jueves, 27 de diciembre de 2018

El Valor De Una Vida


Tenemos un valor incalculable; no somos el resultado de la evolución, de un accidente cósmico o una forma de vida biológica elevada que por casualidad adquirió conciencia. Fuimos creados como seres racionales, con moralidad, voluntad y discernimiento, únicos sobre la tierra con cuerpo, alma y espíritu, capaces de obrar para bien. Somos obra de un creador que con sabiduría e inteligencia nos hizo con un propósito, que no consiste en acumular posesiones o riqueza, sino en que tengamos como prioridad el cuidado y desarrollo integral de todo ser humano desde el momento de su concepción, utilizando para ello todos los recursos disponibles.

La racionalidad y moralidad nos da la capacidad de obrar para el bien, no solo para sí mismo, sino también para los demás. ¿Qué ha ocurrido entonces que hemos desvalorizado la vida, perdiendo la sensibilidad ante la necesidad y el dolor ajeno? Los grandes desafíos que tenemos en nuestro país, como la desnutrición infantil, carencia de atención en salud primaria y preventiva, el hambre y la miseria, el analfabetismo, la violencia que produce muerte y dolor a millares de familias o la desintegración familiar, exigen de cada uno de nosotros una respuesta concreta, comenzando con los gobernantes, puesto que han sido puestos en autoridad para servir, para buscar el bien común, no el beneficio propio.

Con frecuencia argumentamos que somos un país pobre, dependiente y limitado para enfrentar estos desafíos. Sin embargo, somos un país rico en recursos y potencial humano, con capacidad de generar oportunidades para el desarrollo integral de todos sus habitantes. El verdadero problema radica en que no estamos valorando la vida en la dimensión correcta, nos hemos vuelto indiferentes ante el drama de nuestros semejantes. Esto se evidencia, por un lado, en la forma como se administran y distribuyen los recursos públicos (actos de corrupción o en la priorización de cosas que no buscan satisfacer las necesidades primarias de la población) y por el otro, en la negativa o evasiva de cumplir a cabalidad la responsabilidad de pagar impuestos. Tanto lo uno como lo otro es inmoral y condenable.

La valoración del ser humano es un desafío ético para todos los que formamos parte de la sociedad. La riqueza y las posesiones son instrumentos que deben servir para el beneficio de los demás, no para fines egoístas.


Evaluemos nuestro actuar, cumpliendo de manera justa y honesta con el rol que nos corresponda y en cuanto tengamos la oportunidad y la posibilidad ayudemos al necesitado, recordando que aquel que sabe hacer el bien y no lo hace, le cuenta como pecado, porque pudiendo hacer algo por sus semejantes y no lo hizo, se hace parte del problema, no de la solución. 

Una Forma De Ser Y Estar


La felicidad es una forma de ser y estar en este mundo, y el ser humano tiene como fin la búsqueda de esa felicidad, pero es importante saber que ser feliz NO es equivalente a no tener problemas.

Ser feliz es sentir que eres capaz de llevar las riendas de tu vida, que aunque el camino sea tortuoso tienes un objetivo que quieres alcanzar, que aunque tienes miedos y ansiedades eres capaz de apoyarte en tus fortalezas para vencerlos, que aunque por tu cabeza aparezcan pensamientos negativos producto de creencias limitantes, puedes detectarlos, reflexionar sobre ellos y darlos la vuelta para seguir avanzando…

Ser feliz es ser capaz de disfrutar esas pequeñas cosas que pasan desapercibidas pero que en el fondo son la sal de la vida: una sonrisa, un gesto amable, el abrazo de un amigo, ver jugar a tus hijos,…


La felicidad no está en tener lo que se desea si no en disfrutar de lo que se tiene

El Ser Inteligente


La inteligencia no es solo un don, es también una práctica. Una práctica que se ejercita como se ejercitan los músculos o la memoria. La única diferencia es que su entrenamiento es algo más complejo, porque para desarrollarla hay que aprender a combinar muchos componentes a la vez: imaginación, lógica, retentiva, cultura, reflexión, experiencia…

Pero tratando de resumirlos todos, podría decirse que la inteligencia se desarrolla a través del desligamiento. Uno debe separarse de quien se supone que es, del lugar que ocupa en el mundo, de lo verosímil y de lo esperable. Todo al mismo tiempo. Y también debe cuestionar las explicaciones más inmediatas pues estas tienden a ocultar las más distanciadas, que son, precisamente, las que ejercitan la inteligencia.

García Márquez contaba que en una ocasión un pequeño ratoncillo salió de su escondrijo y vio por primera vez un murciélago sobrevolando la zona. Extasiado, entró corriendo en la guarida en busca de su madre y le gritó: «¡Mamá, mamá, he visto un ángel!».

No es que el ratoncillo fuera tonto, es que aún no se había ejercitado lo suficiente como para llegar a asociaciones menos inmediatas.

Otro aspecto fundamental que desarrollar es la conciencia del punto de vista. Es decir, el asumir siempre que lo que vemos no es la realidad, sino tan solo una parte. Y que deberemos utilizar la inteligencia para completar la imagen. A este respecto hay otra historia interesante. 

Dos profesores de ciencias exactas paseaban por el campus de la universidad en la que trabajaban cuando un tranvía se les cruzó por delante. Al verlo, uno de ellos le comentó al otro: «¿Se ha fijado, estimado colega? Han pintado los tranvías de amarillo». A lo que el segundo le respondió de inmediato: «Sí, cuando menos por el lado de acá».

Desligarse de lo probable y lo inmediato nos hace crecer en inteligencia. Y solo cuando incrementamos esa capacidad es cuando somos capaces de alcanzar niveles de disrupción que nos permiten evolucionar, como individuos y como especie.

Un caso muy claro son los análisis no disruptivos que hacemos de la realidad inmediata. Cuando vemos, por ejemplo, que el petróleo se va a acabar, calculamos cuánto queda y llegamos a la conclusión de que todos los coches serán eléctricos en el plazo de 40 años. Pero ese es un análisis lineal que no tiene en cuenta el hecho disruptivo. Las cosas sucederán mucho más deprisa y por otros motivos.

Porque si revisamos el pasado, vemos que cuando el hombre descubrió el cobre enseguida comenzó a utilizarlo en lugar de las piedras. Y no lo hizo porque las piedras estuvieran desapareciendo del planeta, sino porque el cobre era más eficiente. Lo mismo sucedió con la llegada del automóvil. 

La gente tampoco sustituyó a los caballos por coches porque los caballos fueran a extinguirse. Lo que sucedió en ambos casos es que tanto el cobre como el motor de explosión interna fueron aportaciones de mentes más inteligentes que se alejaron de lo evidente para llegar a soluciones disruptivas.

Sin embargo, cuando estas mentes aparecen, la realidad se transforma a una velocidad vertiginosa. La inteligencia actúa como un catalizador que todo lo revierte. Volviendo a los coches, Tesla Motors lanzó al mercado su primer vehículo cien por cien eléctrico hace tan solo ocho años, y en estos momentos ya tiene una enorme cantidad de futuros compradores en su lista de espera. Ninguno de ellos ha aguardado, en contra de lo que pensaban otros fabricantes de automóviles menos disruptivos, a que el petróleo se acabara para comprarse un Tesla.

Tu Opinión Es Importante

Tener acceso a internet nos permite dar nuestra opinión sobre cualquier tema. Poder expresar los propios gustos y disgustos es importante para nosotros mismos porque nuestra opinión es algo que nos define y separa del resto. Opinar por internet significa poder expresar lo que pensamos y así compartir nuestras experiencias y explicar el porqué de nuestras opiniones con otros usuarios.

Al mismo tiempo, es importante también porque dar nuestra opinión significa darle al otro la posibilidad de cambiar, mejorar o revisar lo que no nos agrada.

 Hay muchas maneras de expresar tu propia opinión en internet:
1. Muchas personas tienen blogs sobre argumentos que los apasionan, para comentar o criticar hechos recientes en la industria en la que se especializan.
2. Otros comunican sus opiniones en redes sociales como Twitter o Facebook, así ayudando a otros usuarios con sus sugerencias o creando discusiones o charlas entre consumidores.
3. Algunos deciden expresar lo que piensan acerca de servicios o productos de empresas respondiendo a encuestas remuneradas por internet.

Al fin y al cabo lo importante no es el medio, sino el hecho de poder expresarnos sobre argumentos que nos interesan. Y hoy en día, teniendo acceso a todo tipo de discusiones por internet, ¡la verdad que no tenemos excusa para no compartir lo que pensamos!

Muchas personas tienen miedo de que expresar la propia opinión pueda influir negativamente sobre ellos. La mayor preocupación es que dar una opinión pueda tener consecuencias negativas en la vida laboral, si esta no coincide con la de la empresa o empleador. Este es un miedo comprensible ya que prácticamente todo lo que está en internet puede ser encontrado en los motores de búsqueda.

Pero es importante saber que hay muchos modos para lograr expresar lo que pensamos de manera completamente anónima, sobre todo cuando usamos métodos que están afuera de lo que son las redes sociales.


Tener una voz en capítulo y saber que de alguna manera podemos contribuir a mejorar comportamientos, productos o servicios que nos afectan en manera personal o como consumidores, es algo que deberíamos aprovechar más seguido y lo cual beneficia tanto al otro como a nosotros.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Necesidad De Respuestas

Filosofía
Necesidad De Respuestas
La primera fuerza o necesidad que el hombre experimenta ya desde su adolescencia, es la de encontrar un sentido a su propia vida. La voluntad de placer, de gozar de la vida, no es la fuerza fundamental del hombre, no es la que puede explicar toda la historia de la humanidad y de cada hombre en particular. Tampoco la voluntad de afirmarse y de ser alguien en la sociedad es la última y más importante tendencia del hombre.

Lo que en realidad el hombre más necesita es encontrar un sentido a su existencia, ubicarse en el mundo del porque y saber si todo tiene un sentido, o en cambio es solo una promesa que nunca se realizara.

El hombre es capaz de vivir e incluso morir por sus ideales y principios, pero no puede inventar el mismo estos ideales. No podemos como nos propones Sartre, inventar nosotros el sentido de nuestra vida. Podemos descubrirlo, no inventarlo.

La vida del hombre no es, pues, un estado de satisfacción, sino una tensión, un conflicto, una lucha para descubrir una solución al problema fundamental.

El hombre es esencialmente esta tensión entre el tedio y el deseo. Experimentar el vacío la pérdida del sentido de la vida es lo que constituye la angustia existencial del hombre..

A veces, el hombre quiere huir de esta realidad y compensarla con el dinero, con el sexo, la droga, el poder, la actividad frenética.

Pero la pregunta existencial: "Vale la pena todo esto...? ", vuelve a inquietar siempre al hombre. Vale la pena encarar este tema y buscar las pistas de solución


El Avance Impredecible

Lo que vemos hoy es algo ya alucinante pero nadie se asombra de lo que está por venir con el cambio tecnológico. Empezamos a estar curados de espanto.

Nos encontramos en el umbral de una revolución que altera nuestra forma de vida, trabajo y relaciones. Probablemente ante unos cambios nunca experimentados – si cabe aún más – que van a transformar a la humanidad.

La primera revolución industrial utilizó el agua y el vapor para mecanizar la producción, la segunda la electricidad para la producción en masa y la tercera la electrónica e informática para su automatización. Estamos ahora ante ¿una cuarta? caracterizada por la revolución digital que bordea los límites entre lo físico, lo biológico y desde luego la digitalización.

Seguramente la transformación viene de la mano de la velocidad y su impacto en todos los sistemas y lo hace de forma exponencial transformando los sistemas de producción, administración y gobierno.
Hoy ya las posibilidades de billones de personas interconectadas a través de teléfonos móviles con una capacidad de proceso inimaginable, capacidad de almacenamiento y acceso al conocimiento son casi ilimitadas. Y estas posibilidades se expanden en campos como la inteligencia artificial, robótica, vehículos autónomos, nanotecnología, biotecnología… etc
.
La pregunta que nos hacemos es cómo nos afectará en lo general y en lo particular. Esta nueva era industrial va a cambiar no sólo lo que hacemos sino cómo somos. Afectará a nuestra identidad y a todo lo asociado a ella: la privacidad, la noción de propiedad, las forma de consumo, el tiempo dedicado al ocio y al trabajo, en definitiva a nuestras relaciones, en una lista interminable de posibles, sólo limitado por nuestra imaginación. Nos encontramos ante cambios imprevisibles.

Y también, las nuevas tecnologías van a incidir en la forma de gobernar empresas y naciones posibilitando a los ciudadanos enlazar con Gobiernos, manifestar sus opiniones, coordinar esfuerzos e incluso supervisar directamente la gestión de los asuntos públicos de igual forma que los Gobiernos podrán incrementar su control sobre la población mediante sistemas de vigilancia y el control de la infraestructura digital.

Sin duda, la capacidad de los sistemas de gobierno para adaptarse a todo este entorno es lo que va a determinar su supervivencia. En esta nueva era de rápidos cambios los legisladores y gobiernos tienen ante sí el reto de adaptarse o fenecer.

Por supuesto que también afectan estos cambios a la naturaleza de la propia seguridad y defensa, en conflictos en los que lo “hibrido” se acentúa combinando las técnicas clásicas de la guerra con actores no estatales produciéndose una bruma entre lo que es guerra y paz, combatiente y no combatiente, o incluso violencia o no violencia, como es el caso de la guerra cibernética. A medida que este proceso se impone y las nuevas tecnologías, como por ejemplo, las armas biológicas se hacen más fáciles de usar, al alcance de individuos y pequeños grupos, la cooperación entre Estados se hace perentoria para evitar daños masivos.

Para evitar males imprevisibles se hace necesario desarrollar una visión global y compartida de todo cuanto he expuesto y cómo afecta a nuestras vidas modelando nuestra evolución social, cultural y humana. 

Nunca ha habido seguramente tales tiempos de esperanza o de peligro descontrolado como ante el que nos enfrentamos.


martes, 25 de diciembre de 2018

Despertar Al Dolor


Estar vivo es estar despierto

Y despertar es sentir, no sólo el dolor, no sólo el gozo, sino la experiencia en sí;
con todo lo que trae y todo lo que es, en todo  en cada instante, en todo lugar ,cada segundo.
Estar vivo es sentir tu cuerpo y tus emociones, es estar en ti mientras caminas, sentir tus pies y tu equilibrio, gozar de cada inhalación, saborear cada bocado, dejar que el viento toque tu piel, conectar con el otro, subir la mirada y dejarte asombrar.

Es perderte en lo que te llama, soltar lo que te atrapa, dejar ir el momento que pasó y adentrarte en el que estás ahora…aquí… ahora… en este instante…absorbiendo el aprendizaje rompiendo tus esquemas dejándote evolucionar.

Así es que no te duermas pues dormido no vivirás apaga la televisión despídete del somnífero, actívate por ti mismo, suda… ¡siente el frío! no te duermas con sustancias, no te duermas con adicciones no te distraigas de ti mismo, habita tu propia piel, sé tú mejor compañía…que contigo basta y sobra, contigo es más que suficiente…

Así es que despierta y ¡vive! que vivo ya estás, sólo necesitas darte cuenta.


Convivencia Humana


En la historia de la Humanidad, la capacidad de convivir con otros seres humanos no ha sido solamente importante sino que también ha sido necesario. El ser humano es un ser gregario que no puede vivir solo fácilmente. Es por eso que la convivencia entre los distintos individuos es un pilar básico y elemental de la vida humana.
Convivir es conocer al otro y saber reconocerse como un individuo social.

Una parte importante de nuestro crecimiento es aquel momento en el que nos damos cuenta que estamos rodeados de otros seres humanos. Este proceso se da en los primeros años de vida y es un momento de gran valor ya que es la primer experiencia que tendremos de una vida que será netamente social.


El reconocernos como seres sociales es un elemento central para conocernos mejor y luchar día a día por lograr establecer una convivencia armoniosa y pacífica. Aunque esto es complicado, las sociedades han siempre buscado establecer normas y leyes que permitan evitar o prevenir conflictos así como también sancionarlos en el caso de que existan. La convivencia entonces ha necesitado estar enmarcada por distintos soportes legales y de valores sociales que nos educaran en la tolerancia o el respeto hacia el otro. De todos modos, nunca estos valores se aplican en su totalidad ya que las sociedades humanas son de por sí conflictivas.

Aunque los conflictos entre nuestros pares o aquellas personas que conviven con nosotros siempre existen y han existido, en la actualidad estamos presenciando una época de extremo individualismo que hace que muchas veces el satisfacer mis propios deseos y necesidades haga que deje de tener en cuenta los de los demás. 

Además de esto también es común la indiferencia hacia lo que el otro siente, vive o piensa y esto suma problemas a la posibilidad de vivir armoniosamente.


El Tiempo De Nuestro Tiempo

La riqueza se mide en tiempo y no en dinero. Al contrario de lo que muchas personas creen, el tiempo es más valioso que el dinero. El dinero en nuestra vida va y viene. Podemos pasar épocas de escasez económica pero también de abundancia. Sin embargo, el tiempo se va y no regresa. Cada día que pasa es un día menos que estarás en el planeta Tierra. El tiempo de tu vida se agota y se va para no volver jamás. ¿Qué vas a hacer con él?

Nuestro tiempo tiene la característica de ser finito y limitado. Todos nosotros disponemos de 24 horas al día, y por mucho dinero que tengamos no hay manera de poder aumentar esas horas. Por ese motivo tenemos que aprovechar y utilizar de la mejor manera posible el tiempo que tenemos.

¿Quién es más rico?
Te voy a poner un ejemplo que derriba el mito de que es más rico el que tiene más dinero:
Si te dijera que una persona A gana 1000 euros mensuales y otra persona B gana 2000 euros mensuales, y te preguntara: ¿quién es más rico de los dos?. ¿Qué dirías?

Evidentemente la persona A está ganando la mitad al mes por lo que la respuesta que damos intuitivamente es la persona B. Sin embargo, ¿es más rico el que gana más dinero?
Pues depende. Si te dijera que la persona A dedica tan solo 2 horas diarias de trabajo a conseguir esos 1000 euros, y la persona B dedica 10 horas diarias para conseguir los 2000, y te vuelvo a preguntar ¿quién es más rico?, ¿qué dirías esta vez?.
En esa situación es posible que cambies de opinión. Por supuesto que la persona B tiene más cantidad de dinero, pero la persona A tiene más tiempo libre y, en consecuencia, una mejor calidad de vida.

Como ves, este ejemplo rompe con el paradigma socialmente aceptado de que se es más rico cuanto más dinero se tiene. Una persona verdaderamente rica es aquella que dispone del tiempo suficiente para llevar la vida que desea. Por tanto la riqueza no se mide en dinero, la riqueza se mide en tiempo.
En el libro de Adam J. Jackson “Los diez secretos de la riqueza abundante” un sabio anciano chino le dice a un joven en apuros económicos lo siguiente:


“¿Puede considerar prospero a un acaudalado hombre de negocios que gana un salario enorme pero cuya carga laboral le impide disfrutar de sus hijos? ¿Quién es más rico, un millonario con cáncer o un hombre sin dinero en el banco pero con una excelente salud?. La verdadera riqueza solo puede juzgarse por la calidad de vida. 

Sólo una persona que puede vivir su vida de la manera que desea es realmente rica”.


lunes, 24 de diciembre de 2018

Dentro De Nuestras Mentes

Se trata de una idea que me resulta interesante, aunque puede sonar obvia, loca, o para alguno bastante rara o absurda. Bueno la idea surge de preguntarme de dónde vienen los números, ¿Quién inventó los números? ¿Existieron desde siempre? ¿Están implícitos o son un reflejo de la naturaleza? Una posible respuesta podría ser que el ser humano los invento por necesidad de contar las cosas, y a partir de ahí las matemáticas se fueron desarrollando. ¿Pero las matemáticas se inventan o se descubren? Otra posibilidad es que el ser humano aprendiera matemáticas observando la naturaleza, sus formas y simetrías, ya que dicen que las matemáticas son su lenguaje.

Aunque no llego a comprender exactamente las matemáticas como el lenguaje de la naturaleza, hace tiempo se me ocurrió que las matemáticas, al igual que el resto de conocimiento que conoce el ser humano, no han sido inventadas a partir de la observación o como resultado de múltiples pensamientos ideas que una o varias personas pudieron crear, sino, que planteo la posibilidad que esas ideas o pensamientos originales que dieron como resultado los conocimientos matemáticos, son ideas descubiertas, son ideas que desde siempre se albergan en nuestra mente y lo que conseguimos es contemplarlas.

Es decir, entiendo que el conocimiento es algo innato y que ya tenemos en nuestra inteligencia pero que está oculto, como si se encontrara en la oscuridad y no pudiéramos acceder a ello; y lo que ocurre cuando alguien hace algún avance en algún campo de las matemáticas, es des-cubrir un conocimiento que ya formaba parte de nuestra inteligencia pero que no habíamos accedido previamente. Se trataría de conseguir iluminar una idea que estaba en nuestra inteligencia, pero que permanecía en la oscuridad y no nos era visible. En otras palabras, cada nueva fórmula matemática, cada avance que se hace con los números, que sirven para explicar un poco más cómo es el mundo en el que vivimos, no son invenciones, sino descubrimientos, pequeñas ideas que conseguimos extraer de lo más profundo de nuestra mente. Habría que entender que todo el conocimiento se halla ya dentro de nosotros, nos viene de serie; lo que significaría que tenemos que indagar en nuestros límites de nuestra mente para destapar o acceder a nuevos conocimientos para traerlos en forma de idea a nuestra consciencia.

Descartes dijo: "Pienso, luego existo". Era de lo único que estaba seguro, de su capacidad de pensar, puede que sus pensamientos fueran todos falsos, que no hubiera ninguna verdad entre ellos. Él no sabía si lo que pensaba era realmente cierto, pero sabía que podía pensar, que podía visualizar ideas en su cabeza, como diciendo: no sé si estoy seguro de lo que pienso, pero estoy seguro que si hay pensamientos dentro de mi cabeza. Puede que Descartes pudiera apoyar la idea de que los pensamientos están ahí en nuestras mentes y sólo hay que descubrirlos. Lo que le preocupaba a Descartes era que no podía distinguir cuáles eran ciertos y cuáles no, pero quizá ese sea el objetivo de pensar y razonar, el saber distinguir de entre todo el conocimiento que alberga nuestra inteligencia, aquel que nos revela alguna nueva verdad.

Dijo un filosofa española, que no existe la verdad como tal, sino que toda las verdades son invenciones humanas. Nosotros decidimos que es verdad y que no lo es. Quizá, de entre todo el conocimiento que albergamos, nosotros tenemos la capacidad de "inventar" que es la verdad, porque nunca podremos saber que es cierto y que no, y quizá al descubrir ciertos conocimientos en nuestra mente demos a este la categoría de verdad, en ese caso la estamos inventando, porque interpretamos que una nueva idea extraída de nuestra mente es algo verdadero.

Al igual que el conocimiento está dentro de nosotros, la felicidad también lo está, y controlando nuestros pensamiento llegamos a reconocer donde se encuentra. Es un hecho común entre todas las personas intentar buscar la felicidad en los demás, en las cosas, en lo externo. Y en parte así es, porque las cosas que me ofrece la vida me aportan en ocasiones la sensación de bienestar, pero no se puede disfrutar de lo externo sino empiezo a hacerlo desde dentro. 

La felicidad se halla dentro de mí, porque aunque tenga acceso a disfrutar con multitud de cosas de la vida, si no poseo un control de mi interior, no podré disfrutar de ello.

A continuación incluyo unas notas de Abraham Lincoln sobre este aspecto sobre el cual reflexiono:
"Nadie ni nada nos puede aportar felicidad, no tiene el poder de hacernos felices. Este poder tan sólo está en nuestras manos."

"Nuestra verdadera esencia es infinita. La felicidad, no es algo que debemos buscar fuera si no que constituye nuestra verdadera esencia. Ya somos eso que buscamos ser. [...] Siempre andamos buscando que algo externo nos haga felices: una casa, otra pareja, otro libro, otro curso... sin darnos cuenta, sin aceptar, que ya estamos completos que ya somos esa felicidad que buscamos.".

Y ahora me pregunto, si según esta teoría el conocimiento está dentro de nuestras mentes al igual que la felicidad, ¿podría ser que la felicidad y conocimiento sean lo mismo? De esta manera, vuelvo a pensar en mi teoría del conocimiento que se basa en que el conocimiento es lo que realmente nos permite disfrutar de una vida de continua felicidad.


Por lo tanto entiendo que existe la posibilidad que todo el conocimiento, verdad, felicidad está dentro de mi mente; y a mí solo me queda tener la intensión de pensar para descubrirlo todo. Está en mí, por tanto, saber cómo vivir. Otra vez puedo recurrir a Lincoln que una vez dijo: "La mayoría de las personas son tan felices como deciden serlo".

Saber Que Se Sabe


“¿Es esta calle o la anterior?”. “Creo que es la anterior”. “¿Seguro?”. “No, seguro no”. ¿Quién no ha tenido nunca una conversación así? Un intercambio banal y cotidiano que subraya la importancia práctica que tiene no sólo saber, sino saber que se sabe; no sólo conocer, sino confirmar que se posee ese conocimiento. A veces saber que se sabe puede ser más importante incluso que saber.

Uno puede no conocer la etiología y patología de la gripe, pero no hace falta conocerlas para saber que los antibióticos no la curan, porque se trata de un virus. No hace falta saber cómo funcionan los mecanismos exactos de la inmunización; basta con saber que las vacunaciones funcionan. 

No es necesario poder calcular las ecuaciones de una órbita terrestre para estar seguro de que la Tierra es un esferoide y los satélites artificiales dan vueltas a su alrededor. Cuando analizamos muchas teorías científicas ‘alternativas´ lo que falla no es necesariamente el saber, sino el saber lo que sabemos; no se trata de falta de conocimientos, sino de una profunda desconfianza hacia la noción misma de conocer.

Los partidarios de la Tierra Plana son capaces de prodigios de la gimnasia mental para explicar dentro de sus parámetros algunos fenómenos fácilmente observables: el conocimiento no les falta, más bien les sobra. Lo que no admiten es que la Tierra esférica sea una realidad comprobada y sólida: lo que rechazan es la idea misma de que esté comprobada. Lo mismo ocurre con la eficacia de las vacunas, o de terapias como la homeopatía, o la idea de que misteriosos poderes utilizan estelas de aviones para fumigar a la población: no se trata de fracasos del conocimiento, sino de negativas a aceptar un conocimiento aceptado.

Lo curioso es que esta idea de rechazar el conocimiento aceptado también forma parte intrínseca del modo cómo funciona la ciencia, un ámbito en el que se anima a perseguir y abatir a las vacas sagradas y en el que en principio ningún saber es imbatible o eterno. 

Cuestionar los conocimientos adquiridos es una buena y sana costumbre que favorece el avance del conocimiento. Pero hasta esto se puede hacer en exceso: cuando se decide poner en cuestión lo ya conocido sin más razón que la desconfianza y el rechazo estamos rechazando la misma idea de saber que se sabe. Que es tan importante como saber, o incluso más.


El Ser Ingenuo

A menudo la gente, o incluso la vida misma, no te aconsejan ser ingenuo. “No seas ingenuo”, seguro que te han dicho esta frase más de una vez, acompañada de una leve sonrisa y una apropiada caída de ojos. “No seas ingenuo”, te dicen, perdonándote la vida. La verdad es que no soporto que me perdonen la vida. En ningún caso.

Creo que una pizca de ingenuidad es importante. De otro modo, la existencia se empobrece. Se hace más triste.

Por eso, yo diría: “Sé ingenuo”, porque significa que vives sin malicia.

A pesar de los múltiples golpes de la vida, hay que resistir y vivir sin malicia. La ingenuidad nos permite abrirnos al mundo y a su incerteza. Sin la ingenuidad, uno no puede de verdad aceptar que no controla nada.

Es cierto, por otro lado, que un ingenuo es más frágil. Un ingenuo es vulnerable porque se muestra tal y como es, sin segundas intenciones, sin pliegues. En potencia, un ingenuo puede llevarse más golpes, puede tener más problemas, puede llevarse más desilusiones…

En definitiva, puede potencialmente sufrir más.

Por eso, buscando la seguridad, pronto aprendemos que la ingenuidad no es buena y que más bien es peligrosa. Así que la abandonamos. Cerramos esa puerta, porque la incertidumbre que encierra es posible que nos traiga padecimientos. Mostrarse sin malicia al mundo y a los demás no siempre conlleva cosas buenas.

Y, sin embargo, cerrando esa puerta nos perdemos muchas cosas. Cosas que tal vez sean las más importantes. La verdadera ingenuidad, la ingenuidad cuyo significado alude al linaje libre, a la nobleza espíritu, exige valentía.

Ser ingenuo y exponerse a los golpes de la vida puede ser una experiencia que nos permita conectar más con otras personas, experimentar la vida de forma más cercana a nosotros mismos.

Por eso hay que ser valientes para llevar una existencia vivida con sinceridad, con sencillez. Una existencia ingenua y con pureza de ánimo.

¿Que es difícil, que sufriremos?

Pues claro. La ingenuidad es cosa de valientes.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Los Tiempos Del Tiempo

“Leer a Martí demanda, por supuesto, situarlo en el flujo de su tiempo, no simplemente para comprenderlo en su contexto, sino y sobre todo porque una parte de ese tiempo fluye aún en nuestras vidas.”

Muerta es la vieja Grecia, y todavía colorea nuestros sueños juveniles, calienta nuestra literatura, y nos cría a sus pechos, madre inmensa, la hermosa Grecia artística. Con la miel de aquella vida nos ungimos los labios aún todos los hombres.
José Martí

¿Cómo explicar el enorme atractivo ético, estético y político de la obra de Martí – en particular la elaborada entre 1875 y 1895 – en las circunstancias de nuestro tiempo? ¿De dónde le viene a ese pasado la capacidad de hacerse sentir entre nosotros tan cargado de futuros?

Gracias a la labor de especialistas como Cintio Vitier hoy podemos comprender comprender el vínculo entre las ideas y la afectividad de Martí y las circunstancias de su vida. Su vigencia en nuestro tiempo es un problema de otra naturaleza, que de algún modo recuerda al planteado por Marx acerca de la vigencia del arte griego en la cultura Occidental, siglos después de que hubiera desaparecido la sociedad que le dio origen.

“La concepción de la naturaleza y de las relaciones sociales que hay en el fondo de la imaginación griega y, en consecuencia, del (arte) griego”, se preguntaba Marx en 1857,

¿Es compatible con los oficios automáticos, los ferrocarriles, las vías férreas y el telégrafo eléctrico? ¿Qué son Vulcano ante Roberts y Cía., Júpiter ante el pararrayos, y Hermes ante el crédito mobiliario? Toda mitología somete, domina y moldea las fuerzas de la naturaleza en la imaginación y por la imaginación: pero desaparece en cuanto se llega a dominarlas realmente.[…] Pero la dificultad no consiste en comprender que el arte griego y la epopeya están ligados a ciertas formas del desarrollo social. La dificultad estriba en comprender que puedan procurarnos aún goces estéticos y sean considerados de algún modo como norma y modelos inimitables.

Vistas así las cosas, cabría decir quizás que el tiempo de Martí fue la primera adolescencia del nuestro. Todo parecía posible a los integrantes de aquella generación de jóvenes liberales que iniciaban la labor en transformar en repúblicas prósperas y equitativas los frutos de las luchas por la Independencia, primero, y la Reforma del orden colonial, después. Al respecto, sus textos producidos en México y Guatemala entre 1875 y 1877 – esto es, entre sus 22 y sus 24 años de edad – son de una extraordinaria riqueza. De ese período data el elogioso artículo que dedica a la edición de los nuevos Códigos de Leyes de la República de Guatemala, donde señala:

Esa es nuestra grandeza: la del examen. Como la Grecia dueña del espíritu del arte, quedará nuestra época dueña del espíritu de investigación. Se continuará esta obra; pero no se excederá su empuje. Llegará el tiempo de las afirmaciones incontestables; pero nosotros seremos siempre los que enseñamos, con la manera de certificar, la de afirmar. No dudes, hombre joven. No niegues, hombre terco. Estudia, y luego cree. Los hombres ignorantes necesitaron la voz de la ninfa y el credo de sus dioses. En esta edad ilustre cada hombre tiene su credo. Y, extinguida la monarquía, se va haciendo un universo de monarcas. Día lejano, pero cierto.

El día lejano quizás está ya entre nosotros. De 1989 acá, día con día, ha venido expandiéndose la desintegración del mundo creado por el liberalismo desde mediados del siglo XVIII. Podría decirse, con la sencillez de lo inmediato, que una de las razones del atractivo de Martí radica en que ese proceso de desintegración nos trae de vuelta no solo soluciones agotadas, sino además problemas de otros pasados que en aquel mundo carecieron de solución o - incluso – fueron en su momento soluciones para otros problemas y ya no lo son para ninguno.

Martí perdura en su encanto estético y en su capacidad de agitación y propaganda en un mundo en el que, en verdad, perduran importantes relaciones de continuidad con el que él conoció, dio a conocer y ayudó a transformar. Hoy sabemos que la historia no transcurre en línea recta, superando etapas sucesivas en dirección a un destino necesario. En nuestra América, por ejemplo, operan tres tiempos distintos al interior de un solo tiempo histórico verdadero. Uno es el del legado pre colonial, de tan evidente importancia en Indoamérica. Otro es el del legado colonial – que aportó a nuestra historia la formación de una Afroamérica y una América mestiza - que hizo de nuestra América parte de la economía mundo castellana entre los siglos XVI y XVIII. Y el otro es el del legado liberal que – a través de formas tan diversas como las de los Estados Liberal Oligárquico, desarrollista y Neoliberal, aún dominante entre nosotros – nos incorporó al moderno mercado mundial, y a su geocultura.

Leer a Martí demanda, por supuesto, situarlo en el flujo de su tiempo, no simplemente para comprenderlo en su contexto, sino y sobre todo porque una parte de ese tiempo fluye aún en nuestras vidas. Entender esto requiere recordar que el tiempo de Martí no fue solo el del triunfo del Estado Liberal Oligárquico en nuestra América. En estrecha conexión con ese tiempo, ocurrió en los Estados Unidos el del triunfo del capital monopólico y su necesidad de expansión imperial, acompañado de una intensa lucha de clases entre trabajadores y empresarios, de la que Martí nos dejó un importante testimonio en sus textos para La Nación, de Buenos Aires, y El Partido Liberal, de México.

Vistas las cosas así, cuando el mundo afroamericano de la plantación colonial ha dado de sí la revolución socialista de liberación nacional en Cuba, y el indoamericano despierta con renovado vigor y nos ofrece las primeras manifestaciones del sumak q’awsay –el “vivir bien” andino-, podemos encontrar una perspectiva de gran riqueza para apreciar la vigencia del pensamiento político y la afectividad martianas. Desde esa perspectiva, en efecto, destaca la certeza de la intuición de Martí sobre los límites de aquel liberalismo que se presentaba como la encarnación de la civilización que lucha contra la barbarie, sin ofrecer solución a los problemas de los que dependía el desarrollo de las sociedades donde había venido a ser dominante. Y destaca sobre todo su énfasis en la necesidad de entender que el verdadero problema a encarar, aquí, para nosotros, era el de la batalla entre la falsa erudición y la naturaleza histórica de nuestra América.


Su vigencia, por lo mismo, no es la del deseo de revivir una infancia distante. Esa dimensión existe en la obra martiana – sobre todo en su reivindicación de las grandes civilizaciones destruidas por la conquista europea -, pero no se agota en ella. Su vigencia es la que proviene de una historia aún en curso, que nos lleve a culminar los tiempos de nuestro tiempo creando en el Nuevo Mundo de ayer el mundo nuevo de mañana, con todos y para el bien de todos los millones de seres humanos que ya participan de esa tarea.

Sentir La Vida


Sentir, ese verbo tan conocido pero tan lejano para la mayoría de la gente. Sentimientos, sensaciones, emociones… Son palabras que usas a diario en muchos contextos. Estás familiarizado con ellas y las sabes expresar, pero seguramente no sabes cómo vivirlas de verdad. Y no es por nada, sino porque la mayoría de la gente no sabe hacerlo. Para unos hablar de las emociones es síntoma de debilidad, para otros es algo demasiado místico, incluso de locos... Al final el consejo es que lo dejes fluir, que lo observes y que lo investigues, ¿el qué?, el sentir.

Las emociones son impredecibles, nunca sabes cuando van a llegar y te van a tirar por tierra todo. Crees controlarlas y la mayoría de las veces lo haces, excepto en ese momento tan intenso que no puedes contenerlas. Si eres una persona extremadamente racional en pocas ocasiones aparecerán, porque los sentimientos se bloquean muy fácilmente, demasiado fácilmente. Y esto no es nada bueno, juega en tu contra.

"Pero debes saber que el control es una de las fantasías de la mente, la mente cree controlar las cosas hasta que llega la vida y te pega un viaje y te lo echa todo por tierra"

Sentir es necesario, es vital, es imprescindible. Y muchas personas dirán: -Yo siento, yo quiero a mis hijos, a mi mujer… Yo siento… Yo me emociono con ciertas películas, me pongo triste en los entierros…-. Pero te hablo de sentir más allá de todo eso, te hablo de sentir la vida entera, te hablo de abrirte totalmente en canal y mirar profundo.

Por ejemplo ¿sientes tu vocación?. La vocación es como un marido o un hijo, se le puede querer y se le puede odiar. ¿Quieres a tu vocación?. ¿Qué es lo que te da la vida en el día a día?. ¿Qué es lo que hace que te levantes cada mañana con más y más energía?. ¿Qué es lo que hace que el tiempo pase deprisa, que pierdas totalmente esa noción?. Eso es sentir, sentir de verdad. Es emocionarte, es perderte en algo y no querer volver al mundo real. Eso es sentimiento, eso es pasión.

"Hay veces que la vocación tiene que ver con hacer lo que uno siente, no es tanto de cabeza, no es intelectual. ¿Tu vocación está relacionada con tu trabajo?. ¿Qué sientes por tu trabajo?"

Y si esa emoción tan potente no está en la vocación, ¿está en la familia? ¿está en la pareja?. Analiza si estás en comunión con tu vida, con la vida que estás viviendo en estos momentos exactos. Recapacita, disecciónala. ¿Estás viviendo la vida que quieres?. Pueden parecer preguntas sacadas de un libro de autoayuda pero realmente la pregunta es simple, lo que no es tan simple es la respuesta. Principalmente porque tendemos a contestarla con la razón: “tengo un buen sueldo y familia” “al menos tengo trabajo y tengo novio” “tengo buenos compañeros y buenos amigos” “tengo un horario ideal en el trabajo que me permite hacer más cosas”.


Y esa no es la repuesta, porque la pregunta no es si te gusta tu vida, la pregunta es ¿SIENTES la vida que tienes?. ¿Te emociona la vida que tienes?. Y sé que mucha gente vive auténticas penurias, que tiene familiares enfermos, que ha pasado por traumas inmensos pero, a pesar de eso, fíjate un momento en ti e intenta evadirte, y vuelve a preguntarte ¿sientes la vida que tienes?.

El Mejor Regalo

La vida es un regalo precioso lleno de sentimientos, sensaciones, experiencias y momentos de todo tipo, buenos y menos buenos, que en muchas ocasiones dependen de nosotros mismos y en otras, de situaciones y circunstancias externas. En todo caso, la vida, siendo origen de nuestra propia existencia constituye un derecho fundamental que siempre se ha de proteger y defender; desde el mismo momento de su concepción, durante su desarrollo y hasta su último aliento, siempre con la dignidad que toda persona merece, y que solo debería poder perderse por causas naturales o accidentales.

No hay mejor regalo que ser uno mismo, no hay mejor regalo que saber quién eres, no hay mejor regalo que sentirte parte de todo, sabiendo que nunca más vas a estar solo, sabiendo que tu aportación es importante, que tu florecimiento es la manifestación de la grandeza de tu ser.

La energía de hoy, es ese regalo…es la semilla que contiene el tesoro más grande que existe…tú.
¿Esto es un sueño?…si podría serlo, entonces yo te pregunto… ¿Quién es la persona que está viviendo por ti?, quien es esa persona que ocupa tu lugar y que no muestra tu verdadera esencia, ¿eres tú…?

Hoy la semilla quiere florecer, aquí y ahora, junto a la madre tierra que la alienta a crecer y mostrar su belleza interior, que la cuida y la nutre alentándola a soñar, a perseguir sus sueños, ya que ella sabe que pueden ser realidad, siempre y cuando lo hagamos desde la verdad.

Amemos nuestro camino, porque es un maestro, porque es el nuestro, son nuestras hojas, nuestros pétalos, nuestras ramas y raíces, nuestros colores y aromas, nuestra fragancia inundando espacios invitando a todo ser viviente a la alegría de sabernos especiales…no hay mejor regalo.


Arriesguémonos a tomar protagonismo en nuestra vida, descartemos falsos yo, basados en las necesidades y carencias, liberémonos de las cargas, sintámonos eternos y mostrémoslo al mundo, porque el gran regalo de nuestra vida, somos nosotros floreciendo en la abundancia sinfín de nuestro ser.

La Pereza De Pensar


Es curiosa la manera que tenemos de razonar ante un conflicto que trastoca los roles habituales. En este caso, una cárcel en la que se tortura, durante un gobierno de izquierda, en un país en que la tortura se asocia a la extrema derecha. Me estoy refiriendo a algunas dependencias del INAU que vienen siendo noticia últimamente, pero podría estar hablando de la situación de casi cualquier preso.

Entendámonos: los lugares donde están encerrados los menores que cometieron delitos son, lisa y llanamente, cárceles, por más que utilicemos la expresión "centros de rehabilitación" u otros eufemismos. Y cuando se menciona la tortura, no hay por qué estar hablando de submarinos, picanas eléctricas o métodos más sofisticados importados por algún enviado de la CIA. Dejar a alguien semidesnudo en invierno, encerrado en una habitación helada, o darle una paliza porque se atrevió a decir algo por televisión, ya son claras formas de tortura. Nada de "a un funcionario se le fue la mano, y vamos a hacer la denuncia". ¿Se le fue la mano en qué, digo yo? ¿Le fue a llevar la comida y sin querer terminó matándolo a golpes?

Pero la parte más maravillosa es cuando se dice "sí, hay cosas que están mal, pero no hay que ver sólo el lado negativo", y te entran a enumerar detalles para demostrar que están mejor que antes; el primero de los cuales, curiosamente, suele ser que hoy hay menos fugas, como si eso mejorara la situación de las víctimas. ¿Y a mí qué me importa? Estamos hablando de tortura, repito, no de una ventana que no cierra bien, o de una gotera en uno de los salones. Tortura sistemática utilizada como método de control. Demencia de funcionarios cuya ideología y filiación sindical deberían importarnos un pito, volcada sobre personas indefensas en reiteración llamativamente real. Intento de destrucción de la personalidad que lo único que puede generar es odio, y con él, conductas que justifiquen, a posteriori, la severidad de los tormentos aplicados. Y eso es inadmisible desde todo punto de vista, independientemente de lo que esas personas hayan hecho antes en su vida y de las explicaciones que elijamos dar a ese proceder.

Y aquí es cuando la cosa se pone grave: "Se preocupan más por esos atorrantes asesinos que por la gente que trabaja". Es increíble la capacidad de negación que tienen algunas personas. Porque si a uno lo ponen frente al peor asesino serial y el tipo está en calzoncillos en una noche polar, y tenemos una frazada, no sé quién tendría el estómago para negársela. Pero claro, eso queda lejos; el cerebro es capaz de bloquear esa información y sustituirla por razonamientos abstrusos. Se podría agregar que los que están ahí detenidos no necesariamente asesinaron a alguien (algunos simplemente robaron una moto), pero eso es intrascendente: los derechos humanos no son para los "humanos derechos", sea lo que sea que esto signifique, sino para todos. Hoy en día hay quienes parecen cuestionar esta verdad universal, aceptémoslo. Discutámoslo si quieren, pero mientras no se modifique ese aspecto de la Constitución (lo cual pondría al país en una comprometidísima situación), seguirá vigente. Por lo tanto, si lo violamos, estamos delinquiendo, y pasamos automáticamente a merecer -siguiendo el razonamiento- el mismo trato que pretendamos para los demás delincuentes.

La situación sin salida a la que conduce esta paradoja es bastante clara. La ley pasa a ser algo que se aplica a los otros, pero no a mí. El problema es que ese "mí" cambia, por definición, según quién sea el sujeto, lo cual conduce a que la ley pase a ser la ley del más fuerte, o, siendo precisos, de quien está más cerca del poder. Y el poder, en situaciones particulares, puede detentarlo alguien que nos está apuntando con un arma. En ese caso clamaremos por nuestros derechos constitucionales; eso se llama hipocresía, y lo peor es que parece ser una hipocresía bastante generalizada.

Hay que tener en cuenta que ése es el mismo criterio que parece aplicarse cuando un tribunal de apelaciones deja libre a alguien que, de no estar tan cerca del poder, sería considerado simplemente un pedófilo, un viejo bufarraco, un violador de menores, etcétera, e iría a parar a una cárcel común donde sus colegas habitacionales le harían experimentar algo parecido a lo que probablemente habrán sentido sus víctimas.


Podrá ser duro, pero es así: no sólo la sociedad, sino el mismo pensamiento, deben regirse por ciertas reglas, ciertos principios generales que no cambien según la propia conveniencia en cada caso. Da pereza, pero ¿cómo podríamos acusar a alguien de atorrante que no quiere trabajar, si no somos capaces de realizar ese mínimo esfuerzo mental? En medio de esta hipocresía vivimos, y parece que seguiremos viviendo por muchos años más. Tal vez sea un rasgo inherente a nuestra condición humana; sería buenísimo poder creer que no.

Leamos


¿Cuándo fue la última vez que leíste un libro, artículo o ensayo en una revista? ¿Tus hábitos diarios de lectura se centran en tweets, publicaciones de Facebook o las instrucciones en su paquete instantáneo? Si eres una de las innumerables personas que no tienen el hábito de leer libros con regularidad, es posible que te estés perdiendo de muchos beneficios.

La vida solía ser mucho más simple y fácil y la lectura era una de las formas más populares de autodesarrollo, autoeducación y entretenimiento. Pero en estos días con el avance de la tecnología, hay más distracciones y muchas personas perdieron interés en la lectura clásica.

Leer libros tiene muchos puntos positivos, suma la creatividad, aumenta conocimientos y mejora el habla. Mirá estos 7 beneficios de la lectura:

1. Estimulación mental
Los estudios han demostrado que permanecer mentalmente estimulado puede ralentizar el progreso (o incluso prevenir) el Alzheimer y la demencia senil. Mantener el cerebro activo y comprometido evita que disminuya el poder. Al igual que cualquier otro músculo en el cuerpo, el cerebro requiere ejercicio para mantenerse fuerte y saludable. Por lo que la frase “use it or lose it” (úsalo o piérdelo) es especialmente cuando se trata de la mente.
2. Reducción de estrés
No importa cuánto estrés tengas en el trabajo, en tus relaciones o en otras innumerables situaciones  en la vida diaria, el perfecto escape sucede cuando te pierdes en una gran historia. Una novela bien escrita puede transportarte a otros reinos. Mientras que un artículo te distraerá y te mantendrá en el momento presente.
3. Conocimiento
Todo lo que lees te brinda información nueva y nunca se sabe cuándo podría ser útil. Mientras más conocimiento tengas, mejor preparada estarás para enfrentar cualquier desafío en la vida .
4. Expansión de vocabulario
Esto va de la mano del tema anterior: mientras más lees, más palabras ganas y más se enriquece tu vocabulario. Hablar bien es de gran ayuda en cualquier profesión. Además aumenta la confianza en ti misma y puede ser un gran impulso para tu autoestima. Incluso podría ayudar en tu carrera, ya que aquellos que son bien leídos, bien hablados y conocedores de una variedad de temas tienden a obtener promociones más rápidamente (y más a menudo) que aquellos con vocabularios acotados y falta de conocimiento de la literatura, avances científicos y eventos globales.
5. Mejora de la memoria
Cuando lees un libro, tienes que recordar una variedad de personajes, sus antecedentes, ambiciones, historia y matices. Así como los diversos arcos y subtramas que se abren paso en cada historia. Cada nuevo recuerdo que creas forja nuevas sinapsis (rutas cerebrales) y fortalece las existentes. Lo que ayuda a recordar la memoria a corto plazo, así como equilibrar los estados de ánimo.
Habilidades de pensamiento analítico más fuertes
¿Alguna vez has leído una increíble novela de misterio y has resuelto el misterio antes de terminar el libro? Si es así, fuiste capaz de poner en práctica el pensamiento crítico y analítico tomando nota de todos los detalles proporcionados. Esa misma habilidad para analizar detalles también es útil cuando se trata de criticar la trama. Determinar si fue una pieza bien escrita, si los personajes se desarrollaron adecuadamente, si la historia funcionó sin problemas, etcétera. Si tienes la oportunidad de hablar sobre el libro con otras personas, podrás expresar tus opiniones con claridad.
Leer libros mejora tu personalidad
Un estudio llevado a cabo determinó que las personas que prefieren leer en vez de ver televisión son más amables y empáticas que los demás. Para llegar a esta conclusión, los investigadores reunieron a 123 personas que contestaron sobre sus hábitos y luego se sometieron a pruebas para cuantificar sus habilidades interpersonales. Los resultados demostraron que aquellas personas que preferían la lectura eran más empáticas y quienes preferían la televisión resultaron ser menos amigables y poco compresivos con los demás.
Según los expertos, cada lector amante de cierto género literario mantiene una personalidad diferente. Estos fueron los resultados:
 
“La exposición a la ficción está relacionada con un catálogo de habilidades empáticas. Interactuar con prosa de ficción y comedia podría ser clave para mejorar las habilidades empáticas de las personas”
Explicaron los investigadores en una conferencia en la British Psychological Society de Brighton.

Este no es primer estudio que revela que el género de ficción mejora la habilidad para reconocer los sentimientos de los demás. En 2016 unos investigadores aseguraron que gracias a la literatura de ficción, las personas suelen ser más amables y psicológicamente más interesantes porque en este tipo de novelas se debe prestar mayor atención para entender los personajes. Esto hace de sus lectores personas más empáticas y abiertas a las emociones.

Frases Para Compartir

A dos años de la muerte del escritor portugués José Saramago, te presentamos una selección de sus citas y frases más trascendentes.

Disfrútalas, atesóralas y compártelas. 

El viaje no termina jamás. Sólo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es sólo el inicio de otro viaje.

La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva.

Las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en su triunfo personal.

Soy un comunista hormonal.

¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a Marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?

Ahora no hay duda de que la búsqueda incondicional del triunfo personal implica la soledad profunda. Esa soledad del agua que no se mueve.

Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.

No creo en dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en dios, no lo necesito y además soy buena persona.

No he sentido jamás la necesidad de un triunfo, la necesidad de tener una carrera, la necesidad de ser reconocido, la necesidad de ser aplaudido, no lo he sentido jamás en mi vida. No he hecho en cada momento nada más que lo que tenía que hacer y las consecuencias han sido éstas, podrían haber sido otras.

Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio. Que es bueno para mi salud. Pero nunca he escuchado a nadie que le diga a un deportista; tienes que leer.

Para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor, es sencillamente cambiar

He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro.

Sólo si nos detenemos a pensar en las pequeñas cosas llegaremos a comprender las grandes.

El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir.

Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.

Entraré en la nada y me disolveré en ella.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Filosofar Desde La Filosofía


Filosofar es pensar por uno mismo; pero nadie puede lograrlo verdaderamente sin apoyarse en el pensamiento de otros…

La filosofía no es una ciencia, ni siquiera un conocimiento; no es un saber entre otros: es una reflexión sobre los saberes disponibles.

Por eso la filosofía no se aprende, decía Kant: sólo podemos aprender a filosofar. ¿Cómo? 

Filosofando nosotros mismos: preguntándonos por nuestro propio pensamiento, por el pensamiento de los demás, por el mundo, por la sociedad, por lo que la experiencia nos enseña, por lo que ésta nos oculta…

Nadie puede filosofar por nosotros…Filosofar es vivir con la razón, que es universal… Pero la filosofía es también, y quizás fundamentalmente crítica de las ilusiones y los prejuicios, de las ideologías.

Toda filosofía es lucha. ¿Sus armas? La razón. ¿Sus enemigos? La ignorancia, el fanatismo, el oscurantismo. ¿Sus aliados? Las ciencias. ¿Su meta? La felicidad, pero en el seno de la verdad…

La cuestión principal: ¿Cómo he de vivir? En cuánto se intenta dar una respuesta inteligente a esta pregunta, se está haciendo filosofía.


La Colonización De La Mente


Si bien el concepto de colonización alude al ejercicio de un poder invasivo que el poderoso impone para el apoderamiento violento de bienes mediante el ultraje a personas y pueblos, es posible establecer una analogía con las diversas formas de manipulación del pensamiento y de invasión de la intimidad ejercidas por quienes tienen la habilidad de convencer y dominar las mentes de quienes sufren el descuido y la falta de conciencia ante los hechos de la vida cotidiana.

Como todo poder invasivo, la colonización de la mente se lleva a cabo a través del despojo del derecho a expresar con autonomía el pensamiento propio. Ello constituye la forma más grave de violencia, con el agravante de no ser muchas veces advertida, como ocurre con los despojos abiertamente tangibles que se pueden observar en el campo físico, material y territorial.

Es así como la mente humana en nuestros días se ha convertido en el botín más preciado del poder manipulador. Por eso, colonizar la mente se presenta como una práctica atractiva para ejercer desde el descuido ajeno un poder devastador y alienante mediante el debilitamiento generado por la sumisión de individuos, comunidades y grupos que carecen de recursos psico-emocionales para pensar con autonomía.

De esta manera, la  mente de quienes no saben pensar configura un estado de vulnerabilidad que hace propicio el camino de la dependencia, transitado por quienes ignoran y son débiles para defender su propia dignidad. Por eso, la colonización de la mente constituye una práctica sutil y alienante que, muchas veces, quienes la ejecutan en los diversos planos intangibles de la vida cotidiana lo hacen en nombre de la moral y de valores y costumbres que se mencionan y proclaman con el ardid del engaño.

Es así como el sometimiento mental conduce a la falta de objetivos, favorece la dejadez y deja al sujeto a expensas de la decisión ajena, debilitando su capacidad de reacción ante la injusticia, la corrupción y el abuso.

Esto promueve el campo propicio para que los individuos sean colonizados por los valores de otros, por los gustos y preferencias ajenas, por las costumbres y prejuicios impuestos, por las religiones y los fanatismos, por los mandatos familiares, por la cultura y por las posesiones derivadas de un consumismo que limita la expansión de la vida.

Una práctica todavía vigente
Y aquí surge otra faceta del colonizador: es un seductor de multitudes, que cautiva las mentes de los mediocres e ingenuos y las inmoviliza con el atractivo de la promesa y el artificio de las palabras que elige en cada oportunidad para provocar en aquéllos, con precisión e hipocresía, la adhesión incondicional y el sometimiento del pensar y el sentir.

Este sometimiento se afianza cuando el “colonizador” del pensamiento pretende que el "colonizado" deje de pensar por sí mismo y se adhiera incondicionalmente a los intereses y manipulaciones de aquél, bajo el convencimiento ilusorio de que el sometido caiga en la creencia de que piensa por sí mismo. A partir de allí, la indolencia mental conduce al sujeto a confundir el bien real con el bien aparente y lo honesto con lo trivial frente a las diversas situaciones en que se encuentre.

Lamentablemente, la colonización de la mente es una práctica que, al soslayar el ejercicio del pensamiento crítico y no enseñar a pensar, puede gestarse y mantenerse de manera irreversible en el seno de la misma familia por descuido o negligencia de  aquellos padres que no alcanzan a advertir la “influencia colonizadora”, aunque bien intencionada, de sus exigencias, consejos o mandatos.

También la escuela ejerce tales prácticas cuando trata de naturalizar procesos iatrogénicos que debilitan la confianza y la motivación de quienes aprenden y que muchos docentes implementan de manera mecánica por carecer de recursos motivacionales y de estrategias metodológicas para un aprendizaje con bienestar y alegría.

Por tales razones, el fortalecimiento de la mente a través de una educación que enseñe a pensar y genere en los individuos íntimas convicciones acerca del valor de la dignidad personal y del ejercicio de la autonomía intelectual, podrá neutralizar y superar la avidez colonizadora, cuyo caldo de cultivo son la frivolidad ante las exigencias axiológicas de la convivencia y el vacío mental, afectivo y emocional de los individuos.

Dado que la multiplicidad de estímulos colonizadores rodea la vida personal y social, es inevitable que esa fuerza seductora y de fuerte atracción condicione tanto a los jóvenes como a los adultos de cualquier condición socio-cultural si no han aprendido a fortalecer la mente y la sensibilidad y a habilitar con autonomía el ejercicio de la íntima convicción.


Si bien tal situación invade y atraviesa el abanico de la misma estructura social, con los efectos y consecuencias señaladas, es posible revertir sus condicionamientos a través de un proceso formativo que enseñe a pensar y a valorar la aplicación del pensamiento crítico como vía de fortalecimiento ético y personal y de expansión solidaria de la conciencia.