jueves, 24 de agosto de 2017

Choque Frontal : El Necesario Ubicometro


A nadie le importa que tengas dos carreras y un máster.
A nadie le importa que te encante la historia del arte, la geografía o las matemáticas y que “sigas tu pasión”.
A nadie le importa lo guapo o lo listo que te creas que eres.
Repite conmigo: “no le importo a nadie”.
Lo que realmente le importa a la gente es que les resuelvas SUS problemas. Que les des una pomada cuando les salga un grano.
¿Quieres hacerte millonario? Soluciona un problema que afecte a millones de personas.
¿Quieres un empleo con un buen sueldo? Demuéstrale al dueño de la empresa que puedes hacerle ganar 10 veces más de lo que le va a costar contratarte.
Es tan simple como eso.

“Si estudias, si trabajas duro, si te esfuerzas, si luchas duro por lo que quieres” –te prometieron– “serás recompensado al final del camino.”
Tengo malas noticias: te han mentido.
Al final del camino lo único que te espera es la cola del paro o, si eres afortunado, un sueldo a cambio de entregar 5 días de tu vida cada semana.
Y cuando después de sudar tanto te topas con la dura realidad –que no había recompensa y que todo era una farsa– te cabreas. Te cabreas mucho.
“¡Me merezco un trabajo digno de lo mío!” –reclamas desde el sofá.
“¡Nadie me da ha dado una oportunidad de demostrar lo que valgo!” –gritas con el puño en alto.
Pero por mucho que patalees, nadie va a venir a salvarte… porque nadie te debe nada.
Te mereces lo que te has ganado con tus acciones, ni más ni menos, tu trabajo vale exactamente lo que los demás están dispuestos a pagar por él y ahora mismo estás donde deberías estar.
¿Y oportunidades? ¿Te quejas de oportunidades cuando has podido ir al colegio, al instituto y a la universidad? ¿Cuando tienes acceso a sanidad pública gratuita, bibliotecas e Internet? ¿Cuando estás leyendo estas palabras desde tu iPhone? No me hagas reír.
Si quieres conocer a gente que de verdad no ha tenido oportunidades en la vida, vete a las calles de la India o a los mercados de Camboya y luego me cuentas. Ahí podrás comprobar de verdad que tu último problema es sentirte mal cuando a nadie le importas.

Las oportunidades no las regalan: hay que ganárselas. Nadie te va a dar nada por tu cara bonita. Primero vas a tener de demostrar lo que vales.
Deja de ser una víctima. De echarle la culpa a los demás repitiendo frases como “es que me despidieron” o “es que me subieron la tasa de interés.”
¿Acaso alguien te obligo a entrar en esa empresa?
¿Acaso no sabías que te podían despedir en cualquier momento?
¿Acaso no firmaste un contrato en el que ponía bien clarito que aceptabas una tasa de interés variable?
El responsable eres tú, y han sido tus decisiones las que te han llevado hasta el punto en el que te encuentras.
Para cambiar tu situación, empieza por dejar de cargar tus problemas en la espalda de los demás. Asume de una vez que tú tienes el control de tu vida, que tú eres el único responsable de donde estás ahora y que tú eres el único que puede solucionarlo.

No tienes trabajo? ¿Te pagan una miseria? Seguramente haya un buen motivo para ello.
Mira, hay miles de personas y empresas deseosas de contratarte, deseosas de colaborar contigo, deseosas de echarte un cable, pero eso será después que hayas producido algo de calidad y hayas demostrado lo que vales, no antes.
El nombre del juego es demostrar. ¿Qué puedes demostrar tú?
Una carrera de periodismo demuestra que has sido capaz de aprobar una serie de exámenes en la universidad. Pero… ¿Sabes escribir? ¿Cuántos artículos has publicado? ¿Cuántos libros? ¿Cuántos lectores fieles te siguen?
Una carrera de ingeniería informática demuestra que has hecho una serie de prácticas que tu profesor ha evaluado de forma positiva. Pero… ¿En cuántos proyectos de software libre has colaborado? ¿Cuántas opiniones positivas tienen tus aplicaciones para iPhone y Android? ¿Qué pinta tiene tu repositorio de GitHub?
Una idea en tu cabeza de que te mereces más de lo que tienes demuestra que no has entendido nada.
Las palabras se las lleva el viento, así que menos hablar y más demostrar.
Porque nadie va a venir a salvarte; vas a tener que ser tú el que se gane la salvación. 
Recuerda, ¡a nadie le importa tu vida!, Todo esto es responsabilidad exclusivamente tuya, Tuya.

Hugo W Arostegui







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