lunes, 4 de junio de 2018

Objetivos Del Día


La productividad y la gestión del tiempo son dos temas que están presentes en la mente del emprendedor de forma constante.

Realizar todas las tareas del día, avanzar en los proyectos o entregar los trabajos en su fecha son actividades a las que nos enfrentamos cada día. Algo que aún se complica más cuando trabajas solo.

Resulta decepcionante llegar al final del día con la sensación de no haber hecho nada importante. No has parado: 3 reuniones, varios informes, mails,…, pero sabes que no has avanzado nada.

Existen diferentes herramientas y sistemas que gestionan nuestra productividad sobre los que ya hemos hablado en otros post, que puedes utilizar según necesites y adaptados a ti.

Vamos a comentar hoy otra estrategia basada en un enfoque distinto. No nos centraremos en todo lo que tenemos que hacer, sino en los objetivos que queremos conseguir. Una forma de priorizar lo importante.

Es posible que te encuentres más de un día con una larga lista de tareas y acciones que realizar. De sólo verla ya casi te bloqueas de la cantidad de cosas que tienes que hacer. Hay mucha gente que se paraliza con esto y no es capaz de empezar a actuar. Bien, cuando esto ocurra plantéate lo siguiente:

¿Cuál es tu objetivo principal del día?
Puede ser hacer un cliente nuevo, entregar un trabajo pendiente o contactar con dos nuevos colaboradores. Lo que quieras. Busca un resultado concreto que te hará avanzar en tu estrategia empresarial. Algo que realmente quieras haber conseguido ese día y que de alguna forma puedas medir para saber si lo has alcanzado (nº de, €, visitas,…). Además, su logro te aportará un beneficio concreto o alcanzar el siguiente paso en tu plan. Hay una razón de peso para lograrlo.

Imagina que tu objetivo es entregar hoy ese trabajo pendiente, ya que así podrás enviar la factura al cliente y cobrarla dentro del mes corriente. Buen motivo para acabarlo.

Ve a tu lista de tareas y señala todas aquellas que tienen que ver con éste objetivo. Añade otras si las necesitas. Estas son tus tareas preferentes para el día, lo primero que has de hacer, todas ellas. Una por una hasta que las termines.

El resto de tareas las realizas una vez terminadas éstas. Si algo ha de quedarse sin hacer, deben ser estas tareas de tu lista que no corresponden a tu objetivo.

Si crees que tienes tiempo, quizás quieras plantearte uno o dos objetivos más en el día, siempre que te comprometas a realizar durante tu jornada todas las tareas asociadas para acabarlos. De nada sirve plantearse objetivos que no vas a cumplir.

Cuando estás trabajando en un proyecto grande puedes marcarte objetivos diarios para ir avanzando. Recuerda que estos objetivos han de poder medirse para comprobar los resultados obtenidos al final del día y alcanzarlos te permitirá progresar en algún aspecto del proyecto global. Es decir, hay una buena razón para hacerlos.

Si tu compromiso ha sido firme durante el día y tus tareas o acciones relacionadas con el objetivo están hechas, al final de tu jornada podrás saborear la gratificante sensación que produce el logro del objetivo alcanzado.

Por muchas tareas que realices durante las horas laborables, habrás alcanzado tu meta. Te sentirás satisfecho/a por el trabajo realizado y por los resultados conseguidos. ¡Una estupenda forma de acabar el día! Y lo mejor, aumentará tu autoestima y la motivación para volver a conseguirlo al día siguiente.


domingo, 3 de junio de 2018

La Era De La Inmediatez


En la sociedad de la información se han acortado tiempos, sí; se ha contribuido a mejorar nuestra efectividad en términos de respuesta y soluciones, también; y, asimismo, se ha incrementado nuestro conocimiento y el ingreso virtual a espacios públicos, sin importar distancia o dimensión.

Dichas bondades, sin duda numerosas, están formando en nuestras sociedades una "cultura de la inmediatez". Me explico. El poder que brinda el acceso a la información, desde cualquier parte del mundo y en tiempo real, de una manera veloz y asequible, es un fenómeno que está influyendo sobre las relaciones interpersonales, en el sentido de atención, diálogo, socialización y hábitos.

Se trata de un efecto que se resiente también en lo individual, pues puede modificar los niveles de paciencia, concentración, interés, perseverancia y desempeño. 

La era digital, sin duda, ha permitido que nuestras habilidades se potencien y podamos realizar actividades de forma simultánea, lo cual, a su vez, genera una consecuencia en nuestro trato con otras personas que no están en el mismo "mundo digital"; creando, inconscientemente una forma de relación social, que de manera selectiva establece nuevas posibilidades de vinculación o comunicación
.
Por otra parte, tiende a impactar sobre la paciencia y el rendimiento, pues la necesidad de obtener respuestas fáciles y rápidas, ha menguado la capacidad de espera y de construcción de juicios críticos, así como de proyectos de mediano y largo plazo. Al no conseguirlo, suele derivar en episodios de ansiedad y estrés, que poco contribuyen a un desarrollo personal integral.

No por nada Sir Isaac Newton reconoció a la "paciencia" como el descubrimiento más invaluable. Es importante, entonces, contribuir a la sensibilización de las generaciones futuras y a quienes estamos expuestos a las influencias de las nuevas tecnologías, para lograr una combinación armónica y equilibrada entre sentido humano y beneficio digital.


Su reto es que el uso de las herramientas tecnológicas y el alcance práctico y casi sin limitaciones a toda clase de información, debe ser para contribuir al fortalecimiento de nuestros valores más elevados, como la solidaridad, la convivencia, la colaboración y el esfuerzo. 

El Control De Las Emociones


La estructura de nuestro cerebro tiene cincuenta mil generaciones de historia evolutiva, con sus propios éxitos de supervivencia, por eso, no tenemos que sorprendernos si ante los eventos de la vida, respondemos instintivamente con recursos emocionales adaptados a nuestras necesidades.

De las emociones a los sentimientos, el neuropsicólogo Raúl Espert ha estudiado el cerebro desde hace muchos años. Y con sus reflexiones nace esta disección del cerebro emocional que ha realizado Laura Xerra en colaboración con el propio Raúl Espert.

La emoción es un impulso que mueve a la persona a actuar, la raíz etimológica de la palabra viene del latín “e-movere”, es decir, “ir hasta” que al final se resumen en: ataca, escapa o lucha.


Cada uno de nosotros viene equipado con unos programas de reacción automática o una serie de predisposiciones biológicas a la acción, sin embargo, nuestras experiencias vitales irán modelando con los años ese equipaje para definir nuestras respuestas ante los estímulos emocionales.

Las Metas


Las personas que quieren lograr metas (aunque no lo creas hay gente que no quiere entrar en este trabajo y viven su vida de acuerdo al viento que esté soplando en el momento), se esfuerzan por declarar y algunas a formular sus metas, pero ¿por qué la mayoría de las personas no las logran a pesar que se esfuerzan en ello?

Como dice Camilo Cruz, orador y escritor motivacional: “La gente no planea fallar, la gente falla al planear”.

Establecer metas realizables, tiene muchas variantes, factores y metodologías. Hay un dicho popular que inteligente es aquel que aprende de sus experiencias y sabio es aquel que aprende de las experiencias propias y de quienes han tenido éxito, porque para llegar allí se han equivocado y han corregido.

Teniendo en cuenta esta sabiduría, para establecer metas de valor y calidad que te lleven a tener una vida plena y feliz, tomemos como guía lo que hombres, mujeres, empresas y organizaciones hacen y tienen para que sus metas se cumplan.

Los seres humanos nos diferenciamos de los otros seres de la creación porque tenemos la capacidad de soñar y de elegir la vida que queremos vivir. Por ello, es importante establecer metas de valor y calidad que contengan la esencia de lo que somos y de lo queremos llegar a ser, hacer y tener.

Tener metas y actuar no es lo único para tener éxito en su consecución.

Establecer metas de calidad y valor, dan dirección, energía, sabiduría, satisfacción y mayores probabilidades de lograr los resultados anhelados.

Son pocas las personas que logran vivir una vida plena, feliz y de valor. La razón es porque ellas tienen claro su propósito, sus valores, sus recursos, sus potenciales y un por qué claro y poderoso que los lleva a superar los obstáculos que se les presenta en el camino. 

Ellos asumen la responsabilidad de su vida.

Nunca es tarde para tomar el camino de la felicidad y la autorrealización personal, recorrerlo y disfrutar del poder transitar en este hermoso mundo que nos correspondió vivir


Inmensidad De La Mente


En la mente humana, la información recogida por el sistema sensorial fluye a través de un sistema cognitivo cuyos componentes básicos son la atención, la percepción y la memoria. 

De acuerdo a este planteamiento, se concibe al ser humano como un procesador activo de información. Primero, recibimos diferentes estímulos externos que se transforman en nuestro interior en mensajes nerviosos que alcanzan el cerebro; después, organizamos e interpretamos estos mensajes de manera significativa, y, finalmente, los guardamos en nuestra memoria, y desde ella influyen de nuevo en todo el proceso.

Todo así explicado parece perfecto, pero en realidad no lo es. No somos únicamente una central de procesado de información y datos, pues, curiosamente, a la hora de interpretar la información sensorial el ser humano parte de una predisposición mental que influye considerablemente en lo que percibe. 

Percibimos lo que queremos percibir. Es el fenómeno conocido como 'predisposición perceptiva'. Es decir, las cosas nos influyen en función de nuestra experiencia previa y de nuestra herencia genética en un porcentaje que varía de persona a persona en una cantidad variable difícil de determinar.

Por otra parte, nada de lo que percibimos permanece estable ni constante en la realidad. El cerebro extrae las características constantes e invariables de los objetos y aunque sean vistos desde diferentes ángulos, a diversas distancias o en condiciones variadas de iluminación se perciben como si tuvieran la misma forma, tamaño y color. Así es fácil de entender como existen diversos estados de percepción de la realidad y cómo la percepción puede sufrir alteraciones más o menos serias, algunas de las cuales recogemos bajo el común denominador de estados alterados de percepción de la mente.

La mente del ser del humano es su propia semilla con la capacidad de evolucionar hasta su pleno desarrollo. Se podría decir que la vida es la posibilidad de evolucionar que tiene la materia en forma organizada y con un propósito; y así como puede naturalmente evolucionar la materia también evoluciona la conciencia hacia una etapa superior. La evolución de la conciencia se manifiesta como sabiduría, que es la organización de la inteligente superior, o sea la posibilidad de síntesis que permite percibir de una manera holística y dimensional la realidad tal como es.

El término neurociencia apareció hace más de treinta años. Actualmente se publican más de 40.000 artículos al año sobre esta materia. Estamos asistiendo a una verdadera explosión científica en ese sentido. Pero aunque los neurocientíficos se preocupen de la mente, «pasarán siglos y acaso millares de años antes que el hombre pueda entrever algo del insondable arcano del mecanismo no sólo de nuestra psicología, sino de la más sencilla, de un insecto».

Fue Ramón y Cajal quien escribió está magnífica reflexión. También decía: «Los centros nerviosos de los mamíferos, especialmente los del hombre, representan la verdadera obra maestra de la naturaleza, la máquina más sutilmente complicada que la vida puede ofrecer». Toda la obra de Cajal es reveladora en este sentido.

La mente humana, claro está, tiene limitaciones, y es así porque la mente no fue concebida originalmente para conocer la verdad sino para sobrevivir a la mentira.

La propia ciencia tiene sus limitaciones, porque su epistemología no es perfecta. 

Hay que reivindicar un nuevo relativismo cognitivo, capaz de coexistir con el mundano y vulgar 'nada se sabe seguro' o 'todo es opinión', porque las limitaciones no son tanto de la ciencia en sí como de nuestros cerebros. ¿Cómo explicar, si no es de este modo, fenómenos tan terriblemente humanos como la violencia, la codicia, las desigualdades sociales, la mentira…?


La mente es un órgano biológico más que una ventana a la realidad. Así pues, es lógico que no seamos capaces de comprender bien todos los fenómenos que rodean o incluso algunas de las más elementales leyes de la física, no digamos si se trata de la física cuántica… en realidad es que no la entiende casi nadie en absoluto. Somos limitados y eso nos deja un margen de error que hemos de saber gestionar honradamente. 

Hoy nos hemos puesto serios, quizás porque a veces nos olvidamos de que la vida también lo es. 

Perseverancia II


“Puedes llegar a cualquier parte, siempre que andes lo suficiente”, Lewis Carroll

La perseverancia es una carrera de fondo. Una maratón en cuya meta habitan todos nuestros objetivos. Lamentablemente, en una sociedad que late al ritmo de la hipervelocidad, esta modalidad ha perdido muchos adeptos. Nuestro día a día está marcado por los estímulos constantes y la gula por querer siempre más.

Así, tendemos a centrarnos en lo inmediato y en todo aquello que nos promete una dosis de satisfacción exprés. Podríamos decir que participamos en una perenne carrera de cien metros lisos, en la que apenas importa la resistencia. 

Todo lo rige la rapidez y la ley del mínimo esfuerzo. Pero esta inercia nos impide centrarnos en aspiraciones a largo plazo, lo que limita las posibilidades de tomar las riendas de nuestro destino.

La receta parece sencilla: seguir el recorrido marcado, no parar bajo ninguna circunstancia y, a su debido tiempo, cruzar la línea de meta. Pero del dicho al hecho hay un trecho. La perseverancia se conquista cada día. 

Cuando emprendemos el reto de correr una maratón sin haber entrenado lo suficiente, solemos terminar tirando la toalla. Nuestro cuerpo no está preparado para aguantar tan exigente esfuerzo, y nuestra mente se bloquea ante la elevada presión. Lo cierto es que resulta fácil construir castillos en el aire, imaginado éxitos futuros e incontables alegrías. Pero el esfuerzo, la voluntad, la constancia y el sudor que requiere la realización de tan creativas ensoñaciones son patrimonio de quienes perseveran.

Entonces, ¿en qué consiste la perseverancia? Y ¿cuáles son sus beneficios?

Etimológicamente, proviene del latín perseverantia, que significa constancia, persistencia, dedicación, firmeza o tesón; bien en las ideas, las actitudes o en la ejecución de cualquier propósito. Así, la perseverancia es la capacidad de seguir adelante a pesar de los obstáculos, las dificultades, la frustración, el desánimo e incluso los deseos de rendirnos ante cualquier situación. 

Una persona perseverante persigue sus metas con ahínco y tesón, tiende a terminar todo aquello que empieza, mantiene su atención en su objetivo y, si no lo alcanza, lo vuelve a intentar utilizando un método distinto. Así, esta cualidad nos ayuda a desarrollar el autocontrol, a regular nuestra tolerancia a la frustración y nos convierte en personas más resistentes y resilientes.

Dicho de otra manera, la perseverancia es una suerte de brújula que nos permite orientarnos en la tormenta. Es el factor que convierte las palabras en acciones, la teoría en práctica, los sueños en realidades. La fortaleza que nos lleva a no rendirnos ni desfallecer ante las más adversas circunstancias. 

Como si fuéramos arcilla, nos moldea y nos esculpe. En última instancia, está vinculada a nuestros intereses y motivaciones más profundos. Honrarla es honrarnos a nosotros mismos. 

La pregunta es: ¿estamos dispuestos a pagar su precio?

      

El Sentido De La Existencia


Muchas personas creen y afirman que el sentido de su vida es Dios, el que afirma que tras la muerte del cuerpo, el alma continua existiendo y vivirá eternamente junto a Él.

Esta afirmación da sentido completo a la pregunta anterior: “Si todo está abocado a sucumbir… ¿Por qué y para qué existe?” Nacemos, crecemos, nos desarrollamos, morimos… por tanto, nuestra vida tiene un final terrenal, pero no existe el final del alma.

La existencia tiene un sentido terrenal, pero la muerte supone un límite absoluto para la humanidad. Por tanto, existen personas que piensan que el sentido de su vida es aquello que pueda proporcionarle la felicidad en su estancia en la tierra, como ayudar a los demás o realizar aquello que te pueda completar enteramente como persona, pero tras todo esto, en la muerte, no existe ningún sentido.

Nuestra existencia humana y el mundo son absurdos. Vivimos y seremos personas pasajeras en la historia de la Tierra. Todo lo que hacemos, absolutamente todo, carece de un sentido propio. Los días son exactamente iguales y vives desaprovechando el tiempo, pues un día morirás y no te habrá servido de nada el haber vivido.

El sentido de la existencia es un problema tanto filosófico como vital ya que se encuentra unido al dolor y a la seguridad de que algún día moriremos. El dolor puede ser algo físico y momentáneo, mientras que también puede ser un dolor espiritual, producido por el estado de ánimo de cada persona, que puede originar depresiones e incluso ansiedad. 

La certeza de que algún día moriremos hace que los seres humanos se planteen que la muerte es algo inexperimentable, ya que todo aquel que la experimenta no puede demostrar la verdad definitiva sobre la existencia porque está muerto.

Para mí, el sentido existencial depende de la visión de cada persona. Uno puede vivir felizmente haciendo cosas que para otros resultan simples y sin sentido. Pienso que todos buscaremos nuestro propio sentido existencial a lo largo de la vida, en la familia, la felicidad, o simplemente, en Dios. 

Puede que no se sepa claramente el sentido de la vida, pero si se sabe que la vida, desde que nacemos hasta que morimos, es algo maravilloso y donde encontrarás muchas de las respuestas que hoy no sabes. 

        

El Gusto Por La Lectura


Pareciera ser, a primera vista, que no habría mucha diferencia entre quien lee y quien no lo hace frecuentemente. Pero es sólo un engaño. Las diferencias son bastante grandes y notorias. En primer lugar, quien lee aumenta su cultura, la hace sólida si es endeble y la enriquece cada vez más. Quien permanece ajeno a los libros, por el motivo que sea, también es cómplice de su ignorancia, que se acrecienta a medida que sigue huyendo de las páginas escritas.

En segundo lugar, la lectura aporta un panorama más amplio para el desarrollo de las propias ideas y fomenta una actitud crítica, pero no en sentido negativo, sino positivo, ya que remueve los preconceptos e instala la necesidad de contrastar unos datos y otros, algunos más veraces y otros, pobres y caducos. Quien lee no cree lo primero que escucha, al menos tiene un cierto bagaje cultural que matiza cualquier intento de absolutismo respecto a ciertos temas.

En tercer lugar, la lectura es fuente de conocimientos. La falta de lectura, por el contrario, adormece el espíritu y la inquietud intelectual. Pero, tampoco es suficiente con ser un devorador de libros, ya que se puede leer mucho pero mal.

Es decir: siempre se debe buscar, mediante el consejo de alguien o guiados por el propio sentido común, las lecturas que favorezcan el desarrollo personal, que son todas aquellas que no están reñidas ni con la moral ni con la ética, ni menosprecien el valor individual de las personas ni sus creencias. 

Hay personas que, a fuerza de consumir basuras editoriales, que las hay y muchas, han hecho de su intelecto un refugio para las ideas más depravadas y siniestras. No hay que leer cualquier cosa, hay que leer siempre con un criterio determinado para cada circunstancia.

El gusto por la lectura lleva a quien lee a no contentarse con lo primero que ofrecen las vidrieras, o con aquel libro que es best seller mundial, pero que sin embargo no aporta mucho más que un simple cuento de hadas, nacido para entretener con exclusividad. Quien se habitúa a la lectura quiere buscar autores con los cuales identificarse en costumbres, modismos e ideas acerca de las grandes cosas de la vida. Es el lector cómplice del autor en cuanto difusor de ciertos ideales nobles, que agrandan las miras de la rutina diaria
.
Y la falta del hábito de lectura repercute necesariamente en el trato con los demás. Quien no hace más ver las caricaturas del periódico, difícilmente pueda transcribir en palabras lo que le dicta su corazón cuando quiere expresar su amor. Reinará una especie de «parquedad sentimental», caracterizada por escuetas líneas y frases hechas repetidas una y otra vez, hasta despojarlas de su intenso significado por el abuso de su presencia en los labios del amante.

El gusto por la lectura es gustar de disfrutar más de la vida, de compartir en palabras las experiencias vividas y en saber transmitir las propias con la justa mezcla, cual recete perfecta, de sentimientos, emoción y vocablos. 

Leer significa ir más allá de nuestro estrecho mundo personal y adentrarnos en el otro, en crecer en empatía, estar con el otro y desde el intercambio fructífero de ideas, poder decir, al final del día, que hemos aprovechado el tiempo, al menos por haber leído unas líneas de nuestro autor preferido.


Sentirte A Gusto


Si quieres sentirte bien debes empezar a cuidarte y a pensar más en ti. La felicidad la decide uno mismo. Una persona que lo tiene todo se puede sentir mal y otra que lo ha perdido todo, incluso la salud, puede ser feliz. Es difícil pero en gran parte es el resultado de la voluntad propia. ¿Por qué no empiezas hoy a tomar las decisiones que te harán sentir mejor?

En la vida estamos solos. Ninguna de las personas que están hoy a tu lado estará contigo para siempre. Los niños crecen y se van de casa, las parejas se separan, y finalmente, todo el mundo muere. No puedes condicionar tu felicidad a los demás. Tienes que pensar en ti primero siempre. Y no lo digo como un llamamiento al egoísmo, sino simplemente para decir que la mejor forma de ayudar a los demás es sentirse bien uno mismo.

Además, la verdadera felicidad solo puede venir de uno mismo. Significa que no eres verdaderamente feliz si tu estado de ánimo depende de terceras personas.

Y por supuesto, es válido al revés: tampoco puedes hacer feliz a los demás. Es algo muy personal, que viene de dentro.

Sin duda el gran reto para sentirse feliz es ser capaz de conseguir una mejor autoestima, y tener confianza en uno mismo.


Tu felicidad depende solo de ti. Olvídate de excusas, y de personas externas. Tú eres quien tiene el poder de cambiar. El camino es que aprendas a conocerte mejor, a aceptarte, y a mejorar, ignorando lo que el resto del mundo pueda opinar sobre ti.

Responsabilidad Social


La responsabilidad social es un término que se refiere a la carga, compromiso u obligación, de los miembros de una sociedad ya sea como individuos o como miembros de algún grupo, tanto entre sí como para la sociedad en su conjunto. El concepto introduce una valoración positiva o negativa al impacto que una decisión tiene en la sociedad. Esa valorización puede ser tanto ética como legal, etc. 

Generalmente se considera que la responsabilidad social se diferencia de la responsabilidad política porque no se limita a la valoración del ejercicio del poder a través de una autoridad estatal.

La responsabilidad social es la teoría ética o ideológica de que una entidad ya sea un gobiernocorporaciónorganización o individuo tiene una responsabilidad hacia la sociedad. Esta responsabilidad puede ser “negativa”, significando que hay responsabilidad de abstenerse de actuar (actitud de “abstención”) o puede ser “positiva”, significando que hay una responsabilidad de actuar (actitud proactiva).

El ser humano por necesidad, se debe relacionar con otros y para ello debe cumplir una serie de reglas de comportamiento, dependiendo del lugar y el tiempo en el que se encuentre; estas obligaciones que cada individuo debe cumplir con los demás se les denomina responsabilidades sociales.

La idea de que los individuos tengan una responsabilidad para su sociedad se remonta a los filósofos griegos y el sistema romano de legalidad.

Ahora bien, "En la antigua Grecia el pueblo libre tenía por costumbre, en ambiente de franco debate, participar y cuestionar los argumentos de diálogo abierto en el ágora o plaza mayor; sin embargo, la esclavitud era parte fundamental de su estructura social y económica";​la vida de las personas era pública, por tanto la responsabilidad de cada persona que hacia parte de esta sociedad libre era la participación de todos en cualquier asunto público.

En la Edad Media Occidental las creencias eran las que mostraban las reglas de convivencia y el diario vivir de cada persona, por tanto si alguna persona no aceptaba la religión era castigada, perseguida y excluida de la sociedad; "todo se hacía con el único objeto de obtener la salvación que se acreditaba en el credo de la única y verdadera Iglesia",​ con esto apareció la vida privada, el pudor, la intimidad y las propiedades; la responsabilidad era exigir el respeto los espacios privados y a su vez vigilar que se cumplan las leyes establecidas por la iglesia.

La Edad Moderna se caracterizó por un gran movimiento intelectual; la razón se convirtió en el centro de todo, los derechos del hombre aparecieron y con estos la esclavitud dejó de existir; por tanto "una de las principales obligaciones de los actores sociales consistió en defender la libertad y promover los derechos humanos" además se le dio responsabilidad al Estado con los individuos y con exigir el cumplimiento de las reglas sociales de la época.

Así, por ejemplo, el estoicismo pone énfasis en los deberes cívicos, la responsabilidad social, la importancia de una buena ley y la igualdad de los derechos ciudadanos. Uno de sus grandes representantes, Cicerón, en libro primero de “Los Deberes”, habla sobre los deberes que tiene el hombre hacia la sociedad y hacia él mismo y propone que existe sólo una ley verdadera. Esta ley es la recta razón, la cual de acuerdo con la naturaleza, gobierna sobre todos los hombres, es eterna y no cambia. La misma impulsa a los hombres al cumplir con sus deberes, prohibiéndoles hacer el mal.
 ​
Luego de esto llegó la Edad Contemporánea, donde la tecnología y el avance científico predomina, cada día es más fácil acceder a la información, se necesita acumular bienes para tener una mejor calidad de vida; "valores como la eficiencia y la eficacia, actitudes positivas frente al compromiso el cumplimiento, una buena educación, además de habilidades comunicativas de negociación facultan a las personas para hacer parte productiva de la sociedad".​ 

Estos comportamientos se convierten en una responsabilidad para la sociedad; el Estado ya no es lo más importante, ahora las empresas tienen un poder, ya que el mercado es lo que predomina.

Es notorio que a medida que pasa el tiempo la responsabilidad social cambia; lo que era bueno para algunos tiempos después se convirtió en un delito y viceversa, las personas tienen la obligación de ser responsables con la sociedad moral y legalmente, independientemente de si no están de acuerdo; cabe resaltar que las normas de conducta las determina la entidad que tenga más poder en el momento, como la iglesia, el Estado, las empresas, entre otros; ellos determinan las reglas aceptadas de acuerdo con la situación en que se viva.

En la actualidad la responsabilidad social se considera un concepto normativo no obligatorio o “ley blanda” (es decir, sin la fuerza de la ley), tales como los plasmados en algunos acuerdos internacionales, por ejemplo, la “Declaración universal sobre Bioética y Derechos Humanos” adoptada por la UNESCO​ etc.

Esto ha dado origen no solo a diferentes tentativas o percepciones “sectoriales” de establecer mecanismos de "responsabilidad social” -la más notable entre las cuales son las referentes a responsabilidad social corporativa o “responsabilidad social empresarial”  ​- sino a nuevas propuestas acerca de las implicaciones institucionales del concepto.
 ​

Notable entre esas nuevas percepciones es la de Claus Offe, para quien responsabilidad social tiene, como principal entre sus funciones en las complejas sociedades modernas, actuar como mecanismo de creación y promoción de una “moral autónoma y el autocontrol civilizado de sus miembros [o, por decirlo a la inversa, en la medida en que no puedan compensar de manera suficiente los déficit de tal autocontrol con el aporte de los medios (coercitivos) del derecho y (estimulantes) del dinero.

Las Garras De La Mediocridad


A veces es posible hacernos del privilegio de la redención, o más bien de un acto de contrición que tiene que ver con reconocer que somos un engranaje de lo que Foucault considerara como un sistema, es decir ‘un conjunto de relaciones que se mantienen, se transforman, independientemente de las cosas que conexionarán’, ese conjunto de relaciones funcionan también como un conjunto de reglas que muchas veces se contradicen en su naturaleza. 

Por ejemplo, cuando construimos un modelo de éxito individual, que privilegia sistemáticamente el mismo tipo de comportamiento y los mismos tipos de logros, muchas veces esas reglas informales que han sido construidas de forma discursiva, suelen chocar drásticamente con las reglas formales.

El éxito es un mito fantástico introducido en ese discurso como el máximo aspiracional del ser humano, tiene un sinfín de implicaciones que lo hacen relativamente utópico y dependiente de la percepción, pero en lo que todos estamos de acuerdo en silencio, es que el éxito como una construcción colectiva justifica cualquier medio, claro, nadie lo dirá en voz alta, ni utilizará ese discurso como bandera de guerra, pero si algo coincidimos casi todos los seres humanos, es que estamos, sin importar los motivos y las estrategias, escalando la pirámide del éxito.

Mi acto de contrición particular sucede por la reflexión reciente de lo que pasa en la academia y el círculo de éxito que se promueve en mi contexto, donde la dinámica que es propensa es romper repetidamente las reglas formales, con el fin último de ser el ganador en la carrera de las reglas informales. No me malinterprete, no me excluyo de la dinámica, al contrario, la tentación macabra y alguna que otra derrota y tendencia a sucumbir ante las garras del modelo de éxito, me han hecho romper alguna que otra regla; hoy intento darme el respiro de la reflexión y entender sus consecuencias y sobre todo, aprender a darme el lujo de la mediocridad.

La mediocridad, no como un asunto de lección ordinaria, sino como un modo de vida que relativice el éxito a separarse de la carrera para respirar.

Entiendo que parece un poco hippie y el asunto del carpe diem y el peace and love, es despreciable bajo los paradigmas del sueño americano, pero entonces, ¿no nos queda más que aceptar el hecho de que vamos en constante ascenso y que todo lo que nos haga detenernos es un monumental fracaso, o su pariente cercano?

Dese usted el lujo de la mediocridad, de sacar en un examen la nota que merece, de contestar una pregunta con la respuesta que conoce, de escupir sin auto flagelarse el alma un hermoso “no sé”, de aceptar que a veces no tilda las esdrújulas y de ponerse una camisa que lo hace ver gordo. Dese usted el lujo de cantar feo, de bailar mal, de comer mucho y de ser desordenado, deje de correr y empiece a caminar, dese el lujo de aceptar que le gusta Arjona y El Buki, de no ser siempre un genio brillante pero incomprendido. Dese usted el lujo de dejar que los otros ganen y declararse un estrafalario perdedor, dele un abrazo a su espíritu aterrado y déjelo salir, reconózcase normal y mundano, reconózcase terrenal, reconózcase feo y patán.

Reconozca que hace trampa, que ha evadido una cantidad significativa de reglas formales con la bandera del éxito bajo el brazo, vestido de Ralph Lauren chafa, con el afán de tomar al éxito por los cuernos y tartajear en Facebook, en un álbum que se llama éxito, desde el aeropuerto donde se registró para viajar a Disneylandia y retocar el éxito con su selfie stick. Quítese el maquillaje de lo incierto y respire a su familia y cánteles una canción, porque ese grupo de mediocres son cuanta cosa quiera usted. 

Deje de escupirles sus logros a los demás en las redes sociales y sosiegue su hambre por envidia, disfrute y comparta, enamórese y humíllese.

Recuerde usted que el éxito es una construcción discursiva, de la que por lo general usted no tuvo nada que ver, dese el lujo de encontrar lo que le gusta, para lo que usted es bueno y de ser ministro de un fantástico matrimonio entre los dos. No olvide que la mayoría de caminos al éxito no son más que un proceso burocrático eterno y confuso, rodeado de muchos francotiradores que esperan un descuido para ponerle un hoyo del tamaño de una naranja entre pecho y espalda.

Abra los ojos y disfrute estar vivo y vérselas con la resaca. Mire todos los episodios de Friends y levántese tarde algún día. Créame, si de algo estoy seguro es de que la muerte es inminente, y al menos que usted crea en la reencarnación, esto es todo lo que hay…


Dese ese lujo fantástico de la mediocridad, de por un día no ser un aspirante más al éxito, sálgase de la fila y tire su número a la basura, tome la mochila y escape, huya mientras pueda de esta dinámica terrorífica.

sábado, 2 de junio de 2018

Conocer Nuestro Rumbo

Coherencia de vida.
La vida de todo hombre precisa de un norte, de un itinerario, de un argumento. No puede ser una simple sucesión fragmentaria de días sin dirección y sin sentido.

Cada hombre ha de esforzarse en conocerse a sí mismo y en buscar sentido a su vida proponiéndose proyectos y metas a las que se siente llamado y que llenan de contenido su existencia.

A partir de cierta edad, todo esto ha de ser ya algo bastante definido, de manera que en cada momento uno pueda saber, con un mínimo de certeza, si lo que hace o se propone hacer le aparta o le acerca de esas metas, le facilita o le dificulta ser fiel a sí mismo.

Se trata de algo asequible a todos. Lo único que hace falta es —si no se ha hecho— tratarlo seriamente con uno mismo: como decía Epícteto, “enseguida te persuadirás: nadie tiene tanto poder para persuadirte a ti como el que tienes tú mismo”.

Para que la vida tenga sentido y merezca la pena ser vivida, es preciso reflexionar con frecuencia, de modo que vayamos eliminando en nosotros los detalles de contradicción o de incoherencia que vayamos detectando, que son obstáculos que nos descaminan de ese itinerario que nos hemos trazado. 

Si con demasiada frecuencia nos proponemos hacer una cosa y luego hacemos otra, es fácil que estén fallando las pautas que conducen nuestra vida. Muchas veces lo justificaremos diciendo que «ya nos gustaría hacer todo lo que nos proponemos», o que siempre «del dicho al hecho hay mucho trecho», o alguna que otra frase lapidaria que nos excuse un poco de corregir el rumbo y esforzarnos seriamente en ser fieles a nuestro proyecto de vida.

Es un tema difícil, pero tan difícil como importante. A veces la vida parece tan agitada que no nos da tiempo a pensar qué queremos realmente, o por qué, o cómo podemos conseguirlo. Pero hay que pararse a pensar, sin achacar a la complejidad de la vida —como si fuéramos sus víctimas impotentes— lo que muchas veces no es más que una turbia complicidad con la debilidad que hay en nosotros.


No Subestimar Al Otro


Hay un dicho tremendamente popular que dice que nunca terminamos de conocer a las personas y que, cuando creemos haberlo conseguido, nos sorprenden. Esta es una de las sensaciones más bonitas que puedes tener con alguien, salvo si te ocurre porque le infravaloras. En ese caso no le subestimes, porque podría hacerte rectificar.

Cualquier tipo de relación necesita renovarse con hallazgos nuevos en el otro que no conocíamos y mejora muchísimo si por las dos partes existe la capacidad y la motivación para sorprender. No obstante, son los descubrimientos los que tienen un matiz con el que hay que tener cuidado, especialmente en esas situaciones en las que conocemos a alguien por primera vez.

“Yo siempre he tenido pasión por los detalles, por los pequeños acontecimientos, casi invisibles, que hay a nuestro alrededor. Observar a la gente te enseña muchas cosas”
-Marco Levy-

Dicho esto, todos nosotros en los primeros contactos con una persona hacemos hipótesis sobre cómo podría ser. Acción que, en cierta medida, es totalmente humana y que no tiene por qué ser dañina, sino más bien involuntaria. Si esta impresión es algo negativa, ten cuidado porque solemos tender a confirmar nuestras primeras impresiones en vez de a intentar falsearlas.

No me subestimes, intenta conocerme de verdad.
Es verídico que hay un grupo de personas que hablan mucho más de lo que piensan y, a veces, dicen más de lo que saben. Incluso, podría decirse que cada uno de nosotros lo ha hecho alguna vez. Sin embargo, esta no es la normal general: la mayoría decimos menos de lo que sabemos, pensamos más de lo que hablamos y nos percatamos de más cosas de las que hacemos creer.

Este es un mecanismo de autodefensa ante el miedo a desnudarnos emocionalmente y por completo a alguien. Otras veces simplemente nos gusta darnos a conocer poco a poco y que el conocimiento no sobrepase ni la propia velocidad que impone el tiempo ni las dosis de cariño compartido.

“Todo hombre que conozco es superior a mí en un sentido. En ese sentido aprendo de él”
-Ralph W. Emerson-

La verdad es que no es bueno para nuestra propia paz subestimarnos pero tampoco nos sentimos bien cuando alguien nos atribuye menos valor del que tenemos como personas, porque nadie debería tener la osadía de intentar que nos sintamos pequeños.

“Las gentes con el alma pequeña siempre tratan de empequeñecer a los demás.”
-Carlos Ruíz Zafón-


Si te ha ocurrido alguna vez esto y has sabido cómo actuar al respecto, es beneficioso que te sientas bien por el coraje que empleaste. Si por el contrario, no supiste cómo, puedes recordar para la próxima vez que aquel que te subestima realmente tiene un problema consigo mismo.



Alentar Siempre


El termino ánimo puede entenderse como un sinónimo de aliento, viene del latín anĭmus que en español significa  “soplo”.  Ánimo es sinónimo de energía, voluntad, valor y esfuerzo.

El diccionario lo define como fuerza o energía para hacer, resolver o emprender algo. También como la capacidad humana de experimentar emociones  y afectos.

Considerado como energía o fuerza, el aliento es algo que se intenta transmitir o contagiar a través de las palabras o gestos. Si un joven está nervioso porque tiene un examen, sus padres le dan aliento para tranquilizarlo. Se entiende entonces que el aliento es una especie de incentivo o de aliciente para redoblar los esfuerzos.

El alentar a un niño o darle ánimo, es uno de los grandes instrumentos que tienen los padres a su disposición para ayudar a sus hijos en su crecimiento, para ayudarlos en el aprendizaje y la aceptación de nuevas actividades y responsabilidades.

El dar aliento o ánimo va dirigido a los hechos, cuando motivamos a una persona a que continúe lo que está haciendo.


Desarrollo Humano


El desarrollo humano es una experiencia que nace, como lo afirma S. Covey, “de adentro hacia afuera”, es la oportunidad que tenemos para convertir la potencialidad en realidad, es el desafío de encontrar contextos propicios para hacer que nuestras capacidades sean valoradas por quienes hacen parte de nuestro círculo de acción e influencia.

Somos la semilla que está en permanente evolución y crecimiento y en algún momento dejamos de ser un “futuro” para convertirnos en el presente que reclama la oportunidad de continuar imaginando nuevos y mejores escenarios a los cuales llegar. Esa es otra buena noticia, la realidad nunca llega a un final, siempre tenemos la ocasión de ser llamados a protagonizar la historia compartida de nuestros equipos de trabajo y contribuir allí con nuestros talentos.

El desarrollo humano es una responsabilidad individual, no es de la organización, es un proceso comprensivo que obliga a tomar decisiones que nos lleven a descubrir y poner en marcha todas las capacidades que nos permitirán crecer y alcanzar los objetivos que nos propongamos, y aquí radica otra fuerza oculta que puede impulsar o frenar nuestro crecimiento.

Pueden las organizaciones invertir mucho dinero, y lo hacen sin duda, en diseñar y poner en marcha programas fantásticos orientados al crecimiento personal y profesional, pueden contratar a los mejores oradores y conferencistas, y también lo hacen, pero si no existe el motivo interno que dinamiza y moviliza la voluntad de los participantes, no se obtendrán los resultados esperados.

A pesar de estar condicionados por la comunidad que nos rodea, de estar siempre acompañados y de recorrer los caminos de nuestra historia de vida en compañía de otros, somos nosotros mismos los únicos responsables de lo que nos ocurre; estamos inmersos en las consecuencias de las decisiones que hemos tomado, así nos dediquemos a culpar a las estrellas, a nuestros antepasados o incluso a nuestros jefes o nuestra pareja de lo que nos ocurre.

Es hora de “ponerse en marcha” y asumir con responsabilidad el mando de nuestra vida, de convertirnos en los líderes que transforman la realidad que nos rodea, de interpretar como un signo positivo la función que nos ha sido delegada y construir a partir de ella nuevas oportunidades que nos lleven a mejores puertos.



El Entendimiento


La mente es el nombre más común dado al fenómeno emergente que es responsable del entendimiento, la capacidad de crear pensamientos, la creatividad, el aprendizaje, el raciocinio, la percepción, la emoción, la memoria, la imaginación, la voluntad, y otras tantas habilidades cognitivas.

Se trata de un concepto excesivamente complejo de entender. Sin embargo, aunque aún hoy, en pleno siglo XXI, su funcionamiento siga siendo una completa incógnita para la ciencia, vamos a intentar arrojar algo de luz en este campo tan importante para el ser humano.

Nuestra mente funciona reaccionando por causas externas. Ésta responde a todo lo que vemos, escuchamos, olemos o tocamos; ante todo este movimiento, ante todas estas experiencias.

Posteriormente, estas reacciones internas son interpretadas por el yo, el ego, y por un historial de experiencias. Por tanto, son sólo reacciones mecanicistas, de defensa, para su supervivencia.

Por tanto, la mente no la utilizamos conscientemente. El ego dirige nuestra vida por medio de ella. Así, podremos presentar tantas formas de pensar como ‘yoe’s existan en nuestro interior.

La mente integra diversas facultades del cerebro, permitiéndonos reunir información, razonar y extraer conclusiones.

Nuestra actividad mental tiene tres tipos de procesos: los conscientes, los inconscientes y los procedimentales. También abarca funciones no intelectuales y funciones afectivas.

Estudios de laboratorio sugieren la idea de que la mente es un resultado de la actividad del cerebro, ya que podemos localizar la actividad pensante del individuo en regiones concretas, tales como el hipocampo.

Entonces… ¿cerebro y mente son lo mismo?

La respuesta es no. Una cosa es el cerebro, el encéfalo, y otra la mente. Así, ésta última no es el cerebro, sino la interacción entre el cerebro y el medio.

Sin medio no hay cerebro; de hecho, individuos aislados completamente terminan muriendo de forma prematura. Sin interacción no existe el ser humano, pues es un ente fundamentalmente social, por tanto esencialmente ‘interactuador’ (no encontramos otra expresión) con el medio.


Así pues, la actividad mental en sí es la emergencia de la actividad del cerebro en relación al entorno

Por ello, la mente individual es la civilización del individuo emergiendo desde la animalidad individual, igual que la civilización es la emergencia de la actividad global de los humanos civilizados en relación a su entorno global.

Cultura De Paz


Innumerables características y profundas raíces culturales unen a los iberoamericanos, quienes, más allá de las especificidades de todos y cada uno de los grupos sociales que conforman ese riquísimo mosaico cultural, atesoran, además, como tal vez ningún otro espacio geográfico del planeta, rasgos enriquecedores de todas, o casi todas, las culturas de la Tierra: lo indígena es esencia vital en el mestizaje con lo europeo; África negra es, sin duda, la significante "tercera raíz"; el mundo árabe palpita en muchos rincones y canciones, así como en bellos decires del castellano y el portugués; lo hebreo, lo oriental o lo hindú, por citar tan solo algunos trazos de ese mosaico, acompañan a lo sajón o a lo polinesio en múltiples expresiones culturales.

Esa extraordinaria mixtura, producto de siglos y siglos de encuentros y desencuentros; de violentos choques y amores apasionados; de imposiciones, crímenes y rapiña injustificables, como también de heroísmo, generosidad, espiritualidad y grandeza ejemplares; siglos, en fin, de dolor, amor, poesía, tragedia, muerte y desbordante vitalidad, han hecho, en los umbrales del siglo XXI, del iberoamericano un ser cosmopolita por excelencia, con rasgos de tolerancia cultural, espiritual y religiosa altamente promisorios.

Un ser de paz, en contraste con lo que, lamentablemente, acontece en otras latitudes ya que, si repasamos el inquietante panorama mundial que encontrará el siglo que nos llega, veremos cómo nuestros conflictos, por dolorosos y trágicos que sean - y con lo inadmisible de sus causas -, están muy lejos de aquellos que destrozan y hieren, en forma incomprensible, la fraternidad entre los hombres en muchos lugares del planeta.

Iberoamérica es uno de los espacios geográficos culturales de mayor armonía, en donde hay aún mucha intolerable injusticia, discriminación y explotación que superar, así como muchos conflictos étnicos y territoriales por resolver, pero que, por el desarrollo político y cultural alcanzado, nos permite albergar esperanzas en que esas expresiones de violencia e intolerancia serán reemplazadas por soluciones dialogadas, democráticas, participativas y pacíficas.

Los últimos años nos han aportado ejemplos estimulantes de esa enaltecedora vía, de esa vocación por vivir en una Cultura de Paz, entre los que destaca, con singularidad, el logrado por los países y pueblos de Centroamérica con los acuerdos de paz alcanzados a partir de los esfuerzos del Grupo de Contadora. 

Debemos los iberoamericanos avanzar en el camino hacia esa Cultura de Paz, haciendo de la integración el instrumento privilegiado, por utópico que aún parezca a muchos.


Amistad


El espejo y la amistad siempre dicen la verdad


Este refrán nos recuerda que el buen amigo es aquel que pone por encima la sinceridad a la adulación o, como decimos vulgarmente, el peloteo, no dudando en señalarnos nuestros errores y decirnos cuándo nos estamos equivocando. 

Así, el amigo debe ser como un espejo, que no deforme la realidad, sino que nos devuelva una imagen fiel de nuestros actos para que podamos ser conscientes de nuestros errores y poderlos solucionar. 

En otro sentido, la amistad nos devuelve en parte nuestra propia imagen, ya que los amigos comparten mucho de nuestras propias características y nos vemos reflejados en ellos y también porque vemos aquellas cosas que nos gustaría imitar. 

Una ligera variante dice: El espejo y la buena amistad siempre dicen la verdad. 

Vivir Con El Ejemplo


El ser humano a través de la libertad no es esclavo.

La persona que busca por sí y ante sí desarrollar sus criterios, su forma de actuar, su forma de pensar, su accionar observando las leyes y la Constitución que rige los destinos de un país y por ende de las personas.

Vivo la libertad a plenitud, tratando de cumplir y enseñar con el ejemplo hacia la colectividad, hacia las personas con las que yo vivo, de las que dependo y a las que formo.

En mi trabajo expreso mi libertad cumpliendo a cabalidad con mis funciones.

Observando el respeto y la consideración hacia los demás y también comprendiendo a cada uno de ellos, su vivencia diaria y los problemas que muchas veces se ven abocados en el entorno.

A mi familia le enseño a vivir mi libertad, obviamente con el ejemplo, y además pidiendo que ellos sean comprensivos con los demás y primeramente cumpliendo con las funciones que tienen, en su profesión.

Sin perjudicar a los otros más que nada; cumpliendo con honradez y observando los principios éticos y morales. 


Red. Sierra Norte

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO


Derecho Y Responsabilidad

Derecho; del latín directum es lo que está conforme a la regla y regula la conducta humana en la sociedad.

Responsabilidad; el cumplimiento de obligaciones y el tener cuidado al tomar decisiones o hacer algo.

En la actualidad, está de moda el término “derecho”. Lo vemos en todas partes cuando se habla de temas como política, ética, religión, el ámbito profesional y la misma vida del ser humano. La misma ONU se esfuerza día a día para promover los derechos humanos: libertad, justicia y paz. La Iglesia habla sobre el derecho a la vida y la familia. La ley habla sobre los derechos del trabajador. El periodismo sobre el derecho a la libertad de expresión. En fin, derecho, derecho, derecho. 

Pero, ¿dónde está la responsabilidad? Se puede creer que todo en la vida son derechos, pero si estos no se complementan con responsabilidades, no se puede lograr mucho.

El ser humano es un ser social, por ende, debe buscar crear las óptimas condiciones para vivir en comunidad. Cuando hablamos de la libertad, justicia y paz que promueve la ONU, por ejemplo, se nos olvida que estos derechos vienen también con responsabilidades. Si tenemos el derecho a la libertad, tenemos la responsabilidad de usarla éticamente. Si tenemos el derecho a la justicia, tenemos la responsabilidad de ser justos en nuestras acciones y con los demás. Si tenemos al derecho a la paz, tenemos la responsabilidad de promoverla, y de dejar de imponer nuestros ideales en la cabeza de los demás. 

Nosotros, que tenemos el derecho a la educación, tenemos la responsabilidad también de educar a los demás, y no dejar que la sociedad sea regida por falacias, mentiras y amagues.

Un tema muy hablado en los últimos meses, especialmente en México es el de la estructura de la familia, y ha habido miles de opiniones diferentes, algunas tan extremas como insultos y expresiones de odio. Sí, tenemos el derecho a expresarnos libremente, pero también la responsabilidad de expresar la verdad, hablar con prudencia, y escoger nuestras palabras bien. 

Así como los trabajadores tienen el derecho de protegerse por medio de la ley, y la responsabilidad de trabajar y dar resultados; un ser humano tiene el derecho de  tener una familia, y la responsabilidad de formarla de la manera más funcional, bien estructurada, y llena de amor posible. Hay familias en que un padre o una madre se fueron, o lastimosamente murieron, o matrimonios sin hijos, así como huérfanos. Y aunque se les llame “familias disfuncionales”, todos ellos tuvieron el derecho a una estructura familiar tradicional en un principio.

Un “tal vez futuro dirigente de los Estados Unidos” tiene el derecho de hablar lo que quiera, pero la responsabilidad de respetar a pesar de todas las críticas que tenga bajo su copete (algo que claramente no sabe hacer). Es también así como algunos dirigentes de El Salvador que tienen el derecho de subirle los impuestos al pueblo, tienen la responsabilidad de usarlos en obras realmente necesarias y que beneficien a nadie más que al pueblo al que sirven. Al ex-presidente Funes le han dado el derecho de su asilo en Nicaragua, pero eso no significa que debe olvidarse de las responsabilidades que todavía tiene pendientes con El Salvador y la justicia.

Como verán, es simple. Somos muy buenos exigiendo derechos y más buenos todavía evitando responsabilidades. Creo que esta idea puede aplicar a tantos temas, pero al final todo se trata de acciones. 

De hecho, al cumplir nuestras responsabilidades, respetamos los derechos de los demás. Es un proceso recíproco en el que tenemos que comenzar a participar si queremos crecer y mejorar nuestra sociedad.