sábado, 18 de mayo de 2019
Construyendo La Vida
La vida no es, no nacemos con ella escrita, la vida se construye cada día, paso a paso. Caminamos por ella, paramos, unas veces avanzamos y otras retrocedemos, pero siempre estamos dentro, construyéndola.
Nuestra vida se hace con cada paso. Podríamos asemejar nuestra vida a una escalera de caracol. Cuando miramos atrás, vemos todos aquellos peldaños sobre los que un día depositamos nuestros pies, esos peldaños que quedaron en nuestro pasado. Unos firmes y otros inseguros, unos querríamos volver a pisarlos y otros intentaríamos no volver a pisarlos nunca. Por mucho que tratemos de retroceder a nuestro pasado, nunca llegaremos al punto inicial, no podemos volver sobre nuestros pasos, ni a lo bueno, ni a lo malo. Pero sí podemos permanecer anclados a él, unas veces como una frenética huida de un presente insatisfactorio, buscando atrás tiempos mejores y, otras tratando de buscar «por qué» a las situaciones negativas que han acontecido en nuestra vida, lo que terminará, con una gran probabilidad, generándonos tristeza, culpabilidad, rencor…
Cuando miramos ahora detenidamente nuestros pies, sólo podemos ver ese peldaño pequeño que queda bajo ellos, ese que acabamos de alcanzar y ese mismo que quedará atrás en un breve espacio de tiempo, ese peldaño que abraza nuestro presente. Pues bien, ese pequeño y breve peldaño es lo único que tenemos. Sólo en nuestro presente podemos sentir, amar, sonreír, enojarnos, llorar, sufrir, cantar, bailar… sólo vivimos en presente.
Cuando miramos ahora detenidamente nuestros pies, sólo podemos ver ese peldaño pequeño que queda bajo ellos, ese que acabamos de alcanzar y ese mismo que quedará atrás en un breve espacio de tiempo, ese peldaño que abraza nuestro presente. Pues bien, ese pequeño y breve peldaño es lo único que tenemos.
Sólo en nuestro presente podemos sentir, amar, sonreír, enojarnos, llorar, sufrir, cantar, bailar… sólo vivimos en presente.
La Persona De Calidad
“Lo mejor que puedes dar a tu enemigo es el perdón; a un
oponente, tolerancia; a un amigo, tu corazón; a un niño, buen ejemplo; a un
padre, respeto; a tu madre, sentirse orgullosa; a ti mismo, quererte; a todo
hombre, caridad.” Benjamín Franklin.
Todos queremos hacer todo bien en nuestra vida. Ser buenos padres,
profesionales y trabajadores. También aspiramos a ser buenos ciudadanos,
parejas y amigos. Tenemos la necesidad de destacarnos en lo que hacemos, eso
que algunos llaman éxito. En sentido general, puede entenderse como tener
bienestar propio y preocuparnos por el ajeno, tanto que nos dedicamos a ayudar
a otros a tenerlo.
De hecho, queremos dejar un legado. Es lo normal. Hay una
frase atribuida a Baden Powell, fundador del movimiento scout,
que se refiere a “Dejemos el mundo en mejores condiciones que como lo encontramos”.
Nadie en “su sano juicio” quiere hacer el mal a propósito.
Lo que pasa es que a veces no sabemos cómo empezar a ser mejores. Nos
equivocamos, faltamos a nuestra palabra, reaccionamos según las circunstancias
ambientales, nos hacemos víctimas de lo externo, mentimos, somos desleales.
Buena noticia: Siempre podemos decidir cambiar.
¿Eres luz o sombra?
Creemos en el potencial del ser humano. Sabemos que a pesar
de que somos luz y sombra, poseemos fases como la luna y cada uno de nosotros puede
elegir mostrar su lado luminoso. De eso se trata decidir ser una persona de
calidad.
Hay tres preguntas que te invitamos a responder para
continuar en este proceso de convertirte en alguien con calidad personal.
¿Qué quiero lograr en la vida?
¿Para qué estoy en este mundo?
¿Cómo me gustaría ser recordado?
Al elegir ser una persona de calidad, nos empeñamos y el
proceso inicia con la disposición a aprender, a adquirir hábitos positivos como
un ejercicio de la voluntad. Teniendo presente que la calidad personal es un
proceso y no un estado al que llegamos.
Este proceso se expresa en la práctica de cinco elementos
que debemos aprender: ser, hacer,
aprender, emprender y convivir.
Veamos cada uno de estos aspectos.
5 elementos para el cambio
1. En el aprender a ser
La persona de calidad se reafirma como ser humano, está
consciente de sus fortalezas y las utiliza como su principal recurso para
generar bienestar a su vida.
2. En el aprender a hacer
Su calidad se evidencia en sus actos. Se involucra con toda
su potencialidad. Da lo mejor de sí, se esfuerza, persevera.
3. En el aprender a aprender
Estas personas están abiertas a transformarse, a
evolucionar y crecer. Entienden que los obstáculos en la vida son oportunidades
de aprendizajes.
4. En el aprender a emprender
Se está dispuesto a iniciar una obra y mantenerla según su
objetivo y razón, a pesar de los obstáculos que puedan surgir
5. En el aprender a convivir
Es el hábito de las relaciones interpersonales saludables y
del entendimiento. Es tan importante la empatía como la simpatía. Al
relacionarse con el otro, se busca entender para después ser entendido. Es el
hábito de la negociación, de la gana-gana.
Qué es ser una persona de calidad
Actúan guiados por el deseo de satisfacer al otro, sin
descuidar su autoestima, porque su accionar también los satisface. De
modo que se tiene una apreciación genuina de sí mismos y del otro, al que
consideran un igual, en toda su dimensión.
Es importante saber lo que es más importante en nuestra
vida, nuestros valores gobernantes y actuar guiados por ellos en todo momento,
no importa las circunstancias en las que estemos. Si actuamos orientados por
valores estaremos satisfechos y los demás apreciaran nuestra coherencia.
Por un lado, quien actúa de acuerdo a sus valores no se
permite ser víctima de las circunstancias, no reacciona a la pérdida de control
de los demás y no se toma las críticas de manera personal. Establece prioridades
y actúa.
La práctica de la moderación se les nota. Hay un balance en los
distintos aspectos de su vida. Por ejemplo, guarda un equilibrio en su tiempo
personal, para su familia y su trabajo.
Por otro lado, las personas de calidad son excelentes
prestadores de servicio porque la satisfacción del otro para ellos es
fundamental. Están prestos a servir, atendiendo las necesidades de los demás.
Reconocen a una persona de calidad porque su espíritu de colaboración
sobresale.
Otro aspecto importante que resalta en las personas de
calidad es su deseo de mejoramiento continuo. Porque ese proceso de convertirse
en persona autentica, de calidad, se mantiene a lo largo de su vida.
Calidad De Nuestro Pensamiento
¿No te sucede que ante determinadas circunstancias o personas eres como “secuestrado” de forma automática por pensamientos de juicio, lucha, crítica, desvalorización, desaliento etc.? ¿Estos pensamientos te atrapan impidiéndote darle una interpretación a lo que sucede que produzca un mayor bienestar para todos?
Date cuenta… La mayoría de las veces que estos pensamientos automáticos aparecen: ¡Es como si te convirtieras en ellos! Como si realmente te creyeras que eso que estás pensando… ¡Eres tú!
Cuando te identificas con estos pensamientos automáticos, en realidad vives tus experiencias preso de una interpretación recurrente de las circunstancias que no es más que: El “filtro” a través del cual tu programación mental particular filtra la realidad…
¿Qué tan frecuentemente te ves enganchado en emociones de rechazo, ansiedad, humillación, agobio, estrés, abandono… que aparecen inevitablemente, como si de fuerzas superiores a ti se trataran?
Lo mismo sucede con las emociones: muchas veces lo que sentimos “tiñe” por completo nuestra realidad. Entonces ocurre que la emoción toma el poder y corremos detrás de ella sin espacio para la libertad.
Seguro que puedes reconocer esas emociones que son recurrentes en tu vida, que aparecen una y otra vez en distintos escenarios y a través de diferentes rostros… Esas emociones de las que a veces haces responsables a los demás, y que a medida que te vas observando, te das cuenta que en realidad están contigo desde hace mucho tiempo… instaladas en ese “software” automático tan particular como íntimo.
¿Vives a merced de todos los pensamientos y emociones que surgen? ¿Eres libre viviendo de este modo?
Cuando tomas plena conciencia de esta condición “automática” en tu modo de vivir la vida, puede que te preguntes: “¿Es posible vivir en la libertad de elegir cómo me relaciono a través de mis pensamientos, emociones y mi cuerpo con las personas y circunstancias de mi vida?”
Sí, es posible, existen muchas técnicas para que podamos intervenir conscientemente en nuestro mundo interior y mejorar así nuestra calidad de vida de manera notable. Muchas de las nuevas Psicologías, tales como el enfoque de Jung, del Cuarto Camino, Krishnamurti y algunas ramas de las neurociencias apuntan en ese sentido.
Mejora la calidad de tus pensamientos
Pensemos en una semilla. Es como un punto –pequeña, diminuta y compacta- y sin embargo plena de potencial. Un pensamiento es una semilla, una semilla que puede ser positiva o negativa, según nuestro estado de ánimo, actitud y carácter.
Cuando creas tus pensamientos generas sentimientos, actitudes, palabras y acciones configurando así el libro o cuadro de tu vida. Eres artista y creador.
Para mejorar la calidad de tus pensamientos debes ser consciente de cómo piensas, y reconocer que cada uno de nosotros creamos nuestros propios pensamientos, tanto los positivos como los inútiles o negativos. A partir de ahí puedes sentar la base para un verdadero cambio positivo en tu vida.
Un pensamiento positivo genera un beneficio. Cualquier efecto de un pensamiento positivo, ya sea sobre ti mismo, la sociedad o el mundo, siempre es beneficioso, no daña a nadie.
Un pensamiento positivo hace que salga lo mejor de ti mismo y te llena de entusiasmo. Un pensamiento positivo con respecto a ti, fortalece tu autoconfianza y te ayuda a reconocer y amar tus cualidades. Los pensamientos que surgen de tu ser más puro y auténtico son positivos.
Tenemos Derecho a No ser Negativos, solía decir G.I.Gurdjieff. Mediante la Auto-observación podemos descubrir y discernir qué emociones y pensamientos nos afectan y cuáles nos beneficiarán.
Sentimientos Y Emociones
Los sentimientos, desde la psicología, se consideran las
experiencias subjetivas de las emociones. Se tratan de las experiencias
mentales de los estados del cuerpo que surgen cuando el cerebro interpreta las
emociones que aparecen con los estímulos externos.
Ejemplo: ves un tigre a lo lejos, experimentas la emoción
del miedo y sientes horror.
Los sentimientos se originan en la región neo cortical del
cerebro y son reacciones a las emociones. Además, son subjetivos, siendo
influenciados por las experiencias personales, recuerdos y creencias.
La diferencia fundamental entre emoción y sentimiento, según
el neurocientífico Antonio Damasio,
es que las emociones son respuestas
involuntarias, una versión más compleja de un reflejo. Por ejemplo, cuando
estas en peligro y el pulso se acelera. El sentimiento es ser consciente de esa
emoción.
Los sentimientos forman parte del ser humano desde que
nacen. Somos seres sensoriales y podemos percibir el mundo a través de los
diferentes órganos de los sentidos.
Muchos estímulos despiertan sentimientos en nosotros:
sentimos con lo que pensamos, con lo que observamos, con lo que escuchamos, con
lo que olemos, con lo que tocamos o con lo que comemos.
En primer lugar, tenemos que diferenciar los sentimientos de
las emociones.
Aunque en muchas ocasiones se utilizan estos dos términos de
forma indistinta vamos a ver la definición de cada uno de ellos:
Las emociones son impulsos que comportan reacciones
automáticas y constituyen un conjunto innato de sistemas de adaptación al medio
por parte del individuo.
Por lo general las emociones tienen una duración menor que
los sentimientos, y son las que impulsan y motivan a las personas a actuar. Son
más cortas pero también más intensas.
Los sentimientos son bloques de información integrada,
síntesis de datos de experiencias anteriores que ha vivido la persona, de
deseos, de proyectos y del propio sistema de valores.
Se pueden entender los sentimientos como un estado subjetivo
de la persona que se produce como resultado de las emociones que le provocan
algo o alguien.
Son un estado de ánimo afectivo y por lo general son de
larga duración. Constituyen una guía interna de cómo la persona dirige su vida
y se enfrenta al entorno.
Las funciones de los sentimientos: ¿para qué sirven?
Los estudios coinciden en señalar cuatro funciones
principales de las emociones:
Son el punto de vista subjetivo y particular del sujeto
Sirven para establecer su vinculación con el mundo. Tanto
las personas, como los conocimientos, como el entorno que percibe el individuo
pasan por el filtro de los sentimientos previamente.
Estos son los que interpretan si algo es conocido, querido,
deseado o por el contrario rechazado.
Sirven para indicar a la personas un estado físico o mental
De una forma subjetiva y diferente para cada individuo, nos
indican el estado en el que nos encontramos a todos los niveles (biológico,
mental, social, económico, etc.).
Indican los valores según los que actúa la persona.
A través de los sentimientos, la persona guía su conducta en
una dirección u otra. Marcan las directrices, el camino a seguir. Facilitan una
valoración de la realidad sobre la que actuamos de una forma determinada u
otra.
Son la base de la conexión que nos une con el resto de las
personas
Nos ayudan a expresarnos, comunicarnos y entendernos con los
demás.
En primer lugar, los sentimientos modulan cómo nos
encontramos y por tanto cómo actuamos.
Además, esta expresión la percibe la persona con la que
estamos interactuando, indicándole en qué estado nos encontramos y actuando
como la base de nuestra comunicación.
En segundo lugar, los sentimientos nos permiten desarrollar
la empatía, nos ayudan a entender el estado en el que se encuentra el otro y
facilita que nos pongamos en su lugar y así podamos comprenderle y ayudarle.
viernes, 17 de mayo de 2019
La Humildad Y La Audacia
Según el diccionario la definición de humildad es:
“La virtud que nos da un sentimiento de debilidad, que
reprime en nosotros el orgullo”.
Pero yo pienso que hace falta mucho más valor y más
fortaleza para ser humilde, porque se trata de tener una visión realista de
nuestra propia persona.
Esto significa que nuestros actos son coherentes con
nuestros valores, como por ejemplo, no tratar de monopolizar las conversaciones
y no tratar de llamar la atención todo el tiempo.
También hace falta ser humilde para aprender de cada persona
en cualquier situación. Esta me parece la cualidad más importante de todas.
A partir de aquí el elemento necesario para avanzar es la
audacia que se podría definir como:
“La tendencia a osar actuar en situaciones difíciles”.
Y es que para avanzar necesitas un 99 % de
atrevimiento. Es tomar placer en efectuar aquello que nos asusta porque
reconocemos en ello un valor importante.
Porque sin ambición no hay riqueza interior ni exterior. Y
la ambición puede manifestarse queriendo mejorar la vida de los demás,
acompañándoles. Se puede manifestar en nuestras ganas de crear, de ganar, de
progresar, de aprender
¿Piensas que es algo difícil? Pero no imposible con un poco
de audacia.
El Arte De Insultar
Hay quien dice que no se conoce bien un idioma hasta que no se aprenden los insultos y
las palabrotas más comunes. Si pudiéramos viajar al
pasado, nos encontraríamos con un catálogo de irreverencias y alfilerazos
realmente singulares.
Para faltar a alguien en el Siglo de Oro se
le llamaba, por ejemplo, bellaco, tiñoso, bufón, chocarrero –de chocarrería,
‘chiste grosero’–, cabestro, capón o chanflón, voz que dicha de una moneda
significa falsa, y aplicada a una persona, despreciable.
En todo caso, quienes alcanzaron el cénit en el arte del improperio fueron los
escritores: las pullas que se dedicaban han pervivido en muchas
de sus obras. Así, Quevedo,
que tuvo encontronazos prácticamente con todos sus coetáneos, llamó a Ruiz de
Alarcón corcovilla, aludiendo a su joroba o corcova. Este respondió con una
alusión a la cojera del autor de El Buscón: “¿Quién contra todos escribe /
escribiendo con los pies?”.
En el libro Inventario
general de insultos, de Pancracio Celdrán, un nutrido diccionario
de afrentas y palabrotas, aparece citado a menudo Quevedo, así como muchos de
sus textos. Por ejemplo, baladrón, ‘quien siendo cobarde blasona de
valiente’; echacantos, ‘hombre despreciable’; pellejo, ‘persona
ebria’; o chirle, ‘de poco interés, sin gracia’.
Hay tres de estas palabras gruesas que quizá
deberíamos recuperar, siquiera por su gracia y sonoridad: penseque, ‘quien se
equivoca por ligereza o descuido’; tagarote, ‘el que se arrima a comer sin ser
invitado’, y una de las mejores, zampalimosnas, ‘persona estrafalaria que anda
pidiendo limosna’. ¡Qué tío, Quevedo!
Consciencia Colectiva
Los términos conciencia colectiva se
refieren a la condición del sujeto dentro de toda la
sociedad, y cómo un individuo determinado se ve a sí mismo como
parte de ese grupo concreto.
El término ha sido utilizado ampliamente por las ciencias
sociales y sus científicos. Por teóricos sociales y
psicoanalistas como Emile
Durkheim, Louis
Althusser y Carl
Jung para
explicar cómo un individuo autónomo se identifica con un grupo o una
estructura.
En definitiva, «colectivo» significa algo así como: «formado por
una colección de personas o cosas individuales; constituyendo una colección;
reunidos en un conjunto«.
De la misma manera, «conciencia»
significa «conocimiento conjunto o mutuo«,
«conocimiento
interno o convicción; conocimiento de cuál es el testimonio dentro de uno
mismo; especialmente de la propia inocencia, culpa, deficiencias «y» el estado
o hecho de ser mentalmente consciente o consciente de cualquier cosa».
Al combinar los dos términos, la expresión conciencia
colectiva implica un conocimiento interno conocido por todos, o una conciencia
compartida por una pluralidad de personas.
Esto viene a concretar una idea: algo que todos compartimos,
cualquiera que ese «nosotros» pueda implicar.
El creador del conocimiento de la consciencia colectiva: Émile
Durkheim
La historia acredita a Émile Durkheim como el
investigador social que acuñó la frase. En cualquier caso, han sido muchos
otros teóricos los que han estudiado las implicaciones de la idea.
Durkheim y Louis Althusser estuvieron preocupados en los procesos
externos y las condiciones sociales que las rodeaban.
En este sentido, también cabe destacar, aunque con ciertas
diferencias, los escritos de Vladmir Vernadsky, Katherine Hayles y Slavoj Zizek.
Cómo es la conciencia social de Durkheim
En sus Reglas de método sociológico, la conciencia
social de Durkheim surge de su teoría social. Interesado por saber qué es lo que
hace que los individuos actúen de manera similar y predecible, observa: “Si no
me someto a las convenciones de la sociedad, si con mi vestimenta no cumplo con
las costumbres observadas en mi país y en mi clase, el ridículo que provoco, el
aislamiento social en el que me mantengo, produce, aunque en forma atenuada,
los mismos efectos que el castigo«.
Los Soberbios
¿Qué es la soberbia? Se puede definir a una persona soberbia como
aquella que actúa como si fuera superior, más valiosa o importante que los
demás y los menosprecia. Sin
embargo, al mismo tiempo,
la persona soberbia quiere ser
admirada y respetada por
todas las grandes cosas que ha hecho o las cualidades especiales que tiene. La
soberbia implica un deseo de
dominar y una confianza excesiva por sus habilidades, así como una visión sobre
uno mismo como merecedor del éxito.
La soberbia generalmente sirve como un mecanismo de
compensación de una gran inseguridad y poca confianza en uno mismo. Es un rasgo
de personalidad que se va forjando en la infancia.
Aunque cualquier persona
puede comportarse de forma soberbia en un momento determinado por ciertas
situaciones en su vida, lo más común es que sea un patrón estable de responder
ante la vida.
En el caso de que sea una característica de personalidad,
va a ser difícil de modificar, aunque no es imposible.
Como todos los rasgos de personalidad, la soberbia se puede
tener en mayor o menor medida. Uno puede ser más o menos extrovertido, más o
menos responsable… Y en el extremo de la soberbia se encuentra el Trastorno
Narcisista de la Personalidad.
El narcisismo es el término psicológico para la soberbia. Y
pueden distinguirse dos tipos: el narcisista vulnerable, y el grandioso. El
primero es el que utiliza la soberbia para compensar su inseguridad, y el
segundo, realmente se cree tan perfecto como se muestra.
El Poder Del Grupo
Si queremos marcar la diferencia luchando por una causa que
consideremos justa es recomendable formar parte de un grupo, que nos enseñará
muchas cosas.
La mayoría de las veces, aquellos que han logrado algo muy
difícil lo han hecho arropados por la fuerza de un grupo de personas. Gandhi o
Martin Luther King consiguieron cosas increíbles gracias a haber creado una
comunidad a su alrededor. Esto es lo que podemos aprender si pertenecemos a un
grupo:
1. Tenemos más que ofrecer de lo que creemos: al unirnos a un grupo podemos pensar que los demás lo harán todo mejor que nosotros, pero simplemente por estar allí ya estamos haciendo algo muy importante: hacer crecer al grupo.
2. Somos como el resto del grupo: desde fuera, los grupos pueden parecer homogéneos, pero en realidad esconden mucha diversidad y conflicto. Formar parte de esta diversidad ayuda a dejar de juzgar a los demás y a ser más flexible.
3. La cantidad de trabajo es asumible: a veces se trata más bien de crear las condiciones para que otros se muevan que de hacer mucho trabajo? y cuando un grupo de gente piensa a la vez, conseguirlo es mucho más fácil.
1. Tenemos más que ofrecer de lo que creemos: al unirnos a un grupo podemos pensar que los demás lo harán todo mejor que nosotros, pero simplemente por estar allí ya estamos haciendo algo muy importante: hacer crecer al grupo.
2. Somos como el resto del grupo: desde fuera, los grupos pueden parecer homogéneos, pero en realidad esconden mucha diversidad y conflicto. Formar parte de esta diversidad ayuda a dejar de juzgar a los demás y a ser más flexible.
3. La cantidad de trabajo es asumible: a veces se trata más bien de crear las condiciones para que otros se muevan que de hacer mucho trabajo? y cuando un grupo de gente piensa a la vez, conseguirlo es mucho más fácil.
La Información De Los Sentidos
Según la Wikipedia pensamiento es la actividad y
creación de la mente, todo aquello que es traído a la existencia mediante la
actividad del intelecto. Nosotros pensamos cuando usamos varias funciones
mentales para desarrollar un concepto o idea en función de determinados datos o
información que hemos aportado.
Para aprender usamos el pensamiento. Realmente es un proceso
muy complejo que nadie comprende todos los detalles. En esta entrada,
intentaremos explicarlo de forma muy sencilla, sin entrar en demasiados
tecnicismos. En el fondo es un proceso mental, donde a partir de
información proporcionada por los sentidos o percepciones internas, realizamos
generalizaciones, comparaciones y filtros para obtener un resultado o idea.
En el proceso de pensamiento se producen varias fases: generalización,
diferenciación y selección.
Es el proceso que consiste en extraer la esencia o
representación abstracta de una idea, cosa o ser, lo que también llamamos
conceptos. Hay representaciones más detalladas que otras, cuanto más precisa
sea la representación, obviamente habrá más variedad de conceptos y la
identificación de las propiedades será más precisa.
Por ejemplo, si estamos cerca de una carretera y vemos pasar
algo rápido a través de unas cortinas. Nuestro proceso de generalización con la
información que tenemos: carretera, algo que ha pasado rápido, sonido de un
motor, pensaremos que lo que ha pasado es un coche. O una persona que jamás
hubiese visto un coche o moto, tendría dificultades para identificar qué es lo
que ha pasado por la carretera, podría pensar que ha sido un trueno.
Por ejemplo, imaginemos que es de noche y estamos en un
bosque, si entre los árboles vemos una forma alargada superior al metro y medio
moverse entre las ramas, nuestra generalización sumada a percepciones (miedo)
podríamos llegar la conclusión de que es una persona que nos está siguiendo.
Sin embargo esta misma información en otra persona sin la percepción del miedo,
llegaría la conclusión de que era un arbusto grande moviéndose.
En resumen para llegar la conclusión o resultado mediante la
generalización se tiene en cuenta no sólo la información aportada por los sentidos,
sino también las percepciones o emociones en ese momento que
pueden condicionar la respuesta.
En este caso, cuanto más conocimiento tengamos sobre cada
representación abstracta y su variedad, nuestro proceso de pensamiento será más
preciso y acertado.
Definir Valores
A lo largo de nuestra vida, la cultura que vivimos, la sociedad en la que habitamos, las enseñanzas que recibimos y nuestra propia experiencia, van formando un tejido de valores que son los que han de guiar nuestros pasos y definir quiénes somos.
Los valores son creencias que nos hacen elegir una cosas sobre otras, unas circunstancias sobre otras, a tener una opinión y definir las metas que deseamos alcanzar. Establecer lo que es la base de nuestros pensamientos y creencias, es fundamental para nuestro desarrollo como personas y para que exista una coherencia entre lo que pensamos y cómo actuamos.
“Procure no ser un hombre con éxito, sino un hombre con valores.”
-Albert Einstein-
Identifica tus valores y conócete a ti mismo
¿Qué es lo más importante para ti? Piensa en los valores que son prioritarios en tu vida y escríbelos. Puede ser: la familia, la amistad, el trabajo, la honestidad, la paz interior, el desarrollo personal, la integridad, la fama, la aventura, los logros, las metas… Pueden ser estos u otros muchos, que puedes añadir en función de lo que tú valoras más.
Para definir e identificar tus propios valores, piensa en aquellas cosas a las que si no les dieras prioridad, te sentirías mal contigo mismo. Son cosas fundamentales para ti, sobre cualesquiera otras. A lo mejor valoras sobre todas las cosas a tu familia sobre tu trabajo, sobre otras personas, ya que te proporciona seguridad, apoyo, protección. Quizás valoras tu trabajo como fuente de seguridad y estabilidad, como una forma de sentirte realizado.
“Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace.”
-Jean Paul Sartre-
Todo lo que te define como persona deriva de los valores que tienes en la vida, de todas aquellas cosas a las que das más importancia y que guían todos tus actos, los caminos que eliges y las personas con las que te relacionas.
Hazte preguntas para definir tus valores
Una forma sencilla para definir tus valores es haciéndote preguntas que te van a permitir conocer qué es lo esencial para ti, que tiene más importancia sobre otras cosas. Puedes plantearte preguntas como las siguientes:
¿Cuáles son las tres personas que más admiras y por qué las admiras? ¿Cuál es la decisión que has tomado a lo largo de tu vida con la que te has sentido más orgulloso y por qué? ¿Cuáles fueron las consecuencias de esa decisión?
¿Cuál es la decisión de la que más te arrepientes y por qué? ¿Cuáles son tus metas o tus objetivos en este momento y por qué son importantes para ti? ¿Cuáles son las personas que menos admiras y qué características tienen?
Con las respuestas a estas preguntas podrás identificar tus valores, ya que verás como algunas respuestas serán las mismas. Esto te permitirá identificar de tres a seis valores que son fundamentales para ti. Pero es necesario que te tomes tu tiempo, que pienses detenidamente cada respuesta y sobre todo, que seas muy sincero.
Una vez definidos los valores que son fundamentales para ti, es hora de ver si estás actuando conforme a esos valores, y de ser consciente de la necesidad de coherencia entre esas creencias que son la base de tu vida y los actos que van conformando tu personalidad y quién eres en realidad.
Para ver si estás dando prioridad a lo que realmente le das importancia, puedes ver cómo reaccionas ante determinadas situaciones. Por ejemplo, si alguien critica tu forma de vestir y te molesta, quizá tu valor sea la aceptación. Es decir, se trata de ver qué nos hace reaccionar, qué nos molesta, para bien o para mal. Ahí encontraremos el germen de nuestros valores.
Si vas a establecer prioridades, es necesario que pienses si vives acorde a lo que más aprecias. Por ejemplo, si aprecias pasar tiempo con tu familia y amigos y disfrutar de ti mismo, pero tienes una jornada laboral de setenta horas, no estás siendo coherente con tus valores personales, no estás priorizando lo que realmente te importa.
Si tu prioridad son tus hijos pero no pasas tiempo con ellos o no sabes qué han hecho en el colegio, hay algo que no está funcionando correctamente. No estás siendo sincero contigo mismo.
Lo esencial es saber qué es importante para ti, no pensar en qué quieren los demás, o qué es lo que otras personas consideran que es importante para ti. Una vez que lo tengas claro, no temas las críticas de los demás, se trata de ti y de tu vida.
Tener valores y vivir conforme a ellos, requiere un gran coraje, cada día te enfrentarás con retos que pondrán en duda lo que basa toda tu vida, cada día encontrarás a personas que te harán cuestionarte quién eres, pero si tienes la valentía de vivir conforme a lo que piensas y sientes, serás coherente contigo como persona y podrás tener una vida satisfactoria y feliz.
“Cada día me miro en el espejo y me pregunto ¿SI hoy fuera el último día de mi vida, querría hacer lo que voy a hacer hoy? Si las respuesta es “no” durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo.”
-Steve Jobs-
Los valores son creencias que nos hacen elegir una cosas sobre otras, unas circunstancias sobre otras, a tener una opinión y definir las metas que deseamos alcanzar. Establecer lo que es la base de nuestros pensamientos y creencias, es fundamental para nuestro desarrollo como personas y para que exista una coherencia entre lo que pensamos y cómo actuamos.
“Procure no ser un hombre con éxito, sino un hombre con valores.”
-Albert Einstein-
Identifica tus valores y conócete a ti mismo
¿Qué es lo más importante para ti? Piensa en los valores que son prioritarios en tu vida y escríbelos. Puede ser: la familia, la amistad, el trabajo, la honestidad, la paz interior, el desarrollo personal, la integridad, la fama, la aventura, los logros, las metas… Pueden ser estos u otros muchos, que puedes añadir en función de lo que tú valoras más.
Para definir e identificar tus propios valores, piensa en aquellas cosas a las que si no les dieras prioridad, te sentirías mal contigo mismo. Son cosas fundamentales para ti, sobre cualesquiera otras. A lo mejor valoras sobre todas las cosas a tu familia sobre tu trabajo, sobre otras personas, ya que te proporciona seguridad, apoyo, protección. Quizás valoras tu trabajo como fuente de seguridad y estabilidad, como una forma de sentirte realizado.
“Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace.”
-Jean Paul Sartre-
Todo lo que te define como persona deriva de los valores que tienes en la vida, de todas aquellas cosas a las que das más importancia y que guían todos tus actos, los caminos que eliges y las personas con las que te relacionas.
Hazte preguntas para definir tus valores
Una forma sencilla para definir tus valores es haciéndote preguntas que te van a permitir conocer qué es lo esencial para ti, que tiene más importancia sobre otras cosas. Puedes plantearte preguntas como las siguientes:
¿Cuáles son las tres personas que más admiras y por qué las admiras? ¿Cuál es la decisión que has tomado a lo largo de tu vida con la que te has sentido más orgulloso y por qué? ¿Cuáles fueron las consecuencias de esa decisión?
¿Cuál es la decisión de la que más te arrepientes y por qué? ¿Cuáles son tus metas o tus objetivos en este momento y por qué son importantes para ti? ¿Cuáles son las personas que menos admiras y qué características tienen?
Con las respuestas a estas preguntas podrás identificar tus valores, ya que verás como algunas respuestas serán las mismas. Esto te permitirá identificar de tres a seis valores que son fundamentales para ti. Pero es necesario que te tomes tu tiempo, que pienses detenidamente cada respuesta y sobre todo, que seas muy sincero.
Una vez definidos los valores que son fundamentales para ti, es hora de ver si estás actuando conforme a esos valores, y de ser consciente de la necesidad de coherencia entre esas creencias que son la base de tu vida y los actos que van conformando tu personalidad y quién eres en realidad.
Para ver si estás dando prioridad a lo que realmente le das importancia, puedes ver cómo reaccionas ante determinadas situaciones. Por ejemplo, si alguien critica tu forma de vestir y te molesta, quizá tu valor sea la aceptación. Es decir, se trata de ver qué nos hace reaccionar, qué nos molesta, para bien o para mal. Ahí encontraremos el germen de nuestros valores.
Si vas a establecer prioridades, es necesario que pienses si vives acorde a lo que más aprecias. Por ejemplo, si aprecias pasar tiempo con tu familia y amigos y disfrutar de ti mismo, pero tienes una jornada laboral de setenta horas, no estás siendo coherente con tus valores personales, no estás priorizando lo que realmente te importa.
Si tu prioridad son tus hijos pero no pasas tiempo con ellos o no sabes qué han hecho en el colegio, hay algo que no está funcionando correctamente. No estás siendo sincero contigo mismo.
Lo esencial es saber qué es importante para ti, no pensar en qué quieren los demás, o qué es lo que otras personas consideran que es importante para ti. Una vez que lo tengas claro, no temas las críticas de los demás, se trata de ti y de tu vida.
Tener valores y vivir conforme a ellos, requiere un gran coraje, cada día te enfrentarás con retos que pondrán en duda lo que basa toda tu vida, cada día encontrarás a personas que te harán cuestionarte quién eres, pero si tienes la valentía de vivir conforme a lo que piensas y sientes, serás coherente contigo como persona y podrás tener una vida satisfactoria y feliz.
“Cada día me miro en el espejo y me pregunto ¿SI hoy fuera el último día de mi vida, querría hacer lo que voy a hacer hoy? Si las respuesta es “no” durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo.”
-Steve Jobs-
jueves, 16 de mayo de 2019
El Camino No Elegido
He leído en innumerables ocasiones el maravilloso poema de Robert Frost titulado
«The Road Not Taken» / «El camino no elegido», y en cada una de las ocasiones
que lo he leído no he podido evitar reflexionar sobre la importancia que tienen
para nuestra vida y nuestra realización personal las elecciones que hacemos
sobre que camino tomar cuando aparecen frente a nosotros diferentes opciones.
En una sociedad como la actual, donde todo tiende a
unificarse, y son las modas las que marcan para una gran mayoría su modo de
actuar, resultan más vigentes que nunca las palabras del poeta en el último
verso del poema:
La opción «fácil» en la vida suele ser elegir siempre el
camino que recorre la mayoría. Eso simplemente supone en la mayor parte de los
casos «dejarse llevar».
Es el camino cómodo compuesto generalmente por todo
aquello que queda dentro de nuestra zona de comodidad, o por lo que marcan las
modas, o por lo que nos vende la publicidad y los medios.
Pero es una clase de
camino que a pesar de su aparente facilidad difícilmente conduce a la verdadera
realización y plenitud. Es una clase de camino que raramente nos empuja a tener
que crecer para desatar en cada instante lo mejor de nosotros mismos.
Es un
camino que generalmente conduce con el tiempo a formularnos la más temible de
las preguntas… ¿Qué hubiese podido ser mi vida si me hubiese atrevido a poner
en juego todo mi potencial?… Ojalá jamás te tengas que enfrentar a una pregunta
de ese tipo.
Por eso, siempre he defendido que es en «el camino menos
transitado», aquel que está en sintonía con nuestros verdaderos valores,
aspiraciones, anhelos y sueños, donde se encuentra la llave hacia la verdadera
felicidad y realización. Es un camino poco transitado porque es sencillamente
«tu» camino.
Solo tú sabes realmente cuales son esos anhelos profundos de tu
corazón y solo a ti te corresponde tomar una decisión comprometida y verdadera
para alcanzarlos. Este es un camino ajeno a las modas, los comentarios de los
demás, lo generalmente aceptado,… Y suele ser un camino que requiere poner en
juego lo mejor que hay en ti para ser recorrido.
Todos en algún momento de nuestras vidas llegamos a uno de
esos puntos en los que aparecen frente a nosotros varias opciones para elegir.
Y es en esos momentos cuando tenemos que tener el suficiente coraje para
escuchar esa voz interior que siempre está ahí para en forma de intuición decirte…
¡Atrévete! ¡Toma el camino hacia tu verdadera realización personal! ¡Ha llegado
el momento de poner en juego todo tu máximo potencial!
Repitiendo las frases del poeta:
“Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia”.
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia”.
Elige tu propio camino. Será el menos transitado. Pero su
destino es claro: tu auténtica realización personal y la felicidad.
Noción De Realidad
Podríamos decir que
el nudo del problema se sitúa en donde yo estoy poniendo mi noción de realidad.
Según nuestra noción particular de realidad, «realidad» significa lo que para
nosotros es real. Y en este caso, es sinónimo de lo que para nosotros es
importante. Allí donde yo pongo mi noción de realidad, allí se produce lo que
para mí pasa a ser de importancia.
Pero mi noción de
realidad es móvil. Ahora estamos aquí y, naturalmente, para vosotros lo real es
esta situación que estáis viviendo: estamos reunidos en esta sala, yo que estoy
hablando, lo que estoy diciendo; esto es lo real. Pero dentro de una o dos
horas lo real será la calle, el tráfico, la circulación, el no tropezar, no ser
atropellado; y dentro de otro rato será la cena, la familia, y aquello será lo
real.
Y lo que antes era real pasa a ser un recuerdo; y por ello, menos real.
Es decir, constantemente estamos viviendo unas cosas como lo real, pero luego
pasan a serlo menos (o incluso a desaparecer de nuestra conciencia).
Ahora, yo me
pregunto: ¿realmente estamos viviendo la realidad de las cosas, o es que
estamos viviendo nuestra noción de realidad puesta en cada cosa que tenemos
delante? Si yo viviera la realidad de las cosas, las cosas seguirían siendo
reales, aunque fueran de ayer o de más tarde, porque la realidad en sí misma de
las cosas no cambia. Cuando para mí una cosa es muy importante, es lo más real
en un momento dado, y en el momento siguiente pasa a ser otra cosa y luego otra
cosa, esto me hace ver que no es la realidad de la cosa lo que veo, sino que es
la realidad que hay en mí, y que yo la estoy prestando a la cosa.
¿Qué pasaría si yo
aprendiese a vivir directamente esa noción de realidad, no allí donde
mecánicamente la estoy poniendo sino realmente dónde está? Pues que las cosas
dejarían de ser problema para mí, dejarían de ser objeto de deseo y objeto de
temor.
¿Por qué una cosa
me inspira un gran deseo? Porque veo en la cosa más realidad que en mí. ¿Por
qué una cosa me produce temor? Porque veo en la cosa una mayor fuerza o
realidad (hostil en este caso) que en mí. Pero si la realidad de la cosa yo la
vivo en mí (porque es mía), entonces aquella cosa deja de producirme miedo.
Así, para mí es
real aquello en lo que yo pongo mi noción de realidad: porque como yo ahora
estoy viviendo esta realidad en mis imágenes mentales y en mi fabricación de
ideas, así, las imágenes mentales y las ideas son para mí lo real. Y por eso me
seducen y voy tras ellas, por eso me dominan, y por eso yo estoy supeditado a
ellas.
Pero si yo pudiera vivir esta noción de realidad, no aquí, en mi frente,
con cada fenómeno que se produce en mi mente, sino donde realmente está, que es
en mi centro, entonces yo podría vivir todo sin dejarme aprisionar por nada,
sintiéndome como mínimo con la misma fuerza que tiene cada objeto. Así, se hace
evidente la absoluta necesidad de que yo aprenda a descubrir esta realidad en
mi centro.
Cuando antes decía
que yo soy esta totalidad en un plano más profundo o más elevado, el problema
que se plantea es ¿en qué medida eso para mí es real? Porque en la medida en
que mi realidad siga siendo mi conciencia mental habitual, no viviré en mi
realidad central. Podrá ser una idea muy bonita, quizá algo deseable, o
cualitativamente importante, pero no será para mí ninguna realidad operativa.
El trabajo consiste en trasladar mi noción de realidad desde donde está
funcionando habitualmente hasta allí donde realmente está, donde Es.
La Fuerza Interior
La clave está en no desistir, en no alzar a la mínima una «bandera blanca” ni darnos por vencidos, aun cuando la tormenta haya creado tantas olas y estemos muy lejos del puerto más cercano. No se trata tampoco de una simple metáfora, sino de la vida misma. Porque a veces, cuando nos vemos más lejos de la costa más altas debemos izar nuestras velas.
«El verdadero buscador crece y aprende, y descubre que siempre es el principal responsable de lo que sucede.»
Jorge Bucay-
En un estudio llevado a cabo por Martin Seligman en el 2004, analizaba qué características definían a las personas psicológicamente fuertes. Así, algo que pudo verse es que aquellos perfiles orientados hacia las emociones positivas y a un enfoque basado en la resiliencia, eran los que mostraban mayores índices de salud física y psicológica.
La fuerza interior se relaciona por tanto con nuestra mentalidad, correcta gestión emociona y nuestras actitudes. Veamos no obstante qué más factores definen a estas personas.
Les guía la responsabilidad personal: son dueños de su destino
En primer lugar, las personas no tenemos el control sobre todo lo que nos ocurre. Sin embargo, lo ideal es ser siempre responsables de nosotros mismos. Algunos pueden decir que han sido bendecidos con esa fuerza interior, otros que tienen buena suerte y otros que son empujados por una estrella. Sin embargo la persona con fuerza interior es constructora activa de su bienestar.
Además, tienen esperanza porque saben que si se equivocan también que van a aprender. Saben que no todo va a ser fácil, pero no encuentran una razón lo suficientemente poderosa que les diga que no van a poder.
Invierten esfuerzos en lo que vale la pena
En segundo lugar, las personas con una gran fuerza interior saben que hay cosas en las que no pueden influir ni cambiar, por lo tanto, no gastan sus energías en ellas. Por el contrario, se enfocan en aquello que está en sus manos y trabajan incansablemente para poder llevar a cabo lo que desean.
La fuerza interior se relaciona por tanto con nuestra mentalidad, correcta gestión emociona y nuestras actitudes. Veamos no obstante qué más factores definen a estas personas.
Les guía la responsabilidad personal: son dueños de su destino
En primer lugar, las personas no tenemos el control sobre todo lo que nos ocurre. Sin embargo, lo ideal es ser siempre responsables de nosotros mismos. Algunos pueden decir que han sido bendecidos con esa fuerza interior, otros que tienen buena suerte y otros que son empujados por una estrella. Sin embargo la persona con fuerza interior es constructora activa de su bienestar.
Además, tienen esperanza porque saben que si se equivocan también que van a aprender. Saben que no todo va a ser fácil, pero no encuentran una razón lo suficientemente poderosa que les diga que no van a poder.
Invierten esfuerzos en lo que vale la pena
En segundo lugar, las personas con una gran fuerza interior saben que hay cosas en las que no pueden influir ni cambiar, por lo tanto, no gastan sus energías en ellas. Por el contrario, se enfocan en aquello que está en sus manos y trabajan incansablemente para poder llevar a cabo lo que desean.
Esto se puede aplicar a cualquier ámbito de la vida diaria. Por ejemplo, si estamos en un embotellamiento de tránsito, ¿De qué nos sirve gritar, enojarnos o perder el control? Mejor es enfocar las energías en algo más productivo, como escuchar música, aprovechar para pensar en nuestro plan del día, ponernos objetivos para la jornada…
Si quieres mejorar tu fuerza interior deberás ver el pasado como una fuente de información a la cual puedes acceder cuando lo necesites.
Ahora bien, debemos tener en cuenta algunos detalles. Existen otras bases de datos para nutrirnos. Muchas personas viven atadas a su pasado y esto no es bueno. Todo lo que les ha ocurrido se convierte en un fardo o en una mochila pesada que no permite avanzar un solo paso.
Los que realmente tienen una fuerza interior considerable saben que las vivencias del ayer son valiosas, pero que no hay que encadenarse a ellas.
Por otra parte, para ser una persona con una fortaleza interior, no hay que focalizarse en la queja, en el error cometido, en todo lo perdido y dejado atrás.
En realidad, el problema no está en quejarse, sino en mantener esa actitud “de por vida”. Esto quiere decir, que es muy simple volverse un quejoso crónico, pero no hacer nada para cambiar aquello de lo que nos quejamos o criticamos.
No te centres en los aspectos negativos, no pierdas energías en nimiedades. Si hay algo que te molesta, actúa de tal manera que puedas cambiarlo. No te sientes a llorar sobre la leche derramada, como dice el refrán popular, ponte a limpiar el desastre.
«Es duro fracasar, pero es todavía peor no haber intentado nunca triunfar.»
-Theodore Roosevelt-
Por último, los que pueden sentirse orgullosos de su fuerza interior no quieren impresionar a nadie más que a ellos mismos. No actúan para demostrar a los demás lo que son capaces de hacer, sino que son felices por su propios logros.
La motivación es algo que no pierden ni por un instante y estas personas la alimentan celebrando sus logros; no para presumir sino para disfrutar de lo que han conseguido. Esto no quiere decir que no puedan comunicar lo que consiguen, sino que saben cuándo, cómo y a quiénes contar sus buenas noticias.
Si quieres mejorar tu fuerza interior deberás ver el pasado como una fuente de información a la cual puedes acceder cuando lo necesites.
Ahora bien, debemos tener en cuenta algunos detalles. Existen otras bases de datos para nutrirnos. Muchas personas viven atadas a su pasado y esto no es bueno. Todo lo que les ha ocurrido se convierte en un fardo o en una mochila pesada que no permite avanzar un solo paso.
Los que realmente tienen una fuerza interior considerable saben que las vivencias del ayer son valiosas, pero que no hay que encadenarse a ellas.
Por otra parte, para ser una persona con una fortaleza interior, no hay que focalizarse en la queja, en el error cometido, en todo lo perdido y dejado atrás.
En realidad, el problema no está en quejarse, sino en mantener esa actitud “de por vida”. Esto quiere decir, que es muy simple volverse un quejoso crónico, pero no hacer nada para cambiar aquello de lo que nos quejamos o criticamos.
No te centres en los aspectos negativos, no pierdas energías en nimiedades. Si hay algo que te molesta, actúa de tal manera que puedas cambiarlo. No te sientes a llorar sobre la leche derramada, como dice el refrán popular, ponte a limpiar el desastre.
«Es duro fracasar, pero es todavía peor no haber intentado nunca triunfar.»
-Theodore Roosevelt-
Por último, los que pueden sentirse orgullosos de su fuerza interior no quieren impresionar a nadie más que a ellos mismos. No actúan para demostrar a los demás lo que son capaces de hacer, sino que son felices por su propios logros.
La motivación es algo que no pierden ni por un instante y estas personas la alimentan celebrando sus logros; no para presumir sino para disfrutar de lo que han conseguido. Esto no quiere decir que no puedan comunicar lo que consiguen, sino que saben cuándo, cómo y a quiénes contar sus buenas noticias.
El Valor De La Libertad
Unas veces lo eliges y otras no te queda otra opción que
aceptar algo que te viene dado. Algo complicado, una nueva responsabilidad,
algo que no has elegido, en definitiva, un reto.
En la historia hay infinidad de casos de personas que se han
tenido que enfrentar a situaciones muy complicadas y que después de haber
tenido serios inconvenientes alcanzaron a metas excelentes, como Stephen
Hawking, Beethoven o el alpinista húngaro que después de haber perdido una
pierna en una avalancha volvió a la misma montaña un mes más tarde para
alcanzar la cumbre que se había propuesto, su nombre es Zsolt Erös.
Otro ejemplo es Niki Lauda, piloto de Fórmula 1, que tras haber
sufrido un grave accidente quedó atrapado por las llamas y sufrió gravísimas
heridas hasta el punto de haber recibido la extremaunción por parte de un
sacerdote. Unos meses más tarde volvió a la pista disimulando sus cicatrices
con una gorra y siguió corriendo hasta su retirada.
En la red he encontrado infinidad de ejemplos de este tipo,
la cantante Shania Twain que muchos días iba sin comer al colegio y con bolsas
de papel como zapatos debido a la pobreza extrema de su familia, en la que su
padrastro maltrataba a su madre, o Hilary Swank, ganadora de dos Oscar, que
vivió en parques durante toda su infancia y no pudo terminar el colegio…
En fin, no me extiendo con estos ejemplos porque seguro que
tú conoces de primera mano casos de personas que han superado fuertes
dificultades y han llegado donde se han propuesto.
La pregunta que surge es, ¿por qué unas personas reaccionan
de forma positiva ante los obstáculos de la vida, luchando y saliendo incluso
fortalecidas, y otras se quedan atrapadas en ellos?
Cultivando la resiliencia
La nota común en las personas que mejor gestionan los
obstáculos es que disponen de flexibilidad emocional, de resiliencia. La
Wikipedia la define así “La resiliencia es la capacidad de afrontar la
adversidad saliendo fortalecido y alcanzando un estado de excelencia
profesional y personal.
Desde la Neurociencia se considera que las personas más
resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de
estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control
frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos.
La Resiliencia, es el convencimiento que tiene un individuo
o equipo en superar los obstáculos de manera exitosa sin pensar en la derrota a
pesar que los resultados estén en contra, al final surge un comportamiento
ejemplar a destacar en situaciones de incertidumbre con resultados altamente
positivos.”
Muy bien, pero vayamos a lo práctico, ¿qué aspectos debemos
trabajar para ser más resilientes? ¿Cómo podemos desarrollar nuestra
resiliencia?
La vida es un camino lleno de obstáculos. La diferencia
entre una persona que lucha por salvarlos y otra que se rinde está en su
actitud; la peor de todas es quedarse paralizada por un sentimiento de miedo
basado en creencias limitantes que nos bloquean y nos impiden ver mas allá del
problema que nos ocupa. Estas creencias limitantes se pueden y se deben
trabajar.
“Cada uno de nosotros es una fortaleza inexpugnable que
únicamente será devastada desde dentro” T.J.
Flynn
¿Cómo desarrollar esa mentalidad positiva que nos ayude a
superar los retos que la vida nos plantea?
Estas son algunas ideas:
Tus fortalezas. Nunca saques valor a lo que has conseguido,
a lo que sabes o a lo que eres. Piensa en tus puntos positivos, en las
habilidades que tienes y que ya has utilizado antes. ¿Por qué no aplicarlas en
esta ocasión?
Neutraliza tus limitaciones. Identifícalas y, si así lo
decides, trabaja para superarlas. Te sacarás un gran peso de encima. Superar
nuestras propias limitaciones es pasar de sentirte esclavo a sentir la
libertad. Lo digo por experiencia.
Fija pequeñas metas a corto plazo. La satisfacción del logro
te ayudará a seguir con más energía.
Menos pensar y más actuar. La parálisis por análisis es un
mal que padecen muchas personas y sus resultados son nefastos. Cuando haces
cosas, pasan cosas. Si no haces cosas, no pasa nada. Así de simple.
Genera alternativas. Pon en marcha tu creatividad, busca
otras opciones, otros puntos de vista, nuevas perspectivas. Deja de centrarte
en el problema y focaliza tu atención en las soluciones. Mira más allá.
Aprende de otros. Existen muchos casos de personas que han
superado grandes obstáculos en su vida o han triunfado desde cero, con ideas
aparentemente imposibles y enfrentándose a grandes adversidades. Analiza qué
han hecho y cómo lo han hecho, qué habilidades han puesto en práctica…
¿Cómo
podrías aprender de su experiencia? Aprender de la experiencia ajena es “menos
doloroso” emocionalmente hablado que hacerlo de la propia.
Piensa en positivo. De eso se trata. Está comprobado que los
lazos neuronales que se crean a través de los pensamientos positivos son mucho más
poderosos que los negativos, aunque los negativos son más fáciles de formar y
alimentar. Tú decides.
Como siempre digo, esas son claves generales, lo importante
es que tú mismo desarrolles tu propia fórmula para afrontar situaciones
complejas. Si no consigues hacerlo solo, pide ayuda.
Recuerda que eres dueñ@ de tu vida, convierte tu libertad en
valor.
El Camino Correcto
Todos tenemos que tomar decisiones en algún momento que
definen nuestro rumbo. Debemos descubrir cuál es el camino correcto o
qué camino tomar.
Ante esto, debes saber que no puedes detenerte. Estás
transitando un camino desde el día que naciste. Tu vida es
como un barco que no detiene la marcha, solo diriges el timón.
Pregúntate:
¿Cómo llegaste hasta a este punto de tu vida?
¿Cómo elegiste el camino que has tomado hasta el momento?
¿Ese camino te llevara al lugar donde quieres estar mañana?
Que importante es conocer todas tus posibilidades y más aún,
que importante es conocerte a ti misma(o) para saber cuál de esos camino elegir.
En mi caso, hace algún tiempo seguía otro camino, uno
totalmente diferente al que estoy tomado ahora. Aquellos eran mis tiempos como
estudiante y recién egresado. Cometí muchos errores y por supuesto aprendí en
consecuencia. Era menos experimentado. Sin embargo hay algo en especial de lo
quisiera hablarte hoy. Me refiero a mis creencias sobre el camino correcto.
Antes no me cuestionaba mucho acerca del rumbo que estaba
tomando. Elegí una carrera sin siquiera cuestionarme si realmente la
necesitaba. Creía que era lo que mejor podía hacer para conseguir un buen
empleo. Debo decirlo, ni siquiera me puse a pensar en si de verdad tener un
empleo de 8 a 6 era lo mío.
¿Un buen empleo? ¿Acaso esas eran las únicas opciones y la
escuela es el único camino? No, por supuesto que no, fue una creencia limitante que
tenía.
Pensaba que me dirigía hacia donde realmente deseaba, pero
la verdad es que elegí sin conocer todas mis opciones.
Volteaba a ver a mi alrededor y veía que todo estaba bien.
Caminaba por un camino donde muchos otros transitaban, me sentía acompañado.
¿Qué podía estar mal? Seguía el camino “correcto”, aquel que se suponía me
llevaba al éxito.
Desafortunadamente ni siquiera tenía un concepto de éxito
propio definido. El que tenía lo había adoptado de la gente. Era un concepto
genérico que no contemplaba mi felicidad ni mis valores. Bueno, de hecho ni
siquiera conocía mis valores.
Fue a base de inconformidad y rebeldía aprendí que no
hay un camino correcto ni el mejor camino, y que todos tenemos la valiosa
oportunidad de elegir hacia dónde ir.
Una mente abierta e inquieta
De niños tenemos una mente inquieta. Una que se cuestiona
todo lo que hay. Tenemos una curiosidad natural por conocer el mundo, por
descubrirlo. Nos maravillamos aprendiendo cosas nuevas. Sin embargo en algún
punto de nuestro crecimiento algo sucede.
Enmarcados por la sociedad
Con el tiempo toda esa curiosidad por descubrir nuevos
caminos y aprender cosas nuevas se va desvaneciendo.
Son muchos los factores que influyen para que eso suceda. Tu
educación, tus padres, tu entorno, la escuela, tus creencias, tus amigos, tu
cultura…
Somos enmarcados, nuestra mente es encajonada. Somos
sumergidos en reglas y normas de conducta y con ello, el alcance de
nuestras ideas y pensamientos es truncado.
Nos dicen lo que es posible para nosotros y sin darnos
cuenta comenzamos a tomar un camino sin cuestionarlo.
Nunca nos damos el tiempo de analizar cuáles de esos
caminos nos hacen vibrar desde el interior. Tampoco aprendemos a
sentir y escuchar ese llamado interno; esa chispa que surge desde lo profundo
de tu ser, que te da un indicio de lo que
quieres ser y hacia dónde quieres ir.
Aprendemos a vivir sin pensar y basamos la mayoría de
nuestras decisiones en lo que ocurre en el exterior, nunca desde el interior.
A partir de ese momento comienza ese sentimiento de
inconformidad. Una sensación de que no estamos haciendo lo que de verdad
necesitamos, viviendo en contra de nosotros mismos.
Cuán difícil ver a lo lejos
Imagina que tu mente tiene unos muros que te impiden llevar
tu pensamiento más allá de lo que crees que es posible para ti ¿Qué crees que
va a pasar?
Pues tu alcance se va a reducir muchísimo, es difícil que
llegues lejos. Eso es lo que pasa cuando tienes unas creencias limitantes. Difícilmente
podrás transitar un camino que no sabes que existe. Puedes llegar a él por
casualidad pero tus probabilidades son mínimas, de hecho prácticamente nulas.
Todas tus decisiones están basadas en tu sistema de
creencias y valores. Tu tendencia será ir por donde crees que
debes ir, pero ¿Cómo elegir? Si no conoces antes todas tus opciones.
Tus posibilidades son infinitas
La diferencia de la vida humana a las otras formas de vida,
es que tú le puede dar (hasta cierto punto), una orientación a tu vida. Tú
puedes (en términos relativos) ser autor del camino de tu propia vida. —José
Mujica
Si quieres realmente vivir al máximo, aprende a ver el mundo
como es; un lugar lleno de infinitas posibilidades sobre el cual
tienes influencia.
Abre tu mente, piensa y toma conciencia. Ahora mismo podrías
estar dedicando tu vida a lo muy diferente a lo que haces ahora. Tal vez
podrías ser una reconocida instructora de ballet, un excelente biólogo marino o
una gran profesora de natación. La cantidad de posibilidades es inmensa.
Aunque ahora mismo, en esta etapa de tu vida te encuentres
haciendo algo que te gusta, estoy seguro que antes pensabas en muchas otras
opciones y te aseguro que aun así, no eran todas.
Eras más joven y menos experimentado. Tu visión del mundo
era reducida. Como elegir adecuadamente un camino cuando tu visión de la
vida es corta. Sin embargo muchas personas a pesar de elegir mal, jamás se
atreven a hacer un cambio. Piensan que por elegir un camino deben de seguirlo
el resto de sus días. Es en ese momento cuando dejan de
vivir realmente.
Posiblemente el camino que tomaste no fue incorrecto, tal
vez era necesario solo para una etapa de tu vida pero ahora es momento de
cambiar.
Podrías ahora mismo estar indeciso(a), pero si una etapa está
a punto de cerrarse para dar paso a una nueva. Entonces permite que así sea.
Muchas personas creen que por que eligen una carrera o un
oficio, deben seguirlo toda su vida. Ni siquiera se detienen un momento a
analizarlo. Lo creen y así lo viven, pero solo es una creencia limitante.
Elegir un camino no implica que tengas que seguirlo hasta el
final de tus días.
Cuestiona todo aquello que das por hecho, en especial
lo que crees que es posible para ti.
Un mundo nuevo; más posibilidades
Ya te lo dije en este
artículo. Cuatro años de estudio no pueden definir lo que harás por
los próximos 30 o 40 años. En la vida se puede hacer mucho más.
Ni siquiera estamos preparados en términos evolutivos para
hacer algo de forma repetitiva por tanto tiempo. Hace 200 años el humano apenas
alcanzaba la gloriosa edad de 40 años. Como pretender hacer algo por tanto
tiempo sin aburrirte, sin perder el entusiasmo. Creo que es imposible.
Generar el hábito y vivir robotizado claro que se puede,
pero no significa que vivas feliz.
Se ha adoptado una creencia en la sociedad actual, de que
debes consagrar tu vida a una sola cosa, pero eso no tiene que ser así, es
absurdo. En tu vida puedes ser abogado, músico, escritor, empresario y youtuber
si así lo deseas.
Si solo tienes
una vida entonces debes hacer todo cuanto puedas y quieras con
ella.
Escepticismo
Filosofía
Escepticismo
En la filosofía clásica el escepticismo es una corriente filosófica basada en
la duda, representada en la escuela por el filósofo griego Pirrón, quien decía que "no afirmaba nada, solo
opinaba". El escepticismo
se diferencia del negacionismo por exigir evidencia objetiva a las afirmaciones, y en
caso de haber tal evidencia aceptarla, en tanto que el negacionismo cuestiona o
rechaza las evidencias.
El escéptico es alguien que profesa duda o está en desacuerdo con lo que generalmente está aceptado como verdad. La palabra "Escéptico" viene del griego skeptikoi (de skeptesthai que en griego significa examinar). La etimología de esta palabra indica en su significado: "quien investiga". Los filósofos escépticos no creen en una verdad objetiva, porque todo es subjetivo, dependiendo del sujeto que estudia y no del objeto estudiado.
Una persona escéptica diría siento frío pero no hace frío, ya que solo puede saber que ella tiene frío o calor. A esta postura de no emitir juicios sino exclusivamente opiniones, se la llamó epojé (suspensión de juicio).
En filosofía, esta actitud los lleva a la ataraxia (paz mental) porque, al no creer en nada, no entraban en conflictos con nadie y no se veían obligados a defender sus opiniones ya que no existían verdades objetivas.
Existió diversidad y oposición de sistemas, como los de Demócrito, Empédocles, Platón, etc. que crean abstracciones y dudas. La influencia en la política exterior de hechos como la muerte de Alejandro Magno y la diversidad en las costumbres, religiones e instituciones de las ciudades.
Pirrón fue el creador del escepticismo. Un gran viajero que conoció muchas culturas con los ejércitos de Alejandro Magno, cosa que le permitió dudar de las verdades evidentes y tradiciones de su cultura.
Una persona escéptica diría siento frío pero no hace frío, ya que solo puede saber que ella tiene frío o calor. A esta postura de no emitir juicios sino exclusivamente opiniones, se la llamó epojé (suspensión de juicio).
En filosofía, esta actitud los lleva a la ataraxia (paz mental) porque, al no creer en nada, no entraban en conflictos con nadie y no se veían obligados a defender sus opiniones ya que no existían verdades objetivas.
Existió diversidad y oposición de sistemas, como los de Demócrito, Empédocles, Platón, etc. que crean abstracciones y dudas. La influencia en la política exterior de hechos como la muerte de Alejandro Magno y la diversidad en las costumbres, religiones e instituciones de las ciudades.
Pirrón fue el creador del escepticismo. Un gran viajero que conoció muchas culturas con los ejércitos de Alejandro Magno, cosa que le permitió dudar de las verdades evidentes y tradiciones de su cultura.
Se dice que Pirrón llevó al extremo la suspensión de juicio, hasta el punto de sacarse las cuerdas vocales.
Otro importante escéptico fue Sexto Empírico, autor de Esbozos Pirrónicos. En esta obra sostiene que en la vida práctica hay que seguir:
· Las señales que aporta la naturaleza
· Las necesidades del cuerpo
· Las tradiciones y las leyes
Timón el Silógrafo continuó la tradición escéptica poniendo en duda las ideas aristotélicas, dudando incluso de los primeros principios de la deducción aristotélica.
Sin embargo, el sistema socrático de hipótesis y deducciones nunca fue puesto en duda por los escépticos, aunque se ganaron fama de desbaratadores y perdieron popularidad al luchar contra los ritos, leyendas y supersticiones arraigadas.
Durante el siglo I a. C. el escepticismo volvió a cobrar importancia paulatinamente hasta Luciano de Samosata y Sexto Empírico, que representan a los últimos escépticos clásicos.
Ya en el Renacimiento, el médico Francisco Sánchez escribió una obra fundamental, Quod nihil scitur (Que nada se sabe). El escepticismo no fue tomado como una hipótesis válida para indagar en la verdad, de forma tal que constituyó el fundamento primero de Descartes y su duda metódica, con la cual el escepticismo vuelve paulatinamente a cobrar importancia hasta el Siglo de las luces donde impregna todo el pensamiento ilustrado.
A mediados del siglo XIX, el Romanticismo ya domina la sociedad y reclama para sí todo un modo de vida menos analítico, más evocativo donde se pueda mezclar realidad y sabiduría
Otro importante escéptico fue Sexto Empírico, autor de Esbozos Pirrónicos. En esta obra sostiene que en la vida práctica hay que seguir:
· Las señales que aporta la naturaleza
· Las necesidades del cuerpo
· Las tradiciones y las leyes
Timón el Silógrafo continuó la tradición escéptica poniendo en duda las ideas aristotélicas, dudando incluso de los primeros principios de la deducción aristotélica.
Sin embargo, el sistema socrático de hipótesis y deducciones nunca fue puesto en duda por los escépticos, aunque se ganaron fama de desbaratadores y perdieron popularidad al luchar contra los ritos, leyendas y supersticiones arraigadas.
Durante el siglo I a. C. el escepticismo volvió a cobrar importancia paulatinamente hasta Luciano de Samosata y Sexto Empírico, que representan a los últimos escépticos clásicos.
Ya en el Renacimiento, el médico Francisco Sánchez escribió una obra fundamental, Quod nihil scitur (Que nada se sabe). El escepticismo no fue tomado como una hipótesis válida para indagar en la verdad, de forma tal que constituyó el fundamento primero de Descartes y su duda metódica, con la cual el escepticismo vuelve paulatinamente a cobrar importancia hasta el Siglo de las luces donde impregna todo el pensamiento ilustrado.
A mediados del siglo XIX, el Romanticismo ya domina la sociedad y reclama para sí todo un modo de vida menos analítico, más evocativo donde se pueda mezclar realidad y sabiduría
Ser Asertivos
Asertividad es la capacidad para expresar propias opiniones,
los sentimientos y las emociones sin
complejos, de una manera tranquila, sin agresividad, temor o ansiedad,
permitiendo a una persona autoafirmar sus derechos como individuo,
evitando ser manipulado y sin necesidad de manipular a los demás.
La asertividad no tiene nada que ver con la necesidad de
aprobación; si soy asertiva no estoy buscando con mi conducta el beneplácito de
los demás, sino que estoy expresando mis propias opiniones aunque esto implique
desacuerdos con otras personas.
Cuando expreso lo que siento y pienso con tranquilidad y sin
tapujos, me siento bien, desaparece el nerviosismo y la tensión. La asertividad
tiene un efecto contrario a la ansiedad; cuando actúo asertivamente se produce
un efecto anti ansiedad que hace que me calme manejando cualquier situación de
manera más efectiva y equilibrada.
La asertividad es innata y aprendida, de manera que el camino
hacia la asertividad, puede convertirse en un aprendizaje, un proceso nuevo de
descubrimiento de las potencialidades que se tienen en una relación consigo
mismo es un comportamiento aprendido.
Si corremos con la suerte de contar con buenos modelos de personas
asertivas durante nuestra infancia,
será natural para nosotros desarrollar ese hábito, de otra manera posiblemente
nos encontremos en la situación de desear cultivarlo.
En el mundo complejo como este, es necesario que seamos
asertivos, sino, tanto nuestros derechos, como nuestras obligaciones acabaran
dominándonos.
La Conducta Del Abuso
La investigadora del Departamento de Ciencias de la
Educación de la Universidad de Burgos Gloria Garrote ha defendido recientemente
su tesis doctoral, un trabajo que profundiza en el uso y abuso de tecnologías
en adolescentes y su relación con algunas variables de personalidad, estilos de
crianza, consumo de alcohol y autopercepción como estudiante. La tesis,
dirigida por el profesor Fernando Lara Ortega, tiene como fin último contribuir
al desarrollo de estrategias preventivas y promover un uso sensato de tecnologías
en este sector poblacional.
El trabajo surge del interés personal de la investigadora,
orientadora y profesora en un Instituto de Educación Secundaria, por el uso que
los adolescentes hacen de la tecnología y las variables que pueden incidir en
la utilización disfuncional de la misma. “En la investigación nos planteamos si
el uso de tecnologías repercute en el rendimiento escolar, si podemos hablar de
adicción o solo de un mal aprendizaje a la hora de utilizar estas tecnologías,
qué papel tiene la familia o qué podemos hacer desde la escuela”, explica a
DiCYT la investigadora.
La primera parte de la tesis realiza una revisión de las
investigaciones más relevantes sobre el uso de tecnologías en adolescentes,
sobre el concepto de adicción y su idoneidad o no para emplearlo como categoría
diagnóstica en el abuso de tecnologías. Además, como uno de los factores que
más influye en el desarrollo de la personalidad y el comportamiento del
adolescente es el contexto familiar, el trabajo se centra en analizar el papel
de la familia como agente socializador primario. Asimismo, reflexiona sobre el
papel de la escuela y analiza diferentes variables que pueden configurar un
arquetipo de persona susceptible a realizar un consumo abusivo.
Tras esta revisión teórica, el trabajo lleva a cabo un
estudio descriptivo de la muestra y posteriormente un análisis correlacional de
las distintas variables. Como resultados, la autora destaca que, en general,
son pocos los adolescentes que tienen un uso de tecnologías “adictivo” y los
que lo tienen, “son personas que presentan un perfil de vulnerabilidad
psicológica que se caracteriza, entre otras variables, por una elevada
impulsividad disfuncional, es decir, una respuesta rápida por parte de los
adolescentes que les conduce a problemas”.
Por otro lado, un porcentaje significativo de la muestra, del
10 al 20 por ciento, señala que el uso de TIC “repercute negativamente en sus
estudios”. Del mismo modo, la investigadora determina que aquellos que abusan
más de los soportes electrónicos “también consumen alcohol de forma excesiva”,
así como la importancia de una buena comunicación familiar que sea “positiva y
estimulante”. “Los estilos de crianza negligentes, las críticas excesivas o las
continuas quejas hacia la conducta de los hijos se relacionan con un uso
abusivo de tecnologías”, agrega. En este sentido, explica que “la ignorancia de
los padres es fundamental en una conducta de abuso”.
Estrategias
preventivas
Otras variables que guardan relación con el abuso de las
pantallas, añade Gloria Garrote, “son la des inhibición, muy vinculada con la
conducta impulsiva, y la susceptibilidad al aburrimiento”, variables que se han
asociado asimismo “al consumo excesivo de alcohol”. “Existe un perfil de
multiabuso, es decir, el que abusa de las tecnologías abusa de más de una
cosa”, avanza.
A su juicio, es necesario enseñar al adolescente a gestionar
su tiempo de ocio, "ya que en numerosas ocasiones las horas que pasan ante
las pantallas anulan otras actividades que pueden resultar muy enriquecedoras”,
incide la experta, quien considera fundamental “la elaboración de estrategias
preventivas”.
La investigadora concluye que existe “cierta confusión
terminológica” a la hora de establecer un marcador claro para delimitar la
conducta de abuso “pero, hablemos o no de adicción, lo que está demostrado es
que un uso excesivo de las tecnologías causa una serie de desajustes en la vida
del adolescente que, por sí mismos, ya justifican la intervención y una seria
reflexión de todos los agentes implicados”.
En el último capítulo del trabajo la autora realiza una serie
de recomendaciones, señalando “cuáles son las actitudes disfuncionales de la
familia” y que quizá “haya que rediseñar los programas para padres”. También
apunta que, sabiendo qué variables inciden en el consumo abusivo, “habría que
afinar los programas de intervención dentro de los colegios para diseñar esas
estrategias preventivas que sean más eficaces”. “Es necesario detectar a
aquellos adolescentes y niños que presentan estas características de
personalidad, especialmente cuando se combinan con entornos familiares que
pueden aumentar la conducta de abuso”, concluye.
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