martes, 16 de enero de 2018
Protagonismo
El
protagonista es el personaje principal de la historia, quien sostiene la
trama y, generalmente, es el centro de atención de la
misma. Están mejor caracterizados que el resto de
personajes y se da a conocer una mayor cantidad de información sobre él
respecto al resto del elenco. El protagonista participa en los eventos más
relevantes de la historia y
por regla general son sus actos los que hacen
que la trama avance.
En
una historia puede haber varios protagonistas, en cuyo caso todos son igual de relevantes y todos desencadenan
acontecimientos fundamentales en la trama. A menudo, cuando en la historia
participan personajes secundarios con mucha frecuencia (como los inseparables
amigos del protagonista) es muy común confundir a estos con protagonistas. Es
importante que el escritor tenga clara la diferencia entre llevar en su historia a
tres protagonistas o a un protagonista y a sus dos amigos. De lo contrario el
lector puede terminar confundiéndose y ser incapaz de seguir
adecuadamente el argumento central.
Uno
de los mayores fallos que puede cometer un escritor es convertir a su protagonista en el ombligo
del universo en el que vive. Es
un error muy común y generalmente ocasionado por la falta de planificación o
por un exceso de aprecio hacia ese personaje. Un paso siempre previo a la
labor de crear los personajes de tu historia es crear el mundo donde vivirán.
Recuerda que NO es el mundo el que se
adapta a los personajes, sino que son los personajes quienes se adaptan al
mundo. Ten esto muy presente antes de empezar a crear
personajes. Aunque tu idea inicial haya sido en torno al héroe y
aparentemente no importe el mundo en el que viva, y lo único relevante sea lo
que le ocurre o lo que hace, aún así debes empezar por el mundo.
Un personaje no puede
definirse si no tiene un entorno que lo defina. No puedes decir que tu personaje
es un ferviente creyente y temeroso de Dios, si ni siquiera sabes si existe la
religión en tu mundo. Tampoco puedes adjudicarle una profesión, sin antes
haberte parado a pensar si lo vas a ubicar en un mundo donde existe esa
profesión y no es incompatible con otros aspectos del mundo. Si no lo
planificas como es debido, tu historia terminará generando múltiples
incongruencias y sinsentidos. Y lo peor de todo es que el lector lo notará. Se
percatará de que tu personaje es el ombligo del cosmos y que el universo ha
sido creado a partir de él. Créeme, se nota, y mucho.
Ningún
personaje realista tiene un mundo hecho a su medida. El mundo real es un lugar
donde nadie puede elegir
dónde ni cómo nacer. La vida está llena de obstáculos impuestos por la propia
existencia que
muy a menudo nos superan. Un personaje que se precie debe toparse y
enfrentarse a este tipo de obstáculos en algún momento de su vida. Por ello
debe vivir en un mundo donde haya encontrado dificultades, aunque sean
simples trivialidades cotidianas.
Un personaje no puede
definirse si no tiene un entorno que lo defina. No puedes decir que tu personaje
es un ferviente creyente y temeroso de Dios, si ni siquiera sabes si existe la
religión en tu mundo. Tampoco puedes adjudicarle una profesión, sin antes
haberte parado a pensar si lo vas a ubicar en un mundo donde existe esa
profesión y no es incompatible con otros aspectos del mundo. Si no lo
planificas como es debido, tu historia terminará generando múltiples incongruencias
y sinsentidos. Y lo peor de todo es que el lector lo notará. Se percatará de
que tu personaje es el ombligo del cosmos y que el universo ha sido creado a
partir de él. Créeme, se nota, y mucho.
Ningún
personaje realista tiene un mundo hecho a su medida. El mundo real es un lugar
donde nadie puede elegir
dónde ni cómo nacer. La vida está llena de obstáculos impuestos por la propia
existencia que
muy a menudo nos superan. Un personaje que se precie debe toparse y
enfrentarse a este tipo de obstáculos en algún momento de su vida. Por ello
debe vivir en un mundo donde haya encontrado dificultades, aunque sean
simples trivialidades cotidianas.
En
una historia puede haber varios protagonistas, en cuyo caso todos son igual de relevantes y todos desencadenan
acontecimientos fundamentales en la trama. A menudo, cuando en la historia
participan personajes secundarios con mucha frecuencia (como los inseparables
amigos del protagonista) es muy común confundir a estos con protagonistas. Es
importante que el escritor tenga clara la diferencia entre llevar en su historia a
tres protagonistas o a un protagonista y a sus dos amigos. De lo contrario el
lector puede terminar confundiéndose y ser incapaz de seguir
adecuadamente el argumento central.
Uno
de los mayores fallos que puede cometer un escritor es convertir a su protagonista en el ombligo
del universo en el que vive. Es
un error muy común y generalmente ocasionado por la falta de planificación o
por un exceso de aprecio hacia ese personaje. Un paso siempre previo a la
labor de crear los personajes de tu historia es crear el mundo donde vivirán.
Recuerda que NO es el mundo el que se
adapta a los personajes, sino que son los personajes quienes se adaptan al
mundo. Ten esto muy presente antes de empezar a crear
personajes. Aunque tu idea inicial haya sido en torno al héroe y
aparentemente no importe el mundo en el que viva, y lo único relevante sea lo
que le ocurre o lo que hace, aún así debes empezar por el mundo.
Un personaje no puede
definirse si no tiene un entorno que lo defina. No puedes decir que tu personaje
es un ferviente creyente y temeroso de Dios, si ni siquiera sabes si existe la
religión en tu mundo. Tampoco puedes adjudicarle una profesión, sin antes
haberte parado a pensar si lo vas a ubicar en un mundo donde existe esa
profesión y no es incompatible con otros aspectos del mundo. Si no lo
planificas como es debido, tu historia terminará generando múltiples
incongruencias y sinsentidos. Y lo peor de todo es que el lector lo notará. Se
percatará de que tu personaje es el ombligo del cosmos y que el universo ha
sido creado a partir de él. Créeme, se nota, y mucho.
Ningún
personaje realista tiene un mundo hecho a su medida. El mundo real es un lugar
donde nadie puede elegir
dónde ni cómo nacer. La vida está llena de obstáculos impuestos por la propia
existencia que
muy a menudo nos superan. Un personaje que se precie debe toparse y
enfrentarse a este tipo de obstáculos en algún momento de su vida. Por ello
debe vivir en un mundo donde haya encontrado dificultades, aunque sean
simples trivialidades cotidianas.
Un personaje no puede
definirse si no tiene un entorno que lo defina. No puedes decir que tu personaje
es un ferviente creyente y temeroso de Dios, si ni siquiera sabes si existe la
religión en tu mundo. Tampoco puedes adjudicarle una profesión, sin antes
haberte parado a pensar si lo vas a ubicar en un mundo donde existe esa
profesión y no es incompatible con otros aspectos del mundo. Si no lo
planificas como es debido, tu historia terminará generando múltiples incongruencias
y sinsentidos. Y lo peor de todo es que el lector lo notará. Se percatará de
que tu personaje es el ombligo del cosmos y que el universo ha sido creado a
partir de él. Créeme, se nota, y mucho.
Ningún
personaje realista tiene un mundo hecho a su medida. El mundo real es un lugar
donde nadie puede elegir
dónde ni cómo nacer. La vida está llena de obstáculos impuestos por la propia
existencia que
muy a menudo nos superan. Un personaje que se precie debe toparse y
enfrentarse a este tipo de obstáculos en algún momento de su vida. Por ello
debe vivir en un mundo donde haya encontrado dificultades, aunque sean
simples trivialidades cotidianas.
lunes, 15 de enero de 2018
Diversidad: Integrar Las Diferencias
Las personas monocrónicas son las que se manejan con un
tiempo lineal, realizando una tarea detrás de otra. Por el contrario, para
las policrónicas, el tiempo es circular y tratan de hacer muchas cosas a la
vez; pueden empezar algo y pensar en alguna otra más.
Esto provoca que estos
dos perfiles puedan terminar en conflicto entre ellos. Sin embargo, cada uno
puede ser bueno para tareas diferentes, en función de si requieren un mayor
grado de detalle y concentración o un mayor dinamismo, de modo que las
organizaciones necesitan ambos, por lo que lo más importante es saber
integrarlos.
De la misma manera, existen personas muy optimistas y otras
que son más realistas. De nuevo, lo mejor para una organización es contar con
ambos, con el entusiasmo de unos, pero también con el realismo de los otros, porque
de otra forma se estaría continuamente abocado a la locura.
Igualmente, existen también culturas muy colectivas en
las que a la gente le gusta trabajar en equipo y compartirlo todo, mientras que
otras que tienden a ser más individualistas
.
La clave está en integrar las diferencias, haciendo que cada
uno se sienta aceptado y valorado en el equipo. Este es el activo crucial,
porque la diversidad presenta un doble filo: puede ser muy buena si se gestiona
de forma adecuada porque proporciona innovación, flexibilidad y variedad de
opiniones, pero, si no está equilibrada, habrá caos y falta de motivación. Por
tanto, ser diferente no es bueno o malo en sí mismo. Vivimos en un mundo de
diversidad, pero podemos extraer valor de las diferencias, tomar las de cada
uno, juntarlas y conseguir un contexto más flexible.
Todos pertenecemos a muchas identidades: de origen, de
crecimiento y de aspiración.
Las identidades de origen son básicamente nuestro legado: el
sexo, la cultura, la lengua… Es lo que nos hace conectar con el pasado. No
dependen de nosotros; nacemos con ellas. A estas les vamos añadiendo otras
durante la vida; es lo que llamamos identidades de crecimiento, entre las que
se encuentran nuestros amigos de secundaria o nuestros intereses, pero también
nuestros estudios, elecciones vitales, etc. Mientras que las identidades de
origen representan nuestro pasado, las de crecimiento representan nuestro
presente, lo que compartimos con los demás, nuestro apego emocional.
Finalmente, tenemos las identidades de aspiración, en las que
realmente queremos depositar y potenciar nuestras diferencias. Nuestras
identidades de origen nos permiten estar conectados al pasado, ser parte del
grupo. Las de crecimiento nos ayudarán a tener amigos, a relacionarnos con los
otros. Y las de aspiración nos ayudarán a encontrar a la gente con la que nos
gustaría desarrollarnos y a la que querríamos aproximarnos.
Las estrategias de las empresas deben centrarse en el origen,
permitiendo a las personas eliminar las barreras para que puedan integrarse
plenamente en la organización, para a continuación crear el contexto para que
desarrollen su comunidad de aspiración. Para ello hay diferentes estrategias,
tanto en el inicio, que es tarea más del departamento de diversidad, como en
las comunidades de aspiración, más ligadas al departamento de innovación.
Diversidad es una
palabra muy de actualidad, pero no es la primera vez, ya que ha habido al menos
tres ciclos en los últimos quince años en los que se ha puesto de moda. Esto es
positivo en cierto sentido, ya que se trata en los debates y en los periódicos,
pero su evolución es siempre en espiral. En cada círculo, entendemos un poco
más sobre ella y, sobre todo, que la comunicación debe ser real. En caso
contrario, puede conducir a un conflicto.
Vivimos en un mundo colaborativo, en el que se ha implantado
lo que ya conocemos como “economía colaborativa” y en el que fórmulas como el crowdfunding o la
creación de forma conjunta están a la orden del día.
Después de más de cien
años de individualismo, la sociedad está preparada para otro cambio de
comunidad y las organizaciones no son una excepción a ello, así que tendrán que
crear también un tipo de mecanismos colaborativos para que las personas puedan
crear de forma conjunta.
Para mantener la aspiración hay que proponer un proyecto en
el que trabajen las personas y, al acabarlo, formar parte de otro. El primero
que llevó esto a cabo fue Google, cuyos empleados pasan el 60 % de su
tiempo en una posición fija, el 30 % en una posición que pueden elegir y
el 10 % libres para crear.
Por tanto, de lo que se trata es de tener un proyecto común y
de qué puede aportar cada uno a ese proyecto. Para ello se necesita que las
personas se sientan libres en la organización, porque, como Hannah Arendt dijo,
“Solo entre iguales puedes ser diferente”.
Lo Que Pueda Pasar Nos Puede Pasar
Uno de los grandes errores del ser humano es creer que a él
nunca le tocará pasar por alguno de los grandes males por los que pasan los
demás. De ahí que le cueste aceptar serenamente, que, el día menos pensado, le
puedan diagnosticar, por ejemplo: un cáncer. Creerse infalible es vivir alejado
de la realidad.
Lo importante es, “no bajar la guardia” y procurar, si llega el
caso, que sus seres queridos vivan la inesperada y nunca grata situación, con
la mayor naturalidad posible: sin traumas innecesarios.
Lamentablemente, todo hijo de vecino, está expuesto a los más
diversos infortunios; a tener que soportar las más duras pruebas y, perder la
serenidad, es un flaco favor que se hace uno a si mismo.
Hay muchas ineludibles realidades que los seres humanos, tal
vez por no ser gratas, pretendemos ignorar, por ejemplo: creer que nunca
envejeceremos, dejando para mañana tantas y tantas cosas que hubiésemos podido
hacer hoy.
Cuando reparamos en que “no tenemos tiempo, para perder el tiempo”,
casi siempre es tarde. Es entonces cuando nos entran las prisas; cuando
queremos recuperar, atolondradamente, el tiempo perdido; cuando valoramos las
“pequeñas cosas” a las que nunca dimos importancia, pasando olímpicamente de
ellas. ¡Craso error!
Las personas de mi generación, o sea, a las que nos conviene
olvidarnos del calendario, hemos vivido situaciones sociales que nunca habíamos
sospechado vivir, ni siquiera en un mal sueño. Ello ha sido fruto de la
evolución de los tiempos.
A unos, más que a otros, nos ha costado encajarlo;
pero, lo inteligente es aceptarlo, con total naturalidad y positivamente.
Aceptar La Opinión Del Otro
La mayoría
de nosotros creemos que podemos cambiar lo que los demás piensan; de otro modo,
no pasaríamos tanto tiempo en la vida dándole vueltas a “qué opinan los demás
de nosotros” y tratando de mejorar su juicio sobre nuestra persona. Eleanor
Roosevelt dijo: “Nadie puede hacer que te sientas inferior si tú no lo
permites”. Esta afirmación pone el foco de atención hacia nosotros mismos y no
en los demás; por ello, quizá el único pensamiento que precisa ser cambiado es
la creencia de que “los demás deberían pensar diferente”.
Querer tener razón es la enfermedad crónica
de la humanidad, seguramente una de las causas que han enfrentado más a las
personas, las naciones y las religiones organizadas del planeta. La posesión de
las personas por sus propias ideas es siempre una causa de sufrimiento. El
problema, al consistir las creencias en “posesiones mentales” no visibles, ha
sido buscar la solución a nuestras diferencias tratando de cambiar a los demás
antes que examinar la causa real de los conflictos (la necesidad de tener
razón).
En demasiadas ocasiones comprobamos cómo querer imponer
nuestras razones y opiniones a los demás nos cuesta caro. Tal vez logremos
desautorizar las ideas de alguien, pero al final acabamos con una razón más y
un amigo menos. ¿Vale la pena? Seguramente no. El resultado es que querer estar
siempre en posesión de la verdad consume una gran cantidad de energía y tiempo
que nos impide disfrutar de los demás y de la paz mental de saber que en el
fondo todos tenemos nuestra propia lógica.
Ampliando Horizontes
Hojeando papeles viejos encontré una charla que ofrecí hace
25 años sobre cómo enfrentar los nuevos valores de la sociedad cambiante en que
vivimos.
Mi argumento básico era que no se trataba de apegarse a valores
que ya han sido sustituidos por conceptos diferentes, sino de darle un sentido
diferente, más abarcador, a los nuevos valores. Decía que asistimos a una época
en que la técnica, que nació al servicio del hombre, se ha convertido en
ideología y ha puesto al hombre a su servicio. En consecuencia, el profesional
en esa sociedad se representa en un técnico frío, un homo eficiencis,
que conoce mucho de las reglas y poco de la gente.
Sin embargo, todas las historias de éxito que se escuchan se
basan en tratar bien a la gente.
Creo que la principal regla para la transformación de los
valores modernos es ampliar su horizonte humano. Que los jóvenes no se queden
en la ingeniería, la administración, la computación o las estadísticas, sino
que le añadan el componente humanístico y moral, pues aunque para sobrevivir
como profesionales tienen que aplicar y conocer la filosofía de la eficiencia,
para vivir una vida plena tienen que disponer de una batería ética alcalina que
les recargue el corazón.
El hombre o mujer exitoso del futuro tendrá que serlo dentro
de los valores de esa sociedad, pero ser reconocido por su forma de vida. Ojalá
todos fuésemos individualistas en el cumplimiento del deber y de nuestras
responsabilidades. Si alguien quiere influir en la sociedad del futuro tendrá
que ser eficiente y exitoso, pero también ser moralmente valioso
.
La pobreza material y espiritual no inspira a nadie. La
generosidad y la vida con moderación, sí.
Ojalá estas reflexiones le sirvan a alguien.
Alternativas
Muchas veces pensamos que estamos en el camino incorrecto,
que nos ocurren cosas que no nos merecemos y que
no parecen justas, sin embargo, no nos
damos cuenta que la vida nos pone enfrente aquellas experiencias que necesitamos para
aprender en la vida, para trascender y para seguir progresando.
Debemos tener la fortaleza en la vida para confiar en
nosotros mismos, tener la valentía para asumir nuestras acciones, las
consecuencias de nuestros actos y dejar de lamentarnos por cada nueva situación
que nos toca vivir, abrirnos al progreso, abrirnos a la oportunidad y el
entendimiento y dejar las quejas a un lado, dejar los pensamientos negativos, dejar los malestares y las
emociones tóxicas, que sencillamente nos limitan y se
convierten en una carga muy pesada para nuestro espíritu.
"La mayoría ve obstáculos; pocos ven objetivos; la historia
registra los éxitos de esto últimos, mientras que el olvido es la recompensa de
los primeros"
Alfred A. Montapert.
Podemos decir de alguna manera, que tarde o temprano se
llega ese despertar de conciencia que nos hace llevar una vida más
equilibrada, serena y armoniosa, sin embargo, si reflexionamos, nos preguntamos
cuál es el camino realmente más simple? el camino de la felicidad o el camino
del sufrimiento?.. Concluir alguna de estas dos alternativas sin revisar a
profundidad lo que pudiera significar no tiene ningún sentido, lo que sí
podemos saber es que cada experiencia que nos toca experimentar, deja una
huella en nuestra alma.
De manera que cada vivencia que pasa por nuestra vida, cada
persona, cada escenario, cada decisión y cada alternativa que nos toca tomar en
la vida, tiene un significado, no podemos sentirnos ajenos o incapaces de
superar los obstáculos que se atraviesan en nuestro camino,
tenemos la fortaleza y la voluntad para superar cada nuevo día, para recibir
cada nueva enseñanza y para salir adelante.
domingo, 14 de enero de 2018
Andamos En Este Camino
En este largo camino de la
vida pero a la vez tan corto, nos encontramos con personas que nos ayudan a
construir las vivencias, personas de toda condición, con sus manías y con sus
virtudes, pero que cada una de ellas es especial en ciertas etapas y, por
desgracia, solo unas pocas estarán a nuestro lado al final del camino.
Aunque
muchos piensen que el recorrer este camino en soledad es algo amargo, tampoco
lo es tanto, porque la soledad es un ingrediente más en la vida de las personas,
un ingrediente que nos hace pensar y madurar y es que, ¿quién no se ha sentido alguna vez solo?.
Y es que la vida está cargada de sueños, porque
soñar es gratis y solo luchando por el camino se alcanzan esos sueños, porque
el que no lucha no gana y lo puedo decir con la fe que sólo la da la
experiencia.
La vida es pasado, presente y futuro y todo ello la
conforma, ya que tengo claro que la vida no está construida con los años
vividos sino con las experiencias disfrutadas, experiencias de todo tipo pero
es que eso es lo que hace a la persona ser como es y yo, por suerte, me
considero una buena persona, que intenta ayudar lo máximo posible a los demás,
que no se rinde ante las adversidades, que lucha, día a día, contras las
piedras con las que tropieza, que si esa piedra le hace caer, se levanta las
veces que haga falta y, por supuesto, soy una persona que comete errores y es
que la vida, también, está cargada de errores, pero errores con los que se
aprende a realizarse a uno mismo.
En definitiva, ¿qué es la vida? la vida es algo que no hay que dejar escapar ya
que nunca se sabe dónde está la meta, la meta la debemos construir cada uno
para cumplir nuestros sueños y es que, como dijo Calderón de la Barca, la vida
es sueño y nunca hay que dejar de soñar.
Con La Frente En Alto
La vida está llena de
sorpresas. A veces nos depara momentos muy tristes, pero en otras ocasiones nos
brinda mucha alegría.
Queremos compartir contigo un repertorio acerca de las
mejores frases para reflexionar y levantar el ánimo, en esos instantes en los
que parece que todo es muy complicado. Bien podrían servirte cuando necesites
apoyar a un amigo o incluso, a ti mismo.
“Con la frente en alto debemos vivir, sin dar pie a
nada que nos haga bajar la mirada, en ocasiones podemos tropezar o cometer
errores que nos cuesten mucho, pero siempre está la opción de volvernos a
levantar”
1. Cuando todo en el horizonte se ve demasiado
oscuro, no te dejes caer. Una vez que las estrellas han dejado de brillar, es
porque el sol se encuentra a punto de salir. Mantén tu vista siempre en el
cielo con esperanza, pues llegará el momento en que puedas resurgir de la
adversidad más fuerte que nunca.
2. La diferencias de las consecuencias que sufrimos
día a día, es directamente proporcional a nuestras acciones. Encárgate siempre
de crear tu propio camino, camina ofreciendo lo mejor de ti a quiénes te
rodean, pues un día puede que sea demasiado tarde para cambiar las cosas a tu
alrededor.
3. La gente siempre va a decepcionarte, de una u
otra manera. Absolutamente nadie es perfecto, ni siquiera tú mismo. No te
aferres a los errores del pasado que pudieron haber cometido otros, o en las
cosas en las que pudieras haber fallado. Vive el presente y labra tu futuro sin
resentimientos y acepta que todos cometemos equivocaciones.
4. Hay verdades que son aún más dolorosas que los
engaños en sí. No obstante, siempre vale la pena ir por la vida con honestidad.
Trata de ser sincero con la gente que amas, aunque esto signifique decepcionarlos
en ocasiones. Las mentiras pueden resultar reconfortantes en un principio, pero
suelen volverse una carga muy pesada a largo plazo.
5. El pasado es imposible de cambiar. El porvenir
en cambio, puede depender de tus decisiones. No bases tus días en los tiempos
que ya han transcurrido. Piensa en las cosas que te deparan, perdona tus
equivocaciones y continúa tu camino con la frente en alto, pues no hay peor
cosa que el estar encadenado a los sucesos del ayer.
6. Siempre existirán personas que quieran impedir
tus triunfos, pero en ti está la capacidad de impedirlo. No caigas en
provocaciones, no cedas ante los intentos de quebrar tu voluntad ni mucho menos
te prestes a escuchar a quiénes te menosprecian. Las agresiones son el mayor
símbolo de la envidia ajena.
7. Hay momentos en la vida que duran una eternidad
y otros, que apenas persisten por algunos minutos. De ti depende el quedarte
con lo mejor de cada uno de ellos, por más intensos o fugaces que se presenten.
8. De nada sirve esperar a que algo suceda, si no
movemos las circunstancias a nuestro favor. Si tienes una idea, defiéndela ante
las posibilidades del fracaso, pues no hay nada peor que preguntarse, que
habría pasado si tan solo nos hubiéramos arriesgado a intentar algo distinto.
9. Olvidar los instantes oscuros es una tarea muy
difícil, que contrario a todo lo que pudiéramos creer, nunca nos hará del todo
bien. La mayor virtud de los errores y desgracias, es tener presente la
importancia de trabajar para procurar que nunca se vuelvan a repetir. Trata de
salir siempre adelante y no dejes que los hechos del pasado obstruyan tu
camino, sin embargo nunca los olvides del todo, pues hasta en las cosas más
dolorosas hay una enseñanza.
El Derecho De Ser Persona
En principio, sostengo que
aquello que vale para los mapuches y los aborígenes en general.
Sus derechos no provienen de
su condición de "indios" o de su pasado, sino de su condición de
personas. Sus derechos son los derechos de todo ciudadano. Suena a obvio, pero
hay que decirlo para refutar a los que por motivos racistas o de clase intentan
negárselos, pero sobre todo para polemizar con quienes suponen que la fuente de
sus derechos nace de la pertenencia a una tribu y no de la pertenencia a la
condición humana.
Es verdad, sus padecimientos sociales provienen de
la pobreza y la marginalidad, una pobreza y marginalidad no muy diferente a la
de muchos criollos o a la de los millones de argentinos que, según las
estadísticas, oscilan entre la desesperanza de la miseria y los abismos de
desolación de la indigencia.
Sacarlos de ese lugar es una de las enormes deudas
pendientes de los argentinos y en particular de su clase dirigente. Puede que
las políticas sociales deban incluir diferencias nacidas de la historia, pero
en todos los casos lo que no se debe perder de vista es que el drama de la
indigencia afecta a todos por igual.
No es el "privilegio" de una
tribu, una etnia; es en toda caso la tragedia de los postergados, los
excluidos, los explotados o como mejor quieran denominarlos, una tragedia que
no hace distinciones de orígenes.
Respeto la Constitución nacional, pero como
ciudadano puedo permitirme disentir con algunos de sus enunciados sin que ello
signifique rebelión o desacato. En particular no comparto la denominación de
"pueblos originarios".
Como dijera un antropólogo con cierto tono de
humor, si queremos ser coherentes con este enunciado, la "originalidad"
exclusiva pertenece a Adán y Eva. Pero para no irnos tan lejos, digamos que la
historia de la humanidad es la historia de ocupaciones, invasiones, derrotas y
victorias, encuentros y desencuentros.
No hay pueblos "originarios",
históricamente hay pueblos emergentes que a través de procesos complejos se
despliegan a lo largo de la historia.
Los derechos de los denominados indígenas son tales
no por su condición de indígenas, sino de hombres, de personas. Reivindicar con
las mejores intenciones políticas una condición biológica está más cerca de las
ideologías racistas que de posiciones progresistas.
Postergar al individuo en
nombre de la comunidad o la tribu es regresivo y en un punto reaccionario;
postular el retorno al pasado atribuyéndole virtudes mágicas o redentoras es
negar la historia con sus contradicciones y sus cambios.
La realidad de las diferentes tribus existentes en
nuestro país es diversa como diversos son sus reclamos y las metodologías para
llevarlos a la práctica.
No es la causa comanche la que hoy nos aflige
políticamente, sino la violencia que en nombre de esa causa practican algunos
grupos. También en este punto la ley es la referencia ineludible entre lo
permitido y lo prohibido.
Elegimos respetar la vida y dirimir nuestras
diferencias pacíficamente. Todo lo demás puede y debe discutirse.
Nuestra Sombra
Cuando nos
sentimos atacados, cuando nos molesta algo de alguien estamos viendo la proyección de nuestra propia sombra
Carl Gustav Jung (1875-1961)
psicólogo y médico psiquiatra suizo, dedicó toda su carrera al estudio de la
psique humana. A lo largo de sus numerosos ensayos fue desarrollando primero,
su “Psicología Analítica” y, más tarde, lo que denominó “Psicología Compleja”.
Jung habla de la psique y no de la mente, porque, según él, la
psique abarca todos los procesos de la mente, los conscientes y los inconscientes.
Entre muchas de sus aportaciones desarrolló el concepto de
Arquetipo. Por definición, un arquetipo es un modelo original, un ejemplo ideal
o un prototipo.
Un símbolo reconocido por todos. Para Jung son la forma que le
es dada a algunas experiencias y recuerdos de nuestros primeros antepasados. De
alguna manera, son como patrones de conducta que
se heredan de generación en generación y que están guardados en nuestro
inconsciente.
Si por definición la sombra es inconsciente quiere decir que
estamos sometidos a ella.
Jung define el arquetipo sombra como el aspecto inconsciente
de la personalidad caracterizado por rasgos y actitudes que el Yo Consciente no
reconoce como propios. El inconsciente lucha por mostrarse, pero es reprimido
continuamente por el ego.
La sombra está formada
por energía psíquica reprimida
que se proyecta en el exterior. Hay muchas formas de alimentar la sombra.
La más usual es la que conocemos como “luchar para ser
bueno”. Por eso Jung decía “Prefiero ser un individuo completo que una persona
buena”.
Podemos decir también que tenemos creencias-sombra que
son las que controlan nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros
comportamientos.
Cada experiencia de la vida es una oportunidad de elegir de
nuevo, una oportunidad de enmendar viejos errores que nos permite crecer,
experimentar y desarrollarnos. En este sentido, Jung nos dice: “las crisis son
magníficas oportunidades para familiarizarnos con la sombra”.
Integrar la propia sombra nos
va a permitir convivir con nuestra luz y nuestra oscuridad. Nos va a permitir ser lo que somos.
Cada persona tiene su sombra. Una manera de empezar a
detectarla es cambiar nuestro diálogo interno y aprender a distinguir que
cuando nos quejamos de algo o de alguien nos estamos quejando de algo propio.
Por ejemplo, si nos lamentamos de que nadie nos escucha, nos podemos preguntar
si nos estamos escuchando a nosotros mismos y así sucesivamente, nos invita a
reconocer la propia sombra para encontrar nuestra plenitud.
Del Dicho Al Hecho
¿Qué relación hay entre las
palabras que decimos y sus consecuencias, lo que ellas provocan? La forma en
que se regula la libertad de expresión depende de la respuesta.
Estados Unidos tiene una
cultura poderosa de libertad de expresión. Proviene de la Primera Enmienda
-"el Congreso no dictará normas que restrinjan la libre expresión"-,
y de la enjundia que la Suprema Corte ha dado a esa brevedad.
No obstante, en un fallo de
1919 esa Corte determinó que la libertad de expresión no ampara a quien grita
falsamente ¡fuego! en un teatro repleto, causando pánico (Schenck vs. United
States).
En ese caso, la relación
entre palabra y consecuencia peligrosa parece evidente. Y el peligro es de tal
grado, dadas las circunstancias, que justifica desconocer la libre expresión
del gritón mentiroso.
En Chile, un proyecto recién
ingresado al Congreso pone de relieve esta relación. Busca castigar a quien
"públicamente o a través de cualquier medio apto para su difusión pública
incitare directamente a la violencia física en contra de un grupo de personas o
de un miembro de tal grupo, basado en la raza, origen nacional o étnico, sexo,
orientación sexual, identidad de género, religión o creencias de la
víctima".
El discurso y sus
consecuencias. En este caso suele llamarse "discurso del odio" (
hatespeech ). El proyecto es muy discutible.
Parece ser un delito de
peligro, es decir, no exige que se produzca el resultado dañino. No es
necesario que alguien ejerza "violencia física" incitado directamente
por otro para que este otro sea castigado: basta la incitación. El que baste
esta mera potencia resulta muy amenazante para la libertad de expresión.
El verbo "incitar" es poco usado en el Código Penal. Un caso se refiere a los que incitan a otros a desconocer sus deberes militares. El otro está pasado de moda, pero es interesante aquí: el que incita a otro a provocar o aceptar un duelo tiene un castigo, solo si el duelo se realiza.
Si el proyecto buscara evitar la violencia física, se podría vincular el discurso incitador al ejercicio efectivo de ella, como en el duelo. Así se logra un objetivo valioso sin hacer pagar el alto costo que sobre la libre expresión impone el mero peligro.
O, incluso, se podría confiar en las reglas actuales de participación criminal, en el sentido de que si se prueba que la violencia física fue directamente incitada por alguien, a este se le puede atribuir alguna forma de autoría en el delito violento.
Pareciera, más bien, que lo que el proyecto realmente persigue es limitar discursos relativos a la raza, origen nacional o étnico, sexo, orientación sexual, género, o religión de la víctima. Además de amenazar la libre expresión, esto plantea otros problemas. Por ejemplo, de coherencia. ¿Por qué solo aplican estos criterios y no, por ejemplo, las convicciones políticas de la víctima, o sus características físicas, gustos culinarios o estéticos?
¿Por qué los criterios se basan en las víctimas, y no en los victimarios? Incitador e incitado podrían ser de una secta que ordena golpear a las personas, sin preguntarse por su raza, sexo o creencias. ¿Quedan fuera del "discurso del odio"?
El problema es que la coherencia exige expandir los sujetos y criterios al infinito, ahogando definitivamente la libertad de expresión.
Por esto, mejor olvidarse del proyecto o pensarlo mejor, conectando más directa y evidentemente las palabras y sus consecuencias.
Como cuando se grita falsamente ¡fuego! en un teatro lleno de gente.
El verbo "incitar" es poco usado en el Código Penal. Un caso se refiere a los que incitan a otros a desconocer sus deberes militares. El otro está pasado de moda, pero es interesante aquí: el que incita a otro a provocar o aceptar un duelo tiene un castigo, solo si el duelo se realiza.
Si el proyecto buscara evitar la violencia física, se podría vincular el discurso incitador al ejercicio efectivo de ella, como en el duelo. Así se logra un objetivo valioso sin hacer pagar el alto costo que sobre la libre expresión impone el mero peligro.
O, incluso, se podría confiar en las reglas actuales de participación criminal, en el sentido de que si se prueba que la violencia física fue directamente incitada por alguien, a este se le puede atribuir alguna forma de autoría en el delito violento.
Pareciera, más bien, que lo que el proyecto realmente persigue es limitar discursos relativos a la raza, origen nacional o étnico, sexo, orientación sexual, género, o religión de la víctima. Además de amenazar la libre expresión, esto plantea otros problemas. Por ejemplo, de coherencia. ¿Por qué solo aplican estos criterios y no, por ejemplo, las convicciones políticas de la víctima, o sus características físicas, gustos culinarios o estéticos?
¿Por qué los criterios se basan en las víctimas, y no en los victimarios? Incitador e incitado podrían ser de una secta que ordena golpear a las personas, sin preguntarse por su raza, sexo o creencias. ¿Quedan fuera del "discurso del odio"?
El problema es que la coherencia exige expandir los sujetos y criterios al infinito, ahogando definitivamente la libertad de expresión.
Por esto, mejor olvidarse del proyecto o pensarlo mejor, conectando más directa y evidentemente las palabras y sus consecuencias.
Como cuando se grita falsamente ¡fuego! en un teatro lleno de gente.
Seamos Solidarios
Se ha escrito y
hecho muchísimo en nombre de la “solidaridad”. Incluso, algunos han llegado a
decir que “ser solidario” es parte del talante chileno, sobre todo porque nos
asoma en momentos de dolor, en terremotos y en las desgracias más
desgarradoras: donde hay infortunio, lo más seguro es que allí nos encontremos
con dos chilenos, uno en adversidad, otro ayudando a quien lo necesita.
Para
qué hablar de la Teletón, que ha cuadrado a nuestros conciudadanos bajo sus
filas durante años y años, pese a las críticas más furibundas en su contra.
En cada una de
estas acciones sociales visibilizamos la solidaridad. Cuando un país entero se
vuelca hacia las personas con discapacidad, o cuando un grupo de universitarios
realiza trabajos que van en beneficio directo de una comunidad que tiene
necesidades materiales y espirituales, hay allí formas nobles de concretar la
solidaridad, es decir, de responsabilizarse por la suerte de los demás; pero,
¿qué implica “responsabilizarse” por los más desventajados?, ¿”asistirlos” para
que salgan de la pobreza, entregándoles herramientas para que lo hagan por sí
mismos, premiar sus “méritos” con beneficios de distinta índole, redistribuir
la riqueza del conjunto del país entre quienes no la poseen, reformar las
estructuras e instituciones sociales injustas, cambiando todo lo que sea
carente del más mínimo sentido de humanidad?
Todas estas
preguntas, legítimas y razonables, revelan que el asunto no es tan sencillo
como parece. Las respuestas exigen una serie de precisiones que no todos están
dispuestos a asumir.
En nuestro país, por el
contrario, nos hemos acostumbrado a hablar de la solidaridad a troche y moche.
Cualquier asunto con olor a “social”, ya es solidario. Y así, usualmente
“imponemos” nuestro parecer por sobre las sensibilidades ajenas ─pasamos
“retroexcavadora”─ donde ciertamente hay injusticias, pero también
complejidades políticas, técnicas y culturales que no se solucionan con
payasadas, ni tampoco negando la sal y el agua a quienes a veces tienen más
iniciativa que nosotros.
¿Qué nos exige, en
consecuencia, la “solidaridad” en nuestros días? Reflexión seria: hay tras la
palabra “solidaridad” distintos conceptos y miradas sobre la persona y la
sociedad, que requieren ser ponderadas, interpretadas y analizadas
críticamente. La filosofía, la teoría política o la economía tienen un rol
indispensable, que no siempre empleamos correctamente.
Hablar En Público
Hablar bien en público requiere de un buen
entrenamiento, pero también de una gran
honestidad y de saber conectar con nuestras emociones desde nuestro interior.
Construir nuestra autoconfianza es un paso previo fundamental para poder
expresarnos con soltura y naturalidad, de forma abierta y sin temores.
Es mucha la oferta de cursos y formación en habilidades de oratoria que hay en el mercado. Sin
embargo, aprender a utilizar las herramientas no es suficiente. Por eso, los
programas Dale Carnegie van más allá y parten de la construcción
de una autoconfianza, necesaria para brillar como oradores o ponentes.
Algunas de las cuestiones a tener en cuenta y que nos
ayudarán a realizar una mejor presentación o ponencia, son las siguientes. Sin
embargo, sólo con el hecho de trabajar previamente en nosotros mismos para
hacer aflorar nuestro auténtico potencial, será posible transmitir un mensaje creíble y potente.
Consejos para una mejor presentación
#1. Preparación y ensayo
Las presentaciones en público que mejor funcionan son las que mejor se han
preparado. Y ello significa haberles dedicado unas cuantas horas de trabajo.
Aunque nos parezca que determinados oradores saben improvisar, incluso esas
aparentes improvisaciones han sido ensayadas previamente. Teniendo en cuenta esta
premisa nos aseguramos buena parte del éxito.
#2. Buen uso de las pausas y de los silencios
Las pausas y los silencios sirven para tomar mayor control
del discurso. Crean sensación de expectativa ante lo que se va a decir y ayudan
a reforzar el mensaje para que se tenga en cuenta en su debida importancia.
Ayudan a dar más autoridad al emisor y transmiten confianza a la audiencia. Por
si fuera poco, bien empleadas, las pausas dan tiempo a que el público integre
el contenido y comprenda bien el significado de lo que el orador está
transmitiendo.
#3. Poner las emociones a nuestro favor
Reconectar con nuestro interior y poner a trabajar las
emociones en nuestro favor nos ayudará a sintonizar con el público. Ser
honestos con nosotros mismos y con los demás es el camino más efectivo para
llegar a nuestros oyentes. La empatía, la asertividad, la humildad y la
generosidad son grandes aliadas. Dale Carnegie afirmaba que las personas ‘somos
criaturas emocionales’, más que seres basados en la lógica.
#4. Conocer a nuestra audiencia
Conocer a nuestra audiencia antes de dar una charla, nos
ayudará a enfocarla mejor. Podremos averiguar qué esperan de nosotros, qué
contenidos les interesan, qué dudas, preocupaciones o necesidades tienen. De
ese modo, podremos dar respuesta a sus inquietudes y haremos de nuestra
ponencia algo útil, interesante y motivante.
#5. Práctica, práctica y práctica
El ‘cómo’ y no sólo el ‘qué’ es importante en una charla. A
veces, incluso más. Por eso, ensayar y practicar nos dará las habilidades para
hacer de nuestra charla una ponencia amena e interesante incluso aunque el tema
no sea completamente nuevo. Una nueva manera de explicar algo ya conocido es
también una forma de hacer comprender el mensaje desde un nuevo punto de vista.
El cómo aporta riqueza a una ponencia.
Practicar mucho nos permitirá también alinear nuestra
gestualidad con nuestro mensaje hablado.
Recordemos lo que decía el prestigioso psicólogo Albert
Mehrabian, quien afirmaba que el lenguaje verbal sólo un 7 por ciento en la
comunicación de emociones y sentimientos. En cambio, un 38 por ciento de la
comunicación corresponde al lenguaje paraverbal o vocal (entonación,
proyección, timbre, tono, énfasis, pausas, ritmo); y el 55 por ciento restante
al lenguaje corporal (gestos, posturas, mirada, movimiento de los ojos,
respiración).
La importancia de los elementos no verbales sobre los
verbales aumenta cuando son incongruentes entre ellos. No hay nada menos
creíble que una charla cuyo contenido no se vea reforzado por nuestro lenguaje
corporal. Los gestos conectan con nuestro inconsciente. De forma intuitiva
captamos que algo falla, que algo no encaja y desconfiamos del mensaje y de la
persona que lo emite.
sábado, 13 de enero de 2018
El Mundo De Las Ideas
Has pensado alguna
vez cómo sabes las cosas que sabes? Algunas las sabemos porque alguien nos lo
contó, otras porque las hemos visto, otras porque las hemos pensado... ¿Cuántas
cosas podemos saber? Por lo que respecta a cuánto podemos saber, es decir, a
los grados de conocimiento, Platón diferencia dos grados. Y lo hace atendiendo
a su definición del mundo en dos regiones. ¿Recuerdas? Mundo de las ideas y
mundo de las cosas. Al mundo de las cosas corresponde la opinión y
al de las ideas la ciencia.
¿Es posible que
alguna vez alguien sepa absolutamente todo, referido a todo? ¿Y si alguien te
preguntara que le digas qué es una idea? ¿Qué dirías? Entre otras cosas, de las
condiciones, límites y posibilidad de lo que podemos conocer se ocupa la teoría
del conocimiento. Vamos a ver aquí, que decía Platón de este asunto.
Y a Platón se le
planteaba un problema: ¿cómo conocemos las ideas si pertenecen a un
mundo (el inteligible) en el que el hombre no está porque vive en el sensible? Para
responder a esto, Platón lo explicó gracias a dos conceptos que
son importantes: la reminiscencia o recuerdo, y la dialéctica.
¿Cómo
conocemos las ideas si están en el mundo inteligible? Básicamente Platón
sostiene que podemos conocerlas recordando. Pero puede recordarlas
a través de las cosas del mundo sensible. Se trata de recordar lo que hay en el
alma y que ésta conoció cuando estuvo en el mundo inteligible.
Según Platón,
solamente la contemplación directa de las ideas en el mundo inteligible nos
permite conocerlas. Y el alma humana vivió en ese mundo, contemplándolas allí.
Cuando nuestra alma cayó al mundo sensible y se unió al cuerpo las olvidó.
La reminiscencia, por tanto, es recordar.
¿A qué te recuerda
esto? La religión cristiana, siglos después de Platón, también
habló de un paraíso original perdido, de un alma que es "castigada" a
vivir en la tierra... Son muchas las semejanzas que hay entre el pensamiento
platónico y la religión cristiana. O dicho de otra manera, el cristianismo
asumió y transformó en religión conceptos filosóficos de Platón.
Hemos visto que
Platón escribió en forma de diálogos. La dialéctica es, precisamente, el arte
del diálogo. Y también es un método filosófico, una
forma de pensar. Se trata de "ascender" al mundo inteligible
mediante el pensamiento. Y ya hemos visto que la idea suprema es la idea de
Bien.
Ascendemos a ella mediante el amor, que es el motor de esta
ascensión. Por tanto, el amor en Platón no es lo que hoy en día entendemos en
sentido coloquial como querer a una persona.
Se trata más bien
de ir ascendiendo en el conocimiento que nos lleva de las cosas a las ideas.
Partimos, por ejemplo, de los ejemplos individuales de perros que podemos ver
por la calle, y de ahí vamos definiendo qué es un perro. Y a partir de lo que
es un perro llegamos a la idea de animal. Y de la idea de animal a la de
vida... Lo que vamos haciendo en este proceso es lo que Platón llamaba una
"ascensión cognoscitiva", ir sabiendo más, al alejarnos de los casos
y las cosas concretas e ir acercándonos a las ideas.
Nuestra Valía
“La seguridad
representa nuestro sentido de la valía, nuestra identidad, nuestra base
emocional, nuestra autoestima, nuestra fuerza básica personal( o la ausencia de
ella )…” decía
S.Covey.
Antes de cualquier debacle, nos sentimos útiles, lo más
útiles… tenemos trabajo, hacemos felices a las personas que nos rodean.
Sentimos que ayudamos al mundo con nuestra aportación, por pequeña que sea.
Pero ahora piensas, que ya nada vale la pena, ni tú mismo.
Pero ahora piensas, que ya nada vale la pena, ni tú mismo.
Te has quedado en paro, sin pareja o los amigos con
los que siempre estabas, ya no lo están porque tienen novias o casados y tienes
que hacerte otros amigos, si quieres hacer algo fuera de casa.
“ Soy un inútil..” te dices a ti mismo. Ya nadie te va a pedir que le ayudes haciendo eso que se te da bien a ti. Nadie querrá ser tu amigo, a una edad ya es difícil de hacer amigos. O como está el mercado laboral, a tu edad es difícil contraten a alguien.
También he conocido a gente que llevaba la palabra “inútil”
impresa a su carácter desde la niñez. La educación de algunos padres, hace
decirles a sus hijos, que son inútiles, que tienen que hacer las cosas como
están estipuladas, que la vida es muy dura, que sin esfuerzo no se conseguirá
nada en la misma… Una presión que lleva a dos situaciones, a creerse que de
verdad eres un “inútil” para todo, ya que no has llegado a conseguir satisfacer
las expectativas de tus padres y a “explotar” emocionalmente a veces con
consecuencias nefastas.
Ese trabajo no era lo que te hacía sentirte útil, era como te desarrollabas en él, cómo te ibas superando, en el aprendizaje que ibas acumulando y las experiencias que vivías.
Esa pareja no te hacía sentirte útil, era las experiencias, las sorpresas, los momentos que le hacías vivir para hacerla feliz a tu lado.
Tu familia te decía de pequeño que era un inútil. Mentira.
Lo que pasaba que no llegabas a las expectativas desmedidas que ellos tenían
sobre ti. Pero si te das cuenta, has ido haciendo cosas increíbles, únicas, que
jamás pensaba que podrías hacer. Y si, no pienses que no te querían porque no
alcanzabas ese listón, ellos te querían, claro que sí, pero a su manera.
Al no alcanzar esos listones de tu familia, al no tener pareja o un puesto de trabajo, ahora piensas que no vales para nada, que no tienen ningún don, que la vida no tiene sentido sin alguna de esas cosas.
¡¡FUERA YA ESOS PENSAMIENTOS!!
Tú vales muchos más de lo que te creías antes y ahora. Ves a
la vida de color negro, dices que no tienes ninguna motivación, que no tiene
ningún sentido ya nada.
Dudas de ti, de tus capacidades. Tu confianza se ha ido ya hace tiempo con otra persona.
Sin ese trabajo, sin esa persona, sin ese amor que tanto crees que te hace falta, sientes que no hay ningún aliciente para levantarte de la cama. Te gustaría que la vida pasase lo más rápido posible.
¡¡YA ESTA BIEN!! LEVANTATE. VALES MUCHO.
¿Y por qué te digo todo esto aunque no te conozco? Porque yo
me he sentido así en algún momento de la vida. ME SENTÍA UN VERDADERO INÚTIL.
Dependía del exterior, del qué dirán, de si satisfacía o no las expectativas de los demás. Y cuando no lo conseguí, caí en un gran bache.
Pensaba que mi vida solo dependía del exterior y estaba muy equivocado. Desde la juventud, dependemos más del exterior que del interior y cuando perdemos el lazo que nos hace sentirnos parte de la sociedad, pensamos que somos lo peor.
Dependemos más del amor de afuera, que del amor que tenemos dentro de nosotros
mismos. Nuestra autoestima, confianza, depende más de alguien, que de nosotros
mismos.
Ahora que tu personalidad, tu ser, piensas que se ha quedado
totalmente desvalido, desnudo, es el momento ideal, para reconstruirte.
¿Cómo empezar? Reafirmándote en tu valía.
¿Cómo empezar? Reafirmándote en tu valía.
Haz una lista de esos pequeños, grandes y medianos éxitos que has ido consiguiendo a lo largo de tu vida.. Hacer el camino de Santiago, construir alguna cosa para tu casa, ir al gimnasio todos los días , dar una conferencia delante de tus compañeros de trabajo o decir a esa persona que tanto te gusta “Me gustas”…
Aunque no creas, has hecho muchas cosas, que han hecho
superarte a ti mismo y ponerte una sonrisa en los labios tras superar tus
límites.
Los superaste por ti mismo, sin que nadie te dijera nada, sin depender de las direcciones de nadie… Sé que te parecerán proyectos pequeños, sin importancia, que todo el mundo podría haberlo conseguido, pero los hiciste tú sólo, por iniciativa propia.
¿Ya has escrito esos hechos?
Y ahora viene el gran reto, adentrarse en uno mismo. Antes
dependías de los demás, pero en esta vida, solo dependes de una persona, DE
TI MISMO.
Te sientes desvalido, sientes que no vales nada, Y VALES MUCHO. Conócete, respóndete con sinceridad a esas preguntas que tanto miedo te han dado siempre, como por ejemplo: “¿En qué soy bueno? ¿Tiene sentido mi vida? ¿Cuál es el concepto que tengo de felicidad? ¿Soy feliz?..”.
Da miedo, respeto, …
como quieras llamarlo, pero al empezar a conocerte de verdad, te darás cuenta,
de quien eres, de tus potenciales, de tus valores ( algo que nunca deberías
sabotearte ), de ti… y te irás dando cuenta, que VALES MUCHO.
Has conseguido muchas cosas que te has propuesto, más de las que crees. ¿Y ahora vas a tirar la toalla por qué no tienes pareja? ¿Deprimido por qué no tienes trabajo? ¿Tu felicidad depende del exterior o de ti?
Sólo TÚ decides cuanto vales, no puede depender tu
valoración de nadie más.
DEPENDE DE TI. A lo mejor ahora es el momento de crear ese sueño que siempre has tenido, a lo mejor ahora por fin de gritar a los 4 vientos, como eres, lo que sientes y quieres en la vida.
Solo depende ti conseguir todo lo que deseas, no
depende de nadie más. Sólo depende de ti, decirte a ti mismo, te quiero,
cuidarte, motivarte, alentarte.
Tu felicidad, tu satisfacción, el aceptarte a ti
mismo, sólo depende de una persona, y se llama, TÚ.
La Vida No Vivida
A
la vida se le puede pedir no más de lo que pueda dar: instantes de ternura, de
enamoramiento, sorpresas, nostalgia y esperanza. Segundos de lucidez, momentos
para disfrutar de la belleza, de la amistad, de las lágrimas y las
pasiones". Eso es algo de lo que se puede pedir a la vida según dice en su
nuevo libro Javier Urra (¿Qué se le puede pedir a la vida?, Editorial
Aguilar).
Lo que cuenta Urra son verdades aprendidas a lo largo de su vida:
como psicólogo, como profesor universitario, como educador de niños
disminuidos, como reformador de niños conflictivos, como defensor del menor,
como fiscal de menores y, sobre todo, como interlocutor en tantos conflictos
humanos en los que se ha visto involucrado por sus distintas actividades.
El
ministro de Educación que prologa el libro, no cómo ministro, sino como Ángel
Gabilondo, viejo amigo de múltiples vivencias junto a Urra, lo expresa muy bien
cuando dice: "Este libro que alienta Urra está atravesado por una
experiencia, la de lo sencillo y difícil que es vivir. Imposible vivir bien sin
bien vivir".
Urra ha apoyado su conversación con los lectores en varios
invitados que alumbran su discurrir. Los clásicos, de Aristóteles en adelante
pasando por Calderón de la Barca y Cervantes, hasta Baroja, Ortega o Julián
Marías o nuestro Ramón Irigoyen. También los vecinos como Sartre o Pessoa, como
Shakespeare o Tolstoi, incluso ha acudido a leyendas y filosofías de otras
culturas, desde el mismo Confucio a Krishnamurti. Y ni siquiera se ha privado
de contar las citas que le ayudaron a vivir escuchadas en películas, canciones,
poemas libros. "He leído muchos los clásicos durante los últimos años y he
incluido algunas de sus reflexiones para apoyar mi diálogo con los lectores.
También he incluido leyendas, fábulas, pequeñas historias de distintas culturas
para contar lo que quiero expresar", dice.
¿Cómo la del rico
mercader árabe que quiso saber qué había comprado el pordiosero con las dos
monedas que le dio: "Con una, respondió el pordiosero, me he comprado pan
para tener de qué vivir; con la otra me compré una rosa para tener por qué
vivir"?
Nadie vivirá
nuestra vida, nadie morirá nuestra muerte, nadie dirá nuestras palabras y nadie
querrá al otro con nuestro corazón. Lo dijo Gabilondo en su prólogo.
Por eso la vida no
vivida es una enfermedad de la que se puede morir, como diría Jung. Tenemos que
hacer de nuestra vida un proyecto personal.
A veces tendremos que reunir el
coraje para pasar de lo conocido a lo desconocido, para efectuar un salto
metafórico al vacío, explorando el potencial de nuestro ser, sin malgastar el
tiempo viviendo la vida de otros. Nuestros actos crean nuestro destino.
Detrás De La Máscara
“A pesar de la incertidumbre,
siento la solidez de lo que existe, y la continuidad de mi ser tal cual soy”
Carl G.Jung
Las flores de Bach trabajan sobre el
mecanismo central de desconexión entre máscara y sombra. El mito griego de
Quirón describe la tarea que cada persona debe enfrentar: la herida que debe
sanar, la lección de vida que debe aprender.
La sombra es lo opuesto a lo que
aceptamos, reconocemos y con lo que nos identificamos: nuestra máscara. De esta
manera la tarea de la Terapia Floral consiste en destruir o disolver nuestras
máscaras y ponernos en contacto, cercano e íntimo, con nuestra sombra. La
Terapia Floral (en lenguaje moderno) es una psicoterapia sostenida por esencias
florales.
Entrar en contacto con la sombra es
el paso inicial del proceso terapéutico e implica:
Que la persona la sienta como parte
propia e incorpore los afectos/ emociones que por ausentes se vuelven síntomas,
ya que el síntoma es la expresión de una emoción suprimida
Que acepte que somos dos y que ambos
somos “uno mismo”. Ej: Que todo Vervena - Vervain en la personalidad esconde un
Violeta de Agua -Water Violet en su sombra, que todo Agua de roca - Rock Water,
una Cerasifera - Cherry Plum.
Nuestro trabajo floral consiste en
lograr que la persona reconozca lo que proyecta fuera de sí y considere sus
síntomas, sus vínculos y sus sueños como espejos que le devuelven la madera de
que está hecha su alma. Actividad difícil porque nos cuesta ver en nosotros lo
que rechazamos en otros.
Eduardo H. Grecco nos aconseja como
terapeuta, tener en cuenta tres lugares desde el cual diagnosticar en términos
caracterológicos a una persona: máscara, sombra y posición emocional. La
personalidad es la ventana por medio de la cual miramos el mundo y el mundo nos
mira.
La sombra es lo que ignoramos y rechazamos de nosotros mismos. La
posición emocional es la modalidad afectiva que marca nuestra vida y tiñe el modo
de mirar y ver la realidad propia y ajena.
Hay esencias para acercarnos, para
tomar conciencia de nuestra sombra, opuesta a lo que es ese escudo
identificatorio manifiesto que llamamos personalidad. Esa flor que mora en el
abismo al que nos cuesta asomarnos es la que hay que descubrir y se debe
prescribir cuando hablamos de prescripción caracterológica – flor tipo. Allí es
donde mora la fuente de donde mana la “causa real de la enfermedad”.
“Detrás de una máscara rígida y
autosuficiente, la sombra que tenemos que abrazar es el espíritu de libertad de
pensamiento que envolvía a Bach por dentro y por fuera, de la cabeza a los
pies”.
Instinto Humano
Disposición
psicofísica innata, heredada, que incita al sujeto a actuar de una determinada
forma frente a un estímulo o un objeto.
Toda conducta
instintiva, en el reino animal, debe reunir, al menos, las siguientes
características:
1. Ser innata: Es
decir, no precisar de un aprendizaje previo.
2. Ser fijada: Esto
es, tener lugar siguiendo unas pautas de comportamiento invariables y fijas.
3. Ser específica:
Que ocurre siempre ante determinados estímulos internos o externos.
4. Tener un sentido
de supervivencia para el sujeto o sus allegados.
La conducta animal
se desarrolla básicamente en función de los instintos, de forma automática y
sin que el sujeto tenga conciencia de ello.
En la conducta
humana persisten un gran número de patrones instintivos, aunque, por su
capacidad de racionalización, gran parte de la vida instintiva del ser humano
ha sufrido un proceso de complejidad, mezclándose auténticos instintos con
conductas voluntarias.
Generalmente, en el
ser humano el impulso instintivo pasa por el «filtro» de la razón, por lo que,
voluntariamente, es capaz de modificar, anular o reprimir la conducta
instintiva. Esto es fácil de observar si comparamos la actitud de un niño
pequeño con la de un adulto: el primero se moverá siguiendo únicamente sus
apetencias, sin control, mientras que el segundo valorará sí es o no el momento
adecuado para satisfacerlas. Pero este control es fruto de un aprendizaje y una
educación que, en cierto modo, regulan los instintos. Es decir, se aprende a
controlar los instintos, pero no la conducta instintiva en sí, que es innata.
Según la
complejidad y desarrollo intelectual del ser humano, podemos clasificar los
instintos de la siguiente manera:
A) Instintos
vitales. Son los más primarios y comunes entre seres humanos y animales. Tienen
por finalidad la conservación de la existencia del sujeto, de su familia o de
su especie. Son los llamados instintos de supervivencia, que velan por el
sustento y mantenimiento de la vida, al igual que evitan la destrucción o la
muerte.
Entre ellos
destacan:
1. Instinto de
nutrición, que determina una serie de pautas de comportamiento dirigidas a la
obtención de alimento y agua. Se pone en marcha por el estímulo interno del
hambre o la sed, y en función de las necesidades corporales. Según el
desarrollo en la escala evolutiva del animal, la conducta nutritiva será
proporcionalmente más compleja: desde un simple acercamiento a la comida (como
ocurre con el gusano) a la más compleja técnica de caza de una manada de lobos.
2. Instinto sexual,
que está encaminado a la conservación de la especie. Impulsa, por la atracción
erótica, el acoplamiento entre ambos géneros, con fines procreativos.
3. Instinto de
lucha y huida, dirigidos a la protección de la integridad física frente a la
agresión externa.
4. Instinto de
guarida y búsqueda de calor, cuyo fin es protegerse de las inclemencias
climáticas. Clara manifestación de este instinto son las migraciones de las
aves.
B) Instintos de
placer. Son un poco más complejos y selectivos que los anteriores. Son ya más
típicos del ser humano, aunque algunos animales, los más evolucionados, pueden
poseerlos también en sus patrones de conducta. Tienen como finalidad el
proporcionar placer y aumentar el bienestar individual.
Generalmente,
consisten en una selección y refinamiento de los instintos vitales.
Así, en la
nutrición, el ser humano elige determinados alimentos buscando más el placer
que satisfacer su apetito. Igualmente, al beber, incluye los néctares como
complemento del agua para aliviar la sed. No se conforma con un refugio, sino
que busca comodidades en su hogar. La sexualidad llega a desligarse de los
fines procreativos para encaminarse hacia la relación placentera. E incluso
añade consumos superfluos e innecesarios, como el tabaco, el alcohol y las
drogas, con el único fin de estimular sus sentidos.
C) Instintos
sociales. Incitan al individuo a la formación de colectividades y a situarse
dentro de las mismas con un cierto rango. Entre los instintos sociales
destacan: la necesidad de compañía, de prestigio, de poder y de propiedad.
D) Instintos
culturales. Más propios del ser humano culto y civilizado. Entre ellos
destacamos la «ambición» de saber, las inclinaciones artísticas, la
investigación, las tendencias filosóficas y religiosas, etc.
Así, si en los
animales los instintos constituyen el motor de su vida, en el ser humano éstos
pasan a un segundo plano, situándose tras los actos voluntarios y conscientes.
Una Nueva Oportunidad
En nuestra vida, en varios
momentos nos sentimos perdidos. Con mayor o menor frecuencia creemos que este
no es nuestro lugar, que no hacemos lo que nos hace felices o que lo que
hacemos nos priva de las cosas buenas. En definitiva, que estamos mal y no le
encontramos el sentido a nada.
Bien, pues entre tú y yo, de perdido a perdido,
ahora te tocan las preguntas del examen de tu vida que no llevas estudiado.
Es la primera de muchas preguntas que debes hacerte cuando
te sientas así.
Etimológicamente, perdido es alguien
que no tiene un destino determinado. Sinceramente, creo que todos
tenemos un destino, del que normalmente nosotros mismos decidimos el trayecto. Perderse
es habitual si no sabes el camino, aprender de ello es obligatorio si
quieres conocerlo.
“Hay gente que pasa su vida
haciendo cosas que detesta, para conseguir dinero que no necesita, comprar
cosas que no quiere e impresionar a gente que odia“.
Este tipo de
gente que describe Emile Henry Gauvreay sí que son auténticos perdidos.
Tendrás un momento confundido, dubitativo o indeciso; llámalo como quieras,
pero tú no eres un perdido.
Al principio te parecerá que
sí, que nunca has estado peor, que todos los momentos anteriores eran
exageraciones de tu mente, que ahora no hay marcha atrás o que ya no vas a
poder disfrutar como antes. Vuélvelo a pensar, quizás ahora ves claro que, de tanto que andamos, alguna vez nos perdemos entre
tantos sueños de grandeza; aunque sabes que siempre vale la pena luchar para
cumplirlos.
Olvida las palabras siempre, todo, nada y nunca. Los acontecimientos
son relativos y los estados son temporales, no hay verdades absolutas ni
sentimientos permanentes. Puede ser que hayas tenido un golpe de
mala suerte, que te haya ocurrido un desafortunado suceso o que te hayas
visto involucrado en un hecho puntual, pero no, no eres un perdido
.
Nuestra mente tiende
hacia cuatro estados: euforia, estabilidad, irritabilidad
y tristeza. Nuestras ajetreadas vidas son un vaivén entre ellos.
Procuramos mantenernos entre los dos primeros, aunque a veces, las
circunstancias o nosotros mismos nos lo impedimos
s.
Aprovecha cada momento, desapúntate del Máster de
Cobardía que te sacas en la Universidad del Conformismo y empieza otra carrera,
una de velocidad, una en la que tú eres el único aspirante y ganador.
Esta carrera se corre montado con valentía, en un circuito en
forma de sonrisa y con combustible hecho de coraje.
“En realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si
la vida espera algo de nosotros” (Victor Frankl).
La vida son momentos, algunos altos y otros bajos creados
por circunstancias internas y externas, aunque eres tú
quien decide la intensidad de las pendientes; ese es el sentido
que le quieres dar a la vida, y lo que ella espera de nosotros.
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