domingo, 23 de diciembre de 2018

Los Tiempos Del Tiempo

“Leer a Martí demanda, por supuesto, situarlo en el flujo de su tiempo, no simplemente para comprenderlo en su contexto, sino y sobre todo porque una parte de ese tiempo fluye aún en nuestras vidas.”

Muerta es la vieja Grecia, y todavía colorea nuestros sueños juveniles, calienta nuestra literatura, y nos cría a sus pechos, madre inmensa, la hermosa Grecia artística. Con la miel de aquella vida nos ungimos los labios aún todos los hombres.
José Martí

¿Cómo explicar el enorme atractivo ético, estético y político de la obra de Martí – en particular la elaborada entre 1875 y 1895 – en las circunstancias de nuestro tiempo? ¿De dónde le viene a ese pasado la capacidad de hacerse sentir entre nosotros tan cargado de futuros?

Gracias a la labor de especialistas como Cintio Vitier hoy podemos comprender comprender el vínculo entre las ideas y la afectividad de Martí y las circunstancias de su vida. Su vigencia en nuestro tiempo es un problema de otra naturaleza, que de algún modo recuerda al planteado por Marx acerca de la vigencia del arte griego en la cultura Occidental, siglos después de que hubiera desaparecido la sociedad que le dio origen.

“La concepción de la naturaleza y de las relaciones sociales que hay en el fondo de la imaginación griega y, en consecuencia, del (arte) griego”, se preguntaba Marx en 1857,

¿Es compatible con los oficios automáticos, los ferrocarriles, las vías férreas y el telégrafo eléctrico? ¿Qué son Vulcano ante Roberts y Cía., Júpiter ante el pararrayos, y Hermes ante el crédito mobiliario? Toda mitología somete, domina y moldea las fuerzas de la naturaleza en la imaginación y por la imaginación: pero desaparece en cuanto se llega a dominarlas realmente.[…] Pero la dificultad no consiste en comprender que el arte griego y la epopeya están ligados a ciertas formas del desarrollo social. La dificultad estriba en comprender que puedan procurarnos aún goces estéticos y sean considerados de algún modo como norma y modelos inimitables.

Vistas así las cosas, cabría decir quizás que el tiempo de Martí fue la primera adolescencia del nuestro. Todo parecía posible a los integrantes de aquella generación de jóvenes liberales que iniciaban la labor en transformar en repúblicas prósperas y equitativas los frutos de las luchas por la Independencia, primero, y la Reforma del orden colonial, después. Al respecto, sus textos producidos en México y Guatemala entre 1875 y 1877 – esto es, entre sus 22 y sus 24 años de edad – son de una extraordinaria riqueza. De ese período data el elogioso artículo que dedica a la edición de los nuevos Códigos de Leyes de la República de Guatemala, donde señala:

Esa es nuestra grandeza: la del examen. Como la Grecia dueña del espíritu del arte, quedará nuestra época dueña del espíritu de investigación. Se continuará esta obra; pero no se excederá su empuje. Llegará el tiempo de las afirmaciones incontestables; pero nosotros seremos siempre los que enseñamos, con la manera de certificar, la de afirmar. No dudes, hombre joven. No niegues, hombre terco. Estudia, y luego cree. Los hombres ignorantes necesitaron la voz de la ninfa y el credo de sus dioses. En esta edad ilustre cada hombre tiene su credo. Y, extinguida la monarquía, se va haciendo un universo de monarcas. Día lejano, pero cierto.

El día lejano quizás está ya entre nosotros. De 1989 acá, día con día, ha venido expandiéndose la desintegración del mundo creado por el liberalismo desde mediados del siglo XVIII. Podría decirse, con la sencillez de lo inmediato, que una de las razones del atractivo de Martí radica en que ese proceso de desintegración nos trae de vuelta no solo soluciones agotadas, sino además problemas de otros pasados que en aquel mundo carecieron de solución o - incluso – fueron en su momento soluciones para otros problemas y ya no lo son para ninguno.

Martí perdura en su encanto estético y en su capacidad de agitación y propaganda en un mundo en el que, en verdad, perduran importantes relaciones de continuidad con el que él conoció, dio a conocer y ayudó a transformar. Hoy sabemos que la historia no transcurre en línea recta, superando etapas sucesivas en dirección a un destino necesario. En nuestra América, por ejemplo, operan tres tiempos distintos al interior de un solo tiempo histórico verdadero. Uno es el del legado pre colonial, de tan evidente importancia en Indoamérica. Otro es el del legado colonial – que aportó a nuestra historia la formación de una Afroamérica y una América mestiza - que hizo de nuestra América parte de la economía mundo castellana entre los siglos XVI y XVIII. Y el otro es el del legado liberal que – a través de formas tan diversas como las de los Estados Liberal Oligárquico, desarrollista y Neoliberal, aún dominante entre nosotros – nos incorporó al moderno mercado mundial, y a su geocultura.

Leer a Martí demanda, por supuesto, situarlo en el flujo de su tiempo, no simplemente para comprenderlo en su contexto, sino y sobre todo porque una parte de ese tiempo fluye aún en nuestras vidas. Entender esto requiere recordar que el tiempo de Martí no fue solo el del triunfo del Estado Liberal Oligárquico en nuestra América. En estrecha conexión con ese tiempo, ocurrió en los Estados Unidos el del triunfo del capital monopólico y su necesidad de expansión imperial, acompañado de una intensa lucha de clases entre trabajadores y empresarios, de la que Martí nos dejó un importante testimonio en sus textos para La Nación, de Buenos Aires, y El Partido Liberal, de México.

Vistas las cosas así, cuando el mundo afroamericano de la plantación colonial ha dado de sí la revolución socialista de liberación nacional en Cuba, y el indoamericano despierta con renovado vigor y nos ofrece las primeras manifestaciones del sumak q’awsay –el “vivir bien” andino-, podemos encontrar una perspectiva de gran riqueza para apreciar la vigencia del pensamiento político y la afectividad martianas. Desde esa perspectiva, en efecto, destaca la certeza de la intuición de Martí sobre los límites de aquel liberalismo que se presentaba como la encarnación de la civilización que lucha contra la barbarie, sin ofrecer solución a los problemas de los que dependía el desarrollo de las sociedades donde había venido a ser dominante. Y destaca sobre todo su énfasis en la necesidad de entender que el verdadero problema a encarar, aquí, para nosotros, era el de la batalla entre la falsa erudición y la naturaleza histórica de nuestra América.


Su vigencia, por lo mismo, no es la del deseo de revivir una infancia distante. Esa dimensión existe en la obra martiana – sobre todo en su reivindicación de las grandes civilizaciones destruidas por la conquista europea -, pero no se agota en ella. Su vigencia es la que proviene de una historia aún en curso, que nos lleve a culminar los tiempos de nuestro tiempo creando en el Nuevo Mundo de ayer el mundo nuevo de mañana, con todos y para el bien de todos los millones de seres humanos que ya participan de esa tarea.

Sentir La Vida


Sentir, ese verbo tan conocido pero tan lejano para la mayoría de la gente. Sentimientos, sensaciones, emociones… Son palabras que usas a diario en muchos contextos. Estás familiarizado con ellas y las sabes expresar, pero seguramente no sabes cómo vivirlas de verdad. Y no es por nada, sino porque la mayoría de la gente no sabe hacerlo. Para unos hablar de las emociones es síntoma de debilidad, para otros es algo demasiado místico, incluso de locos... Al final el consejo es que lo dejes fluir, que lo observes y que lo investigues, ¿el qué?, el sentir.

Las emociones son impredecibles, nunca sabes cuando van a llegar y te van a tirar por tierra todo. Crees controlarlas y la mayoría de las veces lo haces, excepto en ese momento tan intenso que no puedes contenerlas. Si eres una persona extremadamente racional en pocas ocasiones aparecerán, porque los sentimientos se bloquean muy fácilmente, demasiado fácilmente. Y esto no es nada bueno, juega en tu contra.

"Pero debes saber que el control es una de las fantasías de la mente, la mente cree controlar las cosas hasta que llega la vida y te pega un viaje y te lo echa todo por tierra"

Sentir es necesario, es vital, es imprescindible. Y muchas personas dirán: -Yo siento, yo quiero a mis hijos, a mi mujer… Yo siento… Yo me emociono con ciertas películas, me pongo triste en los entierros…-. Pero te hablo de sentir más allá de todo eso, te hablo de sentir la vida entera, te hablo de abrirte totalmente en canal y mirar profundo.

Por ejemplo ¿sientes tu vocación?. La vocación es como un marido o un hijo, se le puede querer y se le puede odiar. ¿Quieres a tu vocación?. ¿Qué es lo que te da la vida en el día a día?. ¿Qué es lo que hace que te levantes cada mañana con más y más energía?. ¿Qué es lo que hace que el tiempo pase deprisa, que pierdas totalmente esa noción?. Eso es sentir, sentir de verdad. Es emocionarte, es perderte en algo y no querer volver al mundo real. Eso es sentimiento, eso es pasión.

"Hay veces que la vocación tiene que ver con hacer lo que uno siente, no es tanto de cabeza, no es intelectual. ¿Tu vocación está relacionada con tu trabajo?. ¿Qué sientes por tu trabajo?"

Y si esa emoción tan potente no está en la vocación, ¿está en la familia? ¿está en la pareja?. Analiza si estás en comunión con tu vida, con la vida que estás viviendo en estos momentos exactos. Recapacita, disecciónala. ¿Estás viviendo la vida que quieres?. Pueden parecer preguntas sacadas de un libro de autoayuda pero realmente la pregunta es simple, lo que no es tan simple es la respuesta. Principalmente porque tendemos a contestarla con la razón: “tengo un buen sueldo y familia” “al menos tengo trabajo y tengo novio” “tengo buenos compañeros y buenos amigos” “tengo un horario ideal en el trabajo que me permite hacer más cosas”.


Y esa no es la repuesta, porque la pregunta no es si te gusta tu vida, la pregunta es ¿SIENTES la vida que tienes?. ¿Te emociona la vida que tienes?. Y sé que mucha gente vive auténticas penurias, que tiene familiares enfermos, que ha pasado por traumas inmensos pero, a pesar de eso, fíjate un momento en ti e intenta evadirte, y vuelve a preguntarte ¿sientes la vida que tienes?.

El Mejor Regalo

La vida es un regalo precioso lleno de sentimientos, sensaciones, experiencias y momentos de todo tipo, buenos y menos buenos, que en muchas ocasiones dependen de nosotros mismos y en otras, de situaciones y circunstancias externas. En todo caso, la vida, siendo origen de nuestra propia existencia constituye un derecho fundamental que siempre se ha de proteger y defender; desde el mismo momento de su concepción, durante su desarrollo y hasta su último aliento, siempre con la dignidad que toda persona merece, y que solo debería poder perderse por causas naturales o accidentales.

No hay mejor regalo que ser uno mismo, no hay mejor regalo que saber quién eres, no hay mejor regalo que sentirte parte de todo, sabiendo que nunca más vas a estar solo, sabiendo que tu aportación es importante, que tu florecimiento es la manifestación de la grandeza de tu ser.

La energía de hoy, es ese regalo…es la semilla que contiene el tesoro más grande que existe…tú.
¿Esto es un sueño?…si podría serlo, entonces yo te pregunto… ¿Quién es la persona que está viviendo por ti?, quien es esa persona que ocupa tu lugar y que no muestra tu verdadera esencia, ¿eres tú…?

Hoy la semilla quiere florecer, aquí y ahora, junto a la madre tierra que la alienta a crecer y mostrar su belleza interior, que la cuida y la nutre alentándola a soñar, a perseguir sus sueños, ya que ella sabe que pueden ser realidad, siempre y cuando lo hagamos desde la verdad.

Amemos nuestro camino, porque es un maestro, porque es el nuestro, son nuestras hojas, nuestros pétalos, nuestras ramas y raíces, nuestros colores y aromas, nuestra fragancia inundando espacios invitando a todo ser viviente a la alegría de sabernos especiales…no hay mejor regalo.


Arriesguémonos a tomar protagonismo en nuestra vida, descartemos falsos yo, basados en las necesidades y carencias, liberémonos de las cargas, sintámonos eternos y mostrémoslo al mundo, porque el gran regalo de nuestra vida, somos nosotros floreciendo en la abundancia sinfín de nuestro ser.

La Pereza De Pensar


Es curiosa la manera que tenemos de razonar ante un conflicto que trastoca los roles habituales. En este caso, una cárcel en la que se tortura, durante un gobierno de izquierda, en un país en que la tortura se asocia a la extrema derecha. Me estoy refiriendo a algunas dependencias del INAU que vienen siendo noticia últimamente, pero podría estar hablando de la situación de casi cualquier preso.

Entendámonos: los lugares donde están encerrados los menores que cometieron delitos son, lisa y llanamente, cárceles, por más que utilicemos la expresión "centros de rehabilitación" u otros eufemismos. Y cuando se menciona la tortura, no hay por qué estar hablando de submarinos, picanas eléctricas o métodos más sofisticados importados por algún enviado de la CIA. Dejar a alguien semidesnudo en invierno, encerrado en una habitación helada, o darle una paliza porque se atrevió a decir algo por televisión, ya son claras formas de tortura. Nada de "a un funcionario se le fue la mano, y vamos a hacer la denuncia". ¿Se le fue la mano en qué, digo yo? ¿Le fue a llevar la comida y sin querer terminó matándolo a golpes?

Pero la parte más maravillosa es cuando se dice "sí, hay cosas que están mal, pero no hay que ver sólo el lado negativo", y te entran a enumerar detalles para demostrar que están mejor que antes; el primero de los cuales, curiosamente, suele ser que hoy hay menos fugas, como si eso mejorara la situación de las víctimas. ¿Y a mí qué me importa? Estamos hablando de tortura, repito, no de una ventana que no cierra bien, o de una gotera en uno de los salones. Tortura sistemática utilizada como método de control. Demencia de funcionarios cuya ideología y filiación sindical deberían importarnos un pito, volcada sobre personas indefensas en reiteración llamativamente real. Intento de destrucción de la personalidad que lo único que puede generar es odio, y con él, conductas que justifiquen, a posteriori, la severidad de los tormentos aplicados. Y eso es inadmisible desde todo punto de vista, independientemente de lo que esas personas hayan hecho antes en su vida y de las explicaciones que elijamos dar a ese proceder.

Y aquí es cuando la cosa se pone grave: "Se preocupan más por esos atorrantes asesinos que por la gente que trabaja". Es increíble la capacidad de negación que tienen algunas personas. Porque si a uno lo ponen frente al peor asesino serial y el tipo está en calzoncillos en una noche polar, y tenemos una frazada, no sé quién tendría el estómago para negársela. Pero claro, eso queda lejos; el cerebro es capaz de bloquear esa información y sustituirla por razonamientos abstrusos. Se podría agregar que los que están ahí detenidos no necesariamente asesinaron a alguien (algunos simplemente robaron una moto), pero eso es intrascendente: los derechos humanos no son para los "humanos derechos", sea lo que sea que esto signifique, sino para todos. Hoy en día hay quienes parecen cuestionar esta verdad universal, aceptémoslo. Discutámoslo si quieren, pero mientras no se modifique ese aspecto de la Constitución (lo cual pondría al país en una comprometidísima situación), seguirá vigente. Por lo tanto, si lo violamos, estamos delinquiendo, y pasamos automáticamente a merecer -siguiendo el razonamiento- el mismo trato que pretendamos para los demás delincuentes.

La situación sin salida a la que conduce esta paradoja es bastante clara. La ley pasa a ser algo que se aplica a los otros, pero no a mí. El problema es que ese "mí" cambia, por definición, según quién sea el sujeto, lo cual conduce a que la ley pase a ser la ley del más fuerte, o, siendo precisos, de quien está más cerca del poder. Y el poder, en situaciones particulares, puede detentarlo alguien que nos está apuntando con un arma. En ese caso clamaremos por nuestros derechos constitucionales; eso se llama hipocresía, y lo peor es que parece ser una hipocresía bastante generalizada.

Hay que tener en cuenta que ése es el mismo criterio que parece aplicarse cuando un tribunal de apelaciones deja libre a alguien que, de no estar tan cerca del poder, sería considerado simplemente un pedófilo, un viejo bufarraco, un violador de menores, etcétera, e iría a parar a una cárcel común donde sus colegas habitacionales le harían experimentar algo parecido a lo que probablemente habrán sentido sus víctimas.


Podrá ser duro, pero es así: no sólo la sociedad, sino el mismo pensamiento, deben regirse por ciertas reglas, ciertos principios generales que no cambien según la propia conveniencia en cada caso. Da pereza, pero ¿cómo podríamos acusar a alguien de atorrante que no quiere trabajar, si no somos capaces de realizar ese mínimo esfuerzo mental? En medio de esta hipocresía vivimos, y parece que seguiremos viviendo por muchos años más. Tal vez sea un rasgo inherente a nuestra condición humana; sería buenísimo poder creer que no.

Leamos


¿Cuándo fue la última vez que leíste un libro, artículo o ensayo en una revista? ¿Tus hábitos diarios de lectura se centran en tweets, publicaciones de Facebook o las instrucciones en su paquete instantáneo? Si eres una de las innumerables personas que no tienen el hábito de leer libros con regularidad, es posible que te estés perdiendo de muchos beneficios.

La vida solía ser mucho más simple y fácil y la lectura era una de las formas más populares de autodesarrollo, autoeducación y entretenimiento. Pero en estos días con el avance de la tecnología, hay más distracciones y muchas personas perdieron interés en la lectura clásica.

Leer libros tiene muchos puntos positivos, suma la creatividad, aumenta conocimientos y mejora el habla. Mirá estos 7 beneficios de la lectura:

1. Estimulación mental
Los estudios han demostrado que permanecer mentalmente estimulado puede ralentizar el progreso (o incluso prevenir) el Alzheimer y la demencia senil. Mantener el cerebro activo y comprometido evita que disminuya el poder. Al igual que cualquier otro músculo en el cuerpo, el cerebro requiere ejercicio para mantenerse fuerte y saludable. Por lo que la frase “use it or lose it” (úsalo o piérdelo) es especialmente cuando se trata de la mente.
2. Reducción de estrés
No importa cuánto estrés tengas en el trabajo, en tus relaciones o en otras innumerables situaciones  en la vida diaria, el perfecto escape sucede cuando te pierdes en una gran historia. Una novela bien escrita puede transportarte a otros reinos. Mientras que un artículo te distraerá y te mantendrá en el momento presente.
3. Conocimiento
Todo lo que lees te brinda información nueva y nunca se sabe cuándo podría ser útil. Mientras más conocimiento tengas, mejor preparada estarás para enfrentar cualquier desafío en la vida .
4. Expansión de vocabulario
Esto va de la mano del tema anterior: mientras más lees, más palabras ganas y más se enriquece tu vocabulario. Hablar bien es de gran ayuda en cualquier profesión. Además aumenta la confianza en ti misma y puede ser un gran impulso para tu autoestima. Incluso podría ayudar en tu carrera, ya que aquellos que son bien leídos, bien hablados y conocedores de una variedad de temas tienden a obtener promociones más rápidamente (y más a menudo) que aquellos con vocabularios acotados y falta de conocimiento de la literatura, avances científicos y eventos globales.
5. Mejora de la memoria
Cuando lees un libro, tienes que recordar una variedad de personajes, sus antecedentes, ambiciones, historia y matices. Así como los diversos arcos y subtramas que se abren paso en cada historia. Cada nuevo recuerdo que creas forja nuevas sinapsis (rutas cerebrales) y fortalece las existentes. Lo que ayuda a recordar la memoria a corto plazo, así como equilibrar los estados de ánimo.
Habilidades de pensamiento analítico más fuertes
¿Alguna vez has leído una increíble novela de misterio y has resuelto el misterio antes de terminar el libro? Si es así, fuiste capaz de poner en práctica el pensamiento crítico y analítico tomando nota de todos los detalles proporcionados. Esa misma habilidad para analizar detalles también es útil cuando se trata de criticar la trama. Determinar si fue una pieza bien escrita, si los personajes se desarrollaron adecuadamente, si la historia funcionó sin problemas, etcétera. Si tienes la oportunidad de hablar sobre el libro con otras personas, podrás expresar tus opiniones con claridad.
Leer libros mejora tu personalidad
Un estudio llevado a cabo determinó que las personas que prefieren leer en vez de ver televisión son más amables y empáticas que los demás. Para llegar a esta conclusión, los investigadores reunieron a 123 personas que contestaron sobre sus hábitos y luego se sometieron a pruebas para cuantificar sus habilidades interpersonales. Los resultados demostraron que aquellas personas que preferían la lectura eran más empáticas y quienes preferían la televisión resultaron ser menos amigables y poco compresivos con los demás.
Según los expertos, cada lector amante de cierto género literario mantiene una personalidad diferente. Estos fueron los resultados:
 
“La exposición a la ficción está relacionada con un catálogo de habilidades empáticas. Interactuar con prosa de ficción y comedia podría ser clave para mejorar las habilidades empáticas de las personas”
Explicaron los investigadores en una conferencia en la British Psychological Society de Brighton.

Este no es primer estudio que revela que el género de ficción mejora la habilidad para reconocer los sentimientos de los demás. En 2016 unos investigadores aseguraron que gracias a la literatura de ficción, las personas suelen ser más amables y psicológicamente más interesantes porque en este tipo de novelas se debe prestar mayor atención para entender los personajes. Esto hace de sus lectores personas más empáticas y abiertas a las emociones.

Frases Para Compartir

A dos años de la muerte del escritor portugués José Saramago, te presentamos una selección de sus citas y frases más trascendentes.

Disfrútalas, atesóralas y compártelas. 

El viaje no termina jamás. Sólo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es sólo el inicio de otro viaje.

La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva.

Las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en su triunfo personal.

Soy un comunista hormonal.

¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a Marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?

Ahora no hay duda de que la búsqueda incondicional del triunfo personal implica la soledad profunda. Esa soledad del agua que no se mueve.

Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos.

No creo en dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en dios, no lo necesito y además soy buena persona.

No he sentido jamás la necesidad de un triunfo, la necesidad de tener una carrera, la necesidad de ser reconocido, la necesidad de ser aplaudido, no lo he sentido jamás en mi vida. No he hecho en cada momento nada más que lo que tenía que hacer y las consecuencias han sido éstas, podrían haber sido otras.

Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio. Que es bueno para mi salud. Pero nunca he escuchado a nadie que le diga a un deportista; tienes que leer.

Para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor, es sencillamente cambiar

He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro.

Sólo si nos detenemos a pensar en las pequeñas cosas llegaremos a comprender las grandes.

El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir.

Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.

Entraré en la nada y me disolveré en ella.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Filosofar Desde La Filosofía


Filosofar es pensar por uno mismo; pero nadie puede lograrlo verdaderamente sin apoyarse en el pensamiento de otros…

La filosofía no es una ciencia, ni siquiera un conocimiento; no es un saber entre otros: es una reflexión sobre los saberes disponibles.

Por eso la filosofía no se aprende, decía Kant: sólo podemos aprender a filosofar. ¿Cómo? 

Filosofando nosotros mismos: preguntándonos por nuestro propio pensamiento, por el pensamiento de los demás, por el mundo, por la sociedad, por lo que la experiencia nos enseña, por lo que ésta nos oculta…

Nadie puede filosofar por nosotros…Filosofar es vivir con la razón, que es universal… Pero la filosofía es también, y quizás fundamentalmente crítica de las ilusiones y los prejuicios, de las ideologías.

Toda filosofía es lucha. ¿Sus armas? La razón. ¿Sus enemigos? La ignorancia, el fanatismo, el oscurantismo. ¿Sus aliados? Las ciencias. ¿Su meta? La felicidad, pero en el seno de la verdad…

La cuestión principal: ¿Cómo he de vivir? En cuánto se intenta dar una respuesta inteligente a esta pregunta, se está haciendo filosofía.


La Colonización De La Mente


Si bien el concepto de colonización alude al ejercicio de un poder invasivo que el poderoso impone para el apoderamiento violento de bienes mediante el ultraje a personas y pueblos, es posible establecer una analogía con las diversas formas de manipulación del pensamiento y de invasión de la intimidad ejercidas por quienes tienen la habilidad de convencer y dominar las mentes de quienes sufren el descuido y la falta de conciencia ante los hechos de la vida cotidiana.

Como todo poder invasivo, la colonización de la mente se lleva a cabo a través del despojo del derecho a expresar con autonomía el pensamiento propio. Ello constituye la forma más grave de violencia, con el agravante de no ser muchas veces advertida, como ocurre con los despojos abiertamente tangibles que se pueden observar en el campo físico, material y territorial.

Es así como la mente humana en nuestros días se ha convertido en el botín más preciado del poder manipulador. Por eso, colonizar la mente se presenta como una práctica atractiva para ejercer desde el descuido ajeno un poder devastador y alienante mediante el debilitamiento generado por la sumisión de individuos, comunidades y grupos que carecen de recursos psico-emocionales para pensar con autonomía.

De esta manera, la  mente de quienes no saben pensar configura un estado de vulnerabilidad que hace propicio el camino de la dependencia, transitado por quienes ignoran y son débiles para defender su propia dignidad. Por eso, la colonización de la mente constituye una práctica sutil y alienante que, muchas veces, quienes la ejecutan en los diversos planos intangibles de la vida cotidiana lo hacen en nombre de la moral y de valores y costumbres que se mencionan y proclaman con el ardid del engaño.

Es así como el sometimiento mental conduce a la falta de objetivos, favorece la dejadez y deja al sujeto a expensas de la decisión ajena, debilitando su capacidad de reacción ante la injusticia, la corrupción y el abuso.

Esto promueve el campo propicio para que los individuos sean colonizados por los valores de otros, por los gustos y preferencias ajenas, por las costumbres y prejuicios impuestos, por las religiones y los fanatismos, por los mandatos familiares, por la cultura y por las posesiones derivadas de un consumismo que limita la expansión de la vida.

Una práctica todavía vigente
Y aquí surge otra faceta del colonizador: es un seductor de multitudes, que cautiva las mentes de los mediocres e ingenuos y las inmoviliza con el atractivo de la promesa y el artificio de las palabras que elige en cada oportunidad para provocar en aquéllos, con precisión e hipocresía, la adhesión incondicional y el sometimiento del pensar y el sentir.

Este sometimiento se afianza cuando el “colonizador” del pensamiento pretende que el "colonizado" deje de pensar por sí mismo y se adhiera incondicionalmente a los intereses y manipulaciones de aquél, bajo el convencimiento ilusorio de que el sometido caiga en la creencia de que piensa por sí mismo. A partir de allí, la indolencia mental conduce al sujeto a confundir el bien real con el bien aparente y lo honesto con lo trivial frente a las diversas situaciones en que se encuentre.

Lamentablemente, la colonización de la mente es una práctica que, al soslayar el ejercicio del pensamiento crítico y no enseñar a pensar, puede gestarse y mantenerse de manera irreversible en el seno de la misma familia por descuido o negligencia de  aquellos padres que no alcanzan a advertir la “influencia colonizadora”, aunque bien intencionada, de sus exigencias, consejos o mandatos.

También la escuela ejerce tales prácticas cuando trata de naturalizar procesos iatrogénicos que debilitan la confianza y la motivación de quienes aprenden y que muchos docentes implementan de manera mecánica por carecer de recursos motivacionales y de estrategias metodológicas para un aprendizaje con bienestar y alegría.

Por tales razones, el fortalecimiento de la mente a través de una educación que enseñe a pensar y genere en los individuos íntimas convicciones acerca del valor de la dignidad personal y del ejercicio de la autonomía intelectual, podrá neutralizar y superar la avidez colonizadora, cuyo caldo de cultivo son la frivolidad ante las exigencias axiológicas de la convivencia y el vacío mental, afectivo y emocional de los individuos.

Dado que la multiplicidad de estímulos colonizadores rodea la vida personal y social, es inevitable que esa fuerza seductora y de fuerte atracción condicione tanto a los jóvenes como a los adultos de cualquier condición socio-cultural si no han aprendido a fortalecer la mente y la sensibilidad y a habilitar con autonomía el ejercicio de la íntima convicción.


Si bien tal situación invade y atraviesa el abanico de la misma estructura social, con los efectos y consecuencias señaladas, es posible revertir sus condicionamientos a través de un proceso formativo que enseñe a pensar y a valorar la aplicación del pensamiento crítico como vía de fortalecimiento ético y personal y de expansión solidaria de la conciencia.

Hablemos Algo Del Islam Y La Política


El discurso de Al-Qaeda es utilizado por la red como un instrumento de difusión de su ideología al explicarle al mundo quiénes son y cuáles son sus objetivos. Su principal preocupación es aclarar los motivos que respaldan los actos de violencia política en que incurren.

El trasfondo religioso juega un papel secundario, ya que se enfoca en reclamar una serie de agravios históricos que el mundo islámico ha enfrentado en los últimos 80 años y ante los cuales la comunidad internacional no se ha pronunciado. Estos reclamos le sirven para legitimar los actos violentos que anteceden a estos mensajes. Su ideología se sustenta en un lenguaje religioso: infieles, hipócritas, fieles, cruzados, etc., pero su significado va más allá del terreno de la fe. Obedece a las alianzas políticas y económicas que convergen en el mundo musulmán con las potencias occidentales de Europa y Estados Unidos.

La organización Al-Qaeda es explícita al señalar que los actos terroristas son una revancha en contra de Estados Unidos y sus aliados por su política exterior en los países islámicos, además de que sus mensajes presentan una crítica puntual contra los regímenes pro occidental del mundo musulmán.

Al despojar al discurso de su halo de misticismo y religión, en estos discursos los temas de tensión en la relación Occidente-mundo musulmán no son las diferencias culturales, sino las asimetrías en la relación política y económica. Los ciudadanos de países musulmanes se enfrentan a un discurso altamente persuasivo, atractivo, inclusivo, familiar, sintético y tendencioso respecto de los principales agravios que como suma han enfrentado en su interacción con el mundo occidental, los cuales ponen el dedo en la llaga de su devenir histórico.

No se trata sólo de convocar a la comunidad de correligionarios en defensa de sus creencias, sino de concientizar a los musulmanes en la búsqueda de victorias políticas e ideológicas a largo plazo. El terrorismo es el medio al que la red recurrió para detener la hegemonía de Occidente en el mundo musulmán; más aun, es una de las consecuencias de la frustración que experimenta la población musulmana frente a sus propios mandatarios en el Medio Oriente.

Luego de los atentados contra naciones occidentales, Estados Unidos reubicó las bases militares instaladas en Arabia Saudí y se retiraron las tropas inglesas (2009), italianas (2006), españolas (2004), danesas (2007) y japonesas (2008) de Iraq. En Afganistán, las fuerzas militares —con excepción de Japón— permanecieron de 2001 a 2011 como parte del International Security Assistance Force (ISAF). Ese año se suscitó la llamada "revuelta árabe". 

Todo ello nos hace ponderar: ¿quién ganó la guerra contra el terrorismo? A través de sus discursos Al-Qaeda buscó que la población musulmana tomara conciencia acerca de su realidad, al identificar a Estados Unidos y a sus aliados occidentales e islámicos como los responsables de las problemáticas que enfrentan, así como al advertir la pertinencia de dejar la pasividad. No podemos asegurar que estos mensajes hayan influido en las revueltas árabes de 2011, pero sí los consideramos un antecedente importante, ya que reflejan el hartazgo que experimentó un grupo minoritario frente a sus condiciones de vida y en tanto que explican las razones por las cuales optaron por la violencia política.

Los mensajes resumen el problema de Medio Oriente y las consecuencias del fracaso de los modelos económicos y políticos impuestos en la zona por las potencias occidentales, al defender por un lado la democracia y los derechos humanos y por el otro sostener a gobiernos despóticos y aprovecharse de los recursos geoestratégicos de la región.

El análisis del discurso ayuda a conocer al otro y nos acerca a su entorno, sus creencias, su historia y su lengua, para comprobar que en la comunicación intercultural es posible hacer a un lado los prejuicios y observar que hay puntos de coincidencia comprensibles, como la injusticia, el despojo, la pobreza y el abuso de poder, y que las expresiones radicales que realiza una minoría no representan a la totalidad, por el contrario, las denuncias presentadas por Al-Qaeda deberían convertirse en una autocrítica productiva para el sistema occidental.


Estados Unidos y sus aliados han incurrido en errores que han influido en la radicalización y desestabilización de la zona, por lo que a partir del conocimiento del otro es posible conocer más de nosotros mismos.

La Mente, Galaxia Y Agujeros Negros


Cuando Stephen Hawking (1942-2018) tenía unos veinte años se le diagnosticó una grave enfermedad degenerativa (esclerosis lateral amiotrofia) que previsiblemente habría de poner fin a su vida en muy pocos años. Afortunadamente, y contra todas las previsiones, su vida se ha alargado fructíferamente durante medio siglo más, permitiendo una obra de investigación de primera magnitud. Por ello, al hablar de su muerte estamos celebrando más que nunca una vida que ha tenido la intensidad y la sorpresa de un auténtico don para él mismo y para todos.

Lo que ha convertido el trabajo de Hawking en una aportación de primer orden para la física del siglo XX ha sido su trabajo para combinar la teoría general de la relatividad (la teoría einsteniana de la gravitación) con la física cuántica, dos grandes pilares de la física, en dos campos concretos: los agujeros negros y el Universo, campos complejos pero fascinantes para el gran público, entre los cuales Hawking ha ido tejiendo su obra espléndida.

En cuanto al comportamiento de los agujeros negros (objetos cósmicos de los cuales nada puede escapar, a causa del valor elevado de su gravedad), la predicción de Hawking fue espectacular: los agujeros negros podían emitir partículas y radiación (radiación de Hawking) a causa de la combinación de los efectos gravitatorios con la termodinámica y las fluctuaciones del vacío cuántico circundante. El resultado, de una gran elegancia matemática, suponía una revolución científica.

En cuanto a la cosmología, la aportación de Hawking también fue radical. La teoría general de la relatividad describe el Universo en expansión; la física cuántica, el comportamiento de moléculas, átomos y núcleos atómicos: lo más grande y lo más pequeño. Pero cuando el Universo actualmente observable tenía unas billonésimas de segundo su volumen era comparable al de un núcleo atómico. 

Por ello, utilizar la física cuántica en el Universo primitivo es una necesidad. Las consecuencias de hacerlo son grandes: el estado inicial del Universo, que en la teoría clásica del Big Bang debería tener densidad y temperatura infinitas, pasa a tener densidad y temperatura finitas, aunque muy elevadas. 

Ello, en principio, debería permitir describir dicho estado inicial mediante la Física (mediante teorías que todavía no conocemos en la actualidad).

Esas aportaciones se combinan con aspectos conceptuales muy sutiles: ¿Contribuyen los agujeros negros al indeterminismo del Universo? ¿Conservan los agujeros negros la información de lo que ha desaparecido en ellos? ¿Hasta qué punto es aplicable la idea de causalidad física al inicio del Universo? Pero tienen el inconveniente de que su verificación experimental es muy difícil, motivo por el cual no ha recibido el premio Nobel de Física, ya que sus bases imponen dicho requisito
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Hawking intentó hacer llegar esas novedades al gran público, desde 1988, año en que publicó «Breve historia del tiempo», un bestseller mundial que recogía los principales aspectos de su investigación como auténtica aventura intelectual y vital. Esa obra ha sido seguida por otros títulos de gran difusión como «El Universo en una cáscara de nuez» (2001), o «El gran diseño» (2010), o por títulos más especializados como «Agujeros negros y pequeños universos», o recopilaciones de artículos clásicos de cosmología, así como diversas obras dedicadas al público infantil, en colaboración con su hija.

Especial resonancia mediática han ido teniendo las opiniones de Hawking sobre la existencia de Dios (desde considerarlo como la «mente del Universo» en 1988, en la línea de Einstein, hasta verlo como superfluo o paradójico en el contexto de la teoría de muchos universos, en que la cantidad de universos deviene inmensa, y la gran mayoría de los cuales son incapaces de albergar vida). También han sido debatidas sus opiniones sobre el futuro incierto de la humanidad, con alto riesgo de autodestrucción a causa de un mal uso de capacidades tecnológicas de potencia creciente, o la necesidad de colonizar Marte para mantener algún rastro de vida inteligente si la humanidad se autodestruye sobre la Tierra.


En definitiva, Stephen Hawking ha sido un personaje mediático muy especial, por lo fascinante y sorprendente de sus temas de investigación y por sus limitaciones físicas, que le redujeron a la práctica inmovilidad y a la pérdida del habla. Con ello, se convirtió en un símbolo especialmente admirado y querido: la superación de unas gravísimas limitaciones, la curiosidad intelectual incesante, una creatividad y profundidad fuera de lo común, un sentido del humor extraordinario, una preocupación por los problemas del mundo. Cuando visitó Barcelona en 1988 para presentar su primer libro en el Museo de la Ciencia, insistió públicamente en algo muy a ras de suelo: la necesidad de adaptar las aceras para que las sillas de ruedas pudieran subir y bajar con facilidad. 

Cuando veo que actualmente la mayoría de nuestras aceras están adaptadas, pienso a menudo en Hawking: entre las galaxias y los agujeros negros, entre la inmensidad del cosmos y un cuerpo paralizado, entre la abstracción de las matemáticas y la atención a los pequeños detalles terrenales.

viernes, 21 de diciembre de 2018

El Objetivo De Tu Vida

Cuál es el objetivo de la vida es una gran pregunta que todo ser humano se ha preguntado alguna vez a lo largo de su existencia. Muchos piensan, inconscientemente, que vienen a esta vida simplemente a trabajar, a ganar el mayor dinero posible para luego enfermar y posteriormente morir.

Sí, sé que a lo mejor estas últimas palabras pueden sonar mal, pero refleja a la mayoría de una población que no sabe qué está haciendo realmente aquí y que ni si quiera sabe quiénes son. Simplemente nos dedicamos a hacer lo que nos meten en la cabeza a base de mucha televisión y mucha propaganda absurda. Resumiendo, somos unos adictos del consumismo.

El el objetivo de la vida de cualquier persona debería ser el de ser feliz por encima de todo y no ser feliz por encima de todos. Con esto me refiero a que en la mayoría de las veces fingimos ser felices simplemente por el hecho de comprarnos algo de ropa, un móvil nuevo, un coche, etc… y no somos conscientes de que esa “felicidad” es la infelicidad de otro y de nosotros mismos ¿por qué? pues porque muchas personas tienen que trabajar en otros países por un salario de risa y unas condiciones inhumanas para hacer todos esos objetos de consumo que tanto nos gustan.

Para ser feliz lo primero que deberíamos hacer es conocernos a nosotros mismos y saber qué necesitamos para ello. Puede parecer una tontería pero la mayoría de la gente vive amargada porque no saben lo que necesitan. Tienen un trabajo que no les gusta porque no han encontrado su vocación o porque simplemente se conforman con llevar un sueldo a casa, dejando de lado lo que realmente importa, la felicidad.

Ese debería ser el objetivo de la vida, ser feliz haciendo lo que realmente necesitas hacer y no lo que te dicen que tienes que hacer. Elevar tu consciencia al máximo y enseñar y ayudar a los demás, eso te hará feliz.

La mayoría de las veces buscamos la felicidad en este mundo, en lo material, en otra persona o en un grupo de personas, pero con el tiempo nos damos cuenta que todos es temporal, que nada será eterno a menos que sientas verdadero amor por ello y entonces, puede que te des cuenta que la verdadera felicidad no está ahí fuera, no está en otra persona, no está en nada material, no está en este mundo, simplemente se te olvidó, se te olvidó mirar dentro de ti, buscar en tu corazón o en lo más profundo de tu ser, ahí está y ahí la encontrarás, la felicidad, el objetivo de tu vida.



El Inexorable Paso Del Tiempo

Nadie quiere envejecer; para evitarlo los alquimistas trataron de inventar elíxires en la Edad Media y hoy en día se recomiendan dietas naturistas, cremas y medicamentos que supuestamente contrarrestan los estragos del tiempo. No obstante, tarde o temprano, se envejece. Después de los 65 años, ni la memoria, ni la capacidad de aprendizaje son iguales a lo que fueron, si bien el grado de deterioro es diferente de una persona a otra.

La realidad es que el cerebro sufre cambios. En la "tercera edad" empieza la pérdida de neuronas en zonas estratégicas como el hipocampo, que es donde se procesa la memoria. Este problema no es tan grave al principio, pues la flexibilidad del cerebro (plasticidad) permite compensar la pérdida activando otras áreas. Se ha encontrado que realizar ejercicio moderado, por lo menos tres veces por semana, estimula la producción de neuronas en el hipocampo y esto mejora la memoria, la atención y el razonamiento abstracto.

Otro problema es que los receptores de dopamina —una de las sustancias responsables de las sensaciones de placer y recompensa— empiezan a disminuir, lo que en algunos casos puede conducir a la depresión.

¿Hay alguna ventaja en el envejecimiento en lo que al cerebro se refiere? Florin Dolcos, neurobióloga de la Universidad de Alberta, piensa que sí. Ella encontró que a partir de los 65 años el cerebro magnifica las emociones positivas a la vez que tiene menor tendencia a conservar las negativas. La amígdala, que es la zona que procesa las emociones, se conecta con el hipocampo en los cerebros jóvenes. En la vejez lo hace con la corteza dorsolateral frontal que se encarga de controlar las emociones.


El largo viaje que recorre el cerebro desde la gestación hasta la senectud está regulado por factores genéticos, ambientales y culturales. El curso del desarrollo cerebral está determinado por estos factores; si se conocen y se busca la forma de influir en ellos es posible llevar al cerebro por un mejor camino, ya sea como padres que crían a un niño o educan a un adolescente, o como adultos responsables de desarrollar al máximo sus habilidades cognitivas y que se dirigen hacia una vejez con un cerebro activo y sano.

Aspiraciones


El grado de dolor o satisfacción en el género humano es una cuestión totalmente subjetiva, que bien podría estar definida por su naturaleza, o subjetivamente dependiendo de la situación en específico. 

Si no existiera una gran angustia que ocupara la mente del individuo, ésta se vería reemplazada por cientos de pequeñas dolencias que en conjunto tendrían la misma magnitud de la primera. Es por esto también que cuando se ha librado un inmenso dolor que se padecía, surge casi inmediatamente alguna otra preocupación que ocupa su lugar.

Según lo explicado, todo gran dolor o gran júbilo son sensaciones erróneas, meras ilusiones causadas por una falta de conocimiento, el primero por no comprender que el dolor es algo intrínseco en el hombre, y el segundo por creer haber descubierto algo que no se pensaba encontrar en el mundo.
Aspirar a una vida estoica, es por tanto el ideal de quienes buscan liberarse del dolor del mundo: “La ética estoica trataba principalmente de liberar el ánimo de todas las ilusiones de esa clase y sus consecuencias, ofreciéndole a cambio una inquebrantable impasibilidad” (Schopenhauer, 2004, p. 376).


Si como se ha dicho, dinámica del querer funciona de tal manera que una vez satisfecho un deseo surge otro y así continuamente, pero también se da el caso de encontrar un deseo que no es posible satisfacer pero tampoco dejar de lado y entonces el individuo se aferra a éste, creyéndolo además culpable de todos sus sufrimientos y nuestro destino. Para que los seres humanos logren una reconciliación con ellos mismos, es necesario conocer que el sufrimiento es parte fundamental de la vida y que una satisfacción de todos los deseos es imposible.

Aprendizaje Y Comprensión

El aprendizaje ha sido uno de los procesos más estudiados por ciencias como la Psicología y la Didáctica. Ello tiene una causa justificada, ya que las diversas teorías que han explicado el aprendizaje lo conceptualizan como una transformación en el sujeto, por lo que implica evolución en el desarrollo del individuo.

En el ámbito internacional se destacan autores, como: 
Thorndike,1 Piaget,2 Bruner,3 Vigotski,4 Ausubel et al,5Carretero.6 En Cuba sobresalen Bermúdez,7 Castellanos et al,8 Rico et al,9 Velázquez et al,10 Soto et al.11 Todos han ofrecido diversas aristas o han continuado y superado trabajos previos en torno a las funciones, características, leyes, principios y categorías esenciales de la didáctica.

Así como disímiles han sido los autores que han tenido al aprendizaje como objeto de estudio; han variado también de manera considerable las posturas teóricas desde las que se ha conceptualizado dicho proceso. No obstante, a criterio de los autores del artículo, los enfoques más actuales reconocen que el aprendizaje es un proceso de apropiación de la cultura que se caracteriza por ser activo y significativo, es decir que no se limita a la reproducción del contenido de aprendizaje sino a la comprensión profunda del mismo.


Lo expuesto implica reconocer una necesaria relación entre el aprendizaje y la comprensión. Partir de la proposición anterior obliga a profundizar en las relaciones que existen entre el aprendizaje y la comprensión para penetrar en la esencia del primero. 

El Legado De Las Etnias


Cuando los españoles llegaron a América, encontraron numerosos pueblos con costumbres y niveles de desarrollo diferentes. 


Había pobladores repartidos a lo largo y ancho del continente americano.

Todos estos pueblos nos dejaron como herencia formas de vida que aún forman parte de nuestra cultura latinoamericana.

A CONTINUACIÓN, VEREMOS LOS ASPECTOS MÁS SOBRESALIENTES DE NUESTRA HERENCIA INDÍGENA
Diversidad política y social
En las sociedades prehispánicas existieron diferentes formas de organización y de gobierno. Hubo grandes unidades políticas, encabezadas por gobernantes que concentraban el poder político, militar, económico y religioso, como fue el caso de los incas y de los aztecas. Por otra parte, existieron pueblos que no alcanzaron una gran unidad política, como los chibchas.

En general, los pueblos americanos tuvieron una forma de gobierno jerarquizada en la cual había nobles, sacerdotes, pueblo llano y esclavos.
Amor por la tierra
Nuestros indígenas manifestaron un gran amor a la tierra a la cual estaban unidos como un hijo a su madre. Supieron ver que de la tierra brota el fruto de la vida y, por eso, le dedicaron los medios y el tiempo necesario para cuidarla.

Muchos pueblos indígenas recolectaban lo que la tierra les daba directamente; pero otros aprendieron a cultivarla, para lo cual necesitaron quedarse en un territorio y vivir de una manera sedentaria.

Los pueblos sedentarios idearon sistemas de regadío y fertilización y formas de aprovechar la tierra. Organizaron la producción como una manera de asegurar el alimento de sus gobernantes, de sus sacerdotes, de las familias y de los más débiles y necesitados.

Un conocimiento técnico y científico
A pesar de la creencia, casi generalizada, que asegura que los pueblos indígenas de la América prehispánica no desarrollaron saberes de tipo científico o tecnológico, la verdad se impone a través de la grandiosidad de las obras que nos dejaron como herencia y como testimonio de su inquietud y vocación intelectual.

Los mayas, los incas y los aztecas, por ejemplo, alcanzaron adelantos en el conocimiento matemático, astronómico y médico. Estas mismas culturas y otras desarrollaron un preciso sistema de cálculo, que les permitió aplicarlo a la ingeniería y a la arquitectura para crear obras de gran belleza y esplendor, que han sobrepasado el rigor del tiempo.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Atribuciones


En psicología social, la atribución es el proceso de inferir las causas de los acontecimientos o comportamientos. El psicólogo austriaco Fritz Heider, padre de la teoría de la atribución, la definió como un método para evaluar cómo la gente explica el origen de su propio comportamiento y el de los demás.

Teorías aparte, en nuestro día a día, la atribución es algo que todos hacemos constantemente, sin ninguna conciencia de los procesos subyacentes y los prejuicios que conducen a nuestras inferencias. Las atribuciones que hacemos a diario no son algo menor.

Las atribuciones que realizamos tienen una influencia importante en nuestros sentimientos y también en la forma de pensar y relacionarnos con otras personas.

En este sentido, somos propensos a hacer atribuciones internas o externas, dependiendo de nuestra personalidad o de la influencia que tienen en nosotros diferentes factores. Los sesgos cognitivos, por ejemplo, desempeñan un papel importante en este aspecto.

En su libro La psicología de las relaciones interpersonales (1958), Heider sugirió que las personas observan a otros para analizar su comportamiento. Además, postuló que llegan a sus propias conclusiones para explicar el sentido de las acciones que observan.

La teoría de la atribución de Heider trata de analizar cómo explicamos el comportamiento de las personas y los acontecimientos de la vida. En psicología social esto se llama proceso atributivo. Para Heider, tendemos a atribuir la conducta de los demás a una de entre dos causas posibles: una causa interna  o una causa externa.

Las causas internas o atribuciones internas se refieren a características y rasgos individuales, como rasgos de personalidad, inteligencia, motivación, etc. Las causas externas o atribuciones externas son las que se otorgan a las fuerzas situacionales, como la suerte, al tiempo meteorológico o a las acciones de terceras personas.

En 1965, Edward Jones y Keith Davis sugirieron que las personas hacen inferencias sobre otros cuando las acciones son intencionales, y no accidentales, en su teoría de la interferencia correspondiente. El objetivo de esta teoría es explicar por qué la gente da atribuciones internas o externas.

Según esta teoría, cuando las personas ven a otros actuar  de cierta manera, buscan una correspondencia entre los motivos y sus comportamientos. De este modo, las inferencias que hacemos se basarían en el grado de elección, la probabilidad de aparición de la conducta y los efectos de ese comportamiento.

Esta teoría solo se ocupa de cómo las personas realizan atribuciones internas, pero no aborda cómo las personas hacen atribuciones infiriendo causas circunstanciales o externas.

La teoría de Weiner, derivaba del trabajo de Heider, es un un modelo integrador de las adscripciones causales y de los efectos cognitivos, afectivos y conductuales que las atribuciones pueden tener.

Weiner desarrolló la teoría de la atribución para explicar la asociación entre la inferencia causal y éxito y el fracaso académico. Para ello se centró en identificar las diferencias en las necesidades y rendimiento de las personas cuando piensan en sus éxitos o fracasos.

El modelo motivacional de Weiner (1986) explica la conducta de logro mediante las atribuciones causales percibidas por las personas en resultados de logro anteriores. Dicho de una manera más sencilla, el éxito estaría relacionado con cómo las personas han explicado sus éxitos anteriores.
Esta teoría relaciona las expectativas para el futuro con la estabilidad de las atribuciones realizadas. Así, las atribuciones más estables sostienen las expectativas de obtener el mismo resultado en el futuro, mientras que las atribuciones más inestables producen cambios de las expectativas sobre el resultado futuro.

Así, si pensamos que nuestro éxito se debió a un momento de inspiración supondremos que la probabilidad de repetirlo es menor que si suponemos que se produjo porque somos personas inteligentes. La inspiración va y viene, la inteligencia está “siempre con nosotros”.

Harol Kelley aborda el estudio de la validez atributiva para explicar cómo deciden las personas que sus impresiones sobre un objeto son correctas. Según el modelo de variación de Kelley, las personas hacen inferencias causales para explicar por qué otras personas se comportan de una manera determinada.

Esta forma de realizar atribuciones tiene que ver con la percepción social y la autopercepción. Según este modelo, las causas de un resultado se pueden atribuir a la persona (interno), al estímulo (externo), a la circunstancia o a alguna combinación de estos factores.

Criterios y atribuciones
Así, las atribuciones se hacen sobre la base de tres criterios: consenso, carácter distintivo y consistencia.
Consenso: existe “consenso” cuando todas a la mayor parte de las personas responden frente al estímulo o situación, de igual modo que la persona observada.
Carácter distintivo: cuando la persona observada responde de forma distinta a otros estímulos o situaciones similares.
Consistencia: cuando la persona responde siempre de la misma forma o parecida al estímulo o situación considerada.

Así, en función de estos tres parámetros, estableció tres tipos de atribuciones.
“Consenso alto/distintividad alta/consistencia alta”: es propio fin de la conducta el que hace que la persona actúe así.
“Consenso bajo/distintividad baja/consistencia alta”: son las características personales las que hacen que la persona actúe así.
“Consenso bajo/distintividad alta/consistencia baja”: son las circunstancias que rodean a la decisión las que hacen que el sujeto actúe así.


Sea siguiendo un modelo u otro, lo cierto es que ninguna persona se priva del “placer” de intentar darle una explicación a su conducta y a las de los demás. Esto es así porque hacer bien esta tarea nos da una gran ventaja para operar en el mundo, ya que entendemos que una atribución correcta nos hará ser más hábiles a la hora de predecir resultados y acciones.

Detrás De La Incertidumbre

La vida está hecha de decisiones. Desde el momento en que llegamos a este mundo comenzamos a moldear nuestro camino en función de las decisiones que tomamos; estemos conscientes de ello o no.
Muchos pensadores a través de la historia han coincidido en que lo único peor que una mala decisión, es la indecisión. 

Quizá algunos pensamientos detrás de esta conclusión, son que «quien no decide, deja que otros decidan por él», que «no decidir, enajena a la persona de su propia vida» o que «no decidir, también es una decisión». En cualquier caso, existe un hecho innegable: se tomen decisiones o no, el tiempo seguirá su curso y las cosas o eventos ocurrirán. Esto crea la sensación de que tomar decisiones es algo obligatorio o inevitable en la vida. Quizá el tema central sea, qué tanto las personas están dispuestas a intentar influir es sus posibilidades a futuro, a partir del conocimiento de su pasado y su situación presente.

Algunas decisiones pueden tener un profundo impacto en la vida de las personas. Piensa en lo que implica elegir una carrera profesional, elegir una pareja o en invertir en algún negocio. Una decisión, puede ser la diferencia entre una trayectoria vital satisfactoria o una de frustración y desencanto. Las decisiones son fundamentales en el desarrollo de las personas y es frecuente que no se tengan elementos para evaluar la conveniencia de tomar una u otra decisión. Pero ¿es posible aprender a decidir? Un grupo creciente de científicos se encuentra en la búsqueda de esta respuesta, que está lejos de ser sencilla.

En primer lugar, habría que plantearnos si es posible decidir de manera libre y consciente, lo cual ha sido tema de debate por cientos de años en el campo de la filosofía. Hay quienes piensan que estamos determinados por una serie de influencias materiales, sociales, culturales o incluso inconscientes, que se ubican de manera silenciosa, pero poderosa, detrás de nuestras decisiones. Por otro lado, existen quienes se declaran en favor de la posibilidad del libre albedrío, como una facultad humana que hay que conquistar; es decir, el simple hecho de ser, no hace libre a una persona. Es en el ejercicio voluntario de conocerse y conocer a los otros, de donde puede emanar cierta libertad. En este sentido, la libertad se acerca a la concepción heideggeriana o del budismo zen, cuando decían que la libertad incluye a los otros.

Si no es posible predecir el resultado de una decisión, ¿cómo saber si una decisión es buena o mala?
Aprender a decidir, entonces, requiere en primera instancia el auto-conocimiento en relación con el mundo, para tener claridad respecto a los propios deseos, anhelos y pasiones, así como sus alcances o matices. Sólo entonces se puede realizar, lo que recomiendan algunos psicólogos sociales: tomar decisiones en función, no del resultado que se espera obtener al final (p. ej. Ingresar a una universidad), sino del proceso requerido para lograrlo

Esta recomendación parte del principio de que el resultado de una decisión, depende de muchas variables que están fuera del control de quien decide. En realidad, una persona sólo puede controlar los pasos que componen el proceso, no el resultado en sí. Pero, si no es posible predecir el resultado de una decisión, ¿cómo saber si una decisión es buena o mala? ¿Cómo saber si estudiar en tal o cual universidad ofrecerá mejores oportunidades laborales? ¿Cómo saber si implementar una nueva política empresarial generará un incremento en las ventas? De acuerdo con el Dr. Utpal Dholakia, la respuesta es simple: no es posible saberlo con certeza.

Sin embargo, sí es posible tomar decisiones informadas y/o consensuadas con otros, que promuevan el sano desarrollo de las personas y que generen planes de acción bien delimitados que incrementen la probabilidad de conseguir lo que se desea de manera individual o grupal. Actuar de esta manera incrementa la motivación y el compromiso de una persona hacia su plan de acción, pues lo ha realizado en congruencia con sus valores, principios y deseos. Finalmente, ya sea que el resultado obtenido sea el esperado o no, las acciones tomadas habrán sido satisfactorias desde un punto de vista ético y axiológico. Algo fundamental es que, dentro de este esquema para la toma de decisiones, exista apertura al cambio, creatividad en la resolución de dificultades o búsqueda de alternativas y flexibilidad, de otro modo se dificulta adaptarse a las cambiantes condiciones de la realidad.


Esto nos acerca a aquello que numerosos poetas, como Rudyard Kipling o Constantino Cavafis, intentaron transmitir: lo más importante es aprender a disfrutar el camino.

Dejémoslo Para Más Tarde

Yo tiendo a la procrastinación, a veces peligrosamente. La gente que me rodea, tiende a la procrastinación. Probablemente todos nosotros tendemos en mayor o menor medida a la procrastinación. Pero ¿qué diablos es la procrastinación y por qué está tan de moda en Internet?

En pocas palabras, la procrastinación sería el hábito de aplazar las cosas que deberíamos hacer, enredándonos en tareas menos importantes o incluso gastando nuestro tiempo deliberadamente en cosas que nos obligamos a creer que son más perentorias. Todo ello por miedo, por pereza, porque analizar demasiado algo nos lleva a la parálisis… porque nuestro cerebro está diseñado para ello.

Posiblemente el término, hace unos años casi ajenos del acervo cultural de la gente, está tomando relevancia gracias a Internet. Y es que Internet en sí mismo es una fuente infinita de procrastinación, que se lo digan a los oficinistas que tienen un ordenador delante y no dejan de entrar en Facebook para comentar fotos de gatitos.

Las distracciones son tan poderosas porque nos permiten evadirnos de lo que no tenemos ganas de acometer. Aunque nuestros objetivos mentales sean razonables o incluso necesarios para alcanzar algún fin importante, la mayoría de nosotros, en un momento u otro, “nos despistamos”. No, lo haré mañana; no, todavía no me he puesto con el inglés porque últimamente tengo mucho trabajo; no, me queda por resolver cuatro cosas antes de acudir a la autoescuela… ¡son cosas muy importantes! ¡De verdad!

Si nuestro cerebro estuviera mejor ensamblado, quizá estaría dotado de una voluntad más férrea que, ante las urgencias más serias, se atendría sólo a objetivos fijados detenidamente.

Según el psicólogo Gary Marcus, está generalizada propensión a las distracciones y las ausencias mentales (y la facilidad para esgrimir excusas) es una consecuencia más de:
la deficiente integración entre un conjunto reflejo y ancestral de mecanismos orientados a fijar objetivos (quizá compartido con todos los mamíferos) y un sistema deliberativo de evolución más reciente, que, por inteligente que parezca, no siempre participa en el proceso.

Las estadísticas nos indican que entre el 80 y el 95 % de los estudiantes universitarios postergan sus obligaciones, y dos tercios de todos los estudiantes consideran que tienen por costumbre postergar las cosas.

Según otros cálculos, entre el 15 y el 20 por ciento de todos los adultos se ven crónicamente afectados; y no puedo por menos que preguntarme si el resto sencillamente miente. A la mayoría de las personas les preocupa la tendencia a postergar; en general la describen como algo malo, perjudicial y estúpido. Y, sin embargo, casi todos incurrimos en ella.

El problema, pues, es que a menudo aplazamos lo que es importante hacer, incluso para mejorar nuestra vida de algún modo, a fin de sumergirnos en otras actividades que no nos permitan sentir remordimientos: ver la televisión, por ejemplo. No digo que ver el último capítulo de Lost no sea importante, pero seguramente es un objetivo con menos prioridad que muchos otros.

Y ¿cuáles son las cosas que suelen excitar nuestra procrastinación al máximo?


Las tareas más susceptibles de ser postergadas reúnen, por lo general, dos condiciones: no nos divierten y no es obligatorio realizarlas ahora mismo. A la menor oportunidad, aplazamos las tareas que más rechazo nos producen y nos recreamos en lo divertido, a menudo sin detenernos a pensar en el coste final. 

La postergación es, en suma, el hijo ilegítimo de la tasa de descuento al futuro (la tendencia a devaluar el futuro respecto al presente) y el uso del placer como brújula chapucera.

El Mundo De Los Mundanos


Se le llama mundano a todo aquello que está relacionado con el mundo terrenal o material, en contraposición a lo que está relacionado con lo celestial o espiritual. De igual forma, esta palabra también puede referirse a los eventos, grupos y actitudes propias de la clase alta, pudiente, que, por lo general, son lo suficiente distintivas para diferenciarlos de las clases bajas o plebeyas. Aplicado a las personas, quiere decir que se encuentra vinculada a círculos sociales de clase alta o convive con los que a este pertenece. Sin embargo, también puede hablarse de una persona que está muy atenta a los objetos terrenales, sin importar si estos se consideran bienes de valor monetario o no.

“Todo el mundo” (es decir: todo aquel miembro de nuestra sociedad que ha rebasado la primera infancia y que no es un débil mental o un retrasado mental) sabe muchas cosas sobre moral, de la misma manera a como todo el mundo sabe muchas cosas de medicina, de gramática o de arquitectura.

Cuando hablemos “de moralidad” (o de la vida moral), en un sentido lato, nos referiremos tanto a la moral en el sentido estricto (relativo a los mores de una sociedad dada), como a la ética, o incluso al derecho (a la “vida jurídica”); puesto que no sólo el estudio de los mores, sino también el de las normas éticas y aun el de las jurídicas se engloba (aunque sea por analogía de atribución) en la esfera de los “estudios morales” o en la de las “ciencias morales” (en cuanto puedan ser consideradas como contradictorias de las ciencias de la religión, de las ciencias psicológicas o de las ciencias estéticas). 

La moralidad mundana (en este sentido lato) incluye no sólo una determinada práctica moral (por ejemplo un buen corazón), sino también unos conocimientos sobre esa práctica, un análisis diferencial de sus componentes, como lo demuestra la realidad de los vocabularios morales de una sociedad determinada.

Pero el análisis de la “vida moral” no se agota en el análisis del lenguaje moral, como tampoco la vida moral se agota en el decir las palabras morales. Es sobre todo un hacer, una praxis y, por ello también, un decir, pero en la medida en que el decir es también un obrar (como ya lo sabía Platón cuando escribió su Crátilo, veinticuatro siglos antes de que J.L. Austin escribiese How To Do Things with Words, 1962).

Hablar es componer (operatoriamente) sonidos, moviendo los músculos estriados de nuestros órganos de la fonación, de modo semejante a como movemos nuestras manos al componer (descomponer) o construir (destruir) cosas corpóreas.


Hablando pueden realizarse obras tan inmorales o tan morales como martilleando o amasando. 

Reconoceremos, por tanto, la necesidad de distinguir entre el conocimiento mundano de la moral de un pueblo por el mismo pueblo, y el conocimiento científico que de la moralidad de ese pueblo pueda constituirse desde una perspectiva ética  y que ya no tendrá por qué considerarse idéntico al conocimiento mundano  del pueblo de referencia, aunque no sea más que porque la perspectiva étics tendría que aplicarse a otros pueblos