a la presidencia, esto supone una licuación de poder para ambos antes de que uno de ellos asuma el cargo ejecutivo por el cual compiten. 

En el campo empresario, los ejemplos podrían ser muchos. Una larga lista de crisis puede ser prevenida, como lo indican los manuales, pero existe otra lista que está oculta a los ojos de todos. Un ejemplo: ¿alguien en las aseguradoras había pensado en un ataque terrorista a las Torres Gemelas, que pondría en jaque a los activos físicos de sus clientes? No. 

Los imponderables se presentan, insolentes y autónomos, y entonces el comunicador tiene que sacar a la luz sus dotes de improvisación, su prudencia y su creatividad para seguir adelante con la nueva hoja de ruta. 

La obra que acompaña estas reflexiones es "Pandora", de John William Waterhouse. Fue pintada en 1896 y refleja la historia de la famosa caja, de la cual brotan todas las desgracias del mundo. Pero eso sí: la leyenda dice que Pandora alcanzó a cerrar la caja antes de que saliera una virtud: la esperanza.

El Arte De Persistir

Cuando algo no funciona, persiste y lo harás funcionar.
Cuando no sé cómo hacerlo, persisto y aprendo a hacerlo.

Siempre que fallo, me levanto, persisto, y después de unos cuantos intentos probando diferente, logro hacerlo bien.

Si quiero lanzar un proyecto que se escapa a mis posibilidades, persisto, poco a poco, y finalmente, al tiempo, lanzo ese proyecto.

Cuando un negocio no funciona, persisto, persisto y persisto. Si después de una persistencia coherente, no levanta el vuelo. Abandono. En cambio, si al persistir veo una pequeña luz al fondo, no escatimo recursos en llegar hasta esa luz.

Si persistir por lograr algo que puede ayudar a otros significa pagar un precio, lo voy a pagar, y voy a persistir.

Hoy en un correo electrónico a través del libro Ultraproductividad, un lector, José Ramón Cañizares, preguntaba “Eres un tipo muy disciplinado, pero… ¿no crees que sería súper divertido “dejarte llevar” en la parte personal más que profesional?”

Esta ha sido mi respuesta:

“José Ramón, incluso diría que es vital más que súper divertido dejarse llevar.

Prefiero ser ultra-disciplinado primero y luego tener que esforzarme por “fluir”, que al revés. Porque hacer o intentar aprender dos cosas contrarias en naturaleza entre sí, eso se llama ansiedad. Primero una, y después la otra, elige cual, y buen viaje“.

Me decanto por persistir primero, incluso aunque los demás me lo desaconsejen. No ahora por supuesto, que me encuentro en medio de los 20 días siguiendo cualquier recomendación o consejo que se presente ante mí, pero eso ya es otra historia.

Persisto en la vida, en mi trabajo. En mis debilidades, en mis fortalezas. En la alimentación, en el descanso, en el estilo de vida, en el inconformismo, en al alto rendimiento, en la diversión. Persisto, persisto y persisto. Al final, aunque sea al final del todo, casi siempre, en un 95% de las ocasiones, gano. En cambio, si mido el persistir a un mes vista, casi siempre pierdo




Estar En Paz


En tiempos como los actuales, en que la tónica general es la zozobra y la angustia, la paz confiere ventajas al que la posee. Las más importantes son: 

La serenidad del pasado. El pasado queda allí donde pertenece: no agobia, y se transforma en un punto de partida desde el que es posible crecer y construir.

La claridad de visión de las oportunidades del presente, adecuadas a nuestras capacidades.

Permite visualizar un futuro profesional esperanzador

La persecución activa de la paz interior, no debe confundirse con la falta de inquietud como meta. El buen estrés ayuda a pensar, actuar y vivir nuestro trabajo con satisfacción y eficacia. El estrés excesivo en cambio, tiene efectos destructivos.

La paz de verdad no es fantasiosa, y considera la realidad tal cual es. La tensión surge cuando pretendemos llevar una vida desadaptada a los hechos. Las 7 actitudes/acciones clave que generan paz interior (con mayúsculas), son las siguientes:


1. Afrontar los hechos. No esconder la cabeza. Aceptarse uno mismo en lo que es inevitable.

2. Ver las cosas en perspectiva y con visión de conjunto, sin perderse en los detalles. Aprender a diferenciar lo que es trascendente de lo que no lo es. Acostumbrarse a identificar lo que es importante y lo que no lo es. No hacer nada que no sirva para nada.

3. Aceptar la incertidumbre. Mejorar lo que se puede mejorar, aceptar lo que no se pueda mejorar… y aprender a distinguir la diferencia entre unas cosas y otras…

4. No pre-ocuparse. Es decir: no ocuparse de las cosas antes de hora. Un viejo proverbio chino dice así: “Si tienes un problema y lo puedes solucionar, no te preocupes y soluciónalo. Si no lo puedes solucionar, no te preocupes y olvídalo”.

5. Actúa lentamente: hay tiempo de sobra. La impulsividad, actuar instintivamente sin pensar, es propio de los animales. Concederse un tiempo de reflexión antes de actuar es un camino mejor. Y nunca, nunca, nunca… pagues una ofensa con otra.

6. No detenerse en los propios fracasos o fallos, que objetivamente no son otra cosa que experiencias… aunque duras, quizás. Hay que seguir adelante y verlos como una oportunidad de aprendizaje.

7. No solamente hay que trabajar: hay que cuidar el corazón, el cuerpo y el espíritu; amar, hacer deporte, dormir… y orar. Según muchos estudios e investigaciones, orar es el principal generador de paz.

No vivir de acuerdo a estos enunciados trae estrés negativo (distrés), y más estrés cuanto más nos distanciemos de ellos. Conviene pues, y más que nunca en los momentos duros, verificar regularmente que nuestras actitudes no se alejan de las que convienen al ser humano.

Estas nos traerán la paz.