sábado, 8 de febrero de 2020

En Nuestro Interior


Un mendigo había estado sentado más treinta años a la orilla de un camino. Un día pasó por allí un desconocido. "Una monedita", murmuró mecánicamente el mendigo, alargando su vieja gorra de béisbol. "No tengo nada que darle", dijo el desconocido. 

Después preguntó: "Qué es eso en lo que está sentado?" "Nada", contestó el mendigo. 
"Sólo una caja vieja. Me he sentado en ella desde que tengo memoria". "¿Alguna vez ha mirado lo que hay dentro?", preguntó el desconocido. "No" dijo el mendigo. "¿Para qué?

No hay nada dentro". "Échele una ojeada", insistió el desconocido.

El mendigo se las arregló para abrir la caja. Con asombro, incredulidad y alborozo, vio que la caja estaba llena de oro.

Yo soy el desconocido que no tiene nada que darle y que le dice que mire dentro.

No dentro de una caja como en la parábola, sino en un lugar aún más cercano, dentro de usted mismo.

"¡Pero yo no soy un mendigo! ", le oigo decir.

Los que no han encontrado su verdadera riqueza, que es la alegría radiante del Ser y la profunda e inconmovible paz que la acompaña, son mendigos, incluso si tienen mucha riqueza material. Buscan afuera mendrugos de placer o de realización para lograr la aceptación, la seguridad o el amor, mientras llevan dentro un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas sino que es infinitamente mayor que todo lo que el mundo pueda ofrecer.

La palabra iluminación evoca la idea de un logro sobrehumano y el ego quiere conservar las cosas así, pero es simplemente el estado natural de sentir la unidad con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, algo que, casi paradójicamente, es esencialmente usted y sin embargo es mucho más grande que usted.

Es encontrar su verdadera naturaleza más allá del nombre y de la forma. La incapacidad de sentir esta conexión da lugar a la ilusión de la separación, de usted mismo y del mundo que lo rodea. Entonces usted se percibe a sí mismo, consciente o inconscientemente, como un fragmento aislado. Surge el miedo y el conflicto interior y exterior se vuelve la norma.

Me encanta la sencilla definición de la iluminación dada por Buda como "el fin del sufrimiento". No hay nada sobrehumano en esto, ¿cierto? Por supuesto, como toda definición, es incompleta. Sólo dice lo que la iluminación no es: no es sufrimiento.

¿Pero qué queda cuando ya no hay sufrimiento? El Buda no habla sobre esto y su silencio implica que usted tiene que averiguarlo por sí mismo. Usa una definición negativa para que la mente no la convierta en algo que se deba creer o en un logro sobrehumano, una meta que es imposible de alcanzar. A pesar de esta precaución, la mayoría de los budistas aún cree que la iluminación es para el Buda, no para ellos, al menos no en esta vida.

Extraído de "El poder del ahora" Autor Eckhart Tolle 

El Síndrome De Diógenes

De vez en cuando escuchamos una noticia explicando que se ha desalojado el piso de una persona mayor, que acumulaba cientos de kilos de basura como consecuencia de sufrir el síndrome de Diógenes, pero ¿qué es eso de Diógenes?, ¿a quién afecta?, ¿cómo prevenirlo? Te descubrimos todas las claves sobre este trastorno.

De vez en cuando escuchamos una noticia explicando que se ha desalojado el piso de una persona mayor, que acumulaba cientos de kilos de basura como consecuencia de sufrir el síndrome de Diógenes, pero ¿qué es eso de Diógenes?, ¿a quién afecta?, ¿cómo prevenirlo? Te descubrimos todas las claves sobre este trastorno.

El prototipo de este síndrome es una persona adulta mayor, que vive sola y aislada de su entorno, que acumula gran cantidad de objetos, y que puede provocar problemas de convivencia con sus vecinos debido precisamente a esa basura que puede oler mal y atraer insectos o ratas. A pesar de que hablamos de desperdicios y suciedad, estos objetos tienen “algún sentido” para la persona que los atesora, que a veces los tiene ordenados y clasificados, mientras que, en otros casos, se trata de satisfacer un deseo de apego mal dirigido.
Causas del síndrome de Diógenes

Es un síndrome específico de personas de la tercera edad, que llegan a descuidar los hábitos de higiene y usos sociales, y puede producirse por el simple aislamiento social que les lleva a la falta de contacto con sus semejantes, o también puede ser producto de un problema psiquiátrico que lo desencadene, como depresión mayor o demencia. De ahí la importancia de establecer un diagnóstico claro para tratar los trastornos concomitantes en caso de que existan, ya que son los que mantienen el síndrome.

Hay que aclarar que, a pesar de considerarse una enfermedad propia de ancianos, algunos de sus síntomas pueden empezar a presentarse mucho tiempo antes. Entre los elementos determinantes para la aparición de este síndrome están la soledad y el aislamiento social que padece la persona, y que le van a llevar a una rigidez de pensamiento, autoalimentado, con el que justificará cualquier acción. 

Entre las principales causas de su aislamiento suele estar la pérdida de la pareja, algo que puede suceder en cualquier momento.

Capacidad De Discernir


Discernir significa distinguir la diferencia entre los opuestos; como el bien y el mal, lo justo e injusto, lo importante y lo intrascendente, lo verdadero y lo falso, lo necesario y lo prescindible; lo honesto y lo deshonesto; o sea, ser capaz de actuar en función del propio juicio crítico.

Existen dos formas de tomar decisiones y de actuar, una es en función a las normas morales aprendidas y otra forma es discernir uno mismo, atreverse a tener un juicio propio en función a la experiencia, al razonamiento y la propia forma de ver el mundo y de pensar.

Según como sea nuestro discernimiento será nuestra forma de tomar decisiones y lo que condicionará el rumbo de nuestras vidas.

Antes que nada somos un cuerpo, lo que nos obliga a discernir qué es lo más conveniente para él y actuar en consecuencia. El cuerpo nos acompañará toda la vida y en función a nuestra forma de utilizar su potencial y de cuidarlo podrá sernos útil para concretar nuestros proyectos.

Los seres humanos estamos motivados a la acción por nuestros deseos, pero saber distinguir entre los deseos destructivos y los constructivos no es fácil y exige usar la mente.

La capacidad de discernimiento es lo que nos permitirá actuar con moderación y no dejarnos llevar por el egoísmo, la codicia, la ambición desmedida o la envidia.

La forma de verse a sí mismo influye en el discernimiento, porque tener baja autoestima o creerse superior a los demás interfiere con la capacidad de discernir, afecta el crecimiento y el desarrollo, malogra las relaciones personales y laborales e impide oportunidades de trabajo.

El perfecto equilibrio es aceptarse como uno es, con el potencial y las limitaciones y tratando de aprovechar al máximo las capacidades.

La mente y el cuerpo tienen que estar en perfecta armonía, sin empeñarse en priorizar las motivaciones de la mente sobre las necesidades del cuerpo, o los deseos del cuerpo sobre lo que dice la mente.

El discernimiento obliga a ver totalidades, a tener una visión más amplia, modifica la conducta y conduce a experiencias satisfactorias.

El discernimiento nos lleva a reflexionar antes de actuar y a ser más conscientes de todo lo que hacemos.

Para aprender a discernir hay que dominar la mente, nuestros impulsos más arcaicos y nuestro temperamento básico; o sea a ser dueños de nosotros mismos.

Es necesario controlar nuestra intolerancia, impaciencia e ira; ser capaz de detenerse antes de actuar impulsivamente y considerar con serenidad los acontecimientos que suceden, porque el problema no es lo que pasa sino lo que hacemos con lo que nos pasa.

Es indispensable aportar claridad a la vida y no dejarse llevar por presiones o imposiciones, ni tampoco por supuestas obligaciones o exigencias, sabiendo diferenciar por sí mismo lo que corresponde a la propia competencia y lo que no nos concierne, distinguiendo lo importante de lo superfluo.

El discernimiento permite la tolerancia, incluso con quienes piensan diferente, no lleva a refugiarse en el fanatismo y ayuda a tener más respeto, escuchar y a no trabarse en discusiones estériles.


El discernimiento hace posible los proyectos y conduce a cumplirlos, creando la determinación necesaria para centrar todos los esfuerzos y la atención para alcanzarlos.


Entrar En Sus Zapatos


 La empatía: la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de ver por sus ojos y conocer sus pensamientos y sentimientos.

¿Cuántas veces te has sentido incomprendido por alguien? ¿Cuántas veces te hubiera gustado poder entender el comportamiento de alguien a quien aprecias, y no lo has conseguido? Si eres consciente del valor que tiene entender y ser entendido, seguro que estás abierto a entrenarte en esta habilidad.

En ese caso, enhorabuena, porque desde luego que la empatía se puede aprender. Es cierto que hay personas que tienen mayor facilidad para mostrarse empáticos con los demás, pero como otras habilidades es algo que se puede adquirir a base de ejercitarse diariamente en ello.

Ahora bien, conviene hacer una aclaración para no dar lugar a malentendidos. Mostrarse empático con alguien es una destreza básica de la comunicación interpersonal, que no tiene que ver con estar de acuerdo con la otra persona, aprobar sus comportamientos o compartir sus valores.

Hay quien tiene miedo de ser empático, porque piensa que, si consigue “entender” a la otra persona, y calzarse sus zapatos durante unos momentos, tendrá que darle la razón o compartir lo que el otro está pensando o sintiendo, y esto no es así.

No temas, puedes tener empatía, capacidad para comprender por qué otra persona piensa de una determinada manera, sin que necesariamente lo apruebes o simpatices con ello. Es una habilidad que te acerca al universo emocional del otro, pero no te obliga a identificarte con él.

Dicho esto, quizá ahora te sientas más predispuesto a desarrollar tu empatía. Aquí van algunas propuestas para mejorarla:

Escucha sin emitir juicios de valor.
Por supuesto que puedes dar tu opinión cuando alguien te expresa un contenido personal, especialmente si te la pide, pero esto no está reñido con que te muestres empático e intentes hacer una escucha activa.

Si quieres entender verdaderamente a la otra persona, escúchala sin interrumpirla, pospón tu opinión hasta que hayas conseguido ver lo que te cuenta desde su mirada, su forma de pensar, sus costumbres, sus valores, y sus creencias.

Se trata de ver la película desde los ojos de uno de los implicados, no de juzgar a uno de los personajes. Si directamente le juzgas, negándole el derecho a sentir o pensar  así, es muy probable que la otra persona se sienta incomprendida, molesta y a la defensiva.

Acepta y tolera las diferencias.
Para ser empático hace falta tomar conciencia de que tu visión del mundo no es la única, de que tu manera de ser y comportarte no es una verdad absoluta y universal.

Cuando te relaciones con los demás, se consciente de que somos seres únicos, diferentes y que respondemos a los estímulos de forma distinta según nuestros valores, educación, patrones de pensamiento, experiencias vividas, predisposición biológica, aprendizajes anteriores, etc.

Tener esto en mente, te ayudará a saber leer desde otra perspectiva el discurso de los que se comunican contigo. Acepta que hay otra manera de ver las cosas, e interésate por conocerla desde la honestidad, no necesitas compartirla o estar de acuerdo para ello.

Da feedback o señal al otro de que le entiendes.

Aunque es importante escuchar, no es el único elemento para transmitir empatía. Si quieres mostrarte empático, es necesario que le hagas saber a la otra persona que le entiendes, que eres capaz de imaginar lo que puede estar describiendo, sintiendo o pensando.


Universo Espejo


Uno de los aspectos más enigmáticos y cautivadores del universo en el que vivimos es la sincronicidad. A todos nos ha pasado en alguna ocasión una coincidencia tan improbable que nos resulta ominosa, mágica, epifánica o perturbadora. Conexiones entre sucesos, personas e información que trascienden la realidad convencional: como si las cosas tuvieran hilos invisibles que sólo por momentos  —en estados de conciencia elevados o por una misteriosa alineación— podemos vislumbrar.

Aunque el concepto de sincronicidad existe al menos desde el tiempo de los Vedas, fue el psicólogo suizo Carl Jung quien acuñó el término e inició el estudio de este fenómeno de manera rigurosa, si no científica: la dificultad de abordar la sincronicidad desde una metodología solamente científica yace en que los eventos que se concatenan lo hacen sin tener una causa, al menos no una causa que podamos encontrar dentro de los límites de la física clásica y de un universo mecánico.

Consciente de la vastedad y elusividad del principio de la sincronicidad, Jung ensayó diversas definiciones a manera de un acercamiento teórico. Empezando desde lo más general y sintético podemos decir con Jung que la sincronicidad es "la ocurrencia temporal coincidente de eventos acausales", que es un "principio de conexión acausal", una "coincidencia significativa" o que es un "paralelismo acausal".

Siguiendo este tren de ideas podemos hablar de algo como un "dreamwake continuum", similar a Alcheringa, el "Tiempo del Sueño" de los aborígenes australianos, en el que se disuelven las fronteras entre lo que soñamos y vivimos, es más, lo que hacemos soñando se filtra a la realidad y se convierte en lo que vivimos —posiblemente las ideas platónicas y los arquetipos que gobiernan el mundo en la psicología jungiana se proyecten a nuestra realidad desde estos espacios astrales de ensueño.

El mismo Jung percibió esta analogía creativa en la sincronicidad: "La sincronicidad en sentido estricto solo es un caso especial de un orden general acausal que da lugar a actos de creación en el tiempo". De manera más poética, Octavio Paz había dicho: "Hay que dormir con los ojos abiertos /hay que soñar con las manos/soñemos sueños activos de río/buscando su cauce/sueños de sol soñando sus mundos".  

Una disciplina etérea probablemente rendirá frutos: las imágenes que generamos en el fuero interno —con el fuego interno— se podrán volver vibrantes edificios para experimentar los deseos narrativos más profundos de nuestro espíritu. 

viernes, 7 de febrero de 2020

Insoportables


¿Cuántos días de esos en los que no nos soportamos ni entendemos a nosotros mismos le caben a la vida?

¿Cuántas veces estará la mente preparada para repetirnos que todo está mal?

Hace poco me puse a pensar en los malos ratos, pero desde afuera de ellos, como un testigo que ve la escena de una obra de teatro, sin vivirla, y que desde afuera puede ser más objetivo porque no está sintiendo nada. Y entonces pienso: A veces somos arco iris y una mañana soleada, y a veces parecemos una tarde gris y una noche nublada, pero a todos nos pasa. Estar vivos, es lo que nos pasa.

Y es en los malos momentos, en esos en los que ya ni siquiera le echamos la culpa al mundo sino nos la echamos a nosotros mismos, que nos ponemos insoportables, tan insoportables que hasta evitamos los espejos porque definitivamente en ese instante no quisieramos vivir donde vivimos: dentro de nosotros.

Lo maravilloso de analizar los malos ratos desde afuera, y comprender que a veces somos poderosos y creemos en nosotros; y que así mismo a veces somos tan pequeños que nadie logra siquiera vernos y no creemos ni en nuestro nombre, ni en nuestras ideas; es entender que nos pasa porque la vida se hizo así, hemos sido diseñados para vivir los más maravillosos y los más insoportables días y la verdad es que sin los momentos insoportables, no sabríamos realmente cuáles son los momentos por los que vale la pena levantarse y seguir siempre adelante. Yo por mi parte, suelo ser insoportable, quizás más que el promedio de todos nosotros, y lo sé porque sencillamente todas las cosas que pasan alrededor mío, a mis seres queridos, a mis conocidos y a mi misma, me afectan más que al resto. Me dejo tocar más por el universo, por sus intenciones, por los sueños cuando veo que se pulverizan y plop! Tienes que arrancar de nuevo! Y sé que es en esos ratos, en los que las cosas no salen como las quisiera que me torno realmente insoportable. Todos los que vivimos soñando sabemos que caernos nos sale más caro, pero aún así no dejamos de hacerlo porque vivir para verlo todo desde arriba es una delicia; y a la tierra bajamos para caminar y dar pasos que ya tenemos planeados.

Así que, viéndolo todo desde afuera, pensando en esos malos momentos que todos vivimos, y que a veces nisiquiera son tan malos sino que nosotros los hacemos peores, estoy aún más convencida de lo maravilloso que es estar vivo y ser un ser humano al que las cosas le duelen, le importan, lo hacen pensar, dudar, tener miedo, emocionarse y a veces gritar. Y que si eso es ser insoportable, lo seguiré siendo en ocasiones cuando la vida me pida salir de mi zona de confort y tenga que reprogramar todo lo que la cabeza ya tenía pintado.

Pero más allá de todo esto, y de que juntos caigamos en cuenta de como todos, a nuestra manera, somos en ocasiones realmente insoportables, porque así sentimos la vida, quiero que se lleven algo más lindo aún y es el hecho de seguir teniendo el amor de quienes de verdad nos aman en esos momentos de tormenta. Porque como he leído por ahí: nadie que no te acompañe en lo oscuro, merece tu luz. Y por eso es que cuando somos insoportables es cuando más atención debemos ponerle a quien nos tiene cerca, ya sea en silencio o con palabras de aliento, y a quien se queda ahí simplemente para mostrarnos que está ahí o para ayudarnos a levantar. Pero el amor, cuando ama lo insoportable de nosotros, es cuando tiene posibilidades de ser eterno, de lo contrario es solo una llama que se apaga fácil. No puedes amar solo las risas del otro, ni las noches de fiesta, ni los días de abundancia. Tienes que vivir con el otro sus más grandes defectos, su tempestad, su cuarto oscuro, sus días insoportables y estar ahí, seguro de no querer irte porque sabes que como humanos venimos en pedacitos a encontrar alguien que ame todas nuestras piezas.

A veces, muy de vez en cuando, suelo ser insoportable y es ahí cuando encuentro las mejores razones para no perder la magia: los ojos de quienes se quedan porque nos aman así como somos, y nos aman cuando volamos y nos esperan cuando caemos.

Somos, muy de vez en cuando, insoportables, y es porque estamos vivos, y qué maravilla que es estar vivo y sentir, y dejarnos caer para conocer el fondo y tomar la mano de otros y volver a salir, y entender que a veces somos una noche nublada pero que siempre, siempre amanece.

Inteligencias

En su segundo libro, The Age of Spiritual Machines (1999), pretende mostrar “cómo sería la naturaleza de la vida humana una vez superado el momento en que la máquina y cognición humana se conviertan en una misma cosa”. RK advierte que progresivamente se va dando una colaboración cada vez más estrecha entre nuestra herencia biológica y su expresión en artefactos tecnológicos inteligentes, trascendiendo así lo biológico. 

En su tercer libro, The Singularity is near (2005), continúa reflexionando sobre las consecuencias de la inminente tendencia a la fusión entre nuestro pensamiento biológico y la inteligencia no biológica que estamos creando. Frente a quienes dudan de que el cerebro humano sea suficientemente potente como para comprenderse a sí mismo, RK considera que los hechos demuestran que sí tenemos capacidad para comprendernos, crear y ampliar los modelos de nuestra propia inteligencia. De hecho, la tesis central de este libro consiste en mostrar que nos estamos acercando a ese momento clave (la singularidad está cerca), a esa singularidad en la que se dará un salto cualitativo tal, que la inteligencia dejará de estar encarnada en lo biológico para estarlo en un soporte tecnológico. RK define este libro como “la historia del destino de la civilización hombre-máquina, un destino al que llamamos Singularidad”. 

Libertad y biología  

Precisamente porque somos conscientes y libres, somos personas y poseemos una identidad que nos hace irrepetibles. No somos un ente más dentro de un conjunto matemático, sino un yo irrepetible. El problema está en definir en qué consiste nuestra identidad, qué es lo que nos hace ser cada uno de nosotros, y diferentes a los demás. Nos podrían extirpar paso a paso las diferentes partes de nuestro cuerpo, y mantendríamos la identidad. Seríamos el mismo, pero no lo mismo. 

El ser humano, y los seres vivos, van cambiando gradualmente de células y demás componentes biológicos, pero la forma y estructura no cambian. Y eso es lo que mantiene la identidad. “Somos un patrón que cambia lentamente pero que posee estabilidad y continuidad, aunque las cosas que constituyen el patrón cambian rápidamente”. 
  
Ahora bien, una ventaja que tienen los sistemas artificiales frente a los biológicos, es que aquéllos pueden ser copiados, guardados en una copia de seguridad y ser reconstruidos, mientras que los seres vivos no.

La inteligencia humana, con soporte biológico, ha generado una tecnología tan potente que está aumentando su ya fuerte potencialidad; y estos avances tecnológicos van aumentando, según RK, de forma exponencial. 

Es por ello evidente para RK que la evolución biológica no es más que es una etapa previa a la inteligencia tecnológica.  
R. Kurzweil (RK) entiende que todos los niveles con los que está conformado el universo (el físico, el químico, el biológico y neurológico), están coronados por el último y más complejo, el tecnológico, creador de la inteligencia artificial, de la que es un experto mundial de primera línea. Sus investigaciones actuales se orientan al reconocimiento del habla humana. 

En su primer libro, The Age of Intelligent Machines (1989), profetizaba que “en la primera mitad del siglo XXI la inteligencia de los ordenadores sería indistinguible de la de sus progenitores humanos”. Es la expresión del convencimiento que tiene RK de que el poder de las ideas para transformar el mundo se está acelerando. A esta tendencia la denomina principio o ley de los rendimientos acelerados, consistente en advertir que la tecnología y los procesos tecnológicos progresan de forma exponencial, no lineal. 

En su segundo libro, The Age of Spiritual Machines (1999), pretende mostrar “cómo sería la naturaleza de la vida humana una vez superado el momento en que la máquina y cognición humana se conviertan en una misma cosa”. RK advierte que progresivamente se va dando una colaboración cada vez más estrecha entre nuestra herencia biológica y su expresión en artefactos tecnológicos inteligentes, trascendiendo así lo biológico. 

En su tercer libro, The Singularity is near (2005), continúa reflexionando sobre las consecuencias de la inminente tendencia a la fusión entre nuestro pensamiento biológico y la inteligencia no biológica que estamos creando. Frente a quienes dudan de que el cerebro humano sea suficientemente potente como para comprenderse a sí mismo, RK considera que los hechos demuestran que sí tenemos capacidad para comprendernos, crear y ampliar los modelos de nuestra propia inteligencia. De hecho, la tesis central de este libro consiste en mostrar que nos estamos acercando a ese momento clave (la singularidad está cerca), a esa singularidad en la que se dará un salto cualitativo tal, que la inteligencia dejará de estar encarnada en lo biológico para estarlo en un soporte tecnológico. RK define este libro como “la historia del destino de la civilización hombre-máquina, un destino al que llamamos Singularidad”. 

La inteligencia humana, con soporte biológico, ha generado una tecnología tan potente que está aumentando su ya fuerte potencialidad; y estos avances tecnológicos van aumentando, según RK, de forma exponencial. 

Es por ello evidente para RK que la evolución biológica no es más que es una etapa previa a la inteligencia tecnológica.  



Ser Recíprocos


Es probable que ellos no se den cuenta, por eso siempre es recomendable y necesario armarse de valor y aclarar estas cuestiones. También puede que sí que se percate del tema pero que le interese mantener la situación.

Entonces, lo mejor es poner a prueba ese interés dejando de esforzarnos por satisfacer sus necesidades y ver lo que sucede después. Una actitud egoísta se ve a leguas, solo necesitamos mirar en la dirección adecuada.

No vale de nada luchar contra viento y marea por una persona que no mueve ni un dedo. No sirve ayudar constantemente a alguien con un trabajo que no está interesado en aprender a realizar. No nos hace bien dar sin recibir.

No podemos dedicarnos a los demás y olvidarnos de nosotros. La única gratitud sin la que no podemos vivir es la gratitud a uno mismo, pues es el pilar del amor propio y el cimiento de nuestro crecimiento personal.

Cuando ayudamos a alguien le estamos ofreciendo una parte muy importante de nosotros. Esto nos enseña a apreciarnos, por lo que es esencial cuidar esta parcela de nuestra vida.

Obviamente, no vamos a dar ni a agradecer nada a quien se está aprovechando de nosotros. Eso nos haría sentir necios, a la vez que resulta peligroso para nuestro autoestima y nuestro bienestar.


Por otra parte, dicen que nunca es suficiente el agradecimiento a aquel que no te abandonó en los malos momentos. Por eso, ofrecer buenas palabras, buenos sentimientos, buenos actos y buenos pensamientos para quien nos ayudó en algún momento es muy importante, ya que esto nos ayudará a recordar el valor de la bondad y del ofrecimiento a los demás.
Hay veces que tenemos la sensación de que estamos dando y dando pero, sin embargo, no estamos recibiendo. Esto nos suele ocurrir cuando estamos tristes, pues no obtenemos ningún tipo de recompensa tras el acto de dar y acabamos pensando que el mundo no es merecedor de nuestra dedicación.

“Cuando te cansas de dar y dar sin recibir puede que, incluso, acabes evitando que alguien te ofrezca ayuda. Así, la falta de reciprocidad se acaba alimentando de una espiral de desencanto y de dolor”
Si te ocurre esto, lo mejor es abandonar tu puesto y relegar esas obligaciones que te has impuesto, 
pues es un intercambio que resulta tóxico para ti y que, por lo tanto, destruye tu salud.

Algo va mal si te estás cansando, si te invade la tristeza, la desilusión o el desencanto y si sientes que lo que haces por la otra persona es una carga cuando no debería serlo. Hay personas que pueden chuparnos, literalmente, la energía.

Es probable que ellos no se den cuenta, por eso siempre es recomendable y necesario armarse de valor y aclarar estas cuestiones. También puede que sí que se percate del tema pero que le interese mantener la situación.

Entonces, lo mejor es poner a prueba ese interés dejando de esforzarnos por satisfacer sus necesidades y ver lo que sucede después. Una actitud egoísta se ve a leguas, solo necesitamos mirar en la dirección adecuada.

No vale de nada luchar contra viento y marea por una persona que no mueve ni un dedo. No sirve ayudar constantemente a alguien con un trabajo que no está interesado en aprender a realizar. No nos hace bien dar sin recibir.

No podemos dedicarnos a los demás y olvidarnos de nosotros. La única gratitud sin la que no podemos vivir es la gratitud a uno mismo, pues es el pilar del amor propio y el cimiento de nuestro crecimiento personal.

Cuando ayudamos a alguien le estamos ofreciendo una parte muy importante de nosotros. Esto nos enseña a apreciarnos, por lo que es esencial cuidar esta parcela de nuestra vida.

Obviamente, no vamos a dar ni a agradecer nada a quien se está aprovechando de nosotros. Eso nos haría sentir necios, a la vez que resulta peligroso para nuestro autoestima y nuestro bienestar.


Por otra parte, dicen que nunca es suficiente el agradecimiento a aquel que no te abandonó en los malos momentos. Por eso, ofrecer buenas palabras, buenos sentimientos, buenos actos y buenos pensamientos para quien nos ayudó en algún momento es muy importante, ya que esto nos ayudará a recordar el valor de la bondad y del ofrecimiento a los demás.


Atributos Humanos

Al hablar de la integralidad del ser humano, se hace referencia a su Yo Integral, el cual en si es una persona, con atributos personales, siendo cada una de las cualidades o propiedades de un ser. Recordar que el hombre es unidad bio – psico – social, es decir es una especie biológica con instinto e impulso, con la capacidad psíquica para construir su entorno, formar con libertad su vida en razón a su conciencia, con la facultad que tiene el hombre de adoptar una resolución a sus necesidades y satisfacerlas, eligiendo el que y el como, el ser humano se desarrolla y se transforma.

El conocimiento es una capacidad humana y no una propiedad de un objeto como pueda ser un libro. Su transmisión implica un proceso intelectual de enseñanza y aprendizaje. Transmitir una información es fácil, mucho más que transmitir conocimiento. Esto implica que cuando hablamos de gestionar conocimiento, queremos decir que ayudamos a personas a realizar esa actividad

Los atributos se refieren a las características de algo, al elemento que distingue, por lo que los atributos de calidad son las cualidades que el hombre desarrolla hacia la realización constructiva de sus objetivos, haciéndolos sobresalir en el medio en que se desenvuelve.

El hombre posee  atributos personales, conocimientos, habilidades, aptitudes, etc.

Conocimiento
Conjunto de información almacenada mediante la experiencia o el aprendizaje, conceptos e ideas que dan solución a preguntas y problemas, mismas que surgen del proceso de interrelación entre un sujeto cognoscente u objetivo por conocer, percepción, memoria, experiencia.

Habilidades
Grado de competencia de un sujeto concreto frente a un objetivo determinado. Es decir, en el momento en el que se alcanza el objetivo propuesto en la habilidad, se considera que ésta se ha logrado a pesar de que este objetivo se haya conseguido de una forma poco depurada y económica, es decir la capacidad y disposición para algo o la gracia y destreza en ejecutar algo que sirve de adorno a la persona.
Se considera a la habilidad como a una aptitud innata o desarrollada o varias de estas, y al grado de mejora que se consiga a estas mediante la práctica, se le denomina talento.
La habilidad es la destreza para ejecutar una cosa o capacidad y disposición para negociar y conseguir los objetivos a través de unos hechos en relación con las personas, bien a título individual o bien en grupo.

Aptitudes
Es la capacidad y buena disposición para ejercer o desempeñar una determinada tarea, función es un rasgo general y propio de cada individuo que le facilita el aprendizaje de tareas específicas y le distingue de los demás.
Es una disposición innata modificable de los individuos, es el elemento esencial que permite diferenciar a dos individuos con un mismo nivel mental.
Capacidad para operar competentemente

El Intelecto

Cultivar tu intelecto y aumentar tus conocimientos no necesariamente significa leer miles de libros al año, ni limitar tus programas de televisión a documentales. Para cultivar tu intelecto no es necesario encerrarse en una burbuja aislada del mundo.

Una persona culta siempre busca expandir su mente, tener un mejor enfoque, aprender a mirar más allá de los que otros miran. Asimismo se esfuerza por ser mejor persona en todos los sentidos. No es tarea fácil, pero incluso las mentes más brillantes comenzaron desde cero. 

Estas son algunas claves para cultivar tu intelecto.

En primer lugar debes reconocer algo muy importante: nunca podrás aprenderlo todo. El ser humano de hoy tiene la misma capacidad de procesamiento de información de la que tenían los antiguos griegos. Por ende, nunca podrás asimilar todo el conocimiento disponible. Pero para compensar esto puedes tomar una de dos opciones: puedes decidir aprender mucho sobre unas pocas cosas, o aprender un poco acerca de muchas cosas que te interesen.

Cultivar tu intelecto también es ventajoso de varias maneras. Por ejemplo, si aprendes un idioma nuevo o varios, no solo podrás viajar a estos países con mayor facilidad, sino que también podrán aumentar tus oportunidades a nivel profesional. Lo mismo aplica si aprender a manejar algún software especializado o dominas algún tema en el que no todos se especialicen. Este tipo de conocimiento específico no solo aumenta tu conocimiento general sino que también te ayuda a ser más competitivo en el mercado laboral.

No queremos decirte que las hagas todas a la vez, pero si comienzas dedicando algo de tiempo a algunas o a todas, verás cómo gradualmente pero efectivamente, comenzarás a ver el mundo de otra manera, y comprenderás la verdadera magnitud del conocimiento que posees.

Los problemas humanos no son simples; son muy complejos. El entenderlos exige paciencia y penetración, y es de la mayor importancia que nosotros, como individuos, los entendamos y los resolvamos por nosotros mismos. 

No han de entenderse por medio de fórmulas o lemas; ni pueden resolverse en su propio nivel por especialistas que trabajan en un campo determinado, lo que sólo conduce a más confusión y miseria. Nuestros muchos problemas podrán entenderse y resolverse sólo cuando nos comprendamos como un proceso total; es decir, cuando entendamos nuestra constitución psicológica, y ningún líder político o religioso puede darnos la clave de esa comprensión. 


Superarnos

Estas son frases de superación personal inspiradoras para el crecimiento emocional, te ayudarán a reflexionar y poder ver las cosas desde nuevos puntos de vista, tomando conciencia plena de lo que te rodea. Además, pueden acompañarte en un mal momento, servirte de guía u orientación e infundirte motivación y coraje para enfrentar el día.

Antes de encontrar a tu alma gemela, primero debes descubrir la tuya. Charles F. Glassman

No se sale adelante celebrando éxitos sino superando fracasos. Orison Swett Marden

Recuerda que no puedes fallar en ser tú mismo. Wayne Dyer

Se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere. Y si la historia es tan simple, ¿por qué te preocupas tanto? Facundo Cabral

Debes hacer las cosas que piensas que no puedes hacer. Eleanor Roosevelt

No juzgues cada día por la cosecha que recoges, sino por las semillas que plantas. Robert Louis Stevenson

La felicidad no reside en las posesiones, ni en el oro, la felicidad habita en el alma. Demócrito

Lo que se esconde detrás de ti y lo que está por delante, palidece en comparación con lo que se encuentra dentro de ti. Ralph Waldo Emerson

Amaré la luz para que me muestre el camino, sin embargo, voy a soportar la oscuridad porque me muestra las estrellas. Og Mandino

La medida de lo que somos es lo que hacemos con lo que tenemos. Vince Lombardi

La felicidad no es algo que se pospone para el futuro; es algo que se diseña para el presente.           Jim Rohn

Un hoy vale dos mañanas. Benjamin Franklin

El pensamiento es el viento, el conocimiento la vela, y la humanidad el buque. Augusto Hare

¡No digas no puedo ni en broma, porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio, y te lo recordará cada vez que lo intentes! Facundo Cabral


Vivencias Y Sentimientos

Vivencias que el hombre tiene con respecto a su relación con la realidad circundante (con otros hombres y sus actos, con fenómenos, cualesquiera que sean) y consigo mismo.


Las vivencias de corta duración (alegría, tristeza, etc.) se denominan, a veces, emociones en el sentido estricto de la palabra, a diferencia de los sentimientos en tanto que vivencias estables, de larga duración (amor, odio, etc.). Los sentimientos constituyen una forma especial de reflejar la realidad; reflejan la relación de las personas entre sí y también entre ellas y el mundo objetivo.

Los sentimientos del hombre, formados por la sociedad, desempeñan un papel inmenso en la conducta del individuo, en su actividad práctica y cognoscitiva. Sin “emociones humanas”, dijo Lenin, no ha habido nunca búsqueda de la verdad por parte del hombre, no la hay ni puede haberla. 

Los sentimientos son señales de que se ha realizado algo con éxito o sin él, de que los objetos y fenómenos corresponden o no a las necesidades y a los intereses (Interés) del hombre, y ocupan, por ende, un lugar esencial en la regulación de la actividad de la gente.

Los sentimientos pueden ser activos (esténicos), de tono emocional positivo –satisfacción (alegría, etc.)–, y pasivos (asténicos), de tono emocional negativo –inastisfacción (tristeza, etc.)–.

Los sentimientos esténicos elevan la actividad vital del ser humano; los asténicos, la disminuyen.
Se distinguen distintos tipos de sentimientos: estados de ánimo, afectos y pasiones. El estado de ánimo constituye una prolongada (en comparación, por ejemplo, con el afecto) situación emocional (jubilosa, deprimente, etc.) que confiere un determinado tono emocional, un determinado matiz a todas las otras vivencias del individuo, a sus pensamientos y acciones.

 La pasión es un sentimiento fuerte, profundo, que se apodera del hombre por largo tiempo. Constituyen un grupo especial los sentimientos elevados: morales (sentimiento de colectivismo, del deber, del honor, etc.), estéticos (sentimiento de lo bello) e intelectuales (sentimientos relacionados con la satisfacción de intereses cognoscitivos, con la resolución de un problema mental).

La Vida Es Ritmo



Progresismo. Es el concepto más querido, tanto por la izquierda como por la derecha moderna. Todos se autocalifican de 'progresistas'. 
Ahora bien, el progresismo político se resume así: "Abajo los curas y arribas las faldas". Progresista es aquel que no cree en la verdad, porque la verdad no existe o es inalcanzable. Por eso, le molestan los curas y los católicos que se creen en posesión de la verdad y que, al mismo tiempo, defiende la mayor libertad sexual (que a la hora de la verdad suele quedarse en mera pornografía, pero dejemos eso).

En su aspecto intelectual -por decir algo- progresista es aquel que cree en la modernización, ergo mejora, constante y lineal. Vamos, que está convencido de que el hombre del siglo XXI, por el mero hecho de haber nacido en el siglo XXI, es mejor que el del siglo XX y este que el del siglo XIX. No concibe que la libertad humana produce personas mejores y peores en cualquier época de la historia y que el mañana no tiene por qué ser mejor que el ayer, salvo que hagamos algo para que lo sea.

La vida no es progreso lineal, la vida es ritmo. Lo malo sucede a lo bueno y lo bueno a lo malo, de la misma forma que la primavera sucede al invierno, pero es la misma primavera de un año atrás.

Intensamente


Sin que uno se dé cuenta, un día, uno está instalado en una vida. Una vida que es así como es, nos guste o no, y uno trata de quitar una cosa y de poner otra como si estuviera decorando su morada, y en alguna medida lo logra; no completamente, pues siempre existen los imponderables, pero, con todo, uno se hace a esa vida: uno vive en ella: es la vida de uno.

Hay quienes se conforman y quienes desesperados se arrojan por la ventana con el anhelo de caer más allá de su vida. Entre los primeros están quienes se hacen a la idea de que no tienen más opción y también, por supuesto, quienes no quisieran que se moviera un ápice, pues esa vida que tienen les fascina.

La mayoría, sin embargo, le pone injertos a su vida, porque la vida de cada uno, tal cual es, causa fatiga a la larga y, entonces, mínimamente, uno va al cine o se emboba con una serie de televisión: le inyecta unas escenas ficticias al tiempo corriente, al tiempo de uno. 

También hay quienes se enfrascan durante horas en la lectura de un libro y viven de prestado la vida de los protagonistas, y quienes no hacen nada, nada que los distraiga, que los lleve a un recreo y estos, pobres, no tienen más remedio que tumbarse a dormir y en el sueño encuentran un alivio a las horas enrieladas de su vida de costumbre.

Son pocos quienes tienen una vida digna de ser autobiografiada: Neruda da envidia con su “Confieso que he vivido” o Casanova con sus “Memorias eróticas”; aunque, pensándolo bien, quizá no sean tan pocos, sino sólo sean pocos los pocos que se han sentado a escribir su autobiografía, pues la vida de cualquiera tiene momentos de intensidad y, aunque no todos sean Napoleón, cada quien ha tenido sus waterloo y sus victorias en su muy modesta vida cotidiana.

Yo aprendí un concepto en el joven Albert Camus, lo hallé en su primer libro: El revés y el derecho cuando también era muy joven: “avidez de vivir”, y luego, en otra obra del mismo autor: El mito de Sísifo, encontré la teoría de la moral de la cantidad: no una moral regulada por la ordenación del bien y el mal, sino, literalmente, por la cantidad: por un afán de vivir más.

La vida, como bien decía el surrealismo, también está compuesta por los sueños y, podría agregarse, por las lecturas y las escrituras y esas extensiones que dan las pantallas, sean de cine, de televisión o de tableta. Incluso, en la fija imagen que tengo ante mí cuando voy manejando mi automóvil, hay una realidad, un fragmento de realidad que en vez de acercarse, se aleja: la que me va dando el espejo retrovisor cuando yo avanzo hacia delante.


Humanidad: Realidad Y Ficción

Xavier Zubiri

Una y otra vez se ha intentado apresar la esencia de lo humano por el siempre simplificador recurso a las definiciones rotundas. La lista sería interminable: animal racional dotado de un lenguaje articulado, espíritu encarnado, ser al que convienen predicados tanto físicos como mentales, animal enfermo, camaleón, caña pensante, animal simbólico, pasión inútil, realidad suprema de la naturaleza...

En obras anteriores Zubiri había enriquecido ya la lista con sus celebradas definiciones del hombre como “inteligencia sentiente” y “animal de realidades”. Hoy lo presenta, con gesto sólo en apariencia paradójico, como “animal de irrealidades”, como ser que forja lo irreal llevado a ello por su propio modo de estar en la realidad. Como ser viviente -inteligencia sentiente- en el que lo real y lo irreal dan, en definitiva, en integrarse.

Llegados aquí, la pregunta por la naturaleza de “lo irreal”, al menos en este marco antropológico-metafísico, se impone. ¿Qué entender, en efecto, como tal? Por de pronto, lo irreal no es simplemente lo que no es real. Tampoco lo potencial. Es, por el contrario, algo que se opone a lo real, pero dentro del mundo real. Es algo interno a él, razón por la que Zubiri no duda en afirmar que realidad e irrealidad deben ser entendidas como “momentos... de la realidad entera y global del mundo y de la vida del hombre”.

Esta irrealidad sin la que el hombre no puede vivir en la realidad se presenta de modos distintos. 

Zubiri se detiene en tres: la ficción, el espectro y la idea. Tres formas de irrealidad que ayudan a habérselas cabalmente con la experiencia humana como tal, toda vez que para Zubiri la experiencia de lo irreal pertenece a la mismísima experiencia humana de lo real, lo que equivale a decir que “lo real y lo irreal están en última instancia integrados en el hombre”.

 No estamos muy lejos, pues, como hace ver Conill en su notable prólogo, de la visión nietzscheana del hombre como “animal fantástico”, ni de la actual propuesta de mundos virtuales, en plena eclosión de la llamada “realidad virtual”, que no deja de ser una realidad que tiene existencia aparente aunque no real. Es decir, que tiene una realidad “irreal”... Pero que, como lo irreal de que nos habla Zubiri, “recobra sobre la anchurosidad misma de lo real”.

Quedan muy atrás los tiempos en los que el enorme prestigio filosófico de Zubiri se sustentaba en Naturaleza, Historia, Dios. El incisivo tratado sobre la realidad y la experiencia creadora que ve ahora la luz, sumamente rico en matices y referencias y muy útil para adentrarse en los temas centrales de Zubiri, se une a una obra, publicada gracias al buen hacer de la Fundación Xavier Zubiri, de impresionantes dimensiones, “clásica” e innovadora. 

En cualquier caso, sumamente idiosincrásica.