domingo, 23 de septiembre de 2018

Desempolvar Ilusiones


Crisis vitales: nunca es tarde para recuperar la ilusión
¿Cuáles son nuestros mejores atributos? ¿Cómo nos definieron de pequeños?

“Es hora de reconocer dónde nos hemos perdido para recorrer el camino que nos pertenece”
Laura Gutman

Nos miramos al espejo y ¿qué vemos? Los ojos del niño que hemos sido, con nuestras ilusiones, fantasías y anhelos. Han pasado muchos años durante los cuales hemos hecho grandes esfuerzos para dejar de lado esos sueños infantiles, porque necesitábamos sobrevivir al desencanto, al desamor y en algunos casos a la soledad que, lamentablemente, acompaña con frecuencia las infancias.

Hemos adornado los recuerdos infantiles con sus mejores escenas para acunarnos un poco: alguna fiesta de cumpleaños, una celebración familiar o imágenes de travesuras compartidas con amigos del barrio que por azar no terminaron tan mal.

Preferimos acomodar la niñez en un cuadro de añoranzas felices, reservándonos el derecho a creer que, alguna vez, la vida nos ha resultado fácil.

Revisar el discurso materno
Para crecer sin demasiado sufrimiento, hemos organizado nuestras creencias en un sistema más o menos confortable, aunque ese conjunto de ideas no tengan contacto con la realidad que nos ha tocado vivir. Una parte de lo que nos resulta arduo recordar pertenece a los esfuerzos que hemos hecho para responder a las expectativas –positivas o negativas– de nuestra madre.

El universo materno y las palabras que ella ha dicho hasta el hartazgo cuando fuimos niños –y que no teníamos más remedio que escuchar y tomar como verdad absoluta porque formaban parte de su vivencia interior– han resonado en nosotros y se han convertido en el espejo a través del cual observamos el entorno y a nosotros mismos.

¿Qué vemos en ese espejo? Vemos todo lo que mamá pretendió de nosotros.

Vemos en lo que nos hemos convertido para complacerla. Tal vez podamos trazar un hilo invisible fabricado con retazos de amargura, preocupaciones desmedidas, exigencias, responsabilidades o incluso enfermedades físicas que nos han acompañado, y que incluso hoy forman parte de nuestras actividades cotidianas.

Nos hemos convertido en adultos con poco entrenamiento para la libertad.
Las palabras de nuestra madre cuando fuimos niños se han convertido en el espejo a través del cual nos observamos.

¿Por qué hablamos de libertad? Porque los individuos tenemos el derecho de descubrir nuestros mejores atributos para ponerlos en práctica a favor de toda la humanidad. Incluso y sobre todo si mamá o papá o algún maestro nos ha dicho que no servimos, que no somos aptos, que nunca ganaríamos dinero con aquello o que no tiene valor o lo que sea que hayamos necesitado creer.

Ese es el sentido de retomar –durante la madurez– la libertad como un recurso indispensable para entrar en contacto con quienes hemos sido y seguimos siendo en un nivel interno y poco visible aun para nosotros.

Aquí estamos hoy observándonos. Es el momento perfecto para evaluar si eso que nos han dicho, y que hemos creído cuando fuimos niños, todavía es válido.

Deshazte de tus creencias limitadoras
El mayor desafío es el peso de las creencias. Si siempre nos ha encantado la música, pero nos han dicho y hemos creído que no somos aptos para tocar un instrumento o que con la música nos hubiéramos muerto de hambre o lo que sea, es evidente que el problema no somos nosotros ni la música.

Los únicos inconvenientes son las creencias que con el paso del tiempo han calado hondo en la totalidad de nuestro ser.

Lo mismo sucede si nos creemos poco atractivos o poco inteligentes, si creemos que las cosas solo se consiguen con esfuerzo y sacrificio, o si creemos que la felicidad no es para nosotros. Sea lo que sea, se trata de creencias. Creencias que han sido dichas desde que éramos pequeños y han entrado en nuestras mentes y nuestros corazones como si fueran la única verdad revelada.

Pero resulta que no. Hay tantas verdades como puntos de vista y tantas experiencias y posibilidades como las que nos atrevamos a transitar.

No importa qué ni cómo ni dónde. Importa que nos otorguemos la libertad de ser nosotros mismos con nuestros atributos y capacidades, que nos han sido dados como regalos del cielo y que no atienden a razones ni modas ni valoraciones positivas o negativas.

Nada de lo que somos está bien ni mal. No hay nada que no podamos recuperar –sin importar nuestra edad ni nuestra trayectoria de vida– sobre todo si, en algún lugar de nuestro ser esencial, nos pertenece. Simplemente las habíamos olvidado.

Es comprensible que hayamos tenido la imperiosa necesidad de creer en las opiniones y sobre todo en los miedos de los mayores cuando fuimos niños. Pero eso ya pasó.


Ahora somos adultos y nos corresponde discriminar las creencias prestadas y cargadas de miedos del contacto con el abanico de posibilidades que se nos abre hoy.

sábado, 22 de septiembre de 2018

Convivir Con La Incertidumbre

La vida es una aventura en la que nos desenvolvemos con pocas certezas, la mayor certeza es la de que algún día moriremos, pocas son las situaciones que podremos dar por sentadas, por lo que es vital que aprendamos a convivir con la incertidumbre, a todos nos gusta sentir seguridad y confianza mucho más que sentir incertidumbre; nos gusta saber que si hacemos o dejamos de hacer algo las consecuencias serán las que pensamos y no otras; sin embargo, la vida no es tan exacta y, para bien o para mal, nos sorprenderá en numerosas ocasiones.

Asumir que no se tiene todo bajo control nos ahorrará bastantes ratos de angustia, es así, nadie puede hacer que el futuro sea justo como había planeado, si hubiera que otorgar un papel protagonista en nuestra historia, sería mejor dárselo a la esperanza en lugar de a la incertidumbre, ningún sentimiento nos puede destrozar tanto como regodearnos en la incertidumbre, esta se viste de inseguridad, miedo, pesimismo.

Si cambiamos la incertidumbre por la esperanza, tampoco tenemos por ciertos los resultados, pero estamos más motivados para seguir en la lucha, ante la falta de seguridad, tú eliges qué sentir: ¿incertidumbre o esperanza?, nadie sabe cómo va a ser su futuro, hagamos hoy lo que esté en nuestra mano, pero no llenemos este día de miedo, muchas veces nuestras decisiones se ven influidas por sentimientos como las dudas, la desconfianza, la inseguridad o los celos, a veces cometemos errores y nos comportamos indebidamente, para arrepentirnos después.

Los seres humanos, de forma absurda tratamos de controlar de una u otra manera el futuro; por lo que estamos siempre inmersos en “La Incertidumbre”, que es el hecho de no saber si lo que esperamos de nuestras vidas se concretizará, o simplemente el no saber que nos depara el mañana; este temor nos obliga a planificar, a planear cada paso de nuestra existencia, cada decisión que debemos de tomar en la vida, siguiendo normas y reglas enseñadas.

Las personas tendemos a ver en la incertidumbre tan sólo algo negativo que muchas veces queremos evitar a toda costa, cualquier cosa que rompa nuestra seguridad y que no podamos controlar nos pone en alerta, como si tuviéramos que enfrentarnos a un enemigo, es una lucha absurda, que únicamente nos desgasta puesto que la incertidumbre forma parte del día a día de cualquier ser humano y es por tanto ineludible; el futuro en sí mismo es pura incertidumbre y cada segundo que aún no hemos vivido puede llenarse de cualquier acontecimiento, esperado o inesperado, es evidente, que por mucho que nos preocupemos frente a esa inseguridad que nos ronda, no vamos a solucionarla mejor; la cuestión no es resistirse a la incertidumbre tratando de evitarla, por el contrario, la clave está en aceptarla como un regalo de la vida que está lleno de potencialidad.


Cualquier cosa que decidamos hacer en nuestra vida, necesita de un espacio de posibilidades que le permita  existir en ese futuro que aún está por construir, si no existiera incertidumbre, si todo lo que tuviera que suceder estuviera previsto y determinado, si todo ya estuviera construido, ¿qué espacio nos quedaría? ¿Dónde viviría nuestra libertad de elegir?, agradezcamos a la vida el regalo de la incertidumbre.

De Punta Contra El Clavo


“Aquellos aspectos de las cosas que son más importantes para nosotros permanecen ocultos debido a su simplicidad y familiaridad (no somos capaces de percibir lo que tenemos continuamente ante los ojos)” escribió en algún momento Wittgenstein.

Así, la cercanía, nos nubla, nos enceguece; es decir, ser parte de un ambiente determinado, con personas que vemos diariamente, en una rutina compartida e irrefutable, inmodificable, nos crea la percepción de simplicidad, de esa familiaridad de la que hablaba el filósofo austriaco.

“El mar es para los que están lejos” leí hace muchos libros atrás, quizá, esto ejemplifique el punto: los que están lejos evocan, reviven, desmenuzan el lugar en sentimientos, en sensaciones y entienden por qué quisieran estar ahí, en el mar, al que ya le dan otro significado porque lo han comprendido, han visto esos detalles que no ven los locales, porque para ellos es sólo algo que está ahí.

Sí, la mayoría de los individuos sociales entienden su realidad, porque la viven; es decir, en la práctica van consiguiéndose verdades, lógicas y razonamientos que nos sirven para identificar los signos problemáticos familiares y de país.

Entendemos de cierta manera qué es la corrupción y qué se deriva de ésta, porqué de la violencia, porqué de ciertas reformas, porqué la injusticia y demás, pero pocas veces profundizamos en el tema.

Bourdieu decía que ahí es donde entraban los estudiosos, los analistas, los expertos, etcétera, para explicar aquella comprensión empírica que tienen las personas con relación a su entorno, decir los porqués: agregar los elementos sustanciales que servirán de impulso a las verdades que se requieren para lograr cambios.

“Aquellos aspectos de las cosas que son más importantes para nosotros permanecen ocultos debido a su simplicidad y familiaridad (no somos capaces de percibir lo que tenemos continuamente ante los ojos)” escribió en algún momento Wittgenstein.

Así, la cercanía, nos nubla, nos enceguece; es decir, ser parte de un ambiente determinado, con personas que vemos diariamente, en una rutina compartida e irrefutable, inmodificable, nos crea la percepción de simplicidad, de esa familiaridad de la que hablaba el filósofo austriaco.

“El mar es para los que están lejos” leí hace muchos libros atrás, quizá, esto ejemplifique el punto: los que están lejos evocan, reviven, desmenuzan el lugar en sentimientos, en sensaciones y entienden por qué quisieran estar ahí, en el mar, al que ya le dan otro significado porque lo han comprendido, han visto esos detalles que no ven los locales, porque para ellos es sólo algo que está ahí.

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Sí, la mayoría de los individuos sociales entienden su realidad, porque la viven; es decir, en la práctica van consiguiéndose verdades, lógicas y razonamientos que nos sirven para identificar los signos problemáticos familiares y de país.

Entendemos de cierta manera qué es la corrupción y qué se deriva de ésta, porqué de la violencia, porqué de ciertas reformas, porqué la injusticia y demás, pero pocas veces profundizamos en el tema.

Bourdieu decía que ahí es donde entraban los estudiosos, los analistas, los expertos, etcétera, para explicar aquella comprensión empírica que tienen las personas con relación a su entorno, decir los porqués: agregar los elementos sustanciales que servirán de impulso a las verdades que se requieren para lograr cambios.

Es decir, entendemos –por experiencia- que tenemos una clase política corrupta, que hay ex gobernadores prófugos; otros, presos, que en gran porcentaje de los problemas de violencia tienen qué ver con la ineficiencia, el mal trabajo y la corrupción de nuestras autoridades, etcétera: conocemos los hechos, los asumimos como verdades irrefutables y sin embargo, aunque la idea de que todos los políticos son “corruptos” en este país y mentirosos, se sigue votando por ellos, se sigue confiando en lo que intuimos o creemos falso.

Pero, ¿por qué lo hacemos, por qué votamos si somos conscientes, si la experiencia nos dice lo que son? Quizá por esa simplicidad en los hechos; me refiero a que la cercanía nos hace perder de vista el análisis: decimos que son todos iguales, que no hay nada por hacer, sino aferrarse a la fe, a la creencia de que alguno de ellos no lo sea.

Se nos escapan los porqués, no los vemos, estamos muy cerca de ellos, tal vez por esa razón se dice que alguien fuera del país entiende mejor los problemas que nos aquejan.

La distancia da otra visión, mucho más desapegada y crítica: la cotidianeidad se rompe, se nulifica dado que se es partícipe de otro entorno.

¿Todos son iguales de corruptos, demagogos, ambiciosos, prepotentes, indolentes, etcétera? Quizá no todos, quizá es una cuestión propia del ser humano, quizá es la especie política en sí la podrida de origen, quizá unos son menos que otros o quizá en verdad algunos sean honestos.

Quizá, siempre nos quedamos en el quizá, en la intuición, en la experiencia, pero ¿por qué creo que el candidato de tal partido que está en la boleta es así? ¿Por qué el otro dice que él no es como su adversario? ¿Son todos iguales o es que los vemos así por esa cercanía engañosa?

El quehacer diario, la simplicidad de la familiaridad, nos oculta las respuestas que se vuelven fundamentales a la hora de decantarnos por uno u otro candidato.

La crítica, liberarse de las ataduras de la fe, el apartarse del fanatismo, preguntarse, cuestionar ideas que bien pensadas resultan inviables, realizar introspecciones, conseguir confrontar propuestas de uno u otro candidato y con la historia misma, son algunas formas de crear distancias, con la finalidad de ver los detalles, las diferencias reales entre uno u otro.



Estar Sin Estar


Como interpreto lo que me pasa en el día a día? los sucesos no suelen ser ni buenos ni malos, simplemente son.

Cuál es mi reacción ante un día de lluvia? la manera en que reacciono a lo que me ocurre responde a mi interpretación de lo ocurrido, no al suceso en sí.

Confundimos los hechos con las ideas que nos hacemos sobre ellos. un día agradecemos enormemente que el tren haya llegado con 10minutos de retraso porque esto nos ha permitido tomarlo y, otro día, esos mismos 10 minutos de más del mismo tren nos enfurecen porque van a hacer que lleguemos tarde a una reunión. 

Cuando nos enfadamos, cuando nos sentimos molestos, solemos buscar culpables, intentamos identificar qué ha hecho el otro que nos ha producido este malestar, pero no se trata tanto de analizar el comportamiento de los demás, sino de analizar nuestras propias reacciones; poner la mirada, el foco, dentro.

Nuestro bienestar (en el trabajo, en la vida) no depende tanto de lo que tenemos que hacer, sino de la actitud con la que lo hacemos.

Solemos buscar la razón de nuestro descontento, la culpa de nuestro sufrimiento, fuera, ya sea en otra persona o en las circunstancias que nos rodean. sin embargo, pocas veces son los otros el motivo. solo un 10% de nuestra felicidad depende de las condiciones exteriores, un 10%! lo que pensamos sobre nosotros mismos y sobre el mundo influye muchísimo más sobre nuestra felicidad/infelicidad que nuestras condiciones reales de vida. 

Vivimos en una cultura del tiempo que se caracteriza por el "todo, siempre y ahora". el tiempo ya no nos ayuda a establecer un orden en la vida y en el trabajo como sí sucedía antes, que las estaciones, las horas del día y de la noche marcaban los ritmos. ahora todas las barreras se han diluido, tenemos acceso a un sinfín de herramientas que nos permiten ahorrar tiempo y, sin embargo, la sensación es que cada vez disponemos de menos. 

Internet y las redes sociales nos permiten conectar con personas de todos los rincones del mundo con aficiones e intereses similares y esto es emocionante y maravilloso. a la vez, son una invitación constante a la dispersión, un runrún de fondo continuo que muchas veces acaba por hacer que no podamos escucharnos, que no nos oigamos a nosotros mismos. 

En este mundo de conexión permanente y murmullo incesante, de oferta ilimitada y siempre disponible, perdemos la capacidad para callar: hablamos mucho y no decimos nada, el silencio nos incomoda. 

Comemos pero no saboreamos, oímos pero no escuchamos, vemos pero no observamos. Es como si pasáramos por este mundo de puntillas, sin ir a fondo realmente en nada, como si echáramos un vistazo desde arriba, perdiéndonos todos los colores, todos los sonidos, todos los matices. 

Y con esta conexión y parloteo constantes perdemos también la capacidad de estar solos. una soledad que, vivida positivamente, fomenta que pensemos por nosotros mismos y fomenta la concentración. Aprendiendo a estar en silencio, a estar solos, aprendemos también a escuchar y, sobre todo, a escucharnos, nos encontramos con nosotros.

Estar en silencio nos permite darnos cuenta de lo que queremos hacer y de cómo queremos hacerlo. 

La Capacidad De Crear

La creatividad es una parte natural de la vida. No es algo que está limitado a gente especial, o que sólo sucede en determinados sitios. Con seguridad, nadie encuentra el canto del pájaro como algo antinatural o amenazante. ¿Y quién no puede dejar de sentirse cautivado por la belleza de un límpido cielo azul o un árbol de cerezo en flor? Para mí, estos son ejemplos de nuestro amor natural por la belleza y definen el verdadero espíritu del arte y de la cultura.

A menudo la vida es difícil, tiene espinas como el tallo de una rosa. La cultura florece de ese tallo. A veces parece que el mundo nos tratara como partes de una máquina y nosotros necesitamos algo que nos permita recobrar nuestra humanidad. Cada uno de nosotros tiene sentimientos reprimidos y acumulados en su interior: un grito callado que emana desde las profundidades de nuestra alma. 

El arte le da a esos sentimientos voz y forma. Libera nuestra humanidad. Es la emoción, el placer de expresar nuestra vida interior tal cual es.

Mi amigo Oswaldo Pugliese, maestro del tango argentino, fue una persona que supo combinar la creatividad con una personalidad firmemente enraizada en la realidad. "Mis dedos son tan duros como mis uñas", solía decir. "Soy sólo un carpintero que martilla sin descanso las teclas del piano."

El Sr. Pugliese nació en el centro de Buenos Aires, un vecindario en el que vivían apiñadas en edificios baratos las familias de inmigrantes. Las personas eran cálidas y afectuosas y daban rienda suelta a la libre expresión de sus emociones.

Su papá era el flautista de una banda de tango. El tango es salvaje, sofisticado, humorístico, elegante, hermoso y feroz. Sus ritmos pulsan lúgubres anhelos que no pueden ser expresados en palabras. Éste ritmo pulsaba en las venas del Sr. Pugliese. Después de un largo aprendizaje, presentándose en cines y cafés nocturnos, finalmente formó su propia banda de tango cuando tenía treinta y tres años. La banda trabajó persistentemente para crear sus propios sonidos, y fueron premiados con una explosiva popularidad. Mientras tanto, las orquestas que una vez habían sido populares y que se habían contentado con seguir pasivamente las tendencias de la época, se disolvían una tras otra.

El Sr. Pugliese le dijo una vez a los miembros de su orquesta: "Estamos navegando en un vasto océano de tango. Lo más importante es conocer las corrientes de ese océano que son las que nos llevarán al puerto de los corazones de la gente."

Creo que la gran música, como todo gran arte, tiene que venir del corazón. Si su mundo interior es débil, lo que usted puede crear será igualmente débil. La clave en la vida es sobrevivir y seguir viviendo no importa lo que pase. Una presentación musical será un fracaso, si los músicos abandonan y dejan de tocar en la mitad de la presentación. De esa manera será imposible "llegar" al corazón de la audiencia. La determinación de continuar hasta el fin es esencial tanto para la vida como para el arte.

El compositor italiano Giuseppe Verdi, al escribirle una carta a un joven que quería seguir la carrera artística, lo exhortó a no dejarse arrastrar ni por la crítica ni por la alabanza. Él continuó: " El artista debe mirar hacia el futuro, ver nuevos mundos en medio del caos, y si al final de su larga travesía puede divisar una luz diminuta, no debería temerle a la oscuridad que lo circunda. Hay que dejarlo seguir recto hacia adelante y si alguna vez tropieza y se cae, debe levantarse de nuevo y continuar su camino. Es igual que la vida. Debemos apretar los dientes y seguir caminando con coraje hacia la luz."

Este espíritu de total dedicación es la clave de la creatividad. Ciertamente, los momentos en los que siento que he hecho algo creativo, son aquellos en los que me he lanzado con todo mi corazón a efectuar una tarea, y luego he seguido adelante sin descanso hasta verla concluida. En esos momentos siento que he ganado en la lucha por engrandecer mi vida.

La expresión artística es una exploración de nuestro mundo interior. Como escribió Thoreau: "Voltea tus ojos directo hacia adentro, si así lo haces, encontrarás miles de regiones que nunca han sido descubiertas".

La creatividad significa empujar y abrir la pesada y quejumbrosa puerta de la vida. Esta no es una lucha fácil, de hecho, puede ser una de las tareas más difíciles en el mundo, un asunto de sudor y lágrimas. Porque abrir la puerta de nuestra propia vida puede ser tan difícil como abrir la puerta de los misterios del universo.


Yo creo que el arte y la cultura enriquecen al individuo, a la vez que alcanzan, comunican y acercan a la gente. La cultura no conoce fronteras, trasciende las diferencias étnicas, ideológicas o nacionales. Nos toca como seres humanos, produciendo sentimientos de plenitud y ampliando y abriendo el yo interior. Las vibraciones espirituales del artista, producen vibraciones similares en nuestros corazones. Esta es la esencia de la expresión artística.

Longevidad Humana


La persona más longeva de la historia murió a la edad de 122 años, y de aquello hace ya 20 años. Un análisis reciente de los datos demográficos globales sugiere que esa podría ser la edad máxima alcanzable por los seres humanos, y que es muy poco probable que alguna vez alguien vaya a vivir mucho más allá. A menos que la ciencia avance lo suficiente para terminar con ese problema.

En un nuevo estudio publicado por la revista Nature, el genetista molecular Ene Vijg y su equipo de la Escuela de Medicina Albert Einstein del Bronx aseguran que la vida humana tiene un límite natural, y que probablemente nunca superaremos ese máximo. Es una conclusión sorprendente teniendo en cuenta los enormes logros médicos que hemos conseguido en los últimos 100 años, y el constante aumento de la esperanza de vida. Pero como señala este estudio, los beneficios producidos por estas intervenciones y todas las cosas que hacemos para permanecer vivos y saludables solo llegan hasta esa edad. Con el tiempo nuestros cuerpos, sin importar lo que hagamos, se desgastan y expiran.

Nadie ha vivido más que Jeanne Calment, que murió en 1997 a la edad de 122 años y 164 días. Dado que cada vez hay más personas que superan la barrera de los 100 años, y teniendo en cuenta los constantes aumentos en la esperanza de vida, los científicos pensaban que su récord de longevidad se rompería con relativa rapidez. No ha sucedido. Hay una gran diferencia, al parecer, entre la esperanza de vida —el tiempo promedio se espera que una persona viva dentro de una población— y la vida útil o esperanza de vida máxima, que describe la edad máxima alcanzada por un miembro de una especie en particular.

Vijg y sus colegas echaron un vistazo en The Human Mortality Database —una herramienta de investigación a disposición del público que proporciona estadísticas globales de mortalidad y de población a investigadores, estudiantes y otros interesados en la longevidad humana. Los investigadores descubrieron que los saltos en las tasas de supervivencia se estabilizaron en torno a 1980. 

Un análisis de seguimiento con los datos de la International Database on Longevity, que incluye estadísticas demográficas de países desarrollados como los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Japón, demostró que las personas que más han vivido no han conseguido superar la edad de Calment cuando murió en 1997. Los investigadores creen que esto revela un límite natural en la longevidad.

Los modelos desarrollados por estos investigadores demuestran que las posibilidades de cualquier persona que viva mucho más allá de ese límite son escasas. “Si suponemos que hay 10.000 mundos como el nuestro, solo un individuo llegará a 125 años de edad en un año determinado”, explica Vijg a Gizmodo. “La probabilidad es de 1 entre 10.000, extremadamente remota”.

“Tendremos que descubrir algo fundamentalmente  diferente que nos permita retrasar el proceso biológico del envejecimiento para conseguir romper esta barrera. Soy optimista y creo que esto va a suceder en nuestra era”


El sociólogo y gerontólogo S. Jay Olshansky de la Universidad de Chicago está de acuerdo con estos hallazgos. Cree que muchas personas tienen la falsa creencia de que siempre podremos fabricar más tiempo de supervivencia por medio de la tecnología médica.

viernes, 21 de septiembre de 2018

El Ser Persona

"Persona", por definición, sería cualquier ser que posee subjetividad, es decir, conciencia de sí mismo y de sus experiencias. Una persona es un ser que tiene un yo. Por tanto, persona sería todo ser que tiene capacidad de sentir puesto que la capacidad de sentir implica la conciencia. Éste es el requisito a nivel fisiológico para ser incluido en el concepto de persona, en oposición a la noción de cosa. 

Lo moralmente relevante del concepto de persona está en lo que implica como tal. Es decir, una persona es un ser que, a diferencia del resto de seres, tiene un valor intrínseco. Y si un ser tiene un valor intrínseco esto quiere decir que no se lo puede tratar justificadamente como si sólo tuviera un valor instrumental. Eso sería explotación y es la razón por la cual la esclavitud es inmoral. Porque un valor intrínseco es un valor absoluto e inherente que nosotros no podemos modificar ni cambiar para nuestro gusto o conveniencia. 

Los únicos seres que pueden valorar son los seres sintientes. Sólo ellos pueden generar valoraciones (preferencias, deseos, intereses). Además, todos los seres sintientes se valoran a sí mismos (valoran su conservación, su bienestar y su libertad) aunque nadie más lo hiciera. Esto es lo que quiere decir que ellos tienen, de hecho, un valor intrínseco: un valor fijo e inherente que se dan a sí mismos necesariamente por el hecho de ser sintientes. 

Al ser sintiente también lo podemos denominar como individuo. El hecho de ser sintiente implica que uno se identifica a sí mismo (A=A) como una unidad diferenciada - dividida - del resto que lo rodea. Esto es el individuo. Y también es sinónimo de sujeto, en oposición a objeto. 

Por tanto, el concepto de persona incluye tres aspectos: 1) la sintiencia; 2) el valor intrínseco; y 3) la noción de que el individuo merece ser considerado y respetado siempre como un fin en sí mismo y nunca como un simple medio para un fin. 

La noción moral de persona y el hecho fisiológico de la sintiencia coinciden a través del principio de identidad. 

Ser sintiente = Valor intrínseco = Persona. 

La razón nos obliga a respetar a los seres sintientes. Porque son los únicos seres que tienen identidad. Mejor dicho: son identidad. La identidad (la conciencia) es lo que caracteriza esencialmente al ser sintiente. Y dado que un ser sintiente es un sujeto, y no un objeto, entonces no sería lógicamente correcto considerarlo ni tratarlo como un objeto, como una mera cosa. 

Sentir no significa simplemente "obtener información" sino procesar percepciones en forma de sensaciones, es decir, experiencias subjetivas. Eso es la conciencia: la conciencia sensitiva. En eso consiste ver, oír, oler, saborear, disfrutar, sufrir... Esto es sentir. 

Las máquinas no ven, ni oyen, ni huelen. Tampoco las plantas. No sienten. Aunque puedan detectar la luz o los sonidos, ni las máquinas ni las plantas tienen ninguna capacidad para procesar esa información en forma de experiencias subjetivas, puesto que carecen de órgano o dispositivo que pueda ejercer esa función. Sólo los animales que poseen un sistema nervioso tienen la facultad de sentir, ya que sabemos que precisamente una de las funciones principales del sistema nervioso centralizado consiste en generar sensaciones. 

El dolor es una sensación. El placer es una sensación. La imagen también lo es. Al igual que los sonidos, los olores, las texturas, los placeres. Son fenómenos físicos que existen en determinada forma de la materia. Son producto de la actividad química y eléctrica del sistema nervioso. El problema es que se trata de una experiencia privada que no se puede observar desde fuera ni medir ni cuantificar. Por eso, la única evidencia es la conciencia personal que tiene cada uno de sí mismo. Todo lo demás son siempre deducciones; no evidencias objetivas. Pero si las deducciones son lógicamente consistentes y se basan en evidencias empíricas, entonces hay que aceptarlas racionalmente. 

Sabemos con certeza que nosotros podemos sentir porque tenemos estructuras neuronales especializadas en nuestro sistema nervioso que generan las sensaciones. Y resulta que los demás animales poseen esas mismas estructuras en forma idéntica, análoga o muy similar en su sistema nervioso. Por tanto, la única conclusión razonable sería deducir que ellos sienten. Y si sienten entonces son seres conscientes. Y por tanto merecen ser considerados y respetados como personas. La sintiencia implica la conciencia. Todo ser sintiente es por ese motivo un ser consciente. 

¿Podemos cuestionar el hecho de que "ver una imagen" implica "ser consciente de la visión de una imagen"? Hacerlo sería tan absurdo como suponer que es posible sentir dolor sin ser consciente de que se siente dolor. 

Siempre que hay una sensación tiene que haber necesariamente conciencia de esa sensación. Por ejemplo, si hay dolor tiene que haber por fuerza alguien que siente ese dolor. !No puede haber dolor sin que haya alguien que le duela! El fenómeno de la sensación requiere de la subjetividad. Es por ello que entendemos que cualquier ser sintiente debe disponer, como mínimo, de una conciencia básica de sí mismo y de lo que le sucede. 

Si otros animales pueden ver, pueden oír, pueden oler,.... entonces necesariamente tienen que tener, al menos, una conciencia básica: un yo que experimenta las percepciones procesadas en sensaciones. La sensación implica conciencia (alguien-siente-algo). Esto es la naturaleza de la subjetividad. La diferencia radical entre objeto y sujeto: entre cosa y persona. 

Por otra parte, el simple hecho de ser persona no implica ninguna obligación ni responsabilidad. Sólo implica que los agentes morales respetemos su valor intrínseco, es decir, que consideremos a un ser sintiente siempre como un fin en sí mismo y no como un medio para los fines nuestros o de otros. 

La responsabilidad y obligación sólo competen a los individuos que tienen una conciencia moral desarrollada. Persona no equivale a ser agente moral. Los animales no humanos son personas, pero no son agentes morales (ni tampoco lo son todos los humanos) porque no tienen conciencia moral y es por esto que no pueden de hecho tener obligaciones ni responsabilidad, ni sería lógico pretender que las tengan. 

La Honestidad


La honestidad es una cualidad que define la calidad humana y consiste en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad, de acuerdo con los valores de verdad y justicia.

En el sentido más evidente de la palabra, puede entenderse como el simple respeto a la verdad en relación con el mundo, los hechos y las personas.
Pero no siempre somos conscientes del grado en que está presente en nuestros actos. El autoengaño hace que perdamos la perspectiva con respecto a la honestidad de los propios hechos, obviando todas aquellas visiones que pudieran alterar nuestra decisión.

En estos tiempos, cuando comentamos sobre la pérdida de valores en algunos segmentos de la sociedad, es oportuno reflexionar acerca de esa cualidad, que constituye ante todo una actitud hacia nosotros mismos.

Representa, sin dudas, una condición fundamental en las relaciones interpersonales, para lograr la amistad y la auténtica vida comunitaria. Ser deshonesto es ser falso, injusto, impostado, ficticio.

Pero sucede que se ha perdido por estos días eso que nuestros abuelos y padres llamaban dar la palabra, que no era otra cosa que comprometerse a cumplir con algo acordado, sin necesidad de firmar un papel, porque estaba de garante la honestidad.

Y es así como algunos presumen de ser muy cumplidores de la palabra que dan a otros con respecto a hacer un trabajo y luego no lo cumplen, o son reacios a pagar un préstamo, y también se muestran como personas fanfarronas que especulan con bienes que en realidad no poseen.

Quienes son honestos se alejan de la pereza y cumplen sus deberes, sin necesidad de dar pretextos o mentir para encubrir la falta de responsabilidad.

Igualmente son fieles a sus promesas y compromisos por pequeños que puedan parecer.

Tampoco se dedican a alabar a las personas para conseguir su beneplácito, ni siguen una doctrina o filosofía en la que no creen, solo por pertenecer a un grupo o ser popular. Quien es honesto acepta cuando comete un error o equivocación y no culpa nunca a alguien más por ello.

Estudiosos del tema señalan que la honestidad es uno de los valores que más genera imagen, siendo por ello esgrimida como cualidad” por aquellos que quieren ganarse el favor de los demás
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Resulta oportuno aclarar que no consiste solamente en la franqueza o la capacidad de decir la verdad, sino en asumir que la verdad es solo una y que no depende de personas o consensos.

Requiere por lo tanto un acercamiento a la verdad, no mediatizado por los propios deseos.

El filósofo Sócrates fue quien dedicó en la antigüedad mayores esfuerzos al análisis del significado de la honestidad.

Posteriormente, dicho concepto quedó incluido en la búsqueda de principios éticos generales que justificaran el comportamiento moral.

Un individuo honesto es el que actúa y habla de conformidad con lo que considera correcto, pero no hace de tales actuaciones un escenario teatral para ser reconocido por los otros.

Los buenos o malos sentimientos y cualidades no nacen con las personas, se forman mediante un proceso educativo que debe comenzar desde edades tempranas, y en el cual el ejemplo y la actitud de la familia son factores principales para lograr individuos sensibles.

Así, cada uno valorará lo que le corresponde y actuará ba­sándose en sus propios principios.


Lazos Ancestrales


Un grupo de investigadores de la Universidad Stony Brook (Estados Unidos) y del Instituto Max Planck de Ciencia de la Historia Humana (Alemania) acaba de publicar un artículo en la revista PNAS donde presentan el hallazgo del cementerio más antiguo y extenso de África oriental. 

Se trata del yacimiento de Lothagam Norte, un enterramiento monumental construido hace 5.000 años por pastores que vivieron en las cercanías del Lago Turkana, en Kenia, cerca de una región donde se han hallado los restos fósiles de los primeros ancestros del hombre. Una de las cosas más interesantes del hallazgo es que la disposición de los restos contradice mucha de las asunciones que se habían hecho hasta ahora sobre las sociedades tempranas.

Principalmente, hasta ahora se ha considerado que los grandes monumentos solo aparecieron en aquellas sociedades complejas que desarrollaron una estructura social estratificada. Sin embargo, se cree que el grupo de pastores que lo levantó formaba una sociedad igualitaria, sin estratos.

«Este descubrimiento contradice nuestras ideas sobre la monumentalidad», ha dicho en un comunicado Elizabeth Sawchuck, coautora del estudio. «Lothagam Norte es un ejemplo de monumentalidad que no está vinculado con la aparición de la jerarquía, lo que nos obliga a considerar otras narrativas del cambio social».

Una tumba para hombres iguales
Pero, ¿qué es el yacimiento de Lothagam Norte? Según han ido averiguando los arqueólogos, se trata de un cementerio comunal construido durante siglos, hace 5.000 a 4.300 años. Está constituido por una plataforma de unos 30 metros de diámetro en cuyo centro hay una importante cavidad para enterrar a los fallecidos. 

Según han averiguado, una vez que el hueco se llenó, los pastores lo cubrieron con piedras y levantaron pilares megalíticos encima, algunos de los cuales procedían de lugares situados a un kilómetro de distancia. En los alrededores, se añadieron círculos de piedras y mojones.

En total, Lothagam Norte es el lugar de reposo de 580 personas. Entre ellos hay hombres, mujeres, niños y mayores. Todos ellos fueron enterrados con el mismo tratamiento. Básicamente, recibieron los mismos ornamentos, lo que indica que se trataba de una sociedad igualitaria sin una estratificación social fuerte

Ecuanimidad


Si algún vocablo adquiere especial relevancia ante el entorno económico actual, es ecuanimidad. Literalmente significa igualdad de ánimo, imparcialidad de juicio, equidad, desapasionamiento. La ecuanimidad consiste en aceptar lo que sucede, en entender verdaderamente lo que es 'dejar pasar’, sin que ello signifique en modo alguno pasividad. La ecuanimidad no es indiferencia y está directamente asociada con apertura mental.

A nivel empresarial, la palabra ecuanimidad no hace parte del léxico habitual de los negocios. Desde luego se reconoce fácilmente cuando se actúa con la misma, pero solo ocasionalmente se encuentra incluida expresamente en los valores de las organizaciones. Johnson & Johnson, por ejemplo, la postula dentro de los mismos. Explícita o no, la ecuanimidad debe inculcarse y fortalecerse si se quiere tener una sana y sólida cultura empresarial, enfrentada siempre al terreno de lo incierto.

Sin embargo, las épocas o situaciones de mayor incertidumbre constituyen una amenaza para actuar con ecuanimidad. Ello se da por el afán de encontrar rápidas soluciones a aquello que perturba la calma. Despidos apresurados, recortes de gastos al azar, cancelación de proyectos y planes, y en general negativas a toda iniciativa que parezca no absolutamente indispensable para el corto plazo del negocio, suelen ser algunas de las manifestaciones de las épocas más inciertas. Lamentablemente, el actuar sin ecuanimidad en la toma de tales decisiones, puede significar sacrificar el futuro por apaciguar la ansiedad del presente. La productividad a corto plazo forzada por recortes abruptos, está afectando la iniciativa empresarial, según estudios del profesor Henry Mintzberg de la Facultad de Administración de Universidad de McGill en Canadá, al que hizo alusión un reciente artículo publicado por PORTAFOLIO.

Desde luego que en momentos inciertos hay que tomar decisiones, muchas de ellas difíciles y de alto riesgo. Lo importante es sopesarlas con objetividad, comunicarlas con sinceridad y anticipar sus efectos, sobre todo en el largo plazo. No decidir oportunamente, puede ser tan nefasto como la falta de ecuanimidad, al añadir a la tortura de la incertidumbre el de la indecisión.

Otra amenaza proviene de la necesidad de mantener los ingresos y el flujo de caja. Cuando éstos se disminuyen, se argumenta que todo negocio sirve, olvidando que éstos deben ser alimento para nutrir la empresa , sin exponer al sistema organizacional a digerir lo no digerible, forzándolo en aspectos económicos, financieros, operativos, logísticos, de talento y recursos humanos, etc. La madurez exige seleccionar conscientemente lo que no se debe hacer. Lo anterior no significa dejar de incursionar en nuevos negocios cuando éstos son producto de la innovación y del conocimiento, pero sí cuando surgen de la improvisación desesperada.

Caer en la tentación que ofrece el azar de enriquecerse o recuperarse económicamente, comprando y vendiendo a toda velocidad títulos valores y divisas en su impredecible volatilidad, es otra amenaza contra el actuar ecuánime y prudente, así como tomar riesgos no controlados en operaciones en moneda extranjera. Naturalmente, en esta materia cada empresa y actividad tiene características diferentes, lo cual hace que generalizar no sea una sana práctica a utilizar.

Proceder con ecuanimidad empresarial en tiempos de mayor incertidumbre requiere convicción sobre el diagnóstico particular de cada caso, pero también atenta escucha y respetuosa evaluación de posiciones diferentes, dando cabida, cuando fuere del caso, a la orientación y consejo independiente de un tercero con capacidad de análisis y criterio.

De cara a la gestión, es hora de sacar a relucir la importancia de las competencias en los ejecutivos, y premiar la innovación, el logro y su motivación, para actuar con cordura y ecuanimidad sin perder el sano optimismo ni el foco del negocio.

Elocuencia


La elocuencia es una capacidad o habilidad que tienen ciertas personas para expresarse de manera clara, concisa y directa. La elocuencia puede estar presente en el habla pero también en otros espacios como imágenes que envían un mensaje claro y evidente. La elocuencia es una capacidad muy importante para aquellas personas que hacen de la comunicación su arma laboral, por ejemplo vendedores, comunicadores, etc.

La palabra elocuencia viene del idioma latín elocuentia, que significa exponer hacia fuera. La elocuencia era para los antiguos una de las capacidades más importantes en la comunicación, especialmente siendo que la escritura estaba reservada para las clases más altas y que, por tanto, el resto de la población debía lograr comunicarse de manera clara y concisa.

La elocuencia es una habilidad, una destreza, lo cual quiere decir que uno puede fácilmente desarrollarla con la práctica. Para eso, es importante tener una idea clara y armada a desarrollar o presentar y buscar los argumentos que la hagan aún más clara y evidente para el público al cual se trata de atraer. Otra de las características de la elocuencia es la adaptabilidad que supone ante diferentes tipos de público, no sólo en el lenguaje que se usa, si no también en los modismos, en los gestos, en muchas cosas más.

En la actualidad, la elocuencia es parte importante de muchas áreas laborales así como también, por ejemplo, de la política. Se considera que un político elocuente que sabe expresar sus ideas de manera simple pero clara y que puede presentarse ante diversos tipos de público tiene muchas más chances de ser reconocido y aprobado por la gente que uno que no se maneja de manera elocuente o que muestra una actitud mucho más recelosa. La comunicación, la venta, la propaganda, la publicidad son todas áreas en las que la elocuencia también es muy importante.

Compasión Humana

La fuerza de la compasión: ese tejido invisible que sostiene el mundo
La compasión es una predisposición natural que, si se potencia, protege de las emociones destructivas y aporta serenidad a la vida.

Cada día, en todo momento, en todo el mundo, se producen millones de actos espontáneos de bondad. En el ser humano hay una tendencia instintiva hacia la bondad y la compasión que a menudo no percibimos, porque la damos por supuesta y porque los medios de comunicación tienden a dirigir nuestra atención hacia acontecimientos violentos y estridentes.

Un tejido invisible de bondad sostiene la cohesión de la sociedad, de las familias, de las amistades, de los amores. Es invisible, pero ante las turbulencias del mundo de hoy conviene recordar que está ahí.

Compasión y bondad, por naturaleza
La psicología y la neurología nos muestran, como explica el psicólogo Daniel Goleman, que el cerebro tiene una predisposición hacia la bondad. Según el ejemplo que ponía hace un siglo el científico finlandés Edvard Westermarck, al igual que no podemos evitar sentir dolor si el fuego nos quema, tampoco podemos evitar sentir compasión por nuestros semejantes.

El sabio chino Mencio lo ilustraba con la angustia y la compasión que cualquier persona en su sano juicio sentiría si ve a un niño a punto de caer en un pozo. 

Nuestra tendencia espontánea es sentirnos mal con el sufrimiento de los otros e intentar aliviarlo.


De esa fuerza natural nace el poder del amor. La empatía es la capacidad de resonar con lo que siente otro ser. Y puede acabar resultando agotadora (como a veces experimentan, entre otros, médicos, enfermeras y activistas dedicados al bien común) si no está infundida de amor compasivo y de una profunda confianza en la bondad última de la naturaleza humana.

El Hombre Y Sus Valores


La moralidad histórica se ha inclinado a exigir que el sujeto moral tenga como motivación fundamental la preocupación por el ser humano en el sentido de posibilitar su desarrollo, logrando la satisfacción de sus necesidades fundamentales. 

El humanismo, como valor, comporta la convicción ilimitada en las posibilidades del ser humano y en su capacidad de perfeccionamiento; presupone la defensa de la dignidad personal; proclama la concepción de que el individuo tiene derecho a la felicidad y exige validar el criterio acerca de que la satisfacción de las necesidades e intereses del ser humano debe constituir el objetivo esencial de la solidaridad, en la búsqueda de un mundo más cooperativo.

La solidaridad es el valor moral que expresa la necesidad de vincular la existencia individual al objetivo de potenciar la diversidad de relaciones que une a los miembros de la sociedad. Relaciones que se establecen afectuosamente entre los individuos, en función de objetivos comunes de la clase, sector, grupo, países, etc., en aras del  beneficio común; por eso adquiere también connotaciones internacionales, significando, en ese sentido, la manifestación colectivista de todas las fuerzas progresistas de la humanidad.

La solidaridad demanda la adopción de la causa del humanismo como fundamento primordial de la vida personal; admite el reconocimiento de nuestros semejantes a fin de lograr el necesario entendimiento y comprensión entre todos los miembros de la sociedad; implica la comprensión del humanismo como actitud del sujeto moral encaminada a potenciar a los más débiles; sustenta la igualación de oportunidades como condición del libre desarrollo de cada uno de los seres humanos. 

El valor moral de la solidaridad constituye un verdadero corolario de la lucha del ser humano, por hacer realidad el valor del humanismo.

El humanismo, que sólo puede plasmarse como realidad a través del ejercicio de la solidaridad, se expresa en las relaciones interpersonales en forma de colectivismo. El colectivismo, negación del individualismo fomentado por la desigualdad social, promueve la dedicación de la vida personal a ideales y objetivos que comportan la satisfacción de intereses humanos.

En su condición de valor humano, el colectivismo fomenta el desarrollo de capacidades para la ejecución de acciones conjuntas y se caracteriza por la entrega de la existencia individual a fines que tienen una significación colectiva.

Si bien es verdad que el colectivismo supone la primacía de los intereses sociales por encima de los intereses personales, esto no significa que el sujeto moral no pueda concretar sus aspiraciones individuales, pues hay que tener presente que todo interés personal racionalmente entendido, tendrá siempre un carácter social.

El colectivismo cumple el rol de aglutinador de todos los demás componentes del sistema de valores humanos, ya que expresa la esencia social del hombre, quien ha vivido, vive y continuará viviendo en colectividades sociales; expresa la esencia de los medios fundamentales de producción, basados en la propiedad colectiva sobre los mismos y aglutina en su seno el resto de los valores morales de la sociedad.


Esta última tesis se fundamenta en que los hombres realizan su actividad vital no de una manera aislada, sino en colectividades sociales y los vínculos que se establecen son de diferentes tipos: consanguinidad y en este caso nos encontramos ante la célula básica de cualquier sociedad: la familia, en la cual se sientan las bases de las relaciones colectivistas. 

Pero el vínculo también es de tipo social, político y cultural, y en este sentido se forman agrupaciones que se denominan Patria, la cual tiene un significado extraordinariamente importante en la existencia social de los hombres; ya que la conciencia social moral ha fijado, desde hace mucho tiempo la unidad del hombre y la Patria como el valor moral del patriotismo, expresión de las relaciones colectivas en este tipo de colectividad.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Caminante No Hay Camino


Todos tenemos las huellas de un pasado al cual no podemos volver, un presente que estamos formando y un futuro desconocido, incierto. ¿Qué implicaciones tiene decir esto? La primera es que no se puede volver al pasado; la segunda es que nosotros mismos tomamos la decisión de caminar y la forma de hacerlo; y la tercera es que no hay destino, no tenemos un futuro ya determinado, sino que se va construyendo con nuestros pasos del día a día
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“Caminante no hay camino se hace camino al andar” es una frase que quizá muchos conocemos por la canción Cantares de Juan Manual Serrat, cantante español con mayor apogeo en los 70´s y 80´s tanto en su ciudad natal como en América Latina, pero sin duda vigente. Sin embargo, los versos de la canción pertenecen al poeta modernista Antonio Machado también español. Esta frase pensada por Machado y retomada o popularizada por Serrat, encierra un conocimiento importante sobre la vida, del cual intentaré hablar en este espacio, a propósito de este año nuevo 2019 y fin del 2018.

Comparar al hombre con un caminante tiene un gran significado porque nos remite directamente a la vida en sí; refiriéndose a éste como alguien que transita o anda por este mundo. Caminar tiene siempre una determinada duración, tiene un inicio y un final, no podemos caminar eternamente. Lo mismo sucede con la vida, tiene un inicio y un final: un día nacemos iniciando nuestra caminata y a partir de ahí andamos hacia delante, podemos voltear a ver las huellas de nuestro pasado, pero así como el caminante no puede andar hacia atrás, nosotros no podemos regresar a nuestro pasado, sólo caminar hacia nuestro futuro y muerte, pues ésta es el fin de nuestra caminata.

Son estrofas que acompañan al verso referido y en ellas se continúa haciendo referencia a la vida comparada con un camino. El cual sea por tierra o por mar, sólo se puede ver lo ya transitado por medio de las huellas o estelas, pero no hay nada trazado adelante, sino lo que nosotros vamos formando cada día. Todos tenemos las huellas de un pasado al cual no podemos volver, un presente que estamos formando y un futuro desconocido, incierto. ¿Qué implicaciones tiene decir esto? La primera es que no se puede volver al pasado; la segunda es que nosotros mismos tomamos la decisión de caminar y la forma de hacerlo; y la tercera es que no hay destino, no tenemos un futuro ya determinado, sino que se va construyendo con nuestros pasos del día a día.

Aunque parezca innecesario mencionarlo porque de sobra se sabe que no se puede regresar al pasado, sí es necesario repetirlo porque hay quien camina mirando siempre hacia atrás. Para dos cosas se puede mirar al pasado: para anhelar los buenos momentos vividos o para lamentarse por las decisiones tomadas. Mirar hacia atrás es válido para reflexionar sobre lo que hemos hecho y. al regresar nuestra mirada, nos permite dar el siguiente paso. Pero lo que no se puede es querer caminar todo el tiempo mirando nuestro pasado, eso sólo entorpece el andar. 

Anhelar o lamentarse de lo sucedido es algo que la gente hace todo el tiempo.

Desear el tiempo de su niñez o juventud, una forma de vida antigua o algún amor pasado. Arrepentirse por las decisiones que provocaron alguna ruptura, pobreza, soledad o hasta una muerte. Así pues, anhelar o lamentarse por el pasado es absurdo porque, como se ha dicho, no se puede volver a él ni mucho menos cambiarlo; entonces se debe evitar vivir en lo sucedido.

Ser consciente de que tú eres el caminante, aquel quien da los pasos y forja su propio camino, te permite dejar de buscar culpables y justificaciones en tus decisiones. Cuando se anda no hay rastros de otros sobre nuestro camino. 

Se puede seguir a una persona o se puede caminar junto a ella, pero nunca los pasos van a ser iguales. De esta misma forma las huellas de nuestro andar no son causa de nadie más que de nosotros mismos. 

Es muy frecuente en las personas que cuando les va bien o están satisfechas con lo que son y tienen, se lo atribuyen a sí mismas; sin embargo cuando les va mal, echan culpas a todo su exterior.


Encontrar El Libro Adecuado


Me he dado cuenta de que existen muchas personas que dicen que no les gusta leer, pero llenan sus redes sociales de frases, las comparten, les dan like en instagram, las convierten en su nuevo tatuaje, o las ponen como mensaje en todas sus fotografías. 

Y además están las personas que leen cadenas, estados largos de confesiones de otros usuarios y miles y miles de tweets.

Si eres de esas personas, te hago esta pregunta:
¿De verdad no te gusta leer, o solo no te estás dando la oportunidad de encontrar algo que te gusta?

Entiendo que nuestro sistema educativo le ha quitado todo el romance a la lectura, y ha hecho que se vuelva una obligación de mal gusto, a pesar de que sus beneficios son hasta transformadores; pero si a ti te encanta leer frases, quizá hay en ti un lector reprimido que está esperando por algo que lo inspire.

Te aconsejo que hagas la prueba: si te gusta una frase, busca quién es el autor, en qué libro dijo lo que tanto te gustó y leas ese libro. ¿Quién sabe? En una de esas hasta termina siendo tu libro favorito.

Que no te importe si la portada no se ve muy bonita, o si el libro tiene más de 100 páginas. Inténtalo, que tu vida está ahí para que hagas algo nuevo cada día, y para que todo eso que hagas te ayude a seguir creciendo.


Derechos Fundamentales

El recuerdo de un viejo campo de la “minoridad”, hegemonizado por concepciones autoritarias y moralistas, puede convocar a confusiones de quienes lo miran desde lejos. Nuestra sociedad ha cambiado, la Convención sobre los Derechos del Niño tiene más de un cuarto de siglo de vigencia, el campo de la infancia no es ya el de la caridad o los “salvadores del niño”. 

Las sanciones penales que hoy se proponen derogar no se muestran en los ámbitos sociales e institucionales de protección a la infancia como tutela de ninguna vida, sino todo lo contrario. Desde la perspectiva del sistema de protección de derechos de la niñez y la adolescencia, dicha legislación no soluciona ningún problema real, sino que crea nuevos y agrava otros ya existentes.

Es por eso que entre los trabajan con chicos y chicas -en especial en los barrios, escuelas o clubes más pobres- y también entre quienes defienden sus derechos, son muchos, cada día más, los actores que apoyan los proyectos despenalizadores del aborto. Por el contrario, la resistencia al cambio proviene casi exclusivamente de quienes –con mayor o menor compromiso con esos pibes y pibas- asumen la cuestión en debate desde perspectivas fundamentalmente religiosas.

De la mano de juristas del campo más conservador, hace años que quienes resisten la idea de ampliar la legalidad del aborto voluntario agitan la bandera de una supuesta enemistad, de un enfrentamiento entre nuestra Constitución Nacional y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, por un lado, y la posibilidad de despenalizar el aborto, por el otro.

Si bien podría llamar la atención que abogados y jueces –o ex miembros de la Corte Suprema menemista, como Rodolfo Barra- que nunca defendieron al Pueblo ni apoyaron las luchas por la Memoria, la Verdad y la Justicia utilicen a los Derechos Humanos para justificar su posición, lo cierto es que habían logrado confundir a no pocos referentes o legisladores.

El debate permitió escuchar precisas explicaciones sobre el fallo “F.A.L.” de nuestra Corte Suprema, la resolución de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el caso “Baby Boy”, la sentencia de la Corte Interamericana en “Artavia Murillo” o el dictamen del Comité de Derechos Humanos de la ONU en el caso “L.M.R.”. También se divulgaron las recomendaciones y observaciones de otros organismos de Naciones Unidas como el Comité de Derechos del Niño o el Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer, que los juristas conservadores por lo general omiten u ocultan.

Tanto la Corte argentina como los organismos de protección de Derechos Humanos a nivel americano o global no reconocen un derecho absoluto o categórico de tutela del embrión en las etapas prenatales, sino que adhieren a un concepto de protección gradual e incremental de la vida en ese estadio prenatal. 

La conclusión del Derecho Internacional de los Derechos Humanos -que refuta las tesis de Barra y sus seguidores- es que la protección de la vida en formación debe ser armonizada con los derechos fundamentales de las mujeres. En otros términos: no hay contradicción entre el aborto legal, gratuito y seguro, tal como lo postulan los proyectos propuestos, y la vigencia de la Convención sobre los Derechos del Niño.

Las audiencias se han convertido en bisagra, marcan un antes y un después: los y las representantes del Pueblo en las cámaras pueden o no estar a favor de la aprobación de los proyectos, pero ahora ha quedado muy claro que los mismos no colisionan con la Constitución Nacional ni con los Tratados de Derechos Humanos, en particular la CDN. Las propuestas de despenalización son, entonces, plenamente constitucionales y convencionales.

En los diferentes proyectos despenalizadores se observa un valorable esfuerzo por regular el acceso al aborto legal y seguro de niñas y adolescentes y garantizar el ejercicio efectivo del derecho que se les reconoce.

Ese compromiso de los y las diputadas se corresponde con una realidad dramática, cada día más visible. Lo que hoy llamamos maternidad infantil forzada cambia drásticamente la vida -para mal, claro- de miles de niñas y adolescentes. Más de 3.000 de ellas, menores de 15 años son madres anualmente en nuestra Patria. Entre las más pequeñas los embarazos son causados, mayoritariamente, por abusos sexuales, violaciones. 

La sanción de una ley nacional que garantice el aborto legal y seguro es una necesidad imperiosa para las pibas, para las gurisas, para las changuitas, muy especialmente a la luz de las dificultades que se evidencian para que la protección provenga solo de guías, protocolos y recomendaciones.

Sin embargo, el mero reconocimiento del derecho puede ser insuficiente si no se prevén algunas condiciones de su posterior ejercicio. Hay un tema particularmente complejo en relación con la edad y las competencias bioéticas de las niñas, en especial con las que tienen menos de 13 años y carecen de acompañamiento de sus progenitores o directamente los mismos se oponen al aborto, muchas veces contrariando su interés superior, garantizado en la Convención y leyes locales.

Los proyectos tienen un justificado espíritu desjudicializador, que yo comparto. Sin embargo, dudo que los equipos profesionales de los hospitales u otros establecimientos sean idóneos para –en situaciones legalmente complejas- adoptar decisiones cuando haya posicionamientos contrapuestos o, al menos, no coincidentes entra la niña o adolescente y sus progenitores. 

Estimo que el procedimiento podría ser superador dando intervención a los órganos administrativos de protección de derechos previstos en la Ley nº 26.061 y que el nuevo Código Civil ha reconocido al regular las adopciones. Las Defensorías, los Órganos de Protección, los Servicios Locales –diversos nombres, conforme la organización de cada jurisdicción- pueden contribuir a superar ese tipo de tensiones escuchando a las niñas y promoviendo soluciones que respeten sus superiores intereses.

Convertir en ley la ampliación de la legalización del aborto voluntario y asegurar que el mismo se desarrolle en condiciones de seguridad es una buena noticia para nuestra sociedad y los derechos de nuestras mujeres. 

Y muy probablemente sea aún una mejor noticia para los derechos de nuestras niñas y adolescentes de toda la Patria.


Ponerse En La Piel Del Otro

Dicen que a la lectura sólo hay que dedicarle los ratos perdidos, que se pierde vida mientras se lee. Lo cierto es que, agradable pasatiempo para muchos, obligación para otros, leer es un beneficioso ejercicio mental.

Rendir culto al cuerpo está en boga, pero ¿y dedicar tiempo al cultivo de la mente? “Al igual que nos cuidamos y vamos cada vez más al gimnasio, deberíamos dedicar media hora diaria a la lectura”, sostiene el escritor catalán Emili Teixidor, autor de La lectura y la vida (Columna) y de la exitosa novela que inspiró la película Pa negre.

Favorecer la concentración y la empatía, prevenir la degeneración cognitiva y hasta predecir el éxito profesional son sólo algunos de los beneficios encubiertos de la lectura. Sin contar que “el acto de leer forma parte del acto de vivir”, dice el ex ministro Ángel Gabilondo, catedrático de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid y autor del reciente ensayo Darse a la lectura (RBA). Para Gabilondo, la lectura “crea, recrea y transforma. Una buena selección de libros es como una buena selección de alimentos: nutre”.


De la lectura de los primeros jeroglíficos esculpidos en piedra a la de la tinta de los pergaminos, o a la lectura digital, el hábito lector ha discurrido de la mano de la historia de la humanidad. Si la invención de la escritura supuso la separación de la prehistoria de la historia, la lectura descodificó los hechos que acontecían en cada época. Los primeros que leyeron con avidez fueron los griegos, aunque fuesen sus esclavos quienes narraban en voz alta los textos a sus amos. Siglos más tarde, la lectura se volvió una actividad silenciosa y personal, se comenzó a leer hacia el interior del alma. “Los grecolatinos vinculaban la lectura a la lista de actividades que había que hacer cada día”, sostiene Gabilondo. “Convirtieron el pasatiempo en un ejercicio: el sano ejercicio de leer”. Fueron los romanos quienes acuñaron el “nulla dies sine linea” (ni un día sin [leer] una línea).
¿Por qué es tan saludable? “La lectura es el único instrumento que tiene el cerebro para progresar –considera Emili Teixidor–, nos da el alimento que hace vivir al cerebro”. Ejercitar la mente mediante la lectura favorece la concentración. A pesar de que, tras su aprendizaje, la lectura parece un proceso que ocurre de forma innata en nuestra mente, leer es una actividad antinatural. 

El humano lector surgió de su constante lucha contra la distracción, porque el estado natural del cerebro tiende a despistarse ante cualquier nuevo estímulo. No estar alerta, según la psicología evolutiva, podía costar la vida de nuestros ancestros: si un cazador no atendía a los estímulos que lo rodeaban era devorado o moría de hambre por no saber localizar las fuentes de alimentos. Por ello, permanecer inmóvil concentrado en un proceso como la lectura es antinatural.


Según Vaughan Bell, polifacético psicólogo e investigador del King’s College de Londres, “la capacidad de concentrarse en una sola tarea sin interrupciones representa una anomalía en la historia de nuestro desarrollo psicológico”. Y aunque antes de la lectura cazadores y artesanos habían cultivado su capacidad de atención, lo cierto es que sólo la actividad lectora exige “la concentración profunda al combinar el desciframiento del texto y la interpretación de su significado”, dice el pensador Nicholas Carr en su libro Superficiales (Taurus). Aunque la lectura sea un proceso forzado, la mente recrea cada palabra activando numerosas vibraciones intelectuales.

En este preciso instante, mientras usted lee este texto, el hemisferio izquierdo de su cerebro está trabajando a alta velocidad para activar diferentes áreas. Sus ojos recorren el texto buscando reconocer la forma de cada letra, y su corteza inferotemporal, área del cerebro especializada en detectar palabras escritas, se activa, transmitiendo la información hacia otras regiones cerebrales. Su cerebro repetirá constantemente este complejo proceso mientras usted siga leyendo el texto.

La actividad de leer, que el cerebro lleva a cabo con tanta naturalidad, tiene repercusiones en el desarrollo intelectual. “La capacidad lectora modifica el cerebro”, afirma el neurólogo Stanislas Dehaene, catedrático de Psicología Cognitiva Experimental del Collège de France en su libro Les neurones de la lecture (Odile Jacob). 

Es así: hay más materia gris en la cabeza de una persona lectora y más neuronas en los cerebros que leen. El neurocientífico Alexandre Castro-Caldas y su equipo de la Universidad Católica Portuguesa lo demostraron en uno de sus estudios, junto a otro curioso dato: comparando los cerebros de personas analfabetas con los de lectores, se verificó que los analfabetos oyen peor.

La Ayuda Espontánea



Servir es ayudar a alguien de manera espontánea, como una actitud permanente de colaboración hacia los demás. La persona servicial lo es en su trabajo, con su familia, pero también en la calle ayudando a otras personas en cosas aparentemente insignificantes, pero que van haciendo la vida más ligera. Todos recordamos la experiencia de algún desconocido que apareció de la nada justo cuando necesitábamos ayuda que sorpresivamente tras ayudarnos se pierde entre la multitud.

Las personas serviciales viven continuamente estuvieran atentas, observando y buscando el momento oportuno para ayudar a alguien, aparecen de repente con una sonrisa y las manos por delante dispuestos a hacernos la tarea más sencilla, en cualquier caso, recibir un favor hace nacer en nuestro interior un profundo agradecimiento.

La persona que vive este valor, ha superado barreras que al común de las personas parecen infranqueables:

- El temor a convertirse en el “hácelo todo”, en quien el resto de las personas descargará parte de sus obligaciones, dando todo género de encargos, y por lo tanto, aprovecharse de su buena disposición.

La persona servicial no es débil, incapaz de levantar la voz para negarse, al contrario, por la rectitud de sus intenciones sabe distinguir entre la necesidad real y el capricho.

- Vernos solicitados en el momento que estamos concentrados en una tarea o en estado de relajación (descansando, leyendo, jugando, etc.), se convierte en un verdadero atentado. ¡Qué molesto es levantarse a contestar el teléfono, atender a quien llama la puerta, ir a la otra oficina a recoger unos documentos... ¿Por qué “yo” si hay otros que también pueden hacerlo?

Quien ha superado a la comodidad, ha entendido que en nuestra vida no todo está en el recibir, ni en dejar la solución y atención de los acontecimientos cotidianos, en manos de los demás.

- La pereza, que va muy de la mano a la comodidad también tiene un papel decisivo, pues muchas veces se presta un servicio haciendo lo posible por hacer el menor esfuerzo, con desgano y buscando la manera de abandonarlo en la primera oportunidad. Es claro que somos capaces de superar la apatía si el favor es particularmente agradable o de alguna manera recibiremos alguna compensación. ¡Cuántas veces se ha visto a un joven protestar si se le pide lavar el automóvil...! pero cambia su actitud radicalmente, si existe la promesa de prestárselo para salir con sus amigos.

Todo servicio prestado y por pequeño que sea, nos da la capacidad de ser más fuertes para vencer la pereza, dando a quienes nos rodean, un tiempo valioso para atender otros asuntos, o en su defecto, un momento para descansar de sus labores cotidianas.

La rectitud de intención siempre será la base para vivir este valor, se nota cuando las personas actúan por interés o conveniencia, llegando al extremo de exagerar en atenciones y cuidados a determinadas personas por su posición social o profesional, al grado de convertirse en una verdadera molestia. Esta actitud tan desagradable no recibe el nombre de servicio, sino de “servilismo”.

Algunos servicios están muy relacionados con nuestros deberes y obligaciones, pero como siempre hay alguien que lo hace, no hacemos conciencia de la necesidad de nuestra intervención, por ejemplo:

- Pocos padres de familia ayudan a sus hijos a hacer los deberes escolares, pues es la madre quien siempre está al pendiente. Darse tiempo para hacerlo, permite al cónyuge dedicarse a otras labores.

- Los hijos no ven la necesidad de colocar la ropa sucia en el lugar destinado, si es mamá o la empleada del hogar quien lo hace regularmente.

Algunos otros detalles de servicio que pasamos por alto, se refieren a la convivencia y a la relación de amistad:

- No hace falta preocuparse por preparar la cafetera en la oficina, pues (él o ella) lo hace todas las mañanas.

- En las reuniones de amigos, dejamos que (ellos, los de siempre) sean quienes ordenen y recojan todo lo utilizado, ya que siempre se adelantan a hacerlo.

No podemos ser indiferentes con las personas serviciales, todo lo que hacen en beneficio de los demás requiere esfuerzo, el cual pasa inadvertido por la forma tan habitual y natural con que realizan las cosas.

Como muchas otras cosas en la vida, el adquirir y vivir un valor, requiere disposición y repetición constante y consciente de acciones encaminadas para lograr el propósito. 

Equilibrio Emocional


"Una vez que sentimos el delicioso sabor del equilibrio emocional, es fácil identificar los fantasmas vigilantes que están a la espera de la más mínima presunta oportunidad para interferir con mantos de ceguera. Pues momentos como estos se convierten en decisiones importantes de vida, ya tu LUCIDEZ te invita a decidir de manera objetiva."

Los entornos confusos generados por sentimientos propios del ser humano, que entendidos bajo un razonamiento consciente no deberían tener peso ni afectación alguna a tu libre existencia. El danzar con entera libertad en el ahora llenan ese espacio de ideas y sentimientos desordenados que en momentos de falta de lucidez se encuentran vulnerables al contagio de las incoherencias existenciales de mentes borrosas con las que debemos interrelacionarnos día a día.
 
Siendo así, tu equilibrio emocional no es más frágil hoy y tampoco se vuelve víctima de las circunstancias externas, a través de nuestro encuentro propio tenemos claro que queremos y que desechamos, protegiendo de esta manera nuestro ser como el único aliado y compañero de la existencia. 

Es importante permanecer alertas y guardar coherencia, no únicamente en nuestros pensamientos si no en las acciones que cristalizan los mismos.
 
Viviremos cuidadosos de participar de las turbulencias de la vida o de actuar en ellas en consciencia por ende en COHERENCIA con nuestra verdadera esencia, ya nada la tornará obscura.

La inestabilidad emocional es sin duda alguna la más clara demostración de falta de lucidez, solo sin engañarnos y auto convencernos somos los VERDADEROS BAILARINES de nuestra hermosa canción de vida.