sábado, 24 de agosto de 2019

La Vida De Los Otros


Abordamos un tema que está resultando una modalidad de uso bastante frecuente entre personas, cuya característica más saliente, es la de no poder evitar una marcada inclinación por incursionar en la privacidad de otras personas, acuciadas por una irrefrenable curiosidad, que todo indica no son capaces de controlar.

“El acto de incursionar o adentrarse en algo o en un lugar siempre tiene que ver un poco con la curiosidad. Esto es así debido a que es la curiosidad lo que hace que una persona comience algo nuevo, se interese por algo desconocido, decida adentrarse en un territorio desconocido para ver qué hay allí, etc. 

Las incursiones militares y de conquista sobre un territorio siempre han tenido que ver con esta idea de curiosidad, aunque también de deber en el sentido de que ese acto es considerado necesario para ganar más territorios.

Sin embargo, siempre que hablamos de una incursión estamos hablando de algo que no se conoce, que no se sabe cómo es, qué peligros implica o qué beneficios puede significar. Así entonces, el acto de incursionarse en un espacio nuevo tendrá que ver con el interés de conocerlo a fondo, recorrerlo en su totalidad, etc.

Cuando una persona incursiona en una actividad nueva, por ejemplo un deporte, una carrera, un área hasta ese momento desconocida, está dando por sentado que hay cosas de esa actividad o área que no conoce y con las cuales le gustaría estar en contacto o que le gustaría aprender. Así, incursionar en el arte del marketing, de la publicidad, en las redes sociales no es más ni menos que meterse en ese mundo para tratar de sacar provecho y descubrir algo nuevo. 

Pareciera que algunas  personas se confunden asociando el concepto de amistad, con una mayor facilidad en el incremento de nuevas relaciones de confianza  las que  van surgiendo como “una consecuencia previsible” por el aumento considerable  que se produce en el intercambio de información, en particular aquellas que puedan ser consideradas  lo suficientemente “jugosas” como para incentivar la curiosidad de más de uno.

Ser curioso no puede considerarse como un pecado o una debilidad, como tampoco se le puede relacionar con alguno de los valores propios de la persona humana, digamos, eso sí, que es una característica de ciertas personas que hacen de la curiosidad uno de sus aspectos más relevantes.


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