martes, 28 de noviembre de 2017

Los Fantasmas Que Traemos Dentro


Pensar en una huida muchas veces es para todos una forma de sentirnos a salvo en otra parte. Desear alejarse de lo que nos hace daño, nos agobia y nos acorrala por dentro es un deseo que puede ser bastante corriente en nosotros. Sin embargo, si te identificas con ello, sabrás muy bien que huir nunca fue la solución.

Lo dice la canción, la huida no es la respuesta, puesto que siempre que deseamos huir lo hacemos de algo o de alguien, y cualquiera de las dos cosas siempre viene con nosotros allá donde vayamos. Si es algo que nos ha ocurrido, necesitaremos superarlo. Si es alguien lo que nos ha ocurrido, necesitaremos saber qué podemos hacer por nosotros mismos.

Reconocerlo es querer afrontarlo: los miedos, los cambios vertiginosos o las decepciones nos hacen sentirnos cobardes, inseguros y débiles. Querer huir, reconocerlo, es el primer paso para seguir adelante.

“No llames cobarde a alguien que tiene miedo, 
solo abrázalo y dile que, 
al revés de todo, 
los monstruos existen hasta que les pones nombre: 
solo los valientes lo hacen.”
-Elvira Sastre-

Así que tú, que has sentido alguna vez que querías marcharte y desaparecer en el mundo, eres un valiente. Has comenzado a afrontar el problema y pronto te darás cuenta de que aplazarlo, ignorarlo y huir de él solo va a posponer el enfrentamiento directo con aquello que duele.

En el momento en el que te das cuenta de que quieres dejar algo atrás e ir a otro lugar, te das cuenta de que no buscas alejarte del lugar donde estás, sino de los recuerdos que tiene dicho lugar. Sin embargo, aprenderás que los recuerdos van contigo y empapan las ciudades donde estés. 

No puedes huir de ti mismo, y si tratas de huir de alguien es porque en esa relación solo quedas tú.

Quizá puede que estés pensando que muchas veces posponer el enfrentamiento también nos ayuda a tomar aire y cambiar de perspectiva, pero entonces deja de ser una huida y se convierte en un periodo de reflexión y supervivencia: habrá que volver allí de donde queremos irnos y hacer lo que no habíamos hecho.

De hecho, lo normal es que, cuando la huida es de algo externo, no lo necesitemos realmente: superamos el problema sin mayor complicación. La que es realmente difícil es la huida de los fantasmas que tenemos dentro

A esos fantasmas nunca los vamos a ganar si no les plantamos cara y les ponemos nombre.



Las Vidas De Nuestra Vida


Filosofía

Los embates de la vida, con sus glorias y derrotas, ocasionan que a veces perdamos el camino. Ante la eterna duda de qué es aquello que motiva nuestra propia existencia y preguntas que rayan en los pensamientos de Meursault en El Extranjero, los seres humanos recurren a aquello que les da una certidumbre. Sea en la religión, la auto-ayuda, el hedonismo o la filosofía, cada uno de nosotros cuenta con un bote salvavidas que alivia esos cuestionamientos, aunque en esta ocasión nos ocuparemos de la filosofía.

Aunque apelemos al reduccionismo para comprender un poco mejor la esencia de los textos filosóficos, ello no demerita el poderoso conocimiento que estos esconden.

La obra de Friedrich Nietzsche puede dividirse en dos capítulos de su vida: el periodo negativo y el positivo. En el primero, el filósofo prusiano critica el cristianismo y los valores promovidos por esta doctrina religiosa, mismos que serán suplantados por la construcción de nuevos valores, en los que Nietzsche ahonda durante la segunda parte de su vida, y en la cual destaca la obra: “Así habló Zaratustra.

En cambio, como parte de su periodo negativo, Nietzsche escribió La gaya ciencia, un título en el cual aborda el concepto de poder, pero sobretodo del 'eterno retorno'; una concepción retomada por múltiples corrientes filosóficas que plantea una repetición del mundo en el cual éste se extingue para volver a crearse.



"¿Qué ocurriría si un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijera: 'Esta vida, como tú ahora la vives y como la has vivido, deberás vivirla aún otra vez, innumerables veces, y no habrá en ella nada nuevo; sino que cada dolor y cada placer, pensamiento, suspiro, y cada cosa pequeña y grande de tu vida deberá retornar a ti, y todas en la misma secuencia y sucesión -y así también esta araña y esta luz de luna entre las ramas y así también este instante y yo mismo-.¡La eterna clepsidra de la existencia se invierte siempre de nuevo y tú con ella, granito de polvo!?' ¿No te arrojarías al suelo, rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que te ha hablado de esta forma? ¿O quizá has vivido una vez un instante infinito, en que tu respuesta habría sido la siguiente: 'Tú eres un dios y jamás oí nada más divino'? Si ese pensamiento se apoderase de ti, te haría experimentar, tal y como eres ahora, una transformación y tal vez te trituraría; la pregunta: '¿Quieres esto otra vez e innumerables veces más?' pesaría sobre tu obrar como el peso más grande. O también, ¿cuánto deberías amarte a ti mismo y a la vida para no desear ya otra cosa que esta última, eterna sanción, este sello?"

El planteamiento de Nietzsche no versa respecto a la sensación de ver tu vida pasar al final de tu vida, sino que la repetirás eternamente. Resultado de esa condición tras la muerte, ¿repetir tu vida es una condena o un regalo? En función de la respuesta, una persona podrá valorar su vida como buena o mala. Sin embargo, dicha valoración no reside en función de la felicidad, el bien hecho o el deber cumplido, sino en la experiencia de la vida como un gran instante enorme. 

Nietzsche ahonda en el planteamiento de que todo sucede siempre al mismo tiempo, no hay presente, pasado o futuro. En realidad, el logro de la felicidad humana consiste en no querer que nada de tu vida sea diferente, de ninguna etapa. Según el filósofo bávaro, cuando aceptas y amas el momento, es que has triunfado. Cada acción y decisión de tu presente determinará un evento que se repetirá eternamente. ¿Disfrutarías repetir aquello que vives hoy? He ahí el cuestionamiento.

Con los Ojos Abiertos


¿Dónde está la Verdad del ser humano? ¿Dónde está la Verdad de la Vida? Una como otra es una continua búsqueda, donde el ser humano siempre está comprometido. 

El alma humana siempre va unida a la muerte, con constantes renacimientos. Muertes que acompañan a la vida existencial del ser humano, trascendiendo a su Realidad, a la Verdad. 

En el proceso de la vida hay que discernir entre la multitud, con quien compartimos nuestra trayectoria, quienes nos halagan o quienes nos critican, eludiendo cualquier contrariedad: 
simplemente ser uno mismo. 

Cada ser humano debe protegerse y ser él ante cualquier circunstancia, sin engañarse ni dejarse influenciar por nadie. 

La calidad de su corazón es muestra de su naturaleza espiritual, aunque su irracionalidad e imperfección a veces le desorienten y desordenen. 
Pero, ¿qué es más hermoso que un corazón con luz? 

El ser humano debe permanecer vigilante ante su propia evolución: silencioso, discreto, sigiloso y avanzar atento de sí mismo. Debe estar en alerta de su contienda permanentemente, y encontrará su fruto y luz interior. 

lunes, 27 de noviembre de 2017

Los Libros Humanos


Unos “libros humanos”, de carne y hueso, están contando sus historias de vida a estudiantes de secundaria de la República Checa que quieren tener información de primera mano sobre la migración y la discriminación, y ahuyentar los prejuicios generados por los estereotipos nocivos.

Erase una vez un niño que vivía en un país muy, muy lejano. Este niño se vio obligado a realizar un peligroso viaje a través de mares y tierras, hasta la República Checa. Ahora ya es un hombre y está sentado aquí, como “libro humano”, contando su historia a un grupo de estudiantes que se informan sobre su viaje y ponen rostro a la migración. Ese país lejano existe, es Angola; y el héroe del cuento, una persona real llamada Leonardo Teca.
Cuando le propusieron ser un “libro humano”, Leonardo aceptó y se lo tomó como una aventura: “No solo estoy dando algo, también estoy recibiendo mucho de esta experiencia: los niños y niñas tienen mucho interés en conocer mi historia y entender por qué vine a la República Checa. Me encanta contarles mi cultura y romper estereotipos. Además, tengo la oportunidad de aprender de otros “libros”, nos hemos convertido en un gran grupo de amigos”, afirma Leonardo.
En la escuela aprendimos que los libros son una fuente inagotable de conocimiento. La vida también nos ha enseñado que podemos aprender igual, o más, conversando con otra persona con curiosidad y respeto. Amnistía Internacional República Checa ha unido lo mejor de ambos mundos en los “libros humanos”, cuenta cuentos como Leonardo que participan en las actividades de bibliotecas vivas que se realizan en los centros escolares.

Cada “libro humano”, una persona con una extraordinaria historia de vida que contar, pertenece a una minoría y vive en la República Checa. Según Jiří Bejček, coordinador de Educación sobre Derechos Humanos de AI República Checa, este país tiene precedentes de discriminación hacia las minorías y, a menudo, las personas discriminadas son de origen romaní, refugiadas, musulmanas, con discapacidad, o extranjeras en general. Las actitudes contra la población romaní son especialmente frecuentes entre los estudiantes de secundaria.
Un buen día de noviembre de 2014, propusieron a un grupo de miembros de Amnistía pertenecientes a distintas minorías que sufren discriminación que fueran a un colegio de Praga para contar sus historias de vida sobre desplazamiento y dolor, pero también sobre activismo y esperanza. Leonardo, al igual que muchos otros “libros humanos”, participó en la actividad.

Los estudiantes, en pequeños grupos, pasaron 20 minutos con cada “libro humano” para que les contara su historia personal. A pesar de estar en un ambiente constructivo, Leonardo les explicó cómo algunas personas no llegan a “vivir felices para siempre” y otras tienen que dejar su tierra para buscar una vida mejor.
Tras participar en la actividad, Ágata, de 14 años, se animó a decir que ya entendía lo duro que había tenido que ser para los refugiados cruzar fronteras para huir de los importantes problemas que había en sus países de origen.

Según Jiří Procházka, otro “libro humano”, “los adolescentes no heterosexuales corren un considerable peligro de suicidio y, gracias a esta actividad, ahora luchamos juntos contra este problema

Ágata dice que ya identifica las actitudes subyacentes tras el racismo y la discriminación, y que entiende su efecto sobre las demás personas. ”Me alegra haber conocido a extranjeros a través del taller Biblioteca Humana; ya no me da miedo hablar con ellos”, añade.
La idea de las bibliotecas humanas se probó primero en unos pocos centros escolares y, tras los primeros éxitos, se ha integrado en un programa educativo más amplio que se implementa en más de 20 colegios del país.

El programa consta de cuatro talleres en los que se conversa con estudiantes sobre las consecuencias nocivas de los estereotipos.

A lo largo de los dos últimos años, Amnistía ha reunido un “catálogo” de más de 40 “libros humanos”, tanto de sus propias redes como en colaboración con otras organizaciones no gubernamentales, que participan en estos talleres.

El año pasado el programa contó con la participación de 10 centros escolares, a los que se han sumado otros 10 durante la primavera de 2015.

Humanos Solidarios



En general, cuando hablamos de solidaridad, surge la idea de ayuda económica: dar dinero a los necesitados. O cuando menos de ayuda material: dar comida, vestimentas, etc. Pero estas ideas, aunque sí forman parte de la solidaridad, no lo hacen de forma completa. Hay tantas formas de actuar solidariamente como problemas humanos existen, y en cada uno de esos problemas humanos nos podemos entregar para colaborar y tomar por propias las cargas del otro.

Decir que la solidaridad es, en esencia, ayuda material, sería el equivalente a afirmar que todos los problemas se resuelven de esa manera; que el hombre sólo tiene necesidades materiales. Y el ser humano tiene realmente necesidades que no son materiales, como aquellas afectivas, espirituales, morales o sociales. 

Por lo tanto para estas necesidades, también puede y debe existir una actitud solidaria. Por ejemplo: es posible, si no podemos dar dinero para educación, que demos una parte de nuestro tiempo para educar a niños de escasos recursos; o que favorezca la integración social de una comunidad marginada.

Nadie puede amar a otro si no experimenta el amor a sí mismo, y nadie puede estimar a otro si no experimenta primero la necesaria dosis de autoestima; igual que nadie puede respetar la dignidad de los demás si no sabe defender la propia dignidad.



El Síndrome Del Caracol


Es temerario hacer un elogio de la lentitud. Vivimos en la sociedad de la eficacia, somos personas eficaces. Optimizamos el tiempo, el ordenador, la vida; seleccionamos, filtramos, descartamos, 
comparamos, gestionamos; todo es susceptible de ser ajustado en orden a mejorar nuestra productividad. Planificamos las vacaciones, la familia, las relaciones, el ocio. 

Todo responde a estrategias, objetivos, métricas e indicadores que nos tensionan en un proceso de mejora continua: más sano, más guapo, más rico, más divertido y, sobre todo, más rápido. 

Nos incomodan los tiempos muertos, los descansos y los entreactos, atemperados rápidamente con las melodías, concienzudamente personalizadas, de los mensajes de nuestro móvil, mientras nos quejamos resignados del enésimo jajaja del enésimo grupo al que pertenecemos y al que nos obligamos a responder con el emoticón más original y divertido de nuestro repertorio. 

Somos personas rápidas, brillantes, chisposas y resolutivas, de mente ágil y clara. Nuestras revisiones nunca contemplan la equivocación o el fracaso; siempre hay algún paquete de medidas para el reajuste vital que nos siga haciendo cumplir los objetivos.

Es temerario hacer un elogio de la lentitud, pero al final ni con la ayuda de los consultores de la felicidad nos sale positivo el balance del negocio de la vida. Queda en nuestro debe la imposibilidad de vivir las cosas importantes, siempre ocupadas en dar salida a los asuntos urgentes, que casi nunca son los que más nos importan.

No hay tiempo para llorar a nuestros muertos, para madurar nuestros amores o para ver crecer a nuestros hijos. En la contabilidad de nuestro corazón no termina de cuadrar la caja. La felicidad y el sentido de nuestra vida siguen siendo un plan estratégico a largo plazo.

Es temerario hacer un elogio de la lentitud, pero en 1986 ya éramos conscientes de que no se trata de ir rápido, sino de saber a dónde ir. Cuando el periodista Carlo Petrini asistió a la apertura de un establecimiento de una famosa cadena de comida rápida en la Plaza de España de Roma, se hizo consciente de que algo no iba bien. Había nacido el movimiento slow, cuyo símbolo sería un caracol.

A partir del slow food han ido surgiendo toda una serie de armónicos que configuran la filosofía slow y que constituyen todo un elogio de la lentitud:




Percibir Lo Exterior


Una persona empática es altamente sensible a los sentimientos, intenciones y motivaciones de los demás. Sienten la energía de otras personas en un nivel profundo que muchos no entienden. Alguien que es empático puede simpatizar con la manera en cómo se sienten los demás, pero ser un empático es más profundo que eso. Una persona sensible de esta manera, puede percibir la energía a su alrededor y sentir las emociones de los demás, quieran o no. Es algo sobre lo que no tienen control.

Señales de que eres capaz de percibir la energía a tu alrededor
Estas son 10 señales de que puedes ser una persona sensible a la energía de los demás y no te has dado cuenta.

1. Eres alguien que piensa demasiado
A menudo puedes encontrarte completamente convencido de que hay algo más profundo que no se puede ver. Esto es porque estás recogiendo las motivaciones, las intenciones y los sentimientos de otros que la mayoría de la gente no son tan sensibles.
2. Siempre te sientes cansado
Es más probable que estés desgastado de todas las emociones que experimentas diariamente. Experimentar los sentimientos de otros más que los tuyos, es a menudo muy agotador.
3. Eres un pacificador
Eres un pacificador natural ya menudo terminas haciendo un compromiso con tus propias necesidades o sentimientos para mantener a los demás felices. Te obligas a mantener tus sentimientos personales en el interior para centrarse en cambio en la felicidad de los demás.
4. Tienes emociones mezcladas
Puedes ser muy sensible en el interior, pero distante y reservado en el exterior. Anhelas intimidad con otros, pero rara vez te permites acercarte a alguien.
5. Eres un solucionador de problemas
Cuando identificas un problema, estás buscando una solución casi de inmediato. Odias ver a otros en el dolor o desesperación. Sientes la necesidad de encontrar una manera de cambiar o arreglar el problema para hacer felices a todo el mundo.
6. Eres creativo
Te atraen las formas creativas de muchas maneras. Ya se trate de la escritura, la pintura, la música o el baile, anhelas una manera de expresar tus emociones. Ser creativo te permite dejar de lado algunas de las emociones que te pesan y te das la oportunidad de relajarte y sentirte libre, incluso por un corto tiempo.
7. Vives experiencias Deja Vu
Experimentas extrañas coincidencias más que la persona promedio y que a menudo tienen la sensación de deja vu. Esto sucede porque tienes la habilidad de percibir la energía de tu entorno y a menudo notas cosas que otros no.
8. No estás cerca de muchas personas
Incluso si tienes una familia grande o un gran grupo de conocidos abundante, estás únicamente cerca de sólo un puñado de personas. Quieres estar más cerca de los demás, pero manejar los problemas y emociones de demasiadas personas puede llegar a ser abrumador, por lo que mejor te juntas con unos pocos elegidos que te entienden.
9. Te sientes en casa en medio de la naturaleza
Estar al aire libre te hace sentir en paz. La luz del sol, la hierba alta, los bosques profundos y los sonidos de la naturaleza relajan tu mente y nutren tu espíritu.
10. Estás constantemente buscando respuestas
Te encuentras siempre buscando un significado más profundo. Constantemente buscas maneras de mejorarte a ti mismo o aprender algo nuevo. Anhela una comprensión profunda de muchos temas diferentes debido a tu impulso interno por el crecimiento personal.


domingo, 26 de noviembre de 2017

Superación


La superación personal es un proceso de cambio a través del cual una persona trata de adquirir una serie de cualidades que aumentarán la calidad de su vida, es decir, conducirán a esa persona a una vida mejor.

 Esta vida mejor no debe entenderse como una vida con más comodidades materiales, aunque éstas también pueden aparecer como un subproducto del cambio personal. Lo que el individuo trata de hallar a través de la superación personal es, en cambio, un estado de satisfacción consigo mismo y con las circunstancias que lo rodean.

 Son muchos los factores que conspiran en contra de un estado de esta naturaleza. Es frecuente encontrar personas que viven oprimidas por sentimientos de angustia, temor o incluso ira contra sí mismas o contra los demás. La causa de esto son creencias erróneas acerca de lo que es la vida, por ejemplo, la creencia de que la manera de alcanzar la felicidad es tener más y consumir más.

 Durante el proceso de cambio la persona en busca de la superación trata de conseguir la liberación de esas creencias erróneas para así poder estar en condiciones de afrontar la vida con otro enfoque, bajo otra perspectiva. Esto se llama el proceso de liberación o de despertar. A esa persona que ha conseguido ese objetivo se la puede llamar una "persona evolucionada", dado que ha experimentado una evolución en su actitud frente a la vida.

 Llegar a convertirse en una persona evolucionada no es un proceso fácil. Implica dejar atrás muchas formas de comportamiento que se han ido adquiriendo como consecuencia de la vida en sociedad y que ya se han convertido en parte integrante de ti. De hecho, lo que se te está pidiendo es que te conviertas en otra persona diferente de la que eras. Por eso a este proceso algunas veces se lo denomina "renacer".

 Ante la magnitud del esfuerzo que esto implica, es comprensible que algunos decidan seguir siendo como son, a pesar de todos los inconvenientes que ello les ocasiona. Para otros es imposible seguir en las condiciones en que se encuentran y solamente les queda tratar de cambiar si es que la vida ha de tener algún significado para ellos.

 La seguridad que proporciona lo conocido y la inseguridad que provoca lo desconocido, son algunos de los motivos por los cuales las personas se resisten al cambio. También es cierto que las cualidades de la persona evolucionada no son precisamente las que promociona la sociedad. 

Generalmente asumir una actitud evolucionada representa enfrentarse con la manera de pensar de la mayoría y esto no suele ser grato para nadie.

 En realidad, iniciar el camino de la superación personal implica tener la intención de adoptar formas de pensamiento que han sido características de las grandes personalidades de la humanidad. Estas grandes personalidades no lo fueron precisamente por haber seguido las instrucciones de algún libro sobre cómo conseguir amigos e influir en las personas.

El camino de la superación personal no es para todo el mundo, sino solamente para aquellos que han decidido hacer el esfuerzo porque están convencidos de que no les queda otra alternativa que aplicarlo en sus  vidas.


Superficialidad


Es visible en los días de hoy la superficialidad en los vínculos afectivos. No se crean lazos profundos y se acaba por no vivir experiencias afectivas de calidad, ya sea con hijos, padres, cónyuge, acompañantes, amigos. La superficialidad aparece en el “quedar” de los adolescentes, puede estar también en los altos índices de divorcios, separaciones y quizá, en el aumento de las relaciones no oficializadas que existen hoy día, como las “parejas de hecho” o en otras varias formas de unión.

Existe, sí, una apertura social, que por una parte es positiva, que nos favorece a todos, ofreciendo nuevas posibilidades en las varias configuraciones parentales y familiares, en los vínculos afectivos, en fin… Tenemos por lo tanto mayor libertad para elegir cómo queremos relacionarnos. Por otra parte, ¿no estaremos perdiendo algo bueno en este cambio?

Si profundizamos más, cada uno de nosotros tenemos motivaciones, no conscientes, en cada elección que hacemos a todo momento. Y no siempre elegimos lo que sería mejor para nosotros.

Y más grave aún, muchas veces percibimos que nunca somos felices, considerando que es por simple falta de suerte o por karma. En el universo profundo de nuestro psiquismo, sentimos que queremos una relación profunda y sana, y más que eso, que la necesitamos, es una necesidad. Con todo, nunca logramos una relación como la que hemos idealizado, y nos frustramos con ello, perdiendo la esperanza.

“-¡Ah! Yo no tengo suerte en el amor, no sirve de nada…”

En el meollo de esta cuestión, puede anidar una actitud auto-saboteadora no consciente, que nos impide crear vínculos fuertes con otras personas, y acabamos por echar la culpa a los demás.

Es ciertamente una forma de narcisismo, lo cual no aceptamos. “No confío en las personas, nadie es digno de confianza.” Por detrás de esta actitud puede ocultarse un miedo a “vivenciar nuevamente” algo desagradable, vivido en algún lugar de nuestro pasado; y así, no nos vinculamos, para alejar la posibilidad de volver a sentir la angustia. Aunque por otra parte, puede ser tan solo una forma de desviarnos de posibilidades de vínculos más estrechos.

Es como si algo muy desagradable, vivido anteriormente, hubiese quedado grabado en nuestra memoria, escondido, y retornase en situaciones parecidas, haciéndonos sentir la ansiedad y el miedo a revivirlo. De esta forma, sin saberlo (racionalmente), muchas veces estamos alejándonos de lo que realmente queremos, o sea, un vínculo bueno, fuerte y de calidad.

Como ejemplo, podemos pensar en una persona que haya tenido alguna experiencia de traición y que ahora, como defensa, no profundiza en el vínculo emocional y afectivo en otra relación, pues está siempre a la espera de que la traición vuelva a ocurrir. Es la ansiedad (defensa natural) que sentimos al acercarnos a algún peligro. O bien, la “creencia” introyectados en la infancia, de que “el matrimonio no sale bien”, por experiencias dolorosas vivenciadas o incluso testimoniadas del fracaso en la relación de los padres.

Frases como: “El matrimonio es una utopía”, “¡Ningún hombre (o mujer) vale nada!” o “el matrimonio es una institución fallida”, delatan que hay normas, leyes, que rigen algo simbólico en nuestro subconsciente y por ende influyen sobre nuestro modo de pensar y de actuar. Son las creencias arraigadas en nuestro mundo mental, que nos rigen en nuestro pensar.

En la práctica, protestamos por no ser posible hoy día crear un vínculo amoroso bueno, unas amistades fuertes que podrían tener efectos muy saludables en nosotros, pero caemos siempre en el mismo lugar (donde nos ponemos), aquello de que nadie es digno de confianza; y por eso nos protegemos detrás del “escudo” de la timidez, de la ansiedad, de la indiferencia, de la desconfianza, y otras muchas. Observa que de esta forma nos colocamos distantes de lo que queremos.

Todos necesitamos vivenciar vínculos afectivos de calidad, vínculos fuertes, profundos, y no solo necesitamos sentirnos aceptados, sino además percibir el afecto espontáneo de las demás personas que nos rodean. Crear vínculos de calidad y disfrutar de una vida mejor, son los resultados buscados (y conseguidos) por el desbloqueo de estos patrones psíquicos.

Nos liberamos así de estas creencias, que ocasionan en nuestra vida un tipo de auto-sabotaje. Comprender lo que nos pasa, conocernos a nosotros mismos, y localizar dónde está situado ese miedo, cuál es el sentido de esos bloqueos, (pues cada ser humano es único) es un trabajo arduo y penoso, pero siempre compensador, pues aporta una mejor condición en la vida afectiva, y mucha más calidad. No importa la edad, clase social o momento de vida que se esté atravesando, siempre es posible y necesario iniciar el proceso del cambio.



Hablar Con Responsabilidad


Cada uno tiene sus propios problemas y es responsable de su resolución.

En principio nuestros problemas son individuales, nos afectan solo a nosotros.

Cuando formas una familia, cada uno de los miembros asume la responsabilidad, compartida, de los problemas comunes. La familia, como unidad, asume los problemas de todos y se compromete a colaborar en la superación de estos.

El funcionamiento de una familia dependerá del grado de implicación de cada uno de los miembros.
El ser humano, como animal social que es, organiza sus grupos sociales imitando este comportamiento. La tribu, sea cual sea su tamaño, obliga a sus miembros a realizar tareas que repercuten en el buen funcionamiento de esta.

Al igual que en la familia, cada miembro realiza una labor que acaba siendo específica de él. El cazador, el agricultor, el ganadero...Cada uno con su función y cada uno con su responsabilidad. El patriarca, político, asume el papel de gestor y líder del grupo dentro de la organización tribal, y por lo tanto, asume la resolución de los problemas de la tribu.

Si llegas a la política, este debe ser tu compromiso. Como el compromiso de un padre o una madre.

Cuantas veces el amor a nuestros hijos nos hace prohibirles algo, o no dejarles hacer lo que realmente quieren. No por el hecho de negarle un placer sino por prevenir un error.

Muchos políticos, con la idea de perpetuarse en un sillón que no se merecen, toman la postura del padre o madre permisivo, que no niega nada para no enfrentarse a su hijo o parecer un padre enrollado.

Los que somos padres sabemos que este comportamiento lleva a nuestros hijos a cometer errores que, a la larga, resultan más perjudiciales que el placer que reciben.

Tantos años de permisividad, de dejar a los vecinos construir viviendas ilegales, el primero el amigo del político, de dar servicios y de aquí no pasa nada, hicieron creer a los vecinos que la ley terminaba en la entrada del pueblo.

El político tranquilo, durmiendo en su sillón y soñando en que no lo perdería.

Hoy, el político, irresponsable, durmiendo en otro sillón, tranquilo, a él no le pasa nada, no le duele nada.

Hoy he tenido que decir a un vecino, con una multa de seis cifras, que lo suyo no tiene arreglo, que tiene que pagar. Hoy, un vecino, no dormirá tranquilo. Ni él ni su familia. Ni hoy ni en mucho tiempo.

Yo si dormiré. Y me despertaré más de una noche pensando en él. Les aseguro, no es agradable.



Otros, mientras, haciendo hoyos para seguir enterrando vecinos y de camino, escalar al sillón con el que sueñan en sus plácidas noches.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Ciudadanía

Filosofía

Un ciudadano o una ciudadana es el habitante de un Estado que tiene unos derechos políticos y puede ejercerlos. El ciudadano o ciudadana posee un estatus legal que le diferencia del que no lo es.

“Ciudadanía es lo propio del ciudadano, y especialmente el conjunto de los derechos de que disfruta y de los deberes que le incumben. El primer deber consiste en obedecer la ley (aceptar ser ciudadano, no soberano). El primer derecho, en participar en su elaboración o en las relaciones de fuerza que se encaminan a ella (ser ciudadano, no súbdito). Son dos formas de ser libre, en el sentido político del término, y en una ciudad no hay otra forma de serlo (André Comte-Sponville: Diccionario filosófico. Paidós).

Poseer la ciudadanía supone.
*Formar parte de una comunidad de iguales por lo que respecta a los derechos y a los deberes. Todos los ciudadanos y ciudadanas comparten unos mismos derechos y deberes con independencia de su religión, sexo o cultura. Esta comunidad se diferencia, a su vez, de los no ciudadanos.
*Participar en la toma de decisiones que afectan a todos. Ser ciudadano o ciudadana, por tanto, no significa limitarse a satisfacer los deseos personales y ser depositarios pasivos de unos derechos. Esta posibilidad de participación solo se produce en los sistemas políticos democráticos (donde democracia significa el “gobierno del pueblo”); por tanto, la democracia es el sistema político más adecuado para ejercer la condición de ciudadanía.
*Participar en un proyecto común de convivencia de acuerdo a un ideal de conducta cívica. Ser ciudadano y ciudadana significa que, aunque se produzcan situaciones de conflicto, la relación con los demás tiene que estar determinada por el diálogo y la cooperación. La educación para la ciudadanía reflexiona sobre aquellas conductas que permiten la construcción de una sociedad mejor.
*Potenciar lo que es común entre los seres humanos. La ciudadanía es la conciencia de vivir a pesar de nuestras diferencias en un mundo compartido. Como asegura Fernando Savater, “no se progresa creando diferencias, sino igualando derechos, sufragio universal (para pobres y para ricos, para hombres y para mujeres), educación para todos, sanidad para todos, pensiones de jubilación para todos, etc.”.

Constitución, ciudadanía y organización social.
La ciudadanía es una realidad que ha evolucionado alrededor de unos derechos y unos deberes asignados a un conjunto de individuos (a los que se denomina ciudadanos) y que están recogidos en una constitución (la constitución es la norma fundamental de un Estado, que establece las relaciones entre las instituciones, define la organización política del país y señala los derechos y deberes fundamentales que tiene garantizados los ciudadanos).

La ciudadanía solo es posible cuando existe una idea de Estado, un orden al cual el individuo manifiesta lealtad. 

Históricamente, han existido diversas formas de organización social opuestas a la idea de ciudadanía:
-Formas primitivas: vínculos familiares y de dominio por la fuerza física.
-La sociedad feudal. Basada en la relación entre el señor feudal y sus vasallos. Se trata de una relación jerárquica en la que el señor proporciona seguridad a los vasallos, a cambio de su servicio y fidelidad.

-La monarquía absolutista y la tiranía. Son sociedades en las que una única persona, el monarca o el tirano, se encuentra por encima del resto, los súbditos. En el caso de la tiranía, se exige el apoyo activo de todos los individuos.

Aunque los conceptos de ciudadanía y sociedad civil estén relacionados, no hay que confundirlos. La ciudadanía evoca los lazos políticos que existen en el conjunto de la comunidad, mientras que la sociedad civil se refiere a la formación de asociaciones y grupos que no son políticos (asociaciones culturales, etc.). Por otro lado, la participación en este tipo de  agrupaciones supone un aprendizaje a partir del cual uno puede interesarse posteriormente por cuestiones que afectan a toda la comunidad.

Ciudadano estatal y cosmopolita.
La noción de ciudadanía nació en la Antigua Grecia y se aplicó al ciudadano del Estado; también en Grecia surgió el concepto de ciudadano del mundo o del cosmos (de donde procede el término cosmopolita).
-Se habla de ciudadano  y ciudadana estatal como miembro de una comunidad de iguales que participan activamente en la toma de decisiones políticas.
-El concepto de ciudadano y ciudadana cosmopolita supone considerar que todos los miembros de la humanidad son iguales y dignos, y merecen compartir los mismos derechos y deberes. Es un salto cuantitativo de la idea de ciudadano estatal.


El cosmopolitismo se basa en dos aspectos señalados por Anthony Appiah:
*”Tenemos obligaciones que se extienden más allá de aquellos a quienes nos vinculan lazos de parentesco, o incluso los lazos más formales de la ciudadanía compartida”.
*”Debemos tomar en serio el valor, no solo de la vida humana, sino también de las vidas humanas particulares, lo que implica interesarnos en las prácticas y las creencias que les otorgan significado”. El cosmopolita reconoce una diversidad de formas de vida y se interesa por ellas.

El cosmopolitismo se opone al nacionalismo, pero esto no significa que haya que desentenderse de los más próximos:
-“Las fronteras de las naciones son irrelevantes desde el punto de vista moral: accidentes de la historia sin derecho legítimo sobre nuestra conciencia”(Appiah).

-“La sociedad y la unión de los hombres sería perfectamente guardada si aplicáramos principalmente nuestra generosidad a aquellos con quienes más estrechamente estamos unidos”. (Cicerón).

Política Humana

Filosofía

Aristóteles dijo en su día que el ser humano es un ser político en el sentido de que, al vivir en sociedad es necesaria una determinada organización para hacer posible la convivencia y es representada bajo la forma de Estado, siendo para este caso, sinónimo de gobernar. 

A partir de ello, se podría deducir que la política está intrínseca en nuestra vida cotidiana. No obstante, sería oportuno ampliar el significado de la política y se podría definir como las decisiones que se toman dentro de los grupos sociales acerca de: si existirían jerarquías o no, si las leyes emanarían de un soberano o se harían por consenso desde la base, si se legitimaría la propiedad privada, la estatal o colectiva, si existirían o no fronteras, si los órganos de participación en política serían asambleas abiertas o por el voto… Todo ello responde a dar una respuesta a la necesidad de hacer frente a diversos problemas como el reparto de alimentos y del trabajo, la seguridad del grupo, la resolución de conflictos, etc.

Cierto es que la política, la economía y la sociedad están muy relacionados, sabiendo que dependiendo de uno u otro sistema económico varían las formas de gobierno así como el comportamiento de la mayoría de la sociedad. Sin embargo, ¿estaría pues la política intrínseca en nuestras vidas cotidianas? Analizando a los individuos, los componentes básicos de una sociedad, nos damos cuenta de que éste no siempre está haciendo política, es decir, no siempre está militando en algún colectivo, grupo, asociación o sindicato, o debatiendo con otros y sacando propuestas, sino que hace otras cosas como quedar con amigos, ver películas, en general todas aquellas actividades de ocio para desconectar y pasar buenos ratos. Todas ellas ajenas a todo lo que sean temas políticos.

Pese a ello, en ocasiones se llega a politizar incluso los actos de la vida cotidiana en aspectos como las relaciones de amistad, familiares o incluso sociales, o en la manera de hacer las cosas. Al mezclar la vida cotidiana con la política muchas veces hace que los individuos se discriminen mutuamente solo por el hecho de que no comparten la misma ideología, pensamientos u opiniones. Incluso algunos llegan a darle demasiadas vueltas a un asunto que en verdad carece de relevancia. 

Quizá pueda parecer paradójico decir a la vez que la política influye mucho en las pautas de comportamiento de la gente. Así por ejemplo, un fascista es muy cerrado de mente mientras que un anarquista está abierto al intercambio de opiniones (aunque desgraciadamente haya algunos que sí son dogmáticos y no miro a nadie); un socialdemócrata solo piensa en términos medios mientras que uno de derechas es soberbio y arrogante…

Resumiendo. 

Existe una cierta contradicción entre que la política forma parte de nuestras vidas pero a la vez que muchos aspectos no tienen nada que ver con ella y siguen siendo importantes en la vida del individuo, como lo es el ocio, el entretenimiento y las relaciones interpersonales. A modo de conclusión, creo conveniente que se separe la militancia política de la vida personal, no en el sentido de que se deba de cambiar de careta cuando nos tengamos que poner serios para involucrarnos en acciones de carácter político sino en referencia a que, dentro de las relaciones interpersonales, la compatibilidad entre individuos se debe principalmente a la personalidad -además de que antes que ideologías somos personas- y por tanto, no mezclar los momentos en que uno debe desconectar para tomarse un descanso, relajarse, estar consigo mismo y tomar fuerzas con momentos en que hay que debatir, organizarse, y pasar a la acción. 

Porque en caso de que se esté todo el día metido en el embrollo de estar al tanto de la política, aplicar siempre los principios ideológicos y evitando en todo lo posible las contradicciones, acabaría uno por quemarse y con ello solo consigue tener la mente intranquila y el alma inquieta dando como consecuencia la pérdida de uno mismo, al no poder gozar de tranquilidad para reencontrarse con su «yo».


El Ser Hacer Y Sentir


Todos en algún momento de nuestras vidas estamos en la búsqueda de la felicidad, pero realmente te has preguntado ¿Qué es la felicidad?, simplemente es una emoción, y cada persona tiene una manera diferente de alcanzarla, no existe una serie de pasos o un manual para ser feliz.

Estamos tan inmersos en la cotidianidad de la vida y su ritmo tan acelerado, que no nos permite hacer un “stop” para pensar y meditar acerca de nosotros mismos, de lo que estamos sintiendo durante el día; dejándonos llevar por la mecánica de la vida y haciendo a un lado la conciencia del ser, hacer y sentir con atención.

Esta conciencia del “Ser, Hacer y Sentir” es simplemente estar consciente en lo que efectuamos y cómo lo concebimos, descubriendo todo lo que sentimos en lo que hacemos y como experimentamos, física y energéticamente, ese sentir. Esto nos ayuda a conocernos internamente, estableciendo un íntimo lazo físico y espiritual con nosotros mismos, que nos llevará a ver lo que sentimos por dentro cuando experimentamos una emoción en cada una de las cosas que realizamos durante el transcurso de nuestras vidas.

Es importante que con esta conciencia del Ser, Hacer y Sentir, en cada acción que realicemos, identifiquemos la emoción que se experimenta en ese instante; la llamemos por su nombre, distingamos cuáles son sus beneficios y cómo puedo aprender y convivir con ella. Esto dará origen a la liberación de las emociones, dejándonos de sentirnos presos por ellas.

Para establecer esta conexión, debemos aceptarnos y reconocernos tal cual como somos. 

El conocernos mejor nos brinda un amor intrínseco y mayor confianza en nosotros mismos, haciendo que transmitamos un estado de seguridad positivo, capaz de ser percibido por quienes nos rodean. Al tener esta conciencia te permitirá reflexionar en cosas sin hacerlo intencionalmente, impedirá que quedes atrapado en tus sentimientos por los eventos del día, así como en las relaciones personales o al estrés del trabajo.

Esta práctica del estar consciente del Ser, Hacer y Sentir, te ayuda a mantener tu enfoque en las cosas que suceden en el exterior de ti, dejando a un lado la mecánica de la vida, tomando el control de ella y dándole un propósito a tus acciones. Haciendo el lazo físico y espiritual más fuerte, alcanzando a la felicidad plena contigo mismo.


Semillas De Maldad


Este mes se cumple un nuevo aniversario de la publicación del experimento de psicología social, que es hasta nuestros días una de las principales referencias cuando se intenta explicar la obediencia de los seres humanos a las órdenes de una autoridad, incluso cuando estas órdenes desembocan en atrocidades y acciones que evidentemente van contra la conciencia individual: el experimento de Stanley Milgram.

En 1960, unidades del Mossad, el servicio de inteligencia de Israel, capturaron a las afueras de Buenos Aires a Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS durante el régimen nazi en Alemania y responsable de la logística que permitió la deportación masiva de judíos a guetos y campos de exterminio en zonas ocupadas de Europa del Este durante la Segunda Guerra Mundial.

Eichmann, quien había vivido en Argentina bajo una identidad falsa desde 1950, fue transportado a Jerusalén para ser enjuiciado por quince cargos que incluyen crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Durante el juicio, brillantemente reportado por Hannah Arendt en una crónica para la revista New Yorker, Eichmann alegó que no fue culpable de sus acciones e incluso que no odiaba a quienes condenó a la desaparición y la muerte, con el argumento de que él no tenía ninguna responsabilidad porque estaba simplemente haciendo su “trabajo; no solamente cumpliendo órdenes, sino además obedeciendo la ley”.

Fue la actitud de Eichmann la que llevó a Stanley Milgram, psicólogo de la Universidad de Yale y descendiente de judíos que emigraron a los Estados Unidos desde Europa del Este antes de la guerra, a preguntarse por los motivos que llevan a los individuos a cometer acciones como las que condujeron al genocidio de más de 6 millones de judíos bajo la coordinación del régimen de Adolf Hitler y sus secuaces. ¿Estaban Eichmann y sus miles de cómplices en el Holocausto simplemente siguiendo órdenes?
Para responder a esa pregunta, Milgram diseñó un experimento en el cual tres individuos: el “experimentalista”, el “profesor” y el “alumno”, debían evaluar la influencia de estímulos negativos en el aprendizaje, utilizando choques eléctricos. Bajo la supervisión del experimentalista, el profesor debía dictar una lista de parejas de palabras al alumno que se encontraba en otra habitación. El alumno estaba conectado a una máquina accionada por el profesor que le suministraba una descarga eléctrica cada vez que no fuese capaz de identificar una pareja de palabras de la lista en otra secuencia de palabras. Con cada error, la potencia de las descargas eléctricas se iba incrementando hasta alcanzar 450 voltios.

En realidad, el experimentalista y el alumno eran un psicólogo y un actor que buscaban evaluar a los voluntarios que tomaban el rol de profesor, a quien se hacía pensar que el alumno estaba recibiendo choques eléctricos. A medida que se incrementaba la intensidad de los choques, el actor que representaba al alumno reproducía grabaciones de gritos y quejas. Cuando el nivel de los choques era más alto, el actor golpeaba los muros de la habitación luego del choque eléctrico que castigaba cada respuesta equivocada.

Al llegar a este punto, muchos de los voluntarios indicaban su deseo de detener el experimento y revisar la condición del alumno. Sin embargo, la mayoría continuaba administrando descargas más intensas tras cada respuesta equivocada una vez que el experimentalista les garantizaba que su responsabilidad era conducir el experimento hasta el final. Muchos de los voluntarios en el rol de alumno mostraban señales de tensión con los gritos del alumno. Pero la mayoría de los voluntarios continuó el experimento hasta el final.

Milgram elaboró dos teorías basado en su experimento. Por un lado, un sujeto que no tiene ni la habilidad ni la experiencia para tomar decisiones durante una crisis, delega la toma de decisiones al grupo y a su jerarquía. Por otra lado, la obediencia consiste en que una persona se ve a sí misma como el instrumento para llevar a cabo los deseos de otra persona, por lo tanto no se ve responsable por las consecuencias de sus acciones.

Los resultados del experimento de Milgram fueron, y aún son, objeto de acalorada controversia al tratarse de una cuestión ética, en el cual los voluntarios, en el rol del profesor, son básicamente engañados y sometidos a una situación de tensión que puede tener efectos duraderos. Por otro lado, la comunidad científica señalaba como irresponsable la extrapolación de los resultados del experimento con eventos como el Holocausto. 

Sin embargo, los estudios psicológicos de Milgram, luego publicados en detalle en su libro Una mirada experimental a la obediencia a la autoridad, están considerados como uno de los más importantes del siglo XX y han sido reproducidos en múltiples ocasiones.

En 2010, en el documental francés El juego de la muerte (Le jeu de la mort), un grupo de investigadores recreó el experimento de Milgram como una crítica a los reality shows. De los 80 concursantes en el rol de profesor, solamente 16 eligieron detener el experimento antes de llegar a la mayor dosis de voltaje en los choque eléctricos de castigo al estudiante. Quienes llegaban a este punto del experimento no se consideraban esencialmente malvados o insensibles. Simplemente hacían lo que les era indicado, animados por el público en un estudio de televisión.

Tal vez por la oscura fascinación que producen las circunstancias que llevan a personas ordinarias a obedecer órdenes y cometer actos atroces, se encuentran referencias a los experimentos de Milgram en canciones como We do what we're told, de Peter Gabriel, y en películas y series de televisión.

Si bien el experimento de Milgram no permite conclusiones fáciles, sí invita a reflexionar sobre la autoridad que guía nuestras acciones, bien sea un líder religioso, una figura política, un jefe, una ideología o el mensaje en un libro. Cuando obramos por un bien mayor a nombre de una jerarquía superior a nuestra percepción, vale la pena detenerse a pensar cuál es el bien y hasta dónde somos marionetas de esa limitada percepción que es la esencia de la naturaleza humana.




Desde La Kabbalah



En las fuentes originales está escrito, “No existe una brizna de hierba debajo que no tenga un ángel arriba que la mueva y le diga, ‘¡Crece!’”.

En realidad es así. Todo lo que ocurre en nuestro mundo, se materializa de acuerdo a la dirección e influencia específica del mundo superior.

Pero no podemos trazar esas influencias. No podemos decir qué raíz ni qué fuerza del mundo superior, influye en nuestro mundo ni qué efecto específico quiere lograr esa fuerza. No vemos el mundo superior; no entendemos su programa ni su influencia sobre nosotros.

Desde el mundo inferior, el mundo superior puede ser alcanzado sólo si gradualmente llegamos a asemejarnos a la naturaleza del mundo superior; no hay otra forma. Hasta que entendamos el completo y complejo sistema de influencia sobre nosotros, de arriba hacia abajo y lo revelemos de abajo hacia arriba, no alcanzaremos nada.

La ley de raíz y rama apunta al hecho de que existe una conexión entre la raíz superior y la rama inferior: en cada átomo, en cada acción, en todos los niveles de la materia inanimada, vegetal, animal y humana, en pensamientos, en fuerzas -en todo.

Pero no observamos esta conexión y no podemos decir qué raíz es la causa de cuál efecto en nuestro mundo ni cómo podemos hacer alguna clase de cambios en la raíz, a partir del efecto, con el fin de mejorar el resultado final y su impacto en nosotros. En realidad, esto es el tema de estudio para los cabalistas.