Descubrimos que la conciencia humana ha sido esclavizada, sometida
e intimidada por un extraño parásito que se ha estado alimentando de ella y le
ha estado chupando su energía durante siglos. Quienes llegan a darse cuenta de
la existencia de estos parásitos mentales pueden liberarse de ellos; empresa
peligrosa y dolorosa, pero posible. Libres de los parásitos mentales, nos convertimos
en los primeros seres humanos verdaderamente libres, con renovado entusiasmo
y llenos de una enorme energía.
De modo semejante, nuestra energía natural ha venido siendo chupada por
parásitos seculares: el miedo, la superstición, una estrecha visión de la
realidad que reduce a maquinaria rechinante las maravillas de la vid
Si dejamos de alimentarlas, todas esas creencias parasitarias acabarán
por morir.
Pero nos empeñamos en racionalizar el cansancio y la inercia que
sentimos; nos seguimos negando a admitir que nos sentimos acosados.
Algunas veces la sensación de impotencia de un individuo está
justificada; ciertamente hay círculos viciosos de privaciones y falta de
oportunidades que ponen difícil a algunos la posibilidad de liberarse. Pero la
mayoría de nosotros somos pasivos a causa del estrangulamiento que sufre
nuestra conciencia
La energía de nuestra conciencia de «pasajero» sufre un continuo drenaje
que trata de distraernos de todo lo que nos asustaría tener que manejar
conscientemente. De modo que consentimos, negamos, y nos conformamos.
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