sábado, 15 de diciembre de 2018

La Habilidad De La Confianza


En la situación actual de sociedad en que vivimos,  oímos y hablamos  frecuentemente de la necesidad de cambio. En un momento de cambio es fundamental la confianza pues nos facilita poder alcanzar nuestras expectativas, nos permite realizar acciones y por otro lado nos predispone a colaborar en el cambio. Es esencial para poder fluir y relacionarnos con los demás. No tan solo la confianza en uno mismo y en las personas más próximas, sino la confianza en el mundo.

Por el mismo motivo también actualmente hablamos de la confianza. Hablamos de que hemos perdido la confianza en el Gobierno, en nuestras instituciones, en nuestro sistema educativo, financiero, etc… Por tanto es de vital importancia saber gestionar nuestra confianza.
La confianza tiene tres dimensiones que están relacionadas.

Confiar en uno mismo
Confiar en su capacidad, en sus recursos internos, que tiene que ver con conocerse a sí mismo, aceptar la realidad y actuar de acuerdo con sus principios y valores. Digamos que el resultado final de la confianza en uno mismo es la ética. No hay que confundirlo con la arrogancia o la temeridad, que no incluyen la aceptación de la realidad.

La credibilidad
Es ser digno de confianza. Establece qué grado de confianza depositan los otros en mí.

Ser una persona confiada
Establece el grado de confianza que uno deposita en las otras personas y en la comunidad en su conjunto. Hay estudios económicos que relacionan la confianza mutua con la capacidad de crear riqueza y por ello es un atributo deseable en los líderes, emprendedores o personas que desean hacer un cambio
.
La confianza en uno mismo, lleva a un comportamiento predecible, lo que aumenta la credibilidad de las personas y las hace más confiadas, porque la confianza actúa como causa y efecto en las relaciones. Una persona es más dada a confiar en los que confían en ella.

La confianza opera de forma sistémica. Pongamos por ejemplo un jefe, sea éste un director de una organización o un padre/madre de familia que se enfrenta a los desafíos diarios en un mercado cambiante o con unos hijos que crecen, que es otro tipo de cambio. Este jefe decide abordar el cambio desarrollando un ambiente de confianza. Para ello pone en marcha unas estrategias como:

Compartir sus expectativas y preocupaciones sobre el futuro, pero permitiendo expresar distintos puntos de vista.
Mantener una comunicación abierta y transparente sobre cuestiones de interés común.
Consensuar unas normas básicas de funcionamiento y unos resultados esperados de cada uno de los miembros.
Tratar a los miembros con justicia e igualdad, considerando las condiciones personales.
El resultado de estas estrategias, con el tiempo, es que facilitará la confianza entre los componentes del grupo.


Hay otra forma de abordar el cambio y orientar el comportamiento de las personas sin necesidad de usar mucha confianza. Este enfoque, habitual y conocido desde tiempos de Maquiavelo, supone que la confianza es una energía escasa y que conviene economizarla. 

El proceso de cambio se realiza buscando el máximo grado de control sobre el mismo.

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