viernes, 3 de noviembre de 2017

Nada Vale Nuestro Desánimo


Te sientes desanimado? ¡Arriba los corazones! No estás solo en el camino. Lo que sí es importante es que consideres que para salir adelante de cualquier tipo de situación es importante que hagas un compromiso contigo mismo. Nadie hará por ti lo que tú no quieras hacer por ti mismo.

El ánimo es la capacidad humana de experimentar emociones y afectos, y de comprender. Es esa fuerza o energía para hacer, resolver o emprender algo. Es esa fuerza interior que nos permite vivir el presente con la esperanza puesta en el futuro.

El desánimo es lo contrario de esto. El desaliento o falta de ánimo se siente como si nos faltara energía vital y fuerza para enfrentar la vida. Como si ese soplo de vida que todos llevamos dentro estuviera apagado y sin oxígeno. Es esa sensación de vivir sin vida, como si nos hubieran robado el aliento, el alma.

Recordemos que las personas somos la única creación hecha a imagen y semejanza de nuestro Creador. Siendo una unidad perfecta de mente, cuerpo y espíritu, lo que le afecte a una de nuestras partes forzosamente le afectará al resto. El cuerpo se siente cansado, fatigado. Todo nuestro ser se siente sin fuerza, desganado.

Por lo tanto, cuando caemos en el desánimo por alguna circunstancia es muy importante que tratemos tanto la parte espiritual como la psicológica y la humana o física.

Cuando viene la tristeza, llega el desánimo y este nos puede hacer sentir desde aflicciones leves hasta cosas más profundas como la desesperanza que nos pueden llevar a cuadros severos de depresión. Esto es porque nuestro cerebro comienza a segregar sustancias bioquímicas que eventualmente cobrarán factura en todo nuestro ser.

Es por eso que hay que estar atentos a no permitir estar por mucho tiempo inmersos en ese estado. Se vale sentir tristeza. Lo que no se vale es permitir que ni el desaliento ni la desolación hagan nido en nuestros corazones y dirijan nuestras vidas.

Si permitimos albergar más de lo necesario este tipo de sentimientos, nuestro espíritu se irá deteriorando y, por supuesto, seremos el blanco perfecto para las enfermedades porque nuestro sistema inmunológico estará debilitado.

La tristeza como emoción primaria es buena hasta cierto punto porque nos invita a hacer un paro en la vida para hacer ajustes y cambios necesarios. Por eso es importante aceptar que estamos tristes, pero no quedarnos en ella.

El estado de desánimo es engañoso porque la tristeza nos hace ver y sentir los problemas mucho más grandes y difíciles de lo que son.

Cuando pasamos por un momento de desánimo es muy importante identificar su origen o causa y atacar el problema de raíz. Si no es así, dejaremos que este sentir se haga más grande, tan grande que podemos caer en tristezas por demás profundas. Comenzaremos a creer que no valemos, que no merecemos y que no hay salida posible en esta vida.

El paso del desaliento a la desesperanza es muy corto y peligroso. En este corremos el riesgo de dejar de creer que hay solución en ese asunto difícil por el que pasamos o que hay un plan perfecto de Dios detrás de esa dolorosa experiencia. Se nos nubla la capacidad de ver el futuro con esperanza y con certeza de que esto que hoy pasamos también pasará.

¡Cuidado! Las personas que pasan por un estado de desánimo se encuentran vulnerables y más propensas a caer en engaños de personas de “buena voluntad” que le ofrecen una “sanación” interior que de momento parecería que sí funciona.

Por favor, no se dejen engañar. Es verdad que al pasar por esos momentos lo que queremos es salir de ellos lo antes posible, pero no arriesgando lo más importante y valioso que hay en cada uno de nosotros: nuestra alma.


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