jueves, 28 de junio de 2018

Convicción Sin Imposición


Mucho se discute hoy día alrededor de los diferentes estilos de liderazgo que predominan en nuestras organizaciones. Indudablemente, el liderazgo ha evolucionado hasta el punto de que, hoy por hoy, las compañías más exitosas a nivel mundial son aquellas en las que las líneas jerárquicas verticales han desaparecido casi por completo. La figura del líder se ha transformado, hasta el punto de que el rol de “jefe” se encuentra ya en vías de extinción, para dar paso al rol de facilitador, desarrollador de recursos y líder por convicción en lugar de por imposición.

Los días del liderazgo impositivo y de estilo autocrático o dictatorial se agotan.

 Aquellos líderes de equipos de trabajo que no puedan evolucionar con las tendencias mundiales, que no sean capaces de manejar situaciones complejas frente a frente (no por correo electrónico!), que no puedan guiar a sus equipos por medio de su ejemplo, que no tengan humildad para reconocer sus carencias y la habilidad para poder solventarlas por medio del conocimiento y la disposición de sus colaboradores, quedarán a la deriva en el proceso progresivo y escalonado que, a nivel mundial, se ha venido experimentando en la generación de los millenials, conformada por toda una gama de profesionales jóvenes, formados con el nacimiento del nuevo milenio, y que trabajan en un enfoque de confianza y totalmente orientado a resultados, en un marco de comunicación completamente abierto y directo.


¿Qué significar ser entonces un líder por convicción, y no por imposición? Significa tener la capacidad intelectual y emocional para poder lograr influenciar a un grupo de personas a seguirnos y que esa decisión sea tomada por parte de ellos de manera consciente y sin obligaciones de índole jerárquica. Es decir, escojo seguir a mi líder porque me inspira a seguirlo, no porque estoy obligado a hacerlo. Esto es más fácil decirlo que conseguirlo, pero es totalmente factible. Para algunas personas, sin embargo, posiblemente formadas en contextos rígidos, típicos de la década de los 80 y 90, esto puede ser sumamente difícil de lograr, pues supone superar conflictos generacionales, propios precisamente del cambio de milenio que hoy día experimentamos. 

Esto supone también dejar el ego a un lado, y eso no es fácil para muchos.

Inspirar no es lo mismo que convencer

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