La cosmovisión andina es ecológica y cuántica. No es antropocéntrica y
tampoco newtoniana. Los amerindios no quieren transformar el mundo sino amarlo
tal cual es, del mismo modo que lo hacen los místicos.
En las sociedades occidentales, dominadas, por el sistema de intercambio, las ocasiones de crear este lazo social se han vuelto escasas pues las relaciones sociales están siendo regidas por contratos laborales o transacciones comerciales. Los espacios de creación del lazo social se han limitado a la esfera familiar y a grupos limitados de personas (amigos, por ejemplo), mientras que en las sociedades indígenas toda relación con el otro tiende a ser enmarcada en una estructura de reciprocidad, todo acontecimiento está orientado a crear o reforzar el lazo social.
“Nuestros ancestros comprenden que existen dos fuerzas, la cósmica que
viene del universo, del cielo (pachakama o pachatata); y la fuerza telúrica, de
la tierra (pachamama). Las dos energías generan toda forma de existencia; estas
dos fuerzas convergentes están expresadas en todo proceso de la vida. Y
las diferentes formas de existencia se relacionan a través del Ayni (la
complementariedad y la reciprocidad).” Fernando Huanacuni Mamani.
Este profundo concepto confirma la existencia de la interrelación
energética entre la tierra y el cosmos, donde pachamama, lo visible, es la
esencia que alimenta, nutre y da cobijo al hombre y la mujer andinos, y
pachakama, lo invisible, es la matriz cósmica tutelar que protege, guía y
dirige. El término pacha, es la unión de ambas energías, ya que pa proviene
de la expresión paya que significa dos y cha que
viene de chama que es fuerza. Es esencia del cosmos y de la
naturaleza, representa lo sagrado y ratifica que todo en la naturaleza está
estructurado en opuestos complementarios.
Ha llegado el tiempo de tener, sentir, vivir, expresar e irradiar la
visión cósmica del mundo andino, escuchando nuevamente al cosmos, para vivir
bien, pensar bien, hablar bien, hacer bien y sentir bien.
Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamayhua fue un cronista peruano
indígena, autor de una Relación de las antigüedades deste Reyno del
Piru, de breve extensión pero que contiene valiosa información
etnohistórica. Alrededor del año 1600 y a pedido del Padre Avila, que le
introdujo algunas modificaciones, el “Yamqui” traza en su crónica un esquema
del templo de Coricancha situado en el Cuzco.
La palabra “Hacedor” de Santacruz Pachacuti sería parte de su nueva fe cristiana o de una estrategia para eludir las campañas de persecución de idolatrías, y la alusión como “poder” de todo lo existente sería una trasposición de una referencia más primigenia como “ordenador” de todo lo existente. El esquema dibujado por el Yamqui tiene todos los visos de ser una reinterpretación cristiana de la cosmogonía andina, basándose en conocimientos alquimistas de la Edad Media que serían familiares al Padre Avila.
La interpretación de Wiracocha como “Ordenador” en vez de “Hacedor” es
más concordante con la cosmogonía precolombina profundamente mítica y con una
concepción cíclica del tiempo. Wiracocha es parte de la Pacha o Mundo pero no
se agota en la Pacha. La Pacha es sólo su vivificación.
Wiracocha no sólo es inmanente es también trascendente pero no creador.
Aquí entendemos lo mítico no como lo primitivo y antifilosófico por excelencia,
sino como la forma cultural ancestral de hacer filosofía y de trascender la
condición humana para unirse con lo absoluto.
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