viernes, 20 de julio de 2018

Mejor No Preguntar

Nuestra sociedad se rige por tradiciones muy asentadas que, a menudo, parecen obligarnos a seguir el mismo sendero a todos y todas los que optamos por llevar a cabo una de ellas. Además, existe una tendencia benigna a la intromisión en diversos aspectos de la vida de los demás.

Esto ocurre mucho en parejas que toman la decisión de contraer matrimonio o bien optan por una convivencia sin otro papel de por medio. Los familiares y amigos/as, al ver esta situación, sienten una fuerza interior que les insta a preguntar: ¿y el niño pa’ cuándo?

Es cierto que es una cuestión muy habitual y que, por supuesto, el último objetivo de ésta es ofender a la pareja o a la mujer que se le expone. Sin embargo, la inercia no nos permite pararnos a pensar en la repercusión que esta simple pregunta puede llegar a tener.

Por un lado, hay hombres y mujeres que sencillamente no quieren ser madres o padres; les gusta su vida tal y como es y no sienten la necesidad de modificarla hacia ese rumbo. Y es completamente legítimo y respetable. ¿Quién dice que tengas que vivir sistemáticamente la vida que otros han escogido? En nuestro mundo hay cabida para diferentes opciones y cada uno/a es libre de elegir la más adecuada a su persona o momento vital.

Por otro lado, están las personas que sí sienten ese deseo de tener un/a hijo/a, pero no les resulta tan fácil conseguirlo. Por los motivos que sean, cada vez nos encontramos con más mujeres que tienen dificultades para quedarse embarazadas (independientemente del origen de las complicaciones). Muchas parejas lo intentan durante varios meses de la manera convencional, sin éxito. Y ese deseo, unido a la desilusión mensual, puede llegar a vivirse de manera frustrante a medida que el tiempo avanza. Afortunadamente, en la actualidad disponemos de métodos muy efectivos que pueden devolver la esperanza y la sonrisa a madres y padres innatos
.
Si, además, a todo esto le sumamos la reiteración constante de este tipo de mensajes, no hay que tener muchas células espejo para deducir el efecto que llegaría a causar en esa persona.

Puede que, si eres de esos/as amigos/as o familiares que (con la mejor intención) tienden a preguntar sobre esa faceta de la vida de los demás, consideres replantearte no volver a hacerlo. 

Ahora que eres capaz de empatizar con ese hombre o esa mujer (a quien supones madre o padre a estas alturas de la vida) y de imaginar la magnitud de su sufrimiento, podrás ver con más claridad que hay expresiones que a veces sobran.


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