miércoles, 17 de octubre de 2018

La Razón Y La Emoción

El equilibrio inteligente entre la mente racional y la emocional: una aproximación al desarrollo de las competencias sociales del individuo.

“Tan negativa es la emoción desaforada sin el freno de la razón, como la razón
sin el impulso de la emoción”
Anónimo

No pocas personas consideran que el desarrollo de la razón y la emoción en el hombre son procesos independientes y en cierta medida antagónicos. Sin embargo, gracias a las influyentes aportaciones  de científicos, neurólogos, filósofos y psicólogos, hoy se puede evidenciar la convergencia existente entre estas dos dimensiones esenciales de la existencia humana.

Hoy en día, estudios sobre el análisis del comportamiento humano consideran en primer lugar la subjetividad, ya que al momento de la toma de decisiones el hombre no solamente tiene en cuenta los análisis racionales, sino que dependiendo del momento, la situación y la circunstancia, la carga emocional termina superponiéndose a la lógica de la razón.

Con lo anterior, se evidencia que el papel de la toma de decisiones no es un problema de poca monta, ya que por medio de ellas los hombres trazan los destinos y el sentido de sus propias vidas y, entre otras cosas, deciden la manera de invertir sus ingresos y los mandatarios que los van a gobernar.
Es decir que las acciones humanas contienen algo más que juicios, planes estratégicos, procedimientos y convicciones, ya que las mismas están cargadas de un contenido emocional de donde resulta fiable afirmar que la razón sin sentimientos es ciega.

A hora bien, se puede afirmar que el actuar del individuo está constantemente  acechado por la incertidumbre sobre en qué momentos es la razón quien domina la emoción y en qué casos es más dominante la emoción y más ineficaz la razón; incertidumbre que podríamos formular en el siguiente cuestionamiento: ¿Cómo lograr mantener el equilibrio inteligente entre la mente racional y la emocional favoreciendo el desarrollo de las competencias sociales del individuo?

Para intentar responder lo anterior, vamos a revisar algunos autores que han hablado al respecto. Rubinstein dice que la emoción aparece como el nivel de conciencia subjetiva (sentimiento- feeling), que la persona experimenta frente a un estímulo tanto interno como externo, que se puede llegar a evidenciar y manifestar desde diferentes dimensiones, por ejemplo, la dimensión fisiológica (en los cambios corporales internos), en una dimensión expresiva y motora (en la manifestaciones conductuales externas), y en una dimensión cognitiva (funcionamiento mental.

En la misma dirección, Joseph LeDoux, destacado neurobiólogo de la Universidad de Nueva York, explica que el concepto emoción abarca una respuesta corporal, compuesta de una parte vegetativa (sudoración, vasoconstricción o vasodilatación de los vasos sanguíneos de la piel, que producen respectivamente, palidez o enrojecimiento, temblor, etc.) y una respuesta motora, que da lugar a la expresión somática, gestual de las emociones (expresiones faciales, posturas, gestos de protección).

Aristóteles, por ejemplo, en la Retorica considera que las emociones son la reacción inmediata del ser vivo con situaciones que pueden ser favorables o placenteras, y otras que por el contrario pueden ser desfavorable o dolorosas, la cual basta para poner en alarma al ser vivo y disponerlo para afrontar la situación con los medios a su alcance. Aristóteles concibe que las emociones posean elementos racionales como creencias y expectativas, razón por la que es considerado el precursor de las teorías cognitivas de la emoción.   

Descartes, por su parte en las Pasiones del Alma, presenta a las emociones como afecciones, es decir, modificaciones pasivas causadas en el alma y por el movimiento de las fuerzas mecánicas que obran en el cuerpo. La función de las emociones es incitar al alma a permitir y contribuir a las acciones que sirven para conservar el cuerpo o hacerlo más perfecto. Considera que existen seis emociones simples y primitivas: el asombro,  el amor, el odio, el deseo, la alegría y la tristeza y que todas las demás están compuestas o son derivadas de estas.

Muchas de las obras existentes en la filosofía moderna insisten en la idea latente o explícita de que las verdades profundas no son únicamente intelectuales sino que son producto de una existencia multidimensional y emocional. Tal vez la más representativa de entre todas estas doctrinas sea la de Spinoza, quien a partir de un análisis sobre las pasiones humanas en La ética demostrada según el orden geométrico, presenta la íntima relación entre las emociones y las acciones políticas. 
  
Por otra parte, las doctrinas que niegan el significado de las emociones consideran que el mundo es racionalmente perfecto y que garantiza de manera absoluta la existencia y realización del individuo. Es decir, que el mundo al ser racional no contiene amenaza alguna para el hombre. Desde esta perspectiva, se evidencia cómo para los estoicos las emociones no tienen significado ni función alguna, puesto que la naturaleza ha proveído de modo perfecto a la conservación y al bien de los seres vivos, brindando a los animales el instinto y al hombre la razón. Por lo tanto, para el estoicismo, las emociones son consideradas como perturbaciones del ánimo, como opuestas a la razón.

Alberto Maturana nos invita a reflexionar con respecto a lo meramente racional, indicando que, frecuentemente, se declara que lo que distingue al ser humano de los otros animales es su naturaleza racional. Pero realmente decir que la razón caracteriza a lo humano es una anteojera, y lo es porque nos deja ciegos frente a la emoción que queda desvalorizada como algo animal o como algo que niega lo racional, es decir, que al declararnos seres racionales vivimos una cultura que desvaloriza las emociones y no vemos el entrelazamiento cotidiano entre razón y emoción que constituye nuestro vivir humano y no nos damos cuenta de que en el fondo “todo sistema racional tiene un fundamento emocional”.  


Otras importantes investigaciones, como las del psicólogo Goleman en compañía de Mintzberg y otros especialistas, plantean que el ser humano tiene dos mentes. La primera de ellas: la mente emocional (emotional mind), que actúa como un motivador, una fuerza impulsora que da vida, ya que trasmite pasión, alegría e iniciativa, describiendo y valorando el estado de bienestar en la que se encuentra cada sujeto; distinguiéndose por percibir sensaciones, relaciones, generar corazonadas, ser  poderosa, influyente, a veces ilógica y rápida descartando la reflexión deliberada y analítica que es el sello de la mente racional, siendo propensa a la creatividad y a la intuición. 

Estas aptitudes se le atribuyen al hemisferio derecho.

Insensatez


La palabra insensatez está integrada por el prefijo de negación “in” más “sensato” vocablo que procede del latín “sensatus” que indica que alguien tiene un razonamiento correcto y realista, a lo que se le añade el sufijo “ez” de cualidad.
Por ello la insensatez es aquella particularidad que poseen aquellos que realizan actos sin pensar, movidos tan solo por sus pasiones.

El insensato percibe, opina, juzga, actúa y decide irracional e imprudentemente. La falta de juicio y la necedad son sus características. Si bien es común que los niños y las personas privadas de razón o con razonamientos confusos en virtud de alguna afección como la demencia, puedan realizar actos o tener ideas o juicios insensatos; personas adultas y que deberían tener buen juicio, en ocasiones proceden o se manifiestan con insensatez, causando graves riesgos para sí mismos y para los demás especialmente si ocupan funciones sociales o políticas relevantes.

Ejemplos: “El presidente del club actuó con insensatez al golpear violentamente a un afiliado por negarse a pagar la cuota social”, “La insensatez de los gobernantes de ambos países impidió llevar a buen término las negociaciones de paz, y estalló una guerra sangrienta y sin sentido” o “La insensatez del padre puso en riesgo la vida del niño al dejarlo solo en la playa con tan solo tres años de edad”.

El periodista y escritor Horacio Castellanos Moya nacido en Tegucigalpa (Honduras) en 1957 y nacionalizado en El Salvador, donde vivió desde los cuatro años y hasta 1979, publicó en el año 2009 una novela, que fue traducida al idioma inglés, cuyo título es “Insensatez”. La obra de tinte político, trata de un periodista extranjero a quien la iglesia le encarga de estudiar el genocidio indígena, 
revisando el informe oficial, ocurrido durante la guerra civil de un país que se supone es Guatemala que padeció esta grave violación de los derechos humanos entre 1960 y 1996.


Cultura E Intelecto


“Ser culto” y “ser inteligente” se consideran estados distintos del intelecto. Uno se refiere a la “cultura” que posee una persona y el otro tiene connotaciones un tanto más científicas, como una característica casi fisiológica que puede medirse y cuantificarse.

Así, alguien es culto por los libros que ha leído y recuerda, por la calidad de su vocabulario, por las películas que ha visto e incluso por los viajes que ha realizado. Culto es aquel que se ha cultivado, como un campo, para obtener para sí los mejores frutos de la civilización. Desde una perspectiva en la que se combinan los proyectos más ambiciosos de Occidente —de los valores de la antigüedad clásica al humanismo del Renacimiento, el cristianismo y la Ilustración—, una persona culta también es compasiva, empática, solidaria, amable y quizá hasta sabia. En pocas palabras, hay toda una corriente de pensamiento que ha defendido que el ser humano se vuelve tal sólo gracias a la cultura.
La inteligencia, por otro lado, se ha pensado y estudiado sobre todo como una cualidad inherente al hombre como especie. Nuestra inteligencia es resultado de la evolución y, por lo mismo, todos los individuos la tienen. Desde un punto de vista científico, la inteligencia explica que seamos capaces de leer o ver una película, pero también sumar o restar cantidades, y que podamos manejar un automóvil o atrapar una pelota.

Curiosamente, por razones que no son del todo claras pero quizá se expliquen por el clasismo de ciertas sociedades, en ciertas circunstancias la cultura y la inteligencia pueden aparecer enfrentadas. Dado que la cultura se convirtió en un bien asociado a las clases privilegiadas —la nobleza o la burguesía, por ejemplo—, también se ha utilizado como una suerte de discriminador, una forma de distinguir entre una persona que tuvo acceso a dicha cultura —a ciertos libros, ciertas escuelas, ciertos viajes— y otra que no. Cuando la cultura se usa de esa manera, es previsible que se convierta en una categoría deleznable.

De ahí que surja entonces el “ser inteligente” como una especie de defensa: quizá no todos seamos cultos, pero indudablemente todos somos inteligentes. Para algunos no tener cultura se compensa con el hecho de, por ejemplo, poder resolver problemas con facilidad, o vivir con sencillez, sin crearse esos laberintos absurdos en los que a veces se mete la gente culta.

Sólo que ninguna categoría es mejor que otra. Desafortunadamente, es cierto que tanto la cultura como la inteligencia están relacionadas con la desigualdad inevitable del sistema de producción hegemónico. La desnutrición, por ejemplo, tiene efectos sobre el desarrollo cognitivo de un niño, y sabemos bien que hay sociedades más desnutridas que otras. Igualmente la cultura, a pesar de todos sus sueños humanistas, se ha convertido en un producto de consumo, lo cual provoca que surja y se destine a personas que puedan adquirirla.

Quizá por eso hay un punto en el que ser inteligente parezca más atractivo que ser culto. ¿Para qué cultivarse, si la cultura también sirve para humillar y diferenciar? ¿Para qué cultivarse si, con eso, también se alimenta esa maquinaria despiadada de producción-consumo-deshecho? Conflictos en donde la cultura está involucrada y, por eso mismo, no parece probable que sea un camino para solucionarlos.

¿Y la inteligencia? Quizá ahí se encuentren otras posibilidades. A pesar del dicho de Proust —“Cada día atribuyo menos valor a la inteligencia”—, quizá la inteligencia sea ese salvoconducto que nos lleve fuera de las posturas falsas y los simulacros de la cultura contemporánea.

A propósito de este asunto, hace unos días Nicholas Lezard publicó en The Guardian un artículo en que habla de la diferencia entre la inteligencia y la intelectualidad a partir de Esperando a Godot, la célebre pieza de Samuel Beckett. Como sabemos, Esperando a Godot se considera uno de los mejores usos del absurdo dentro de la literatura, una obra revolucionaria tanto estética como culturalmente, pues retrató con frialdad el extremo del nihilismo al que había llegado la civilización europea del siglo XX.

Lezard recuerda la atracción que de inmediato sintió por Esperando a Godot, un ambiente que a pesar de su parquedad —o quizá debido a esta— de inmediato lo hizo sentir bien recibido, acaso no totalmente cómodo pero sí en un territorio inesperadamente familiar. “Desde la primera página estaba hipnotizado, sorprendido”, escribe Lezard, a quien la extrañeza de los diálogos beckettianos, simples y no tan simples al mismo tiempo, lo condujo a un territorio que imprevisiblemente no era del todo desconocido.

En breve, estaba enganchado. Ahí tenía a un autor que era irreverente, escatológico y sin embargo profundo; alguien completamente desinteresado en las convenciones de la literatura y sin embargo capaz, justo por medio del lenguaje, de mantener nuestra atención a pesar de que nada esté sucediendo. Y conforme descubrí detalles de su vida, primero por la biografía semi-autorizada de Deirdre Bair, me di cuenta de que no sólo su trabajo era ejemplar, sino también su vida. Ahí estaba alguien que se había purgado a sí mismo de vanidad, tanto la suya como la del mundo; un hombre de una integridad intachable, tanto en su obra como en su vida.

Con estos antecedentes, Lezard acepta que Beckett sea considerado un autor “intelectual”; “pero sospecho que es porque muchas personas no conocen la diferencia entre ser inteligente y ser intelectual”. ¿Y cuál es esa diferencia? Dice Lezard:

Más tarde descubrí que Beckett era, de hecho, furiosamente intelectual, pero que había dejado atrás la academia, aborrecido la oscuridad de la jerga y ciertamente no era el tipo de intelectual de posición a quien las televisoras piden su opinión.


Un guiño de inteligencia por parte de Beckett, parece decirnos Lizard. El gesto de tributar la cultura a la autenticidad para aceptar así que, a lo sumo, podremos responder dos o tres preguntas en la vida, poco más o poco menos, y será suficiente, y será más auténtico que todas esas preguntas que dicen responder las personas cultas y los intelectuales.

martes, 16 de octubre de 2018

El Mundo De Los Mediocres


El mediocre siente la necesidad de ajustarse a los demás. Renuncia a su individualidad, a los más distintivo y precioso que tiene el ser humano: su unicidad en toda la historia de la humanidad. Se amputa de su tesoro más valioso. Deja de ser para ser los demás. Hay inseguridad y debilidad interior. La responsabilidad lo abruma, prefiere endosar las decisiones al grupo. Abdica de su persona y se incorpora a la manada. No tiene voz sino que es eco. Para él resulta inconcebible ir contra la corriente. Se masifica. Tiene que ser parte del coro. Es un masoquismo moral. Se entrega a la nada.

En debates abiertos se avanza o retrocede según sea la calidad y la solidez de los argumentos, pero cuando irrumpe el envidioso no hay razonamiento posible puesto que no surgen ideas sino que se destila veneno. Este fenómeno constituye una desgracia superlativa ya que se odia el éxito ajeno y cuanto más cercana la persona exitosa mayor es la fobia y el espíritu de destrucción.

La manía de la guillotina horizontal básicamente procede de la envidia.

Hoy en día la mayor parte de los discursos políticos están inflamados de odio y resentimiento a quienes han construido sus fortunas lícitamente en los mercados abiertos, mientras que esos mismos políticos generalmente se apoderan de dineros públicos y les cubren las espaldas a mafiosos amigos del poder, mal llamados empresarios, que asaltan a la comunidad con sus privilegios inauditos.

El igualitarismo de resultados no solo contradice la asignación eficiente de recursos sino que, estrictamente, es un imposible conceptual puesto que las valorizaciones son subjetivas y, por ende, no habría una redistribución que equipare a todos por igual (además, medir comparaciones intersubjetivas no es posible) y, para peor, aun desestimando lo dicho, en cualquier caso debe instaurarse un sistema de fuerza permanente para redistribuir cada vez que la gente se salga de la marca igualitaria.

En segundo lugar, el mediocre se burla de la teoría. Constituye una aseveración groseramente vulgar sostener que lo importante es el hombre práctico y que la teoría es algo etéreo, más o menos inútil, reservado para quienes sueñan con irrealidades.

Esta concepción revela una estrechez mental digna de mejor causa. Todo lo que hoy disponemos y usamos es fruto de una teoría previa ya sea en cuanto a medicinas, alimentos, tecnologías o lo que fuera. Los llamados prácticos no son más que aquellos que se suben a la cresta de la ola ya formada por quienes previa y trabajosamente la concibieron. En todos los órdenes de la vida.

Esta afirmación en absoluto debe tomarse peyorativamente puesto que todos usufructuamos de la creación de los teóricos. La inmensa mayoría de las cosas que usamos las debemos al ingenio de otros, incluso prácticamente nada de lo que usufructuamos lo entendemos ni lo podemos explicar.

Desde luego que hay teorías efectivas y teorías equivocadas. Las teorías deficientes no dan resultado, las buenas logran el objetivo. En última instancia, como se ha dicho "nada hay más práctico que una buena teoría". 

En resumen, el mediocre contribuye grandemente al retraso y al anacronismo.

Recoger Lo Que Sembramos

Los últimos descubrimientos científicos corroboran que la vida no es un accidente regido por el azar, la suerte ni las coincidencias. Por más que nos cueste de ver, cada uno de nosotros recoge lo que siembra. Ni más ni menos.

Formamos parte de una sociedad materialista, completamente desencantada del mundo en el que vivimos. Por eso en general solemos creer que nuestra vida es un accidente regido por la suerte y las coincidencias. Es decir, que no importan nuestras decisiones y nuestra acciones, pues en última instancia las cosas pasan por «casualidad». Esta visión de la existencia nos convierte en meras marionetas en manos del azar.

En paralelo, muchos individuos nos hemos vuelto «nihilistas». No es que no creamos en nada. Simplemente «negamos cualquier significado o finalidad trascendente de la existencia humana». 

De ahí que orientemos nuestra vida a saciar nuestro propio interés, tratando de escapar del dolor y el malestar que nos causa llevar una existencia vacía y sinsentido. Y lo hacemos por medio del placer y la satisfacción que proporcionan a corto plazo el consumo y el entretenimiento.

Pero, ¿realmente la vida es un accidente que se rige de forma aleatoria? ¿Estamos aquí para trabajar, consumir y divertirnos? ¿Acaso no hay una finalidad más trascendente? Lo irónico es que la existencia de estas creencias limitadoras pone de manifiesto que todo lo que existe tiene un propósito, por más que muchas veces no sepamos descifrarlo. No en vano, creer que no tenemos ningún tipo de control sobre nuestra vida refuerza nuestro victimismo. Y pensar que la existencia carece por completo de sentido justifica nuestra tendencia a huir constantemente de nosotros mismos por medio de la evasión y la narcotización.

Es decir, que incluso estas creencias tienen su propia razón de ser. No están ahí por casualidad, sino que cumplen la función de evitar que nos enfrentemos a nuestros dos mayores temores: el «miedo a la libertad» y el «miedo al vacío». Mientras sigamos creyendo que nuestra propia vida no depende de nosotros, podremos seguir eludiendo cualquier tipo de responsabilidad. 

Y mientras sigamos pensando que todo esto no es más que un accidente, podremos seguir marginando cualquier posibilidad de encontrar la respuesta a la pregunta ¿para qué vivimos?


Los Límites De La Mente


Cuando alguien sostiene que la ciencia tiene sus limitaciones, que su epistemología no es perfecta, abogando por un relativismo cognitivo, por el “nada se sabe seguro”, todo es opinión”, olvida que las limitaciones no son tanto de la ciencia en sí como de nuestros cerebros.

La mente es un órgano biológico más que una ventana a la realidad. Así pues, es lógico que no seamos capaces de comprender bien todos los descubrimientos de la ciencia, tanto reales como potenciales. Por ejemplo, decía Richard Feynman que quien afirme entender la física cuántica… en realidad es que no la entiende en absoluto.

Sencillamente, nuestra arquitectura mental no está diseñada para entender algo así, nuestras intuiciones sobre el espacio, el tiempo y la materia colisionan con la realidad, y debemos recurrir a herramientas extra-mentales para, al menos, operar con la realidad: por ejemplo, las matemáticas.
Por esa razón, la gente sigue preguntando cosas que resultan incoherentes en la realidad física. Preguntas como ¿qué había antes del Big Bang?. O ¿qué hay más allá de los límites del universo? ¿Cómo se las arregla una partícula para pasar a través de dos rendijas a la vez?

Murray Gell-Mann describió la mecánica cuántica como “esa disciplina misteriosa y confusa que nadie de nosotros entiende de verdad pero que sabemos cómo usar”. Esta definición, procedente de un Premio Nobel de Física por sus descubrimientos sobre partículas elementales como Gell-Mann, habría de dejarnos más tranquilos cuando continuamente nos llegan noticias de cómo el Gran Colisionador de Hadrones está literalmente destejiendo la realidad.

Si no entendemos qué ocurre, es normal, tenemos cerebros que no están diseñados para entenderlo.
Por eso no puede dejar de asombrarme que existan personas que consideren que la verdad no existe o que todo es relativo, u que es opinión subjetiva, tú tu verdad y yo la mía. 

Me asombra porque ni siquiera están diseñados para entender las verdades de la ciencia, ¿cómo van a entender si existen o no aspectos ajenos a esas verdades? (Y si las hay, tengan por seguro que no nos incumben, se alejan tanto de nuestra realidad como especie que preocuparse por ellas es estéril, e invocarlas resulta ser una clara maniobra de distracción, como quien invoca al Espaghetti Volador para explicar los misterios que aún no han sido descubiertos.


Equilibrio Emoción Razón


Ciertamente, los sentimientos tienen más fuerza de la que podemos imaginar y determinan la mayor parte de nuestra conducta. Elegimos a la pareja de la que nos enamoramos, aunque no nos convenga.

Nos empecinamos en nuestras opiniones y apuestas incluso cuando sabemos que no están justificadas. Criticamos el juego deportivo, el proyecto o la idea del rival, aunque sean estupendos. Votamos a quien nos cae bien, aunque no sea el mejor candidato en lid. Podemos ser incapaces de salvar la vida de una persona enferma negando la cesión del órgano del ser querido que acaba de fallecer, aunque sabemos que ese órgano en pocos días no será otra cosa que polvo inútil. Podemos llegar a sufrir, a odiar o a amar con intensidad inimaginable.

Las emociones influyen en nuestras reacciones espontáneas, en nuestro modo de pensar, en nuestros recuerdos, en las decisiones que tomamos, en cómo planificamos el futuro, en nuestra comunicación con los demás y en nuestro modo de comportarnos. Son críticas para establecer el sistema de valores, las convicciones y los prejuicios que guían nuestra conducta y determinan también nuestro comportamiento ético. Resulta, en fin, imposible separar el bienestar del estado emocional de las personas.

Es por ello, que el mal llamado "equilibrio emocional" no consiste tanto en victorias o imposiciones racionales, ni en la represión o el control de las propias emociones, como en el encaje o acoplamiento entre nuestras emociones y nuestro razonamiento, o sea, en un equilibrio entre diferentes procesos mentales. Cuando ese equilibrio no existe porque dominan los sentimientos, el pensamiento racional puede convertirse en una voz de la conciencia que no nos deja vivir. Sería el caso del enamorado infiel o el de quien triunfa plagiando o engañando. 

Ese pudo ser también, tal como sugería un editorial del diario El País, el motivo principal por el que el Nobel de literatura alemán Günter Gras decidió hace algún tiempo dar a conocer su antigua pertenencia a las juventudes de las SS nazis. Por el contrario, cuando domina la razón, los sentimientos pueden hacer lo propio, castigándonos del mismo o peor modo. Es el caso de quien elige la carrera profesional o la pareja sexual que lógica o supuestamente le conviene en lugar de la que verdaderamente le motiva.

Ocurre que en tales circunstancias no nos sentimos bien hasta que, dándole vueltas al asunto que nos ocupa, logramos convencernos a nosotros mismos de que nuestro sentimiento es aceptable porque tiene una base racional. O hasta que, razonando, generamos una nueva emoción ajustada a nuestra lógica que suplanta al sentimiento perturbador e indeseable. De ese modo, quien sienta remordimiento por haber sido infiel se consolará pensando que su pareja también pudo serlo en el pasado o que no le quiere lo suficiente, y quien no gane una elección política podrá recuperarse de su disgusto cuando descubra que no es el único perdedor o perciba las ventajas de volver a su habitual y quizá menos problemática profesión. 

En ambos casos, el resultado viene a ser que el estado emocional negativo, a veces insoportable, producto del desequilibrio, pierde fuerza. Pero para que el equilibrio logrado se traduzca en bienestar es necesario además que los sentimientos finalmente alcanzados sean positivos, pues los negativos, como la frustración, la envidia o el odio, aunque sean justificados, pueden ser inevitables, pero rara vez reconfortantes para quien los experimenta.


La razón, como decimos, sirve sobre todo para generar nuevas emociones que puedan suplantar los sentimientos que ya tenemos o también, ciertamente, para potenciarlos al evocar viejas memorias relacionadas o suscitar argumentos añadidos en una espiral creciente de autoafirmación emocional. 

Emoción y razón son procesos mucho más inseparables de lo que solemos creer. No podemos convertirnos en seres que anulan o aparcan sus sentimientos. Sólo la inmadurez cerebral o la enfermedad pueden originar seres o comportamientos puramente emotivos o puramente racionales y sólo el equilibrio emoción-razón garantiza el bienestar de las personas.

Ser Proactivos


Cuando somos proactivos asumimos los riesgos y consecuencias de nuestras acciones, es decir, aprendemos la importancia de tomar nuestras propias decisiones. La iniciativa es una de las virtudes más valiosas del ser humano que se hace presente al momento de resolver algún problema.
Cuando la Proactividad E Iniciativa van de la mano, somos capaces de experimentar un crecimiento personal absoluto y de manera espontánea. No habrá problema o dificultad que no podamos superar hasta de manera intuitiva.  Nos mostramos dispuestos y sin temor a equivocarnos pero con la certeza de asumir las consecuencias. Sin la  estas dos cualidades no podríamos ser los verdaderos dueños de nuestros propios estímulos como reacción ante determinadas circunstancias.

Cuando tenemos un buen autoestima somos capaces de sentir autoconfianza y permanecer serenos y muy ecuánimes ante las situaciones que se nos puedan presentar. Si por el contrario, no somos capaces de confiar en nosotros mismos, lo veremos reflejado en muchas de nuestras acciones.

Es muy importante que creas en ti mismo, en lo que eres capaz de hacer. Aunque la autoconfianza es algo que puede ser visto como difícil de dominar y se suele confundir con La autoestima, si conoces tus debilidades y virtudes podrás fortalecerla. Es aprender a quererte tal cual como eres, aceptarte y respetarte.

Al tener Autoconfianza podremos aprender de nosotros mismos y de seguro te sentirás más a gusto con lo que eres, lo que haces y lo que aspiras hacer.  Se trata de un aspecto esencial cuando tenemos Proactividad E Iniciativa como valores de vida.

Cuando sabes que eres capaz de superar cualquier dificultar y emprender ideas o proyectos que te ayuden a tu crecimiento personal y profesional, la Proactividad E Iniciativa son parte de esos valores en los que necesitamos creer y de los cuales estamos convencidos que son capaces de hacernos mejores cada día, en cada acción o comportamiento que tengamos.

Es importante entender que cuando somos proactivos o tenemos iniciativas es probable que podamos gozar de cierto liderazgo, pero un líder no puede ceñirse sólo a la toma de decisiones, no sólo puede estar a la espera de algún hecho o evento para asumir alguna postura.

Cuando somos líderes debemos ir más allá, abrirnos paso y tener la capacidad de apreciar y valorar las propuestas que puedan surgir en el entorno, con la finalidad de sumar esfuerzos en busca de soluciones efectivas. Si esas propuestas logran convertirse en realidad, de seguro serán una herramienta valiosa para el futuro.

La Proactividad E Iniciativa en ocasiones nos facilita esa búsqueda para el diseño, planificación y control  de sucesos deseados. Siempre damos un paso al frente y para ello debemos nutrirnos constantemente de la información necesaria, crearnos expectativas y sumar experiencias para marcar la diferencia.

Aunque ya sabemos que la Proactividad no es un premio que obtenemos de una caja de cereales, para tener siempre ideas innovadoras, debemos manejar conocimientos, valores y tener autoconfianza, para facilitar las condiciones ante el surgimiento de temores por miedo al fracaso.

Para la Proactividad E Iniciativa no hay mayor enemigo que el fracaso. En una cultura organizacional, no todo lo que resulta un buen trabajo, necesariamente es exitoso. El mayor reto estará siempre en darle la importancia a ese resultado final y en base a ello, anticiparse a la incertidumbre, enfrentarse a nuevos y posibles acontecimientos.

No se trata de que confundamos ser proactivos con otros aspectos que son desestabilizadores como la inconsciencia. Cuando tienes la intención de propiciar una nueva realidad, más favorable, es conveniente evaluar las circunstancias y condiciones que la rodean. Por ejemplo, si en tu espacio laboral cuentas con un equipo de trabajo que ejerce sus funciones bajo esa metodología, es probable que los resultados siempre sean innovadores y quienes son participe de ello, reciban un espaldarazo en conjunto.

Dos de los aspectos más notables cuando contamos con la Proactividad E Iniciativa como parte de nuestras vidas, son la Innovación y Creatividad.  La Innovación es considerada como el hecho de crear, de llevar lo imaginario o ficticio a la realidad, pero con un alto grado de conciencia y equilibrio.

Cuando nos referimos a la Creatividad se cree que puede ser referente a un pensamiento original o a la imaginación constructiva. A través de ella logramos impulsar o fusionar nuevas ideas o conceptos para una solución distinta a lo común.  Se puede decir que gracias a la creatividad a veces podemos aportar soluciones originales.

Si logramos ser innovadores y creativos podremos llevar esos cambios novedosos a nuestras vidas. En el campo laboral, seremos más competitivos y productivos.

No olvides que tu mente en equilibrio, te dará esa Proactividad E Iniciativa para seguir superando barreras y, aunque es probable que de vez en cuando toque probar las mieles del fracaso, tu éxito esté en seguir y dejar atrás cualquier frustración que te genere no haber llegado a la meta.

Si eres una persona proactiva, seguro pueden estar ocurriendo muchas cosas a tu alrededor, pero tienes la capacidad de decidir cómo y cuándo reaccionar. 

No te dejes vencer por la frustración, intenta centrar tus esfuerzos en aquellos aspectos en los que realmente sabes que puedes lograr cambios significativos. Siempre gozas de energía positiva y eso te ayuda a ampliar tu círculo de influencia.

lunes, 15 de octubre de 2018

Escuchar Antes De Opinar


Escuchar sin juzgar, ¡qué difícil!
Cada vez que escuchamos a alguien tendemos a chequear desde el primer segundo si las ideas que nos expresa están o no de acuerdo con nuestra forma de ver el mundo. En este momento, es cuando empiezan los problemas, porque estamos imposibilitando que nuestras neuronas espejo se centren en comprender al otro.

Al juzgar nos ocupamos de pensar en algo, en lugar de escuchar y empatizar con la otra persona.
Aunque es normal que un diálogo interno esté dentro de ti, de mí y de todos, en la escucha tenemos que saber parar este parloteo de nuestra mente y tenemos que estar allí para el otro. La forma de evitar juzgar a alguien ser consciente de este diálogo interno y ser capaz de aparcarlo a un lado para otro momento, por eso el mindfulness o atención plena está tan de moda en contextos empresariales, porque nos permite ventajas como esta, estar en el aquí y el ahora, contigo.

Los buenos negociadores son buenos porque consiguen que, al final y después de todo, una parte y la otra se hayan expresado, se hayan sentido algo entendidas y hayan podido obtener algo a cambio de la negociación que no habrían obtenido de otra forma.

Los mejores líderes de un equipo consiguen que en su equipo exista expresión suficiente, comprensión suficiente, ideas suficientes, y después de todo ello, un objetivo común que todos de alguna forma queremos alcanzar. También hay otros líderes, aquellos que no escuchan, que juzgan antes de que hayas terminado la primera frase, que callan voces, y que con el tiempo consiguen que existan grandes disfunciones dentro del equipo, la primera de ellas la ausencia de confianza: si no eres capaz de escucharme, tampoco no me puedo fiar de ti.

Sueño con un mundo en el que exista este tipo de comprensión profunda hacia las necesidades del otro. En el cual sea más fácil construir juntos porque ambos tenemos la necesidad de convivir y de crear. Imagino que muchos de nuestros conflictos actuales se acabarían diluyendo, porque no sería necesario el rencor, ni el odio, ya que habría aparecido un nuevo componente entre nosotros: el perdón.

Dice Mandela “el perdón libera el alma, por eso es un arma tan poderosa”.
Hace pocos meses que Mandela ya no está entre nosotros, muchas personas recuerdan que fue un gran conciliador. Pero pocos saben que creó para los verdugos que habían cometido crímenes en la época del Apartheid el Comité para la Amnistía en el cual se ofrecía amnistía a aquellas personas que confesaban sus crímenes. Puedes imaginar que se vivió mucho dolor entre familias de víctimas escuchando la confesión de sus verdugos, pero también hubo mucha reconciliación.

Es algo de lo que no se habla demasiado alto, no lo habrás escuchado en TV muchas veces, a muchos puede que no les convenga que algo así sea público, quizá no interesa tanto lo de reconciliarse. También para las víctimas se creó el Comité para las Violaciones de los Derechos Humanos. Me pregunto cómo sería ahora el mundo si consiguiéramos reconciliar a todas aquellas partes que están en conflicto.

Pero claro, para reconciliar hace falta escuchar… y eso…cachis… eso nos cuesta un poco más.


Con La Cabeza Erguida


En esos momentos cuando sientes que trabajas hasta el cansancio, que ya no tienes fuerzas, que la vida se ensaña en tu contra y parece no existir ningún tipo de escapatoria. Esos días en que la fortuna te da la espalda y no encuentras salida, son precisamente el inicio de la más grande enseñanza que puedes encontrar en la vida.

Todos atravesamos momentos difíciles a lo largo de nuestras vidas. Sin embargo, aunque nos parezcan a veces imposibles cuando nos encontramos sumergidos en ellos, solemos tarde o temprano superarlos para continuar avanzando. 

Las dificultades que nos encontramos en uno u otros momentos de nuestras vidas como la pérdida de un ser querido, una ruptura amorosa o la mala noticia de un despido pueden ahogarnos en un mar de malestar del que nos será muy difícil escapar sino ponemos en marcha unas estrategias adecuadas. Ninguno nos encontramos a salvo de los vaivenes que puede tener nuestra existencia en momentos determinados.Y es en estos momentos de adversidad cuando atravesamos emociones muy poderosas como la tristeza, la impotencia, la frustración, etc… produciendo en nosotros un intenso desequilibrio emocional.

Cuando expresamos los sentimientos ya sea hablando o escribiendo, lo que estamos haciendo es liberarlos. Si ponemos palabras a qué o cómo nos sentimos, nos será más fácil aceptar las malas noticias que nos sucedan. Ya que lo que hacemos es asociar nuestros pensamientos con los sentimientos de forma rápida y casi simultánea. Por eso, cuando nuestras emociones sean demasiado negativas, podemos emplear la escritura como medio para expresarlas, librándonos de ellas sin tener repercusiones exteriores.

Cualquier situación adversa puede ser vista como una interrupción de nuestra trayectoria vital, pero si lo relatamos, estaremos más cerca de la posibilidad de aceptarlo y seguir avanzando.

Incluso si tenemos dificultades a la hora de la escritura, también podemos utilizar otro tipo de actividades como la pintura, el baile, el deporte o el teatro, que nos ayudaran a canalizar y reconocer nuestras emociones, puntos imprescindibles para poder llegar a controlar y elaborar lo que sentimos. Y tras esto, poner en marcha todo nuestro propio mecanismo de resolución de problemas en el que utilizaremos nuestros propios recursos para avanzar y hacernos paso ante la dificultad que se nos presenta.

Además ante una situación difícil hay veces que nos cuesta aceptar que nos afecta, negándonos a reconocer que en cierto modo nos duele. Pero este dolor, en parte es necesario, porque nos ayudará a elaborar todo lo sucedido, además de poder llegar a asumir la pérdida.

En estas situaciones, las personas de nuestro alrededor quizás puedan intentar con la mejor de sus intenciones que nos volvamos a sentir bien tan rápido como sea posible, pudiendo tener el efecto contrario, ya que pueden originarnos sentimientos de culpabilidad por no responder como los demás esperaban o incluso sentirnos no comprendidos. Todos necesitamos nuestro tiempo de asimilación y elaboración, unos más extensos que otros, lo importante es respetarlo, y no acelerarlo o posponerlo, 
sino manteniendo un cierto equilibrio. Es como atravesar por un proceso de duelo o pérdida, ya que se necesita un período de adaptación emocional necesario, pasando por una serie de etapas.


Y con el tiempo, tras haber superado ese momento difícil, seremos capaces de confiar en nuestra capacidad de sobreponernos a nuevas dificultades. Cada prueba superada nos irá fortaleciendo. Y aunque las dificultades o adversidades nos muestren nuestras partes más vulnerables, el hecho de superarlas nos ayudará a avanzar con más seguridad y confianza.

Mediocridad Y Talento


José Ingenieros decía que “la mediocridad es más contagiosa que el talento”. “La vulgaridad es su fuente y la psicología de lo vulgar consiste en ostentarla”. “La mediocridad es la falta de cualidades que permitan distinguir al individuo de la sociedad”. “Para el mediocre es mejor malo conocido que bueno por conocer”.
La evolución es el mecanismo de adaptación a los cambios. Evolucionar es variar las respuestas y las variaciones útiles son las que se consolidan. Con el lenguaje verbal el hombre creó los conceptos que sintetizan las experiencias vividas y los alojó en el hemisferio cerebral izquierdo. Una ruta de neuronas lo une con el derecho donde las emociones mandan. Allí la imaginación apoyada en el saber y la experiencia, se atreve a saltar por encima de todo creando hipótesis que unen el pasado, el presente y el porvenir. El pensamiento vuela más alto cuando vincula el corazón y el cerebro.
Los ideales. Los ideales son como las estrellas porque nunca se alcanzan, pero como el navegante, con ellos se dirige el rumbo de la vida. Hasta la fuerza de una idea depende de la fuente, del ideal que anticipa un futuro mejor. Es el instrumento del progreso que anticipó Bernard Shaw: “el hombre razonable se adapta al mundo, el hombre irrazonable adapta el mundo a él, todo el progreso depende del hombre irrazonable”.
El ideal nunca es absurdo, no enfrenta las leyes naturales, no se basa en la razón pura, ni en la verdad, ya que puede tratarse de una ilusión falsa. La imaginación se nutre de él y compara su perfección concebida con la realidad bruta. Así el ideal de la ciencia es la Verdad, el de la moral el Bien y del arte la Belleza. Cuando la realidad y el ideal coincidan, la imaginación ya estará intuyendo nuevas ideas.
La imaginación es más importante que el conocimiento. La frase de Einstein no reniega del saber ya que nada surge de la nada. El concepto deriva de los hechos que caminan, el ala puede errar la senda, el pie pisa firme; pero una idea que vuela puede rectificarse, mientras que el pie nunca podrá volar.
La imaginación perfecciona lo real y lo adorna con la energía, el entusiasmo y la libertad que le brinda el ideal. Imaginar es la forma experimentar que posee la ventaja de poder corregir los errores sin causar daños.
En el hombre hay dos tendencias en pugna, una lo lleva a preservar la herencia, la otra a crecer y a promover el cambio. La lucha es entre la estabilidad y el progreso. El ideal los reúne asociando la síntesis del razonamiento con la continuidad de la pasión.



Superar Carencias


“Para conseguir el amor de otros, primero debes amarte a ti mismo”. Apuesto a que has escuchado cientos de veces esta frase. Y no se discute. Es una de esas verdades de a puño que sería imposible controvertir y rebatir. Amarnos a nosotros mismos es condición fundamental para amar a los demás.
El problema de ese mandato es que da claramente un qué, pero ninguna pista sobre cómo. No es tan simple como tomar la decisión: “Perfecto. A partir de ahora voy a amarme a mí mismo. Y desde mañana, que me amen los demás.” Tener una buena relación contigo mismo puede ser un asunto que escapa a tu voluntad.

Lo que sí puedes ver nítidamente en tu vida son los efectos de esa falta de amor propio. Especialmente en el terreno de la pareja, que es donde afloran nuestros conflictos más íntimos. Es ahí donde solemos sentirnos más vulnerables y más desorientados.

Si no están bien ajustadas las tuercas de la estima propia, probablemente tiendas a ser enamoradizo. Aparentemente, Cupido se ensaña contigo. Dispara su flecha con cualquier desconocida que ves por ahí. “Amor a primera vista” dices tú, cuando sientes latir el corazón con fuerza al ver a ese extraño ser que te roba la atención.

El encanto que emana de esa persona desconocida es probablemente para ti como una promesa. El augurio de una dicha desconocida hasta ahora para ti. Ese sentimiento puede llegar a ser muy fuerte y, aun así, falso. Quizás haya atracción genuina. Pero mientras no cruces la frontera que separa la fantasía del encuentro real con la otra persona, no pasa de ser una ilusión.

Si te ocurre con frecuencia, no lo dudes: lo que hay en el fondo es un asunto por resolver contigo mismo, no con Cupido. Tu actitud habla de una carencia. Es tan fuerte que en un punto pierdes el sentido de las proporciones y te conformas con llenar ese vacío aunque sea con una mentira.

Este tipo de fantasías se presentan con frecuencia en quienes ya traen una historia de amores fallidos. “Amores perros”, de esos que dejan dentelladas y cicatrices en el alma y no pocas veces también en el cuerpo. Amores, o supuestos amores, que traen a tu vida muchos más ratos amargos que momentos de plenitud.

Ese es el punto precisamente: la nada. La carencia. Ese lugar que quedó vacío para siempre, quizás debido a necesidades afectivas que no fueron satisfechas durante la niñez. Por eso puedes sentir que el vacío, la ausencia, esa “nada”, es un sentimiento intolerable. De lo que no te das cuenta es de que justamente carencias es lo que hay tras todas esas peleas, esos disgustos, esas escenas de gritos y reclamos.

Si encuentras un compañero/a dispuesto a compartir contigo esa pequeña tragedia cotidiana, seguramente se han enganchado juntos precisamente porque tienen un problema similar. También esa persona busca desesperadamente vínculos que le ayuden a evadir sus carencias. A aplazar la tarea de reconciliarse consigo mismo, con su historia.

Ese tipo de relaciones son las más difíciles de terminar, precisamente porque se edifican sobre la carencia afectiva. Acabar con esos vínculos es caer en el abismo de soledad que la relación encubre. “Peor es nada”, dices para tus adentros.

Mejor que de una vez por todas decidas ser bueno contigo mismo. Que aprendas a reconocer esas trampas con las que tú mismo vuelves imposible tu avance. Recuerda que la vida es un pestañeo. 

No vale la pena dedicarla a fantasías o a tormentos que, lo sabes en el fondo, finalmente solamente te dejarán nostalgia por el tiempo inútil que invertiste en ellos.

Lucidez


El término Lucidez tiene cabida al hablar de salud en la esfera mental. Suele emplearse para hacer referencia tanto al estado de consciencia de un individuo como a su orientación.

La conciencia es el estado de alerta mental que permite responder ante los diversos estímulos, puede verse afectada por una gran cantidad de fenómenos y enfermedades tanto de forma circunstancial como de forma permanente, la afectación máxima del estado de conciencia es el coma, en donde el individuo es incapaz de responder a los estímulos externos.

La orientación por su parte se relaciona con la capacidad de en un momento dado estar claro en aspectos sobre quien se es, en donde se está, la fecha y la hora o momento del día. La desorientación en uno o varios de estos aspectos da origen al estado confusional.

En ocasiones también puede emplearse el término lucidez para hacer referencia a la capacidad cognitiva o de aprendizaje, que es una función cerebral cuya pérdida es el sustento que da origen a los cuadros de demencia.

La lucidez mental es producto de una vida sana, intelectualmente activa y la ausencia de factores perturbadores como enfermedades crónicas. Son muchos los factores capaces de afectar la lucidez mental, entre ellos cabe destacar:

Infecciones, muchas veces síntomas como la desorientación y cambios en la personalidad pueden ser consecuencia de enfermedades infecciosas del sistema nervioso central.

Deshidratación, la alteración de los líquidos corporales es capaz de afectar las concentraciones de los electrolitos y el pH o grado de acide de la sangre lo cual afecta el normal funcionamiento cerebral.

Enfermedades vasculares, las alteraciones del ritmo cardiaco como las arritmias, los accidentes cerebrovasculares o la insuficiencia en la circulación cerebral por enfermedades como la arterioesclerosis pueden iniciarse con cuadros de alteración de las funciones mentales además de las parálisis.

Condiciones que aumenten la presión intracraneal, trastornos como la hidrocefalia (aumento de liquido en el cerebro) y los hematomas subdurales (colecciones de sangre entre el cráneo y el cerebro que ocurren posterior a traumatismos o caídas) tienen un curso lento y progresivo por lo que pueden debutar con síntomas sutiles como la alteración leve de la conciencia o la orientación antes de dar paso a la aparición de síntomas neurológicos más precisos
.
Drogas y medicamentos, muchas veces los cuadros confusionales obedecen al efecto farmacológico de medicamentos o diversas sustancias, especialmente si se ingieren en forma excesiva o de forma inapropiada, por ejemplo al combinar medicamentos que son capaces de interactuar entre sí. En los ancianos esto es muy frecuente ya que es posible que no entiendan las instrucciones del médico o bien que por afecciones visuales no logren leer bien las indicaciones o confundan los medicamentos.
Supresión del sueño, la alteración en el normal ritmo del sueño puede llevar a un estado de agotamiento que afecta al estado de conciencia.


Abuso de alcohol, la ingesta alcohólica tiene un efecto depresor del sistema nervioso afectando las funciones mentales especialmente si se combina con factores como una pobre capacidad de respuesta fisiológica en ancianos y personas debilitadas o bien con medicamentos que potencien su efecto depresor.

domingo, 14 de octubre de 2018

Acercar El Mundo


Tal vez, hayamos pecado demasiado de centrar el aprendizaje en el mundo cercano y en los procesos de vida que, de todas maneras, nos van a arrastrar porque nos son inmediatos. No se trata de «estudiar» nuestra comarca, sino de andarla y hablar de ella. El mundo se nos presenta en forma de gente que viene de lejos y de asuntos lejanos que nos afectan.

Si se te presenta lo extraño pueden pasar dos cosas: puedes empezar a ver extraña tu propia comarca ante una mirada más amplia o puedes encerrarte en tu estrecha mirada e intentar evitar ese peligro. Antes de que lo extraño venga y te fuerce mejor que tomes la decisión de conocerlo y encontrarlo más cercano.

La gente de los barrios «iba» a Madrid o Barcelona. Hoy, psicológicamente, el mundo se nos acerca a ojos vista. Aparece en nuestra vida como un hermanito que se presenta de golpe. Podemos estar ilusionados porque esperábamos su llegada, intrigados y llenos de interés porque promete novedades o rechazarlo agriamente porque viene a cambiarnos la vida y le suponemos hostil. Algo así es lo que podemos sentir respecto a todo lo que es «extranjero». Los «extranjeros» son como el hermanito que nos traen los padres (en realidad, la Humanidad es un huérfano y los hermanitos, simplemente, aparecen). Pero, en el mundo adulto, todo puede enconarse demasiado.

Para prevenir esto, la escuela debería centrarse más en los lugares más lejanos de la finca Tierra y ayudar a todos los niños a familiarizarse con su extensa familia. La humanidad no tiene padre (visible), pero hay hermanos mayores. Los niños se pelean por los juguetes y por los recursos de sus vecinitos. Los humanos-niños hacen lo mismo, pero sus peleas pueden ser desgarradoras y no hay adulto que los frene, así que nos hemos de hacer humanos-adultos todo lo rápidamente que podamos o viviremos en la isla de El señor de las moscas, donde los niños –sin padre– aprenden a matarse.

En cierta manera no estaba tan mal aquella asignatura que se presentaba como alternativa a la Religión, Civilizaciones y hechos religiosos, creo que se llamaba. El señor Víctor Orban, presidente de Hungría carga contra los países del oeste que permiten que otras «civilizaciones y hechos religiosos» se cuelen en nuestro santuario cristiano. Hombre de mirada pequeña. Hombre-niño que teme que otros hombres-niño vengan a colarse en su intimidad, le estropeen los juguetes y le disputen la mantequilla de la merienda.

Es comprensible, hace poco que la Europa del este tiene cuarto propio. Pero eso le obliga a crecer deprisa. Si alguien piensa que Puigdemont no puede gobernar desde Bruselas cómo espera que el padre de la humanidad pueda poner orden en la casa desde el cielo. Si tenemos padres distintos, hagamos que hablen (papas, popes e imanes se reúnen demasiado poco). Pero si esos padres resultan impotentes, nos tendremos que hacer adultos todos, empezando por los hermanos mayores.


Hay que empezar a preparar hoy a los ciudadanos (hombres-adolescentes) del mañana que sabrán poner normas en toda la finca, que sabrán dialogar y jugar juntos y enseñarse unos a otros a cuidar los juguetes. Esos hombres-adolescentes (nuestros alumnos de hoy) deberán empezar a poner en pie una Ciudadanía Universal (moneda, educación, justicia-economía…), organismos para monitorizar y compartir los recursos del planeta, para garantizar los proyectos razonables y velar por todos y cada uno de los que nacen. 

Sé que no estoy hablando ni siquiera del siglo XXIII. Pero cuanto más tardemos en empezar, más sufriremos. Nuestros alumnos de hoy deben ser los que mañana votarán sólo a partidos que hablen de convergencias y Ciudadanía Universal. Que jamás votarán a partidos de hombres-niño que quieren seguir siéndolo centrándose en su propio cuarto de los juguetes. 

Y posiblemente sean los padres de los primeros humanos-adultos del planeta, los que se dan cuenta de que lo que pase en la calle les acabará afectando.

Siempre Dar Lo Mejor


Lo mejor de ti mismo es la única receta que te llevará al éxito. En el plano material, aparentemente no siempre ganamos cuando damos lo mejor de nosotros mismos. Muchas veces las cosas no salen como lo planeábamos, y es frustrante a veces ver que nuestros sueños o ideales no se mueven al ritmo que nosotros queremos; pero en el plano espiritual, no hay forma de sentirte perdedor si estás dando siempre lo mejor de ti mismo.

La receta del éxito es simple: ¡Da siempre lo mejor de ti mismo! y no te rindas, no mires atrás, no midas tu valor en relación a la retribución o a la opinión de los demás; sino en respuesta a tu satisfacción personal. Toma tiempo  para que la gente te escuche, y te escucharán sólo quienes estén listos. Tu pasión, tu dedicación y tu determinación; son las herramientas que se encargarán de que tu voz llegue lejos, de que tus sueños se materialicen en una maravillosa realidad; que por maravillosa, nunca será perfecta, ni nunca estará completa. Porque los soñadores se alimentan de sueños, y cuando un sueño se cumple, uno nuevo y más grande se vuelve a soñar.


El mundo es de quienes tienen fe en sí mismos, y encuentran en cada reto una oportunidad de transformación, de ajuste. Un llamado de atención! Acercarnos al éxito o crecer en él no hace las cosas más simples, sino que cuando estamos haciendo lo que amamos, esa pasión es la que hace que todo sea posible; y es la que nos mantiene conectados, activados y dispuestos a invertir toda nuestra fe en lo que creemos.

sábado, 13 de octubre de 2018

Integración Social

Buceando por viejos textos escolares encontramos esto: “un ciudadano comprometido es aquel que no sólo conoce sus derechos y obligaciones, sino que además los ejerce a través de la participación activa y comprometida en estos espacios”. 

Buena definición en los papeles pero, ¿de qué manera conjugamos lo que deberíamos hacer en el marco de dinámicas sociales complejas marcadas por deficiencias en educación, salud y trabajo? 

“Si el vecino tiene como prioridad comer y pagar sus cuentas, obviamente, no participará en temas sociales o comunales que directa o indirectamente luego tendrán relación directa con ellos mismos”. Una bocanada de realidad nos trae el Presidente de la Asociación Civil Formando Ciudadanos, Julián Morínigo. 

Él junto a un grupo de profesionales con marcado perfil social y de forma totalmente voluntaria, intentan “generar continuamente ámbitos de contención a los grupos de alta vulnerabilidad social y propender al facilitamiento de una ‘movilidad social ascendente’. Esta última entendida sobre la base de que todos adquieran la misma oportunidad de progresar. 

El profesional recuerda la antigua frase “Mi hijo el Doctor". Una “leyenda” que nos remonta a la fascinación por las dos carreras que algunos padres añoraban para sus hijos: Medicina o Abogacía. Un título que aportaría un cierto “status” dentro de la sociedad. Claro está que no siempre esta es una realidad cercana. 

“La posibilidad cierta y concreta de poder darle a las nuevas generaciones las herramientas necesarias para acceder al conocimiento lo que dará la libertad individual y colectiva de la sociedad. Sin el acceso libre, gratuito y universal al conocimiento (educación, cultura, salud, información, trabajo, entre otros) no podremos avanzar como sociedad”. 

Teniendo en cuenta algunos de los objetivos de la Asociación es que este grupo de profesionales considera primordial acentuar el trabajo en aquellas poblaciones más vulnerables. Inmigrantes, personas usuarias de drogas, mujeres víctimas de violencia de género como así también en problemáticas relacionadas a la salud y la educación. Todos los involucrados con “un perfil socio-económico-cultural medio a bajo”. 


Para lograr cambios en la sociedad en que vivimos, la tarea debe comenzar cuando los niños ingresan al sistema escolar. Este último debería tener un rol protagónico en la temática. La escuela como institución debiera preparar ciudadanos con capacidad crítica y activos en su compromiso con el contexto que los rodea para la transformación de una sociedad más justa.