miércoles, 10 de mayo de 2017

Respuestas Sin Preguntar


Buscar respuestas con desesperación, se traduce en un pensamiento al que atendemos constantemente, y se convierte en el centro de nuestra vida, dejando a un lado todo aquello que podría ayudarnos a desviar nuestra atención hacia otras actividades que nos permitan focalizarnos en algo diferente. Si lo conseguimos – y se puede -, podremos entrenarnos poco a poco y sin olvidar el objetivo; en la calma y la tranquilidad.

Algo así como darnos permiso para pensar y actuar bajo un prisma diferente que no implique necesariamente y a priori, un entendimiento de lo que nos está pasando.

Y ahí es donde podemos hacer usos de nuestros recursos – esos recursos que todos los seres humanos tenemos – para darnos la oportunidad de cambiar hábitos o introducir actividades diferentes que nos permitan experimentar o canalicen nuestra atención hacia un lugar diferente al de “buscar respuestas”.

Cuando el buscar deja de ser una prioridad, entramos en un estado diferente de aceptación, y vuelve a repetirse la historia del objeto perdido, porque en ese nuevo estado, las respuestas fluyen solas y podemos ir entendiendo y asumiendo desde la serenidad y la calma.

Este empeño que tenemos a veces en forzar cosas que sólo pueden ocurrir de un modo espontáneo, nos mantiene en el problema. A veces creo que tenemos una cierta tendencia a profundizar demasiado, a excavar buscando cofres, sin darnos cuenta que el mayor tesoro es cambiar de táctica.

Entrenarnos en técnicas diferentes para conseguir resultados diferentes es el principio de un nuevo proceso que puede llevarnos a un planteamiento diferente de lo que nos está pasando, o al menos, puede cambiar nuestra perspectiva ante un misma situación. 

Un excelente punto de partida que puede propiciar el entendimiento, ese entendimiento que desesperadamente buscamos, puede, de repente, encontrarnos y saludarnos en el camino.

Estaría bien confiar en nosotros, ya que al fin y al cabo somos los únicos responsables de nuestros actos. Todo tiene un porqué, pero mejor si lo encaramos con un para qué.

¡Un desafío a ti mismo, no te hundas en sentimientos idealizados y pasa a la acción!

¡Paradójicamente la acción te brindará el conocimiento y las respuestas!

¡Un abrazo!


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