jueves, 12 de abril de 2018

Ideales Humanos


Los ideales que persigue el ser humano no resisten una simplificación. Sin embargo, hay por lo menos una manera de visualizarlos como si fueran ríos en los que confluyen las conductas de los seres humanos y que, a ma­nera de afluentes, los alimentan.

Como el mar que los recibe, el fin de todas y cada una de estas grandes corrientes o ideales es la autorrealización o la búsqueda de la felicidad.

Cada persona le dará mayor o menor importancia a uno u otro río en distintas circunstancias de su vida y de acuerdo con su marco de valores.

• El primer río es el Ser
La búsqueda de la esencia, de la razón final para estar en este mundo, es una gran fuente de motivación en los seres humanos. La indagación sobre el ser ilumina la vida de muchos hombres, y es el estímulo que los lleva al descubrimiento espiritual y a una vida interior que los conecta con su naturaleza y la del mundo que los rodea. Las personas empeñadas en este hallazgo seguramente orientan la mayoría de sus actividades hacia una gran meta: ser lo que son.

• El otro gran río es el Saber
Para muchos individuos el dominio intelectual de alguna materia o ciencia se convierte en un ancla vital de su actividad. Por obvias razones este asunto es muy relevante en intelectuales y hombres de ciencia en general, pero el común de los mortales también dirigimos nuestra atención hacia el perfeccionamiento profesional, la actualización, la curiosidad por los temas generales.

• El siguiente conjunto de motivaciones tiene relación con el Hacer
Transformar el mundo mediante la ejecución de obras, llevando a cabo actividades concretas y poniendo las capacidades propias en un proyecto, son la inspiración de mu­chos. De hecho, es una fuente de motivación crucial para los líderes ejecutores públicos y privados, y naturalmente es un atributo de los gerentes y de muchas otras personas dedicadas a causas de todo tipo en el mundo: ambientalistas, humanitarias, comunitarias y de servicio social.

 • Y por último, hablemos del Tener
No cabe discutir sobre el valor de este concepto. El tener es fuente de seguridad, mejora el estatus de las personas y de los países, y constituye un indicador importante de la calidad de vida tanto personal como colectiva. 

Los indivi­duos que se motivan a tener y disfrutar bienes y servicios dedican a ello gran parte de su vida, con una tenacidad dig­na de mejor causa. En cuanto el tener satisface necesidades primarias, su relevancia es manifiesta para todo el mundo.

Estos cuatro grandes ideales humanos —ser, saber, hacer y tener— se logran con ayuda del querer, vale decir, la fuerza que arrastra el agua de esos ríos hacia la meta de la felicidad o la autorrealización del ser humano. Pueden estar dadas todas las condiciones, pero si en el interior de una persona no aparece la chispa del querer, de nada sirve la creación de oportunidades; le falta la voluntad y, por tanto, la automotivación.

Estos ríos, formados por arroyos, constituyen la esencia de los seres humanos, la mayor parte de nuestras acciones están dirigidas, como flechas, hacia la conquista de una totalidad: ¿Quién soy? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo conocer? ¿Qué necesito? ¿Para qué estoy en este mundo? ¿Cuál es mi aquí y mí ahora?


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