Identificar nuestros propios valores, esos que están profundamente arraigados en nosotros, y aplicarlos en nuestra vida nos facilitará la obtención no solo del éxito en la vida y en el trabajo, sino también de la felicidad.
Los valores son aquellos rasgos o cualidades que cada uno de nosotros considera que vale la pena y que representan las prioridades personales. Son, en definitiva, aquello que nos mueve desde lo más profundo de nuestro ser. Estos valores nos acompañan allá donde estemos, tanto a nivel personal como laboral.
Hacer una declaración de valores, reconocerlos como propios y aplicarlos en nuestra vida nos define como personas y nos ayuda a lograr nuestros objetivos personales y a vivir feliz y plenamente.
Cada uno debemos ser fiel a nosotros mismos. Es fácil que en ocasiones neustros valores choquen con los valores (o falta de valores) de los demás. Pero vivir en función de los valores o no-valores de los demás no sólo nos alejará de la felicidad, sino que nos dificultará lograr el éxito en la vida.
Algunos valores por los que vale la pena vivir
A veces puede resultar algo difícil identificar estos valores, sobre todo si vivimos en entornos fuertemente represivos, no respetuosos o impositivos. En la siguiente lista encontrarás algunos valores por los que realmente merece la pena vivir y sobre los que merece la pena establecer una base de comportamiento y actitud en la vida.
No es necesario que todos estos valores formen parte de nuestras aspiraciones personales. De hecho, muchos te criticarán por tener exceso o falta de alguno de ellos. Lo importante es que identifiques los que realmente te mueve a ti, sin autocensura, y que los vivas.
Algunos de estos valores son la ambición, la competencia, la individualidad la responsabilidad, la exactitud, el respeto, la dedicación, la diversidad, la mejora, la diversión, el disfrutar de la vida, la lealtad, la credibilidad, la excelencia, la honestidad,la responsabilidad, la autonomía, la calidad, la eficiencia, la dignidad, la colaboración, la innovación, el trabajo en equipo, la administración, la empatía, el logro, el coraje, la sabiduría, la independencia, la seguridad, el desafío, la influencia, el aprendizaje, la compasión, la amabilidad, la disciplina, el orden, la generosidad, la persistencia, el optimismo, , la igualdad, la integridad , el servicio, la fiabilidad, y la flexibilidad, entre otros.
¿Por qué identificar y establecer tus valores?
Tus valores se componen de todo lo que te ha sucedido en la vida e incluyen influencias de tu familia, religión, amistades y compañeros, así como de tu educación o de los que has visto o leído. Las personas efectivas y exitosas reconocen estas influencias ambientales, las identifican y desarrollan un conjunto claro, conciso y significativo de valores, creencias y prioridades. Una vez definidos, estos valores crean un gran impacto cada aspecto de la vida, ya que modelan el comportamiento e influyen en la toma de decisiones y en las interacciones personales y ayudan a establecer las metas y los propósitos.
Elijir los valores que son más importantes para ti, los valores en los que crees y que definen tu carácter es muy importante para la autoestima, base para el éxito y la felicidad. Vivir visiblemente todos los días en el trabajo y en casa estos valore es una de las herramientas más poderosas para ser la persona que quieres ser y para alcanzar tus metas y sueños, y para influir positivamente en los demás.
sábado, 11 de enero de 2020
La Confianza
El miedo y la preocupación pueden ayudarnos en ciertos momentos a
preservar la vida, pero también pueden mantenernos en situaciones que ya no
queremos, que nos significan algo ya para nosotros. Pueden paralizarnos o
impedirnos disfrutar de nuevas aventuras, de resultados más grandiosos y de
gozar la vida bajo nuevos matices y emociones.
La confianza es un poder que sentimos cuando estamos convencidos de que
algo llegara a nuestra vida, porque tenemos el poder para crearlo. Es ese poder
que sentimos cuando tenemos la certeza de que podemos influir en nuestra
realidad.
¿Y cómo podemos sentir confianza en estos tiempos donde todo parece inspirar más bien inseguridad y temor? Empezando, primero, por reconocer que tú posees un poder para transformar e influir las situaciones que hay o habrá en tu vida. Empezando, sobre todo, por no dar el poder de tu gozo, paz o infelicidad a los demás.
Si eres feliz o infeliz, si eres grandioso o te sientes limitado, si estás enfermo o te la pasas riendo. Tú eres el creador de esa vida que tienes y de la que está por venir.
¿Y cómo podemos sentir confianza en estos tiempos donde todo parece inspirar más bien inseguridad y temor? Empezando, primero, por reconocer que tú posees un poder para transformar e influir las situaciones que hay o habrá en tu vida. Empezando, sobre todo, por no dar el poder de tu gozo, paz o infelicidad a los demás.
Si eres feliz o infeliz, si eres grandioso o te sientes limitado, si estás enfermo o te la pasas riendo. Tú eres el creador de esa vida que tienes y de la que está por venir.
Mientras dependas de algo externo para estar bien, para hacerte feliz, para darte lo que quieres, no podrás confiar en ti, porque estarás confiando en que los demás te den, digan o hagan. Depender frena la confianza y te hace sentir carente y vulnerable a las decisiones ajenas y a poderes que no son tuyos. No dependas de lo que está afuera para sentirte bien, o para conseguir algo. Mejor, practica tu confianza, empezando por no traicionar o engañarte tú mismo.
Por ejemplo: puedes empezar a ser leal a lo que quieres y sientes. No hagas las cosas en función de lo que piensen los demás o de lo que pensaran. No vivas para complacer tu imagen o al vecino. Se honesto contigo y encuentra que es lo que realmente quisieras ver en tu vida. Luego, prueba caminos nuevos, los cuales ayudaran a fomentar tu confianza.
Muchas veces no queremos probar caminos nuevos porque tememos el resultado, y estamos demasiado acostumbrados al camino habitual. Por ejemplo: tomar medicamento es para muchos un hábito. Si tú les dices a estas personas que pueden curarse sin medicina, quizá muchos no lo crean. Y, sin embargo, el camino nuevo les podría hacer confiar en nuevas habilidades del cuerpo.
Para desarrollar confianza hay que arriesgarse poco a poco a lo nuevo, a lo que te hace “clic”. Es decir, a aquellas cosas que te despiertan interés o curiosidad, y que intuyes te traerán un beneficio o algo más grandioso que lo que tienes o eres. Así que prueba hoy mismo: piensa en algo que te gustaría probar o hacer, y que no te has atrevido por miedo a perder o a no tener, pero por otro lado sabes que te traería un beneficio o te liberaría o daría más paz, tiempo o alegría.
Si lo sientes, si ya lo tienes en mente, hazlo. Escríbelo en un papel y empieza a valorar la forma de concretarlo, confiando en que eso te llevara a un destino más grandioso, porque sin duda así será. Realmente no perderás nada al probar lo que realmente te inspira y has soñado algunas veces en secreto, sabiendo que te va a traer un bien. Lo único que podrías perder seria la duda. Cuando lo hagas y empieces a caminar de acuerdo a lo que quieres y sientes te inspira, y no de acuerdo a lo que perderás o temes, verás como poco a poco te empiezas a sentir una persona más segura, confiada y con poder.
viernes, 10 de enero de 2020
Lazos Que Unen
Hoy día vivimos en un mundo globalizado donde la comunicación es vital vayas donde vayas. Para poder expresarnos y conectar con la sociedad, es vital que sepamos hablar en público, tanto si es numeroso o a una sola persona.
Nuestras ideas, habilidades y capacidades se quedan muy cortas si no somos capaces de compartirlas con los demás. Llega el momento en el que les quieres sacar provecho y, por ello, decides enseñarlas a alguien más para dejar tu huella al mundo y conseguir muchas más cosas. Y es que el arte de explicar mediante la palabra cualquier conocimiento que uno tiene es complicado: no todo el mundo se cree capaz de hacerlo, y ahí está el problema.
Desde pequeños estamos influenciados por este tipo de comunicación. Recuerda cuando tus profesores te explicaban los colores, los números o las letras de forma que tú y tus compañeros lo comprendíais. Esto nos sirve como ejemplo de cómo debe ser ese tipo de comunicación: clara, entendible y memorable.
Llega el día en el que hemos de hacer una presentación de un producto o servicio en nuestro trabajo y nos damos cuenta de que no es tan sencillo como parece. Puede que, después de una noche en vela, la hayas finiquitado… No obstante, el día siguiente, al exponerla, tu público bosteza, te miran con ojos aborrecidos y sientes como el rubor se extiende por tu cara. Algo va mal, y es que rara vez nos enseñan a hablar frente a otras personas.
La emoción, la seguridad y la confianza: tres partes fundamentales en un proceso comunicativo
La emoción es la que convierte una presentación aburrida en una interesante y memorable. Está demostrado que el mejor aprendizaje es aquel que contiene emociones. Para lograr hablar a tu público y llegar a sus corazones es importante que haya un nexo, un lazo entre ellos y tú, y eso se crea mediante la palabra que llega a alguna parte: aquella que es emotiva. Las palabras solas son invisibles, son las emociones las que le dan brillo y color.
La seguridad y la confianza nos permiten comunicar de forma inconsciente al público que todo va bien y que sabemos que lo que vamos a decir va a ser clave para sus vidas. Sin ellas, el público pensará que no eres digno de ocupar su tiempo.
Nuestras ideas, habilidades y capacidades se quedan muy cortas si no somos capaces de compartirlas con los demás. Llega el momento en el que les quieres sacar provecho y, por ello, decides enseñarlas a alguien más para dejar tu huella al mundo y conseguir muchas más cosas. Y es que el arte de explicar mediante la palabra cualquier conocimiento que uno tiene es complicado: no todo el mundo se cree capaz de hacerlo, y ahí está el problema.
Desde pequeños estamos influenciados por este tipo de comunicación. Recuerda cuando tus profesores te explicaban los colores, los números o las letras de forma que tú y tus compañeros lo comprendíais. Esto nos sirve como ejemplo de cómo debe ser ese tipo de comunicación: clara, entendible y memorable.
Llega el día en el que hemos de hacer una presentación de un producto o servicio en nuestro trabajo y nos damos cuenta de que no es tan sencillo como parece. Puede que, después de una noche en vela, la hayas finiquitado… No obstante, el día siguiente, al exponerla, tu público bosteza, te miran con ojos aborrecidos y sientes como el rubor se extiende por tu cara. Algo va mal, y es que rara vez nos enseñan a hablar frente a otras personas.
La emoción, la seguridad y la confianza: tres partes fundamentales en un proceso comunicativo
La emoción es la que convierte una presentación aburrida en una interesante y memorable. Está demostrado que el mejor aprendizaje es aquel que contiene emociones. Para lograr hablar a tu público y llegar a sus corazones es importante que haya un nexo, un lazo entre ellos y tú, y eso se crea mediante la palabra que llega a alguna parte: aquella que es emotiva. Las palabras solas son invisibles, son las emociones las que le dan brillo y color.
La seguridad y la confianza nos permiten comunicar de forma inconsciente al público que todo va bien y que sabemos que lo que vamos a decir va a ser clave para sus vidas. Sin ellas, el público pensará que no eres digno de ocupar su tiempo.
El Hogar Compartido
Los hombres han mostrado interés por los primates no humanos desde
tiempos inmemoriales y los han venerado, como lo atestiguan los numerosos mitos
y los registros históricos y prehistóricos de diversas culturas. Con el
advenimiento de la teoría de la evolución darwiniana y el establecimiento de la
idea de que todos los seres vivos tienen un ancestro en común, este interés ha
crecido, ya que los primates no humanos pasaron a ser el grupo biológico con
mayor potencial para brindarnos información sobre el origen de nuestra especie
y explicar nuestro comportamiento social.
El aporte que los primates no humanos pueden hacer a la comprensión del
comportamiento humano es evidenciado por la diversidad de líneas de
investigación que se han desarrollado con primates desde perspectivas que
involucran directamente el estudio del hombre.
Campos como los de la antropología, la psicología experimental y la
lingüística se fusionan con la ecología, la etología y la biología evolutiva
para encontrar respuestas al origen del comportamiento humano.
Podemos obtener registros paleontológicos de nuestros ancestros y
conocer sus dimensiones, su forma de locomoción, su dentición (y por lo tanto
inferir su dieta) y su tamaño cerebral.
Podemos también reconstruir los paleoambientes donde vivían, pero poca
es la información que los fósiles nos dejan sobre su comportamiento social
.
Estas preguntas han dominado la escena en los estudios primatológicos
desde hace un par de décadas y son aún campo fértil de estudio.
Cultivar La Lealtad
lo que somos como seres humanos. No estamos hablando aquí de unos
principios externos, de lo que alguien nos marca desde fuera, sino de nuestros
principios internos, de seguir esa luz que a veces no sabemos ver pero que
brilla como un faro en nuestro interior.
En ocasiones, los acontecimientos externos nos nublan tanto la razón que
nos dejamos llevar por el tsunami de nuestras emociones y damos por
buenas situaciones que son a todas luces execrables, las justificamos, perdemos
así la brújula y navegamos sin rumbo. Al hacerlo, transmitimos esa
información a nuestras células, que la repercuten a los centros de control. El
resultado es que nuestros gobernantes siguen la misma dinámica.
Cada acto, cada movimiento, genera a nuestro alrededor un nuevo
universo, nuevas circunstancias, que nos llevarán a su vez a vivir otras, del
mismo modo que las semillas del tomate, al ser plantadas, darán nuevos tomates.
Es tiempo pues de tomar conciencia de la repercusión de nuestros actos,
pensamientos y sentimientos, en lugar de buscar siempre la culpa a otras
circunstancias.
Quizá tu transformación no esté lejana, tal vez estas palabras resuenen
en tu interior, quizá ha llegado el momento de descubrir el poder transmutador
que posees, quizá empiece a circular por tus venas la sangre azul del idealismo,
para que el caos deje de ser el termómetro por el que se mide el desarrollo de
los pueblos. Es tiempo de plantearte las cosas desde la base del Amor
incondicional o, lo que es lo mismo, desde la comprensión profunda.
Tenemos capacidad para sanarnos, para modificar nuestra realidad, por
retorcida que nos parezca, pero debemos empezar por cambiar el pensamiento, por
enfocar en positivo, por perdonarnos los errores y avanzar sin miedo
hacia un mañana lleno de esperanza y de luz.
Reconstruir el orden natural debe ser nuestro principal objetivo,
aportar armonía, rencontrar el ritmo perfecto en nuestro organismo, el
personal y el general. En resumen, dar significado a nuestra vida, ser leales a
nuestros principios.
¡Apasiónate, vive, cambia!
La lealtad a los principios es la base del desarrollo de nuestra
realidad, de nuestra identidad, de lo que somos como seres humanos. No estamos
hablando aquí de unos principios externos, de lo que alguien nos marca desde
fuera, sino de nuestros principios internos, de seguir esa luz que a veces no
sabemos ver pero que brilla como un faro en nuestro interior.
En ocasiones, los acontecimientos externos nos nublan tanto la razón que
nos dejamos llevar por el tsunami de nuestras emociones y damos por
buenas situaciones que son a todas luces execrables, las justificamos, perdemos
así la brújula y navegamos sin rumbo. Al hacerlo, transmitimos esa
información a nuestras células, que la repercuten a los centros de control. El
resultado es que nuestros gobernantes siguen la misma dinámica.
Cada acto, cada movimiento, genera a nuestro alrededor un nuevo
universo, nuevas circunstancias, que nos llevarán a su vez a vivir otras, del
mismo modo que las semillas del tomate, al ser plantadas, darán nuevos tomates.
Es tiempo pues de tomar conciencia de la repercusión de nuestros actos,
pensamientos y sentimientos, en lugar de buscar siempre la culpa a otras
circunstancias.
Quizá tu transformación no esté lejana, tal vez estas palabras resuenen
en tu interior, quizá ha llegado el momento de descubrir el poder transmutador
que posees, quizá empiece a circular por tus venas la sangre azul del
idealismo, para que el caos deje de ser el termómetro por el que se mide el
desarrollo de los pueblos. Es tiempo de plantearte las cosas desde la base
del Amor incondicional o, lo que es lo mismo, desde la comprensión
profunda.
Tenemos capacidad para sanarnos, para modificar nuestra realidad, por
retorcida que nos parezca, pero debemos empezar por cambiar el pensamiento, por
enfocar en positivo, por perdonarnos los errores y avanzar sin miedo
hacia un mañana lleno de esperanza y de luz.
Reconstruir el orden natural debe ser nuestro principal objetivo,
aportar armonía, rencontrar el ritmo perfecto en nuestro organismo, el
personal y el general. En resumen, dar significado a nuestra vida, ser leales a
nuestros principios.
¡Apasiónate, vive, cambia!
Individuos Responsables
El concepto de responsabilidad
Responsabilidad… Una palabra que, si consultamos el
diccionario, a priori tiene connotaciones negativas.
Tras los acontecimientos de los últimos años, es bastante común pensar
que la culpa siempre la tienen los demás: el gobierno, la clase política, los
del pueblo de al lado o simplemente nuestro vecino. Por este motivo, queremos
llamar la atención sobre el concepto positivista de la responsabilidad y
más específicamente de la responsabilidad individual.
La responsabilidad individual, es la que nos hace avanzar como personas,
respetar a los demás, respetar al entorno en el que todos vivimos e incluso
a respetarnos a nosotros mismos.
Un futuro mejor mediante la responsabilidad individual
Difundir un estilo de vida responsable como herramienta para
transformar la realidad en un futuro más sostenible, tanto para nosotros
mismos, los demás y el planeta en el que habitamos.
¿Qué es la responsabilidad individual?
Es conocer el impacto de nuestros actos hacia los
demás.
¿Comportamiento responsable, hacia quiénes?
Hacia uno mismo
Antes se consideraba que nacíamos con una dotación genética que marcaba
de manera inexorable nuestro futuro. Ahora, con el descubrimiento de la
epigenética, se conoce que nuestros hábitos y estilo de vida determinan que
nuestros genes se expresen o no.
Por lo tanto, nuestro estilo de vida influye en la expresión de nuestros
genes y además, se transmite a nuestra descendencia.
Por este motivo, postulamos adquirir hábitos de alimentación,
ejercicio y, en general, de estilo de vida responsable, por coherencia
hacia nosotros mismos y hacia nuestra futura descendencia.
Hacia los demás
Evitar la desigualdad e intentar ayudar a las personas de nuestro entorno son claves para lograr un avance tanto personal como en la sociedad.
Evitar la desigualdad e intentar ayudar a las personas de nuestro entorno son claves para lograr un avance tanto personal como en la sociedad.
Sinsabores De La Vida
Por mucho que nos gustaría asegurar que nuestra vida esté llena de
buenos momentos y de la paz y armonía necesarias, todos sabemos que es una
utopía, y que las cosas se suelen poner feas muy de vez en cuando.
Idealmente a todos nos gusta imaginarnos mejor de lo que estamos,
soñamos con vivir días plenos de felicidad o con llegar al final de nuestra
vida con una sonrisa amplia, fruto de muchos años de buenos momentos. Sin
embargo, la vida muchas veces nos muestra otras realidades.
La realidad es que todo es cíclico, y que por la misma razón que vives
momentos de intensa felicidad, también vivirás los contrarios.
En esos ciclos que vivimos, hay muchas personas que cuando las cosas se
ponen mal, suelen tirar la toalla, desesperarse y provocar más daño todavía a
su alrededor y a sí mismos.
“No es la carga lo que te hunde, sino cómo la transportas”
En la vida viviré muchas dificultades. De hecho, cada día vivo algunas,
muchas de ellas son inevitables. Pero lo que sí puedo cambiar es la actitud que
quiero tener ante las dificultades que esa vida me ponga delante. Tú también
vas a vivir algunas, es muy difícil vivir una vida llena exclusivamente de
placeres y momentos felices.
Si uno quiere conocer la felicidad también debe conocer la tristeza.
Si quiere conocer el amor, también necesita conocer el desamor.
Si quiere conocer la salud, también tendrá que haber vivido algo de
enfermedad.
Si quiere conocer el encuentro, también debe conocer la pérdida.
¿Qué momentos difíciles estás viviendo ahora mismo en tu vida?, ¿Qué
situaciones vives con dolor?
Aunque vivas momentos de alegría, nunca pierdas de vista que “esto
también pasará”, y que aferrarse a un momento y no querer soltarlo no es más
que una forma de confluencia, de quedarnos fundidos a una felicidad que es
efímera, fruto de un instante de nuestras vidas. Tenemos que aprender a
“soltar”, a “desprendernos” de los momentos felices, porque también otros
momentos llegarán a nuestras vidas.
No tires la toalla, ni siquiera lo pienses
El pensamiento nos induce sentimientos, y estos se transforman en formas
de estar y de actuar. Si piensas en tirar la toalla o en abandonar es muy fácil
que la moneda empiece a caer hacia ese lado.
“La actitud resiliente es una actitud que no contempla la derrota,
que siempre cree que puede conseguirlo”
El Carácter Irascible
Los franceses tienen una palabra muy acertada para esos comportamientos pasivo-agresivos, para esas personas que hacen de la ira su forma de comunicación. Usan la expresión «sous-entendu», que vendría a significar algo como «lo que se entiende debajo o lo que hay debajo». ¿Qué hay entonces bajo esa piel de lobo que hace uso de esa intensidad emocional tan devastadora? La respuesta no puede ser más simple: hay otro lobo, pero es un lobo herido.
Veamos alguna de esas características que podrían explicar este tipo de dinámicas en las personas irascibles.
Hay angustia excesiva. Las personas que reaccionan con ira suelen almacenar un cupo desbordado de angustia. Son esos perfiles que ya desde niños se alarmaban con nada, quienes ante cualquier estímulo reaccionaban con miedo intenso y alarma. Así, y llegada la madurez, esa inquietud persistente a lo que escapa de su control o a lo inesperado se traduce en rabia. Esa emoción no es más que un mecanismo de defensa desmedido con el que reaccionar ante todo y todos.
· La ira como respuesta a toda emoción negativa. Este perfil de personalidad no sabe reconocer si lo que siente es tristeza, decepción, miedo, inquietud, sorpresa o vergüenza. Todas esas emociones se entenderán y se traducirán del mismo modo: con ira.
· La ira es un problema acumulativo. Cuando hay una emoción que no se canaliza, se comprende y se gestiona, se acumula. Aún más, las personas irascibles arrastran consigo todo un historial de frustraciones almacenadas durante décadas. De este modo, los actos más insignificantes actúan como desencadenantes para todo ese torrente de ira contenida en su interior.
· La ira y la paranoia. Esta relación es tan problemática como destacable. Las personas irascibles están hechas de angustia, de emociones convulsas no entendidas y de un poso de rabia más que destacable. Toda esa arquitectura profunda edifica en muchos casos la aparición de conductas paranoicas. Todo es una amenaza para ellos, desconfían, piensan que los demás están ahí para hacerle daño, para ridiculizarlos. Son situaciones muy desgastantes.
Las personas irascibles no tienen una buena calidad de vida. Es un aspecto que desde un punto de vista clínico no puede ni debe dejarse de lado. Asimismo, tal y como nos revelan varios estudios, este tipo de personalidad es más tendente a sufrir problemas cardíacos, accidentes cerebrovasculares, problemas respiratorios, defensas bajas… La ira enferma y la ira, además, establece distancias insalvables con las personas que queremos.
Así, un hecho común de este tipo de perfil es que apliquen lo que se conoce como ira desplazada. Pueden estar enfadados con algo o alguien, sin embargo, acaban proyectando toda su energía negativa sobre quien menos lo merece: hijos, pareja… Es prioritario por tanto dar recursos y estrategias a estas personas para que entiendan que la ira no es un canal adecuado de comunicación, es la asertividad quien le permitirá sobrevivir mucho mejor en cualquier escenario.
Veamos ahora unas sencillas estrategias sobre las que reflexionar, y que pueden servirnos para manejar mucho mejor esta emoción
Debemos entender qué es la ira y cuál es su finalidad ⇔ Se trata, en esencia, de una respuesta que emite nuestro cerebro para atacar o huir de un peligro. Es una manifestación puramente biológica y fisiológica.
El segundo paso es aprender a identificar las propias emociones y a entender qué las motiva ⇔ ¿Lo que siento es tristeza? ¿Qué la ha motivado? ¿Si lo que experimento es vergüenza qué la ha originado?
Técnicas de respiración. Una forma de canalizar la ira y esa rabia que bloquea nuestro cuerpo y nuestra mente es aprender a relajarnos, a respir, a concentrarnos en esos músculos tensos y corazón acelerado para darles calma. Solo así nos permitiremos pensar mejor y reaccionar de manera más adecuada.
Sustituir la ira por la asertividad. Otro fin imprescindible en las personas irascibles es que aprendan a relacionarse de forma asertiva, deben desplazar el uso de la ira como forma de lenguaje para hacer de la comunicación asertiva su mejor herramienta.
Veamos alguna de esas características que podrían explicar este tipo de dinámicas en las personas irascibles.
Hay angustia excesiva. Las personas que reaccionan con ira suelen almacenar un cupo desbordado de angustia. Son esos perfiles que ya desde niños se alarmaban con nada, quienes ante cualquier estímulo reaccionaban con miedo intenso y alarma. Así, y llegada la madurez, esa inquietud persistente a lo que escapa de su control o a lo inesperado se traduce en rabia. Esa emoción no es más que un mecanismo de defensa desmedido con el que reaccionar ante todo y todos.
· La ira como respuesta a toda emoción negativa. Este perfil de personalidad no sabe reconocer si lo que siente es tristeza, decepción, miedo, inquietud, sorpresa o vergüenza. Todas esas emociones se entenderán y se traducirán del mismo modo: con ira.
· La ira es un problema acumulativo. Cuando hay una emoción que no se canaliza, se comprende y se gestiona, se acumula. Aún más, las personas irascibles arrastran consigo todo un historial de frustraciones almacenadas durante décadas. De este modo, los actos más insignificantes actúan como desencadenantes para todo ese torrente de ira contenida en su interior.
· La ira y la paranoia. Esta relación es tan problemática como destacable. Las personas irascibles están hechas de angustia, de emociones convulsas no entendidas y de un poso de rabia más que destacable. Toda esa arquitectura profunda edifica en muchos casos la aparición de conductas paranoicas. Todo es una amenaza para ellos, desconfían, piensan que los demás están ahí para hacerle daño, para ridiculizarlos. Son situaciones muy desgastantes.
Las personas irascibles no tienen una buena calidad de vida. Es un aspecto que desde un punto de vista clínico no puede ni debe dejarse de lado. Asimismo, tal y como nos revelan varios estudios, este tipo de personalidad es más tendente a sufrir problemas cardíacos, accidentes cerebrovasculares, problemas respiratorios, defensas bajas… La ira enferma y la ira, además, establece distancias insalvables con las personas que queremos.
Así, un hecho común de este tipo de perfil es que apliquen lo que se conoce como ira desplazada. Pueden estar enfadados con algo o alguien, sin embargo, acaban proyectando toda su energía negativa sobre quien menos lo merece: hijos, pareja… Es prioritario por tanto dar recursos y estrategias a estas personas para que entiendan que la ira no es un canal adecuado de comunicación, es la asertividad quien le permitirá sobrevivir mucho mejor en cualquier escenario.
Veamos ahora unas sencillas estrategias sobre las que reflexionar, y que pueden servirnos para manejar mucho mejor esta emoción
Debemos entender qué es la ira y cuál es su finalidad ⇔ Se trata, en esencia, de una respuesta que emite nuestro cerebro para atacar o huir de un peligro. Es una manifestación puramente biológica y fisiológica.
El segundo paso es aprender a identificar las propias emociones y a entender qué las motiva ⇔ ¿Lo que siento es tristeza? ¿Qué la ha motivado? ¿Si lo que experimento es vergüenza qué la ha originado?
Técnicas de respiración. Una forma de canalizar la ira y esa rabia que bloquea nuestro cuerpo y nuestra mente es aprender a relajarnos, a respir, a concentrarnos en esos músculos tensos y corazón acelerado para darles calma. Solo así nos permitiremos pensar mejor y reaccionar de manera más adecuada.
Sustituir la ira por la asertividad. Otro fin imprescindible en las personas irascibles es que aprendan a relacionarse de forma asertiva, deben desplazar el uso de la ira como forma de lenguaje para hacer de la comunicación asertiva su mejor herramienta.
La Sonrisa
Desabróchate los tacones para notar la hierba mojada, nota cómo las
hojas tiemblan entre tus dedos y el aire. Haz el pino si lo que quieres es
tocar el cielo con los pies. Haz lo que te dé la gana pero que eso te haga
feliz, y así puedas lucir esa hermosa sonrisa que te queda tan
bien. Haz las cosas a tu manera porque así es como eres y ya sabes que la
felicidad no se busca, tropezamos con ella sin querer en uno de los
pocos descuidos que no dan cuidado.
Recuerda que solo se vive una vez y que es mejor que hagamos que esa
única vida con la que contamos merezca la pena, Piensa, ¿hay mejor
inversión para nuestro recurso más preciado -el tiempo- que
esa? Acota la influencia que tiene sobre ti lo que piensen o digan
los demás; eso se llama envidia y es la manera que tienen de
hacer que no te sientas bien.
“Soy yo cuando sonrío, al igual que soy yo cuando estoy triste. Ambas
emociones son parte de mí y ambas me describen en algunos momentos. Nunca
negaré ninguna de ellas porque sería el primer paso para negar una parte de mí,
dejando de alimentar mi amor propio”
Vístete con tu mejor sonrisa y compártela con el mundo
Comparte tu sonrisa con el mundo porque una sonrisa siempre significa
mucho. Una sonrisa hace sentir bien al que la recibe y también al que
la exhibe. Ser generoso con la sonrisa no cuesta nada.
Piensa que una sonrisa puede durar un segundo, pero el recuerdo que
deja, a veces, es eterno.
La sonrisa es esa curva que endulza el rostro e ilumina la mirada.
Pero eso solo lo hacen las sonrisas verdaderas, no cuentan si escondes
la pena detrás de ella. Piensa que le quitas el valor a lo que sientes cuando
lo escondes y lo disfrazas de lo que crees que resulta políticamente correcto
para los que están a tu alrededor.
“Incluso una vida feliz no puede medirse sin la oscuridad. La palabra
feliz perdería su significado si no estuviese balanceada por la tristeza”
-Carl Gustav Jung
Tienes derecho a estar triste, al igual que tienes derecho a ser feliz y
ambas emociones merecen la misma libertad en su expresión. No te
avergüences por desentonar con los que te rodean, tú eres tú y lo que sientes
tiene el mismo valor que lo que sienten otros. No haces daño si te expresas, no
haces daño si sonríes, solo muestras tu mejor cara al mundo, tu autenticidad.
Recuerda que es el presente el que está en tus manos, el que se escapa
cada segundo que pasas pensando en lo malo. Los malos días vienen solos,
pero los buenos hay que salir a buscarlos y si es con una sonrisa será más fácil
encontrarlos.
Numerosos estudios han demostrado que si te tomas las cosas con buen
humor y sonríes aumenta tu bienestar emocional. La sonrisa y, en mayor
medida, la risa, estimulan la liberación de dopamina, serotonina y endorfinas
en tu cerebro, haciéndote sentir mejor. Además, la sonrisa disminuye el nivel
de cortisol causado por el estrés en tu cuerpo.
Así que, ¿a qué esperas para sonreír hoy?
La Honestidad
La honestidad es un valor moral fundamental para entablar relaciones interpersonales basadas en la confianza, la sinceridad y el respeto mutuo.
Una persona que actúa con honestidad lo hace siempre apoyada en valores como la verdad y la justicia, y no antepone a estos sus propias necesidades o intereses. En este sentido, es una persona apegada a un código de conducta caracterizado por la rectitud, la probidad y la honradez.
La honestidad verdadera permea todos los aspectos de la vida de una persona: se manifiesta socialmente, pero también en el entorno íntimo del individuo y en su vida interior. Esto quiere decir que la honestidad es tanto exterior como interior, en vista de lo cual debe ser un comportamiento coherente, donde las acciones del individuo sean consecuentes con lo que piensa, dice y predica.
En una persona honesta, incluso los actos más pequeños están regidos por la honestidad. Informarle al vendedor que se ha equivocado a nuestro favor con el cambio, devolverle al anciano el billete que se le acaba de caer sin notarlo, cumplir con nuestras obligaciones aun cuando nadie nos vaya a gratificar por ello, vigilar nuestras palabras en la medida en que estas puedan herir o afectar a terceros, guardar discreción ante aquello que lo amerite, ser prudentes en el manejo de nuestros recursos tanto económicos como personales, asumir la responsabilidad de nuestros errores, rectificar y corregir cuando sea necesario, ser leales y transparentes en nuestras relaciones con los otros; todo ello no es sino una breve enumeración del largo catálogo de acciones donde podemos manifestar activamente nuestra honestidad.
En este sentido, un individuo socialmente honesto se mantiene apegado a los principios del buen obrar en todos los actos que constituyen su interacción con los demás: en el trabajo, en el tráfico, en su comunidad, en sus estudios, ante el Estado; asimismo lo hará en su vida más íntima, en sus relaciones afectivas, de amistad y familiares; e igualmente en su vida interior, es decir, en aquellos aspectos de su vida que no está obligado a compartir con los demás, como sus sentimientos, sus ideas, sus gustos e intereses. Un individuo honesto, en definitiva, es ante nada honesto consigo y, por lo tanto, no se traicionará a sí mismo.
La Personalidad Estable
Considerando que la personalidad es estable, significa que el
temperamento que mostramos cuando somos todavía bebés de 3 a 12 meses en
relación a los niveles de actividad, de la sonrisa-llanto, miedo, malestar,
tranquilidad u orientación permanece estable a lo largo del tiempo.
¿Si de niños éramos muy sonrientes y con desparpajo lo seguiremos
manifestando de mayor?
Entonces como se puede explicar, que ante acontecimientos y
experiencias especialmente las que tienen consecuencias emocionales fuertes, supongan
cambios en la personalidad.
Hay estudios que contradicen la estabilidad de la personalidad a lo
largo del ciclo vital, donde las características de nuestra personalidad se
pone a prueba según los acontecimientos y cambios que se van produciendo en
nuestras vidas de ahí que se produzcan cambios como los siguientes:
Entre hombres y mujeres de 30 y 40 años, se muestra una reducción en la
necesidad de logro (hacer las cosas eficazmente y bien) y se produce un
incremento en la necesidad de afiliación (establecimiento y mantenimiento de
relaciones afectivas con otras personas), estudios Franz (1995)
También cambia la autoestima a lo largo del tiempo y con ello nuestro
temperamento. (Estudio de Block y Robins, 1993)
El nivel de autoestima en las mujeres tiende a disminuir con el tiempo,
y en cambio en los hombres tienden a aumentar su nivel de autoestima.
Las mujeres cuyo nivel de autoestima desciende se vuelven más
irritables, negativas, impredecibles y con cambios de humor, mientras que
aquellas mujeres cuyos niveles de autoestima se conservan altos son
consideradas como sociables y con buen humor.
En el caso de los hombres con niveles alto de autoestima son más
relajados, sociables y de buen humor que los hombres con niveles bajos de
autoestima que presentan mayores niveles de ansiedad y estrés.
Otro rasgo de personalidad que parece cambiar a lo largo del tiempo es
la dimensión de personalidad de Búsqueda de sensaciones (estudios M. Zuckerman),
manteniéndose alto en la infancia y adolescencia para ir disminuyendo conforme
avanzamos en edad.
Un estudio muy interesante de Helson y Picano en 1990, mostraron
cambios de rasgos de personalidad como la independencia en la que influía la
situación y contexto. Por ejemplos las madres separadas, la mujeres que
trabajaban fueran del hogar y las madres sin hijos mostraban un incremento en
independencia con el paso del tiempo, mientras que las amas de casa no
mostraban ese incremento en el nivel de independencia, por lo que el nivel
social en este caso influye en los rasgos de personalidad.
Vivir A Los Tumbos
Una de las consecuencias más penosas de estar sometidos a este fenómeno
de manera constante es que ya lo hemos naturalizado al punto de no registrarlo.
Caminar por una vereda rota es tan normal como no tener alumbrado público o
como haber suprimido de nuestra conciencia la pureza de un tren delantero en
estas calles.
Más triste aún: cuando ya nos
acostumbramos a caminar por una ciudad de estas características, lo hacemos
mirando para abajo. Por las dudas.
Eso hace que no veamos el rostro
de nuestro vecino, o que nos llamen tanto la atención algunas de las cúpulas de
ciertos edificios emblemáticos en los que no reparamos porque nunca levantamos
la vista.
Por eso, una vereda rota dice
mucho más que esa alteración estructural que se observa en la superficie.
Habla de desidias compartidas, de
desintereses comunitarios, de lo poco que nos importa el otro, de la
indiferencia que nos produce tropezar en una ciudad en la que se vive a los
tumbos.
La Capacidad De Entender
Inteligencia se define como la capacidad de entender o comprender, pero no hay una sola sino varios tipos, muchas veces depende de los valores o la cultura de cada sociedad, otras de las funciones, aptitudes o talantes, del que la usa o la define.
Tradicionalmente se ha visto la inteligencia como una sola identidad inherente a cada uno de nosotros y en diferentes grados. En el año de 1983, Howard Gardner psicólogo estadounidense reconocido por sus teorías acerca de la inteligencia amplió el concepto de la inteligencia al decir que ésta es la capacidad desarrollable y no solo algo innato de resolver problemas o elaborar productos que sean valiosos en una cultura (o varias);
así estaba quitando la etiqueta de inteligentes sólo a los «intelectuales» y estaba dando cabida a una serie de latentes que antes no habían sido reconocidos.
La teoría de Gardner no estaría completa si no hubiera formulado, en 1983, el término «Inteligencias múltiples», en el cual se agrupan 9 tipos de ellas.
Para definir cada ámbito de la inteligencia, Gardner estudio el desarrollo de habilidades en los niños y la forma en que se descomponen las diferentes capacidades en casos de daño cerebral. Observo como se manifiesta cada una de tas inteligencias dentro de la cultura del individuo. Por ejemplo se demuestra una inteligencia lingüística escribiendo poesía en una cultura y contando historia de otras.
Inteligencia lingüística:
Es considerada, una de las más importantes. En general se utilizan ambos hemisferios y es la que caracteriza a los escritores y todos los escritores que se dedican a los medios impresos.
Aunque discuten sobre el origen y el desarrollo del lenguaje humano, los expertos admiten que se remota a hace 100.000 años, al homo sapiens arcaico; el lenguaje fue una parte intrínseca de las vidas de estos homínidos corno animales sociales. Las sociedades han sido configuradas mantenidas por el lenguaje. El mismo tuvo en todas las sociedades antiguas un poder considerado como más fuerte que la espada.
Inteligencia musical:
Conocida comúnmente como «buen oído», es el talento que tienen los músicos, los cantantes y los bailarines.
La fuerza de esta inteligencia innata varía de una persona a otra. Pero por fuerte que sea su inteligencia musical, necesita ser estimulada y configurada para desarrollar todo su potencial, ya sea par tocar un instrumento o para escuchar una melodía con sensibilidad. Este tipo de inteligencia surge a menudo muy pronto y de modo natural en los individuos dotados para ello.
Inteligencia lógica matemática:
Considerada hace poco en occidente como una de las «únicas inteligencias». Quienes pertenecen a este grupo hacen uso del hemisferio lógico del cerebro y pueden dedicarse a las ciencias exactas. De los tipos de inteligencia este es el más cercano al concepto tradicional de inteligencia.
En algunas llamadas sociedades primitivas, la lógica, las matemáticas y la ciencia no parecen ser primera vista fundamentales para la cultura. Este ámbito de la inteligencia se emplea de formas diferentes: regatear y comerciar, formular calendarios para medir el tiempo y estimar con exactitud cantidades y distancias depende de la inteligencia lógico-matemática, ejemplo esta que los mejores pensadores lógicos – matemática fueron Galileo Galilei e Isaac Newton.
Inteligencia espacial:
La tienen los que pueden hacer un modelo mental en tres dimensiones del mundo (o un fragmento de él, según la situación). Esta inteligencia la comparten oficios tan diversos como la ingeniería, la cirugía, la escultura, la marina, la arquitectura, el diseño y la decoración. Científicos como James Watson y Francis Crick utilizaron bocetos y modelos (a veces mentalmente, otras veces en forma tridimensional) para visualizar y decodificar la espiral de la molécula de ADN.
Inteligencia corporal – kinestésica:
Los kinestésícos tienen la capacidad de utilizar su cuerpo para resolver problemas o realizar actividades. En este campo están los deportistas, los cirujanos y los bailarines. Una aptitud natura de este tipo de inteligencia se manifiesta a menudo desde niño; un ingeniero de éxito recuerda que se convirtió en ingeniero a la edad de cuatro años. cuando empezó a desmotar objetos del hogar cuando sus padres no le miraban.
Inteligencia emocional:
Es la capacidad humana para resolver problemas relacionados con las emociones. Y aunque parezca que este tipo de inteligencia es poco importante, se ha demostrado que es igualmente válida para tomar decisiones ya que en estos momentos, los sentimientos y cómo nos sentimos tienen mucho que ver a la hora de elegir.
La inteligencia emocional es un complemento indispensable en la relación con sí mismo y con los demás. No sirve de nada ser el alumno con mejores calificaciones si el niño no tiene amigos y se siente acomplejado.
Saber manejar nuestras emociones también tiene que ver con la seguridad que debe estar presente en situaciones como un examen o una entrevista en las que los nervios pueden «borrar de nuestra mente» todo lo que sabemos.
Inteligencia intrapersonal:
Esta nos permite formar una imagen veraz y precisa de nosotros mismos; nos permite poder entender nuestras necesidades y características, así como nuestras cualidades y defectos sin maximizarlos o minimizarlos. Y aunque se dice que nuestros sentimientos sí deben ayudar a guiar nuestras decisiones, debe existir un límite en la expresión de estos. Este tipo de inteligencia es funcional para cualquier área de nuestra vida.
Tradicionalmente se ha visto la inteligencia como una sola identidad inherente a cada uno de nosotros y en diferentes grados. En el año de 1983, Howard Gardner psicólogo estadounidense reconocido por sus teorías acerca de la inteligencia amplió el concepto de la inteligencia al decir que ésta es la capacidad desarrollable y no solo algo innato de resolver problemas o elaborar productos que sean valiosos en una cultura (o varias);
así estaba quitando la etiqueta de inteligentes sólo a los «intelectuales» y estaba dando cabida a una serie de latentes que antes no habían sido reconocidos.
La teoría de Gardner no estaría completa si no hubiera formulado, en 1983, el término «Inteligencias múltiples», en el cual se agrupan 9 tipos de ellas.
Para definir cada ámbito de la inteligencia, Gardner estudio el desarrollo de habilidades en los niños y la forma en que se descomponen las diferentes capacidades en casos de daño cerebral. Observo como se manifiesta cada una de tas inteligencias dentro de la cultura del individuo. Por ejemplo se demuestra una inteligencia lingüística escribiendo poesía en una cultura y contando historia de otras.
Inteligencia lingüística:
Es considerada, una de las más importantes. En general se utilizan ambos hemisferios y es la que caracteriza a los escritores y todos los escritores que se dedican a los medios impresos.
Aunque discuten sobre el origen y el desarrollo del lenguaje humano, los expertos admiten que se remota a hace 100.000 años, al homo sapiens arcaico; el lenguaje fue una parte intrínseca de las vidas de estos homínidos corno animales sociales. Las sociedades han sido configuradas mantenidas por el lenguaje. El mismo tuvo en todas las sociedades antiguas un poder considerado como más fuerte que la espada.
Inteligencia musical:
Conocida comúnmente como «buen oído», es el talento que tienen los músicos, los cantantes y los bailarines.
La fuerza de esta inteligencia innata varía de una persona a otra. Pero por fuerte que sea su inteligencia musical, necesita ser estimulada y configurada para desarrollar todo su potencial, ya sea par tocar un instrumento o para escuchar una melodía con sensibilidad. Este tipo de inteligencia surge a menudo muy pronto y de modo natural en los individuos dotados para ello.
Inteligencia lógica matemática:
Considerada hace poco en occidente como una de las «únicas inteligencias». Quienes pertenecen a este grupo hacen uso del hemisferio lógico del cerebro y pueden dedicarse a las ciencias exactas. De los tipos de inteligencia este es el más cercano al concepto tradicional de inteligencia.
En algunas llamadas sociedades primitivas, la lógica, las matemáticas y la ciencia no parecen ser primera vista fundamentales para la cultura. Este ámbito de la inteligencia se emplea de formas diferentes: regatear y comerciar, formular calendarios para medir el tiempo y estimar con exactitud cantidades y distancias depende de la inteligencia lógico-matemática, ejemplo esta que los mejores pensadores lógicos – matemática fueron Galileo Galilei e Isaac Newton.
Inteligencia espacial:
La tienen los que pueden hacer un modelo mental en tres dimensiones del mundo (o un fragmento de él, según la situación). Esta inteligencia la comparten oficios tan diversos como la ingeniería, la cirugía, la escultura, la marina, la arquitectura, el diseño y la decoración. Científicos como James Watson y Francis Crick utilizaron bocetos y modelos (a veces mentalmente, otras veces en forma tridimensional) para visualizar y decodificar la espiral de la molécula de ADN.
Inteligencia corporal – kinestésica:
Los kinestésícos tienen la capacidad de utilizar su cuerpo para resolver problemas o realizar actividades. En este campo están los deportistas, los cirujanos y los bailarines. Una aptitud natura de este tipo de inteligencia se manifiesta a menudo desde niño; un ingeniero de éxito recuerda que se convirtió en ingeniero a la edad de cuatro años. cuando empezó a desmotar objetos del hogar cuando sus padres no le miraban.
Inteligencia emocional:
Es la capacidad humana para resolver problemas relacionados con las emociones. Y aunque parezca que este tipo de inteligencia es poco importante, se ha demostrado que es igualmente válida para tomar decisiones ya que en estos momentos, los sentimientos y cómo nos sentimos tienen mucho que ver a la hora de elegir.
La inteligencia emocional es un complemento indispensable en la relación con sí mismo y con los demás. No sirve de nada ser el alumno con mejores calificaciones si el niño no tiene amigos y se siente acomplejado.
Saber manejar nuestras emociones también tiene que ver con la seguridad que debe estar presente en situaciones como un examen o una entrevista en las que los nervios pueden «borrar de nuestra mente» todo lo que sabemos.
Inteligencia intrapersonal:
Esta nos permite formar una imagen veraz y precisa de nosotros mismos; nos permite poder entender nuestras necesidades y características, así como nuestras cualidades y defectos sin maximizarlos o minimizarlos. Y aunque se dice que nuestros sentimientos sí deben ayudar a guiar nuestras decisiones, debe existir un límite en la expresión de estos. Este tipo de inteligencia es funcional para cualquier área de nuestra vida.
jueves, 9 de enero de 2020
Diversidad Cultural
Es preciso rechazar contundentemente la crítica que a menudo se hace de
la diversidad cultural como causa de conflictos. Son los intentos de suprimir la
diversidad lo que genera los problemas, cuando se exalta "lo propio"
como lo único bueno, lo verdadero, y se mira a los otros como infieles a
convertir, si es necesario, por la fuerza. O cuando se considera que los otros
representan "el mal", la causa de nuestros problemas, y se busca
"la solución" en su aplastamiento.
Los enfrentamientos no surgen porque existan particularismos, no son
debidos a la diversidad, sino a su rechazo. Son debidos a los intentos de homogeneización
forzada, a los fundamentalismos. Conviene aclarar, por otra parte, que la
defensa de la diversidad cultural no significa aceptar que todo vale,
que todo lo que los pueblos crean sea siempre bueno.
Lo que es siempre bueno, en cualquier dominio, es la diversidad,
porque nos hace ver que no hay una única solución a los problemas, una única
ley incuestionable…
El tratamiento de la diversidad cultural puede concebirse, en
principio, como continuación de lo visto en el Tema de Acción Clave
dedicado a la Biodiversidad, en cuanto extiende la preocupación por
la pérdida de biodiversidad al ámbito cultural. La pregunta que se hace Maalouf
(1999) expresa muy claramente esta vinculación: ¿Por qué habríamos de
preocuparnos menos por la diversidad de culturas humanas que por la diversidad
de especies animales o vegetales? Ese deseo nuestro, tan legítimo, de conservar
el entorno natural, ¿no deberíamos extenderlo también al entorno humano?
Pero decimos en principio, porque es preciso desconfiar del
"biologismo", es decir, de los intentos de extender a los procesos
socioculturales las leyes de los procesos biológicos. Son intentos
frecuentemente simplistas y absolutamente inaceptables, como muestran, por ejemplo,
las referencias a la selección natural para interpretar y justificar el
éxito o fracaso de las personas en la vida social.
Y no se trata solo de proponer el consumo de conocimiento en vez del
consumo material: ampliar el conocimiento en cualquiera de sus formas, elaborar
productos culturales, contribuir a concebir y resolver problemas, junto a
otros, puede dar satisfacciones aún mayores que el simple consumo.
La producción cultural y el acceso a su disfrute pueden, pues,
constituir un eficaz instrumento para la transición a la Sostenibilidad. Así
debe de reconocerse en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con metas
precisas de promoción cultural, que constituyan, además, ocasión de creación de
puestos de trabajo en áreas creativas: medios de comunicación públicos y de
calidad, bibliotecas, videotecas, museos, salas de conciertos, teatros, cines,
educación artística y musical, etc., etc.
Una Sostenibilidad satisfactoria para todas y todos precisa de la
Cultura, de la riqueza plural de las diversas manifestaciones culturales que
constituyen un Patrimonio de la humanidad que es preciso proteger e impulsar.
Nuestro Deber
Al paso del
tiempo siempre nos preguntamos qué es lo que haremos con nuestra vida y todo
nuestro entorno, el personal, académico, profesional, laboral, familiar; y si
somos honestos generalmente pensamos en un futuro próspero, una bonita familia,
un excelente trabajo; pero lo que la mayoría de las personas no hacen es pensar
en los pasos que los llevara a ello. Algunos dicen que harán lo que sea para
conseguir lo que desean, otros para conseguir lo que puedan y unos tantos más
para conseguir lo que quieren. La pregunta importante es: ¿Será lo mismo el
poder, el querer y el deber?
Desde que
iniciamos nuestra vida, tenemos dos caminos para conseguir o lograr lo que nos
proponemos: el del deber o el del querer y también agregaría uno más, el del
poder. Lamentablemente la mayoría toma la vía del deber, inclinándonos por la
creencia de que es el camino correcto y además el único. Nos enfrentamos a
tomar esta decisión porque simplemente no encontramos otras alternativas,
culpamos a las circunstancias que nos rodean, además de que nos dejamos guiar
por otras opiniones que llegan a convencernos de que si escogemos el camino de
lo que queremos no tendremos un futuro prometedor, lamentablemente entendemos
demasiado tarde, que los únicos responsables de elegir el camino correcto,
somos cada uno de nosotros.
En los inicios de la filosofía, al hombre le daba temor preguntarse el
porqué de las cosas que sucedían, por tal razón la mayoría de los filósofos se
dedicó a observar su entorno y contemplar todos los acontecimientos desde su
más mínimo detalle tanto en la naturaleza hasta en el comportamiento de los
seres humanos. Con respecto a este último, Aristóteles y Sócrates hablaron de
la felicidad perfecta y de lo que era una virtud.
Para Aristóteles, la felicidad perfecta consistía en hacer lo que le
causara más placer a un ser humano, en su caso, era la contemplación, le
gustaba pasarse horas en esta actividad y descubrió que eran los momentos más
felices de su vida.
Para Sócrates, aquel ser humano que era capaz de encontrar su virtud o
areté, era el ser más dichoso del mundo, en otras palabras, aquella persona que
sabe para qué es bueno será feliz desempeñando esa actividad o lo que sea que
fuere.
A qué viene lo anterior, que desde hace muchísimos años el ser humano
descubrió como ser feliz eligiendo el camino del querer. Pero entonces ¿Qué
sucedió? ¿Por qué el cambio repentino de decir “quiero hacer esto” a debo hacer
esto” o más aun “solo puedo hacer esto”?
La respuesta, pues simplemente dejamos de hacer lo que queríamos porque
consideramos el deber como un mandato, una regla que debo de cumplir para
lograr mis metas; debo trabajar para tener una linda casa, debo tener una buena
figura para que alguien se fije en mí, debo comportarme según me dicte mi
entorno social para ser aceptado(a), etc., y la lista puede continuar y
encontraremos miles de cosas que anteponen el “debo”.
Ahora hagámonos la siguiente pregunta: ¿Lo que hago es lo que realmente
quiero hacer? A lo largo de nuestra vida, cuantas cosas hacemos cuando ni
siquiera tenemos ganas ni el ímpetu de hacerlo, aquí es donde entra el “hago lo
que puedo”, lo que significa que hemos entrado en una etapa de conformismo
personal “hago lo que puedo porque no debo hacer más”, sin embargo, todas estas
frases son las que se utilizan cotidianamente en el léxico de cada persona, si
ponemos atención, escuchamos estas frases día a día, se han heredado de
generación en generación y le hemos inculcado a las generaciones futuras lo que
deben hacer mas no lo que quieran hacer.
Podemos poner como ejemplo a los estudiantes que están por salir de un
bachillerato, personalmente me ha tocado escuchar a sus padres decir; que si
eligen ser músicos, artistas, cantantes, o profesiones que no son muy comunes;
se morirán de hambre; cabe mencionar que si sus progenitores se dedican a la
medicina o a la abogacía, pretenden que sus hijos sigan ese mismo camino sobre
todo por comodidad laboral, ya que no batallaran para conseguir algún trabajo,
tendrán buenas influencias debido al legado de sus padres. En este momento,
estas personas que están por salir de su bachillerato se verán influenciadas
para tomar la decisión que deben más no la que quieren.
Debido a lo anterior, frecuentemente los seres humanos están acostumbrados
a que les faciliten el camino a sus metas y si dentro de esto, está el no hacer
lo que se quiere, hará lo que debe por comodidad. Lo anterior en palabras de
Ortega y Gasset, quien decía que el ser humano se ha vuelto desagradecido y
comodino, por eso lo llamo el “hombre masa”, quien solo espera a ver quién le
facilita las cosas para poder hacerlas aunque no lo quiera.
Tenemos que comprender que el deber y el querer, no significan lo mismo.
El deber es una palabra autoimpuesta por nosotros, por la sociedad en sí; hemos
comprado la idea de que el deber es más importante que el querer y que es una
regla que debo cumplir.
Querer, significa tener una capacidad de elección y de ejercer
voluntariamente mis deseos o de rectificarlos, decidir qué es lo más importante
para mí y para cumplir mis objetivos, tomar en cuenta la viabilidad de lo que
quiero realizar, las oportunidades y todo lo que tenga que ver con el entorno
de mi meta.
¿Y qué sucede con el poder? Bueno, el poder tiene que ver con las
circunstancias que rodean mi objetivo, a veces se presentan situaciones que no
dependen de nosotros y que hacen que cambiemos de metas o de caminos, lo
primordial en este caso, es que no desistamos en ningún momento de lo que
queremos, sin embargo, cuando utilizo, el “yo solo puedo…” para quedarme
conforme, solo estamos limitándonos de saber de qué somos capaces, hasta donde
somos aptos para llegar a conseguir lo que deseamos.
Lo importante hasta este momento es que ya se observe la diferencia
entre el querer, el poder y el deber. Ahora ya sabemos que de acuerdo a lo
anterior, la frase más importante es “lo que quiero es…” debemos dejar a un
lado lo que los demás quieren para nosotros, debemos pensar en que es lo más
importante para lograr mis objetivos pero sin afectar lo que realmente estoy
dispuesto a hacer.
Y ahora, ¿Cómo vamos a pensar en lo que queremos? En primer lugar
debemos discriminar lo que debes hacer de lo que quieres hacer, cambia el tengo
o el debo por el quiero, si ya estás en algo que debes hacer, busca el lado
bueno y aprende a querer lo que haces, aprende a cumplir lo que realmente debes
y que te corresponde solo a ti y por último, no desistas, si fallas en hacer
algo que quieres, sigue intentado, no hay límites.
El Ego De La Soberbia
Conocida como uno de los siete pecados capitales junto a la ira, la
gula, la lujuria, la pereza, la envidia, la avaricia y la vanidad, la soberbia
es una característica común al ser humano que implica la constante y permanente
autoalabanza que una persona realiza sobre sí misma. La soberbia es, además,
una actitud de constante auto admiración que hace que la persona en cuestión
deje de considerar los derechos y necesidades de aquellos que la rodean al
considerarlos inferiores y menos importantes.
La soberbia es un rasgo característico del ser humano ya que tiene que ver con el desarrollo de la autoconciencia y de cada individuo como un ente único y separado del ambiente en el que habita, capacidad que no existe en el caso de los animales. La posibilidad que tenemos de reconocernos como seres capaces de muchas habilidades, facultades y virtudes es lo que deriva en la existencia de la soberbia. Si bien la soberbia puede darse en todos los individuos en algún punto de su vida de modos más o menos profundos, se habla de soberbia específicamente cuando los rasgos de vanidad y autoalabanza de una persona se vuelven exagerados.
Son dos conceptos semejantes, pero no exactamente iguales. Mientras que en el primero el individuo se valora a sí mismo en su justa medida, en el segundo hay una desproporción. Por lo tanto, quien es soberbio no está orgulloso de sí mismo, sino que su autovaloración se fundamenta en el menosprecio de los demás. En otras palabras, en este sentimiento se produce un no reconocimiento de los semejantes.
Desde un punto de vista psicológico se trata de un mecanismo de defensa
La actitud soberbia es considerada como un mecanismo de defensa. De esa manera, quien tiende a la soberbia puede ser alguien con una escasa autoestima y para compensarla recurre a una sobrevaloración de sí mismo. Para camuflar los miedos y las inseguridades, se adopta un disfraz de engreimiento y petulancia. Las personas con este rasgo trasmiten a los demás que son mejores y de algunas maneras superiores, pero en el fondo se quieren poco a sí mismos.
Una persona soberbia es alguien con miedos y que necesita sentirse por encima de los demás.
El soberbio puede tener dificultades para valorar las acciones y normalmente vive pendiente de las apariencias y de la comparación con los que le rodean. Paralelamente, la soberbia es una falta de humildad. Los psicólogos consideran que para corregir esta actitud es conveniente centrarse en la autoestima
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