lunes, 2 de abril de 2018

Diversidad Somos Todos


Con lo diversos que son nuestros niños y niñas, ¿no es mejor identificar y destacar las habilidades y talentos de cada uno?

Columna de Michelle Olgui, psicopedagoga del Centro de Liderazgo Educativo de Educación 2020. 
“Lo que más me molesta, es que cuando reparten las pruebas, el profe de Matemática me dice ‘Abarca, vaya a sacar su prueba especial”.

¿Por qué niños, niñas y jóvenes tienen que pasar por esto? ¿Por qué los vulneramos tan torpemente?

Todos y todas somos distintos (¡y qué bueno que sea así!). Aprendemos por diferentes canales perceptivos y tenemos distintas biografías que nos acompañan en cada aprendizaje. Algo que poco a poco la institucionalidad comienza a tomar en cuenta.

La instalación del Decreto Supremo 170 de la ley 20.201 es el resultado de hacerse cargo de la diversidad presente en las aulas, diversidad que, o bien se obviaba, o bien se atendía desde el instinto y la vocación de algunos profesores que trataban de “resolver” el tema.

¿Qué dice este decreto? Fija normas para designar subvención especial para aquellos/as estudiantes con necesidades educativas especiales (NEE) y que pertenezcan al programa de intervención (PIE). Gracias a esto, los colegios pueden contar con especialistas como educadores/as diferenciales, psicopedagogos/as, psicólogos/as, fonoaudiólogos/as y terapeutas ocupacionales, tanto dentro del aula como en apoyo a estudiantes, padres, madres y apoderados, docentes y asistentes del establecimiento. Ellos evalúan y clasifican la necesidad educativa especial en permanente o transitoria, y designan horas para que los y las docentes trabajen colaborativamente con los especialistas.

A pesar de las voluntades puestas para que esto funcione, el PIE aún está lejos de acoger la heterogeneidad presente entre el alumnado. Los niños y niñas se sienten distintos, sienten que pertenecen a otro grupo “inserto” dentro del curso, ¿es eso lo que buscamos?

Con lo diversos que son nuestros niños y niñas, ¿no es mejor identificar y destacar las habilidades y talentos de cada uno?
El equipo de la unidad de educación especial del Ministerio de Educación pública frecuentemente orientaciones para la implementación del PIE. La última, publicada en enero de este año, es la más relevante hasta el momento, ya que establece normas sobre igualdad de oportunidad e inclusión social para educación preescolar y básica. Con esto se incorporan criterios tales como: a) la igualdad de oportunidades, b) calidad educativa con equidad, c) inclusión educativa y valoración a la diversidad, y d) flexibilidad en la respuesta educativa (decreto 83/2015).

Valoramos estas modificaciones que garantizan la calidad de la educación y que valoran las diferencias. Es importante entender que todos y todas somos distintos y, por lo tanto, nuestra interacción con el ambiente debe ser mediante diversas estrategias de enseñanza y esto NO sólo debe remitirse a las y los estudiantes que pertenecen al Programa de Integración.

Reconocer diferencias sólo en un grupo, separar según las dificultades o necesidades especiales que tiene tal o cual estudiante y establecer este tipo de decretos y orientaciones, sigue siendo un acto de segregación arraigado. El trabajo colaborativo y articulación debería ser una práctica constante dentro de las escuelas y liceos, que debería contar con la carga necesaria para aquello.

Sin duda estamos avanzando, pero todavía queda mucho por recorrer. Debemos transitar hacia valorar la diversidad, y no quedarnos en “aceptar” y “tolerar” las diferencias. Avanzar hacia la riqueza de aprender de las inmensas variaciones de habilidades que hay entre unos y otros.

Lo fundamental es entender que este cambio no lo hacen sólo los colegios, profesores o directores, sino que lo debemos hacer entre todos y todas. Valorarnos y enriquecernos con un otro, es tarea de todos y todas, cada día.


domingo, 1 de abril de 2018

Todo Nos Incumbe


Todos tenemos o hemos tenido relaciones difíciles de llevar y que, por una cuestión o la otra (parentesco, cariño, obligación laboral, etc.) no podemos deshacer, y por lo tanto estamos casi obligados a mantener. Porque, digamos, si alguien no nos gusta cómo es o cómo nos trata y no nos importa esa persona nos alejamos y asunto resuelto. El tema es cuando estas relaciones perduran... y nos lastiman.

En este caso hay dos cuestiones básicas que debemos tener en cuenta si queremos manejarnos inteligentemente en nuestras relaciones, sobre todo cuando son difíciles. La primera tiene que ver con el lugar que nos damos en la relación y, la segunda, nuestras expectativas acerca de ella y de la otra persona.
 El lugar que nos damos en la relación
A veces nos damos cuenta que nos hayamos en una relación tóxica, dañina. Nos vemos intentando relacionarnos con ciertas personas que tienen patrones de comunicación y comportamiento que nos hacen encontrarnos una y otra vez en una situación frustrante y angustiante, incluso de crisis, que terminan por hacernos reaccionar de una manera que no nos gusta y nos deja mal parados ante nosotros mismos. Por mucho que, incluso, pueda haberse hablado, por las muchas razones que se hayan intentado, concretamente volvemos una y otra vez a encontrarnos con situaciones de celos, culpas, cargas que no nos corresponden, quejas, etc. etc. etc.

También puede pasar que la persona en cuestión haga promesas con respecto a tener una actitud diferente que nunca cumpla. Y acá un poco el segundo punto.

Nuestras expectativas
Cuando las relaciones son con personas que nos importan, porque son nuestros padres o pareja o amigos muy íntimos, siempre les damos el beneficio de la duda, no porque hayan demostrado ser confiables, sino porque deseamos profundamente poder relacionarnos de una manera más amorosa y sana con ellos... y ahí nuestra debilidad. No porque no se les pueda dar nuevas oportunidades a las personas que amamos, sino porque de alguna manera creemos que sin cambiar nada todo va a modificarse mágicamente sólo porque lo deseamos mucho.

¿Entonces no hay más remedio que cortarlas o padecerlas?
En realidad hay algo que podemos hacer. Ya les di una clave en el título de esta publicación. Y tiene que ver con tomar protagonismo en nuestras relaciones. En lugar de aceptar pasivamente la propuesta que nos impone, explícita o tácitamente, el otro (en este caso que hablamos, tóxica), empezar a decidir qué tipo de relaciones queremos tener, alimentar y mantener. Si las relaciones que tenemos están planteadas en determinados términos y no nos gustan, tenemos que ir pensando en plantear nuevos.

Es decir, sólo permitir relaciones sanas en nuestra vida, para ambas partes. Y, muy importante, actuar en consecuencia. Porque si solo lo planteamos pero seguimos actuando de la misma manera que antes, adivinen qué, va a seguir sucediendo lo mismo.

Y en cuanto a las expectativas. Nuestro deseo de creer. No quiero resultarles pesimista pero... la gente en general no cambia, menos si ha tenido buenos resultados con ello (es decir, por ejemplo, si siempre fue caprichosa y le cumplieron con sus caprichos para evitar "problemas" o "para mantener la fiesta en paz" ¿Por qué va a dejar de serlo?) La tendencia es que se perfeccione en más de lo mismo. Salvo que haya realmente un despertar interno donde la persona busque un cambio desde adentro...la gente no cambia. Y esto lo digo para que despertemos de nuestra fantasía de que las cosas van a ser diferentes sin hacer nada para que eso suceda.
Entonces, si el o la otra persona no va a cambiar, ¿Qué es lo que queda por hacer?

No podemos cambiar a los demás, pero lo que sí podemos hacer, lo que sí está en nuestro poder, lo que es realmente nuestra responsabilidad, es decidir cuál va a ser nuestra respuesta a la propuesta que nos hagan y tener, a su vez, una propuesta propia.

El cambio está en nosotros. Las relaciones necesitan por lo menos de dos personas. La respuesta está entonces en tomar nuestro lugar y, si es necesario y la otra persona no está capacitada, tomar las riendas de la relación.  Aceptar lo que es aceptable y no permitir lo que no lo es. Querer al otro sí, pero sin olvidarse de uno. Y saber y tener bien en claro que haremos lo que esté en nuestras manos, lo mejor que nos salga y el resto... depende de la otra parte.
Parece fácil decirlo pero no tanto hacerlo ¿Verdad?
Si trabajamos en tener un eje fuerte, una mente despejada y un corazón compasivo (que nos incluya,) todo esto va a ser más sencillo. Vamos a tener las cosas más en claro, la fuerza y determinación para poder hacerlo y la comprensión necesaria para que nuestras decisiones sean acordes a formas más sanas y amorosas de relacionarnos.

Lo digo y lo vuelvo a repetir mil veces, tenemos más poder sobre nuestras vidas del que creemos o nos hicieron creer... sólo hay que descubrir cómo realizarlo... en todas las áreas de nuestra vida.



Tomar La Iniciativa


Muchos de los conflictos y sufrimientos que experimentamos en las relaciones de amistad tienen que ver con la falta de iniciativa y con las expectativas equivocadas. Cuando priorizamos el deseo de que un amigo tome la iniciativa de contactar con nosotros estamos alimentando nuestro ego. 

En realidad, si lo que nos importa es saber de ese amigo y que esté bien, lo que importa es el contacto y que luego exista entre ambos una disposición de interés para quedar.

Dejar de tomar la iniciativa por estar cansado de tomarla siempre uno mismo es un sentimiento muy humano y, sin embargo, puede producir efectos negativos en las relaciones de amistad ya que deberíamos valorar más cómo nos sentimos cuando estamos en compañía de ese amigo, qué grado de confianza existe, qué aporta esa persona a nuestra vida, cómo responde a nuestras iniciativas. Valorar estos detalles nos permite tener una visión más global de la relación de amistad sin quedar anclado únicamente en el deseo de que la forma de contacto fuese distinta.

Por otra parte, cuando experimentamos un malestar de este tipo también podemos cometer el error de callarnos esperando que sea el otro quien se dé cuenta de aquello que nos hiere. Si te gustaría que tu amigo tuviese más iniciativas de contactar contigo, puedes explicarle claramente tu necesidad no como una exigencia sino como un deseo que te haría bien en tanto que la amistad es colaboración.

Tomar la iniciativa de proponer nuevos planes, tener detalles con el otro y resolver asuntos pendientes es un aprendizaje para el que hay que ir ganando libertad interior poco a poco para ser cada vez más tú frente al otro.

Además, a veces, juzgamos los hechos externos sin analizar qué hay más allá de ellos mismos. Existen personas que por su carácter tienen más dificultades para tomar la iniciativa o también, dependiendo de las circunstancias personales un amigo que tiene muchas relaciones sociales y muchas obligaciones puede tener más dificultad para contactarte sin que ello implique que no se alegre de verdad cuando tú le llamas por teléfono para quedar.

A veces quedamos enredados en circunstancias superficiales que pueden afectar de verdad a la profundidad de la amistad. Evidentemente, si siempre es uno mismo quien toma la iniciativa de contactar y el otro nunca se molesta en hacerlo, puede que algo falle. Sin embargo, lo más frecuente es que exista un desequilibrio en el modo de contacto, que sea uno quien tome la iniciativa. De lo que se trata es de relativizar esta circunstancia porque si le damos un peso desmedido podemos llegar a perder buenas relaciones.


Cada persona muestra su cariño a su modo. Puede que un amigo tome la iniciativa de contactar más pero también puede que el otro tenga detalles de otro tipo que conviene saber apreciar.

Superar Nuestros Defectos

Es común que a las personas les resulte relativamente sencillo juzgar las actitudes y los comportamientos de aquellos a quienes tienen a su alrededor. Es así que, cuando vemos a alguien hacer algo que no nos gusta o que consideramos incorrecto, nos damos cuenta al momento de su error. 

Esto supone, muchas veces, que elaboremos un juicio de esa persona bastante tajante. Y esto puede llegar a suceder con un sólo vistazo. ¿Juzgamos muchas veces a la ligera, entonces? ¿Por qué nos resulta tan fácil encontrar los defectos de los demás? ¿Podemos ver los nuestros igual de rápido?

Evidentemente, si lográsemos ver en nosotros mismos todos los defectos que somos capaces de encontrar en otras personas, nos resultaría mucho más sencillo realizarnos como personas y controlar nuestras actitudes. Sin embargo, conocerse a uno mismo no es una tarea fácil. Es difícil y, además, necesario para sentirnos a gusto con nosotros mismos y para no cometer errores.

Sin duda alguna, resulta complicado intentar separarnos de nuestro cuerpo mientras estamos conversando o realizando alguna actividad para así poder vernos desde fuera y ser capaces de juzgarnos objetivamente. Aunque podemos intentarlo, hay otros modos, a priori más sencillos, de analizar nuestro comportamiento.

Todos somos seres humanos. Esta afirmación nos equipara a un mismo nivel y nos define como seres no perfectos y que, por tanto, se equivocan y cometen errores. Es por esto que los errores que cometen nuestros semejantes son los mismos errores que cometemos nosotros. ¿Qué mejor modo, pues, de conocernos a nosotros mismos que observando a las personas que nos rodean?

Veamos un caso práctico: Nos cruzamos por la calle o en la oficina con una persona que conocemos y nos saluda fríamente. Esto nos molesta. Lo normal es que la juzguemos negativamente y nuestros pensamientos acerca de esa actitud no pasen de ahí. Por lo tanto, si nos ha molestado ese comportamiento, como somos todos semejantes, significa que si yo actúo de ese modo otras personas pueden sentirse ofendidas. ¿Por qué no nos proponemos, entonces, saludar siempre cálidamente, con una sonrisa? La misma conclusión podríamos extraer si sentimos que una persona es egoísta, soberbia o narcisista.

Debemos extraer cada una de esas actitudes negativas e interiorizarlas como una norma a no seguir. Si hacemos esto, aparte de descubrirnos como seres humanos podremos convertirnos en mejores personas, lo cual conllevará que los demás sientan respeto y cariño hacia nosotros y, asimismo, una mayor aceptación social.


Podemos decir, entonces, que el mejor espejo que podemos utilizar para conocernos a nosotros mismos son las personas.

Confianza En Sí Mismo


La confianza en sí mismo es una actitud que permite a los individuos tener una visión positiva acerca de ellos mismos.

Las personas que confían en sí mismos creen en sus habilidades, sienten que tienen control sobre sus vidas y creen que son capaces de hacer lo que planean y esperan.

Tener confianza en sí mismo no significa que se pueda hacer todo. Las personas que confían en sí mismas tienen expectativas realistas. Incluso cuando sus intereses no se cumplen, ellos continúan siendo positivos y aceptan su manera de ser.

Las personas con baja confianza en sí mismas  dependen excesivamente de la aprobación de los demás para sentirse bien con ellos.  Tienden a evitar los riesgos  ya que tienen miedo a fracasar.  En general, no esperan ser exitosos  o que les vaya bien. En contraste, las personas confiadas en sí mismas están dispuestas a ser desaprobadas por los demás  porque confían en sus propias habilidades. Tienden a aceptarse  y sienten que no deben complacer a otros para ser aceptados.

La confianza en sí mismo no es necesariamente una característica general que abarque todos los aspectos de la vida de un individuo. Frecuentemente, una persona puede sentirse confiada en algunas áreas de su vida (por ejemplo, en lo académico) mientras que en otras áreas se sienten poco confiados (por ejemplo, en relaciones sociales).

¿Cómo se desarrolla la confianza en sí mismo?

Muchos factores están relacionados con un adecuado desarrollo de este aspecto. La actitud de los padres es uno de los factores que influye en los sentimientos que posteriormente tienen los hijos de sí mismos. Cuando los padres proveen  suficiente apoyo a los hijos, promueven el desarrollo de sentimientos positivos y confianza en ellos.

La falta de confianza en sí mismo no necesariamente se relaciona con falta de habilidad. Más bien, es el resultado de centrarse en expectativas poco realistas y en los estándares de los demás. Los estudiantes examinan sus valores, desarrollan su identidad y además son particularmente vulnerables a la influencia de los pares y los valores sociales.


Apretar Los Dientes y Continuar

Cuando me entra la desesperación por la situación actual del Mundo, la rabia y la indignación me pregunto si poniéndome desesperado, rabioso e indignado ayudo a que esta realidad cambie y la verdad no, no ayuda.

Creo que sí es válido y necesario ser crítico, reflexivo y no “quitar el dedo del renglón”, pero ser insistente, negativo, “azotador”, criticón, violento, hiriente, no ayuda mucho ni a mí ni a los demás ni al Mundo.

Quisiera poder hacer todo esto desde una emoción reparadora, constructiva y generadora de verdaderas transformaciones personales y colectivas. 

Hago mi esfuerzo al tratar de encontrar mi propia voz, al perfilar los dilemas y sus soluciones, al exponerlos públicamente y tratar de accionarlos.

Hago mi mejor esfuerzo al dejar las posibles soluciones por escrito y compartirlas con el resto de los seres humanos. Aunque a veces se me olvide lo que es realmente vital y regrese a la rabia, demasiadas veces para mí gusto, trato de reubicarme a diario, de vigilar mis pensamientos, emociones, palabras, actitudes, como quien mira con atención el faro luminoso en la oscuridad y se dirige a él. Sé que el Norte está en la construcción de soluciones globales y locales, también individuales, desde la no violencia y la paz, tratando de no caer en la actitud de víctima de las circunstancias. 

A mí tampoco me gusta lo que está pasando en el Mundo, pero la violencia sólo generará más violencia, la división social sólo generará más sufrimiento y el odio sólo generará más odio. 

Como bien dijo Matasiete Ricard: “Si buscamos la felicidad en el sitio equivocado, estaremos convencidos de que no existe cuando no la encontremos allí”.


Mantener La Actitud Correcta


Existen diversas fórmulas para alcanzar los logros que nos proponemos en nuestras vidas. De hecho, necesitamos de ciertos estímulos para dar el máximo en nuestras labores y responsabilidades diarias, y también ofrecer lo mejor de nosotros en nuestra vida personal. 

La actitud no es más que la forma en cómo reaccionamos y las expectativas que tenemos de la vida.

 Es por esta precisa razón que necesitamos mantener una actitud adecuada –buenas expectativas—sobre las distintas actividades, responsabilidades y retos que tenemos.

Si alguien nos preguntara cuales son los elementos que  necesitamos para mantener siempre una buena actitud, esto sería algo que todos diríamos de diversas formas.

No obstante, el hecho de que hayamos pensado en esto antes, nos faculta para que veamos y comparemos que siempre, cuando pensamos positivamente y tenemos una actitud adecuada hacia el trabajo, la familia, los amigos y todo el entorno con el que nos relacionamos, los resultados siempre serán buenos a pesar de que la situación como tal no lo sea.

Para mantener una actitud positiva lo primero es que nosotros mismos debemos estar conformes con nosotros.

De hecho, necesitamos ser positivos para mantener una adecuada actitud ante las cosas. La clave para mantener una actitud correcta consiste en siempre hacer que las cosas queden bien, ocuparnos en vez de preocuparnos y establecer buenas relaciones con los demás.

Esperar siempre lo mejor de las cosas es lo que produce buenos resultados para nosotros.



Renovar Nuestros Bríos

Es un tema básico para iniciar una estrategia de cambio, y que seguramente te dará nuevas ideas para plantear nuevas Estrategias para tu renovación personal.
¿Sabes identificar las señales que te dicen que es tiempo de renovarse? ¿Qué implica la renovación personal? ¿Qué pasos se deben seguir? Es importante que te des cuenta del momento en que necesitas renovar tus recursos internos, aunque en ocasiones te suceda que por ir demasiado de prisa a donde quieres llegar, dejas de ver los indicadores de que es tiempo de hacer un alto en el camino.     
No sea que te suceda como  el cuento del leñador, quien se propuso firmemente ser el mejor del lugar, así que el primer día tomó su sierra y logró talar 15 árboles en una jornada, muy emocionado, al día siguiente se levantó más temprano y se propuso elevar el número de árboles talados, sin embargo logró terminar  sólo 10, sorprendido por esto, al día siguiente llegó aún más temprano y se esforzó por hacer el trabajo más rápido que lo normal, sin embargo pasaron los días y por más que se esforzaba por aserrar más rápido y con más fuerza, cada vez su desempeño era peor, pues talaba menos arboles, a pesar de que le dedicaba más tiempo y esfuerzo a esa actividad.   Esto era incomprensible para él, hasta que otro leñador le preguntó ¿Te has dado tiempo para afilar la sierra? Entonces descubrió que estaba trabajando con una herramienta ya casi inservible.  Nunca se dio tiempo para renovarse.
Eso hacemos en ocasiones con nuestra persona, queremos rendir y ser más productivos, pero no nos damos cuenta que estamos desgastándonos, en nuestra salud, usando herramientas obsoletas, o tratando de aplicar estrategias que ya no dan los resultados que esperábamos para nuevas situaciones, o no nos damos tiempo para descansar y desconectarnos del trabajo, etc.  
La falta de renovación es como olvidarnos de poner gasolina al coche, tarde o temprano nos quedaremos sin movimiento.  La naturaleza nunca perdona la falta de cuidado que tengamos con nuestro cuerpo y nuestra mente.     
No nos damos tiempo para renovar nuestras capacidades,  simplemente tomamos el camino y nos vamos de frente sin “afilar la sierra” y terminamos cansados, enfermos y desgastados.


No Te Deslumbres


Inmersos como estamos en la novedad continua, en el tener que estar a la última entre tanta oferta distinta, demasiado a menudo nos encontramos con artilugios, teorías, artículos, personas... que pretenden causar un efecto inmediato en nosotros. El mensaje que se transmite (si lo hay) no importa tanto como la forma de presentarlo y cuanto más impacto cause ésta, mejor.

De la misma manera lo que deslumbra atrapa la mirada por la parafernalia que utiliza y el exceso de luz ofusca la visión, pero es algo que no perdura, se desvanece casi en el mismo instante de ser producido, se agota en sí mismo al resaltar la obviedad y sin aportar nada necesario, depende de la apariencia más que de la esencia, no propicia el análisis profundo, el buscar otra perspectiva o cuestionar la existente.

La sensación que produce es como la de ir conduciendo por una carretera oscura y, de repente, encontrar a un conductor de frente con las luces largas puestas. Esa luz más que dejarte ver, te ciega por momentos, te paraliza o desestabiliza un segundo hasta que consigues recuperar la visión normal y continúas la marcha.

Lo superfluo caduca rápido y necesita constantes recambios que garanticen una presencia perenne para no sucumbir al olvido de aquellos que se vuelven desmemoriados y exigentes. Y es por esto que necesitamos la novedad continua y la estimulación constante.

Lo que ilumina, por el contrario, deja ver todo alrededor, hasta las sombras que produce, transforma lo complicado en sencillo (no hay nada más difícil de conseguir que la sencillez), nos hace reflexionar, analizar, enciende la chispa que hay en nosotros y nos impulsa a aprender y a mejorar.

Vuelves a la lectura de ese libro, al mensaje de esa película, a las enseñanzas de esa persona... lo que ilumina obtiene un "éxito" quizá más lento o sutil, pero permanece y su mensaje, lejos de perder vigencia, se enriquece con el tiempo.

Dale valor a todo lo que haces cada día, que perdure e ilumine a tu alrededor.

El Corto Hilo De La Cometa


Entre 1752 y 1914, las cometas fueron utilizadas como objetos científicos en diferentes ramas de la ciencia y la tecnología. En primer lugar, como dispositivo experimental en la física del XVIII para probar la naturaleza eléctrica del rayo. 

Luego como modelo teórico en la mecánica racional durante el siglo XVIII. A lo largo del XIX, la cometa se convierte en objeto tecnológico, al desarrollarse diseños especializados para su uso en la observación meteorológica (elevando instrumentos de medición). Por último, las cometas fueron utilizadas como modelo a escala en la naciente ingeniería aeronáutica, para perfeccionar el desarrollo del ala, durante la segunda mitad del XIX y principios del XX. 

La cometa no se consolidó dentro del acervo científico de estas disciplina en ninguna de estas cuatro categorías (dispositivo experimental, modelo teórico, instrumento auxiliar, modelo a escala), de forma que la cometa no es reconocida hoy como objeto científico, salvo por una minoría de especialistas.

La cometa inicia su vuelo como dispositivo experimental con el famoso experimento de Benjamín Franklin en 1752 para descubrir la naturaleza eléctrica del rayo. Este resultó lo suficientemente cautivador como para que, una vez agotado su interés científico, los aficionados a la física recreativa lo siguiesen practicando como divertimento en el siglo XIX. 

Movido inicialmente por mejorar el dispositivo de Franklin, Johann Albert Euler desarrolló en 1758 modelos mecánicos para poder elevar una cometa a mayor altura. Sin mayor repercusión científica, estos modelos tuvieron también una posteridad didáctica, a modo de ilustración, en manuales de física recreativa durante más de cien años.

En 1896 se comienza a usar la cometa como dispositivo de elevación de instrumentos de medida meteorológico. Esto propulsa el desarrollo tecnológico de la cometa, adquiriendo formas demasiado complejas para un simple juguete. Fueron estos desarrollos los que propiciaron, a partir de 1898, el uso de cometas como modelos a escala para probar formas de ala, en los primeros días de la aviación. Sin embargo, la aparición de alternativas más eficientes abortó la investigación sobre cometas.

Esta tesis analiza la biografía de la cometa como objeto científico y tecnológico fracasado. Para ello se parte de la noción de objeto científico de la filósofa e historiadora Lorraine Daston, con el fin de para disponer de un concepto lo suficientemente general para dar cuenta de las múltiples funciones científicas que desempeñó la cometa. 

Daston nos propone analizar la capacidad de un objeto para organizar la investigación científica a partir de cuatro características: su notoriedad, su novedad, su productividad y su institucionalización. Es decir, en qué medida un objeto capta la atención de los científicos y es capaz de generar resultados interesantes y perdurables.


En segundo lugar, pretendo explicar por qué la cometa desaparece, es decir su fracaso. Para caracterizar el fracaso (y, por extensión, el éxito científico) adopto el enfoque que el filósofo e historiador de la ciencia Thomas Kuhn expone en el epílogo de La estructura de las Revoluciones Científicas (1969): el éxito de un objeto científico sería incorporarse al paradigma sobre el que se articula una ciencia normal. 

La cometa no lo logró nunca, lo cual, a nuestro juicio, se explica principalmente a su falta de productividad de resultados teóricos y experimentales, en comparación con otros objetos con los que entró en competencia.

El Paso Del Tiempo


Se dice frecuentemente que lo único real es el presente, pues el pasado ya no existe y el futuro está por venir. Hay una lógica en esta observación, pero es una lógica primitiva, pues los tiempos son totalmente interconectados e interdependientes.

 Es cierto que el presente es la única realidad práctica, pero también es verdad que es en este instante que se insertan el pasado y el futuro. En la dimensión temporal actual, el pasado recibe el nombre de memoria y el futuro tiene varios seudónimos como sueño, deseo, miedo y esperanza.

 El futuro no es algo que va a existir. El futuro existe ahora. A propósito, el futuro sólo existe en el presente, porque, cuando en futuro, el futuro será presente y dejará de ser futuro.

 Parece obvio, pero escapa a la percepción cotidiana de la mayoría de la gente. Y también escapa el hecho de que el futuro se volverá presente y, cuando ocurra, será mejor o peor, dependiendo de las medidas tomadas en el presente, en este exacto momento.

 En otras palabras, vivimos únicamente el presente, pero estamos fuertemente conectados al pasado que nos enseña y al futuro que nos motiva. Vivir es estar atado a esa tríade temporal, dulce o amarga, dependiendo de la conciencia de cada uno. Reatar con el tiempo es la verdadera sabiduría. 

Sin embargo, “la sabiduría no se trasmite, es necesario que la descubramos haciendo una caminada que nadie puede hacer en nuestro lugar y que nadie nos puede evitar, porque la sabiduría es una manera de ver las cosas”, también dice Proust.

De hecho, la sabiduría es una manera de ver las cosas, y exige intención, disposición y valor. 

El problema es que desarrollamos esas tres cualidades en diferentes épocas de nuestras vidas, por ello la madurez a veces tarda, pues depende del tiempo. Este mismo tiempo que exige madurez para ser bien elegido y controlado, en otras palabras, para ser muy bien vivido.


Cuando Arrecia La Tempestad



Cuando alguna vez escriba o aprenda a escribir con precisión las sensaciones, podré decir, por ejemplo: “nada se parece tanto a un refugio como la comprensión del otro”.

No importa a cuento de qué, pero sí importa esto: los hombres prueban el fuego sagrado en el exacto momento en que consiguen pararse un sólo segundo en el lugar del otro, y le echan una mano.

No por piedad ni misericordia, sino por convicción.

Los amores que nos hacen padres, los que nos conmueven al punto de volvernos estúpidos, el abrazo del padre, el silencio de la madre, los hijos corriendo en el patio, son las razones que nos motorizan a  vivir. Son las causas y las razones que le dan sentido a nuestra existencia.

Pero aquellos que saben decirnos la parada del trole que hay que tomar, aquellos que nos convencen sanamente de continuar una lucha cuando el objetivo se va desdibujando, aquellos que son iguales en el escenario y apenas levantados de mal humor, esos son los que le dan aceite a nuestra máquina. Y nos dignifican como especie.

Ojo, no hablo necesariamente de  amigos, que son esos que están en las malas. En las buenas también, claro, por eso suelen ser amigos.

Hablo de los otros, que a la postre terminan siendo amigos casi siempre, pero que alguna vez,  cuando arrecia la tempestad y el sudor de la incertidumbre gotea en nuestras camisas, es ahí, exactamente ahí, donde  muestran su elemento, sin que lo esperemos de ellos. Sin ninguna obligación de hacerlo.

Y en el éxodo, y entre la multitud que huye de la lluvia, y  mientras vemos huir a todos por temor,   comodidad,  prejuicios, o simplemente  indiferencia, siempre queda alguien que  está  mirando y te da la mano para que te levantes, y sigas.
De hipócritas abrazos, de falsas promesas, de inoportunos abandonos, de traiciones inesperadas está escrita buena parte de la historia de la humanidad. 

Pero la otra parte, la que nos obliga a ser mejores, se escribe casi exclusivamente por aquellos que suelen ser capaces de leer la necesidad del otro; por aquellos que perdonan lo que algunos consideran imperdonable en la ausencia de perspectiva, los que dan libertad sin pedir peaje en la puerta, los que guiñan un ojo cuando no sabemos que hueco del laberinto tenemos que tomar. Los que van a llevarte nafta en un bidón cuando el tanque se quedó seco en plena noche, en plena y oscura soledad. Aquellos que se quedan solos mirándote, mientras el éxodo se consuma.

Mi madre suele decir que todo vuelve, y la vida me ha convencido de que es efectivamente así.

Y que tiene sentido ser honesto. Y que vale la pena ser buena gente. Y que serlo, te asegura que lo sean con vos. Aun mordiendo la bronca de las ingratitudes y las decepciones. Siempre ser buena gente será conveniente.

No importa por que escribo estas líneas, ni creo que necesite explicarlas: todos alguna vez sentimos la tempestad rugiendo a nuestro alrededor, y encontramos refugio.


Se trata de celebrar los refugios en las tempestades. Y agradecerlos

sábado, 31 de marzo de 2018

Libertad De Pensamiento


Defendemos la libertad de expresión, aunque no tenemos costumbre de pararnos a pensar si tenemos libertad de pensamiento. Entendiendo a esta como la oportunidad de tomar una decisión libre y meditada con la que elijamos nuestros valores sin condicionamiento cultural, político, social ni económico.

Desde que nacemos, lo habitual es que las personas que nos cuidan traten de hacernos partícipes de su manera de pensar. Pueden hacer esto de una manera abierta, manifestándolo directamente, o indirecta, solo permitiéndonos contacto social con las personas que siguen su misma línea de pensamiento y no hablando demasiado bien de las que se oponen.

Es difícil saber si somos libres para pensar. Lo cierto es que estamos condicionados por lo que hemos vivido y habitualmente lo tomamos como punto de partida para construir el resto del mapa que configuran nuestros pensamientos. Así, este condicionante ha penetrado tan hondo en nosotros que puede costarnos una gran cantidad de esfuerzo y tiempo determinar cuánta y cómo ha sido su influencia.

Esto significa que es difícil opinar o pensar de una manera distinta a la que estamos acostumbrados. Hacerlo probablemente supondría poner en cuestión otros aspectos que van más allá de la parcela que nos ha elicitado ese pensamiento. Sería como arriesgarnos a que ocurriera un pequeño o gran terremoto.

Sin embargo, pensar libremente sería “salirse” de cualquier opinión o forma de vida conocida, cuando en realidad, estamos acostumbrados a coincidir y agruparnos en semejanza de opiniones. Bien mostrando acuerdo hacia lo que piensan “los nuestros” o bien mostrando desacuerdo hacia lo que piensan “los otros”.

Sin duda, nuestros progenitores fueron un referente -bueno o malo- en algún momento. Así aunque más tarde, nos desmarquemos de lo que nos enseñaron, siempre quedará en nosotros esa forma particular de ver la vida nuestros padres nos enseñaron. Podemos diferenciarnos mucho de ellos respecto a tendencias o matices, pero si buscamos en nosotros mismos, encontraremos valores, opiniones, sentimientos y actitudes, que reconoceremos en ellos también.

Esto también nos condiciona para no ser “libres” pensando. No partimos de “cero”, sino desde una educación y de unas vivencias de la infancia que nos predisponen para enfrentar el resto de acontecimientos que se nos presenten.

Por otro lado, desde la infancia, todo nuestro contexto social, cultural, político y familiar, nos transmite claramente lo que se espera de nosotros. Es decir, nos van indicando cual es nuestro sitio, o lo que es lo mismo, el lugar que la vida espera que nosotros ocupemos.

Por otro lado, crecemos inmersos en una cultura, con sus ideales y formas particulares de vivir. Sin duda, esto es lo que en gran medida nos aporta cierta seguridad y bienestar, ya que lo hemos hecho así durante muchos años y al final hemos creado una manera particular de identificación.

En muchos casos, no nos atrevemos a romper la “zona de confort” en la que hemos crecido, ya que nos aporta protección y comodidad. 

Nos quedamos quietos a pesar, de que a veces no nos sintamos dueños de nuestra vida, sino parte de una tradición o forma de vivir “que siempre fue así”.

Ser libre de pensamiento significa ser diferente a la mayor parte de las personas que te rodean, sentirse un “bicho raro” y, asumir que no vamos a coincidir de manera absoluta con nadie. Significa entender que ese precio, que en determinadas ocasiones nos puede parecer muy grande, es el que tenemos que pagar por configurar nuestra propia identidad.

Para ello, te animamos a salir de tu zona de confort, a romper y cuestionar las tradiciones de toda la vida, ser creativo para atreverte a pensar diferente y no a favor o en contra de las posturas más conocidas. Es en esta determinación donde reside tu libertad.

Trastornos De Personalidad


La personalidad puede sintetizarse como el conjunto de características o patrón de sentimientos y pensamientos ligados al comportamiento, es decir, los pensamientos, sentimientos, actitudes y hábitos y la conducta de cada individuo, que persiste a lo largo del tiempo frente a distintas situaciones distinguiendo a un individuo de cualquier otro haciéndolo diferente a los demás.

La personalidad persiste en el comportamiento de las personas congruentes a través del tiempo, aun en distintas situaciones o momentos, otorgando algo único a cada individuo que lo caracteriza como independiente y diferente. 

Ambos aspectos de la personalidad, distinción y persistencia, tienen una fuerte vinculación con la construcción de la identidad, a la cual modela con características denominadas rasgos o conjuntos de rasgos que, junto con otros aspectos del comportamiento, se integran en una unidad coherente que finalmente describe a la persona.

Ese comportamiento tiene una tendencia a repetirse e a través del tiempo de una forma determinada, sin que quiera decir que esa persona se comporte de modo igual en todos los casos. Es decir, la personalidad es la forma en que pensamos, sentimos, nos comportamos e interpretamos la realidad, mostrando una tendencia de ese comportamiento a través del tiempo, que nos permite afrontar la vida y mostrarnos el modo en que nos vemos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.

Nos permite reaccionar ante ese mundo de acuerdo al modo de percepción, retro-alimentando con esa conducta en nuestra propia personalidad. 

Cada persona al nacer ya tiene su propia personalidad con ciertas características propias, que con el paso del tiempo más el factor ambiental y las circunstancias es como se definirá esa persona. La personalidad será fundamental para el desarrollo de las demás habilidades del individuo y para la integración con grupos sociales.

Para quienes no tienen ningún trastorno de la personalidad, los rasgos de la personalidad son patrones de pensamiento, reacción y comportamiento que permanecen.

viernes, 30 de marzo de 2018

Diálogo Interior


Diálogo Interior
Actualmente, estamos en un mundo en donde los terapeutas le preguntan a sus clientes porque decidieron recurrir a ellos y la respuesta, ya de por sí generalizada es: “para encontrarme a mí, mismo” o  a “mi yo interior”.

Muchos se han lanzado a esta aventura del auto-conocimiento y es algo de aplaudirse, pero algo que debes tener en cuenta, es que este proceso nunca termina, ya que eres un ser vivo y cada día vas cambiando. Por ello, esta búsqueda no es algo que hagas sólo una vez, sino que estás comprometido contigo mismo a hacerla siempre.

Pero no te alarmes por muy cambiante que pueda ser tu mundo interior, siempre habrá cosas que serán parte di como: tus gustos, disgustos, experiencias. Datos importantes que dan forma a quien eres.

En primer paso es siempre identificar qué es lo que te gusta, que te da sensación de placer, así como en caso contrario. Tomar situaciones ya realizarlas desde estas perspectivas pueden arrojar resultados significativos para estar en conocimiento de ti mismo.

Debes prestar atención al flujo de conversaciones que ocurren en tu cabeza, increíblemente te podrás dar cuentan de que coexisten varias, y que pueden o no, ir en la misma dirección y ésta, quizás es una de las razones por la cuales te sientas inseguro y con ciertas dudas antes actuaciones o decisiones.

Esta es una especie de conciencia, a la que Sigmund Freud describió como una “atención libremente flotante” y que recomendaba ampliamente a aquellas personas que se dedicaran al psicoanálisis.

Esta es una capacidad de la conciencia de uno mismo, que permite dominar nuestras reacciones frente a otras que expresen otras personas. Es un estado de autorreflexión de las reacciones quien tenemos frente a emociones. Es como observar en tercera persona o que pasa por nuestra cabeza y entender por qué pasa y controlarlo.

Como ves se trata de identificar nuestras acciones, porqué las realizamos, que sentimientos están detrás de ella, ya sea que nos gusten o nos desagraden. Al tener pleno conocimiento de esto, podemos actuar más conscientemente para condicionarnos de la mejor manera para que nuestro desenvolvimiento en la sociedad sea exitoso.

¡Lánzate a la aventura de conocer a tu yo interior!



Aprendizaje Asociativo


Resulta muy curioso el modo en que las personas reaccionamos ante ciertos estímulos que sólo son significativos para nosotros mismos. 

Imaginemos que caminamos por la calle y, de pronto, el peculiar sonido de una motocicleta que cruza a lo lejos, nos genera una potente reacción fisiológica, alterando nuestro ritmo cardíaco, nuestra respiración, y nos hace conectar inmediatamente con un recuerdo muy personal. Lo mismo puede ocurrir al identificar un perfume entre la multitud, o al leer una palabra en un muro de la ciudad.

Efectivamente, los humanos generamos un tipo de aprendizajes, denominados asociativos y que, una vez grabados en nuestro recuerdo, se comportan de una manera muy parecida a los reflejos. Es decir, nos provocan respuestas automáticas, involuntarias, e inmediatas, y tienen un carácter eminentemente emocional. Sin embargo, no somos los únicos en crear este tipo de asociaciones. 

Otros animales, como los perros y los gatos, también lo hacen.

En el estudio de estos mecanismos primitivos, destacó el médico norteamericano Paul MacLean, quien fue el primero en identificar las áreas cerebrales relacionadas con la regulación de los elementos básicos para la supervivencia y los instintos básicos. Les llamó cerebro reptiliano y cerebro paleomamífero, y corresponden al tallo encefálico y al sistema límbico respectivamente. 

Mientras la corteza cerebral, se encarga de funciones superiores, razonamientos abstractos, cálculos matemáticos y deducciones complejas, existe un núcleo en nuestro cerebro que procesa los instintos básicos.

Por su parte, y refiriéndonos ya específicamente a aquel aprendizaje asociativo del que hablábamos al inicio, el fisiólogo ruso ganador del Premio Nobel Iván Petróvich Pávlov, designó con el término «condicionamiento clásico» al modo en el que nuestra mente es capaz de enlazar poderosamente un estímulo cualquiera a una reacción fisiológica. Para demostrarlo, acostumbró a un perro a recibir comida pocos segundos después de hacer sonar una campanilla. Posteriormente y, según cuentan por casualidad, observó que el perro comenzaba a salivar nada más escuchar el familiar sonido de la campanilla, a pesar de que en aquella ocasión no se le proporcionara alimento alguno. Y este condicionamiento se mantenía por algún tiempo.

Las implicaciones de este tipo de asociaciones son fundamentales en nuestra vida. A la hora de analizar las conductas adictivas, por ejemplo, observamos que muchas personas experimentan deseos de fumar un cigarro cuando terminan la jornada laboral. Otros asocian el consumo de cocaína a estilos musicales específicos. En otras áreas, hay quienes sienten náuseas ante el olor a gasolina porque lo vinculan a viajes interminables por carreteras de curvas.

Pese a todo, gracias a la enorme plasticidad de nuestra mente, también podemos reaprender, y generar nuevas asociaciones más sanas.



Romper Limitaciones


Hay momentos en la vida en los que buscas cambios y en medio de ellos se encuentra con crisis en las que no sabes a dónde ir, todo parece desplomarse, momentos en los que crees que nadie está ahí para ayudarte.

Momentos en los que crees que la mejor solución es echar reversa y retomar lo que habías dejado atrás, tal vez la peor decisión que puedes tomar.

Son esos momentos de la vida en los que uno decide echarse al agua, dar la pelea, enfrentarse al mundo, tal cual. Porque ya es hora de hacer lo que realmente le apasiona, porque ya es hora de dejar las máscaras atrás o simplemente porque cree que hay un mejor rumbo que tomar, esos momentos en los que uno decide renunciar a muchas cosas con el sueño de conseguir muchas otras.

Y es que no es fácil dedicarse a hacer lo que uno realmente quiere hacer, ni ser quien uno de verdad es. Yo sé que parece extraño, pero para muchos es más fácil llevar máscaras con tal de ser aceptado por su entorno, o mejor dicho, por la sociedad. 

También es fácil seguir haciendo lo que siempre hemos hecho, igual lo sabemos hacer muy bien y será difícil que alguien nos quite el “privilegio” de seguir en esa zona de confort que seguramente nos da mucha tranquilidad pero también nos hace infelices.

No nos digamos mentiras, siempre es mucho más fácil ser lo que todo el mundo quiere que uno sea, porque desde pequeños nos están vendiendo un mundo en el que lo importante es ser aceptado, tener un trabajo estable y ser uno más del montón, como si eso fuera suficiente para muchos a quienes los estigmas, los esquemas y los lineamientos de la sociedad nos saben  muy mal.

De un momento a otro la vida va pasando y uno se da cuenta que todo el tiempo se la pasó haciendo lo que los demás querían: porque era la carrera que toda mi familia ha estudiado, porque era la empresa donde han trabajado todos mis ancestros, porque en mi familia no pueden haber artistas, porque ser homosexual es un pecado, porque casarse y tener hijos es lo que todo el mundo debe hacer, porque hay que estudiar algo que de plata, porque y porque y porque…, y nos pasamos la vida con una cantidad de justificaciones inútiles que solo nos llevan a ser lo que realmente NO SOMOS.

Ley Cangreja: “La vida es eso que pasa mientras sigues siendo todo lo que a los demás les da la gana que seas y cada vez estás más lejos de quien realmente quieres ser”.

Uno tiene que aprender a soltar, a soltar todos esos pesos que nos echan desde pequeños y que a medida que vamos creciendo nos afianzan y nos van echando cada vez un poco más de peso, como para que no nos podamos mover de ese punto, de esa situación “ideal” que a todos hará felices por siempre, porque en últimas “es lo que debemos ser y hacer” ¡Puras patrañas!

Nos vendieron una idea muy errada de la vida, en donde los sueños propios no se pueden hacer realidad porque hay que hacer realidad los sueños de los demás.

Qué horrible estar toda la vida atado a lo que los demás piensan, hay momentos en los que hay que volar sin importar las consecuencias, sin importar el qué dirán. Pero nadie ha dicho que esto sea fácil, salir de la zona de confort es un tema muy complicado, sobre todo cuando el cambio en el estilo de vida es radical.

Las crisis hacen parte de la vida de los seres humanos, sin ellas no podríamos crecer ni superarnos, porque son las crisis las que le enseñan a uno lo valiente que puede ser a la hora de enfrentarse a cualquier situación.

Para muchos que hemos decidido tirarnos al agua, hacer lo que queremos y ser lo que realmente somos, estos momentos de crisis han llegado en uno u otro momento, es allí donde uno se pregunta si realmente valió la pena luchar por sus sueños o si hubiese sido mejor quedarse en esa zona de confort que lo llenaba a uno de nada.


Pensar en echarse para atrás es una de esas cosas que es normal en algún momento, pero es la peor decisión que se pueda tomar. 

La vida siempre será justa con quienes deciden enfrentarse al mundo para lograr ser y hacer lo que realmente desean, porque todo en la vida se devuelve y quienes trabajan para bien y hacen bien tarde o temprano reciben su recompensa, yo sé que suena a cuento de hadas pero es más cierto de lo que ustedes creen, todo en la vida se devuelve, pero tengan cuidado, porque lo malo también y a veces en cantidades superiores.

Condicionamientos



Vivir como lo sueñas, estar conectado con tus sentimientos más profundos y elegir quién querés ser, es posible! Pero para lograrlo, primero es necesario hacer consciente la matriz o molde de vida que internalizaste en tu infancia, y que aún hoy actúa como limitante y sabotea tus acciones. 

Esta matriz o molde que rige tu vida y marca patrones de comportamiento, comienza a grabarse en tu mundo emocional desde el momento de la concepción hasta la pubertad, y consiste en una sucesión de imágenes, que configuran una película que se activa compulsivamente a partir de la adolescencia. 

El mundo de nuestra infancia determina la mirada que tenemos para con los demás y para con nosotros mismos durante la adultez. Prejuicios, valores, actitudes y el "deber ser", son sólo algunos de los aspectos que conforman dicha matriz inconsciente. Para poder reformular esta visión que hoy tenés del mundo, de vos y las personas que te rodean, resulta fundamental hacer consciente todo aquello que fuiste asimilando como "verdad absoluta" durante la infancia.

Para derribar los bloques que te impiden ser feliz, es una condición necesaria desactivar la "Programación Negativa" que aprendiste sin darte cuenta y hacerla consciente. 

Pero para lograrlo es necesario llevar a cabo un profundo trabajo de autoconocimiento, involucrarte con tu historia y animándote a decidir quién querés ser realmente, más allá de lo que habías aprendido.