sábado, 5 de agosto de 2017

Diferencias


¿Qué es lo que más nos separa a unas personas de otras?
No es tener un rostro diferente, o una altura diferente, o una complexión más fuerte o menos atlética.
Esto es sólo una cuestión de proteínas.

Tampoco es saber o no tocar el piano, jugar al tenis o pilotar un avión.

La verdadera diferencia que nos separa a unas personas de otras está  en el cómo nos enfrentamos a cada hecho que nos va ocurriendo a lo largo de nuestra vida
.
Tanto en lo más cotidiano, como en lo más excepcional.

Quizás esto sea también uno de los determinantes más importantes para medir el “grado” de felicidad de cada uno de nosotros.

Nos sentimos más o menos felices ante todo lo que nos va ocurriendo cada día dependiendo de cómo lo vivimos, de cómo lo interpretamos, de cómo ponemos nuestra disposición mental al servicio de los diferentes hechos o vivencias.

Este es el verdadero factor variable intrapersonal, que no sólo cambia de persona en persona, sino también en una misma persona dependiendo del momento en el que se encuentre.

Se trata de la visión momentánea que una persona tiene ante el análisis retrospectivo de algo que le ha pasado ya,  que le está ocurriendo en ese momento o que le espera en el futuro.

Pero claro, como es sabido, está basada en la interpretación que en ese momento se está haciendo 
de la realidad que le acontece.

Por lo tanto, la buena noticia, es que puede modificarla simplemente cambiando su propia  interpretación de dicha vivencia.

Aún a riesgo de ser demasiado simplista, creo que lo que realmente nos diferencia a las personas, se puede reducir a tres elementos fundamentales, todos de origen interpretativo:

1.- Tener o no una disposición mental  esperanzada ante las dificultades que suceden.
2.- La decisión de aprender de todo. 
Tanto de lo que nos produce gozo, de lo bueno, como de lo que nos genera malestar, nos enturbia, o nos produce vértigo.
3.- La capacidad personal para cambiar la perspectiva de las cosas, de los hechos, de las vivencias, es decir, el darnos el permiso o no para cambiar de punto de vista.

Destacamos entre estos puntos, ya que está contenido en estos tres fundamentos anteriores, los siguientes elementos:
a) El cómo sentimos apego ante ciertas estructuras, cosas, personas, …
b) La rigidez con la que vivimos para cambiar o no antes los conceptos aprendidos y convertidos en prejuicios.
c) El desprecio a las ideas ajenas.
d) La intolerancia con lo diferente.

Opino, no sé sin  o con razón, que nos sentimos más felices cuando aprendemos a no querer tener siempre razón.

Y creo que eso nos da la fuerza necesaria para tomarnos las cosas con mayor amplitud de miras.
Con más paciencia. Con más interés. Aprendiendo de todo. Innovando. Estando dispuesto a cambiar.
Somos diferentes por la forma como nos relacionarnos con el mundo que nos rodea.

Dicho más cuánticamente por la capacidad de crear diferentes realidades.

Me atrevo a decir que aprendamos a cuestionarnos la realidad que observamos para entender los otros puntos de vista, a cambiar si es necesario nuestra interpretación de los hechos, a no sufrir por la impaciencia,  a sentir a los demás con ternura, con amor, con compasión, a confiar, a relajarnos, a permitirnos sentir placer en la escucha, a explorar, a revisar nuestros paradigmas,  a pasar de lo competitivo a lo solidario cooperativo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario