lunes, 11 de septiembre de 2017

Pensar Con El Ombligo


y cada uno de nosotros caemos con frecuencia en el autoengaño de pensar que interpretamos el mundo con objetividad e imparcialidad, cuando lo hacemos en términos de nuestro propio interés. Si prestamos un poco de atención a nuestro comportamiento diario, nos daremos cuenta de que interpretamos los datos y usamos la información de manera egocéntrica.

Tenemos una natural tendencia a buscar información que confirme nuestra manera de ver el mundo y a ignorar la que no encaja. Es lo que en psicología se llama “sesgo de confirmación”. Este sesgo hace que interpretemos información ambigua de manera que confirme nuestras creencias, en lugar de refutarlas. De este modo, desconfirmar nuestras creencias políticas, morales, filosóficas o religiosas, o nuestros estereotipos y prejuicios es mucho más difícil y costoso que confirmarlos.

El pensamiento egocéntrico se da también en los grupos. Hablamos entonces de pensamiento sociocéntrico o pensar y actuar desde el ego colectivo. Todos formamos parte de grupos. 

Compartimos una nacionalidad, una cultura, una profesión, una familia, etc. Cada uno de estos colectivos comparte una serie de creencias y de reglas, que pueden ser explícitas (como en un colegio profesional) o tácitas (como en un grupo de amigos). Para la mayoría de personas, la conformidad y el asentimiento acrítico al grupo es el pan de cada día.

Su sometimiento permanece en la inconsciencia, ya que en ningún momento se han cuestionado ese sistema de pensamientos, emociones y acciones. Es importante advertir que tanto el pensamiento egocéntrico como el sociocéntrico sirven para respaldar un pensamiento no crítico. Lo que persiguen no es la verdad o el conocimiento sino el propio interés (individual o grupal).

Tanto el pensamiento egocéntrico como el sociocéntrico, aunque nos produzca complacencia, solo sirven para avalar y respaldar un pensamiento no crítico, un pensamiento que no persigue la verdad o el conocimiento, sino el propio interés individual o grupal, y por ello, nos hace ser y estar irascibles y hostiles ante la crítica con una marcada intolerancia.

De vez en cuando debíamos examinar nuestro ego, y al mirar la realidad, ver las cosas como son y no intentar verlas para validar nuestro pensamiento de paso.

Hemos de estar abiertos honestamente al razonamiento y no devaluar la información por cuestiones de posicionamiento ideológico, que pueden sesgar la forma en la que vemos el mundo, ignorando lo que no nos encaja en nuestra psicología.


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