martes, 5 de diciembre de 2017

La Magia En Nuestra Vida


Nuestra alma anhela la magia. A los niños les encantan las historias sobre magia y los cuentos de hadas. A medida que nos hacemos mayores la fantasía y la magia siguen teniendo su lugar, pero cada vez es más fácil olvidar los “conjuros” que la generan. Atraer la magia a nuestra vida se convierte entonces en una necesidad vital.

Las historias sobre un mundo mágico invisible son atractivas para niños y adultos porque contienen en su narración los arquetipos antiguos que experimentamos en el viaje de nuestra vida. Estas historias abren nuestros sentidos, lo despiertan, de manera que podamos percibir la magia -sencilla, simple y maravillosa- que ya nos rodea todos los días.

Todos necesitamos magia y cuando renunciamos a ella es que algo falla. Pero la magia está en todo lo que nos rodea. Renunciar a ella es renunciar a una buena parte de nosotros mismos y de nuestras posibilidades.

De forma especial, son las circunstancias difíciles las que más parecen sumergirnos en esa dinámica adulta que tanto repele la magia. Esa dinámica de la que tanto se esconde el niño que todavía llevamos dentro: ya no es que no sea divertida, es que es angustiante.

Como adultos, a menudo nos encontramos atrapados resolviendo problemas, luchando -o protestando- contra las injusticias de las que nos sentimos víctimas. Circunstancias a las que tratamos de sobrevivir, mientras nos olvidamos de levantar la vista. La buena noticia es que es posible atraer o re-atraer la magia. Crear una visión mágica en las cosas más pequeñas es un estado mental, y todos tenemos el poder de crear nuestro  propio “botón mágico” que de paso a ese estado en cualquier momento.

“Solo hay dos maneras de vivir tu vida. Uno es como si nada fuera un milagro. La otra es como si todo fuera un milagro”.
-Albert Einstein-

Tu mente es increíblemente poderosa -mucho más de lo que piensas- y con un poco de entrenamiento puedes cambiar completamente tu mentalidad. Se trata de que tú también puedas atrapar todos esos momentos mágicos que has dejado de percibir persiguiendo al reloj, que al contrario que tú, no para en ninguna estación.

Cree en ti mismo
No puedes buscar belleza en el exterior si no eres capaz de verla dentro de ti. Si siempre buscas la aprobación externa perderás un tiempo muy valioso. Tiempo en el que podrías estar soñando con tu próximo gran proyecto o desarrollando una nueva habilidad que quieras aprender.


Cuando creemos en nosotros mismos y en nuestras habilidades, las posibilidades se hacen infinitas. Nos convertimos en seres creativos, nos atrevemos a soñar, nos atrevemos a crecer, nos atrevemos a compartir nuestras visiones y perdemos el miedo a ser ridiculizados por ello.

Desde Nuestro Interior


Cuando una persona no se acepta tal como es, no solamente tiene una pelea constante con ella misma y con el mundo, sino que no es capaz de conectar con su auténtica esencia, ya que la esencia de cada persona tiene una gran dosis de aceptación.

Son muchas las personas que no solamente tienen una pelea interna, por no aceptarse a ellas mismas, sino que también inician una carrera absurda en la que se proponen ser otras personas. Prefieren disfrazarse de lo que no son, en vez de aceptarse tal como son.

Pero lo cierto es que el mejor camino que puede elegir una persona, es el camino de la autenticidad, ese camino en el que esa persona se da cuenta de que la mezcla de las virtudes y los defectos, hacen la gran persona que es.

Si nos cuesta aceptarnos a nosotros mismos, debemos de tener claro que tenemos una gran ceguera, porque no somos capaces de ver las virtudes positivas que tenemos en nuestro interior, ya que nos hemos centrado en nuestros defectos.

Debemos de buscar el equilibrio a la hora de conocernos a nosotros mismos, ya que el desequilibrio puede llevarnos a enfocarnos más en nuestros defectos, y eso no nos va a dejar ver todo lo positivo que hay en nuestro interior.

Por eso, lo primero que tenemos que hacer cuando no somos capaces de aceptarnos a nosotros mismos, es preguntarnos si de verdad estamos conociéndonos bien a fondo, ya que si fuéramos capaces de profundizar de verdad en nuestro interior, seriamos capaces de encontrar verdaderos tesoros, que nos llevarían a aceptarnos con más facilidad.

Tener una vista más amplia hacia nuestro interior, nos ayudara a aceptarnos
Cuando abrimos nuestra vista positivamente hacia nuestro interior, y somos capaces de ver esa parte positiva, nuestros defectos no nos duelen tanto y nos es más fácil aceptarlos.

No debemos de olvidar, que incluso la persona con más defectos en el mundo, tiene un maravilloso fondo, y que si acaba creyendo en él, sobresaldrá por encima de sus defectos.

Tampoco debemos de olvidar, que todo en nosotros tiene algo importante que hacer en nuestra evolución, y que nuestros defectos, nos pueden ayudar a conocernos más, a superarnos a nosotros mismos, e incluso a aceptar y a ser más tolerantes con los demás.



lunes, 4 de diciembre de 2017

La Universidad De La Vida



¿Cuántos hemos pensando en darnos un año libre al finalizar el cole? Pero, ¿qué nos da la seguridad de que luego nos será tan fácil tomar la decisión de volver a estudiar? Por eso hoy te queremos hablar más sobre este tema para que tomes en cuenta todas las variables y aproveches el tiempo a tu favor.

La expectativa de saber qué vamos a hacer cuando salgamos del cole se puede resolver de varias maneras: estudiar, trabajar, una combinación de ambas o aprender en el camino. Pero, ¿aprender qué?

¡No nos desesperemos! La vida de por sí ya es una escuela de aprendizaje en la que nadie lleva los mismos cursos. Pero para que nos vaya bien debemos prepararnos lo mejor posible y alcanzar un desarrollo personal, emocional, físico y profesional positivo. Y es en este último en el que nos vamos a enfocar.

Estudiar es una de las mejores formas para alcanzar una vida más equilibrada. Actualmente, las generaciones que no tuvieron las mismas oportunidades como la nuestra han tenido que enfrentarse a situaciones de desempleo más severas que quienes sí estudiaron. ¿Por qué? Porque ya no es suficiente contar con un título de bachillerato en educación media para conseguir un trabajo estable, bien remunerado y que te permita vivir y disfrutar de la vida sin tanto estrés.

Es cierto que un título no te resuelve la vida, pero si te ayuda a resolver una parte muy importante de ella: el trabajo, que te proporciona más estabilidad económica y social y por ende, un mejor estilo de vida.

Pensar a futuro: sin importar cuáles son tus visiones a futuro, estudiar es muy importante. Entonces, pensá en cuáles son tus propósitos y que necesitas para lograrlos. Incluso si lo único que querés hacer es viajar por el mundo, tenés que aprender idiomas.

Emprendedurismo: En la actualidad no necesitas ser empleado de alguien para obtener estabilidad laboral. Ahora puedes poner tu propio negocio, con esfuerzo, paciencia y metas claras. Pero para que un proyecto camine bien necesitamos saber administrar, diseñar, comercializar, entre otros, y esto no se aprende de la nada. La preparación académica es esencial para que podás aplicarlo en el modelo de negocios que querés para tu proyecto soñado.

Proyecto de vida: plantearte metas a corto plazo te impulsa a lograrlas, y con cada una que realices contribuirás a esa gran meta que es tu proyecto de vida. Así que piensa y repiensa la mejor manera de llegar con éxito a la cima de tus metas.

¿Descansar?
Descansar no significa no hacer nada. Las carreras que ofrecen las universidades se llaman así pero no porque tengas que sacarlas “a la carrera”. La carrera universitaria es una etapa más de la vida y la ventaja es que podes llevar los cursos que quieras, a tu ritmo y moviendo las fichas, de manera que logres concluir tus estudios sin dejar de lado otras responsabilidades y proyectos. Entonces, ese merecido descanso puede estar combinado con un medio tiempo de estudio.

Si definitivamente no querés entrar a la U o no estás seguro de qué estudiar, es importante que no desaproveches el tiempo. Esto sería la peor idea y en algún momento te podrías arrepentir.

Así que podes ir creando tu currículum, ya sea con voluntariados, pasantías, técnicos o cursos libres. 

¿Todavía querés estudiar en la universidad de la vida? Suma los pros y los contras; y como se suele decir: lo barato sale caro.


Las Preguntas


Cuando haces preguntas esenciales, llegas al centro de un tema, de un asunto y te preparas para aprender conceptos y encontrar el sentido de tu vida. ¿O cómo crees que han sucedido los cambios que generaron el desarrollo? Alguien, en un momento dado hizo las preguntas precisas que llevaron a buscar las razones de ciertos fenómenos, comportamientos, modificaciones…Cuando un campo del conocimiento deja de hacer preguntas, sencillamente muere. Y en la vida cotidiana también las preguntas desempeñan un papel importante; preguntarte sobre lo que quieres de tu vida, por qué, cómo, con quién, cuándo… son interrogantes que te permitirán tomar las riendas de tu existencia y no permitir que fuerzas externas te lleven a lugares o situaciones que no deseas. 

Por todas las razones anteriores, a continuación vas a ahondar un poco en este asunto de hacer preguntas. 

¿Qué es una pregunta?
Una pregunta es una interpelación que se realiza con la intención de obtener algún tipo de información. Con esta interrogación, se espera recibir una respuesta que incluya los datos buscados.

Clases de preguntas
En términos generales se puede decir que hay 5 clases de preguntas:

Preguntas abiertas. Aquellas que no se pueden contestar con un “no” o un “si”. Su fuerza estriba en solicitar información sobre emociones y pensamientos. Las preguntas abiertas se utilizan para obtener información. Se diseñan para averiguar lo que hay en la mente, mientras se van produciendo las propias ideas, se apoyan en el qué y quién, en el cómo, el cuándo, el donde y el por qué.

Preguntas reflexivas. Piden una consideración previa y su posterior conversión en otra pregunta formulada con otra fraseología. La pregunta reflexiva da la oportunidad de volver a pensar, de reconsiderar o de volver a manifestar los pensamientos e ideas que le han llevado a dar la respuesta anterior. Ayudan a aclarar y a definir áreas de preocupación de las que puede no ser consciente o que no ha sido capaz de expresar. Por ejemplo ¿Quiere decir que…? ¿Ya probó algo parecido, y le parece que…?

Preguntas directivas. Dirigen la atención hacia la decisión que tu desees que tome. Expone una idea dada o un punto de vista determinado, las palabras “podría o debería” como todas las utilizadas en condicional exponen una idea, clarifican un pensamiento o ayudan a comprender una ventaja.

¿Cuánto tiempo cree usted que podría ahorrarle esta ventaja? ¿De qué manera sería mejor el nuevo plan más que el antiguo?

Preguntas de opción múltiple. Son una forma de pregunta directa, se pueden utilizar para conducir hacia la venta. Pueden dirigir la atención hacia un tipo de decisión, por ejemplo ¿El rojo o el negro? ¿Preferiría llevarse 2 con el 15% de descuento?

Preguntas cerradas. Requieren un “si” o un “no” o un simple dato por respuesta. Estas son útiles para estrechar el círculo de opciones con rapidez. ¿Entiende lo que le quiero decir? ¿Me quieres?
Cuando estás leyendo un texto académico y literario, también deberías hacer preguntas con el fin de lograr una comprensión amplia del escrito.  Éstas, estarán referidas a los niveles de lectura así:
Preguntas literales serán aquellas cuyas respuestas se encuentran en el discurso.

Preguntas inferenciales son las que te implican deducir la respuesta de unos datos o pistas que están dados en el escrito.

Las preguntas de valor, te exigen hacer juicios de valor o reflexiones surgidas con la lectura.

¿Para qué se hacen preguntas?
Si bien la respuesta pudiera parecer obvia, “para saber algo que no sé”, es importante profundizar un poco sobre los motivos que pueden llevarte a formular un interrogante.  Por ejemplo, si de verdad tienes interés en conocer más sobre un asunto o interesarte por la situación de alguien, tus preguntas serán auténticas y vas a buscar las respuestas. 

No te mueve el deseo de hacer notar que sabes más que los demás o cumplir con una norma de educación.  A partir de esta manera de  buscar, surgen las preguntas generadoras, que son aquellas que te impulsan a indagar, consultar fuentes, datos para establecer nuevas conexiones y relaciones. 


El Poder De La Mente



Cómo cambiar de vida y por dónde empezar
El poder de la inteligencia emocional es fundamental para iniciar un nuevo camino y para potenciar el camino actual. Gracias a ella podemos detectar y percibir prioridades y necesidades y dar pie a que se active nuestra voluntad.

La inteligencia no es suficiente para triunfar en el mundo de hoy, se necesitan ideas creativas para avanzar y sobre todo determinación. Todos somos creadores de nuestra vida según nuestras creencias y nuestros valores.

Hoy día salir adelante no es para los mejores, ni para los más inteligentes sino para los que se atreven a profundizar en sus sueños y manifestarlos con claridad y determinación.

Beneficios de una buena motivación personal
La perseverancia y la confianza en sí mismos.
La transformación de la visión del pasado de manera positiva.
La gestión de los pensamientos negativos para estimular nuevas soluciones.
La gestión del cambio con flexibilidad y constante adaptación personal.
La flexibilidad y la corrección del error como medio para aprender más.
La creatividad para ser artistas de la propia vida.
La teoría psicológica de los “Big Five”

Existen cinco grandes dimensiones del carácter que ayudan a entender mejor la propia personalidad.
Sociabilidad. Describe el grado de bienestar en las relaciones con otras personas.

Afabilidad. Indica la tendencia a la adaptación a los demás con conductas de confianza en los otros, cooperación o simpatía.

Tesón. Se refiere a la persona con disciplina, responsabilidad, persistencia y orientación al logro.

Estabilidad emocional. Muestra la disposición de la persona a soportar tensión. Los individuos más estables se muestran despreocupados, seguros de sí mismos y relajados.

Apertura a la experiencia. Indica el gusto por lo novedoso, refleja la imaginación, curiosidad y apertura al cambio.

Lo más importante es tener presente que sea cual sea el tipo de personalidad que nos caracteriza, todos tenemos la posibilidad de vivir dando lo mejor de nosotros mismos desde el momento que nos decidimos a activar nuestra voluntad por algo que valga la pena en nuestra vida personal y en nuestro desarrollo social, familiar o profesional.

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Diferencias Sociales


Hay momentos y días en que las diferencias sociales, culturales o religiosas nos parecen, de una vez por todas, prescritas e insalvables. En esos momentos solemos resaltar las dramáticas diferencias existentes entre nuestra cultura, nuestros valores y nuestros ideales, y las culturas ajenas; cuando éstas intentan, por ejemplo, legitimar ciertas medidas punitivas humillantes o letales basándose en motivos religiosos.

Sin embargo, en cuanto reconocemos ese mismo potencial destructivo en la historia de nuestra civilización y recordamos nuestras capacidades autorreflexivas y autocríticas, se incrementa de nuevo en nosotros el anhelo de diálogo. ¿Cómo podemos entender lo que nos ha impulsado a nosotros y a los Otros a adoptar determinadas maneras de pensar y de actuar? El hecho mismo de que existan diferencias entre nosotros y que nos consideremos mutuamente seres curiosos, e incluso extraños, ¿no es acaso, en el fondo, más elemental, si se quiere: más natural que lo que nos une?

Resulta mucho más obvio, por tanto, partir de la experiencia de la diferencia en nuestra vida personal, comunitaria y social y restarle un poco de esa mácula que se le atribuye. ¿Acaso la diferencia –y con ella todo lo ajeno– no nos resulta más próxima y familiar de lo que creemos habitualmente?

No podemos dejar de ver lo que nos es familiar, en un principio, como lo propio. Lo que no se corresponde con eso, es lo ajeno o extraño, lo lejano, lo poco familiar, y muy pronto pasamos a decir que es lo inquietante. El extraño es la encarnación de todo lo que nos provoca miedo. Sobre el extraño, cualquiera, en la propia sociedad, puede proyectar lo que él mismo no quiere percibir y que constituyen esos lados sombríos que habitan en la propia persona, sobre todo ese carácter impredecible tan propio de la naturaleza humana. Al extraño le atribuimos todo ese recelo latente en nosotros y que sentimos hacia nosotros mismos. Necesitamos al extraño para sentirnos seres normales, correctos y fiables.

En este punto, el artista se separa con toda decisión de la generalidad. Porque él se experimenta a sí mismo como ser creativo no en el rechazo, sino en la tarea de hacer presente lo que se manifiesta como extraño. Cualquier visita a un museo nos lo demuestra: el arte despliega una buena parte de su fuerza creadora de formas precisamente al impregnarse de eso que a nosotros nos parece propio y de aquello que nos parece ajeno.

En el ámbito de las artes plásticas, la más interesante impregnación de formas y visiones europeas y no europeas se produjo en los años posteriores a 1905. El arte europeo –lo mismo tratándose de Picasso, de Klee, de Brancusi o de Georges Braque–, no hubiera podido renovarse en el siglo XX por sí mismo. Y por ello se empapó de los néctares ajenos y la visionaria fuerza imaginativa que se expresa, por ejemplo, en la escultura primitiva. Ese arte presintió la fuerza que encarnaba la llamada escultura negra y extrapoló esa fuerza al propio proceso productivo. Con ello, procedió según un principio que supo apropiarse de algo y, al mismo tiempo, ser creativo.

Con el descubrimiento, sobre todo, que hicieron Picasso y los fovistas de las máscaras africanas y las procedentes de Oceanía, y la formación de una nueva mirada plástica por parte de los cubistas, el arte tribal –también conocido como art nègre– se convirtió en un modelo o Vor-Bild (o sea una imagen que tenemos delante y que se copia), una especie de “afinidad electiva” de la modernidad. Mientras que el artista, en ese encuentro constante consigo mismo y con lo ajeno, trata abiertamente toda clase de rupturas y pruebas de dichas rupturas –precisamente ahí se halla en su elemento–, nosotros, los que vivimos fuera de la práctica artística, vimos casi siempre con la idea de que deberíamos aspirar a la homogeneidad en todo.

Sin embargo, a decir verdad, lo no unificado, la diferencia y la heterogeneidad constituyen también nuestro elemento, un elemento en el que siempre nos encontramos y en el que normalmente nos sentimos bien. Y esto ocurre a todos los niveles: en los grupos más pequeños, en las comunidades, y así sucesivamente hasta llegar a las grandes formas sociales, todos están marcados por modos de comportamiento extremadamente divergentes, por actitudes, posiciones, rituales, juicios y prejuicios que difieren mucho entre sí; y mucho más patente se hace esto en el caso de esas grandes formas a las que llamamos “continentes”. Apenas es posible imaginar una estructura social y cultural más heterogénea que la del continente africano. Sin embargo, seguimos actuando como si hubiera una sola África.

Pero también en el ámbito de la vida individual coqueteamos constantemente con ese constructo de unidades, hablamos de un Yo y de una identidad, y todo a sabiendas de que cada Yo es infinito, que oculta en sí una cantidad enorme de facetas, y que la identidad no es más que una ficción, si bien extremadamente necesaria. También en las relaciones personales –desde las amistades y las historias de amor hasta el matrimonio y la familia– nos esforzamos mucho (a veces incluso de mala gana) para recalcar nuestras diferencias. Sin embargo, luego tenemos que comprobar que precisamente en el reconocimiento y el aprecio de las diferencias podemos seguir desarrollándonos. 

En la homogeneidad nos aburrimos rápidamente; la diferencia, en cambio, nos aviva, nos inspira, nos incita a la actividad y a la creatividad. Visto así, ¿no es la vivencia de la diferencia, en su núcleo, algo artístico?
Los artistas, como los etnólogos, experimentan que lo ajeno sólo nos parece ajeno y “exótico” desde nuestra propia perspectiva. El Otro, el extraño, sin embargo, no es más que un alter ego de cada persona. La mayor parte de las veces partimos de la idea de que lo propio tiene una realidad per se, sin una figura opuesta, pero luego tenemos que comprobar, muchas veces con horror, cuánto de extrañeza y de ajeno hay en nosotros, a la vista de algunas acciones y de perturbadores escenarios oníricos.

Como miembros de formaciones geográficas y sociales con una cantidad extrema de etnias y religiones –ya se llamen África, Asia, América del Norte o del Sur o Europa–, en realidad estamos preparados, tanto desde el punto de vista histórico como en nuestra memoria colectiva, de la mejor manera para tratar la diversidad y el multiculturalismo. En nuestro origen, somos artistas, es decir, transformers.

No olvidemos, a pesar de toda amenaza por parte de lo ajeno, que la tensión entre lo propio y lo ajeno nos convierte en seres creativos y que nos abre para la figura del visionario. Es algo que experimentamos también en el día a día: como ciudadanos con conciencia política, respiramos con alivio cuando la política no intenta, desde el principio, eliminar ciertos elementos de la sociedad que nos parecen ajenos y molestos (por ejemplo, determinadas particularidades, modos de comportamiento, ceremonias y tradiciones de vestimenta), sino que se abre al proceso de transformaciones y cambios recíprocos.

Únicamente en ese sentido puede tomarse en serio el discurso acerca del “diálogo de las culturas”. El hecho de que surjan resistencias por ambas partes en ese proceso es algo que no se puede eludir. Objetivos tan ambiciosos como la creación de un “mapa democrático universal” o de una “civilización global” sólo podremos vislumbrarlos si, desde la base, se le otorga al hecho fehaciente de la diferencia un significado positivo.

En su esencia, todos los seres humanos –tengan la profesión que tengan– podrían sentirse como codiseñadores del mundo; ese mundo que nos depara tantas preocupaciones con sus potenciales destructivos, tan tensos y a punto de explotar; un mundo que nos muestra abismos y nos involucra en catástrofes que a veces nos sobrepasan. Ése, sin embargo, es nuestro mundo. Y en medio de ese mundo creamos sin cesar, nos abrimos a esas felices convergencias de lenguajes artísticos y formas sonoras. Aun cuando la política se ocupe de una variedad de sistemas, lenguajes y formas de expresión que en la mayoría de los casos queda ensombrecida por conflictos difíciles de conciliar, ella, en su núcleo y en su potencial, es un acto creativo. Constituye una polifonía y una diversidad traducida en actos, una exploración de lo ajeno relacionada con las acciones.
Tanto más asombroso resulta, pues, que se les pida consejos a los etnólogos sólo en casos excepcionales cuando se trata de ciertos acontecimientos de carácter político. En época de los presidentes federales alemanes Johannes Rau, Roman Herzog y Richard von Weizsäcker, existió durante un tiempo el proyecto de un “Parlamento Europeo de las Culturas”. La idea era que, a la hora de juzgar ciertos conflictos nacionales e internacionales, se llamara como algo obvio, en calidad de asesores, a etnólogos occidentales y de las respectivas sociedades afectadas. Hasta ahora no hay aún apenas experiencias ni conceptos para la cooperación entre las políticas internas y externas y la etnología.

En la medida en que establecemos un intercambio político con otras personas (sobre todo de culturas ajenas), aprendemos siempre algo sobre nosotros mismos, algo que hasta entonces permanecía oculto para nosotros y que esperaba ser descubierto y llamado a la vida. La música, las artes plásticas y la literatura diferentes –sobre todo cuando encierran mucha historia– nos ponen en contacto con lo que aún no se ha vuelto realidad, lo inconsciente y lo imaginario que hay en nosotros.

La política y el arte deberían ser siempre reflexión: una reflexión sobre la interacción en conjunto; una valoración de la dinámica entre los mundos interiores y los mundos exteriores de quienes participan en ellas y de todo el corpus general, es decir, de la estructura más general. Por lo tanto, parece posible establecer una relación entre la política y el arte.


El hombre, desde su base, es un ser etnológico que se diseña a sí mismo siempre en una relación con lo ajeno en lo externo y en su “África interior”, como llamaba Sigmund Freud al alma. Nadie quiere, a fin de cuentas –y de eso estoy convencido– definirse a sí mismo sólo a través de lo que le resulta familiar. Todos queremos ser un ser cultural que, gracias a su fuerza creativa y modeladora, sea parte de la sociedad y de ese todo que trasciende a la sociedad propia y que llamamos “mundo”. 

Dar Sin Esperar Retribución



En la vida en algún momento nos creemos y nos ilusionamos esperando alguna cierta “recompensa” o algún tipo de “sorpresa” de parte de otra persona. Nosotros lo damos todo y aunque está bien dicho que no pidas nada a cambio por lo que tu des, indirectamente siempre esperamos algo de otra persona, si no es lo mismo o parecido a lo que tú haces o das, simplemente algo que haga ver nuestra recompensa por lo bien (o mal) que vamos con las cosas.

Cuando terminas una relación te pasas días, semanas, meses…machado y podrido pero con cierta fe e ilusión de que la otra persona está sufriendo por ti, te echa de menos, y está deseando al menos escuchar tu voz para saber cómo estas. Ya que, indirectamente, nos sentimos culpables de todo lo malo que le pase a esa persona porque tiempo atrás siempre estabas ahí en todo. No caigamos en el error. Como bien acabo de decir, nos ilusionamos y pensamos que es así y nos puedan llegar a sorprender. Nada más lejos de la realidad, no es así.

Con una sola llamada, conversación, o mensaje, te das cuenta que solo estás haciendo el ridículo. Mientras la otra persona le da igual todo y se dedica a decirte que la dejes en paz y hagas tu vida, tú has estado soñando día y noche con que esa persona hacia lo mismo contigo y en el fondo deseaba hablarte y estar a tu lado.

Te sientes ridículo nuevamente, tristeza, rabia, odio…así transcurren tres sentimientos en menos de cinco segundos por lo que acaba de suceder. Pero no, la última, odio, difícil sentirlo cuando amabas a tu pareja, amistad… realmente. Si alguien de verdad te quiere o te quiso, tarde o temprano, siempre volverá, mientras, no esperes nada e intenta no soñar porque transformaras tu vida en una pesadilla.

Nunca esperes nada de nadie y así no seremos defraudados. Suerte a aquellas personas que les den y les sorprendan día a día y enhorabuena. A los que no, adelante. Se tú mismo y no dejes que esas desilusiones acaben contigo y con tu ilusión, por la vida, la amistad, y el amor.

Eso sí, lo mejor es aprender a volar solos, no vaya a ser que tanta espera de algo o de alguien se demore hasta acabar estampados en nuestra… querida estampa.

Aunque yo cambiaria un poco la última parte. Y es que deberás tener esperanza porque si la pierdes y esas desilusiones acaban contigo… entonces te conviertes en un mero especulador.


Trascender Límites


Estamos a solo unas cuantas semanas de que termine el año y como es usual en diciembre, durante el mes nos dedicamos a revisar las cosas importantes que nos sucedieron desde que comenzó el año.
Es un periodo además donde sentimos que tenemos la oportunidad de comenzar de nuevo y a veces nos comprometemos con resoluciones y propósitos que por ejemplo, nos ayudarían a ser mejores personas, cuidar más nuestra salud o estar más en contacto con nuestros seres queridos.

Sin embargo la mayoría de las resoluciones y propósitos nos cuesta mucho mantenerlos y eso aumenta nuestra frustración respecto al tema que hemos elegido cambiar o ajustar a través de ellas.
Por eso es que este fin de año mi sugerencia es que no pienses en resoluciones y en cambio pienses en límites y te prometas solamente ir un poco más allá de ellos.

¿Cuánto tiempo puedes correr sin cansarte? ¿Un minuto? ¿5 minutos? ¿10 minutos? ¿Una hora?
Tu respuesta es tu límite en lo que a eso respecta, y solo puedes trascenderlo cuando lo conoces, y es algo que además debes hacer poco a poco, que necesita de trabajo, atención y consciencia.

Mientras creces aprendes cuáles son los límites de las cosas para mantenerte a salvo. Conoces así cuál es tu límite para saltar, para correr, para relacionarte con tus amigos, para estudiar e incluso cuál es tu límite para amar. Algunos los pones tú a través de lo que experimentas en la vida, y otros los tomas por lo que te cuentan tu familia o amigos respecto a las cosas.

Es algo que hacemos de forma inconsciente en nuestro crecimiento y una vez que ponemos ese límite, creamos un muro en nuestra experiencia que no nos permite ir más allá a menos que lo hagamos de forma totalmente consciente y con plena atención de estar trabajando y trascendiendo el límite.

Un viejo adagio dice que “no se le pueden enseñar nuevos trucos a un perro viejo”, y aquello es lo que sucede cuando decidimos quedarnos dentro de los límites conocidos ya sea por seguridad o comodidad. Porque dejar de trascender los límites que nos colocamos mientras crecemos es dejar de crecer y detener el avance de la fuerza de la vida en nosotros y el impulso de innovación y evolución que todos los humanos poseemos.

Entonces la invitación es a que durante diciembre busques tus límites. ¿Qué no te atreves a aprender? ¿Qué no te atreves a hacer? Y durante el 2018 llega a ellos y poco a poco atraviésalos y descubre que hay más allá de ellos.


domingo, 3 de diciembre de 2017

Diversidad


Diversidad cultural y Derechos Humanos

Conviene aclarar que la defensa de la diversidad cultural no significa aceptar que todo vale, que todo lo que los pueblos crean sea siempre bueno. Lo que es siempre bueno, en cualquier dominio, es la diversidad… si es auténtica, es decir, si no hay imposición forzada de unas formas sobre las otras. 

Y cabe afirmar eso, entre otras razones, precisamente porque no todo vale. A menudo es el contacto entre diferentes culturas lo que permite cuestionar los aspectos negativos y aprovechar los positivos de cada una de ellas. Podemos concluir que la diversidad cultural es siempre positiva en sí misma porque nos hace ver que no hay una única solución a los problemas, una única ley incuestionable… y eso nos autoriza a pensar en distintas posibilidades, a optar sin quedar prisioneros de una única norma. Con otras palabras, en situaciones de libertad, ninguna peculiaridad cultural, digamos "regresiva", acaba imponiéndose a otras más avanzadas, más satisfactorias para la generalidad de las personas.

Algunos se preguntan, sin embargo, si ello no supone una homogeneización, una pérdida de diversidad cultural. ¿No se puede caer en etnocentrismos estrechos? ¿Por qué, por ejemplo, hay que imponer a otros pueblos los derechos humanos propios de la civilización occidental?

Para empezar, los derechos humanos, no pertenecen a la cultura occidental; son el fruto reciente y todavía incompleto de una batalla contra las tradiciones opresivas presentes en todas las culturas. Y se apoyan en elementos liberadores presentes también en las diversas culturas. No se puede hablar, como han hecho algunos líderes políticos, de la "superioridad de la tradición cultural occidental" porque respeta los derechos humanos y reconoce la igualdad de derechos de ambos sexos… olvidando que hasta hace muy poco ninguna mujer tenía derecho a votar, ni podía viajar a otro país, ni tampoco realizar una transacción económica de alguna entidad sin permiso del marido, y olvidando también que en esos países de “tradición cultural occidental” algunos derechos humanos reconocidos son frecuentemente violados.

No tiene sentido hablar de los derechos humanos como una imposición de la cultura occidental, ni como un ataque a la diversidad cultural. Se trata de un movimiento transversal que recorre todas las culturas y que va abriéndose paso con mayor o menor dificultad en todas ellas. Cuando el burka y todo lo que representa constituya un objeto visible únicamente en los museos, ello no constituirá ninguna pérdida de diversidad cultural, sino que significará el fin de una trasgresión de derechos fundamentales de las mujeres, liberará la creatividad de un segmento importante de la humanidad y dará paso a nuevas creaciones culturales.

Pero, ¿no nos condena eso a la homogeneización, a la pérdida de la diversidad cultural? "¿No nos estaremos yendo -se pregunta Maalouf, criticando el actual proceso de globalización- hacia un mundo gris en el que pronto no se hablará más que una lengua, en el que todos compartiremos unas cuantas e iguales creencias mínimas, en el que todos veremos en la televisión las mismas series americanas mordisqueando los mismos sándwiches?".

Hoy existen riesgos serios, muy serios, sin duda, de pérdidas irreparables del patrimonio cultural de la humanidad: ya hemos hablado de las miles de lenguas y otras aportaciones culturales en peligro. Pero el hecho mismo de tener conciencia de los riesgos crea condiciones para atajarlos. El verdadero peligro estriba, ante todo, en no ser conscientes de los problemas o en tener una percepción equivocada de los mismos.

Por eso es importante profundizar en los problemas y no contentarse con los tópicos. Es necesario, pues, analizar más detenidamente ese proceso de globalización o mundialización cuyos efectos homogeneizadores tanto asustan a algunas personas. Quizás ello nos permita ver que no todos los signos son tan negativos y podamos separar el grano de la paja.


Humanismo


El concepto de ‘condición humana’ tiene una larga tradición en filosofía. Expresa una manera de ‘estar en el mundo’ específica, viviendo y actuando en él. La «condición» (cambiante, social) expresa lo opuesto a la «naturaleza» (biológica, eterna, intransformable). En tal sentido la condición humana permite una respuesta al problema del mal radical: el mal pertenece a la naturaleza y sólo la ‘condición’ (política) permite abordarlo. 

Con la naturaleza no se dialoga, pues ella se impone; la ‘condición’ en cambio, y por decirlo en los términos de Jaspers, no es «ser-así» sino «poder-ser», libertad en definitiva. LA CONDICIÓN HUMANA de Arendt da por supuesto que el lector conoce la distinción entre «naturaleza» y «condición» antes de ponerse a leer el libro (circunstancia que en los tiempos que corren no siempre es puede darse por descontada).

Fue Montaigne quien empezó a hablar de «l’humaine condition» Cuando Montaigne afirma que: «Cada hombre lleva la forma de la humana condición» (ESSAIS, II, XIII) no intenta en modo alguno definir un concepto de humanidad que ofrezca a cada hombre su norma o su medida. 

Lo que Montaigne pretende expresar es que no existe una representación universal del hombre sino tan solo seres humanos concretos. La condición no es algo privativo de los ‘grandes’, sino propia y específica de cada cual en su diferencia  — y de esa manera su afirmación es antiplatónica.   

Pero para un lector de 1958, ‘condición humana’ era especialmente un concepto que resonaba previamente en EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO de Sartre, en el pensamiento de Jaspers y en una novela de André Malraux de título homónimo que hoy es poco leída, pero cuyo influjo fue fundamental en su época.

Arendt retoma el concepto de ‘condición humana’ desde Sartre que en EL EXISTENCIALISMO ES UN HUMANISMO había escrito: «No es por azar que los pensadores de hoy hablan más habitualmente de la condición del hombre que de su naturaleza. Por condición entienden con más o menos claridad el conjunto de los límites a priori que esbozan su situación fundamental en el universo».

En una lectura atenta del párrafo sartriano antes citado podrían analizarse tres cuestiones. Por una parte la ya referida de la concurrencia entre condición y naturaleza. En segundo lugar está el tema de los límites a priori. Para Sartre hay otros límites (el trabajo, la muerte) cuya característica es la necesidad. 

Esos límites no son puramente objetivos sólo por aparecer universalmente, sino que tienen un aspecto subjetivo en la medida en que son «vividos»; el hombre «se determina libremente en relación a ellos» e intenta «franquear esos límites para retrasarlos, para negarlos o para acomodarse». 

Finalmente, como tercera cuestión, Sartre conviene que la condición humana es una denominación abierta con el inconveniente (que para Jaspers y Arendt es oportunidad) de existir en una ambigüedad constitutiva.


La condición humana (que se ha vuelto problemática y todavía más frágil con la bomba atómica, un tema que obsesiona a Jaspers a lo largo de toda la postguerra) es a la vez finitud y posibilidad. La aportación arendtiana se sitúa en este contexto añadiendo la politización del concepto y su vinculación a la técnica, leída (no se olvide) desde el impacto de la bomba atómica en Jaspers y en la traumatizada opinión pública alemana de su época.      

Incoherencias


"No vi nada" - Si no viste nada, entonces es que viste algo y ese algo no podía ser nada porque si hay algo entonces no puede haber nada pero si no puede haber nada entonces tiene que haber algo ya que o hay nada o hay algo.

"No quise nada" - Si no quisiste nada significa que no había algo y no puedes rechazar nada si no es algo pero si es algo, ya no es nada. Entonces no quisiste nada sinó algo que no es nada por lo que no habrías querido nada.

"No tengo nada" - Es decir, que realmente tienes algo, porque "no tener nada" es que se tiene ausencia de la nada, o sea que se tiene algo. Si realmente no tuvieras algo, dirías "no tengo algo". En el peor de los casos, quien dice no tener nada en absoluto, es porque lo tiene todo en la vida.

"No sé nada" - Si sabes que no sabes nada, sabes algo. Como sabes algo, no es verdad que no sepas nada. Entonces deberías decir que no sabes nada, excepto que sabes que no sabes nada excepto esto mismo. En conclusión: sabes que no sabes nada o NIEGAS que sabes nada.

"-¿Qué haces? -Nada". No se puede contestar eso ante una pregunta porque es evidente que se está haciendo algo. Se está contestando a la pregunta sobre qué se está haciendo. Ah, también estás respirando y realizando toda clase de procesos orgánicos involuntarios. Además, si dices que haces "nada" estás hablando incorrectamente. La respuesta correcta seria "nado" de nadar.

"Yo vivo en Filadelfia". No puedes decir que vives en filadelfia, porque filadelfia es la nada, y un ser no puede vivir en la nada, porque la convertiría en algo, y entonces crearía un dolor de cabeza universal, y la destrucción de todo y de todos, en conclusión, el hecho de decir que vives en filadelfia no te hace mejor persona, te deja como un idiota.

Conclusión: El iluso que inventó esas frases debería reemplazar Nada por Algo. ¿O no? Porque si no viste algo, quizá viste nada, o quizá viste un cachorro. ¿O no?


¿Cómo Sabes Lo Que Sabes?


Hace muchos años, en una pobre aldea china vivía un labrador con su hijo. Su único bien material, aparte de la tierra y de la pequeña casa de paja, era un caballo que había heredado de su padre.

Un buen día el caballo se escapó, dejando al hombre sin animal para labrar la tierra. Sus vecinos —que lo respetaban mucho por su honestidad y diligencia— acudieron a su casa para decirle cuánto lamentaban lo ocurrido.

Él les agradeció la visita, pero preguntó:

¿Cómo podéis saber que lo que ocurrió ha sido una desgracia en mi vida?
Ante estas palabras alguien comentó en voz baja con un amigo:
«Él no quiere aceptar la realidad, dejemos que piense lo que quiera, con tal que no se entristezca por lo ocurrido».
Y los vecinos se marcharon, fingiendo estar de acuerdo con lo que habían escuchado.

Una semana después, el caballo retornó al establo, pero no venía solo: traía una hermosa yegua como compañía. Al saber eso los habitantes de la aldea alborozados, porque sólo ahora entendían la respuesta que el hombre les había dado, retornaron a casa del labrador para felicitarlo por su suerte.

Antes tenías sólo un caballo, y ahora tienes dos. ¡Felicitaciones!—dijeron.
Muchas gracias por la visita y por vuestra solidaridad —respondió el labrador. ¿Pero cómo podéis saber que lo que ocurrió es una bendición en mi vida?

Desconcertados, y pensando que el hombre se estaba volviendo loco, los vecinos se marcharon, comentando por el camino:
¿Será posible que este hombre no entienda que Dios le ha enviado un regalo?».

Pasado un mes, el hijo del labrador decidió domesticar a la yegua. Pero el animal saltó de una manera inesperada, y el muchacho tuvo una mala caída rompiéndose una pierna.
Los vecinos retornaron a la casa del labrador, llevando obsequios para el joven herido. El alcalde de la aldea, solemnemente, presentó sus condolencias al padre diciendo que todos estaban muy tristes por lo que había sucedido.

El hombre agradeció la visita y el cariño de todos. Pero preguntó:
¿Cómo podéis vosotros saber si lo ocurrido ha sido una desgracia en mi vida?
Esta frase dejó a todos estupefactos, pues nadie puede tener la menor duda de que un accidente con un hijo es una verdadera tragedia.
Al salir de la casa del labrador, comentaban entre sí:
Realmente se ha vuelto loco; su único hijo se puede quedar cojo para siempre y aún tiene dudas de que lo ocurrido es una desgracia.

Transcurrieron algunos meses y el Japón declaró la guerra a China. Los emisarios del emperador recorrieron todo el país en busca de jóvenes saludables para ser enviados al frente de batalla. Al llegar a la aldea, reclutaron a todos los jóvenes excepto al hijo del labrador que estaba con la pierna rota.

Ninguno de los muchachos retornó vivo. El hijo se recuperó, los dos animales dieron crías que fueron vendidas y rindieron un buen dinero. El labrador pasó a visitar a sus vecinos para consolarlos y ayudarlos ya que se habían mostrado solidarios con él en todos los momentos.

Siempre que alguno de ellos se quejaba el labrador decía:
¿Cómo sabes si esto es una desgracia? Si alguien se alegraba mucho, él preguntaba:
¿Cómo sabes si eso es una bendición?
Y los hombres de aquella aldea entendieron que, más allá de las apariencias, la vida tiene otros significados.

Y tú, ¿cómo ves y consideras las cosas que te suceden?
¿Te dejas llevar por el primer impulso y el primer pensamiento sobre las situaciones que vives y las personas con las que te relacionas?
¿O buscas el sentido y el significado que puede enriquecer tu vida? 



Epistemología

Filosofía

Si echamos un vistazo a lo que dice Wikipedia sobre el término, podemos leer:
La epistemología (del griego ἐπιστήμη epistḗmē, “conocimiento”, y λόγος lógos, “estudio”) es la rama de la filosofía cuyo objeto de estudio es el conocimiento.

La epistemología, como teoría del conocimiento, se ocupa de problemas tales como las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a la obtención del conocimiento, y los criterios por los cuales se lo justifica o invalida, así como la definición clara y precisa de los conceptos epistémicos más usuales, tales como verdad, objetividad, realidad o justificación.

Suena interesante, ¿no? Hoy os propongo que aprendamos un poco más sobre ¿cómo sabemos que sabemos lo que sabemos?

El Rol de la Percepción en el Conocimiento
Es difícil imaginar un mundo que existe fuera de lo que podemos percibir. En el esfuerzo que hacemos para tirar a delante diariamente, sin chocar con nuestros coches o alguna otra calamidad, hacemos asunciones sobre los objetos de nuestro mundo físico. Su continuidad, su comportamiento.

Algunas de estas asunciones están basadas en nuestra propia experiencia, otras en el conocimiento que hemos recibido de la experiencia de otras personas y, otras son inferencias lógicas.

Sea como fuere, la experiencia viene a través de los lentes de la percepción. Como se ven las cosas, como se sienten, como suenan.

Nuestro entendimiento de mundo y nuestra interacción con él viene a través de instrumentos particulares del cuerpo humano (ojos, orejas, dedos,…). La mayoría de nosotros podemos entender intuitivamente la subjetividad de algunas de nuestras percepciones.


sábado, 2 de diciembre de 2017

Despejando La Nebulosa


En cuanto nos dejamos llevar, pasamos los días insertos en una nebulosa que nos resulta familiar

Es lo cotidiano, lo que conocemos bien y para lo que, por tanto, no necesitamos prestar mucha atención, y menos aún preguntarnos “¿quién soy yo?”.

Error.
¿Sentimos que todo va bien cuando estamos en piloto automático? Muy adentro sabemos que la respuesta es no; en realidad, dejamos todo esto muy al margen y por tanto podemos incluso contestar: “estoy perfectamente”.

Nos da mucho miedo aventurarnos en preguntas de indagación e identidad personal, preferimos a menudo la penumbra antes que saber qué hay dentro de nosotros.

Preferimos la seguridad de lo que ya hay y es.
Pero es que no sabemos lo que “hay y es”.

Y pero es que no se está “perfectamente” en piloto automático. Como mínimo, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que es una situación mejorable. Porque, aunque todo esté como queremos que esté, en piloto automático no estamos aprovechándolo correctamente, ni siendo conscientes de nuestra suerte o nuestro bienestar.

Y al final viene la ansiedad. O la depresión.

O, como mínimo, la vida pasa por nuestro lado mientras nosotros dormitamos.
 El ruido de fondo. ¿Quién soy yo?

Además de la nebulosa, hay también un ruido de fondo, algo que no distinguimos bien y que no sentimos que esté reclamando nuestra atención. Pero tal vez sí lo esté haciendo.

Debemos parar y escuchar. Y averiguar qué significa ese ruido. Es un buen modo de aproximarnos a las preguntas más cruciales sobre nuestra identidad personal.


Un Alto En El Camino


Donde te encuentras hoy es donde debes estar. Confía … Todos los sitios son sólo parte del viaje“.

Esta es la frase que me sirve para la reflexión de hoy. No hace mucho, un día me levanté y me pregunté, ¿qué hago yo aquí? ¿Debo estar aquí en este momento de mi vida?

Había pasado una semana muy dura, con muchas malas noticias profesionales, añorando mucho mi familia, mis amigos, mi casa, … Lo primero que hice fue respirar hondo, relajarme y confiar, pensar que efectivamente tenía que estar aquí en este momento de mi vida para seguir adelante, para romper mi zona de confort, renovarme, “rejuvenecerme por dentro”, …

Pasada esa mala semana, tras confiar que las cosas que me estaban pasando eran buenas para mí, para mi futuro, que me estaban dando tiempo a madurar sobre lo que realmente quiero hacer en este momento, ahora veo con claridad que mis pequeños fracasos fueron toques para que re-enfocara, para centrarme e ir a lo que realmente es valioso para mi crecimiento y para ser feliz y no una alocada carrera a ningún sitio, como tantas veces me ha ocurrido en el pasado.


Por eso doy gracias y estoy seguro que ahora estoy en el buen camino y este lugar es parte de mi viaje.

Dar El Máximo



El éxito en las relaciones humanas consiste, primero, en dar, después en dar más y, por último, seguir dando.

¿Te ha quedado claro? Si son los demás los que verdaderamente valoran y convierten tus acciones en un conjunto exitoso para alguien diferente a ti mismo, como decíamos el otro día, se revela evidente que el éxito en las relaciones personales se encuentra en lo que les aportes a los de enfrente, y aportar es sumar a alguien de tu parte, es darte, es dar. Más alto se puede decir, más en negrita y más grande se podría escribir, pero no más claro. Hay un antes y un después de esta afirmación, si la interiorizas y empiezas a aplicarla. El mundo de hoy no es el mejor de los escenarios, con tanta información y tanta manipulación, con tanta velocidad y ensimismamiento, pero es nuestra obligación no dejar que eso suceda irremediablemente y acabe por conminarnos en vivencias personales totalmente aisladas de la realidad e inscritas en una virtualidad mal entendida.

Por nuestro natural, tendemos mujeres y hombres a relajarnos en las relaciones de amistad, de pareja, laborales o lúdicas con el transcurso de las mismas. Parece que nos cansemos de los mismos escenarios pasado un tiempo y, bien mirado, es razonable si se tiene disposición a ser sincero y justo. 

No lo considero malo, sino normal, pues el ser humano tiene una querencia natural por transformarse que habita en la base diferencial de nuestra especie, lo que nos ha hecho humanos y especie dominante en el planeta: la curiosidad y las ganas de crecer y evolucionar, de buscar cosas diferentes y nuevas. Si bien cierto es, por ende no se puede olvidar tampoco la fantástica potestad que albergamos para apostar por puntos fuertes de voluntaria elección y ser capaces de movilizarnos por ellos, transformando el mundo desde nuestras elecciones. 

Es una capacidad “innovadora” que dota de interés continuo y remozado a cualquier situación perenne, un poder que nos permite salvaguardar de una involución no deseada cualquier relación que requiramos.

Como ejemplo, mantener en el amor de una pareja la misma intensidad que se tenía al inicio, en una adolescencia o en los encuentros primeros, por poner un par de casos, es del todo improbable, pues el descubrimiento se produce en un periodo de tiempo determinado. Ahora bien, también lo es que dicho amor no madure al calor de los acontecimientos superados en común y en un proyecto conjunto querido por ambos. 

Por tanto, esa tendencia natural que se presenta en todas las facetas de la vida no es óbice para conseguir momentos que sí tengan la intensidad que promueve el crecimiento de dicha relación, momentos seleccionados, y preparados incluso, en los que radiquen la magia de nuestra aportación, de la consciencia de lo importante que esa persona es en nuestra vida y el modo en que lo note, si nos aferramos al ejemplo. Para ello, y estamos hablando de un caso tan singular como el de la pareja, hay que seguir dando siempre.

Pues serán fundamentales, de entrada, una buena cortesía y una sincera aproximación. Estar por todo tipo de detalles que hagan sentir y entender al interlocutor que nuestra intención primera es dar, estar por el otro para ayudar cuando sea menester y que lo que le pasa a esa persona nos importa. Y que es y será así. Si le contagiamos que sentimos su valor y que lo que le ofrecemos consideramos que tiene valor para él, aunque hayamos venido a venderle una Enciclopedia Británica por fascículos nos escuchará de buena gana. 

Adentrarnos en ese “todo tipo de detalles” será mi objetivo en adelante, pero partiendo de una férrea e inquebrantable voluntad de uno mismo por cumplir la máxima del título de este artículo: para triunfar en el mundo de las relaciones personales, o sea, sociales, el primer requisito es querer dar, darse a los otros, el segundo es seguir queriendo pasado un tiempo y, por último, no desfallecer en ello nunca. 

Sin esa decisión personal, no hay ninguna garantía de éxito, por lo que os conmino a que vayáis meditando el alcance de vuestra predisposición.


Saber Apreciar


“Una persona que piensa todo el tiempo, no tiene más en qué pensar que en los pensamientos mismos, de esta manera pierde el contacto con la realidad y está destinado a vivir en un mundo de ilusiones”, afirma Alan Watts —filósofo del espíritu y uno de los principales responsables de acercar el budismo zen al pensamiento occidental— en una iluminadora conferencia.

Al momento de explicar a qué se refiere exactamente con “pensamientos”, Watts los describe como esas “charlas dentro del cráneo”, una manera simple y precisa de hablar sobre nuestros frecuentes (y también evitables) diálogos y cálculos internos, repeticiones esclavizantes de palabras que, al presentarse compulsivamente, son la fuente principal de la angustia en la que muchas personas viven cotidianamente.

El pensamiento, reflejo de nuestra mente racional (“un buen sirviente, pero un mal amo”), como afirma Watts y también lo hace la filosofía budista, no es malo por sí mismo; es quizá una de las herramientas más poderosas que un hombre tiene a la mano, pero debe ser usada con moderación, como un instrumento que podemos utilizar para resolver problemas y dejar a un lado cuando no nos sirve más, y de esta manera, vivir el resto del tiempo habitando la realidad. De otra forma, esto sólo puede llevarnos a confundir los símbolos, las palabras, las ideas y los números con el mundo real.

Pensamientos de dimensiones épicas y tan comunes como la idea de que tenemos que sobrevivir en el mundo, seguir adelante, no fallar, mantenernos vivos (aún cuando sabemos que la muerte se avecina) y para ello hacer dinero, o, simplemente, la noción de que tenemos que no ser lo que somos, agotan nuestra mente impidiéndonos disfrutar del mundo que habitamos, ese que existe afuera de nuestra mente.

Para Watts, la respuesta es simple: no tenemos que ser algo más que lo que somos o sentir una cosa distinta a  la que sentimos. Cuando nos rendimos a lo que estamos siendo y estamos sintiendo en el presente, el callejón sin salida te permite el paso, te dice algo, un mensaje que vale la pena escuchar.
El ego y la idea del yo son, según el filósofo estadounidense, el principal problema: esa pesada imagen de nosotros mismos que está hecha de lo que nos han dicho que somos o que tenemos que ser, de nuestra educación y nuestro estilo de vida. No hay nada más alejado de lo que realmente somos que todas estas ideas. Nosotros somos el universo, de la misma forma que un río, una galaxia o una nube lo son; somos el universo expresado en el lugar que sentimos como aquí y ahora. En otras palabras, a través de nuestros ojos, el universo se observa a sí mismo.

Watts asegura que la observación en calma del universo es la respuesta, y es también el principio de la meditación. Si no sabemos qué hacer, hay que observar. Watts utiliza como ejemplo el acto de escuchar música, escucharla hasta que eventualmente la entendemos, no en palabras, pero sí de otra forma, porque el punto es la música, hasta que nos convertimos en la música. 

De la misma manera, la vida adquiere un sentido insospechado con el simple acto de observarla, no solamente lo que pasa afuera de nosotros, sino también lo que pasa dentro. Los pensamientos, las emociones, los miedos deben observarse desde el punto de vista de un espectador, sin querer cambiarlos o juzgarlos, como nubes que pasan velozmente por el cielo.

Es preciso despertar a la realidad y vivir en el presente, explica finalmente Watts con una elocuencia resplandeciente y un encantador sentido del humor, observar la vida hasta que logremos transformarnos en ella, dejar de pensarla y codificarla, para finalmente vivirla.


Simplemente Vivamos



La cita de hoy nos avisa de que podemos estar enfrentándonos a la vida de manera equivocada. 

Muchas veces pensamos que, si somos “buenas personas”, si somos amables y alegres, los demás no nos tomarán en serio o pretenderán aprovecharse de nosotros. La sociedad, nuestros familiares y amigos, nos avisan de que debemos ser duros, que hay que protegerse de los demás, que si somos confiados nos harán daño.

Esto hace que muchos de nosotros nos fabriquemos una coraza, que no dejemos ver nuestros sentimientos y desconfiemos de los demás. Poco a poco, esta actitud ante la vida nos convierte en personas desconfiadas, cerradas, tristes y agresivas. 

En resumen, cuando nos relacionamos con los demás, sobre todo con la gente que no conocemos bien, estamos más predispuestos a sacar la espada que a sonreír y, por supuesto, esto hace que la persona que tenemos enfrente reaccione de una manera similar.

Sin embargo, si lo pensamos durante un segundo, ¿no nos sentimos mejor y estamos más predispuestos a escuchar o a ayudar a las personas que son amables y abiertas y que nos recibe con una sonrisa? Entonces, ¿por qué no probamos a hacer lo mismo? Una sonrisa es fácil, no nos cuesta nada y puede abrirnos muchas puertas.



Motivación


La vida funciona con incentivos; desde alegrar a alguien, motivarlo o hacer lo que más le gusta, en el trabajo, en el hogar y en la vida en general buscamos los incentivos, quien creyera que el origen de esta palabra es cantar.

Incentivo proviene del latín incentivum, derivado de incanare o cantar. De tal manera, que la alegría del canto llega a motivar para alegrar la vida en general.

En el mundo empresarial los incentivos para los trabajadores son uno de las mejores elementos motivadores, pero debe ir paralelo con otro tipo de incentivos para alegrar el espíritu.

El como motivar a los trabajadores y en general a la familia es parte del éxito y la gran diferencia entre los grupos humanos exitosos.

Una familia que transcurre los días con alegría, motivación y unión, progresará mucho mejor. Los hijos rendirán mejor en los estudios, tendrán mejor crecimiento y se inclinarán por los deportes. Toda la familia se alejará de los vicios y problemas sociales.

De la misma manera en el mundo empresarial, si todos se encuentran lo suficientemente motivados, la productividad será mayor.

El saber cómo motivar a los diferentes grupos humanos es saber el secreto del éxito. Los equipos deportivos más exitosos deben sus triunfos a la motivación.

Pueden tener menos antigüedad o tradiciones, menores recursos o trofeos, pero si se encuentran con el elemento motivador adecuado, vencerán al rival más fuerte.



Dentro De Ti


La intención es que dejes de buscar a fuera de ti
y que te des cuenta que lo tienes todo
dentro de ti.
Si lo descubres dentro de ti,
lo conseguirás a fuera.
No es al revés.
Tu vida es un holograma
que se proyecta desde dentro hacia fuera.
Debido a que estamos en olvido,
a que estamos influenciados desde la infancia,
a que tenemos alguna cosa importante que experimentar
y debido a que estamos en un cuerpo físico,
se nos hace difícil comprender que todo lo que
vivimos es lo que estamos eligiendo vivir.
Pensamos que es lo que nos ha tocado
por buena o mala suerte.
Cuando tienes presente que estás
en un viaje al recuerdo de todo lo que eres,
te empoderas y tomas el control de tu vida,
porque reconoces que eres merecedor
de todo lo bueno por derecho divino.
Todos tus problema llegan a su fin
cuando te haces cargo de ti,
cuando tomas el control de tus creaciones,
cuando descubres que tienes el potencial
y cuando compruebas que la Fuente
esta lista para ayudarte a ser cada día mas feliz.
Solo falta que estés de acuerdo con esto
para que el proceso de soluciones se inicie.
Tienes un potencial que te permite crear
y tú puedes elegir qué crear.
Este concepto es revolucionario
y no lo sabemos utilizar en toda su dimensión.
Por eso creamos situaciones donde lo pasamos mal.
Pero todo esto es parte del proceso.
Tenemos que practicar y practicar
hasta comprender cómo es que se hace esto.
Necesitamos ser cada vez mas conscientes
para poder utilizar ese potencial que emana de la Fuente
para que nosotros lo podamos moldear
para nuestro bien, o sea, alineado al amor.
Nuestro espíritu es amor,
es la energía que permite la vida,
que permite las mejoras,
la expansión, la realización,
el crecimiento y la dicha de vivir.
Mientras mas recuerdes que eres amor,
más hermosa será tu existencia.
Todos nuestros problemas se generan
cuando nos alejamos del amor,
o sea, cuando olvidamos que somos amor.
El amor nunca genera problemas,
todo lo contrario,
es lo único que sana todo dolor y restaura la verdad.
Los desafíos y los problemas no son hermosos en si mismos.
Sin embargo, son la oportunidad de restaurar el amor allí
y por eso se hacen hermosos.
La belleza está en la reparación,
en el sanar, en el volver a recordar lo que somos.
Entonces cada desafío se convierte en una bendición
y en una oportunidad para mejorar,
para avanzar, para crecer, para ser cada vez más sabios.
No son para sufrirlos y quedarse allí
sintiendo que la vida es injusta.
Es así como podemos llegar a agradecer
a alguna circunstancia que nos ha hecho dudar,
tener miedo o sufrir después de haberla superado.
Cada problema trae un regalo oculto
que podemos obtener después de haberlo superado.
Ese regalo consiste en un descubrimiento de alguna capacidad,
de alguna habilidad o de algún don
que antes no habíamos reconocido en nosotros.
Por eso, todas las soluciones están dentro de nosotros.
Nunca fuera.
Tu evolución consiste en ir descubriendo más y más
atributos de tu espíritu.
Mientras mas descubras, más feliz eres.
Mientras feliz eres, mas cosas buenas atraes a tu vida.
El mundo necesita personas que estén
más conscientes de esto para que vivamos en armonía y dicha.


Patricia González