jueves, 22 de agosto de 2019

La Gente :Ácida

“Aparentemente, no se puede andar amargado por la vida.
Si no es con una carita feliz y rosada, con labios regordetes de anémona, mejor ni mostrarse.
Hay que resignarse y hacer como el conde, esconderse a chupar limones amargos en secreto”.

Muchas personas, demasiadas diría yo, comienzan su día como si lo primero que han hecho al levantarse fuese mirarse la cara en el espejo que tienen a su frente y claro al observar su propia imagen pareciera que les irrita a tal punto que mejor les sería no hacerlo y evitarse, de esta manera , el disgusto de observarse, así, en vivo y en directo, como si todo lo que tienen por delante, en este nuevo día que recién se inicia, les sumiese en “la hiel de la amargura” como si se hubiesen levantado “chupando limones”

He tenido mucha experiencia en el trato con personas así y seguramente muchas de ellas recordarán lo que les he dicho al verlas por la mañana: “vamos a borrar todo y empezar de nuevo” “si mirarse a la cara frente al espejo les pone de ese modo mejor quítenlos todos, rompan todos los espejos y evítense comenzar tan mal este día.”

En realidad nos llama la atención el observar tanta gente que se desplaza entre la multitud, que se detiene en las paradas de ómnibus, que se sientan prácticamente juntas a tomar su desayuno o se encuentran como lo hacen todos los días en sus puestos de trabajo, sin siquiera mirarse, totalmente ajenas a lo que pudiera acontecer a su alrededor, algunas sumidas en la digitación de sus celulares, como escondidas del resto y siempre luciendo esa cara de rostros adustos, labios crispados que se parecen a muecas, ausencia de sonrisas y ese malhumor que contagia y muchas veces irrita a los demás.


Repito, la vida en sí misma, vale la pena de vivirla, podemos transformar con nuestra actitud todo su entorno, cambiar las tonalidades grises de la amargura con el brillo de nuestros ojos llenos de esperanza con el marco iluminado de una sonrisa confiante, siempre confiante,

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