sábado, 8 de julio de 2017

Desarrollar La Confianza

Hasta no hace tanto, muchos de nosotros fuimos aquello que pudimos o que otros nos dejaron ser. Sin embargo, con el tiempo, el corazón se enciende y la mirada se vuelve valiente. Atrás quedaron los miedos, porque hoy, por fin, somos todo lo que queremos, sin restricciones ni reservas y sin miedo al qué dirán.

Lograrlo no siempre es fácil, es resultado de un viaje para el que no siempre compramos los billetes correctos. La realización personal no llega con los años, como lo hacen las primeras canas o las primeras arrugas. Alcanzar la plenitud y esa sensación de bienestar y de equilibrio interno no es algo normativo, ni tampoco un programa que podamos instalar en nuestro cerebro como quien se descarga una aplicación nueva en su teléfono móvil.

“La felicidad es cuando lo que piensas, haces y dices está en armonía”
-Ghandi

Por otro lado, hay algo curioso en todo esto. Cuando en ocasiones pasamos por delante de una cafetería y escuchamos al vuelo alguna que otra conversación, hay una frase que casi siempre se repite. Es como un leitmotiv, como un especie de lamento o casi como una invocación: “Yo lo único que quiero es ser feliz”.

En esta frase se contiene cierta gota de desesperación y una tonelada de anhelos. Es como si muchos de nosotros sintiéramos una especie de “despersonalización”, como si estuviéramos enfrascados en una realidad en la que no nos identificamos, que no nos pertenece porque sencillamente, no nos confiere una felicidad real.

Te proponemos reflexionar sobre ello, te invitamos a hacer cambios para construir una nueva realidad más satisfactoria.

Lo que era ayer y lo que soy en este momento

Hay quien se enorgullece cual regio titán de no haber cambiado nunca. De mantener siempre un mismo estilo de pensamiento, unas mismas actitudes y unas mismas esencias. Hemos de tener cuidado con este tipo de personalidades porque el ser humano, lo queramos o no, está obligado a avanzar como persona, a crecer, a ser flexible y a adaptarse a esta compleja realidad para construir una felicidad más íntegra, real y satisfactoria.

Ahora bien, la felicidad no debería ser una meta sino una consecuencia, un subproducto de cada una de las acciones que hacemos al cabo del día, esas por las que merece la pena vivir.


Congruencia


Seguramente muchas veces han oído hablar de la congruencia y de lo que implica ser alguien congruente. O quizá han escuchado el típico comentario de “¡Es un incongruente! Hace una cosa y dice otra, ¡no hay quién le entienda!”

Pues bien… parece que ser congruente está ligado a una cierta transparencia tanto interna (de una persona consigo misma) como externa (en la que lo que uno refleja es lo que uno ES). Uno no muestra nada más que su verdad, sin camuflajes ni máscaras.

En cambio, las personas que actúan de manera incongruente son aquellas que generan ciertos quebraderos de cabeza tanto para ellos mismos como para los demás. Se alejan de lo que SON, se comportan de una manera diferente a como se sienten o a cómo piensan.

La congruencia es la correspondencia entre lo que uno siente y expresa
Por tanto, podemos definir la congruencia como ese equilibrio que existe entre el estado más visceral de uno (lo que uno siente en sus “tripas”) y la exteriorización que uno hace de ello en su comportamiento, tanto verbal como no verbal. Es decir, cuando uno es congruente no existe una falta de sintonía entre lo que uno siente y lo que uno exterioriza.

“Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es”
-Jean Paul Sartre-

Por ejemplo, si me siento traicionada por mi amiga, no lo camuflaré ni haré como si no hubiera pasado nada. Reflejaré como me siento, ya que es mucho el dolor que he recibido y me gustaría que ella pudiera ver cómo me ha hecho sentir. Seré congruente con mi dolor y con mis sentimientos.
Las personas congruentes generan confianza hacia los demás

Las personas congruentes suelen generar confianza en los demás, ya que no muestran otra cara diferente a la que sienten, ni se esfuerzan por fingir o disimular su estado interno. Saben escuchar lo que sienten por dentro y son capaces de aceptarlo, sin engañarse a sí mismos ni a los demás.
La congruencia habla de la correspondencia entre pensamientos y acciones

También hablamos de congruencia cuando nos referimos a esa sintonía que existe entre nuestras acciones o comportamientos y nuestra forma de pensar. Muchas veces, probablemente, nos habremos descubierto a nosotros mismos actuando de una manera que se contrapone a nuestros pensamientos y valores. Ello nos produce una mezcla de extrañeza y vergüenza.

Si yo presumo de lo tolerante y paciente que soy con los demás, pero luego, a la primera de cambio, soy incapaz de asumir otros puntos de vista diferentes al mío; si me enfado y me crispo… probablemente tenga que replantearme esta idea de mí mismo. Ya que creer que uno es de una manera, pero luego en verdad ser de una forma contraria a la que se cree produce una sensación nada agradable. Por lo tanto, esta incongruencia se tiende a eliminar: a favor de un lado o de otro.

Por ello iniciarse en el camino de la congruencia no es ninguna “tontería”: implica un pacto de honestidad con uno mismo muy importante.

viernes, 7 de julio de 2017

Diógenes


La historia de Diógenes de Sinope: el filósofo griego que vivía en la indigencia

Residía en una tinaja, comía junto a los perros y hacía todas sus necesidades en público. Hoy en día, “el síndrome de Diógenes» designa un trastorno del comportamiento que se caracteriza por el total abandono personal y por la acumulación de grandes cantidades de basura y desperdicios domésticos”
Antes de partir a la conquista de Asia, Alejandro Magno se detuvo en Corinto y pidió conocer «al filósofo que vivía con los perros», o al menos eso cuenta una leyenda de larga tradición. El joven macedonio quedó asombrado con Diógenes de Sinope, pues no se parecía a ningún sabio que el joven macedonio, educado por Aristóteles, hubiera conocido o imaginado nunca: dormía en una tinaja y se rodeaba las veinticuatro horas del día por una jauría de perros. Alejandro entabló conversación con el entonces anciano y, horrorizado por las condiciones en las que vivía, le preguntó si podía hacer algo para mejorar su situación. «Sí, apartarte, que me estás tapando el Sol», contestó el filósofo de malas maneras al que era ya el dueño de Grecia. No en vano, según la leyenda, el macedonio no solo aceptó el desplante sin enfadarse, sino que le mostró su máxima admiración: «De no ser Alejandro, yo habría deseado ser Diógenes».

Perteneciente a la escuela cínica, que consideraba que la civilización y su forma de vida era un mal en sí mismo, Diógenes de Sinope llevó hasta el extremo las ideas del fundador de esta filosofía, Antístenes. Lejos de lo que hoy se entiende por cinismo (tendencia a no creer en la sinceridad o bondad humana y a expresar esta actitud mediante la ironía y el sarcasmo), las ideas de Antístenes buscaban alcanzar la felicidad deshaciéndose de todo lo superfluo. Así, este discípulo directo de Sócrates se retiró a las afueras de Atenas para vivir bajo sus propias leyes, sin obedecer a las convenciones sociales. No obstante, fue su aventajado discípulo, Diógenes, quien hizo célebre su obra a través de la indigencia más absoluta

Poco se sabe sobre la infancia de Diógenes, nacido en la colonia griega de Sínope (en la actual Turquía) en el 412 a. C, salvo que era hijo de un banquero llamado Hicesias. Ambos se dedicaban a fabricar monedas falsas, algunos historiadores han sostenido que con fines políticos y no por lucro personal, hasta que fueron desterrados por esta causa a Atenas. Los arqueólogos, de hecho, han podido corroborar el episodio a través del gran número de monedas falsificadas con la firma de Hicesias, el oficial que las acuñó, encontradas en el lugar de nacimiento del filósofo.
Vestido solo con una humilde y roída capa

Decepcionado por la superficialidad de los atenieses y sus rigores sociales, el joven filósofo conoció a Antístenes –un discípulo de Sócrates que, según Platón, estaba presente durante su suicidio–. Diógenes tomó al pie de la letra las enseñanzas de su maestro, entregándose a una vida de extrema austeridad con la pretensión de poner en evidencia la vanidad y artificiosidad de la conducta humana. 

Así estableció su vivienda en una tinaja, que solo abandonaba para dormir en los pórticos de los templos, se vistió con una humilde capa y comenzó a caminar descalzo sin importarle la estación del año. Sin embargo, según cuenta el mito sobre su vida, para el griego nada era lo suficientemente humilde y siempre encontraba nuevas formas de reducir su dependencia por lo material. En una ocasión, vio como un niño bebía agua con las manos en una fuente: «Este muchacho –dijo– me ha enseñado que todavía tengo cosas superfluas», y tiró su escudilla (un recipiente semiesférico usado para trasladar líquidos). También se despojó de su plato al ver que a otro niño, al rompérsele el suyo, puso las lentejas que comía en la concavidad de un trozo de pan.

La actitud de Diógenes, no en vano, podía pasar en ocasiones por la de un provocador obsceno o la de un elemento subversivo. Además de hacer sus necesidades a la vista pública, como prueba de que ninguna actividad humana es tan vergonzosa como para requerir privacidad, se masturbó en el Ágora, la principal y más transitada plaza de Atenas, sin más explicación que  « ¡Ojalá, frotándome el vientre, el hambre se extinguiera de una manera tan dócil!». Y, entre las numerosas anécdotas sobre su vida, también destaca por ofensiva la actitud que padeció un adinerado hombre que tuvo la osadía de invitarle a un banquete en su lujosa mansión con la única prohibición de que no escupiera en su casa. Diógenes hizo unas cuantas gárgaras para aclararse la garganta y le escupió directamente a la cara, alegando que no había encontrado otro lugar más sucio donde desahogarse.

Sin conocerse realmente las circunstancias que le llevaron a Corinto, donde tendría el encuentro con Alejandro Magno, la leyenda sostiene que Diógenes fue capturado por unos piratas y vendido como esclavo cuando se dirigía a Egina (Islas Sarónicas, Grecia). Fue comprado por un aristócrata local, Xeniades de Corinto, quien le devolvió la libertad y le convirtió en tutor de sus dos hijos. Pasó el resto de su vida en esta ciudad, donde de la misma forma son fértiles las estrambóticas anécdotas sobre el comportamiento del filósofo
.
Precisamente, a cuenta de su muerte, también se han escrito diferentes y fabuladas versiones. Según una de ellas, murió de un cólico provocado por la ingestión de un pulpo vivo. No en vano, la más excesiva asegura que falleció por su propia voluntad: reteniendo la respiración hasta quedar sin vida. «Cuando me muera echadme a los perros. Ya estoy acostumbrado», fueron sus últimas palabras. Su ocaso aconteció el mismo año, el 323 a. C., que el gran Alejandro.



Entre Bambalinas


¿Cuántas veces hemos tratado de resolver algo y, tras abandonarlo por imposible, la solución aparece delante de nosotros como por arte de magia? La historia de la innovación y la creatividad está plagada de descubrimientos y demostraciones que se han producido, tras innumerables fracasos,  a través de una reiteración de hechos.

Esto es posible gracias a los distintos tipos de atención que somos capaces de desplegar, fruto del funcionamiento de nuestra mente
.
Parece que la psicología cognitiva está bastante de acuerdo en que disponemos de dos sistemas mentales separados y relativamente independientes. Walter Mischel nos habla del sistema frío y el sistema caliente, centrándose en el control de los impulsos.

Daniel Kahneman hace referencia a los sistemas 1 y 2, y Daniel Goleman usa una metáfora vertical, identificando a estos sistemas como superior e inferior. En definitiva, hablan de lo mismo aunque desde distintos enfoques, dando origen a distintos tipos de atención.

El sistema inferior, usando la terminología de Goleman, dispone de una gran capacidad de computación, permaneciendo siempre en funcionamiento en segundo plano, tratando de resolver aquellos problemas que percibe. Opera más allá de nuestra conciencia, siendo totalmente transparente e invisible para nosotros. Funciona sin apenas esfuerzo, de forma automática y a gran velocidad, permaneciendo fuera de nuestro control.

“Esta forma de atención, que discurre entre bambalinas, suele irrumpir, en ocasiones de un modo completamente inesperado en el centro del escenario”.
Daniel Goleman

La mayor parte de nuestro cableado neuronal se asienta en lo que se conoce como los circuitos subcorticales. Estos circuitos se ubican en la parte inferior del cerebro. Cuando este sistema resuelve algo por su cuenta, lo comparte de forma inmediata con el sistema superior, el neocortex
haciéndonos conscientes de ello y poseyendo nuestra atención de forma involuntaria. A este proceso se le denomina como ascendente o de abajo arriba. 

De igual forma, también se produce el proceso inverso, es decir descendente o de arriba abajo. En este caso nuestra actividad mental trata de imponer la coherencia a nuestro funcionamiento, en esta ocasión de forma voluntaria y controlada
.
La mente de abajo arriba es más rápida, involuntaria y automática. Es intuitiva, procesa en paralelo y funciona a través de redes de asociación. Se mueve a través de impulsos y emociones, por lo que está muy relacionada con el corto plazo. Se encarga de gestionar nuestros hábitos y por tanto nuestras acciones, además de gestionar nuestros modelos del mundo. Este tipo de procesos mentales consumen pocos recursos energéticos.

Por otro lado, el sistema superior es más lento. Su puesta en marcha es voluntaria, requiriendo de mucho más consumo energético. En él se asienta el autocontrol y por tanto la capacidad de poder poner freno a nuestros impulsos. Dispone también de la capacidad de generar hábitos de forma voluntaria y aprender nuevos modelos de comportamiento. Gracias a este sistema mental, podemos desarrollar talentos como la autoconciencia, la reflexión, la deliberación y la planificación.

“La atención voluntaria y la decisión intencional emplean los circuitos de arriba abajo, mientras que la atención reflexiva y los hábitos rutinarios lo hacen por su parte, de abajo arriba”
Daniel Goleman

La principal misión de nuestro cerebro es la supervivencia. Su criterio, a la hora de llevar a cabo las distintas acciones mentales, es de la máxima eficiencia, es decir, obtener con el mínimo esfuerzo el máximo de resultados. Cualquier esfuerzo cognitivo dedicado al aprendizaje de algo o a la ejecución de algo nuevo, requerirá mucha atención y por tanto mucho coste energético. De ahí la necesidad de convertir la mayor parte de nuestros comportamientos en hábitos. A mayor automatización y dominio competencial, menor coste energético. 

El punto álgido en este sentido, se produce cuando somos capaces de entrar en un estado de flujo en el que nuestra experiencia nos permite prestar atención a lo que estamos haciendo sin apenas esfuerzo. Otra clave es desarrollar aquellos hábitos que nos permitan aumentar la confianza en nuestro sistema ascendente, para conseguir una mente más libre y ágil. Como diría David Allen, una mente como el agua.

La efectividad personal requiere un compromiso activo con nuestra atención. Gestionar este valioso recurso de forma adecuada, implica desarrollar hábitos efectivos y desarrollar nuestra inteligencia emocional para dar protagonismo al autocontrol. Ya sabías que las distracciones están en tu mente

Ahora, lo que ocurre entre bambalinas.


jueves, 6 de julio de 2017

Las Oportunidades Latentes


GENEROSIDAD: Dar y darse sin esperar nada a cambio.

Hoy me he levantado preguntándome si podría identificar algunas de las causas por las que nuestra sociedad actual padece de tantos males como el consumismo, la violencia, la drogadicción, etc.

¿Qué hace falta? ¿Cómo podremos contribuir aunque sólo fuese en un miligramo a la curación de un medio social desgarrado y enfermo por tantos males y desdichas? ¿Será acaso que hemos olvidado que vivimos en una relación con los demás, que aunque a veces nos parezca innecesaria, nos hace ser lo que somos? ¿Qué ha pasado con la generosidad? Veo en nuestra actual sociedad como, de manera inconsciente, colocamos la comodidad, el dinero y la imagen como los valores supremos dentro de las virtudes que todo ciudadano moderno debe de tener. ¿Y la generosidad, dónde queda? 

Esa capacidad dentro del corazón humano que nos despierta la necesidad de ayudar a los demás, de entregar parte de nuestro tiempo a causas nobles, de desprendernos de algunas cosas que atesoramos, pero que nunca usamos. ¿Será que nuestra madre cultura nos está convenciendo de la importancia de la egolatría como medio de figurar más en el teatro social?

En esta época nuestra, que exalta como valores supremos la comodidad, el éxito personal y la riqueza material, la generosidad parece ser lo único que verdaderamente vale la pena en esta vida.

El egocentrismo nos lleva a la infelicidad, aunque la sociedad actual nos quiera persuadir de lo contrario. Cuando la atención se vuelca hacia el “Yo”, se acaba haciendo un doble daño: a los demás mientras se les pasa por encima, y a uno mismo, porque a la postre se queda solo.

Pero ¿Qué es la generosidad? Generosidad es pensar y actuar hacia los demás, hacia fuera. No hacia adentro.

A pesar de la gran desvalorización de la sociedad, hay que decir que muchos hombres y mujeres son ejemplos silenciosos de generosidad: la madre que hace de comer, se arregla, limpia la casa y además se da tiempo para ir a trabajar; el padre que duerme solo cinco o seis horas diarias para dar el sustento a sus hijos; la juventud generosa que ayuda a sus amigos cuando tienen problemas. 

Todos ellos son ejemplos que sin duda deberíamos seguir. Y estos actos de generosidad son de verdad heroicos. Siempre es más fácil hacer un acto grandioso por el cual nos admiren, que “simplemente” darnos a los demás sin obtener ningún crédito. 

Y es que casi todos tendemos a buscar el propio brillo, la propia satisfacción, el prevalecer sobre los demás y solemos evitar el dar nuestra luz a los demás.

Hugo W Arotegui



miércoles, 5 de julio de 2017

Pretextos


Los seres humanos somos expertos en crear pretextos. Somos capaces de crear mil y una excusas con el mero fin de sobreprotegernos, de mantenernos en nuestra zona de confort, donde sabemos lo que tenemos; pero jamás sabremos lo que podríamos llegar a tener. Y es que las excusas son pequeñas ladronas de oportunidades.

Una vez que hemos convertido nuestras acciones en hábitos y, por lo tanto, en rutinas, es posible (sucede a menudo) que nos estén privando de lo que más queremos. Las excusas siempre están más cerca del engaño que del argumento. Existen infinitos pretextos para no llevar a cabo alguna acción que a priori, y en teoría, sí queremos llevar a cabo.

“El verdadero enemigo del éxito no es el fracaso, como muchos piensan, sino el conformismo y la mediocridad. Todos cargamos con más vacas de las que estamos dispuestos a admitir; excusas que ni nosotros mismos creemos, con las que pretendemos explicar por qué no hemos hecho lo que sabemos que tenemos que hacer”
Camilo Cruz

El ser humano tiene una conversación interna constante, que en coaching denominamos la columna izquierda. En esa conversación tratamos de autoconvencernos o de autoimponernos excusas que nos “permitan” no realizar la tarea que teníamos pensada “sin sentirnos mal”. El problema de ese “no sentirnos mal” es que es momentáneo. Porque, en el fondo, sabemos que esas excusas son mentiras que nos contamos, y una vez que volvemos a la consciencia de nuestros objetivos se produce un efecto rebote que hace que no sólo nos sintamos mal, sino que comencemos a maltratarnos psicológicamente por haber hecho tal cosa.

Las excusas nos “protegen” del fracaso. Hacen que nos preparemos a nosotros mismos, que no intentemos algo “por sí sale mal”. Y lo que hacemos en realidad es no intentarlo, y así privarnos de la posibilidad de tener éxito; además de la generación de nuevas experiencias que siempre nos enseñarán algo.

Existe el mismo tiempo para todos. Cada persona decide de manera libre en qué emplear su tiempo: en trabajar, en dormir, en comer, en jugar, en leer, en estudiar, en entrenar, en ver televisión, etc. Uno siempre es libre de ajustar su tiempo a sus necesidades. 

Y es que la vida no es más que un cúmulo de decisiones que deberían estar regidas por nuestras prioridades. 

Y tú, ¿de qué manera estás libremente dedicando tu valioso tiempo?

“Hay mil excusaspara fallar, pero ni una sola buena razón”
Mark Twain


Caminos Divergentes


Es difícil, para muchos, aceptar la idea de que nuestros respectivos caminos de vida puedan tomar orientaciones divergentes. A pesar de los vínculos tan fuertes que puedan unir a veces a algunos seres, ya sea en un plano de amistad, profesional o amoroso, la vida demuestra que cada recorrido es único, y que rara vez evoluciona, durante toda una existencia, paralelamente al de otros.

Nuestro propio camino lo trazamos en cada instante, con cada elección que hacemos, y escuchando a nuestro corazón. No podemos controlar, de antemano, el rumbo que tomará mañana ni todos los días que tendremos la fortuna de vivir. Por más que intentemos orientarlo de forma duradera, hemos de asumir que cualquier cosa puede influir en su trayectoria, en cualquier momento. 

No podemos imponer una dirección para toda la vida, aun cuando nos esforcemos  por seguir los pasos de otros.

Es una evidencia geométrica que nuestro ámbito de relaciones está en constante evolución, y que todos los caminos que se cruzan terminan tomando, inevitablemente, direcciones divergentes.  No podemos avanzar por la vida y fijar, al mismo tiempo, la intersección de dos vías. 

El carácter aparentemente imprevisible de estos cruces de caminos acaba siendo un poderoso motor de evolución que nos pone constantemente en entredicho, en cada encuentro… y en cada alejamiento, también. 

Toda relación termina inevitablemente por disolverse un día, y aquel que intenta agarrarse a ella se recluye en la ilusión y en el apego. La vida solo existe en el movimiento, en lo pasajero de toda realidad terrestre.

Por desgracia, el ser humano amancilla a menudo una relación terminada, como si hiciera falta hallar un responsable de la divergencia de orientaciones, en lugar de aceptar que el final de todo camino compartido es una enseñanza mutua enriquecedora, que hace de nosotros lo que hoy somos. 

Nada se estropea cuando dos caminos divergen, puesto que el otro continúa de alguna manera viviendo en nosotros, a través de la experiencia vivida. Depende únicamente de nosotros que lo integremos, para darle un sentido.

El fracaso no está sino en nuestra incapacidad de crecer a partir de relaciones pasadas. Deberíamos celebrar cada separación lo mismo que cada encuentro. 

Por mi parte, experimento siempre mucho amor y agradecimiento hacia las personas que han formado parte de mi vida, pues aunque nuestros caminos hayan tomado direcciones diferentes, la riqueza de nuestro pasado común es parte integrante de los fundamentos del ser que ahora soy. El amor no se limita a la proximidad de dos seres, sino que puede vivirse más allá de cualquier distancia adoptada. Solo la forma cambia…

Renunciar a seguir una vía propia, para seguir los pasos de otros, es una forma de negación de sí, que conduce a vivir la vida de otros, en la ilusión de que la felicidad solo puede venir del exterior. Por supuesto, otra vía puede inspirarnos, pero no deberíamos nunca restringirnos a ella, o encerrarnos en ella.  Observar con desapego un camino divergente del nuestro es de una riqueza enorme, puesto que nos lleva al cuestionamiento y al replanteamiento. 

Obligarnos, en cambio, a seguirlo ciegamente es solo pérdida y olvido de nosotros mismos.


Hugo W Arostegui

Indispensables


El término indispensable es aquello que resulta necesario, imprescindible o fundamental para algo o para alguien.

Es un significado que surge por oposición del término dispensable, que, por el contrario, se refiere a aquello que se puede dar, expender o despachar.

Indispensable es una palabra que se origina del latín dispensare, a la que se le añadió el prefijo in-, que indica negación, y el sufijo -bilis, que indica posibilidad.

También es un adjetivo que acompaña a los sustantivos y los califica. En este caso, indica la necesidad de algo o alguien.

Algunos de los sinónimos por los cuales se puede sustituir la palabra indispensable pueden ser: necesario, imperioso, imprescindible, preciso, importante, entre otros.

Indispensable en cuanto a obligación: hay situaciones que conllevan un acto de responsabilidad y que implícitamente hacen que ciertos objetos o personas sean indispensables para el desarrollo de las mismas. Por ejemplo, la presencia de una persona en una reunión o, el uso de calzado para salir a caminar.

Otros ejemplos de situaciones en las que son indispensables un objeto o individuo pueden ser la presencia de un equipo de médicos para llevar a cabo una intervención quirúrgica, el uso de trajes especiales para viajar hacia el espacio, el hábito de tener una alimentación balanceada en función de la buena salud, entre otros.

Indispensable en cuanto a lo laboral: por otro lado, las personas no son indispensables en los puestos de trabajo, es decir, una empresa o institución no depende exclusivamente de un empleado para su óptimo funcionamiento, por ello la rotación de personal es continua y en pro de la competitividad de éstas.

Por el contrario, sí resulta indispensable contar con un grupo de empleados con conocimientos y capacidades para desarrollar sus actividades.

Indispensable en cuanto a relaciones sentimentales: existen relaciones sentimentales en las cuales las personas pueden sentir que su pareja, amistad o un familiar es indispensable en su vida, que no pueden vivir sin esa persona. Estas realidades de dependencia no son sanas para ninguna relación.
Por ejemplo, en un noviazgo, matrimonio o grupo familiar, a veces un individuo puede resultar indispensable para la vida de otra persona. 

No obstante, eso no es verdadero. Hay personas que se aferran de más a sus seres queridos, tanto así que incluso los pueden alejar.

En las relaciones personales, así como en las relaciones laborales, ninguna persona es indispensable. Por ello es importante que las personas, como individuos, se quieran a sí mismas, se valoren y comprendan que no necesitan de otros para llevar una vida plena y feliz.

Indispensable en cuanto a telecomunicación: ahora bien, indispensables resultan ahora muchas de las herramientas que se han concebido a través de la tecnología en cuanto a comunicación se refiere. Por ejemplo, los teléfonos móviles o smartphones, son equipos de comunicación a los cuales se les pueden descargar diversas aplicaciones.


Estas aplicaciones están resultando cada vez más indispensables o necesarias para el desarrollo de la comunicación e intercambio de información. Este es un ejemplo de cómo lo indispensable también puede resultar positivo.

La continuidad de la vida


Una de las características más importantes de la vida es su continuidad. Desde que el primer ser vivo apareció en nuestro planeta hasta hoy, la vida se ha mantenido como una constante durante millones y millones de años. 

Esta continuidad se ha conseguido gracias a una serie de mecanismos hereditarios que no solo perpetúan la existencia de los seres vivos, sino también de aquellos caracteres evolutivos que van apareciendo en ellos como resultado de los cambios y adaptaciones a los diferentes ambientes. Pero para que estos mecanismos hereditarios y evolutivos puedan actuar, es indispensable, que los seres vivos, ejerzan una de sus funciones más características: la reproducción.

La reproducción, a diferencia de otras funciones vitales, no es indispensable para la vida del individuo en sí, pero sí para la continuidad de la vida de la especie. A cualquier ser vivo, vegetal o animal, se le pueden extirpar sus órganos reproductores y el individuo sigue vivo; pero si a todos los individuos de una determinada especie se les privase de su sistema reproductor, dicha especie estaría llamada a desaparecer. La posibilidad de reproducción confiere entonces a la materia viva la condición esencial de su continuidad, logrando así compensar la desaparición de los individuos producida a causa de la enfermedad y la muerte. 

Existen en el mundo dos procedimientos de reproducción presentes tanto en el reino Vegetal como en el Animal, con características específicas bien diferenciadas: el asexual y el sexual.

La reproducción asexual parte de un único individuo, del cual se desprende una parte que se transforma en un nuevo ser semejante al progenitor. 

La reproducción sexual, en cambio, se basa en la unión de dos células especializadas, llamadas gametos, procedentes de dos progenitores sexualmente distintos, pero de la misma especie.

En el caso de la reproducción asexual, también llamada reproducción vegetativa o multiplicación asexuada, el proceso reproductor es muy sencillo y, al afectar a un único individuo, los caracteres hereditarios de éste, y solo ellos, serán los que se transmitan a su descendiente o descendientes. 

En la reproducción sexual los mecanismos son más complejos, tanto en lo que se refiere a la propia elaboración de los gametos como a la indispensable fusión de los dos procedentes de individuos sexualmente distintos. De esta fusión de los gametos o células reproductoras se origina una nueva célula, llamada cigoto, que dará origen a un nuevo ser en el que estarán presentes los caracteres hereditarios de ambos progenitores. Al permitir el intercambio de material hereditario entre sujetos sexualmente distintos, la reproducción sexual da origen a individuos en los que hay mayores posibilidades de aparición de nuevos caracteres que representen una mejora en relación con cada uno de los progenitores, su poniendo un factor fundamental en la selección natural.


Sea cual sea el mecanismo reproductor, es preciso que las especies dispongan de los resortes necesarios para asegurar la efectividad del proceso, haciendo posible que cada nueva generación equivalga aproximadamente a la anterior, consiguiendo que las variaciones a la constancia numérica, 
tanto por exceso como por defecto, sean corregidas, pues de lo contrario la especie acabaría por desaparecer. De este modo, si existe una disminución de la población, ésta deberá aumentar su fertilidad durante un tiempo hasta llegar a compensarla, y, por el contrario, si se produce una sobrepoblación, entrarán en funcionamiento mecanismos reguladores, tales como aumento de la depredación, aparición del hombre, aumento de la agresividad, que traerán como consecuencia la muerte de una parte y, por tanto, la vuelta al equilibrio. 

La continuidad de la vida implica, pues, no solo el simple acto de la reproducción, sino también los procesos encaminados a reducir al mínimo la mortalidad de las células reproductoras y de las crías.

martes, 4 de julio de 2017

Inspiración: Frases Para Continuar


Muchas veces cuando quiero superar situaciones difíciles, encontrar un poco de inspiración o motivación para seguir adelante, o simplemente encontrar algo que me haga recordar cuáles son las cosas que importan en mi vida; muchas veces recurro a las frases célebres de grandes personas.

Esas pequeñas pistas de sabiduría dejadas atrás por personas que ya van más adelante en este camino.
Son una excelente forma de -como me gusta llamarle- tomar conocimiento prestado.  Aprender de los errores y éxitos de otras personas para acortar mi propio aprendizaje… eso explica también mi adicción por tomar cursos y programas en internet (así como crear e impartirlos)  que me ayuden a encontrar esos atajos a las cosas que quiero tener y experimentar en mi vida.

Cuando te das cuenta que puedes utilizar el conocimiento de otra cabeza que no es la tuya, y combinarlo con tus propias ideas y experiencia, encuentras soluciones que antes no veías.

Adquieres un nuevo entendimiento de porqué suceden las cosas y qué actitud tomar para darles solución y movernos para adelante hacia experiencias nuevas y más emocionantes.

Aquí quiero compartir contigo 7 dichos que te inspirarán y espero que de alguna forma puedan ayudarte en tu día a día en este camino nuevo hacia tu éxito personal…

7 Frases que te harán reconsiderar lo que piensas y haces todos los días…

1.  “He fallado más de 9000 tiros en mi carrera.  He perdido casi 300 partidos.  26 veces confiaron en mí para hacer el tiro que ganara el partido, y fallé.  He fracasado una y otra vez en mi vida.  Y es por eso que he tenido tanto éxito.    -Michael Jordan

2.  “Trata a las personas como las tratabas al principio de la relación… y nunca habrá un fin”  – Tony Robbins

3.  “Si sigues haciendo lo que siempre has hecho, siempre tendrás lo que siempre has tenido”  – Anónimo

4.  “No sé cuál sea la clave para el éxito… pero la clave para el fracaso es tratar de darle gusto a todos”  – Bill Cosby

5.  “Si supieras cómo va a ser el viaje antes de iniciarlo, nunca aprenderías nada”  – Anónimo

6.  “Si durante un año haces las cosas que otros no están dispuestos a hacer, podrás vivir el resto de tu vida como otros no pueden vivir”  -Anónimo

7.  “Tu tiempo es limitado, así que no lo desperdicies viviendo la vida de alguien más”  – Steve Jobs



Habituarnos A Ser Constantes


Cuántas veces nos desviamos de nuestro objetivo principal, incluso preferimos hacer cualquier otra cosa, antes que lo que tenemos pendiente.
¿Por qué? ¿Por qué retrasamos algunos proyectos o acciones?

A veces retrasamos entregas importantes de proyectos o pendientes, por:
            *Miedo al fracaso
            *No saber por dónde empezar
            *Desinformación del proceso a seguir
            *Predisposición a que será difícil
            *Relajar el trabajo respecto a la fecha de entrega
            *Evadir la realidad
  
Lo que alguna vez fue una idea de proyecto genial, en la cual tenías mucho empeño en trabajar, se está convirtiendo en una pesadilla.
  
¿Cuándo fue que cruzamos ese límite entre el entusiasmo, y el fastidio?
  
Y todo por no tener un plan de acción y una correcta administración del tiempo.
Es tan fácil dejar para mañana lo que podemos hacer hoy, pero es difícil lidiar con el estrés y la culpabilidad cuando se está acercando la fecha límite de cumplimiento.

¿Cómo cambiar este horrible hábito?
Muy fácil, para un gran cambio, necesitamos comenzar con un pequeño paso. Sabemos que de la noche a la mañana no sucederá lo anterior, ya que se necesita perseverancia y sobre todo actitud para cambiar las cosas, pero paulatina y constantemente lograremos ver la diferencia en un periodo de tiempo no muy largo.

Es muy importante alejarse de distracciones, como ruidos, televisión y si no es tan necesario el internet para lo que estamos trabajando, es mejor trabajar sin conexión o por lo menos alejarnos de las redes sociales. Como consejo se puede establecer un espacio especial para trabajar, y al escogerlo, debemos fijarnos que tenga, luz, ventilación y muebles adecuados para realizar nuestras actividades.

Otro factor importante es el de crear rutinas, ya que al momento de fijarte una hora específica para trabajar en los pendientes y mantener este hábito, tu cerebro se irá acostumbrando a que es momento de empezar a trabajar; de la misma forma es importante establecer un horario de termino, para crear rituales que nos permitan identificar la transición de una actividad a otra.

Finalmente debemos considerar que la postergación implica un alto grado de estrés, lo cual puede resultar muy agotador en nuestras vidas.


Microuniverso: Introspectiva Personal


Siempre suele decirse que las mejores cosas no cuestan dinero. Bien es cierto que viajar nos aporta experiencia y una forma excelente de abrirse al mundo, de conocer culturas. Pero en muchas ocasiones hacemos las maletas para escapar. Comprar un billete, una semana de hotel, un circuito turístico… pagamos para huir, descansar y alejarnos de lo que somos diariamente y de nuestras obligaciones.

Es lo que  a veces se llama “cultura de la evasión”. Escapar momentáneamente de lo que somos y de nuestros problemas sociales. Y en ocasiones ni tan solo nos hace falta sacar un billete a otro escenario para evadirnos, lo hacemos a menudo a través de la televisión, de las redes sociales… desconectar para descansar.

No es algo malo, en absoluto. Pero de vez en cuando, estaría bien practicar también otro tipo de viajes. Como un viaje interior. Te invitamos a ello…

El viaje interior o introvertido
¿Qué es un viaje introvertido? Extraño nombre para una aventura interesante. No hace falta desplazarse a un lugar físico. No necesitas maletas ni ningún vendedor de humo prometiéndote escenarios de ensueño a precios increíbles. Ese viaje a otro lugar, es un trayecto hacia lo interno, hacia la intro-versión.

Te advertimos que es un viaje arriesgado e integrador, donde pueden existir los miedos, donde ahondarás en tus propios mapas. Un terreno psicológico a la vez que espiritual donde adquirir conocimiento de ti mismo. ¿Cuánto tiempo hace que no piensas en ti mismo? Las obligaciones diarias, el trabajo, las personas de nuestro alrededor, esas por quien vivimos, por quien sufrimos y a quien amamos.

Nuestro escenario social y personal es importante, imprescindible. Pero también lo es nuestro microuniverso emocional.

¿Cómo te sientes actualmente? ¿En qué etapa de tu vida te encuentras? ¿Has alcanzado tus aspiraciones, has tocado con tus dedos la forma de tus sueños? ¿Qué necesitas para ser feliz? El viaje interior es un trayecto habitado por preguntas a las que encontrar respuesta. 

Alcanzar el autoconocimiento no siempre es fácil, requiere tranquilidad y la voluntad por girar la mirada hacia uno mismo.


Si tu realidad no se ajusta a lo que sueña tu mente, tal vez debas replantarte algunas cosas en tu vida.

Y es que, ahí está el riesgo del viaje interior. Nos hace abrir puertas que en ocasiones duelen, nos obliga a recorrer un mapa que no siempre es lineal, sino que está trazado a base de retrocesos y extraños recovecos por descubrir de nosotros mismos.

La Excelencia


Una de las cualidades principales de una persona excelente es tener patrones altos para sí misma. 

Ella exige de sí el mejor desempeño. Siempre busca superarse. No acepta hacer solo lo que es bueno, sino solamente lo mejor – y sabe que lo mejor de hoy será lo bueno de mañana. 

Ella no pierde de vista sus competidores, pero su principal motivador no son ellos. Sabe que guiarse por los competidores no es liderar. Su mayor competidor es ella misma. Sus metas son dictadas por los patrones que ella determina.

Y claro, esta cualidad principal – tener altos patrones- dicta su comportamiento y responde la segunda pregunta: ¿Qué hace una persona excelente? Aquí van diez cosas:

Piensa grande
Es disciplinada en su comportamiento
Es obstinada por su éxito
Odia el fracaso
No pierde tiempo con tonterías
Se asocia con personas excelentes
Detesta asociarse con personas mediocres
No desprecia los detalles
Acepta críticas que la ayuden a mejorar
Hace preguntas inteligentes
Teóricamente, primero usted tiene que ser excelente, para después hacer cosas excelentes. Pero lo contrario también funciona. Si decide hacer las cosas con excelencia, y persistir consistentemente en eso, eventualmente usted se convertirá en una persona excelente.

La subida es empinada. Pocos llegan allá. Pero la vista es maravillosa.



lunes, 3 de julio de 2017

Esfuerzo Y Constancia


Desengáñate. Nada importante te llegará sin esfuerzo. Millones de personas juegan todos los días a la lotería y otros juegos de azar y mueren sin haber tenido "suerte". Gánate tu suerte, llame o no llame a tu puerta. Reivindícala por derecho propio.

Desarrollar una gran capacidad de esfuerzo es lo que te permitirá continuar a pleno rendimiento mientras que otros tirán la toalla. Podrás plantearte metas y retos que otros sólo se permitirán soñar, renunciando a aspirar por considerarlos inaccesibles.

Desarrollar tu capacidad de esfuerzo en el estudio exige progresividad y constancia. Si quieres desarrollar un músculo para hacer flexiones, sabes bien que de nada te sirve esforzarte mucho un día o dos.. Hay que empezar por pocas y cada día hace una o dos más.. muchos días. Eso es lo que tendrás que hacer para desarrollar tu capacidad de esfuerzo en el estudio. Empieza por poco porque al principio te costará mucho trabajo concentrarte. Cada día añade un poco de tiempo más, hasta alcanzar el tiempo que necesitas para preparar bien tus asignaturas. Al final, lo harás como si nada... "sin esfuerzo". Lo que a otros les costará una barbaridad, tu lo harás muy fácilmente.

Habrás conseguido una cosa muy importante. Tu mente te dirá ante cualquier reto: sí, puedo.

La constancia
Imáginate que la vida es una gran maratón. Al principio algunos saldrán muy deprisa y te dejarán atrás. Tu saldrás relativamente despacio, a un paso y ritmo constante... Al pasar unos pocos kilómetros empezarás a sobrepasar a los "fanfarrones". Ellos sudando y agotados, sin poder seguir tu ritmo. Tú al mismo ritmo y paso que cuando empezaste la carrera, fresco, dispuesto a llegar al final.

Imáginate lo que hace una semilla de una sequoia. Todos los días crece un poco. Al principio le cuesta muchísimo trabajo. Un brote muy tierno debe romper la propia semilla, abrirse paso en la dura tierra, llegar a la superficie... Todos los días crece algo, casi imperceptible... Pero todos los días... Al cabo de años la semilla se ha convertido en un árbol gigante de 112 metros de altura y una docena de metros de diámetro.

La constancia en el estudio es fundamental. No dejes de estudiar. Tómalo con un entrenamiento. Ejercita tu cuerpo y mente cada día. No dejes largos períodos de tiempo sin hacer nada: estarás entrenando tu cuerpo en la vagancia -la gran enemiga del esfuerzo-. Si quieres realmente llegar a ser un campeón en el estudio, entrénate aunque sea una o dos horas sábados, domingo, vacaciones, etc. El día tiene 24 horas; sólo dos horas de estudio al día no te impedirán divertirte, pasarlo bien y hacer un montonazo de cosas que te gustan.
Cómo controlar tu esfuerzo y constancia

Tienes que hacer, al igual que los deportistas, un plan de entrenamiento. Y deberás llevarlo a cabo a rajatabla. En el cumplimiento de tu plan debes ser inflexible. Deberás controlar que cumples cada hora, cada minuto y que lo haces rindiendo bien, sin autoengañarte.

Para controlar tu esfuerzo y constancia debes hacer planes para estudiar diarios y semanales. Planifica tu entrenamiento día a día. No improvises. La mente humana pierde mucha energía si cada día se sume en la incertidumbre de tener que decidir. Acuéstate cada noche sabiendo lo que vas a hacer mañana. Durante el sueño tu cerebro se prepara. Te levantarás mentalizado y dispuesto a cumplir el Plan.

Y por supuesto, aunque no logres al principio tus metas incluso tengas "mala suerte", NO TE RINDAS NUNCA. Recuerda que tu mente ya conoce cómo fracasar. Ahora debes enseñarla a cómo triunfar con un gran músculo de esfuerzo y constancia.


Hugo W Arostegui

Intoxicación Emocional


Me siento vulnerable, me enfado con facilidad y de vez en cuando siento la necesidad de marcharme y dejarlo todo. Paso del interés a la indiferencia en una milésima de segundo, pues tan pronto me apetece llevar a cabo un proyecto como que me aburre soberanamente.

Vivo en una montaña rusa constante, la risa y el llanto me acompañan y me desestabilizan en los momentos más inesperados. Me cuesta un gran esfuerzo separar mis preocupaciones presentes y pasadas y la inseguridad reina mi vida.

Reacciono con frecuencia de forma desproporcionada y no consigo exponer con claridad mis pensamientos y emociones, lo que me está trayendo muchos problemas. Además, tan pronto no me siento a gusto con nada ni con nadie como que me ahogo porque siento una profunda necesidad de tener a alguien que me lleve de la mano…  

¿Te identificas a ti o a alguien de tu entorno en estas palabras? Este podría ser perfectamente el discurso de una persona bajo los efectos de la intoxicación emocional. Muchos de nosotros comprendemos cuáles son los efectos de una intoxicación por alcohol, nos parece claro que las percepciones se alteren, que la capacidad de reacción se deteriore, que el pulso cardíaco se ralentice

Pero, ¿somos capaces de interpretar la intoxicación emocional?
Si estás pasando o has pasado por momentos de gran carga emocional es probable que estés intoxicado. Las causas son diversas  puesto que somos seres emocionales en nuestra totalidad pero, en cualquier caso, la intoxicación emocional es la consecuencia de no otorgarnos un tiempo diario para cultivar nuestro interior.

Dar pase libre a nuestras reacciones emocionales sin pasarles un filtro mental limita nuestra capacidad de comunicación y de avance. Es frecuente que nos encontremos con situaciones a las que no sabemos responder como consecuencia de nuestro intoxicación. Digamos que estar emocionalmente intoxicado te impide pensar antes de hablar y tomar perspectiva  sobre lo que acontece.

“Debes tener siempre la cabeza fría, caliente el corazón y larga la mano” dijo Confucio.

Una reacción en caliente hace que nos controlen nuestras emociones y estallen nuestros impulsos, por lo que no seremos nosotros mismos si actuamos en ese momento.

Al “temor a soltar” yo lo definiría como vértigo emocional; este no es más que el miedo en estado puro, el miedo a enfrentarnos con el vacío que la pérdida genera. Es el miedo al duelo por la pérdida de nuestro amor por el sacrificio y de nuestra debilidad por el masoquismo.

Te sientes irritable si te sales del guión que has preestablecido para tu vida y sientes que, si te desvías provocarás una hecatombe que desequilibrará por completo tu vida. No te sientes capacitado para seguir con tu vida si abandonas esos hábitos o personas que permanecen a tu lado pero, aun así, sabes que algo en relación a ellos no va bien.

Tenemos que entender que cuando estamos bajo la influencia de nuestras emociones e inseguridades  nos deterioramos enormemente. No estamos interpretando las cosas con precisión y somos muy propensos a decir o hacer cosas que podemos lamentar más adelante


domingo, 2 de julio de 2017

El Condicionamiento Del Grupo


Las personas vivimos en sociedades y, dentro de estas sociedades, pertenecemos a varios grupos en los que aspiramos a ocupar un lugar (tener un significado como parte del grupo). La pertenencia a estos grupos implica que tengamos una identidad social de cada grupo al que pertenecemos. 

De este modo, podemos decir que contamos con dos identidades, la identidad personal y la identidad social.

Dentro de estos grupos a los que pertenecemos, normalmente, buscamos destacar. Queremos ser personas importantes dentro del grupo. Esa necesidad se denomina búsqueda de significado. La búsqueda de significado es un deseo fundamental de importar, de ser alguien, de tener respeto.

Dado que los grupos sociales a los que pertenecemos están inmersos dentro de una cultura, la búsqueda de significado nos va a llevar a intentar alcanzar los logros que la cultura valora. Esto es, aquello que culturalmente consideramos importante, que además suele coincidir con aquello que las demás personas de nuestra cultura y grupo social admiran.

Para que se establezca el proceso de buscar significado, el establecimiento de una meta es lo primero. La búsqueda de significado se despierta por alguna circunstancia y, en respuesta, uno inicia una búsqueda de los medios para alcanzar ese objetivo. Para ello se recurre al grupo social que sea más importante para la persona, el cual espera que el individuo adopte sus normas y valores mientras que le ofrece aceptación y respeto.

La importancia del grupo en el significado
El significado va a depender de lo que el grupo piense. Por ello, el significado se basa en la realidad compartida del grupo. Una vez que la motivación de buscar significado se despierta, la atención se dirige al grupo para saber cuáles son las normas que el grupo exige en diferentes circunstancias. 

Para que se despierte la búsqueda de significado tiene que darse alguno de estos tres casos: que perdamos significado, que exista la percepción de que podemos perder significado o que se nos presente una oportunidad de ganar significado.

La búsqueda de significado tiene dos consecuencias inmediatas: el efecto de empoderamiento al verse a sí mismo como parte de una entidad más grande y fuerte; y el efecto de sacrificio, la disposición a seguir las normas del grupo y/o actuar en su nombre sin importar el precio.

En consecuencia, cuando la ideología del grupo es justificadora de la violencia, esta búsqueda puede impulsar el apoyo de la violencia en nombre del grupo. Por el contrario, cuando la ideología del grupo es tolerante y benevolente, puede fomentar conductas conciliatorias y prosociales.

Como hemos dicho, la pérdida de significado o la oportunidad de ganar significado motiva un cambio dentro del grupo. Este cambio implica que el grupo social va a ser más importante para nosotros y vamos a estar dispuestos defender al grupo pagando un mayor precio. 

En caso de que nuestro grupo acepte de alguna forma la violencia o la incluya en su ideología, defender al grupo puede implicar usar la violencia. Tómese como ejemplo los grupos ultras de los equipos de fútbol.

De este modo, podemos comprender cómo se da un proceso de radicalización. Piénsese en una persona que se une a un grupo ultra. Esa persona, en algún momento puede estar motivado a buscar significado, a ser un miembro importante del grupo de ultras. 

Dado que el grupo acepta la violencia, esta persona va a considerar que el uso de la violencia le puede llevar a ser una miembro más importante para el grupo.

Si el objetivo propuesto, ser un miembro más importante dentro del grupo, es más relevante que otros objetivos que pueda tener, el uso de la violencia puede convertirse en el día a día de su vida.

Como se ha visto, la búsqueda de significado puede conducir a la radicalización. El querer ser importantes y destacar dentro de un grupo social que de alguna forma justifica la violencia puede convertirnos en radicales. Sin embargo, y afortunadamente, los grupos que justifican la violencia no son la mayoría y la búsqueda de significado también puede conducir a ser miembros importantes en grupos comprometidos con valores no violentos.