jueves, 10 de mayo de 2018

Convicciones

Nuestra humanidad, moldeada por la crítica racional y por la ciencia. Hemos perdido la ingenuidad, en el sentido de que hoy necesitamos validar cualquier afirmación o creencia mediante la experiencia y el análisis racional.

Por eso afirmo que, aun partiendo de las creencias y convicciones recogidas y aprendidas en el pasado, la reelaboración de las convicciones éticas, valóricas y espirituales no puede hacerse sino desde nuestra propia experiencia, desde nuestra propia humanidad, desde nuestro ser interior, desde nuestras vivencias espirituales, y con absoluta honestidad intelectual.

Es bastante evidente que estamos ante una profunda y extendida crisis de las creencias religiosas, morales y filosóficas que han animado y guiado a la humanidad en el pasado y hasta ahora. Siendo así, enfrentamos (como personas y como sociedades) la necesidad urgente de reelaborar ideas y convicciones éticas y espirituales, que de nuevo nos motiven y orienten.

Ello parece ser una condición para que se mantenga en nuestras sociedades una vida civilizada, pues en ausencia de convicciones que sean personal y socialmente asumidas, y de motivaciones espirituales en alguna medida compartidas, predominarán inevitablemente la ley del más fuerte o en el mejor de los casos las leyes de un mercado salvaje, injustas, excluyentes y causantes de gravísimos conflictos sociales y de aún más peligrosos daños ambientales.

 Quienes actualmente denunciamos injusticias y opresiones y proponemos cambios profundos, debemos tomar conciencia de que esas denuncias y propuestas encuentran escasa acogida en unas sociedades que, por carecer de creencias y convicciones consistentes, han perdido la fe en el hombre y en sus capacidades de conocimiento de la verdad y de consecuente transformación de la realidad. 

Y si no hay creencias y valores compartidos, validados en culturas diversas, todos (incluido el Estado, supuesto representante del 'bien común') tiende a reducirse a las relaciones de fuerza entre intereses y voluntades particulares. La reelaboración de las ideas, de los valores y de las energías espirituales es algo esencial para el tránsito hacia una nueva y superior civilización. ¿Qué hacer entonces? ¿De dónde partir?

Como no hay ya autoridad que sea aceptable en estas materias morales, filosóficas y espirituales, parece que tendríamos que partir, cada uno, de aquellas creencias a que hayamos adscrito desde niños porque nos formaron en ellas, o porque las recibimos por otro medio en cualquier momento y circunstancia posterior. 

Esto vale especialmente para las creencias religiosas, pero también para el materialismo, el agnosticismo, el humanismo y el ateísmo.



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